7.- Piedrahita - Ávila (65 km y 350 Alt)
Las primeras palpitaciones del día nos presenta una mañana cargada con todos los presagios del desastre. El pueblo va saliendo de su sueño. Desayuno en un bar de la carretera. Frío, cielo nublado. El día anterior ha habido tormentas en otros lugares. Incertidumbre. Salimos llaneando; a nuestra derecha queda una línea de sierras –Piedrahita, Villafranca- y más allá la de Gredos, separadas ambas por el río Alberche. Pasamos el desvío a Bonilla de la Sierra pero no vamos a visitar su monumental iglesia. Iniciamos la ascensión al puerto de Villatoro, corto con alguna rampa algo más dura, luchando contra el viento. Paramos arriba y nos resguardamos en la parada del autobús. Hace mucho viento y frío, hay una buena panorámica pero está nublado. El sonido del viento se impone al silencio y a la conversación. El aire es limpio, como no respirado por otros. Parece que el sol va a poder con las nubes. El descenso es fácil.
Seguimos por el llano. A la izquierda tenemos la Sierra de Avila, muy suave. A la derecha hemos tenido la Sierra, destacando el pico La Serrota de casi 2300 m. Al acercarnos a Avila baja la altitud. Vamos por el centro del valle de Amblés recorrido por el Adaja.Por la derecha llegan carreteras de los puertos de Menga y Navalmoral, que cruzan estas sierras, y de Arenas de San Pedro. A poco de la unión
con esta última, la Venta de la Colilla y la bajada al Eresma.
Subimos por las murallas y visitamos brevemente la ciudad, muy animada por exponerse en su catedral las Edades del Hombre. Han sido 65 kilómetros y 350 metros de desnivel acumulado. Por la tarde cogemos el tren hasta Alcalá. Los vagabundos del ciclismo volvemos a casa. Hemos cruzado la zona como el que cruza un campo de batalla, al menos por las mañanas. Todos los nombres forman una geografía personal. La tez quemada por el sol, la cara solar, un inmenso acopio de recuerdos. Una plenitud repetida.