Mostrando entradas con la etiqueta Navarra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Navarra. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de noviembre de 2018


La Real Fábrica de Municiones de Orbaizeta.

Constituye uno de los mejores ejemplos peninsulares de arquitectura industrial de la segunda mitad del s. XVIII. Fue construida por mandato de Carlos III, en 1784, ante la necesidad que tenía la Corona de reemplazar a la Real Fábrica de Municiones de Eugi donde los recursos comenzaban a escasear y la producción se había reducido considerablemente. El complejo quedó ubicado en un desfiladero entre los montes Mendilatz y Arlekia, sobre las ruinas de una antigua ferrería.


El paraje fue considerado como el más idóneo, al disponer de una extraordinaria riqueza maderera, de minas de hierro y de cursos de agua. En Orbaizeta se fabricaron bombas de hierro colado, granadas y munición de diferente calibre. En las últimas décadas de funcionamiento, debido a la falta de medios, se elaboraron lingotes de hierro, que eran posteriormente refundidos en las fábricas de armas de Trubia y Oviedo.

Un complejo residencial y con servicios: En la planificación de todo complejo, además de criterios productivos, también primaron otros para estructurar todos los servicios y comodidades que requería una población estable: viviendas, iglesia, escuela, posada, tienda de víveres y cuartel de defensa. El complejo fábrica-población fue una unidad autosuficiente cerrada, que cubría todas las necesidades de sus obreros, garantizando un mejor desarrollo de las diferentes operaciones.

La fábrica se articulaba en tres niveles, formando cuatro líneas paralelas de proyección longitudinal. En la plataforma superior se encontraba la zona residencial, con la iglesia, el palacio y las viviendas de los obreros. También contaba con una posada y un pequeño cuartel, para el destacamento de artilleros. En el segundo nivel se situaron los depósitos de menas, donde se almacenaba el mineral. Por último, el tercer nivel era el propiamente industrial con hornos, máquinas de viento, fraguas, talleres de moldería, carpintería, cerrajería, etc.

Edificio de hornos. Este edificio contaba con dos hornos de fundición (San José y Santiago) que se cargaban por su boca superior. Alternativamente se depositaban en su interior capas de carbón vegetal, mineral de hierro y piedra fundente. En la parte inferior se reforzaba la entrada de aire por medio de grandes fuelles, movidos por ruedas hidráulicas. Por colación la colada fluía al crisol desde donde operarios la distribuían a los moldes.

Depósito de menas. El mineral de hierro utilizado en Orbaizeta procedía de las minas de Arrollandieta (Valcarlos, 16 km) y San Miguel (Olaldea, 22 km). Los depósitos de menas disponían de tres compartimentos, uno para el mineral de Valcarlos, otro para el de Olaldea y un tercero para la piedra fundente extraída en La Calera de Orbaizeta. El transporte se realizaba con caballerías. La carga del mineral se efectuaba por una pasarela aérea que enlazaba los depósitos de menas y la boca superior del horno.

Moldería. El taller de moldería se situaba cercano a los hornos. En ella se preparaban los moldes en los que se vertía la colada. Esta operación que requería gran destreza y celeridad, se practicaba por medio de cucharas, cazos o calderas. Un toque de campana avisaba de su inicio.



El núcleo industrial. Albergaba los diferentes talleres en los que desarrollar el proceso productivo, perfectamente situados y comunicados. La implantación de este modelo dio origen a un nuevo tipo arquitectónico, que había de satisfacer necesidades y funciones completamente nuevas. Debía permitir el desarrollo de un proceso completo de producción, sin interrupciones ni pérdidas de tiempo, según las sucesivas fases del producto. Además, tenía que facilitar el imprescindible control sobre el producto y las operaciones realizadas, con el fin de conseguir un ritmo constante de trabajo y una máxima eficacia.

Arcada sobre el río Legarza. La imagen más recordada y conmovedora es la arcada que canaliza el río Legarza. Compuesta de 21 arcos de medio punto, crea a través de ellos un sistema de comunicación aéreo entre las carboneras, las bocas de los hornos y el taller de martinetes.




Estuvo operativa, en periodos intermitentes, hasta su cierre definitivo en 1882. Fue incendiada por los franceses en la guerra de la Convención. Posteriormente, las tropas del General Espoz y Mina y las del Mariscal Pablo Morillo la incendiaron durante la guerra de la Independencia, en 1813. También sufrió las consecuencias de la primera guerra carlista y un importante incendio fortuito en el año 1869. El año 2017 fue declarada Bien de Interés Cultural.



Ante estas ruinas -que tienen toda la prestancia y solemnidad que corresponden a los mitos-, ante esta ciudad dormida, se siente el amor por lo antiguo. Ante este paisaje del pretérito, ante este mapa de piedra en el que puede escrutarse la historia, se siente una cierta nostalgia de un tiempo pasado. La mayoría de los edificios están instalados definitivamente en la existencia histórica, rememoran grandezas pasadas, pero, tras ser declarado BIC, han comenzado las obras que, si no traerán su resurrección, harán indestructibles las ruinas. En  lo viejo está invertido todo nuestro pasado, por lo que abandonamos esta tierra del silencio, esta cartografía del olvido, con una ilusionante esperanza.

lunes, 19 de noviembre de 2018


El embalse de Irabia.



Para disfrutar del hayedo de Irati unos senderos importantes son los que están alrededor del embalse de Irabia: SL-NA53C (vuelta al embalse, 10 km desnivel 80 m), SL-NA52C (Camino de Plaza de Beunza, orilla sur, 4,4 km, desnivel 90 m), SL-NA54C (Los Paraísos-Erlan, orilla norte, combina pista con senda, 4,3 km desnivel 184 m, dificultad baja).






Nosotros elegimos “Los Paraísos-Erlan” para poder contemplar ejemplares magníficos de distintos árboles. Un cartel explica la historia del entorno. En principio habla de que “Los bosques son grandes captadores de precipitación, que evacuan por los arroyos o a la atmósfera en forma de humedad. Así ralentizan el ciclo del agua y la hacen accesible. También son fijadores de CO2, absorbiendo la contaminación del aire producida en los ámbitos industriales. La Selva de Irati tiene un papel trascendental en el clima de la zona, y pone a disposición de toda Navarra grandes cantidades de agua a través del río”.

Sigue comentando que “El haya es un árbol caducifolio de hoja ancha que logra formar bosques en el sur de Europa entre los 500 y los 1800 m de altitud. Soporta altas tasas de precipitación pero requiere suelos bien drenados. La cabecera del río Irati cobija uno de los hayedos más extensos de Europa, con 17.195 hectáreas”.



Sobre la calidad del paraje indica que “Los pájaros carpinteros precisan de árboles viejos para vivir, porque se alimentan de larvas de insectos xilófagos, comedores de madera, ausentes en plantaciones y bosques demasiado intervenidos. La presencia entre otros del gran pito negro en el bosque del Irati indica que su explotación es respetuosa con su conservación”.


El paseo, que nos han recomendado, resulta inmejorable. La mañana está gris, pero no parece haber peligro de lluvia; la temperatura, agradable. Dilatando la mirada sobre el mar de árboles, que resaltan más con sus lujosos colores de otoño, entramos en un maravilloso éxtasis de sublime contemplación. Los altos árboles contra el cielo y repitiéndose disminuidos en la perspectiva. Las largas modulaciones del color, los cambios de tonalidad, producen una agradable animación visual. La luz y las variaciones cromáticas del bosque permanecen como única orientación en el paso del tiempo. El cambio de color da altura artística al otoño.



El bosque se espesa y se adueña de la tierra, oculta nuestra presencia, se traga toda la visión del mundo que nos rodea. Atravesando su penumbra, mientras la escasa luz se pulveriza entre las ramas de esta exuberancia vegetal, todo es silencio. Monotonía de silencio y bosque. Estamos separados de la humanidad. El bosque engulle la pista, se abre ante nosotros y se cierra a nuestra espalda. Cuando paramos el bosque se detiene, ya no se mueve a nuestro alrededor. Después reanuda la marcha deslizándose a ambos lados.



El camino va enterrado en el bosque. Enorme perspectiva de bosque. Bosque tupido, impracticable. Estos mudos seres vegetales forman un mundo dormido, un conjunto anónimo. Nos adentramos más en el denso reino del bosque, del paciente bosque de sombría uniformidad, con los árboles agolpados en apretadas filas. Los árboles pasan pero el panorama no cambia. El bosque innumerable, idéntico a sí, da una idea de eternidad.



El bosque observa pacientemente nuestro paso. Los árboles seculares nos miran oscuros desde todos los lados. El bosque nos traga, pero en este mapa de bosque el silencio y la tranquilidad no resultan hostiles. Se está bien sin el humo, el ruido y la fiebre de las personas, por eso el ecologismo es una religión muy compartida.



Abandonando la pista se toma un húmedo sendero, ascendente al principio. Pasamos quebrando los silencios por entre la densidad abrumadora de los árboles, pisando el tapiz de las hojas en el suelo mullido, que cede bajo las pisadas. El murmullo del viento en los árboles forma parte del lugar como los mismos árboles o las rocas. Melancolía vegetal.

La cabellera espesa de la selva ha perdido ya muchas hojas en esta larga travesía otoñal, y el invierno desnudará sus ramas, pero algún grupo de árboles mantendrá su verdor intacto y serán como negras interjecciones. Sin la fortaleza dramática del olivo o de la vid, estas hayas y abetos tienen la fuerza de los grandes sueños. En ellos se cifra la imagen de la vida.

Cualquiera de los recorridos debe terminar en la presa. Su historia es la siguiente: “Los aezkoanos Domingo Elizondo, Antonio Aróstegui y Ciriaco Morea, hicieron fortuna en América y regresaron a su tierra para ayudar a su desarrollo. Entre otras cosas, en 1907 fundaron El Irati S.A., una empresa diversificada: Electricidad, Montes, Destilería y Ferrocarril. Fueron la primera S.A. de Navarra y el primer tren eléctrico del Estado que unía Pamplona y Sangüesa-Aoiz (1911-1955). Llegó a contar con 600 trabajadores y suministró electricidad a toda la zona”.


La presa de Irabia fue construida en 1922 por El Irati SA para producir electricidad y al mismo tiempo facilitar el transporte de troncos por el río Irati. Situada en el corazón del bosque, alcanza, tras varias recrecidas, 44 m de altura y 158 m de coronación, almacenando hasta 14 hm3. Actualmente su uso es para producción de electricidad”.




La empresa El Irati S.A., para suministrar madera a su aserradero de Ekai, incorporó la técnica de las barrancadas, arrastre de troncos río abajo mediante sucesivos desembalses de agua. Para ello se construyeron varias represas a lo largo del río, aún en pie, además de la propia presa de Irabia”.

El agua bate dulcemente la orilla en un imperceptible movimiento, rota en escasos y movientes espejos de sol. El bosque de hayas baja a beber hasta sus aguas. El agua, la conciencia del paisaje, refleja este agitado torbellino vegetal. “Corrientes aguas, puras, cristalinas/ árboles que os estáis mirando en ellas…” (Garcilaso –Nemoroso-)

jueves, 15 de noviembre de 2018


Irati.

El Valle de Aezkoa se sitúa al noreste de Navarra, es una extensa alfombra verde que comprende más de  12.000 hectáreas de bosque que cobija a nueve localidades, que incluyen cuatro de las diez poblaciones más altas de Navarra, siendo Abaurregaina/Abaurrea Alta, a 1.035 m, la más elevada, el Balcón de Aezkoa.




Su rico pasado aflora tanto en sus bellos paisajes como en sus tranquilos pueblos con caseríos de tejados inclinados y puentes de piedra. De su antiquísimo poblamiento dan idea los dólmenes, estaciones megalíticas, ermitas o estelas medievales, como las que dan vida al Jardín de las estelas de Abaurregaina /Abaurrea Alta.







Una consideración especial merecen sus hórreos, Bien de Interés Cultural. Este valle cuenta con 15 de los 22 hórreos que se conservan en Navarra. Algunos ejemplos interesantes se encuentran en Orbaizeta, Aribe, etc. El listado de atractivos incluye un lugar tan bello como enigmático: las ruinas de la fábrica de armas de Orbaizeta, paraje cubierto por la vegetación que en su momento albergó una de las mayores fábricas de munición de Europa del s. XVIII.

Este mundo cerrado celebra el segundo fin de semana de septiembre el Día del Valle, Aezkoako eguna, multitudinaria fiesta, cada año en un pueblo diferente, que incluye muestras de artesanía, productos gastronómicos, música local, etc. Otra fiesta importante es la de La Facería, el cuarto sábado de julio: es una fiesta pastorial de hermandad entre los valles de Aezkoa y Garazi, que tiene lugar en los pastos de altura de Irati, para renovar un pacto de más de 500 años de antigüedad.

La gastronomía representa la economía de la zona con carnes (chuletas de ternera o potro, costillas de cordero, chistorra, caza en invierno –jabalí, ciervo, paloma-), migas al estilo salacenco, algo de pescado (trucha a la navarra), setas (hongo beltza, perretxilos. Su recogida está regulada y se necesita permiso), postres derivados de la leche (quesos de oveja latxa).







Lo que nos trae aquí es la Selva de Irati, un auténtico regalo para los sentidos en el otoño, descrita por Ernest Hemingway como “el último bosque medieval de Europa”. Navarra fue, entre 1923 y 1959, destino de las visitas del escritor Ernest Hemingway. Los sanfermines y el bosque de Irati, dos mundos contrapuestos, inspiraron al Premio Nobel algunas de sus obras. El río Irati, unido al paisaje que le acoge, es el lugar que el escritor, Premio Nobel de Literatura en 1954, eligió para pasar largas horas de soledad, sentado cerca de la orilla, con la esperanza de que alguna trucha picaso el anzuelo de su caña. Acudía andando, desde Burguete, hasta Aribe. Su lugar preferido estaba cerca de los Baños. Los testimonios dicen que hasta allí llegaba siempre con una cesta llena de cervezas, y que conforme las bebía las dejaba caprichosamente alrededor de un árbol.

Los valles de Aezkoa y Salazar puerta de entrada al segundo hayedo-abetal más extenso y mejor conservado de Europa después de la Selva Negra de Alemania. Un tesoro natural de 17.100 has que se mantienen en estado casi virgen, distribuidas en cuatro valles a los dos lados de la frontera. Con una rica y variada flora, sus espesos bosques y los pastizales de las zonas altas sirven de refugio y hábitat a diversas poblaciones de animales salvajes.


Las leyendas nos cuentan que este inmenso bosque era el reino de “Basajaun”, personaje mítico y señor del bosque en el cual vivían las “Laminak”, seres mágicos de los ríos que no salían del bosque más que para ir a sus labores nocturnas. Esta mítica selva es un vasto territorio de unas 20.000 has en donde no se distinguen las fronteras, se compone de 17.140 hectáreas de bosque,  de las que cerca de 15.000 corresponden a los valles de Aezkoa y Salazar. El resto son praderas dedicadas a la ganadería extensiva. Se extiende 12 km desde el pico del Ori al este hasta el monte Ortzanzurieta al oeste, y 12 km desde el paso de Burdinjurutzeta en la entrada de Cize hasta la sierra de Abodi, que lo cierra por el sur.

Este amplio espacio es propiedad de cuatro comunidades históricas, que lo gestionan a través de entidades tradicionales. Dos en la parte norte, Cize y Zuberoa, con sus comissions syndicales nacidas a principios del s. XIX, y otras dos en la zona meridional, las de los valles de Aezkoa y Salazar, cuyas “Juntas” han mantenido continuidad desde hace más de 500 años. Entre todas han tejido una red de relaciones para el manejo del ganado, con Irati como punto de encuentro.


En esta zona con muy buenos ejemplares de hayas y abetos, que destacan por el colorido del paisaje cambiante con el transcurso de las estaciones, sorprende que también haya un rico pasado industrial. Fue el lugar de trabajo de carboneros, de fabricantes artesanales de piezas de madera (remos, duelas), hubo serrerías, se empezó a instalar una fábrica de vidrio, etc. Unas instalaciones importantes eran las ferrerías, la mayor de las cuales acabó convirtiéndose a fines del s. XVIII en la importante fábrica de armas de Orbaizeta. También transitaban por aquí los contrabandistas, comerciantes y leñadores, entre ellos los almadieros y “barranqueadores”, que llevaban la madera hacia el sur por un complejo sistema de presas o esclusas o –los cablistas- suspendida de unos cables.

Estas praderas y bosques fueron en la edad media lugar de caza de los reyes de Navarra, campo de batalla en no pocas guerras, paso para la fuga de aviadores y perseguidos en la II G.M. Hoy es un santuario de la naturaleza cargado de patrimonio histórico que puede recorrerse por multitud de senderos. En Aezkoa, el Sendero del roble milenario (Garaioa/Aribe, 2 h. fácil), Ermita de San Miguel (abaurregaina/Abaurrea Alta, laberinto de bojes hasta la ermita gótica, 1 h, fácil), El camino del pasado (Garralda, magníficas vistas, 2 h, dificultad media), Errekaidorra (paseo transfronterizo interpretado, usos de los recursos forestales, 2 h 30´, dificultad media-baja).

Otros senderos: la Torre romana del Monte Urkulu (restos romanos de un torreón circular –trophaeum-, GR-11 que viene de Orreaga, dolmen de Soroluze y más restos megalíticos, 6,4 km desnivel 350 m), Cueva de Arpea (muy sencillo, Collado de Organbide, concentración megalítica con muchos crómlech, 1,8 km, desnivel 120 m), SL-NA51C (Azalegui y Ermita de San Esteban, inicio en Arrazola, 6,4 km, desnivel 350 m, senda difusa en algún tramo). Éstos permiten ver a la vuelta la Fábrica de Armas de Orbaizeta.



Estos pueblos y paisajes han sido centro de atención del cine que los ha utilizado como exteriores para películas como “Furtivos” (José Luis Borau, 1976), o “The Way” (2009, Orreaga), pero principalmente, el navarro Montxo Armendáriz inmortalizó las calles e iglesia de Ochagavía en “Secretos del corazón” y más tarde en “Silencio roto” (dura historia tras la Guerra Civil, fábrica de armas de Orbaizeta, Selva de Irati, Valle de Arce).




jueves, 10 de noviembre de 2016

Urdax.

(Sigue del artículo “Zugarramurdi”)

Durante la noche hemos escuchado el lamento de la lluvia en los cristales y sigue lloviendo cuando dejamos el hotel.  La primera parada es Arraioz, para ver el palacio más antiguo de la zona, Jaurega Irurita, como los que usaba la Inquisición para cárcel. Es un palacio tradicional baztanés de “Cabo de Armería”, ss. XIV-XV, compuesto por la primitiva torre defensiva y el pequeño palacio barroco anexo, s. XVIII, dos espacios integrados y mobiliario de distintas épocas. Vemos distintas estancias, capilla, dormitorios, biblioteca. En las salas, los butacones están enfrentados, en disposición de coloquio. También nos detenemos en algunos documentos que legitiman la posición de la casa.

El guía nos cuenta la evolución de la casa, los muebles antiguos, la decoración, la pobreza inicial y cómo los emigrados que se enriquecieron edificaron grandes casonas para borrar sus modestos orígenes, la deficiente alimentación y el peligro que significaban para la población las sequías, el exceso de lluvia, las epidemias, etc. En el s. XVIII se produjo una transformación social en toda la comarca y las ejecutorias de hidalguía y el capital llegado de América y del comercio posibilitaron la construcción y mejora de los edificios. Fue lo que el etnólogo Julio Caro Baroja llamó “la hora navarra”, debido a la presencia de navarros en la corte borbónica ocupando cargos en la economía, política, etc. Entre ellos se encontraba el citado Juan de Goyeneche.

Continuamos hasta Urdax-Urdazubi (Urdazubi en euskera: agua y puente), punto clave en el Camino de Santiago entre Baiona y Pamplona. Vemos el monasterio de San Salvador del s. XI, fundado como hospital de peregrinos al igual que los de Roncesvalles y Somport, quedando constancia de que los tres existían en el siglo XII. En el s. XIII llegaron los monjes premonstratenses –regla de San Agustín- y Roncesvalles y Urdax se consagraron como abadías y los abades usaron de atributos episcopales, símbolo de su poder eclesial, y ocuparon asiento en las Cortes del Reino, expresión de su poder político. De esta época es la obtención de su independencia y la compra del derecho de patronazgo sobre Zugarramurdi.

El monasterio tenía poder de cobro de derechos y rentas, por lo que acumuló riquezas y posesiones, acrecentadas por las numerosas donaciones. Tenía gran actividad agropecuaria, bosques, carboneros, canales, molino, etc. En el s. XIV el abad poseía la plena jurisdicción, tanto civil como criminal sobre la zona. A finales del s. XV se levantó una ferrería que sustentó al monasterio en momentos de decadencia. A mediados del s. XVI hubo otro periodo de crisis y se levantó una nueva ferrería. Esta tradición se ha conservado en el Día del hierro, que se celebra el primero o segundo sábado de agosto y en el que se conmemora la llegada del mineral de hierro desde Bizkaia para ser tratado en la ferrería del pueblo. Todo este poder es el que usó el abad fray León de Araníbar para desatar la persecución que culminó con el gigantesco proceso inquisitorial. El poder religioso quedó reafirmado, aunque en 1665 el monasterio perdió la jurisdicción criminal.

El monasterio sufrió varios incendios y asaltos por los franceses en 1793 y 1809 (Napoleón). Destrucción impaciente. De las sucesivas reconstrucciones queda la iglesia y el claustro, de dos pisos. Construcción paciente. En el superior está el museo que contiene paneles informativos, ejes cronológicos con la historia del monasterio, cuadros con su actividad económica, mobiliario, libros, etc. En el piso inferior hay una exposición permanente, “50 años de pintura y escultura vasca”, muestra abigarrada de los pintores y escultores vascos de nuestros tiempos.

La lluvia pone brillos en las piedras en un silencio rozado levemente por el susurro de las hojas.  Corderos y caballos pacen estoicamente, indolentemente, bajo la lluvia, en paisajes de ribera con algunos árboles ya dorados por el otoño, en lomas que descienden desde las nubes hasta el río y cuyas hierbas tienen la urbanidad del césped. Es la hora de ir a la cueva situada en el barrio rural de Alkerdi, donde se decía que todas las mujeres eran brujas. El riachuelo Urtxume, que cuando baja cargado inunda la cueva,
con la humildad y constancia de la gota de agua, ha labrado unos espacios, unos anchos y altos y otros estrechos, que fueron habitados por nuestros antepasados en diferentes periodos del Paleolítico y del Mesolítico. Al fondo del corredor, en una zona que no se visita por motivos de conservación, se han  encontrado unos grabados, unas pinturas rupestres, que representan un bisonte, un ciervo y un caballo, cuya datación puede corresponder al Magdaleniense superior, hace unos 13.000 años. La mano del hombre balbuceó su primera figuración sobre los trabajos de la caza y las fiestas a los astros en la profundidad de estas cavernas. También la habitaron, según la leyenda, las lamias, cuyas voces parecen escucharse a través de los ecos del arroyo.

La guía nos va explicando las distintas formaciones mientras entramos a las vísceras de la gruta, mientras pasamos de una sala a otra a través de estrechos pasillos, subiendo y bajando escaleras, y nos advierte de no pisar ni tocar unas formaciones nuevas. La iluminación es mínima durante el trayecto y aumenta cuando nos detenemos en una sala. En una de ellas, unas raíces de roble cuelgan del techo como si fueran sirgas. En otra sala, una colada en diagonal ha formado un charco debajo. Son instantes detenidos. Es como si el tiempo se hubiera congelado, como si el viejo río de los días se hubiera detenido bajo la caliza. Una proyección con sonido sirve de punto final a la visita.

Es la hora de la comida, en la que damos buena cuenta de un enorme y suculento chuletón. El final se apresura porque tenemos por delante el viaje de vuelta. Al abandonar Urdax pensamos en lo sucedido a principios del s. XVII: la actuación de Pierre de Lancre en el País Vasco francés, la delación que derrumbó a María de Jureteguía y a su tía María Chipia de Barrenechea y otros, que confesaron públicamente, se arrepintieron y fueron perdonados;  la ida a Logroño de un grupo formado por Graciana de Yriart (Barrenechea) y sus dos hijas, Estevanía y María; el proceso inquisitorial que culminó en el Auto de Fe de Logroño. Estas personas no se expresaban en una lengua babélica, no hablaban un lenguaje místico con fuerza alegórica, simplemente sabían leer el gran libro de la naturaleza y utilizaban el refugio que siempre proporcionan las costumbres. El miedo detuvo sus corazones. Este fue el caso más famoso de la historia de la brujería vasca y española, cuyo proceso y esos personajes cuyos nombres llenan la época serían muy criticados posteriormente por el escritor ilustrado Leandro Fernández de Moratín. Viendo los abismos a los que se asoma la condición humana, nosotros nos quedamos con el escepticismo sobre las grandes ideas universales y con el respeto por las cosas individuales.


La tarde se retrae rápidamente en silencio. Mientras el autobús atraviesa incansable los bosques hendidos por el trazo de la carretera, pensamos en lo que ha sido el viaje, breve pero intenso. Todo ha resultado muy bien y no ha habido ningún problema. Los guías han sido muy simpáticos. El conductor del autobús muy correcto. El grupo, pequeño, ha estado unido por un sincero compañerismo, iguales en la variedad y variados en la unidad. Y, finalmente, la simpatía y amabilidad de Anabel y Tito han estado siempre presentes. Un viaje para recordar. La vida está hecha de despedidas.