Mostrando entradas con la etiqueta Ruta ciclista: Canal de Midi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ruta ciclista: Canal de Midi. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de noviembre de 2014

Etapa6. VILLENEUVE-LÈS-BEZIERS-PORTIRAGNES. Sábado, 6.

Amanece entre el lívido color rosa del alba, en la límpida y fresca paz de la aurora, la luz
espesada por la cortina. En estas horas mágicas del amanecer, el día entra silencioso por la ventana. Después de un buen desayuno salimos desde Villeneuve, desde una urbanización en las afueras de la población y tardamos en encontrar la salida al Canal. En la oficina de Turismo se les atranca la puerta y no nos pueden dar un mapa. Hacemos la habitual foto de grupo, esta vez sin pancarta.

Comenzamos nuestro último pedaleo por un tramo asfaltado por el que se rueda muy bien, bajo el sol, pero sin excesivo calor. Nos cruzamos con mucha gente, tanto ciclistas como peatones. En algún pueblo se ve el cementerio desde el Canal; da la impresión de que lo consideran poco importante a pesar de la
mucha vida que tiene. Se ven barcos modernos, funcionales. Muchos llevan alguna barca pequeña y bicicletas. Algunos, más viejos, llevan hasta macetas y una señora les arroja un poco de Canal. Otros, amarrados a la orilla, pueden servir de vivienda y se puede llegar en coche. Los barcos, como fragmentos desprendidos de tierra. Sobre el brillo de las tranquilas aguas, los barcos se deslizan imperceptiblemente a una velocidad limitada a 8 kilómetros.

El Canal sigue recto, pero nos desviamos, siguiento el tramo asfaltado, hacia la derecha y llegamos hasta la playa, cerca de Portiragnes. Hay mucha gente por ser día de fiesta, niños en ponys,
animación. Llega el momento culminante: vemos el mar. Fin del viaje. No hay paseo marítimo, la zona está protegida con unas cañas que sujetan las dunas. Notamos que falta Jorge. Volvemos por el tramo asfaltado y seguimos en el cruce a la derecha por el Canal, por un camino de tierra en mal estado, hasta una esclusa muy complicada, Les Ouvrages du Libron. No podemos pasar, aunque hay personas dispuestas a ayudarnos. Llamamos a Quim, que se ha quedado en la furgoneta, y nos dice que Jorge ha vuelto. Volvemos, cargamos la furgoneta y emprendemos el regreso.

En la autopista hay mucho tráfico. Paradas, pérdida de tiempo. Pasamos por el Castell de Salses, la frontera norte de Catalunya, y llegamos a Girona. Comida en un restaurante al que Quim va
muchos días. Tanto el dueño como los camareros nos atienden muy bien. Brindis final con cava que ha traído Manel.

Por la tarde, llegada a Les Fonts. Última foto, sin pancarta. Manel se va a su pueblo, cerca de Villafranca del Penedés. Manu y Quim vuelven a Girona. Yo los sigo hasta la autopista y giro hacia el Sur. Jorge se queda en Barcelona. Armando y Sonia se quedan con Albert para hacer buceo en Llafranch mañana.

Despedida y dispersión. Han sido 273 kilómetros en total. Hemos recorrido el trazado bajo un gran silencio caliente. Tras las compuertas encrespadas de espuma volvíamos al silencio. Los árboles han pasado rápidos a nuestro lado aunque el Canal pareciera siempre el mismo. Se ha conseguido el reto, se ha batido la marca, aunque no era eso lo importante. Hemos recorrido el Canal en unos días que son como instantes, como si no hubieran existido, borrados del tiempo, en pos de una idea capaz de detener el tiempo, sólida como un principio y dominante como un instinto.

La vida normal nos humaniza hasta el refinamiento, nos vuelve sensibles, complejos, decadentes como si sufriéramos de una civilización demasiado avanzada, ya podrida. El viaje sirve para unir fraternalmente corazones simples que no latan de envidia ante la alegría y los bienes de otros, para ser capaces de descubrir un ángulo risueño y cordial a la vida, para mirar la vida a través de una sonrisa.

            Ahora, cuando el viento parece arrastrar hasta nuestros recuerdos, este narrador testigo quiere, con economía narrativa, hacer revivir esos días y ese viaje poetizado en la imaginación, y rendir un homenaje a unos personajes de salud de espíritu resistente a la desolación y al abandono. 

Etapa5. LE SOMAIL-VILLENEUVE-LÈS-BEZIERS. Viernes, 5.

            Por la ventana de la habitación entra un cielo azul pálido. El tiempo meteorológico está bien
en Carcassonne. Hay algo de viento. Cuando la luz del alba empieza a dorar los tejados partimos en la furgoneta hasta Le Somail, donde terminamos ayer. Preparamos el material y hacemos la consabida foto de grupo.

            Salimos por la orilla derecha, por un camino en aceptable estado y muy arbolado. Casi inmediatamente está el desvío del canal hacia Narbonne, a nuestra derecha. Lo cruzamos y seguimos por el Canal, por la misma orilla derecha, por mal camino, a veces una simple senda casi comida por la vegetación. En este tramo vuelvo a pinchar y tengo que cambiar la cámara.

            Tras atravesar zonas con muchos barcos amarrados a la orilla, pasamos por el Port de Capestang, abarrotado. Lo rodeamos y seguimos por una zona poco arbolada donde el calor se hace
sentir de lleno. El Canal se va hundiendo dejando una boca abierta a lo lejos: es el túnel de Malpas. Una subida pedregosa nos deja en lo alto. Puede irse también por la izquierda, aunque seguimos por la derecha. Poco después vemos una zona arbolada donde está la furgoneta. Habríamos ido mejor por el lado izquierdo. Así llegamos a Colombiers. Manel, como cada día, trae comida: ensaladas, cus-cus, etc. Muy bien, como siempre. Damos buena cuenta de la comida bajo la espesa sombra de los altos árboles y nos relajamos un poco antes de reemprender la marcha.

Por la tarde seguimos por la orilla izquierda. El camino es malo, una senda con mucha vegetación que en un punto incluso llega a formar un pequeño túnel. Mientras tanto el cielo se ha ido
encapotando. El camino se va animando, cada vez se ve más gente de todo tipo, incluso familias enteras. El motivo es que llegamos a las Écluses de Fonsérannes, un conjunto maravilloso formado por siete esclusas seguidas. Paramos en lo alto y contemplamos toda la bajada llena de gente haciendo fotos. Hay puestos de comida y bebida móviles, y todo parece una fiesta. En este momento comienzan a caer las primeras gotas, casi impalpables. La vista no es del todo satisfactoria. No hay ningún punto en el que se vean bien las siete esclusas. Lo mejor sería una vista aérea. En el punto más bajo hay posibilidad de confusión puesto que hay un canal de desagüe que sigue bajando. Hay que cruzar al otro lado, subir una pequeña cuesta y continuar a la izquierda. Empieza a llover y debemos ponernos los chubasqueros.

Muy cerca está otro de los puntos emblemáticos del Canal: el paso en puente sobre el río Orb. La lluvia no impide que inmortalicemos el momento. El camino es bastante bueno pero mejora
porque hay un tramo asfaltado hasta Villeneuve-lès-Beziers. El paso por Béziers es algo complicado debido a que el camino del Canal ha desaparecido en una zona completamente urbanizada, incluso con escaleras.

Béziers, que se eleva en terrazas sobre las riberas del río orb, fue la ciudad natal de Pierre Paul Riquet, fundador del Canal del Midi. Debe su prosperidad a la explotación de la vid, siendo hoy conocida por sus vinos de excelente calidad, y al turismo fluvial. Es interesante un paseo fluvial para descubrir las obras de ingeniería más prestigiosas: el puente-canal sobre el Orb, el Puerto Nuevo, la esclusa del Orb y la extraordinaria escalera de agua de Fonsérannes. Visitas de interés son la catedral de Saint Nazaire, de los siglos XII y XV; casas señoriales del siglo XVII; la basílica de Saint Aphrodise, de los siglos XII-XIII; el mercado, del siglo XIX.

Nos cruzamos con mucha gente en este último tramo, bajo la lluvia. Volvemos a Béziers, al Hotel Ibis, mucho mejor que el F1. Cena en el mismo hotel. Tarta de celebración porque llevamos 250 kilómetros de un Canal que nos ha separado falsamente del mundo. El reto está conseguido, aunque no era lo más importante. Entonces nos damos cuenta de que hemos perdido la pancarta. Las fotos de grupo ya no serán lo mismo.

Etapa4. CARCASSONNE-LE SOMAIL. Jueves, 4.

Amanece soleado, con algo de viento. Nos despreocupamos. Vamos al puerto de Carcassonne,
bonito de día, y hacemos la foto habitual. Salimos por la orilla derecha, por un camino cuyo suelo varía según los tramos, aunque no está muy mal. Rodamos bastante bien, en un tramo con muchos barcos amarrados en las orillas. Parece que sean viviendas permanentes, porque incluso tienen acceso para vehículos.

Un nuevo pinchazo obliga a parar y cambiar la cámara. Va haciendo calor, por lo que nos ponemos en una sombra. El Canal se apoya en una loma y recuerda al Henares rozándose con los farallones rocosos en la zona de El Val. Tras un tramo con menos arbolado, entramos en una zona muy umbría que da una reconfortante sensación de frescor. En las
esclusas parece que haya más piedrecillas que antes, lo que aumenta el miedo al pinchazo. 

Encontramos a unos de Tarragona que vienen de Burgos y van hasta Roma en bici. Notamos el agua del Canal más chocolateada que en los días anteriores y así llegamos a Homps. Nos hemos adelantado, sin darnos cuenta, Albert y yo; los demás habrán parado en algún momento y llegarán más tarde. Mientras tanto, voy a por unas cervezas frías. Después van llegando los demás. Hemos visto la furgoneta aparcada pero no a Manel, que estará comprando. Al poco trae un pollo, patatas fritas, aceitunas, pan, cervezas, etc. Todo muy bien. El servicio que nos presta Manel resulta impagable.

Comemos junto al puente, al final del puerto, en una zona ajardinada con una mesa y bancos.
Después descansamos un poco, esperando que pase un poco el centro del día porque la tarde se adivina calurosa. Así va a ser, efectivamente, porque, además, hay menos árboles. Atravesamos un trozo de senda muy estrecha, entre maleza y cañas. En otro tramo el suelo está con algo de agua y los que van más bajos, como Jorge, casi se mojan. Es un puente sobre un barranco. El camino desaparece en algún momento y tenemos que ir por la carretera. El suelo está mal, lo que provoca desajustes en alguna de las piezas de las bicis, como el apoyo de los pies en la de Jorge. Todo el campo circundante está poblado de vides.

Esta etapa está resultando un poco más larga. Ponemos punto final al cansancio en el Port la Robina, en Le Somail. Hemos recorrido 63 kilómetros. Manel nos espera con bebidas frescas.
Descansamos, comemos algo y bebemos mientras una gran bandada de lo que parecen estorninos nos sobrevuela. Sonreimos al crepúsculo, acalorados. El día, apenas dorado, se extingue en la noche que se acerca. En la penumbra del día declinante volvemos a Carcassonne, al mismo hotel. Ducha, colada, arreglo de la bici de Jorge.

El ser humano está esclavizado por las exigencias de su cuerpo. Por la noche vamos a cenar a la ciudadela. Tras aparcar cómodamente viene una cansada subida hasta la plaza, llena de gente. Sentados se nota mucho calor porque no corre nada de aire. Después damos un
tranquilo paseo. Nos invade la dilatada pereza del esfuerzo físico sin preocupación mental. Todo está iluminado y es muy bonito, aunque alguien dice, acertadamente, que desde dentro no parece tan bonito como por fuera.

La ciudadela, construida en el siglo XII por los Trencavel, vizcondes de Carcasona, y modificada sin cesar a lo largo de los siglos siguientes, todavía está habitada. 52 torres y dos murallas concéntricas hacen un total de 3 kilómetros de recinto amurallado. Hay que ver la Basílica de St-Nazaire - del s. XII-, las puertas de Narbona –con dos enormes torres- y de Aude - del s. XIII-, la palestra - espacio entre los dos recintos amurallados amoldado a la pendiente de la colina-, y el teatro -lugar emblemático del Festival de la Cité-.

            Hemos andado como guiados por el coraje de un alto propósito, con indomable perseverancia. Ahora toca descansar.

Etapa3. ÉCLUSE DE LA MEDITERRANÉE- CARCASSONNE. Miércoles, 3

            La lluvia de anoche nos preocupó un poco. Salimos más tarde. Hemos hecho la maleta porque cambiamos de hotel. Vamos con la furgoneta al punto de salida donde terminamos ayer. El cielo está
muy nublado cuando hacemos la habitual foto de salida con pancarta. El piso es mejor que ayer, pero de tierra. Se va bien en una zona con mucho arbolado, con árboles muy altos, en unos tramos idílicos donde nos cruzamos con algún ciclista.

            Un tramo asfaltado nos anuncia la llegada a Castelnaudary, situado en el centro del Pays Lauragais, construido alrededor de un castillo en el s. XII. Durante la cruzada contra los cátaros fue sitiado y su castillo demolido en 1229. El Canal se inauguró aquí en 1681 en la Gran Cuenca, el mayor cuerpo de agua (7 has) a lo largo de 240 km. La ciudad alberga la Legión Extranjera y es la capital mundial del plato Cassoulet. Hay
Castelnaudary
que ver el puerto, el molino Cugare y la colegiata de Saint-Michel, del s. XIII.

            Cerca está Bram, a medio camino hacia Carcassonne. Se organiza en  círculos concéntricos, alrededor de la iglesia de Saint-Julien et Sainte-Basilisse, gótica. El pueblo actual se halla edificado encima del antiguo pueblo galo-romano de Eburomagus. En el s. XIII hubo una fuerte implantación del catarismo  y Simón de Monfort, para causar terror psicológico, tomó por la fuerza a 100 prisioneros, les rompió la nariz, orejas, cortó el labio superior y les sacó los ojos a todos, excepto a uno a quien solo dejó tuerto, con el fin de hacer de guía, encaminándolos hacia el Castillo de Cabaret. En 1939, al final de la Guerra Civil
Española, las autoridades francesas confinaron a republicanos españoles en un campo de concentración muy precario; posteriormente la mayoría de los prisioneros fueron trasladados a otros campos, como el de Le Barcarès o Rivesaltes, o forzados a elegir entre ir a reforzar las defensas de Francia en la Línea Maginot o integrarse en la Legión Francesa.

            Después de Castelnaudary sigue asfaltado el camino. También sigue nublado y fresco. Pinchazo. Paramos junto a una barca amarrada a la orilla: foto con los dueños y otros ciclistas. Paramos a comer en una esclusa embellecida por plantas con muchas flores, la Écluse de Beteille, a la
altura de Alzonne. Manel trae bocadillos. El tramo de la tarde está mal, hay muchas rodadas y pocos puntos de agua. En algunos puentes hay que cruzar las carreteras por arriba y en otros hay pasos estrechos por debajo. Seguimos viendo muchos barcos y, tras 54 kilómetros, llegamos a Carcassonne, a otro hotel F1.

Cena en el centro, en la plaza con un museo de artes iluminado en azul. Nos han recomendado un restaurante pero está lleno y vamos a otro. Manel se atreve con una cassoulet. Paseo nocturno hasta el canal y la estación de tren donde saldremos mañana. El tiempo ha mejorado. Esperanza de poder continuar.

Volvemos admirando la Ciudadela, ciudad medieval fortificada, alto rocoso  ocupado desde el
siglo VI antes de JC por galos, romanos y visigodos. En el 725 fue ocupada por los sarracenos, expulsados por los francos. A la muerte de Carlomagno, con el feudalismo, la ocupó la dinastía Trencavel. El catarismo se desarrolló rápidamente por lo que la ciudadela y las tierras fueron transferidas al jefe militar de la cruzada, Simón de Monfort, y más tarde al rey de Francia. Un nuevo burgo nació en 1262 en la orilla izquierda. Mientras esta nueva ciudad se desbordaba de actividad, la ciudadela se reafirmaba en su papel de fortaleza real. Pero el uso de nuevas técnicas de guerra (pólvora, cañones) y, sobre todo, la retirada de la frontera franco-española en 1659 con la Paz de los Pirineos, le hizo perder importancia estratégica y condujo poco a poco a su abandono. El Canal, que en principio no pasaba por la ciudad, provocó la transformación urbana.

            La noche es una extensión de negrura sin orillas ni puntos de referencia visuales o sonoros. El silencio como refugio.

Etapa2. TOULOUSE-ÉCLUSE DE LA MEDITERRANÉE. Martes, 2.

Nos levantamos temprano. Desayuno a las 7. Autoservicio en la entrada con sólo dos mesas y
las del exterior. Simplicidad: zumo, tostadas, mantequilla, mermelada, leche, café, infusiones. Pensamos ir al centro de la ciudad para tomar el Canal en la creencia de que será un tramo bonito. No encontramos un lugar donde descargar la furgoneta y perdemos tiempo; además, no nos gusta. Tenemos que ir un tramo por la acera, cruzamos semáforos delante de la estación de ferrocarril y llegamos hasta una especie de puerto donde hacemos una foto colectiva con la pancarta. Que quede constancia de estos espíritus a los que se les quedan pequeñas las fronteras de la vida cotidiana, de este viaje que parece el cumplimiento de un destino literario.

Continuamos cultivando la disciplina de la paciencia, escuchando el itinerario de nuestro pedaleo, adquiriendo mientras pedaleamos el sentido del espacio, con las palabras ilustradas por el
movimiento, mientras el sol tibio de la mañana acaricia nuestros rostros. Hacia las afueras ya es más bonito. Vamos por la orilla derecha en un camino asfaltado. El cielo se va nublando y hace algo de fresco, tiempo bueno para el pedaleo. Vamos trashumando el Canal, flotando en el espacio, flotando en el tiempo.

Hay muchas barcas amarradas a las orillas, algunas con la sensación de ser vivienda permanente. Es una bucólica estampa de ruralismo antañón. Nos cruzamos con mucha gente
corriendo o paseando. Muchos barcos, de distintos modelos y tamaños, pasan despacio y la gente nos saluda. Nosotros pasamos como las aguas del Canal. Se va levantando bastante viento. Encontramos en el Canal a una oca que se nos acerca curiosa, vemos a una pareja recién casada que va a Roma en bici, observamos un viejo barco de carga amarrado en un puerto deportivo, donde el paso hace un descenso en espiral sobre sí mismo.

Pensábamos comer en Ayguesvives, pero llegamos hasta Gardush, donde compramos bocadillos en una pastisserie. Gardush está a la altura de Villefranche-de-Lauragais, villa fundada por Alfonso de Poitiers, conde de Tolosa, quien mandó construir en 1271 una iglesia gótica con dos campanarios. 

Por la tarde sale el sol pero sigue haciendo viento. Paramos en las esclusas, algunas de las cuales tienen puntos de agua potable. Seguimos ahora por la orilla izquierda. En cada pueblo hay ensanchamientos de agua, puertos deportivos. En toda esta zona hay mucho arbolado. Fuera de la muralla de árboles que bordea el Canal se abre un paisaje ondulado de vides y campos de cultivo, en un amplio valle arbolado de pinos. Una casa está abierta a la amplitud del paisaje, midiéndose con la escala de los árboles. 

Nos encontramos con un grupo grande de franceses-as, en bici, con mucha carga. Hacemos una gran foto entre todos. Este es un mundo de amistades instantáneas. Aunque al principio de la etapa el suelo
estaba asfaltado, desde L´Ocean es de tierra y los últimos kilómetros está en bastante mal estado. Este último tramo se hace más largo. Terminamos en la Écluse de la Mediterranée, tras haber recorrido 58 kilómetros, tras experimentar emociones pseudoaventureras, con una especie de cansancio romántico, con la necesidad satisfecha de sublimar una existencia hedonista. Hemos conseguido paciencia, autodisciplina y generosidad, y vivir una vida que engrane con la de los otros.

Volvemos al siglo. Volvemos al mismo hotel de Toulouse; así no hemos tenido que rehacer la maleta. Cenamos en el hotel Ibis, que está al lado del nuestro. El cielo se ha ido cerrando, las nubes se han vuelto más negras y llueve. Desde donde estamos vemos la cortina de la lluvia y el reflejo en ella de los faros. La colada se moja. La mayoría del grupo sale a la noche y va al centro en el metro. Después, el descanso nocturno, el reparar el cuerpo, en un trabajo de Sísifo para estos personajes barojianos, de acción.

Etapa 1. POMPIGNAN- TOULOUSE. Lunes, 1-agosto-2011

            Por la mañana, temprano, llegan Manel, de cerca de Villafranca del Penedés,  y Quim y Manu, de Girona. Albert y Manel van a buscar la furgoneta y cargamos todo el equipo estudiando la colocación de cada elemento para intentar repetirlo después. El viaje hasta Toulousse nos lleva más tiempo del pensado y, además, nos entretenemos en el hotel solucionando un pequeño problema con la reserva. Se hace tarde y no podemos comer en el Ibis. En el kebab tampoco porque ha empezado el Ramadán. Salimos por la autopista en dirección Burdeos y tomamos un bocadillo en el Aire de Frontonnais.
Armando, Sonia (detrás), Quim, Manu y Jorge
Por la tarde preparamos y probamos el material y recorremos una etapa corta: 26 km desde Pompignan hasta el centro de Toulouse. Calor bajo la cruenta luz del sol, bajo el sol vertical de la hora de la siesta de agosto. Poco arbolado. El suelo asfaltado nos permite rodar bien. Pasamos bajo puentes como el de Saint Rustice mientras comprobamos que todo el equipo funciona bien. Vamos por la orilla derecha, ahora muy arbolada. Por la orilla izquierda, más desarbolada, hay otro camino que comparte la maldición inexplicada de las líneas paralelas, condenadas a no encontrarse.

El Canal es prácticamente llano, con unas pequeñas subidas hasta las esclusas, con semáforo. Aquí está el edificio del esclusero, las comunicaciones, señales con el nombre de la esclusa, el anterior y el posterior, y las distancias entre ellas. El Canal cruza algún barranco en forma de puente. En un tramo más arbolado nos cruzamos con otros ciclistas. Al lado del Canal discurren una carretera, una vía de ferrocarril y una línea eléctrica. Las esclusas ahora son de ladrillo. Vamos a la sombra al pasar por la estación de ferrocarril de Lacourtensourt. En un puente tenemos que cambiar al lado izquierdo, más despejado y feo. Hay polígonos industriales, almacenes, etc. Se nota que nos acercamos a la ciudad. Entramos en Toulouse bajo un sol más lánguido.

Manel nos está esperando y cargamos todo el material mientras la tarde sigue extinguiéndose.
Atravesamos bosques enteros de casas, vamos al centro y aparcamos cerca de la plaza. Cenamos en un árabe y damos un paseo nocturno en el calor de la noche de verano. Aunque la falta de luz suprime los detalles, la plaza está muy bonita. De vuelta, vemos al fondo de una calle la Basílica de San Sernín. Llegamos a nuestro hotel, un F1, con pocos servicios adaptados. Nuestra furgoneta ocupa todas las plazas de aparcamiento para discapacitados ante la extrañeza del encargado. Ducha y colada.

Hemos cumplido la primera etapa. Nuestra presencia ha desaparecido sin huella por los lugares que hemos atravesado. La rutina se ha desmoronado por el efecto euforizante de estos viajes. Hay que aprender de los procesos, no de los resultados, y hay que tener al mismo tiempo sentido práctico e imaginación utópica.     



Toulouse, la Tolosa del Languedoc, la Ciudad Rosa, es la cuarta commune de Francia. Nació
hace más de 2000 años de un pueblo celta. Los romanos la bautizaron Tolosa. Los visigodos la convirtieron en capital de su reino y también lo fue del reino franco de Aquitania y del Condado de Tolosa. En el siglo XIII empezó a desarrollarse el Catarismo, lo que originó una guerra de religión que terminó con la región incorporada al dominio real, el mayor paso en la construcción de Francia. Actualmente, es la capital europea de la aeronáutica y de las industrias espaciales.

Monumentos religiosos: destaca la Basílica de San Sernín (una de las mayores de estilo románico y núcleo de peregrinación del Camino de Santiago. Sorprende por la amplitud y belleza de su nave. Pueden admirarse los ladrillos del siglo XI, los capiteles, el tímpano de los siglos XI y XII y la cripta que contiene un tesoro de relicarios, como el de san Saturnino, obispo mártir de la ciudad a quien el edificio está dedicado.


Monumentos civiles. El mayor monumento de la ville rose es sin duda de tipo civil, se trata del Capitolio. La sede del Ayuntamiento que da nombre a una gran plaza monumental centro neurálgico de la villa.

Etapa0. Domingo, 31 de julio de 2011.

Àrea Adaptada Associació es un grupo creado por Albert Font que tiene su sede en Les Fonts de Terrassa. Sus fines son fundamentalmente dos: el deporte adaptado para personas con discapacidad y las actividades de cultura y entretenimiento para niños y niñas. Desarrolla actividades de natación, submarinismo, bicicleta, tenis, buceo, kayak, etc., adaptados. Su página web es info@areadaptada.org

Estas personas tan animosas están contínuamente buscando nuevos retos, sin que la incapacidad suponga un obstáculo insuperable. Albert pensó que uno de estos retos, que al parecer nadie había realizado, era recorrer el Canal du Midi, un trayecto de 250 km. Para ello contaba con amigos y conocidos con los que se reunía en alguna de sus actividades, por ejemplo, en el recorrido por vías verdes. Además, para crear un grupo integrado, abrió la actividad a otras personas vía Internet. Aquí entró en escena mi amigo Armando, de Valencia, con el que había coincidido el año pasado en el Camino de Santiago Aragonés, que vio el anuncio y me avisó. Con todo esto se formó un grupo de ocho personas, cuatro discapacitados y cuatro “bípedos”, dispuestos a hacer realidad el sueño y, aunque no era lo más importante, a superar el reto.


Se había dado la señal de partida para el 1 de Agosto de 2011, así que el 31 de julio emprendimos viaje hasta Les Fonts de Terrassa. Tras algún pequeño incidente llegué el primero y conocí en persona a Albert. Me contó todo lo relativo a su organización, a sus actividades en general y a este viaje en particular y me avisó de que tendríamos que atender a la TV local de Terrassa y Vallés Occidental. Un reportero y un cámara llegaron antes que los demás ciclistas, así que nosotros dos comentamos con ellos los objetivos y desarrollo del viaje, rodaron unas escenas con las bicicletes adaptadas y con un cartel anunciador, y, finalment, Albert grabó una entrevista.
Albert
Más tarde llegaron Jorge, de Castellón, y mi amigo Armando. Metimos los coches en la casa de Albert y empezamos a sacar el material. También vimos las bicicletas que Albert nos dejaba a Armando y a mi, lo que nos facilitó el viaje. Después Albert pensó que Sonia, de Valladolid, que venía con su bicicleta, tenía que llegar a Barcelona, trasladarse en el metro hasta la Plaza de Cataluña y coger el tren de cercanías hasta Les Fonts, por lo que llegaría bastante tarde, así que decidió ir a buscarla a la estación de Sans. Esperamos un poco y llegó puntual. Volvimos a Les Fonts, cenamos y Armando y yo nos preparamos a dormir en el salón donde improvisamos unas camas.

Los demás llegarían a la mañana siguiente. En esa espera nos preparamos para dormir pensando en el Canal du Midi, que une el río Garona en Toulouse con el Mar Mediterráneo. Se abrió a la navegación en 1681. Se trata del canal navegable en funcionamiento más antiguo de Europa. Recorre 241 kilómetros entre Marseillan y Toulouse. Su profundidad media es de 2 m y presenta un ancho medio de 20 m en la superficie y 11 m en el fondo. Los barcos se propulsaban mediante caballos, que tiraban de ellos siguiendo los caminos paralelos al curso del agua. El viaje entre Toulouse y Sète duraba unos cuatro días, tiempo que fue reducido a 32 horas en 1855, cuando se organizó el relevo cada 10 kilómetros de los caballos. El uso de animales para tirar de las gabarras se iría reemplazando durante la década de los 30 por motores. El transporte de mercancías cesó definitivamente en la década de los 70, quedando únicamente destinado al turismo.

Actualmente hay alrededor de 60.000 árboles plantados en las orillas del canal. En su conjunto comprende 328 accidentes, a repartir entre 63 esclusas, 126 puentes, 7 puentes sobre canal y 6 presas. Entre las obras de arte construidas a lo largo de su recorrido cabe destacar: la esclusa redonda de Agde; las esclusas de Fonséranes; el puente de canal sobre el Orb; el túnel de Malpas; las esclusas de Castelnaudary. Desde 1996, está incluido en la lista del patrimonio de la humanidad.