4.- Vitigudino - Ciudad Rodrigo (82 km)
Fulgor indeciso del alba. La aurora amanece laboriosamente. Austero amanecer.
La oscuridad va cediendo el paso a la luz. Salimos algo tarde, como ayer, con un suave aire matinal. Vamos al encuentro de la jornada. Como es pronto y está cerrado no vamos a Yecla de Yeltes. Dirección Lumbrales, paramos en el puente sobre el río Huebra que fluye suavemente como el tiempo en una de las metáforas eternas. El paisaje sigue siendo espectacular. Más allá de Cerralbo nos desviamos hacia el castro de Las Merchanas. Los árboles, repitiéndose, quedan disminuidos en la perspectiva. Pasamos quebrando todos los silencios.
Al llegar a Lumbrales vemos la carretera que viene de Saucelle por el puerto de La Molinera y nos acordamos de nuestros amigos Paco, Juan Antonio y demás, que también recorrieron esta ruta. Después de las obligadas fotos con los verracos seguimos entrando en las Arribes del Águeda, y llegamos a San Felices de los Gallegos, pueblo monumental.
Notas para un paisaje: largas modulaciones del color. Todo el terreno está formado por dehesas de encinas que alternan con robles. En medio, grandes berrocales. Algunos trrozos con poco arbolado y cereal. Es un terreno rompepiernas. Al paso por Castillejo de Martín Viejo recordamos que a la derecha, muy cerca de la raya de Portugal, está Aldea del Obispo, con el magnífico fuerte de La Concepción. Desde Lumbrales la carretera ha empeorado y vamos más lentos, aunque los últimos veinte kilómetros vuelve a ser buena. Mucho calor. Sol enceguecedor en estos días calcinados, polvorientos. Tras 82 kilómetros estamos en Ciudad Rodrigo.
Comida, hotel, aseo, siesta. Por la tarde nos vestimos de civiles con la única ropa que hemos traído. Hacemos escaso despliegue de guardarropía. Con paso ágil de calzado deportivo iniciamos la visita turística a esta artística localidad; hemos de pasear mucho antes de que palidezca la luna. Más tarde, el sol se oculta en un esplendor de rojos. Para la cena, huevos fritos con farinato que, según Eugenio, es lo típico de aquí.
Después de la batalla viene la calma. El agotamiento físico da paz espiritual. Vamos resbalando con facilidad hacia el sueño.
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