7ª ETAPA: BENAVENTE-ASTORGA (70,5 km)
Es la última etapa. A las 16 horas tenemos que tomar en Astorga el autobús que nos devuelva a Madrid y antes tenemos que hacer el recorrido de esta séptima etapa, facturar las bicis y comer. Tenemos tiempo de sobra pero no queremos arriesgarnos a algún imprevisto.
Salimos por la antigua N-VI. La Ruta va a nuestra izquierda pasando por pueblos como Villabrázaro y Maire de Castroponce, siguiendo el curso del río Órbigo. Nosotros avanzamos rápidamente debido al buen trazado y al suave piso de la carretera por la que pedaleamos. Queremos ganar tiempo, por eso no nos desviamos a Villabrázaro y seguimos adelante hasta el desvío a Alija del Infantado, justo en el límite entre las provincias de Zamora y León.
Nos desviamos a la izquierda y paramos a hacer una foto en el puente de la Vizana, sobre el Órbigo, en medio de una amplia zona de regadío. Se nota la abundancia de agua. Llegamos a Alija que está en fiestas. El pueblo está todavía dormido. Paramos en el castillo que está lleno de atracciones de feria, cerradas a esta hora de la mañana.
Continuamos por una cómoda carretera comarcal, con poco tráfico como todas las que llevamos recorridas, por la que avanzamos deprisa. Poco después llegamos al desvío a La Nora, por donde va la Ruta, pero decidimos continuar por la carretera que vamos para seguir ganando tiempo.
Así llegamos a Quintana donde paramos a desayunar otra vez en un bar de amplísimo local donde hablamos con el dueño que nos cuenta detalles de la zona. Seguimos adelante y nos fijamos en que en todas las parcelas, muchas pequeñas, hay norias para elevar el agua, unas tiradas por animales y otras con motor.
Por Villanueva de Jamúz y Santa Elena pronto llegamos a La Bañeza. Cruzamos por el medio de la población, que nos sorprende por su dinamismo. Da muestras de mucha más actividad que Benavente o, como veremos después, Astorga. Parece un pueblo bonito y animado, con mucho comercio, que causa una buena impresión.
Salimos de nuevo por la antigua N-VI pero vamos alternando con el camino. Tomamos algún desvío y hacemos un tramo de camino que de nuevo nos saca a la carretera. Así vamos terminando nuestra ruta. Hoy el día ha amanecido nublado y el miedo a la lluvia nos ha hecho ir más deprisa. Estamos cumpliendo muy bien el horario previsto.
Cerca ya de Astorga cruzamos el último puente romano, algo recontruido, con el que abandonamos la Ruta original. Salimos de nuevo a la carretera de acceso a Astorga, y nos cruzamos con una pareja que parece extranjera y que va enfundada en unos impermeables amarillos muy llamativos. Se dejan ver bien. Son los segundos y últimos ciclistas que nos encontramos en todo el viaje.
Llegamos a Astorga y vamos directamente a la estación de autobuses. Nos lavamos en los aseos y nos cambiamos de ropa. Rehacemos el equipaje y lo facturamos junto con las bicis. Hablamos con dos chicos jóvenes que también facturan las bicis, en sentido contrario al nuestro, hasta Santiago de Compostela. Pensaban hacer el trayecto en bicicleta, pero no se han entrenado porque acaban de examinarse de la Selectividad y no pueden más. Heredan las cremas de Eugenio para que calmen sus dolores musculares.
Vamos al pueblo a hacer un recorrido turístico, como siempre hacemos. Tenemos tiempo de sobra. Mientras visitamos la catedral, las murallas, el palacio episcopal, el ayuntamiento, etc., pensamos en dónde comer. Cuando entrábamos en esta localidad hemos visto unos letreros que anunciaban un famoso restaurante y ahora lo encontramos muy cerca del ayuntamiento. Decidimos comer allí y darnos un homenaje. La especialidad es el cocido maragato, que tiene la particularidad que se come al revés que en Madrid. Se empieza por la carne, se sigue por los garbanzos y verduras y se termina por la sopa. Parece que se debe a que en algunas guerras llegaban los enemigos y los sorprendían comiendo; como se habían tomado la sopa, el enemigo se comía la carne. Decidieron invertir el orden para que no les sucediera otra vez lo mismo.
Volvemos a la estación de autobuses, compramos unas típicas mantecadas y esperamos al autobús. Cuando metemos las bicis vemos que hay otra en el maletero. En la parada de descanso vemos al dueño, que viene de hacer el Camino de Santiago. Nos interesamos porque también nosotros queremos recorrerlo algún año.
Llegamos a la Estación Sur en Madrid, vamos en la bici hasta Atocha y en tren hasta Alcalá. Fin del viaje.
Todo ha salido muy bien, hemos viajado a lomos de la suerte. Con estos días vagando por el mundo hemos acumulado material para futuras nostalgias. Este final es como una vuelta al principio. Debemos comenzar a preparar la ruta del próximo año.