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viernes, 24 de octubre de 2025

Caraca



Exposición en el Museo Provincial de Guadalajara para mostrar este enclave con alto valor estratégico, a orillas del Tajo, controlando sus vados. Fue tierra habitada desde el Paleolítico, relevante oppidum carpetano (enterraron s. III a.C. un depósito de plata) que se enfrentó con Sertorio y fue derrotado.  

 

Contexto geológico y paisajístico.

Ubicación en el Cerro de la virgen de la Muela, 615m de altitud. Sustrato geológico formado por yesos y margas yesíferas de edad miocena y por conglomerados cuaternarios. Sobre las rocas miocenas incide la red fluvial actual, en el cuaternario se forman valles y depósitos de sedimentos aluviales. Los conglomerados cuaternarios sobre los que se asienta Caraca son rocas competentes, con comportamiento similar al hormigón, buenos para cimentar. Los yesos tienen poca dureza, fáciles de trabajar, se usaron como materiales de construcción.

Prehistoria.

Área ocupada desde el Paleolítico: se han encontrado piezas talladas en sílex y cuarcita que demuestran la frecuentación de las terrazas y las cuestas margo-yesíferas como fuente de aprovisionamiento y asentamiento temporal. Los restos más antiguos pueden tener más de un millón de años (Homo erectus u Homo antecesor), y los del Paleolítico Superior hasta 10.000 a.C. (Homo sapiens). Se utilizaron en carnicería, trabajar madera, etc. En el Cerro hay restos también del Neolítico, Calcolítico y Edad del Bronce.


El oppidum carpetano.

El pueblo carpetano habitó la zona durante la Edad de Hierro, siendo importante al final del s III a.C.: grandes dimensiones, control del territorio circundante. Límite NE de la Carpetania. En el entorno hubo poblados en alto y en llano. La construcción de edificios romanos supuso la renovación de los niveles anteriores, por lo que los restos aparecen revueltos.

 

La denominación aparece desde el siglo I a.C. Origen prerromano, referencia a roca o peñasco

220 a.C. Aníbal llevó a cabo una campaña en la que conquistó Helmántica y Arbucala. De regreso a Cartagena derrotó en el Tajo a carpetanos, vacceos y olcades. El itinerario más sencillo sería por la vía romana Complutum-Carthago Nova, que cruzaba cerca de Caraca. Influencia púnica en el Tesoro de Driebes.




Tesoros encontrados en Driebes, en 1597 y 1945 (2), los tres relacionados. Objetos de plata de tipología variada, algunos con función de dinero. Ausencia de monedas con posterioridad al año 207 a.C. Influencia púnica en el peso, en la presencia de medio shekel, moneda cartaginesa, y en decoración de algún objeto.




 


Conquista romana
.

218 a.C., ejército romano llega para privar de abastecimiento y comprometer la retaguardia de los cartagineses. La Carpetania tenía valor estratégico al controlar el valle del Tajo. Derrota carpetana e inclusión en la provincia Hispania Citerior. Proceso de romanización, urbanización (Caraca), paisajes agrícolas, generalización del olivo. 




Época republicana.

Siglos II-I, prosperidad, actividad comercial (importaciones de Italia), relativa autonomía. Construcciones romanas similares a las carpetanas. Siglo I a.C., reestructuración arquitectónica, desaparición de las estructuras existentes y aparición de dos nuevas. Incendio quizá asociado al conflicto sertoriano.

Guerras civiles 82-72 a.C. Según Plutarco, en el 77 a.C. Sertorio conquistó Caraca.


Reconstrucción por IA



La ciudad romana imperial.

Época de mayor esplendor, últimas décadas siglo I y siglo II, urbanismo e infraestructuras de ciudad romana. Promoción jurídica quizá en época Flavia, construcción del Foro y las termas, después del acueducto. 8 has, 27 manzanas, mercado, templos, alcantarillado. Planta condicionada por poblamiento prerromano y la orografía. El Foro centralizado. Planificación, calles laterales que desembocan en el Cardo Maximus desplazadas para contener el viento. Viviendas: insulae (varios pisos) y domus, una de 500 m2. No hay seguridad de la existencia de muralla.

 

Termas públicas.

Al NO, junto al Cardo Máximo, gran edificio, 900 m2, segunda mitad siglo I parte del programa de monumentalización, parecidas a las de época Flavia de Segóbriga. Terrazas para salvar el desnivel, planta rectangular, palestra y estancias interiores.Documentados tepidarium, frigidarium, techo con bóveda de cañón. Destrucción por incendio segunda mitad siglo II, reocupación fin siglo II y siglo III como espacio precario de habitación.


El Foro.

Su presencia implica la consideración de ciudad y no de simple mansio. En la parte más elevada para facilitar la visibilidad. Superficie de 1330 m2, salvando el desnivel con un criptopórtico en la parte oriental. Al norte estuvieron los templos, y al oeste, junto al Cardo Maximus, un pequeño templete. Al este había un edificio de dos plantas siglos I-II, taberna en la baja y carácter público en la alta. Derrumbado mediados del siglo II, ocupado de forma precaria siglo III. Al sur, galería porticada siglos I-II, quizá basílica.


 




La escritura.

Se han encontrado inscripciones, grafitos sobre el estuco de paredes, sobre cerámica, sellos de alfarero, instrumentos (stylus, tablillas).


 

El acueducto.

Desde el siglo I, manantial de Lucos a 3 km, ligera zanja excavada sin arquerías con encofrado de opus caementicium, caz revestido de opus signinum. Similar al de Segóbriga. Piscinas a intervalos para eliminar por decantación las impurezas, y contribuían a la ralentización para evitar erosión o desbordamiento. El agua era potable, aunque algo “dura”. 



Ustrinum.

Al norte del Cerro de la Virgen de la Muela se excavó un ustrinum o pira de incineración de mediados del siglo I, muestra la adopción del ritual funerario romano. Dimensiones 10x8 m, muros de más de 1 m de ancho, cronología temprana. Planta rectangular construida en mampostería con piedra en seco. Piras de al menos dos personas. Lugar privilegiado, a 17 m al oeste de la vía Complutum- Cartago Nova, lugar de paso para acceder desde el norte. Objetos como cerámica, ungüentarios de vidrio, huesos de animales y clavos de hierro. 



Ubicación de Caraca y la vía Complutum-Cartago Nova.

Siglo II, Ptolomeo en su Geografía la sitúa al SE de Complutum y daba las coordenadas, la distancia sería unos 41 km, se ajusta a la realidad. Citada en el Anónimo de Rávena, itinerario de caminos siglo VII que indica que estaba en la vía Complutum-Carthago Nova, entre Complutum y Segobriga. La vía romana se aprecia en el acceso desde el sur, 6 m de anchura. 

El territorio de Caraca.

En época republicana perteneció a la Hispania Citerior y, tras la división de Augusto, a la Hispania Tarraconensis. El territorio limitaba al NE con Ercávica, Titulcia al Oeste, Segóbriga al SE y Complutum al NO. Los límites pudieron variar por la presencia del Tajo y Tajuña, pues los ríos eran límites territoriales. Unos 20 km de radio. Variada tipología de núcleos: necrópolis, explotaciones agropecuarias y de habitación. Posición en área vadeable del Tajo que permitió su inclusión en rutas comerciales. Base la explotación ganadera, más que agricultura, y redistribución del lapis specularis.

El ocaso de Caraca.

Decadencia desde segunda mitad del siglo II, reutilización de espacios públicos como foro y termas que se convierten en precarios usos de habitación y de trabajo artesanal. Dinámica general de decadencia de las ciudades de la meseta. En el siglo III estaba casi desaparecida. Causas: Peste Antonina años 165-180, crisis en la explotación del lapis specularis. En época bajoimperial, la población se distribuyó en asentamientos rurales a lo largo de la vega del Tajo.

La necrópolis de época visigoda.

A los pies del cerro contiguo. Centenares de tumbas, cadáveres boca arriba, sentido este-oeste según rito cristiano, uso siglos VI-VII. Dos tipos: tumbas de cista (paredes revestidas con lajas de piedra, siglo VI, estructura que reutiliza sillares romanos) y fosas (cubiertas por gruesas losas de piedra, siglo VII, sin ajuar ni clavos, cuerpos envueltos en mortaja). Ocupación por uno o varios individuos, el último en posición anatómica, los anteriores se apartaban a un lado (“reducción”) por ser del mismo grupo familiar o allegados).

La ermita de la Virgen de la Muela.

Ruinas en el centro del cerro, posible origen medieval, romería. Es mencionada en el siglo XVI. Una nave longitudinal de mampostería de piedra yesífera y caliza, 24x7 m, tejado a dos aguas, puerta en extremo occidental, dos fases constructivas con ampliación hacia el oeste. Reutilización de sillares y fustes de columnas romanos. Se superpone al límite norte del Foro de Caraca, cristianización de espacio pagano.

La evolución del paisaje.

Durante los siglos III-II a.C. encinares, retamares, tomillares, etc. y espárragos silvestres. A nivel regional, quejigos en ambientes umbríos y olmos en cauces fluviales. Poca alteración a pesar de actividades agrícolas y pastoriles. Mediados del siglo II, degradación del encinar, aspecto semi-adehesado por incremento ganadería, cultivo de cereales, expansión del olivar. La deforestación continúa en periodo visigodo, paisaje dominado por pastizales, enorme presión ganadera, olivares y agricultura.

 

jueves, 18 de enero de 2018

Trillo o el agua.

Desde Trillo pueden realizarse muchas rutas senderistas como los meandros del Tajo o, más corta, al monasterio cisterciense de Óvila, donde se celebraba la romería y fiesta de San Bernardo: fundado en el siglo XII, fue vendido en 1930 al magnate de la prensa norteamericana W.R. Hearst, quien lo hizo desmantelar y llevarlo a su país, quedando pocos restos. La ruta que elegimos es a las Tetas de Viana. Al volver, vemos el pueblo.

El pueblo, con cerca de 1.400 habitantes, es famoso especialmente por la central nuclear, pero siempre ha sido un lugar especial por el paso del río Tajo. Fue ciudad romana en la región fronteriza entre la Carpetania y la Celtiberia y, tras la reconquista cristiana a los musulmanes a finales del s. XI, en tiempos de Alfonso VI, perteneció al Común de Villa y Tierra de Atienza, por cuyo fuero se regía. En el s. XIV el infante Don Juan Manuel construyó el castillo, a mediados del s. XV pasó a la jurisdicción de los Condes de Cifuentes, en 1580 –Felipe II- tenía 320 vecinos  y en 1630 fue declarado Villa. El s. XVIII supuso su decadencia: en la Guerra de Sucesión se talaron sus montes, se destruyeron ganados y colmenas, se quemaron muchas casas y la población decayó en 1752 a 82 vecinos.

Camilo José Cela, en su “Viaje a la Alcarria” cuenta: “Al llegar a Trillo el paisaje es aún más feraz. La vegetación crece al apoyo del agua y los árboles suben airosos como en Brihuega. Esta tierra, con agua, parece una tierra muy buena... A la entrada del pueblo hay una casa muy arreglada, toda cubierta de flores; en ella vive, ya viejo y retirado, cultivando sus rosales y sus claveles y trabajando su huerta, un veterano alpinista que se llama Schmidt. Schmidt, que piensa construirse una casa enfrente de la cascada del Cifuentes, poco antes de caer en el Tajo, fue un montañero famoso; en la sierra de Guadalajara (error, Guadarrama) hay un camino que lleva su nombre. … La cascada del Cifuentes es una hermosa cola de caballo, de unos quince o veinte metros de altura, de agua espumeante y rugidora. … Las tabernas de Trillo tienen un aire jaranero, alegre, siempre un poco al borde del tumulto. El viajero encuentra a la gente amable, obsequiosa y con deseos de agradar. Así se lo dice a sus amigos, y uno de ellos le responde, sonriendo: -Pues por ahí nos llaman la gente mala, ya ve usted. … -Al principio andábamos un poco escamados con esto de la lepra; ahora ya nos vamos haciendo. … -La pena fue que se perdieran los baños de Carlos III, que eran famosos en toda España. Ya sabrá usted lo que decía el refrán: que Trillo todo lo cura, menos gálico (sífilis) y locura”.

Los tiempos pasados perduran en arquitectura popular de piedra, adobe y madera, algunas casas solariegas y otros monumentos. De su declaración como Villa tuvo un rollo, desaparecido en la Guerra Civil, de más de 2 m de altura. En el edificio de San Blas, antigua ermita, hay un Museo Etnológico ordenado temáticamente con reconstrucción de ambientes. Dos conjunto escultóricos modernos recuerdan la zona, el agua y los oficios: Nube de peces y Gancheros, homenaje al tradicional oficio contado por José Luis Sampedro en “El río que nos lleva”: “El terreno era más llano y avanzaban entre tierras de labor, con alguna dulce casita blanca de cuando en cuando. Estaban llegando a Trillo, donde el río torcería su rumbo todavía más al Sur … Es el primer pueblo con carretera… El Rubio y el Seco, siguiendo a dos mozas llegan a la leprosería, donde la llaman “la enfermedad” o “el costipao”… la capital de las chorreras, como decía Quintín, aludiendo a las cascadas con que el río Cifuentes se precipita en el Tajo por en medio del pueblo”.

Pero Trillo no fue famoso sólo por la leprosería o ahora por la central nuclear; también lo fue por el Real Balneario. Sus aguas ya fueron utilizadas por los romanos por sus propiedades antirreumáticas y, en 1697, el Doctor y Catedrático en Medicina por la Universidad de Alcalá de Henares, Alfonso Limón Montero, escribió “Espejo cristalino de las aguas de España” donde se cita. La fundación oficial de los Baños fue el 13-7-1777, en tiempos de Carlos III, con cuatro manantiales, arreglándose el camino desde Madrid, uno de cuyos mojones se conserva entre el Gurugú y Villalbilla, cerca de Alcalá de Henares. En 1798 llegó para descansar D. Melchor Gaspar de Jovellanos.

En el Tajo se reflejan dos monumentos: la iglesia y el puente. La iglesia parroquial -s. XVI, renacentista, sillería de piedra arenisca, una nave, artesonado de madera con decoración inspirada en el mudéjar- fue destruida parcialmente en 1936. Tuvo un retablo atribuido a la escuela de Juan de Juni, pero el actual procede de Santamera, mediados s. XVI. El puente, lugar de paso del río, fue objetivo militar en todas las guerras. Era de mediados del s. XVI, pero fue volado en la Guerra de la Independencia (inscripción).



El otro río de Trillo es el Cifuentes, que pasa por debajo de la Casa de los Molinos, quizá el edificio más antiguo del pueblo, s. XII. Pudo ser aserradero y tiene la minicentral hidroeléctrica de San Blas. Actualmente alberga el Museo Prometeion, sobre el Hombre y la Energía, cuyo nombre deriva de Prometeo, considerado el protector de la civilización humana. Fue el creador del hombre.


Cuando él y su hermano Epimeteo empezaron a hacer criaturas para poblar la tierra por orden de Zeus, Epimeteo prefirió la cantidad e hizo muchas criaturas, dotándolas con muchos dones (piel, garras, alas, aletas, etc.), mientras Prometeo trabajaba en una criatura a semejanza de los dioses: un humano, pero tardó tanto que Epimeteo había usado ya todos los dones. Prometeo sintió pena de su creación, viéndola tiritar de frío y decidió robar el fuego de los dioses. Trepó al monte Olimpo y robó fuego del carro de Helios (Apolo) o de la forja de Hefesto, llevándoselo en el tallo de un hinojo, que arde lentamente. Para aplacar a Zeus, dijo a los humanos que quemasen ofrendas a los dioses. Zeus se llevó el fuego de la tierra y ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla, Pandora, y le otorgó un don.

Fue enviada a la Tierra junto a una caja que contenía todos los males del mundo. Prometeo sospechó y no quiso saber nada con ella, pero Epimeteo, a pesar de las advertencias, se casó con ella que, curiosa, abrió la caja esparciéndose los males por el mundo. Cerró el ánfora justo antes de que la Esperanza saliera y avisó a los hombres. En castigo Zeus encadenó a Prometeo en una montaña del Cáucaso donde diariamente un águila le devoraba el hígado, que volvía a crecerle. Así estuvo hasta que Hércules le liberó con el consentimiento de Zeus, quien, para que Prometeo no olvidara su castigo, convirtió la argolla con la que estaba fijado en un anillo que siempre debería llevar.



En el último recorrido del río Cifuentes antes de desembocar en el Tajo, cerca del puente, hay una cascada conocida como El Chorrerón, el último regalo para la vista, donde terminamos la visita cuando ya cae la tarde escuchando la banda sonora del agua, su ruido ininterrumpido, uniforme, rápido e impetuoso. Es la voz del río en el momento final en el que llega a sumarse al manso curso del Tajo con un murmullo plácido. 


domingo, 14 de enero de 2018

Las Tetas de Viana.




Salimos de noche. El día no ha levantado todavía pero vamos avanzando hacia el alba que pronto va
tiñendo de gris la mañana. Han pasado las horas nocturnas y Eos, la diosa de la aurora, ya está aquí ahuyentando las sombras. Despierta al día el campo. Las nubes se colorean con lo que parece el resplandor de un lejano incendio y el amanecer sangriento nos sale al encuentro en Cifuentes. Con las primeras palpitaciones del día, tras el austero y pálido amanecer color lavanda, que dilata las perspectivas, llegamos a Trillo, confirmamos la inscripción y nos reunimos con nuestro guía, Dani. Estamos a 732 m de altitud.


Una antigua expresión popular, de cuando había carretas, decía que “tiran más dos tetas que dos
carretas”, pero estas dos tetas de Viana han tenido hoy poco tirón. Somos once senderistas, siete de los cuales venimos de Tórtola de Henares. Salimos a la hora indicada, en subida, por el camino de Viana, SL-1 (Sendero Local). La ruta está muy señalizada: colores verde y blanco, letreros, paneles informativos, etc. A partir del circuito de motocross se deja el asfalto y se sigue ascendiendo, algo por camino y la mayor parte por senda. El otoño ha cedido por fin paso al claro escenario del invierno, la helada nocturna ha endurecido el camino y se anda bien, entre matas de verdor y murmullos de frondas.

Pronto se llega a las rocas llamadas la Silla de Caballo, desde donde se ve el Real Balneario de Carlos
III y poco después a una grieta en la roca, la Entrepeña. La deseada lluvia de los días pasados ha lavado los árboles, las encinas –el árbol más abundante-, quejigos, enebros y sabinas que forman este magnífico bosque mediterráneo que se ha cerrado a nuestro alrededor y que acoge fauna como jabalí, corzo, gineta, gato montés, zorro, etc. Tonos del paisaje: horizontes recortados, nubes altas. Hacemos algunas paradas en las que nos reagrupamos y atendemos las explicaciones de Dani sobre las cualidades del bosque, los bioindicadores como los líquenes, etc.



En nuestro continuo ascenso, respirando la normalidad de la mañana, llegamos a una zona más
abierta. Los pinos –carrasco y negral principalmente- van sustituyendo progresivamente a las encinas y recuerdan antiguas labores como la recogida de piñones y resina y la corta de madera, transportada río abajo por los gancheros. En los claros aparecen tomillo, espliego, enebro, aliaga y, en zonas más húmedas, la gayuba, que no sólo es tapizante sino que tiene un porte más alto. Hay un control total y absoluto de este despejado escenario. A la derecha aparecen las humeantes torres gemelas de la central nuclear exhalando blanco vapor, y de frente, con la majestad de un templo antiguo, las gemelas tetas de Viana, cubiertas de apretada vegetación hasta el roquedo de la cima. En ellas se aprecia bien una parte de la opinión del dramaturgo noruego Henrik Ibsen: “las multitudes y las montañas se unen siempre por la base”.



Pasamos por una densa zona de quejigos cubiertos de líquenes que ofrece un fantasmal aspecto
mientras el día va abriendo y las nubes van disminuyendo. Vamos recorriendo el sendero que cruza por la ladera Norte de la teta más oriental hasta el collado entre ambas tetas. Este terreno arcilloso está completamente embarrado. Aprovechamos el punto de control para beber y comer mientras vemos el paso de los primeros corredores (Trail Larga Distancia 42 km, Trail Media Distancia 18 km y Trail Media Distancia por Equipos de cuatro miembros 18 km) que ascienden por el SL-2 hasta la cima de la teta occidental.



Las tetas de Viana –conocidas también con otros nombres, Alkalatem, Peñas de Braña, etc.- son dos
montañas gemelas, dos muelas, dos cerros testigo, con una base arcillosa muy erosionada por arroyos y ríos y una alta cima en la que aparece el nivel de las calizas lacustres del Terciario Superior y cuya verticalidad las hace casi inaccesibles. Su singularidad, dos juntas y de parecido tamaño, las ha llevado a ser declaradas Monumento Natural y además representan los valores geológicos y geomorfológicos de la Alcarria, siendo el centro de un paisaje muy variado que incluye páramos o “alcarrias” (llanuras altas), valles encajados surcados por los ríos Tajo y Tajuña, campiñas planas en el fondo de los valles y laderas de fuertes pendientes.

Camilo José Cela, en su “Viaje a la Alcarria” las describe así: “Al salir al terreno llamado de la fuente
de la Galinda aparecen erizadas, violentas, las Tetas de Viana … A las faldas de las Tetas de Viana hay unos prados de yerba tierna, verde, rodeados de zarzas y de espinos. … Para subir a las Tetas hay que salirse del atajo. La de allá tiene una escalera de madera hasta arriba del todo; durante la guerra fue un observatorio … Las dos Tetas son casi exactamente iguales vistas desde el norte, quizás la de poniente sea algo más alta. Tienen forma de cucurucho cortado antes de la punta y terminan, cada una, en una mesa de bordes rocosos y cortados a pico que deber ser difíciles de escalar. …”

Con el ánimo y la determinación de quienes persiguieron el vellocino de oro, con la mochila y la
felicidad al hombro, seguimos el ascenso de los corredores por un tramo rocoso muy empinado, rodeados por la caliza, atravesamos una grieta con mucho desnivel y llegamos al inicio de la escalera metálica que permite el ascenso a la teta más meridional o Teta Redonda, donde hay un gran atasco producido por el elevado número de personas que queremos subir o bajar. La marcha se ralentiza. Antes hubo otras escaleras que llevaban hasta una atalaya en lo alto debido a su importancia estratégica ya desde la Baja Edad Media. Por fin conseguimos subir y llegar a lo alto, al techo de la Alcarria -1.144 m.- de la que es referencia geográfica. La peculiar cima plana ha generado historias sobre posibles asentamientos, como el aquelarre de brujos de la comarca en las noches de plenilunio.



El campo visual se ha ampliado de manera extraordinaria. Ante nuestros ojos aparecen los pueblos de
los alrededores, incluso algunos lejanos, los meandros del Tajo, y la otra teta sobre la que se han concentrado las rapaces que anidan en los escarpes y que convierten esta zona en una ZEPA. Desde lo alto vemos la fila de corredores, como hilera de hormigas, que sigue subiendo. Aludiendo a la dificultad de la subida, que no es tanta, un refrán decía: “Tetas de Viana, muchos las ven pero pocos las maman”. Nosotros somos de los pocos.



El atasco se reproduce aumentado a la bajada y un viento adusto nos enfría antes de emprender el
regreso por el mismo camino –serán unos 15 km-, a pesar de que hay un sendero circular. La temperatura ha ido en aumento, el suelo se ha deshelado y la arcilla mojada está muy resbaladiza. Los pasos pesan. Volvemos a Trillo donde nos espera una exquisita caldereta caliente delante de un trozo de río. Quedamos un poco decepcionados. Después de la cálida hospitalidad que recibimos en Henche el día de la matanza del cerdo, todo gratis, aquí, que hemos pagado, la comida es escasa y los premios a los ganadores son escasos y raquíticos. Si se quiere organizar un evento que tenga trascendencia hay que organizarlo mejor y financiarlo más, contando con que estos municipios cercanos a la central nuclear disponen de recursos.





Tomamos café en un bar que hay enfrente de la última cascada del río Cifuentes antes de que se
cumpla su destino en el Tajo, un magnífico emplazamiento. Sobre los ríos ha caído ya una amplia capa de sombra y dentro de ella caminamos hasta el coche. En el regreso comienza a llover y la lluvia se transforma en nieve, aunque no causa ningún problema y permite terminar bien este espléndido día.