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viernes, 28 de junio de 2019


Sorbas (III/3).


La revista “El Afa” da mucho juego para rememorar hechos pasados del pueblo desde todos los puntos de vista. Leonor Martínez Rodríguez (“Gastronomía. Los andrajos”, El Afa, nº 2) explica la receta de ese preparado de gran aporte calórico que puede tomarse como primer plato e incluso como único plato. En una elaboración tradicional, lenta, se mezclan ingredientes como garbanzos, carne (era más escasa, costillas de cerdo, perdiz o liebre), tomates, cebolla, ajo, aceite, sal, pimiento rojo picado, harina.

Sobre las distintas categorías sociales existentes en el pueblo, como en todos, puede leerse el Romance “El crimen de la Rondeña”, recuperado por Juan Cabezas Rodríguez (El Afa, nº 3). “En la provincia de Almería / que es tan nombrada en España / hay un pueblo judicial / de defensas y de causas; / por nombre se llama Sorbas, / pueblo de mucha importancia. / En el distrito del pueblo / existe una barriada / algo corta de habitantes / que la Rondeña le llaman; / en el referido barrio / o sea una cortijada / entre dos amantes novios / ha ocurrido una desgracia, / tan horrible y tan fatal / que aterroriza y espanta, / y como más adelante / se dará por detallada, / la cosa como pasó / sin equivocarse en nada./”.

Imagen aérea, hacia 1955
(gentileza de Rafael Cazorla Fernández)
El argumento, brevemente resumido, cuenta que una joven honrada, Rogelia Flores Belmonte, hija de padres pobres, Benito y Lorenza, llevaba más de tres años de relaciones con un joven labrador, Mariano Torres Lara, hijo legitimado de Bernardo y Juliana, que despreciaban a los anteriores por pobres y aconsejaban a su hijo que la abandonara y tomara relaciones con una vecina rica. … Si el/la amable lector/a quiere saber cómo sigue y termina, deberá leerlo por sí mismo/a en la citada revista.




Un problema muy importante en el pueblo ha sido tradicionalmente el abastecimiento de agua. Rosa María Piqueras Valls (“La traída de aguas, 1947-48: un deseo hecho realidad, El Afa, nº 3) cuenta que los vecinos tenían que bajar hasta la rambla para abastecerse. El punto más cercano, “Los Caños”, que eran seis, estaba a un kilómetro, pero en periodos de sequía tenían que ir incluso hasta “Los Algarrobos”, a seis kilómetros o pedir el favor a los dueños de cortijos que tuvieran noria o balsa. El trayecto lo hacían en burra o a pie, era tarea principalmente femenina, que aprovechaban para lavar –lavadero público al lado de la fuente “Los Caños”- y volvían con la ropa mojada y cántaros. No había alcantarillado, produciéndose el fenómeno de los chorreones, y la situación era insostenible en caso de incendio. El 1 de julio de 1948 se inauguró el abastecimiento público en cinco fuentes en distintos puntos del pueblo. De ellas quedan tres.



Dos literatos tuvieron relación con Sorbas. La historiadora Rosa María Piqueras Valls, en el número 25 de El Afa (“José Martínez Ruiz, “Azorín”. Diputado cunero a Cortes por Sorbas”), explica que, en unas elecciones tan caciquiles, Azorín encontró acomodo en Almería gracias a Antonio Maura. Almería elegía a 8 diputados, 3 por la capital y cinco distritos uninominales: Berja, Purchena, Sorbas, Vélez-Rubio y Vera. En las elecciones de 1916 se presentó como candidato por la Circunscripción de Almería, Distrito de Sorbas, Cristino Marcos Llovet, fracción política liberal. Hubo  12.262 electores y 7.107 votantes, de los que el candidato obtuvo 5.362. El Tribunal Supremo anuló estas elecciones –las únicas- y ordenó repetirlas, presentándose José Martínez Ruiz, abogado, conservador, y ganándolas: electores 12.149, votantes 7.510, votos obtenidos  4.654. Romanones le había dicho a Dato por carta en 1914 que Almería era la provincia más cunera de España y Sorbas era un distrito competitivo. Aunque Azorín no lo tuvo fácil, volvió a ganar en 1918 y 1919.


El otro literato fue el poeta Gerardo Diego, que, según cuenta Pedro Soler (“Gerardo Diego y el taller de Anica La Lanera, El Afa nº 7), estuvo en Sorbas dos fines de semana para visitar a Mª del Mar Fornoví, su secretaria, que ejercía de maestra en el pueblo y se alojaba en casa de Anica La Lanera, su amiga. Una anécdota cuenta que Gerardo Diego estaba ya delicado de salud y que habiéndole hecho la Tía Anica La Genara –que llamaba al poeta “Don Geranio”- unas migas con muchos tropezones, se quejó él diciendo que su estómago no lo soportaría, por lo que se le hizo una sopa de verduras.

Otros asuntos del pueblo.
Francisco Mañas Martínez. La historia del hijo desaparecido. 
Ana Mª Rodríguez Agüero.




Rambla de Sorbas, en primer plano el cortijo de los Caños, al fondo El Zocá. La rambla de Góchar había “salido” con fuerza aquel año, arrasando casi por completo la fuente de los Caños y el bancal inmediato (1935)

Tajo Oeste de Sorbas. Abajo, humeando los hornos de las Alfarerías y la Cuesta de los Caños con los burros acarreando el agua al pueblo (1935)

Mulo y burros en la Calle Calvario, allí se celebraba el mercado de ganado semanal (1935)

Bailando las carreras

(Las fotografías corresponden a la revista "El Afa", nº 14, verano 2006)

Sorbas es un pueblo pequeño, ha perdido población. A mediados del siglo XIX fue aumentando hasta llegar a los 8.081 habitantes en 1920. Desde entonces ha ido en descenso hasta los 2.463 que tenía en el año 2017. El futuro no puede ser muy esperanzador. En la revista El Afa nº 2 hay unos tristes datos, tomados del Ayuntamiento de Sorbas, Juzgado de Paz, que explican el movimiento demográfico en el año 2000: hubo 11 nacimientos y 40 defunciones, por lo que el crecimiento vegetativo es muy negativo.


La tierra es infiel a sus hijos: pasan las generaciones y nada significa, se olvida. Por el camino de la emigración, en el amanecer del éxodo, partieron muchos peones de la historia buscando el pan del trabajo en otras tierras menos duras y más fáciles de andar y trabajar, marcharon camino del olvido por la senda de la dispersión y aquí dejaron enterrada su memoria para poder volver un día. Quizá un día regresen, cuando la edad y el recuerdo empiecen a llenarles de nostalgia el corazón, porque no se vuelve a plantar un árbol viejo fuera de su tierra.

Esas personas mayores, esos abuelos, son como el paleolítico de nuestra generación, son los hombres-memoria, los archivos del pueblo, los que guardan el fuego sagrado de las esencias de una época pasada. Pasamos como las aguas del río, pero antes nos han enseñado a amar el pasado y la cultura. Por eso es una desgracia que una revista tan entrañable como El Afa haya desaparecido. A nadie le gusta ser cronista del crepúsculo. Esperemos su resurrección.


domingo, 23 de junio de 2019


Sorbas (II/3).

El dominio cristiano no significó la desaparición de las tradiciones musulmanas. Una de ellas, de larga pervivencia, fue la alfarería. Madoz cuenta que en el siglo XIX existían 24 fábricas de alfarería, cuyos productos se vendían en Jaén, Granada, Murcia y se enviaban más lejos a través del puerto de Almería. Todavía perdura el barrio Alfarerías o Cantarerías, donde los alfareros siguen trabajando con los conocimientos que han pasado a través de las generaciones, y donde se conserva en buen estado un “horno árabe” de más de 500 años, además de alfares, pilones, balsas, etc. Los motivos más identificativos parece que eran el botijo con forma de gallo y el “ajuarico”, un conjunto de útiles de cocina (almirez, cazuelas, sartenes, cazos, cucharas, etc.) en miniatura. Las tierras se extraen de la zona, la arcilla blanca proviene de la Cañada Siscar y la rubial o roja de La Mojonera.



También han quedado en la memoria apellidos de grandes familias alfareras como “los Mañas”, “Cúllar” –de origen granadino-, los “García Alpáñez”, “García Lario”, “García Muñoz” emparentados con los “Muñoz”, los “Ayala” oriundos de Totana-Murcia –otro gran foco alfarero-, los “Fenoy” de Tabernas, los “Madriles”, etc. Para la decoración de las piezas se asociaron con pintores sorbeños como Pedro Soler y Miguel Capel.


La morfología urbana del pueblo se estructura en unas cuantas plazas que organizan todo el callejero. La principal es la Plaza de la Constitución, donde se encuentra el Ayuntamiento, la Iglesia Parroquial y la Casa de los Duques de Alba. En el lugar más alto está la Plaza de la Torreta, nombre debido a una antigua torre vigía, donde se encuentra el Teatro Municipal Villaespesa y, detrás, el Mirador de Santa Cecilia, con vistas a la rambla “del Cucaor”. Otras plazas importantes son la de las Alfarerías, con la Ermita de San Roque, la del Castillo y la reciente de Joaquín de Haro, sorbeño que se dedicó a la artesanía de la hojalata (candiles).


La Plaza de la Constitución acapara varios de los monumentos más importantes: la Iglesia Parroquial de Santa María (fachada neoclásica de fin del s. XIX con rosetón, torre s. XIX, cabecera barroca s. XVIII, planta de cruz latina con tres naves de estilo mudéjar, s. XVI, y armadura también mudéjar) en el lugar de la antigua mezquita. La Casa Consistorial, compuesta por dos edificios (el propio Ayuntamiento, con balcón corrido en la fachada, y el edificio señorial anejo, la Casa de la Cámara Agraria, con torreón, ambos de estilo ecléctico, s. XIX). La Casa del Duque de Alba (Señores de Sorbas y Lubrín, estilo neoclásico s. XVIII, tres plantas, imponente fachada de color rojo).



En el Barrio de las Alfarerías está la pequeña Ermita de San Roque, ss. XVIII-XIX, de una nave, sencilla, sin apenas decoración. Acceso por arco de medio punto, con óculo encima y gran espadaña. En el interior se encuentra San Roquillo, un San Roque de menores dimensiones que el patrón del pueblo que está en la Iglesia de Santa María. En el mismo barrio se conserva un horno musulmán, de los muchos que hubo. Tiene dos niveles, uno inferior para la leña y otro superior para las piezas de cerámica, conectados por pequeños orificios. También son de destacar el Teatro Villaespesa, reformado en 1997, y el Museo de la Lana, ubicado en una antigua fábrica de lana y harina, donde es posible ver el proceso de transformación de la lana en hilo y las máquinas que se utilizaron para ello.

(Acudiendo al teatro. Dibujo de Pedro Soler)



En la construcción popular, según cuenta Antonio Gil Albarracín (“Sorbas: enclave de arquitectura popular”, El Afa nº 2), se utilizaba el muro de piedra y yeso, que también se usaba en suelos, techos y terrados. La teja era cerámica, curva, árabe. Los terrados se impermeabilizaban con arcilla magnesiana violácea, denominada launa o roya, que da el color característico y resalta la blancura de lo demás (“Blanquear no es sólo dar cal”. Ana María Rodríguez Agüero, El Afa, nº 27, invierno 2013). Con el tiempo ha ido progresando el tejado en detrimento del terrado.

 (Fotografías antiguas, revista El Afa)

La primavera y el verano son los meses de las fiestas. El 13 de mayo se celebran en honor a la Virgen
de Fátima, el 15 de mayo la romería de San Isidro, y el 16 de agosto las de San Roque, patrón del pueblo, con una procesión en la que se lanzan roscas de pan a los asistentes. Al día siguiente es la procesión de San Roquillo.


Sobre este patronazgo, Rosa María Piqueras Valls (“Patronazgo de San Roque en Sorbas. Historia o leyenda”, El Afa nº 3) cuenta una graciosa anécdota. En 1642, Sorbas y Lubrín formaban el señorío del Marqués del Carpio, Sorbas estaba bajo la protección de San Sebastián y Lubrín bajo la de San Roque. El alcalde de las dos
villas encargó dos imágenes a un taller granadino. De los dos pueblos fueron a recogerlas y se encontraron a la vuelta, cargados, en la posada de Ochoa de Guadix. Les salió un trabajo por horas y descargaron las imágenes, para volverlas a cargas después del trabajo. En Sorbas se había reunido mucha gente, que quedó asombrada al ver la talla de San Roque en lugar de la de San Sebastián. Lo mismo ocurrió en Lubrín. Las personas de fe creyeron ver en esto la mano divina, un significado religioso, y cambiaron de patrón.


domingo, 16 de junio de 2019

Sorbas (I/3).

"Situada en el corredor abierto entre las Sierras de Alhamilla y Filabres, en una meseta rodeada por el río de Aguas y la rambla de Uleila, Sorbas es la capital de un extenso municipio que, antes de la segregación de Carboneras en el siglo XIX, llegaba al mar" ("Sorbas: enclave de arquitectura popular, Antonio Gil Albarracín, El Afa, nº 2). Esa situación sobre una pequeña planicie, a una altitud de 409 msnm, recortada por el barranco del río Aguas y un antiguo meandro abandonado, la adaptación del pueblo a esa particular orografía es la seña de identidad geográfica más notable del pueblo, con sus características casas colgadas, suspendidas sobre el Afa.


Su posición elevada con respecto a los barrancos circundantes hace que haya muchos puntos desde los cuales se tiene una buena vista, muchos miradores: Castillo (Afa, sierra, ermita de Fátima, carretera), Porche (cerca de la Plaza de la Constitución, lugar de descanso de camino al Barrio de las Alfarerías, Casas Colgantes), Las Cruces (Afa y Casas Colgantes), Huerta (campos de cultivo, rambla, antiguo lavadero público), La Torreta (zona más alta, paisaje), Urrá (antiguo aljibe, paisaje semidesértico).


El nombre de la población aparece en el año 1089 como Surba, de origen árabe con el significado de "olla de arena", quizá en relación con unas vasijas neolíticas encontradas. Era un castillo en disputa en Almería. Otros antecedentes podrían ser Serva o Servula, ciudad sierva. Modernamente se la ha llamado la "Cuenca chica" por sus casas colgantes sobre el barranco, y a los habitantes sorbeños o "chorreones" por las aguas residuales que caían al Afa.


Además de los asentamientos neolíticos, hay otros de la Edad del Bronce, 2000 a.C., en el barrio El Calvario. Con posterioridad, el pueblo íbero mantuvo relaciones con los fenicios y en época romana se explotó el yeso, lapis specularis. Desde el siglo VIII hasta el XV se mantuvo la dominación musulmana. En junio de 1488, tras su capitulación al igual que Mojácar, se entregó a los Reyes Católicos. Las condiciones debieron ser duras y la convivencia se enrareció, por lo que en Navidad de 1568 se inició una sublevación morisca encabezada por don Hernando de Válor, convertido al Islam con el sobrenombre de Aben Humeya, que se extendió rápidamente por todo el Reino de Granada.


Fue derrotada por las tropas de don Juan José de Austria, firmándose los tratos de rendición en abril de 1570 y adoptándose una medida radical, la expulsión de los moriscos sublevados del reino de Granada, el abandono de los hogares y la liquidación de sus propiedades. En Sorbas, el siete de diciembre de 1570 salieron 138 moriscos con sus familias (Rosa María Piqueras Valls, El Afa nº 1). La repoblación se llevó a cabo con 50 vecinos de Jaén, Linares, Toledo, Cazorla, etc, que ocuparon las viviendas y tierras que habían abandonado los moriscos. Fue capital del señorío almeriense de Diego López de Haro, Marqués del Carpio, que se integró en las propiedades de los Duques de Alba a partir del siglo XVIII. 


La citada revista "El Afa", magnífica, es una mina impresionante e inagotable para conocer aspectos geográficos, geológicos, históricos, costumbristas, artísticos, demográficos, de recuerdos, etc., de Sorbas, que incluyen unas impagables fotografías antiguas. El nº 1 salió en verano del 2000, bajo la dirección de Andrés Pérez Pérez y con periodicidad semestral. En la portada presenta un documento del Archivo Histórico Provincial de Almería referente al Catastro del Marqués de la Ensenada, de 1752. "Desde la Edad Media nuestro pueblo ha dado el nombre de "Afa" a ese curioso meandro del Río Aguas, que históricamente ha protegido a Sorbas como si de un foso se tratara", es la clara explicación para la elección del nombre.


En el nº 2 hay un admirable artículo de Lorenzo Cara Barrionuevo, Arqueólogo de la Alcazaba de Almería por aquel entonces, con el título de “Sorbas en los últimos tiempos de la dinastía nazarí”. En él se explica con gran lujo de detalles ese periodo histórico especialmente, aunque se extiende a otros, como al nombre Surba, citada en las “Memorias de cAbd al-Allâ (1982:211) como castillo en disputa entre Al-Mutamid (el rey sevillano que había conquistado el reino de Murcia) y Al-Muctasim (el soberano taifa de Almería) en el 1089”. Esas rivalidades terminaron con la llegada de los almorávides que los redujeron a todos.


Cita un episodio peligroso para Sorbas a principios del siglo XIV, en 1309, cuando el obispo de Cartagena, Martín Martínez, tomó por sorpresa el castillo de Lubrín en apoyo al asedio de Jaime II a Almería. Se mantuvo poco tiempo, pero dejó claro el peligro que corría la zona. En el siglo XIX, indica que el castillo, en ruinas, de pequeñas dimensiones, es citado por Madoz.


Pero lo más sabroso del artículo es lo que se refiere a la documentación de un pleito entre Luis Mendoza de Haro de Sotomayor, y de sus villas (antes alquerías) de Sorbas y Lubrín, con la ciudad de Vera, en 1544-1546, que incluye interrogatorios a personas mayores que vivieron los hechos y desempeñaron un papel en ellos. Su testimonio está escrito en un lenguaje popular muy entrañable. Así, Pedro de Luján Aburrifa, cristiano nuevo, afirmaba que en los tiempos de las paces de Boabdil con los Reyes Católicos, 1483, el alcaide de Vera tenía jurisdicción en toda la comarca, pero a partir de 1485 fue el nombrado para Mojácar el “que también ponía su mano en Sorbas”. Un moro vecino de Sorbas llamado El budaynit fue liberado después de haber sido apresado en tierra de paz. Las tenencias de los castillos de Sorbas y Lubrín estaban en poder de Abenhalaf y Elcuhey, respectivamente.


En tiempos del rey Muley Abul Hagy (probablemente Muley Hacén, 1464-1482, soberano que dio nombre al pico Mulhacén) hubo conflictos entre Vera y Sorbas por el cobro de impuestos, incluyendo refriegas en la que hubo muertos, porque Sorbas, así como Mojácar, ya no eran aldeas de Vera. Entre Sorbas y Lubrín hubo acuerdos para aprovechamiento de pastos, “hermandad para entrar con sol e salir con sol”, por lo que los ganados no  podían permanecer de noche en el término vecino, y se multaba a los incumplidores.

viernes, 14 de junio de 2019


El Karst en Yesos de Sorbas.




Esta población de la provincia de Almería, Sorbas, cuenta con unas importantes canteras de yeso y con una cueva visitable, karst en yesos, que bien merecen la cortesía de una inspección puesto que se trata de uno de los espacios naturales más atractivos, más importantes, de Almería junto con el Desierto de Tabernas. “El término de Sorbas está limitado por tres de las sierras que forman el Bético Almeriense, al Norte la Sierra de los Filabres, y al Sur las Sierras de Cabrera y Alhamilla, quedando el territorio sorbeño en la Depresión o Cuenca intramontañosa, corredor natural entre Tabernas, Sorbas y Vera, relleno sedimentario (“Introducción a la geología de Sorbas”, Felipe Matías Alcaráz Guzmán, El Afa nº2), “en una cuenca sedimentaria cenozoica” (“La cuenca sedimentaria cenozoica de Sorbas”, Felipe M. Alcaráz Guzmán, El Afa, nº 3), y es espacio protegido como Paraje Natural, Zona de Especial Protección para las Aves, ZEPA, y Lugar de Interés Comunitario, LIC.



Se encuentra en un paisaje árido, semidesértico, el más árido de Europa, de 2.375 has., de altas temperaturas y bajas precipitaciones (250 mm/año), pero de alto valor ecológico debido a la presencia de plantas que resisten a pesar del yeso, tóxico para la mayoría. En su flora destacan endemismos (Juan Mota, Flora endémica de Sorbas, El Afa, nº 2) como el romerillo, la jarilla y el narciso de Sorbas, y, en presencia de agua en la superficie (río Aguas), carrizo, cañaveral y taray, además de líquenes sobre las rocas. La escasa fauna adopta colores térreos para camuflarse y en las cavernas hay murciélagos.




El contexto geológico de la zona se explica por la unión del sustrato bético con el neógeno-cuaternario. Aquí los yesos aparecen en la zona más superficial, aunque la mayor parte permanece debajo de otros materiales que se depositaron con posterioridad, conglomerados, margas y areniscas. Este contraste litológico hizo que los procesos erosivos se desarrollaran con menor intensidad en la formación yesífera, favoreciendo el desarrollo de los procesos kársticos.

La evolución del karst se desarrolló en varias fases. En principio los yesos estaban cubiertos por terrenos semipermeables, areniscas, margas y conglomerados de abanicos aluviales. En una segunda etapa se fue instaurando la red de drenaje superficial, pero también se formaron galerías subterráneas. La disolución subterránea formó pequeñas dolinas, los yesos quedaron expuestos y se formaron grandes depresiones kársticas y profundos barrancos. Finalmente, de la red superficial sólo quedan dolinas y sumideros alineados según las antiguas direcciones de los cauces.



Desde que hace seis millones de años se retiró el mar, se produjo una precipitación de yeso de más de cien metros de espesor, que quedó en la superficie expuesto a la acción del agua de lluvia. El resultado de todo ese proceso ha sido el modelado kárstico del paisaje, originando un entramado de cientos de dolinas en superficie y otras tantas cavidades subterráneas, superpuestas hasta en siete niveles y, en su mayor parte, comunicadas. Puede recorrerse en varias rutas: básica (1,5 h., recorrido horizontal, pequeñas zonas para trepar y gatear), combinada (3,5 h, dos cuevas diferentes, pasos estrechos), técnica. Para empezar, hacemos la básica.

Se inicia la visita en el Centro de visitantes “Los Yesares”, en las cercanías del pueblo. A nosotros no nos lo enseñaron, pero parece ser que tiene tres salas de exposiciones dedicadas a los distintos ambientes de la zona, el medio terrestre, el mundo subterráneo y el humedal, ilustrados por medio de paneles, maquetas, réplica de una cueva, video, etc. (José Guirado Romero, El Afa, nº 1).




Desde el Centro de visitantes nos dirigimos a la cueva por unos barrancos de paredes subverticales, cuya génesis no está relacionada sólo con la erosión fluvial sino con los procesos kársticos. Se aprecian los distintos procesos erosivos que han dejado galerías a distintos niveles y barrancos y cuevas colgadas. La cueva es natural y ha sido escasamente acondicionada para la visita, simplemente unas piedras a modo de escalera y unos pequeños tacos de madera clavados para agarrarse. Para la visita nos colocamos un casco con iluminación y, dirigidos por nuestra guía, entramos en fila dada la estrechez del paso.

Conforme avanzamos, y gracias a las explicaciones de la guía, apreciamos las secciones triangulares de las galerías, con grandes bloques desprendidos del techo debido a la erosión de las margas intercaladas. En el techo pueden observarse canales por donde circuló el agua en las etapas iniciales. Los distintos niveles de las galerías, que se disponen siguiendo la estratificación, deben ser salvados por pozos más o menos verticales. Estas galerías siguen activas. Se ve correr un hilillo de agua y todavía queda barro y ramas arrastradas en la última inundación. Lo más llamativo es el reflejo de los cristales de yeso ante nuestras luces, una psicodelia subterránea.

El recorrido que hacemos es sencillo, aunque Enrique González Pérez (El lugar que hoy me ocupa, El Afa, nº 3), decía que “la Cueva del Barranco del Infierno ha sido para los de Sorbas lo más conocido, junto con el “estrechaculos”, el afa y la rambla, un sitio para jugar y asumir un reto”, quizá aludiendo a recuerdos incluso infantiles. Quedan otras galerías que no visitamos (Cueva del agua, la más grande, más de ocho kms; Cueva de Covadura, la más profunda, 120 m.; Cueva del Yeso; Cueva del Tesoro, la más bella –“Cueva del Tesoro: Algo más que una cueva”, Enrique González Pérez, El Afa nº 1) y en las que aparecen unas concreciones en yeso, los espeleotemas, originadas por la disolución del yeso debida a la infiltración del agua, que se carga de sales hasta la saturación. En las cavidades puede evaporarse el agua dejando su contenido en estas formas ((estalactitas, estalagmitas, estalagmitas huecas, cúpulas de condensación, bolas de yeso, etc.). Realmente no son estalactitas porque el crecimiento no lo realizan por el interior, puesto que el orificio se obtura, sino por el exterior, por sus paredes.

El recorrido, dentro de esta escondida belleza pétrea, es fácil, con algún punto más divertido, pero quedamos cubiertos del polvo de yeso. A la salida hay preparados unos cepillos para limpiarnos mientras pensamos que estos depósitos de la cuenca de Sorbas se originaron por evaporación de una cuenca semiaislada, que la explotación del yeso es antiquísima, primero de forma rudimentaria y a escala industrial desde hace años. El producto se traslada en camiones hasta el cercano puerto de Garrucha desde donde se exporta, constituyendo un elemento económico de gran importancia.



También pensamos en otra ruta importante, el sendero de los Molinos del Río Aguas, un cauce con morfología de rambla, con paredes verticales en el cañón de los Molinos, situados en la margen derecha. El agua recogida por el karst sale a través de surgencias o manantiales, siendo este de los Molinos el más caudaloso, lo que produce un efecto oasis por su importante humedal y fue aprovechado por molinos hidráulicos de harina y aceite que atendieron la producción de los pueblos y cortijadas cercanos como el Tesoro, Marchalico, Viñicas, en una cultura agrosilvopastoril abandonada por la excepcional migración humana del siglo XX.

Un poco más limpios después del meticuloso cepillado decidimos comer en las mismas instalaciones del Centro de visitantes. Los platos son los típicos de la gastronomía local y damos cuenta de un suculento “trigo”, una especie de cocido que, a la sombra y como dice el camarero, “pasa bien”.