lunes, 13 de octubre de 2014

Las Arribes



6.- San Esteban de la Sierra - Piedrahita (78 km y 700 Alt)


Los relieves de las nubes se asoman por entre la luz naciente. Más allá de la ventana nace el día. La luz del día amanece sobre los claros del bosque. El alba tiñe de gris la mañana. Después de un espléndido desayuno y de despedirnos de la dueña de la casa rural “La Serranilla”, que nos ha tratado muy bien, salimos en bajada, sintiendo la caricia del aire frío de la mañana, respirando a pleno pulmón el aire matinal, para afrontar la fuerte subida hasta Cristóbal. El aire fresco, excitante, nos azota la cara.
El bosque sigue espeso. Nos alcanza un ciclista mayor de Madrid que nos comenta las bondades de la zona y del ciclismo. Nos especifica que ya no tiene colesterol. Seguimos por llano hasta la subida a Béjar. Eugenio se queda un tiempo con su madre mientras los demás visitamos el pueblo después de saludarla.
            El mapa de ruta está abierto: cambio de planes.  Decidimos acortar algo la etapa y llegar a Piedrahita sin pasar por El Barco de Avila. Subimos el Puerto de la Vallejera,  de poco más de 1200 m de altitud, mientras el sol de julio nos taladra; después, llano por Sorihuela y Santibáñez de Béjar. Paramos en Puente del Congosto para ver el  castillo y el puente sobre el Tormes. Magnífica vista. El agua rota en movientes espejos de sol. Las pozas invitan al baño pero el agua está sucia. En estos pocos kilómetros hemos cambiado de cuenca, puesto que el Alagón es afluente del Tajo, va hacia el Sur, y el Tormes es afluente del Duero, va hacia el Norte.
En un mediodía atormentado por el sol vamos por un bosque más abierto. Llano, calor, algo de viento. Llegamos a Piedrahita después de 78 kilómetros y 700 metros de desnivel acumulado. Por la tarde paseamos por el pueblo y llegamos al palacio y sus jardines. Prolongado intervalo de calma; la paz del cansancio. Más tarde nos asomamos a la noche. Se han apagado los ruidos. El silencio nos ensordece. Añadimos nuestro silencio a la quietud de la noche. Nos sentamos en la plaza; las sillas nos abrazan y envuelven.

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