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miércoles, 14 de enero de 2026

Los Bécquer


El Museo de Bellas Artes de Sevilla exhibe la gran exposición “Los Bécquer, un linaje de artistas, mostrando la leyenda de la gran familia del arte -afincada en Sevilla a finales del siglo XVI, saga de influyentes artistas en el panorama romántico sevillano y español-, con el icónico retrato del escritor Gustavo Adolfo Bécquer -antiguos billetes de 100 pesetas- como estrella, recién restaurado al igual que otros dieciséis lienzos. Por primera vez se reúnen más de 150 obras, entre óleos, dibujos, acuarelas y litografías, de cuatro artistas de una familia: José Domínguez Insausti, su primo Joaquín Domínguez Bécquer -pintor costumbrista-, y Valeriano y Gustavo Adolfo, hijos del primero y formados en la técnica de la pintura y el dibujo en el taller del segundo. Valeriano y Gustavo Adolfo estuvieron muy unidos: «Él dibujaba mis versos y yo le versificaba sus cuadros».

El recorrido, en cinco secciones, muestra la producción de cada uno de ellos, dando a conocer sus rasgos individuales, al tiempo que permite percibir una serie de características comunes como la continuidad de temas y estilos, o su particular agudeza como testigos analíticos de una época de la historia de España -el reinado de Isabel II-, que coincide con el apogeo del romanticismo en el plano artístico. Otras aportaciones interesantes son:  la representación de la ciudad de Sevilla en la obra de Joaquín, con algunas de sus mejores obras, que permiten documentar, además, la Sevilla de los Montpensier; las escenas de costumbres que Valeriano realizó en su viaje por España y la sección dedicada a la faceta plástica del poeta Gustavo-Adolfo.

El primer ámbito se centra en el iniciador de la saga, José Domínguez Bécquer (Sevilla, 1805-1841), alumno y profesor de la Real escuela de las Tres Nobles Artes de Sevilla, y la eclosión de su producción durante la década de 1830. Su obra es escasa y está muy dispersa ya que sus pinturas y acuarelas salían de la ciudad en el momento de crearse. Una constante común es la impronta popular, partiendo del natural en figuras y paisajes y formando composiciones sencillas (La cigarrera y el torero, 1838) o más complejas (Baile en una venta, 1840). Varios cuadros ejemplifican su dominio en la pintura de asuntos y costumbres populares como Escena galante, Partida de naipes o Baile en una venta.

José Domínguez Bécquer, Un trozo de la feria de Mairena

 

José Domínguez Bécquer, Señora caminando o Andaluza con mantilla

                                                                                    José Domínguez Bécquer, Escena galante

José Domínguez Bécquer, Procesión de la Virgen de los Reyes

José Domínguez Bécquer, Tropas moras

Partida de naipes, José Domínguez Bécquer 

El segundo ámbito está dedicado a la obra de Joaquín Domínguez Bécquer (Sevilla, 1816-1879), retratista de la época, discípulo y heredero de José. Fijó y perfeccionó una pintura de costumbres que se caracteriza por una idealización del pueblo que sabe enmarcar con la belleza de los monumentos de Sevilla. Hacia 1840 era ya un pintor independiente, aunque todavía con un estilo cercano al de José, como se observa en dos escenas presentes en la sala, Cita de paseo y Baile en un interior (1841). Recibió también otras influencias como la de David Roberts, cuya obra versionó en Procesión del Corpus por el interior de la Catedral de Sevilla (1845). Vinculado a los trabajos de restauración del Alcázar desde 1842, allí tuvo su estudio, frecuentado por aficionados y extranjeros. La figura de Joaquín es fundamental en la Sevilla de la época de Isabel II. En 1860 acepta el encargo del Ayuntamiento para el gran cuadro de historia La paz de GuadRas, que tardó diez años en terminar y que le alejaba de manera radical de la pintura que había venido practicando. En esta sección se exponen algunas de sus obras más emblemáticas como su Autorretrato, La Feria de Sevilla, Baile en exterior de una venta, El Patio de Doncellas del Alcázar de Sevilla o las tres obras procedentes del Museo de San Telmo de San Sebastián: La plaza de San Francisco al paso de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, Plaza de la Real Maestranza de Sevilla y La Cruz del Campo.

La cruz del campo, Joaquín Domínguez Bécquer

Joaquín Domínguez Bécquer, Autorretrato

Baile en el exterior de una venta, Joaquín Domínguez Bécquer

En 1848 los duques, Antonio de Orleans, hijo del destronado rey Luis Felipe de Francia, y María Luisa de Borbón, hermana de la reina Isabel II de España, se trasladaron a Sevilla para distanciarse de la inestabilidad política de la corte de Madrid, estableciendo en el palacio de San Telmo la denominada «corte chica». Su primera residencia había sido el Alcázar, donde se inició la relación con Joaquín, entonces restaurador, de la que surgirían encargos como Una bolera bailando el vito y Majos jugando a las cartas en un mesón, los retratos de los duques o los de los reyes Alfonso X y Pedro I, presentes en esta sala. A Joaquín se le encomendó la educación artística de los hijos de los duques, impartiendo clases de dibujo en San Telmo.

Joaquín Domínguez Bécquer, Plaza de la Maestranza

Joaquín cultivó también el retrato, predominante en la pintura europea del siglo XIX, con los primeros ejemplos partiendo de esquemas tomados de un romanticismo temprano, cercanos al pintor Antonio María Esquivel, como el Retrato infantil femenino o el de Manuel Moreno López, cuya composición remite a la tradición murillesca. A partir de 1850 incorpora un sutil realismo sin abandonar los esquemas anteriores, como se aprecia en Retrato de señora (Fernán Caballero) y el Retrato de la duquesa de Montpensier. Ente todos ellos, destaca su Autorretrato vestido de cazador, sin duda el mejor de su producción. Asimismo, muestra su capacidad en el de Fernando A. González de Aguilar, más tarde conde del Águila. Presiden la sala las efigies de los reyes Isabel II y Francisco de Asís, inspirados en los modelos de Federico Madrazo.

Joaquín Domínguez Bécquer, Procesión del Corpus por el interior de la catedral de Sevilla', 1845 

La Feria de Sevilla, Joaquín Domínguez Bécquer. 

Joaquín Domínguez Bécquer, Moro

El tercer ámbito se destina exclusivamente a la producción de obra sobre papel: dibujos, acuarelas y litografías de José, Joaquín y Valeriano. reúne la mayor selección de obra gráfica de José Bécquer: veintidós acuarelas originales que permiten reconstruir el método de trabajo del artista. Estas acuarelas eran adquiridas en Sevilla por viajeros extranjeros, principalmente franceses e ingleses, y plasmadas en litografías. De este modo se difunde en Europa, mediante el empleo de la litografía, los tipos andaluces, sus costumbres y monumentos, entre un público cada vez más interesado por lo español. Destacan las series de litografías que reproducían personajes populares andaluces, realizadas en Francia e Inglaterra. Esta sala también cuenta con la presencia de dibujos de Joaquín D. Bécquer como Estudios del torero Francisco Montes alias Paquiro, Salida de una cuadrilla de la Maestranza, así como otras series de dibujos que manifiestan la estrecha cercanía de Joaquín a los duques de Montpensier.

Valeriano Domínguez Bécquer, Viejo mirándose la lengua en un espejo

Para los Bécquer el dibujo fue una práctica fundamental. Es la técnica que les permitió plasmar en sus obras ideas e imágenes con inusitado realismo, exponiendo su lado más popular o cómico. Gracias a la reciente aparición de la litografía, las estampas basadas en sus aguadas fueron impresas por los principales editores franceses e ingleses, proporcionándole un prestigio internacional de difícil parangón en ningún otro artista de la España romántica.

José Domínguez Bécquer fue autor de numerosas acuarelas que constituyeron un repertorio de tipos individuales, que el autor denominó figurines, y que reflejaban la sociedad andaluza de comienzos del XIX. De Joaquín Domínguez Bécquer se presentan cuatro dibujos de temática popular; los de tema taurino eran preparatorios para el cuadro Plaza de la Real Maestranza de Sevilla, expuesto en la sala anterior. Valeriano representó tipos populares con un particular realismo, siendo este el rasgo dominante de su producción, que culminó con la serie de tipos provinciales españoles. Su colaboración con la prensa propició la realización de agudos dibujos satíricos, influido por la caricatura francesa de la época. Gustavo Adolfo también cultivó el dibujo con una solidez sorprendente.

Escena de baile andaluz, Joaquín Domínguez Bécquer

La sección cuarta dedicada a Valeriano Bécquer (Sevilla, 1833- Madrid, 1870) lo muestra como el artista de técnica más depurada de los tres Bécquer, excelente dibujante y pintor, si bien su obra, apuesta por el realismo, es relativamente corta debido a su prematura muerte. Se mantuvo al margen de la estructura oficial, sin apenas participación en las exposiciones públicas y no se interesó por los temas religiosos y de historia. Esta sección se compone de retratos y escenas de costumbres. Destacan algunos retratos como el Retrato de muchacha y Retrato de dos niños. Otros cuadros muestran temas de mayor actualidad, más coetáneos al pintor, con representaciones más cercanas al realismo, como El pintor carlista y su familia (Museo Nacional del Prado) o las interesantes escenas aragonesas y castellanas que pinta tras su instalación en Madrid, a modo de documento de interés etnográfico: El presente. Fiesta mayor en Moncayo (Aragón), La víspera del santo patrono, La fuente de la ermita (Costumbres del Valle de Amblés en la provincia de Ávila) (ambas del Museo Nacional del Prado). Estos recorridos por España los realizó, junto a su hermano, por encargo del Ministerio de Fomento para hacer «una colección lo más completa posible de cuadros que recuerden en el futuro los actuales trajes característicos, usos y costumbres de nuestras provincias». Estas obras objetivas hacen difícil clasificarlas en el Romanticismo y plantean propuestas renovadoras.

Valeriano Bécquer, Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer

 

Valeriano Domínguez Bécquer, Interior de una casa en un pueblo de Aragón cuando la familia se reúne por la tarde a tomar chocolate

                                                                                Valeriano Domínguez Bécquer, Retrato de una niña

 

Retrato de muchacha, Valeriano Domínguez Bécquer 

                                                             Fiesta mayor en Moncayo, Valeriano Domínguez Bécquer 

Quinta. El recorrido expositivo culmina con un pequeño espacio dedicado al poeta Gustavo Adolfo (Sevilla, 1836-1870), hermano de Valeriano, y a sus incursiones realizadas en el terreno artístico como dibujante. Su presencia en la exposición es fundamental a partir de ciertas piezas salidas de su mano que dejan patente la calidad y agudeza de su obra gráfica. Pintura y literatura eran para el poeta inseparables. Muchas claves de la escritura de Gustavo Adolfo surgen de su vinculación con las artes plásticas, donde textos e imágenes se iluminan. Gustavo Adolfo dibujó siempre y sus manuscritos están con frecuencia ilustrados. Se pueden contemplar en esta sala los dibujos conservados en dos álbumes procedentes de la Biblioteca Nacional de España y otros dibujos inéditos. Junto a ellos destaca el retrato del poeta que realiza su hermano Valeriano Bécquer y que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, pieza clave del género del retrato de artista romántico, y una primera edición de sus Rimas y Leyendas.

Gustavo Adolfo Domínguez Bécquer, La confesión

Gustavo Adolfo Domínguez Bécquer, Dibujo humorístico





 

sábado, 17 de marzo de 2018


Murillo.

Al cumplirse cuatro siglos desde su nacimiento en Sevilla, la ciudad homenajea al famoso pintor del barroco español, su ilustre vecino, el artista que mejor supo captar el espíritu de la Sevilla de la época –un mundo en decadencia, pero con nobles valores como la dignidad de la pobreza, la solidaridad, la compasión o la esperanza-, con una completa programación de actividades entre las que se encuentra un conjunto de itinerarios, “Las Miradas de Murillo”, que pretenden exponer los distintos temas que abordó a lo largo de su vida como pintor: la Inmaculada Concepción, La Santa Infancia, Retratos, Los Niños, Visiones y Éxtasis, Mujeres, Vestimenta y Moda, Bodegones, Instrumentos musicales.

Este programa tiene un carácter complementario y transversal con respecto al itinerario principal, “Tras los pasos de Murillo”, que recorre algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad del siglo XVII con los que el pintor tuvo relación y donde pueden contemplarse muchas de sus pinturas. El recorrido por la vida de Murillo sirve también de excusa para recorrer Sevilla.


Dejando más al oeste el Palacio de las Dueñas (Casa de Alba. En una vivienda de alquiler nació Antonio Machado) que desarrolla la temática de los retratos, comenzamos la visita en la Casa de Pilatos (Casa de Medinaceli) que muestra reproducciones sobre el tema de la Inmaculada Concepción. Atravesando el encanto de las calles estrechas y las placitas se llega, al este, a la Iglesia de Santa María la Blanca, antigua sinagoga judía, que conserva “La Santa Cena”.

 En el Barrio y Plaza de Santa Cruz estuvo la Iglesia de su nombre, demolida a principios del s. XIX, donde había sido sepultado Murillo. Muy cerca está la casa donde trabajó los últimos años de su vida y el Hospital de los Venerables Sacerdotes, que exhibe la “Inmaculada Concepción de los Venerables”, al lado del origen de Don Juan Tenorio. El dédalo de callejuelas nos lleva al Palacio Arzobispal -símbolo del poder y la magnificencia, para quien realizó una “Virgen con el Niño”- y a la Catedral, que muestra algunas obras, colocadas en los lugares originariamente pensados para su función espiritual, del que el Cabildo consideraba el mejor pintor de la ciudad.



El Real Alcázar contuvo alguna de sus obras mientras fue “Museo Napoleónico” durante la ocupación francesa y al lado, en el Archivo General de Indias (interesante exposición “Guadalquivir, mapas y relatos de un río), que ahora muestra algunos de sus bocetos (San José y el Niño), instaló la innovadora Academia de Pintura. Próximo está el Hospital de la Caridad, institución en la que había ingresado y para la que realizó pinturas importantes, que enseña el cuadro "Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos". 





Hacia el oeste, queda la Casa natal del artista y el Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada, que muestra en la antigua iglesia “Murillo y los Capuchinos de Sevilla”, exposición que cuenta por primera vez con el retablo completo pintado por el artista sevillano, así como su proceso creativo. El convento de Capuchinos de Sevilla se fundó en una capilla extramuros dedicada a las santas Justa y Rufina en el lugar donde, según la tradición, sufrieron martirio. Murillo pintó el retablo mayor presidido por “El jubileo de la Porciúncula” y rodeado por pinturas de asuntos devocionales.

Ángel de la Guarda.
San Francisco abrazando a Cristo
Inmaculada del Padre Eterno
Santas Justa y Rufina
Santa Faz
Adoración de los pastores
Santo Tomás de Villanueva dando limosna
Piedad
Inmaculada Concepción del coro, "La Niña"
Inmaculada Concepción "La Colosal"

La faceta gráfica de su producción queda probada en su importante papel por el conjunto de dibujos
preliminares y bocetos. Además, las radiografías aportan información sobre el proceso creativo, como el uso de contornos luminosos alrededor de las figuras principales o como las modificaciones en la composición (arrepentimientos). Estos estudios técnicos tienen la utilidad de servir de base científica para encarar las restauraciones.








En el recorrido por la ciudad se pueden ver otros detalles como, por ejemplo, lugares inmortalizados por el genio de Cervantes. Y, finalmente, siempre queda tiempo para pasear, a pesar de la lluvia, hasta otros puntos de interés como la Plaza de España.