2.- Bragança - Miranda Douro (92 km y 750 Alt)
Uno de los bordes de la noche ha empezado a clarear. En un lívido amanecer el alba inunda el paisaje ahuyentando las sombras. Salimos evitando la autopista. Desde Gimonde se pierde el arbolado autóctono, sustituido más tarde por repoblación de coníferas en terrazas. Hay una gran subida antes de Milhao, nos cambiamos de carretera en Rio Frio, pasamos por un desvío cerca de España y nos desviamos de la ruta trazada en Outeiro. Desde Carçao hay una espectacular bajada hasta un precioso tramo del río Maças que pagamos con una dura subida hasta Vimioso.
Sibarítica comida en O Mirandés: muy bien el bacalao. Después, buscamos alojamiento, ducha rápida y bajada en las bicis al río justo a tiempo para tomar el último crucero fluvial del día. El tajo del Duero es el producto del trabajo del río durante muchas edades. Es un buen lugar para enterrar el tiempo. El río se apacigua en un embalse. Hay un silencio mágico, lo único vivo parece el río.
Después vamos hasta la presa y vemos la subida de mañana. Volvemos a subir al pueblo parando en una fuente. Desde lo alto volvemos a mirar hacia el río, plateado por el crepúsculo. El espectáculo es impresionante. Geografía es amor, dijo el poeta.
Recorremos el pueblo viejo, replegado sobre sí mismo, con serena premeditación. El pueblo está deshabitado de veraneantes. El crepúsculo redondea suavemente los duros ángulos de las calles. El sol poniente arrebolaba las nubecillas en rojizo crepúsculo. Llama la atención la limpieza y cuidado en todos los detalles, así como las omnipresentes banderas.
Para cenar repetimos en el lugar de la comida. A la salida, la luna cubre todo con un manto de plata. Un breve paseo nos predispone para el sueño.
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