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martes, 17 de marzo de 2015

Etapa 7. Belorado-Villafranca Montes de Oca-San Juan de Ortega-Villalbos-Belorado.



El amanecer silencioso se filtra por los cristales de la venta. Va a ser la última etapa de este viaje.
Vamos con el coche hasta Belorado, donde abandonamos ayer el Camino, porque queremos hacer otro tramo más. Aparcamos en la plaza, enfrente de la iglesia de Santa María, s. XVI, al lado del artístico quiosco de la música.

Salimos por el Camino de Santiago y pronto estamos en Tosantos. Desde lejos vemos la ermita rupestre de Ntra Sra de la Peña. Las pocas nubes que había ayer han despejado el cielo. El día está luminoso y con una temperatura agradable para pedalear, así que seguimos bastante deprisa por Villambistia, que tiene un trozo de calzada romana, y por Espinosa del Camino, que conserva una talla románica de San Indalecio, hasta
llegar a Villafranca, cuyos primeros pobladores fueron francos. El último tramo se hace por la carretera, lo que puede resultar peligroso. Entre la iglesia y el ayuntamiento está el monumento al labrador y a la entrada de la iglesia de Santiago Apóstol hay una pila de agua bendita con la concha más grande del Camino, que pesa unos 65 kg. Los romanos la llamaban Auca y en la Edad Media se fue trasladando algo al Norte. También puede verse el hospital de San Antonio Abad. Paramos un poco para tomar un café y descansar antes de la subida.

Perfil de la carretera
Estamos a 948 m de altitud y hemos de subir hasta los 1.150 m. Antes pasamos por las ruinas del monasterio mozárabe de San Felices, donde se dice que está enterrado el fundador de la ciudad de Burgos, Diego Porcelos. Esta zona boscosa –robles abajo y pinos arriba-, esta soledad de lobos, era un paraje ideal para los asaltos de los bandidos. Ya las primeras rampas son muy duras, y hay que afrontarlas con fuerza de héroes, aunque después la subida es más tendida. A unos 2,5 km hay un merendero en mitad del bosque en el que dan ganas de parar porque en la subida hemos entrado en calor. Así, acalorados,
llegamos al monumento a los fusilados en la Guerra Civil y, tras una bajada y otro duro ascenso, a la cima del puerto. Aquí sí que paramos un poco, para beber tranquilamente y ver los numerosos peregrinos alejándose, en el ancho camino entre pinos, y semejando una fila de hormigas.

Desde aquí el ancho camino en bajada permite avanzar más deprisa, aunque vamos disfrutando del paisaje, que se abre paulatinamente
hasta llegar a San Juan de Ortega, donde estuvimos en la segunda etapa, aunque brevemente. Vemos la iglesia, los sepulcros, los capiteles, etc.; se nos traga el pasado ante de ir al bar a comer algo. Aquí vamos a dejar el Camino.

En lo alto del cielo el sol alumbra el mediodía. Continuamos, rodeando por la derecha, para volver a Belorado. El camino tiene algunas oscilaciones altitudinales, pero ya no tan importantes. Pasamos por Barrios de Colina, pequeña población a la que pertenece San Juan de Ortega, Hiniestra,
Villaescusa la Sombría y Cerratón de Juarros, algo más alto, para volver al río Oca en Villalmóndar, y seguirlo en Villalbos, Villanasur y Villalómez. Todo este tramo ha tenido menos interés; sólo hemos parado en Villanueva Río de Oca para ver una mina de yeso.

Abandonamos el Oca y seguimos hacia el Este para, tras superar una altura, llegar a Tosantos y desandar el Camino hasta Belorado. El calor de julio se cuece en la plaza. Comemos en un restaurante en la misma plaza, donde también comimos en el viaje ciclista del Camino de Santiago. Después volvemos a Santo Domingo sin poder dormir la siesta en el sofá, acunados por los documentales, como hacemos en casa. Es nuestro último día y queremos recorrer sus calles y monumentos por última vez, de momento. Así acaba la última etapa, de 59 km.

 Más tarde, la luna ha descendido del cielo, ocupado por una erupción de estrellas, y, cuando salimos de cenar, nos recibe la oscuridad de la noche que respira la luz de las farolas. Último paseo con un pie en el umbral de los sueños en los que maquinaremos el próximo viaje.


lunes, 16 de marzo de 2015

Etapa 6. Santo Domingo de la Calzada-Belorado-Ezcaray-Santo Domingo.

Empezamos la etapa siguiendo el Camino de Santiago. Ayer lo hicimos desde Nájera hasta Santo
Domingo; hoy hasta Belorado. El camino pasa por zonas llanas, entre lomas cercanas, cubiertas por un cereal casi maduro y muy pronto llegamos a la Cruz de los Valientes, recuerdo de un medieval juicio de Dios con el cercano pueblo de Grañón por la disputa de unas tierras. Hace fresco, pero el aire va despejando el cielo y, como no va a llover, guardamos el chubasquero. Abandonamos La Rioja y entramos en Burgos poco antes de Redecilla del Camino. Después de parar en una fuente, vemos el rollo jurisdiccional a la entrada, pero, como en otras ocasiones, no podemos ver la pila bautismal románica  (ciudad fortificada) en la iglesia de Ntra Sra de la Calle porque la iglesia está cerrada.

Aquí realmente comienza Castilla. Desde Castildelgado vamos a Viloria de Rioja, donde nació Santo Domingo, volviendo al Camino para llegar a Villamayor del Río y seguir hasta Belorado, delimitado por el río Tirón al que seguiremos. Fue importante en la Edad Media por su feria y por estar en la frontera con Navarra: el poema de Fernán González dice que “aquesta villa era en cabo del Condado”. Vemos su Plaza Mayor y su parroquia de Santa María, del s. XVI, y salimos dejando el Camino y siguiendo el Tirón, que viene de la Sierra de la Demanda y que, con sus crecidas,
San Vicente del Valle
desmoronaba las obras del puente de San Miguel de Pedroso, al que los obreros llamaban el puente del Diablo.

Seguimos en dirección a Pradoluengo, donde estuvimos en la primera etapa, pero nos desviamos a la izquierda y, pasando por Villagalijo y Santa Olalla del Valle, llegamos a San Vicente del Valle para ver la iglesia de la Asunción, construcción visigoda muy rara y poco conocida, quizá basílica romana, que parece haber tenido varias fases de construcción: antes del s. VIII se construyó la nave, con las ventanas inferiores, y después se amplió la altura y se abrieron las ventanas
gemelas a mayor altura. En época mozárabe, ss. IX-X, parece que fue monasterio y se añadió el ábside actual y un pórtico. En el s. XIII se hicieron nuevas obras utilizando capiteles visigodos y estelas funerarias romanas. Aquí se nota más calor y el cielo está despejado.

Cerca está Fresneda de la Sierra, donde han aparecido las nubes y ha bajado la temperatura. Aquí el río Tirón que venía en trayectoria S-N, gira al O, dejando a su derecha el macizo de los montes de Ayago hasta llegar a Belorado.
Fresneda tiene bosques de hayas cercanos y un pasado repleto de hallazgos (estelas celtibéricas –“La Peña de la Pastora”-, estela romana –Plaza Mayor-), aunque es un modelo de población medieval, época de la que conserva una pila bautismal románica, s. XII. Presenta una arquitectura serrana tradicional como se ve en las casas sustentadas por poderosas vigas en los soportales de la calle principal. Del s. XVI tiene la iglesia parroquial de la Asunción, el puente sobre el Tirón y la ermita de la Virgen de los Remedios, construida bajo la promoción de D. Julián López de Bernardino, canónigo de Alcalá de Henares.

Aquí empieza de verdad la subida. El zigzag de la carretera, en medio de un paisaje verde, parcialmente arbolado, y volviendo a La Rioja, nos lleva al puerto del Pradillo, con unos 230 m de
desnivel desde los 995 de Fresneda. La bajada es rápida hasta Valgañón, que tiene un acebal cercano. Paramos en la iglesia parroquial de Ntra Sra de Tresfuentes, del s. XIII. Al parecer, hubo una aparición de la Virgen a la pastora Inés y Fernando III de Castilla, su madre Berenguela de Castilla y el obispo de Burgos visitaron la villa y colocaron la primera piedra de la iglesia románica, en la que destaca el ábside, los capiteles, el tímpano, una pila bautismal y dos tallas románicas del s. XIII.

Seguimos bajando, paramos un momento en Zorraquín para ver la iglesia de San Esteban, románica ss. XII-XIII y llegamos a Ezcaray listos para comer. Aunque el día ha mejorado, no hace calor, así
que después podemos visitar la población sin agobios y ver su casco urbano, sus casas blasonadas y su iglesia gótica. Desde aquí queremos seguir por la Vía Verde del Oja, que en 28 km llega hasta Casalarreina, con un firme de asfalto y tierra compacta. El primer tren circuló en 1916, tuvo su mejor momento en los años 50 y se clausuró en 1964.

El primer tramo es el más atractivo, cuando el trazado serpentea y se oculta en trincheras ajustándose al espolón calizo de la Peña de San Torcuato. Pasamos a la altura de Ojacastro, que también tuvo uno iglesia románica -conserva una pila bautismal de la época-, y que en su iglesia de San Julián y de Santa Basilisa, s. XVI, hay un gran escudo exterior de los Velasco, condes de Haro y Condestables de Castilla. Al lado del río hay bosques de caducifolias conforme vamos bajando. Antes de Santurde el paisaje se vuelve más forestal, con rebollares, hayedos y repoblaciones de pinos y el trazado es más recto. Esta Vía Verde se cruza con el Camino de Santiago en Santo Domingo de la Calzada. Como el paisaje se ha hecho más llano y menos interesante, ya no recorremos toda la Vía y nos quedamos tras una etapa de 70 km. 

sábado, 14 de marzo de 2015

Etapa 5. Santo Domingo de la Calzada-San Millán de la Cogolla-Nájera-Stº Domingo.

Madrugamos y viajamos de Pineda de la Sierra a Santo Domingo de la Calzada, desde donde vamos a
hacer otra serie de rutas circulares. Hace fresco por la mañana temprano, cuando pasamos por Cirueña, que tiene la parroquia de San Andrés, sobre base prerrománica, s. X. Es un día algo desapacible, muy nublado y ventoso, y paramos en Berceo a tomar un café. Reconfortados, seguimos hasta San Millán de la Cogolla, importante centro espiritual a partir del eremitorio rupestre.

El primer asentamiento, Suso, arriba, del s. XI, fue habitado por Millán, s. VI, natural de Vergegium-Berceo, y se encuentra en medio de exuberante vegetación, en la
ladera de una colina. En este cenobio visigodo, con vista al valle de Cárdenas, hay dos niveles de cuevas habitadas por Millán y sus discípulos, y a su alrededor se construyó el edificio, con testimonios de época mozárabe -como arcos de herradura-, románica y el cenotafio de San Millán. En 1002 Almanzor lo incendió y más tarde fue restaurado y ampliado. Aquí se encuentran las tumbas de Toda, Ximena y Elvira, reinas de Navarra, del señor de Cameros don Tello González y de los siete infantes de Lara rodeando a su preceptor, Nuño.

La leyenda de los siete infantes de Lara, basada en realidad histórica del último cuarto del s. X, fue éxito popular en la Edad Media, en el Romancero. Los siete hermanos, hijos del noble Gonzalo
Gustioz, fueron capturados por los musulmanes en una emboscada preparada por Ruy Velásquez, llevados a Córdoba y decapitados. Los cadáveres, traídos a Castilla, se colocaron en los sepulcros del pórtico meridional del monasterio. Mudarra (“hijo de la renegada”), hijo bastardo de Gonzalo Gustioz y de una hermana del mismo Almanzor con quien se educó, vengó la muerte de sus hermanastros.

El rey García era muy devoto de San Millán. Como acababa de fundar el monasterio de Santa María la Real en Nájera, Corte del reino, quiso llevarse allí los restos mortales del Santo. Se colocaron en
una carreta tirada por bueyes y emprendieron viaje pero, al llegar al llano, cerca del río, los bueyes se detuvieron y no quisieron volver a andar. Se entendió que era un milagro y allí mandó edificar el reciente monasterio. Hasta 1100 coexistieron los dos. El primero fiel a la tradición (regla mozárabe y carácter doble de comunidad masculina y femenina) y el segundo reformado por la regla benedictina. A partir del s. XII sólo hay la regla benedictina con la casa principal, la de abajo, que es de mayores dimensiones –el Escorial de la Rioja-. Fue construido en estilo románico y reconstruido en estilo herreriano en el s. XVI y siguientes. Destacan el claustro y la sacristía barroca y tiene una colección de códices y facsímiles. Es famoso por ser la cuna del castellano y vasco escritos (Glosas Emilianenses) y está vinculado a Gonzalo de Berceo.


El día no mejora. Sigue nublado y ventoso, y así seguimos hasta Nájera, población con entramado urbano medieval, alargado, entre el cerro y el río, y con una leyenda sobre su origen: el rey García Sánchez III, un día de caza, penetró en una cueva donde se le apareció la Virgen. En tal lugar levantó el monasterio de Santa María la Real, para convertirse en panteón de los reyes. Su nombre tiene ascendencia árabe, ya que Naxera significa “entre peñas”. En 1218 San Fernando fue proclamado rey de Castilla y en el Codex Calixtinus aparece como la cuarta etapa. El antiguo monasterio, actual Colegiata, se levantó en estilo románico, sustituido en el s. XV por el gótico. Tiene aspecto de fortaleza por los contrafuertes
cilíndricos de su cabecera. Destaca el Panteón Real, la sillería del coro y el Claustro de los Caballeros. Aquí nos hemos encontrado de nuevo con el río Najerilla, que también vimos ayer.

La siguiente parada es Azofra, con su fuente de los romeros. Después pasamos por un crucero y seguimos adelante entre campos de vides dejando a la izquierda el Monasterio de Cañas, s. XIII. Pasando de nuevo por Cirueña volvemos a Santo Domingo de la Calzada, en la vega del río Ojas, surgida a fin s. XI, debido a Domingo (ver Ruta Ciclista: El Camino de Santiago. Personajes). Tenía dos calles orientadas al
Oeste, la Mayor en el barrio viejo y, entre el hospital y el puente, el barrio nuevo. Quedan murallas del s. XIII-XIV.

La iglesia primitiva fue sustituida en la segunda mitad del s. XII por otra nueva, tardorrománica, transformada en los ss. XV-XVI por naves góticas con bóvedas de crucería. En el interior destaca el retablo de Damián Forment, el sepulcro y el gallinero, con una curiosa leyenda (ver Camino de Santiago). La torre exenta, de 69 m de altura, es del s. XVIII. Otra gran construcción fue el puente del s. XI, reparado por franquicias en tiempo de los Reyes Católicos, construido de nuevo, según trazas de Juan de Herrera, en el s. XVI, destruido en el s. XVIII, etc. También deben verse el monasterio de San Francisco, s. XVI, el Ayuntamiento, el monasterio cisterciense de las Bernardas, s. XVII, etc.


Ha sido una etapa de 60 km, que nos ha alejado de la Sierra y nos ha traído al Camino.

viernes, 13 de marzo de 2015

Etapa 4. Canales de la Sierra-Monasterio de Valvanera-Canales de la Sierra.

Un tono gris esmalta la mañana en el pueblo. Vamos hasta Canales de la Sierra en coche, pasando, después de Monterrubio de la Demanda, el Collado de Canales, de 1.233 m. Desde aquí baja el río Canales, que se une en Villavelayo con el río Neila formando el Najerilla, que es el que queremos recorrer en su parte alta.

Canales de la Sierra, a 1.027 m de altitud, está rodeado de lomas, unas vestidas de bosque y otras más desnudas. Tiene algunas casas blasonadas, dos iglesias y varias ermitas. A nosotros nos interesa la iglesia de San Cristóbal, del s. XII, muestra del románico asimilado al Camino de Santiago. Tiene una nave con cinco tramos y cabecera plana más baja, cubierta con bóveda de medio cañón, con torre adosada. El pórtico, que debió ser 
Villavelayo
diferente, consta de una galería de cuatro arcadas en el frente sur y dos, separadas por un pilar, en el este. Los capiteles historiados contienen Maiestas Domini, individuos peleando, individuo atacado por animales, y otros de difícil interpretación.

Tras este pequeño recorrido a pie, cogemos las bicis y seguimos hasta Villavelayo, de calles estrechas. Vemos la iglesia parroquial de Santa María, de un románico temprano, en piedra rojiza. Tiene torre de un cuerpo, canecillos muy sencillos y sus elementos más significativos son unos arcos ciegos.

Seguimos bajando cómodamente hasta Mansilla. El pueblo es nuevo porque el viejo quedó
sumergido por el embalse y sólo se salvó la iglesia de Santa Catalina, que queda en la orilla y conserva la cabecera, un tramo de la nave y restos de puerta, arco, columnas, canecillos, etc.

Seguimos, ya sin parar, pasando por la Venta de Viniegra, que tiene un puente histórico, hasta el desvío al Monasterio de Valvanera. Aquí se acaba el descenso y empieza una fuerte subida amenizada por el verdor del entorno, muy frondoso, con mucho arbolado, todo verde, con el pico de San Lorenzo, de 2.270 m de altitud, al fondo. Por las laderas bajan multitud de regatos, todo está húmedo y por eso el nombre parece que viene del latín “vallis venaria”, abundancia
de aguas. Los orígenes se vinculan con el hallazgo de la imagen de Santa María por Nuño Oñez, al final del s. IX, en torno a la cual se reunieron un grupo de ermitaños que, ya en el s. X, fueron adoptando una vida regular según la regla de San Benito. Del románico queda la torre y la talla de la virgen –fin s. XI o comienzos s. XII- y la iglesia actual es gótica. Hay otros elementos más tardíos, como la fachada oriental, que es de mediados s. XVII.

Volvemos teniendo enfrente la Sierra de Camero Nuevo. Ahora bajamos, pero al llegar al cruce volvemos a subir. Paramos en el curioso Puente de la Hiedra, que casi
no se ve. Es del s. XIV, mide 32 m de largo y 8,90 de altura, tiene un ojo, un arco irregular ligeramente apuntado, anclado en la roca, con perfil de lomo de asno muy rebajado y pretil de piedra diferente. Unos pescadores nos dicen que, poco más adelante, hay una zona recreativa donde podemos comer el bocadillo que llevamos. Es una zona muy bucólica, al lado del río, con mesas y bancos, y con una caseta para hacer fuego y refugiarse de la lluvia. Arrullados por el murmullo del cercano río descansamos un rato, porque lo que viene es todo subida. Esta placidez actúa como un bálsamo revitalizante, como un suero reconstituyente, como un complejo vitamínico.

Seguimos subiendo y paramos a tomar un café en la Venta de Viniegra. Entramos, sin darnos cuenta, en el restaurante, donde hay gente muy puesta, y, viendo nuestro aspecto deportivo sudoroso, nos
mandan al bar, que tiene otro acceso. Otro pequeño descanso y reanudamos la ascensión hasta Mansilla. Paramos a ver de cerca la iglesia de Santa Catalina y hablamos con otras personas que nos señalan una pasarela que permite rodear el embalse. De haberlo sabido podríamos haber ido por ella en lugar de por la carretera.

Ha sido la última parada. Continuamos, pasamos por Villavelayo y llegamos a Canales donde cogemos el coche tras 66 km de bici. Ya en Pineda, como cada día, charla con los dueños de la casa rural y con uno que se acerca a tomar una cerveza hasta la hora de la cena. Aquí descubrimos el revuelto de morcilla, de Burgos, naturalmente.

Hemos terminado en Pineda. Para que Valentín conozca el Camino de Santiago, nuestra hoja de ruta nos marca para mañana el traslado a Santo Domingo de la Calzada.


Etapa 3. Pineda de la Sierra-Vizcaínos-Pineda de la Sierra.

Hoy vamos a recorrer la otra parte de la Vía Verde. Salimos en subida, desde los 1.170 m de Pineda
hasta los 1.415 de El Manquillo, túnel no practicable, como ayer el de Urrez. Atravesamos zonas de denso bosque en una mañana soleada, con un cielo casi sin nubes. La pista es ancha, con suelo de piedrecillas y barandillas de maderos. Poco antes de llegar al túnel, a la izquierda, nace el río Arlanzón, en lo alto.

Salvamos un corto pero fuerte desnivel, que evitaba el túnel, y al otro lado la panorámica es grandiosa y de gran belleza. Se amplía nuestro horizonte visual. Sigue el bosque engullendo las curvas grandes que trazaba el ferrocarril hasta llegar a Riocavado de la Sierra, primero, y a Barbadillo de Herreros, después, el punto más bajo
de la Vía en este lado.

Riocavado de la Sierra tiene, en medio de bosques de hayas y robles, un bello conjunto urbano, en el que destaca la iglesia románica del s. XII, con una soberbia cabecera y un campanario más sobrio, además de la arquitectura popular de madera, piedra y adobe. El camino sigue ancho, rodeado de robles y pasa por una zona de grandes macizos de flores amarillas que destacan entre el verde de la ladera.

Sin darnos cuenta llegamos al túnel de las Ferrerías, cuyo suelo no ofrece peligro según nos han
dicho. Es una experiencia interesante porque no llevamos luz y el túnel, en curva, tiene un largo punto ciego. Tiene una instalación de luz, pero parece ser que las vacas que pastan por la zona la han estropeado. A la salida hay una zona más abierta, con menos bosque y más rocas, que dan paso a otra igual de verde que las anteriores, con pasto y robles rodeando un camino muy bueno y ancho que nos lleva a Barbadillo de Herreros, localidad que fuera sede de la Compañía Ferroviaria y que se caracterizaba por la riqueza de sus ferrerías (hay restos de una fundición en las afueras) y de su ganadería (numerosas casas-palacio blasonadas). En su iglesia hay una escultura en mármol del s. XVI atribuida a Diego de Siloé.

El último tramo lleva hasta Monterrubio de la Demanda, por nuevas trincheras y valles abiertos, luminosos, en medio de un extenso robledal que añade, junto a las hayas y otras especies caducifolias, bellas policromías en el otoño. El pueblo, final de la Vía Verde y villa de la
Trashumancia, está acostado en la ladera dominando el valle, a 1.180 m. Observamos la típica arquitectura popular y un curioso lavadero y seguimos, por terreno de pasto y arbolado, hasta Huerta de Abajo, que nos recibe con grandes macizos de retamas con sus flores amarillas y los restos de una ferrería del s. XV, una torre aislada, gris, antes del río Tejero y la consabida arquitectura popular. El fondo del valle está más arbolado, pero las lomas están desabrigadas.

El Río Tejero nos marca el camino a Vallejimeno, con un bonito puente de un ojo y perfil de lomo de
asno, de posible origen romano, y con un hayedo en los alrededores, y, después, a Barbadillo del Pez, pueblo dividido por el río en dos barrios, con unas casas porticadas apoyadas en grandes vigas de madera en la calle principal. La vegetación llega hasta el agua del río que aquí se entrega al río Pedroso, que es el que nos va a marcar el camino hasta Vizcaínos donde vemos la arquitectura popular en piedra, una casa con cantos rodados y otra con una chimenea encestada y la iglesia de San Martín, del s. XII, con una gran pureza arquitectónica, con inusual armonía de líneas y volúmenes en su conjunto. Tiene una nave, ábside semicircular, torre campanario de tres cuerpos a los pies –con vanos ajimezados superpuestos en los cuerpos superiores- y galería porticada al Sur,
con capiteles que reproducen la fauna silense.  

La etapa se está haciendo larga y ya no vamos a ver las iglesias románicas de Jaramillo de la Fuente y de San Millán de Lara, ésta sobre la primitiva cueva del santo eremita y con arco mozárabe en su interior. Volvemos atravesando el profundo desfiladero del río Pedroso hasta Riocavado y descansamos un poco delante de su iglesia románica. Entramos de nuevo en la Vía, donde vemos una fuente hecha con un lavabo y, tras pasar el alto del túnel, paramos en la reproducción de antiguas instalaciones mineras antes de regresar a Pineda. El camino escoltado por el bosque.



Ha sido una etapa larga, de 83 km, repleta de románico y bosque. 

Etapa 2. Pineda de la Sierra-Atapuerca-Pineda de la Sierra.

Hoy, segunda etapa, sí que vamos a recorrer la Vía Verde de la Sierra de la Demanda –con una
pendiente media del 2%-, desde Pineda de la Sierra a 1.170 m de altitud hasta su final, en Arlanzón, a 975 m. La Vía Verde sigue el trayecto de un ferrocarril minero, sueño roto de Richard Preece Williams, de Manchester, que obtuvo en 1895 la licencia para construirlo con el objetivo de unir las minas de la Demanda con Burgos y llevar el mineral hasta Bilbao. El ferrocarril se construyó en los últimos años del s. XIX y apenas funcionó hasta 1904 porque no era rentable. Un intento posterior, en 1920, de revitalizarlo también fue inútil.

Desde el bello conjunto que forma el caserío de Pineda cruzamos el río  y tomamos la Vía que baja por la margen izquierda. Estamos en zona de sierra pero el desnivel no
es fuerte. Pronto llegamos al embalse del Arlanzón, que cruzamos, en algún punto, por un puente metálico y piso de tablas. Nos rodea una espléndida vegetación, todo verde. Sobre el embalse, estrecho,  hay una ligera neblina por la mañana. Hemos bajado desde los 1.170 de Pineda hasta los 1.100 que tiene el embalse en cota de cauce. A partir de aquí el descenso es más pronunciado y cuando llegamos al desvío a Urrez, tenemos que volver a ganar altura para ver el pueblo.

Urrez –topónimo vasco debido a la emigración de autrigones- es un bonito pueblo, con su casco
urbano de rasgos medievales apiñado en un elevado otero, enmarcado en un paraje de bosques de hayas, robles y cerezos, que invita al senderismo. Una excursión para realizar en otoño es una circular, fácil, no ciclable, de poco más de 8 km y 2 h 30´de duración  hasta el hayedo, con un desnivel de unos 300 m. Las casas, en piedra arenisca rojiza, tienen tipología del s. XIX, con ventanas encuadradas por sillería, portadas adinteladas y ejemplos de arcos de descarga en segundo dintel.  Se conservan el potro –estructura de madera para herrar a los animales-, la fragua, hornos, fuentes y lavadero.

Volvemos a la vía y seguimos, ya entre campos de cultivo, hasta Arlanzón, final de la Vía Verde, donde vemos su iglesia románica de finales del s. XII en la que destaca el ábside y algunos
canecillos. El día sigue algo nublado, pero menos gris y la temperatura es buena. El terreno ahora es llano hasta Santovenia, a 997 m., y el paisaje más abierto, con zonas de bosque pero, sobre todo, campos –de cereal todavía verde- y pastos, de verdes más claros.

Aunque pensamos volver otro día, nos desviamos hasta San Juan de Ortega, a 1.007 m., un santuario en plenos Montes de Oca, lugar de asalto de bandidos. La iglesia, de la segunda mitad del s. XII, tiene un ábside central con un ingenioso juego de columnas y, en el interior, unos espléndidos capiteles historiados, especialmente el que reproduce el ciclo de la
Natividad, que es protagonista del “Milagro de la luz” en los equinoccios -21 de marzo y 21 de septiembre- a las 5 de la tarde, hora solar, cuando un rayo que entra por una pequeña ventana va iluminándolos durante unos minutos. También es muy interesante el sepulcro de San Juan, conservado en la cripta, joya escultórica del románico final español.

Seguimos  por el Camino de Santiago, viendo bastantes peregrinos y pasando por Agés, a 1.101 m, donde vemos un gracioso puentecillo de dos ojos, vamos a Atapuerca, a 953 m,  y entramos al Museo que recoge parte de lo encontrado en las excavaciones cercanas. A la salida se ve a lo lejos la Sierra de la Demanda, a donde hemos de volver, destacando del llano. Volvemos llaneando hasta Arlanzón,
donde comienza la ascensión del ancho y pedregoso camino. El camino de gravilla devora las bicis. Paramos un momento en la planta potabilizadora del agua de Burgos y seguimos en una zona de pinares por un camino totalmente recto. Después vienen las curvas en el paso por un espeso robledal, para seguir por un tramo abierto, con poco arbolado pero con pastos para las vacas que nos miran mientras pacen tranquilas. Algunas trincheras abiertas en la roca dan paso de nuevo al embalse del Arlanzón, de donde ya se ha ido la niebla que había esta mañana. Verdoso horizonte de árboles y montañas.

Conforme vamos ascendiendo se ve más hierba, más frescor, más humedad. Pineda, siempre en lo alto, nos recibe tras 73 km. 

Etapa 1. Pineda de la Sierra-Pradoluengo-Pineda de la Sierra.

Viajamos hasta Pineda de la Sierra y nos alojamos en la magnífica Casa Rural La Casona. Queremos
recorrer la zona de la Sierra de la Demanda a través, en primer lugar, de su Vía Verde, de 54 km, entre Arlanzón y Monterrubio de la Demanda.

La Sierra de la Demanda tiene tres núcleos montañosos principales, las sierras de San Millán, Mencilla y Neila, con la máxima altura en el pico de San Millán, de 2.131 m. Está constituida principalmente por materiales del paleozoico –pizarras, esquistos y cuarcitas- y tiene huellas del glaciarismo cuaternario con restos de circos y lagunas. Es una especie de isla de clima húmedo y eurosiberiano en un mundo predominante seco y mediterráneo, que se traduce en  extensos rebollares, umbríos hayedos, abedules, acebos, tejos.

Como hemos perdido tiempo en el viaje, la etapa va a ser más corta. Preparamos el equipo y salimos, en dirección a Pradoluengo, tomando la Vía Verde, por la margen izquierda del río Arlanzón, pero
pronto salimos a la carretera por temor a no poder cruzar más adelante. Llegamos al embalse del Arlanzón, el primero, de 22 hm3 de capacidad y 130 has de superficie, construido en 1933 para controlar el deshielo de la sierra (en el Ayuntamiento de Burgos hay marcas de inundaciones) y para
abastecimiento. Hemos bajado hasta los 1100 m, que es la cota de cauce.  Continuamos descendiendo hasta el segundo embalse, el de Uzquiza, construido en 1988 para complementar al anterior, con una presa de tierra de 65 m de altura y 460 m de longitud en su coronación, de 75 hm3, 313 has y 21,2 km de costa. Aquí hemos descendido hasta 1.045 m, cota del cauce. La carretera ya no sigue al río y se desvía a la derecha.

El primer pueblo por el que pasamos es Alarcia, a 1.177 m, con arquitectura popular de piedra, madera y adobe, donde vemos la iglesia parroquial de San Bartolomé,
románica, algo separada del pueblo. Después llegamos a Valmala, con igual arquitectura popular y una iglesia curiosa, con la nave –con espadaña de tres vanos- perpendicular a la primitiva, románica tardía. El paisaje es todo verde, robles en lo alto, prados y frondosas en los regatos. También hay un hayedo. Veníamos por la cuenca del Duero, pero ahora cambiamos a la del Ebro al llegar a Santa Cruz del Valle Urbión, río Urbión –y después el Tirón- , con unos grandes prados de flores rojas. Por las ventanas de los sentidos entran todas las sensaciones. Siempre a la derecha queda el pico San Millán, 2.131 m., al que vamos rodeando, destacando entre un cielo muy nuboso, muy gris, amenazante, aunque la temperatura es muy buena. En Santa Cruz
Valentín
destacan las casas tradicionales con los entramados de madera rellenos de cascajos.

Nuestra meta es el siguiente pueblo, Pradoluengo, situado en una hondonada rodeada de lomas verdes en las que el bosque casi ha desaparecido y con un centro muy bonito. Preguntamos dónde comer y nos aconsejan un sitio e incluso intentan vendernos calcetines. Su fama textil ha sido cantada por Benito Pérez Galdós: “En el reinado de don Baldomero I, o sea, desde los orígenes hasta 1848, la casa trabajó más géneros del país que en los extranjeros. Ezcaray y Pradoluengo la surtían de paños; Brihuega de bayetas; Antequera de
pañuelos…” (Fortunata y Jacinta). “… Al llano, señores. A pasar pronto ese gran Ebro, famoso entre los ríos; a Miranda, o más seguro, a Ezcaray y Pradoluengo, para proveernos de paños, y caer de allí sobre Burgos …”  (Zumalacárregui).

En el tranquilo regreso, pasamos el puerto entre macizos de flores violetas y amarillas, y con el bosque que se va espesando. En las cercanías de los dos embalses, llenos, se repiten los macizos de varios colores, sumándose flores rosas. Nos detenemos un momento en la presa del embalse del Arlanzón, de gravedad, en curva, de 44 m de altura y 267 m de longitud en la coronación, y a lo lejos, arriba, se ve Pineda. Es zona de robledal y de pizarra bajo la hierba. 

Volvemos a Pineda, rodeada de extensos bosques autóctonos de hayas, rebollos, acebos y abedules en las altas cumbres de la sierra, que tiene hasta una pista de esquí, aunque no parece tener mucho éxito
por la falta de nieve. Vemos el pueblo, sus casonas y su iglesia de San Esteban, románica, con portada y ábside del primer tercio del s. XII y la espléndida galería porticada al Sur, de la segunda mitad del siglo. Destaca la portada con cinco arquivoltas apeadas en columnas, la galería de dos cuerpos de 6 y 5 arcos, capiteles historiados y algunos canecillos. Hay afinidades con las iglesias de Vizcaínos, Jaramillo de la Fuente, y parte del claustro de Silos.

Un atardecer anaranjado, barnizado todavía por una luz brillante, cierra la jornada. Ha sido una etapa de 61 km y más de 800 m de desnivel. Para ser el primer día, ha estado bien.