Girona, tiempo de flores
Este es
el nombre que se le ha dado a esta celebración que tiene ya más de 50
años. Lo que empezó en el isabelino
Teatro Municipal se expandió más tarde a toda la ciudad. Los edificios,
parques, plazas, casas, patios, etc., se engalanan con todo tipo de arreglos
y ornamentaciones florales que son un deleite para los numerosos visitantes,
extranjeros principalmente. Se celebra en el mes de mayo y dura nueve días,
que incluyen dos fines de semana. El despliegue floral, la sinfonía de
colores en forma de armónica explosión que los mezcla, ofrece una bienvenida
radiante y optimista.
Lo que
llama la atención, además de la magnificencia estética, es la organización y
la participación masiva de la ciudad encauzada por unos requisitos aprobados
por el Ayuntamiento. Participan no sólo los profesionales, sino aficionados y
hasta escolares, para que la ciudad se convierta en un gigantesco jardín.
El
resultado es impresionante. Arquitectura y flores se unen armoniosamente:
puertas, pilares, patios, escalinatas, etc., magníficamente decorados y
realzándose mutuamente. La gastronomía también contribuye a la celebración y
algunos restaurantes ofrecen un menú “Tiempo de flores” con platos como, por
ejemplo, pollo con pétalos de rosa.
El paseo
por las calles de la Girona antigua ofrece multitud de ejemplos de buen
gusto. Especialmente impactantes son zonas como las murallas –zonas
ajardinadas, macizos de flores, hilos con colores iguales a las flores que
cruzan entre los árboles atravesando y enmarcando el espacio, jaulas de
pájaros llenas de flores-, el monasterio de Sant Pere de Galligants –con los
motivos florales, de una elegancia suprema, del interior de la Capilla de
Sant Nicolau, de una belleza ascética-, el convento de Sant Domènec, los
baños árabes –gran variedad de motivos de todos los tamaños-, el claustro y
la escalinata frontal de la catedral –gran composición floral- , el refugio
del tiempo de la Guerra Civil –diversos motivos en un marco que impresiona-,
etc.
También hay otros detalles, más pequeños pero
más entrañables y cercanos como el trenecito turístico con flores en el
frontal, macetas semejando niños, macetas en las tiendas, flores en bebidas
en bares, colgaduras con flores y telas de flores en ventanas y balcones,
vestidos de flores en tiendas de moda, tapices con flores, camas con flores
en tiendas de muebles, sombreros vegetales en tiendas de ropa, coches en
venta con las ventanillas tapadas con telas de flores, ramos de flores con
productos de carnicería, carrito de vendedor de la Once adornado con flores,
el minimalismo del ikebana o camino de las flores, adornos y representaciones
florales en las ruinas, flores multiplicadas por espejos, cuadros de flores,
etc., etc.
Todo el
espacio queda floreado, desde la arquitectura más grande hasta los patios de
las casas o el interior de las iglesias. Pero también las calles, algunas
adornadas con grandes flores, otras con redes cargadas de flores que las
atraviesan, pintadas en el empedrado, colgadas de cables, flores en botellas
ordenadas, sillas plegables formando un cuadro, caracoles de hojalata con
flores por ojos, farolas floreadas, flores en veladores, arroyo seco adornado
con palés cargados de flores y redes de varios colores que cruzan de lado a
lado, etc., etc.
Los ejemplos son innumerables y cada uno tiene su
cuota de singularidad. Los pausados paseos por los recoletos ámbitos de las
empedradas calles, por los penumbrosos ángulos de los restos arqueológicos,
en un ambiente tan bucólico, producen un agradable relajamiento visual que
afecta claramente al territorio emocional.
Tomando como escenografía las piedras centenarias de sus monumentos
más importantes, se aúna la recuperación del pasado histórico y el disfrute
de los jardines públicos por medio de las alfombras y motivos florales de
esta gran manifestación colorista, de este lugar propicio, de esta nueva
Arcadia que cada año es diferente.
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martes, 21 de octubre de 2014
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