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sábado, 25 de abril de 2026

Asurbanipal



Hace más de 2600 años se produjo el ascenso de Asiria, en el Irak actual, y durante tres siglos crearon uno de los imperios más poderosos de la Antigüedad, en el que destacó Asurbanipal (669-631 a.n.e.). Gobernó desde Nínive, la capital, y ejerció un poder sin rival sobre un enorme territorio. Fue una figura compleja, guerrero implacable, erudito apasionado (primera gran biblioteca, La epopeya de Gilgamesh), favorecedor de la opulencia arquitectónica y artística (palacios y jardines), diplomático sofisticado. Esta exposición en CaixaForum Madrid se basa en la colección asiria del British Museum.


 



Relieve de la caza del león (Réplica, resina acrílica). Palacio norte, Nínive. 645-640 a.n.e.

Muestra al rey atravesando con su espada el pecho de un león herido, mientras detrás de él, un eunuco sujeta flechas de repuesto. Imagen de Asurbanipal como guerrero.




Nínive, una ciudad sin rival.

Los reyes asirios fueron extraordinarios constructores. Senaquerib, el abuelo de Asurbanipal, transformó Nínive asombrando a todo el Oriente Medio antiguo. Su palacio fue el asombro de todos los pueblos y sus puertas estaban flanqueadas por colosales toros alados con cabeza humana que protegían al rey frente a fuerzas sobrenaturales. Asurbanipal gobernó desde este palacio hasta que se construyó su propia residencia real, el palacio norte, decorado con paneles murales, esculpidos y pintados de vivos colores.

 



El palacio, en la colina de la ciudadela de Nínive (hoy Kuyunjik), tenía muros exteriores de ladrillos de adobe recubiertos con yeso blanco brillante y ladrillos esmaltados de vivos colores. Para los techos se utilizaron enormes vigas de madera de cedro del Líbano. El palacio se distribuía en salas dispuestas alrededor de patios pavimentados. Las salas más majestuosas estaban decoradas con escenas narrativas y figuras protectoras talladas en bajorrelieve sobre paneles de alabastro yesoso, a la vista de los miembros de la corte y visitantes. Originalmente, estas escenas estaban pintadas de colores brillantes.


 



La familia real.

Las disputas sucesorias eran habituales en Asiria, y a menudo terminaban con derramamiento de sangre. Sargón II, bisabuelo de Asurbanipal, se apoderó del trono mediante un violento golpe de Estado. El abuelo de Asurbanipal, Senaquerib, fue brutalmente asesinado por el mayor de sus hijos vivos tras haber designado príncipe heredero a un hijo menor, Asarhadón. 



La decoración de los palacios era una demostración de la riqueza y poder del rey ante su corte y ante los súbditos que lo visitaban desde todos los rincones del imperio. La refinada artesanía, los materiales preciosos y los orígenes exóticos de los muebles y otros objetos denotaban el mayor de los lujos. El palacio no solo era la sede del poder político, sino también un lugar de esparcimiento. 

Guardianes mágicos.

Los visitantes del palacio real entraban a través de majestuosas puertas flanqueadas por imágenes de guardianes mágicos que lo protegían de posibles fuerzas malignas

Panel mural en relieve con los espíritus protectores. Palacio norte, Nínive, 645-640 a.n.e., alabastro yesoso.

Aparecen tres espíritus protectores. El de la izquierda es un lahmu o “peludo”: lleva el cabello peinado en elaborados tirabuzones, lo que, junto con los flecos que cuelgan de su falda indica su estatus divino. El del centro es un ugallu o “gran león”, que blande su daga con gestos amenazadores y sostiene una maza como símbolo de autoridad. El de la derecha es un “dios de la casa”, cuyo tocado con cuernos indica su condición divina.

Jardines de recreo.

A los reyes asirios les gustaba cultivar jardines, huertos y cotos de caza, llenándolos de plantas y animales procedentes de todos los rincones del imperio. Asurbanipal organizaba en sus parques cacerías de leones, tanto a pie como a caballo, representando su triunfo sobre los elementos caóticos del mundo y la estabilidad del imperio.

Panel mural en relieve con el recinto del jardín, Palacio norte, Nínive, 645-635 a.n.e., alabastro yesoso.

En la franja superior, una procesión de músicos tocando una lira, un arpa vertical y flautas dobles avanza hacia dos cortesanos que portan varas de madera y custodian un recinto vallado. En la franja central, otros dos cortesanos custodian el mismo recinto del jardín, que protege de las miradas a la comitiva real. Debajo, un jabalí hoza entre los altos juncos. 



Panel mural en relieve con acueductos y canales. Palacio norte, Nínive, 645-640 a.n.e. Alabastro yesoso.

Senaquerib, abuelo de Asurbanipal, mandó construir una inmensa red de canales y acueductos para hacer llegar el agua desde grandes distancias hasta la nueva capital, Nínive. La escena superior muestra un frondoso parque cerca de Nínive, donde un acueducto de arcos ojivales riega los huertos y jardines. El agua fluye por varios canales que atraviesan el paisaje, y un arroyo cruza un sendero que conduce a una estela en honor al rey y a un pabellón con columnas.


 

Reconstrucción digital del panel mural en relieve con la escena del banquete de Asurbanipal. Palacio norte, Nínive. 645-635 a.n.e. Alabastro yesoso.

La fiesta en el jardín.

Tras ser designado príncipe heredero, Asurbanipal contrajo matrimonio con Libbali-sharrat, con la que aparece comiendo en el jardín. Se trata de una apacible escena en la que sirvientes y músicos atienden a la pareja real y que seguramente tiene lugar en los jardines privados de la reina, por lo que ofrece una visión íntima e inusual de la vida en la corte asiria. Libbali-sharrat, con una corona que representa la muralla y las torres de una ciudad, se lleva un cuenco a los labios. A su lado hay una mesa con unas patas de león idénticas a las de bronce halladas en las excavaciones.


La caza del león.

Los parques de Nínive eran el escenario de la caza real del león, un espectáculo público de gran teatralidad. Un conjunto de paneles murales esculpidos en relieve muestra a Asurbanipal cazando leones asiáticos, una especie más pequeña que prosperó en el antiguo Oriente Medio. Escenas como esta representan la valentía y destreza del rey, protector de Asiria por elección divina y cuyo deber era mantener el orden universal derrotando a las fuerzas del caos. Eso es lo que hacía al matar leones, los animales más peligrosos del territorio. 

Formado para ser rey.

Como hijo menor, Asurbanipal no estaba destinado a ser rey, por lo que aprendió a leer y escribir, algo inusual, pero, una vez elegido, recibió una rigurosa formación en todos los aspectos de su cargo, como liderazgo y militares. Acompañaba a su padre en la corte y actuaba como su jefe de espionaje, reuniendo datos de aliados y enemigos.

Creación de la biblioteca.

Asurbanipal heredó muchos textos de su padre. Después de que conquistara Babilonia, en el año 648 a.n.e., llegaron miles de volúmenes más. Algunas tablillas llevaban plegarias a Nabu, dios de la escritura. La biblioteca de Asurbanipal fue destruida en el año 612 a.n.e., aunque el incendio que arrasó la ciudad coció parcialmente las tablillas, contribuyendo a su conservación.

Mitos y épica.

Asurbanipal incluyó en su biblioteca la abundante literatura mesopotámica. Uno de ellos es La epopeya de Gilgamesh, la obra más famosa.

Con una elegante prosa, esta epopeya narra las aventuras del héroe Gilgamesh y su compañero Enkidu, durante las cuales Gilgamesh debe afrontar las emociones humanas más profundas, desde la amistad y el amor hasta la aflicción y el abatimiento. Cada capítulo se escribía en una tablilla diferente. Los distintos juegos están incompletos, aunque los hallazgos van completando algunos.

Asiria y el dominio del mundo.

Asurbanipal gobernó un imperio geográfica y culturalmente diverso que se extendía desde las costas del Mediterráneo oriental hasta las montañas de Irán occidental. Estaba dividido en regiones administrativas que gobernaban funcionarios leales a la corona. Junto con los embajadores reales, mantenían el control sobre los territorios vecinos, recurriendo tanto a las negociaciones como a la violencia. Los abundantes recursos llegados de todas partes enriquecieron el imperio, que colonizó territorios desolados y construyó ciudades, transformando el tejido cultural al introducir nuevas tradiciones artísticas, tecnologías, idiomas y formas de pensar.

El gobierno del imperio.

Debido a su enorme tamaño, era difícil de gestionar, lo que llevó a desarrollar la red de comunicación más eficiente de su época: un innovador sistema de calzadas reales. Los funcionarios sellaban sus cartas con un anillo grabado con el sello imperial, de modo que el rey podía delegar su poder y estar presente en todos los puntos del imperio.

Los magnates eran altos cargos administrativos, originalmente hereditarios y limitados a la nobleza. Tenían mucho poder, hasta llegar a usurpar el del rey en épocas de crisis. Después, para proteger la autoridad real, se les eligió entre un grupo de administradores formados por el Estado, muchos eunucos, que renunciaban a los vínculos familiares, lo que garantizaba que ningún cargo oficial fuese hereditario. En las representaciones artísticas, los eunucos son lampiños.

Fragmento de relieve con uno de los magnates del rey. Jorsabad, 710-705 a.n.e., alabastro yesoso.

Reproducción de un panel mural tallado en relieve. Palacio norte, Nínive, 645-635 a.n.e. Escayola.

Asurbanipal conquista Egipto.

Egipto llevaba años amenazando la frontera occidental de Asiria cuando el rey Asarhadón murió allí durante una campaña. Su hijo, el nuevo rey Asurbanipal, envió a su ejército y obtuvo una gran victoria, pero el soberano egipcio, Taharqo, logró huir. Entonces, el sobrino de Taharqo se autoproclamó rey y Asurbanipal reunió a sus tropas para el enfrentamiento decisivo: la gran ciudad egipcia de Tebas fue saqueada y su población, deportada. El botín se exhibió en Nínive y los obeliscos de metal que se habían alzado ante los templos de Tebas se fundieron para decorar los templos asirios.

Redes de control.

Los productos exóticos que engrosaban los erarios de palacio eran un reflejo de su control sobre las provincias extranjeras y del acceso a rutas comerciales remotas. El rey se aseguraba las lealtades mediante la diplomacia y la violencia, por lo que el ejército, compuesto por profesionales, reclutas y mercenarios extranjeros, era clave para la expansión y mantenimiento del imperio. En los palacios hay escenas de pagos de tributos y de victorias sobre súbditos rebeldes.

Intercambio internacional.

La expansión del Imperio reactivó la fabricación y comercio de objetos de lujo, además de propiciar el intercambio cultural, artístico, tecnológico y de personas.

Recipiente para cosméticos. Sippar, 800-600 a.n.e. Concha de Tridacna squamosa.

La tridacna estriada o almeja gigante es una especie de molusco bivalvo que vive en el océano Índico, en el mar Rojo y en el golfo Pérsico. Los artesanos, fenicios probablemente, usaban sus conchas acanaladas para fabricar recipientes de lujo para cosméticos y solíajn tallar las charnelas en forma de cabeza de sirena (criatura mitológica con cabeza de mujer y cuerpo de ave).

 

Panel mural en relieve con la ejecución de un general elamita. Palacio norte, Nínive, 645-640 a.n.e. Alabastro yesoso.

Los reyes de Elam desafiaron al gobierno asirio invadiendo su territorio. Este panel muestra el campo de batalla, donde Ituni, un general elamita, corta su arco en señal de rendición al verse rodeado de los cadáveres mutilados de su ejército. Los buitres picotean los ojos de los muertos, que yacen desnudos, y un soldado asirio está a punto de ejecutar a Ituni.

Asurbanipal en guerra.

Llevó a su ejército más lejos que ninguno de sus predecesores. Era deber suyo, como representante humano de los dioses, extender las fronteras del imperio, para lo que consideraban justificada la violencia. Durante la primera mitad del largo reinado de Asurbanipal, Asiria se expandió al oeste conquistando Egipto, y hacia el este doblegando a un rebelde usurpador elamita. A mediados de su reinado se produjo una grave crisis en Babilonia que desató un largo y violento enfrentamiento entre Asurbanipal y su hermano.

Elam.

Una de las grandes potencias del antiguo Oriente Medio fue Elam, que hacia el año 700 a.n.e. se había recuperado de la amenaza de expansión de Asiria. El reino elamita se extendía por las llanuras y montañas del suroeste del actual Irán, y sus gobernantes desafiaron al imperio asirio apoyando revueltas y ofreciendo refugio a sus enemigos. Al principio del reinado de Asurbanipal estaban en paz, pero todo cambió cuando el rey elamita invadió Babilonia.

La represalia.

Después de tomar Babilonia, Asurbanipal dirigió su atención hacia Elam, que había apoyado la rebelión de su hermano y que daba asilo a un gobernador babilonia que lo había engañado. Como la amenaza no surtió efecto, Asurbanipal descargó su furia sobre Susa, la capital de Elam. Los templos fueron destruidos y los huesos de los antiguos reyes se exhumaron para impedir que sus espíritus descansaran. El traidor babilonio, sabiendo que su arresto era inmediato, suplicó a su guardia que lo matara. Su cadáver se conservó en sal y se entregó en Nínive a Asurbanipal.

El destino de Asurbanipal.

Pese a la abundancia de información, su muerte no ha quedado registrada. Su reinado debió terminar entre los años 631 y 627 a.n.e. Quizá murió, abdicó o fue depuesto, y es posible que lo enterraran en Asur, junto a otros reyes de Asiria. El Imperio asirio empezó a desmoronarse: le sucedió brevemente uno de sus hijos, Ashur-etil-ilani, y Sin-shar-ishkun, probablemente otro hijo suyo, fue el último rey que gobernó desde Nínive. En el año 626 a.n.e., un antiguo general, Nabopolasar, reclamó el trono de Babilonia y comenzó una lucha por la independencia.

Réplica de un relieve de palacio. 635 a.n.e. Resina acrílica.

Un rey vencido.

Cuando medos y babilonios destruyeron los palacios de los grandes reyes asirios, destruyeron también las imágenes de sus antiguos señores. Aquí, el rostro de Asurbanipal aparece mutilado.

Estela de arenisca roja, con Asurbanipal transportando una cesta ritual de tierra sobre la cabeza para la reconstrucción de E-Zida, 668-655 a.n.e., templo de Nabu, Borsippa (Irak).

Leyenda, descubrimiento y resurgimiento.

Los descubrimientos arqueológicos del siglo XIX en Irak cambiaron la antigua percepción que se tenía de Asiria, a cuyos reyes se había considerado descuidados y moralmente corruptos.

La caída de Asiria fue un acontecimiento excepcional que quedó plasmado en la Biblia y en la literatura de la Grecia y la Roma antiguas: según los relatos clásicos, Asiria fue castigada a causa de la depravación de sus gobernantes, que se rodeaban de riquezas y lujos. Se decía que el libertinaje del último rey había provocado la destrucción del imperio y que, al comprender que Nínive estaba perdida, mandó construir una enorme pira en su palacio y se arrojó a las llamas junto con sus posesiones, concubinas y eunucos.

Tras los descubrimientos arqueológicos, Asiria es considerada como una de las grandes civilizaciones del mundo antiguo.


Azulejo de pared esmaltado que, originalmente, formaba parte de una escena narrativa que representaba al rey asirio, posiblemente Asurnasirpal II, 875-850 a.n.e., palacio noroeste, Nimrud (Irak).

 

domingo, 23 de noviembre de 2025

Desenfocado



Esta exposición en CaixaForum Madrid, concebida por el Musée de l´Orangerie de París, presenta “una obra que obliga a elegir entre varios puntos de vista, ya que no ofrece ninguno fijo y seguro” (Grégoire Bouillier, Le síndrome de L´Orangerie). La serie de los Nenúfares de Monet introdujo el concepto de desenfoque en el arte, de lo borroso e impreciso como elementos expresivos, y ahora se explora esa dimensión de la obra tardía del pintor como clave de lectura para comprender una parte importante de la creación artística moderna y contemporánea. Considerado durante mucho tiempo parangón de la pintura abstracta, nunca había sido analizado y es contemplado hoy como una elección estética real.

 

Es sobre las ruinas de la Segunda Guerra mundial donde la estética del desenfoque arraiga realmente y se expande, entendiéndose como insuficiente el vigente principio de claridad visual en la creación artística.  Ante el deterioro de las certezas de lo visible y frente a las múltiples posibilidades que se abren, los artistas experimentan nuevas vías y abordan lo transitorio, lo inacabado, la duda, dejando un espacio más amplio a la interpretación del espectador. Se convierte así en el medio de expresión predilecto de un gran número de artistas en un mundo donde la visibilidad se enturbia y reina la inestabilidad.

 

 

Eugène Carrière (1849-1906), Madame Carrière meditando, 1898, Óleo sobre lienzo
Medardo rosso (1858-1928), Ecce Puer, 1906, Busto en bronce

PREÁMBULO



La estética del desenfoque existe desde mucho antes de la época moderna. Su antecedente lejano es el esfumado del Renacimiento y en el siglo XVII aparece el término francés flou, que aporta un matiz al principio de la representación basada en la claridad del trazo. William Turner, con sus composiciones difusas, abrió el camino al impresionismo, verdadero punto de inflexión a finales del siglo XIX. La incipiente fotografía expresa la subjetividad del autor a través del desenfoque, encontrando un eco en las creaciones simbolistas que, explorando su mundo interior, revelan a través de lo difuso lo que la visión nítida oculta a la conciencia. Las obras muestran el uso del desenfoque en el siglo XIX en la pintura, la fotografía e incluso la escultura.


Claude Monet (1848-1926), Estanque de nenúfares, armonía rosa, 1900, Óleo sobre lienzo.

Hans Haacke (1936), Cubo de condensación, 1963-1967. Metacrilato, agua destilada y clima del espacio expositivo.

EN LAS FRONTERAS DE LO VISIBLE.

Al tratar de estructurar la realidad, intentando esclarecer la confusión, se corre el riesgo de limitar su sentido. El desenfoque, en cambio, se alimenta de nuestra experiencia, que se desarrolla en el tiempo y alcanza nuestro interior más profundo. Los artistas utilizan este efecto para cuestionar nuestros modos de percepción, invitarnos a regresar a la fuente misma de la mirada y animarnos a dejar atrás la lectura unívoca de la realidad.  Unos exploran los límites de lo visible retomando el vocabulario de la imagen científica; otros alteran los referentes tradicionales de la representación, jugando con la indefinición más que con la oposición entre figuración y abstracción; finalmente, algunos ponen a prueba al espectador y estimulan su agudeza visual evocando la circulación de la retina en sus obras en forma de diana. Los nuevos medios técnicos para observar la realidad dan lugar a imágenes que no podemos ver a simple vista y que se convierten en fuentes de inspiración para los artistas.

Wojciech Fangor (1922-2015), Número 17, 1963, Óleo sobre lienzo de yute

Perejaume (1957), Personaje contemplando el informalismo (2), 1991, óleo sobre lienzo.

 
Albert Oehlen (1954), Sin título, 2016, Óleo sobre lienzo
Claudio Parmiggiani (1943), Polvo, 1998, Hollín sobre acrílico sobre madera, caja de plexiglás.


LA EROSIÓN DE LAS CERTEZAS




La dimensión política de la estética del desenfoque empieza a desplegarse plenamente durante el periodo posterior a la Segunda Guerra mundial. Ante la erosión de las certezas, los artistas asumen la profunda convulsión del orden mundial y adoptan el desenfoque como estrategia necesaria ante la imposibilidad de representar lo irrepresentable (los campos de concentración). El desenfoque desdibuja una realidad que la mirada no puede soportar. Cuestionando el estatus y el valor de la imagen, los artistas proponen una visión a la vez poética y desencantada de las tragedias que han marcado la historia. Es un mecanismo de olvido y, a la vez de poner de manifiesto las atrocidades.


Krzysztof Pruszkowski (1943), Quince torres de vigilancia del campo de concentración de Majdanek, Polonia. 1992. Copia en gelatina de plata sobre papel, montado sobre aluminio. 

Philippe Cognée (1957), Metamorfosis I. 2011, encáustica sobre lienzo.

 
Thomas Ruff (1958), Jpegny01, 2004, Impresión cromogénica con Diasec/C
Alfredo Jaar (1956). Seis segundos, 2001. Impresión por inyección de tinta pigmentada. 

Tomar forma en lo informe

Tomar huella en lo difuso

Tomar sentido en lo insensato

En este mundo sin esperanza

 

Paul Éluard, Poésie ininterrompue, 1946 

ELOGIO DE LA INDEFINICIÓN



Aunque intentemos dibujar los contornos del mundo difuso, sus dimensiones y sus tiempos se extienden continuamente y dificultan fijar focos definitivos. Con el ser humano sucede lo mismo. La identidad también es indefinida, está constantemente en cambio, revelando total o parcialmente sus facetas, tanto a los demás como a nosotros mismos. Entre memoria incierta del pasado y rechazo de la representación estática del presente, el desenfoque se convierte en una búsqueda de identidad. En la fotografía amateur, el desenfoque refleja la vida real y permite dar cuenta de los lugares más íntimos, lo que a menudo escapa a la mirada.


 

Eulàlia Valldosera (1963), La ilusión, 1999, fotografía en color. 

Mame-Diarra Niang (1982). Morfología del sueño nº 6. Serie “Sama Guent Guii”. 2022, tinta pigmentada sobre papel Photo Rag Metallic 

Eva Nielsen (1983). Alcance, 2021, Acrílico, tinta china sobre lienzo, organza estampada.

 

FUTUROS INCIERTOS

La relación de algunos artistas con la espiritualidad, a través de lugares y gestos sagrados ofrece una posible respuesta a las incertidumbres contemporáneas. Los artistas tratan de destacar la belleza y la fugacidad de una cotidianeidad alterada en un mundo que pierde sus referentes. La cuestión del tiempo se representa como objeto de contemplación y reflexión existencial. Paradójicamente, el desenfoque se convierte a la vez en síntoma y condición para una nueva motivación.

Antoine d´Agata (1961). Paris/France, 17 Mars-11 Mai 2020. Série “Virus-Paris/France, 17 MKars-11 Mai 2020”. Fotografía. Impresión por inyección de tinta pigmentada sobre papel Hahnemühle. 

Nan Goldin (1953). Primeros días de cuarentena, Brooklyn, Nueva York. 2020. Impresión de bellas artes con tintas pigmentadas. 

Mircea Cantor, Futuro impredecible. 2015, caja de luz, edición de 7



lunes, 10 de noviembre de 2025

Matisse

Henri Émile Benoît Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869-Niza, 1954) nació en una familia dedicada al comercio. Estudió leyes en Paris y comenzó a pintar al estar convaleciente de enfermedad en casa. Ingresó en la École des Beaux-Arts donde recibió clases del pintor simbolista Gustave Moreau y realizó copias en el Louvre. Al principio practicó el dibujo del natural y más tarde pintó luminosos paisajes influenciado por los aires impresionistas de la época. Conjugó la influencia de artistas como Van Gogh, Cézanne o Gauguin con las cerámicas persas, el arte africano o las telas moriscas (viajes a España y Marruecos). En los años finales del siglo XIX practicó el divisionismo (Luxe, calme et volupté) por influencia de Paul Signac. Al comienzo del siglo XX lideró junto con André Derain el efímero grupo conocido como fovismo. Resultó un escándalo para la época y fue objeto de una crítica muy agresiva. Su uso del color fue de gran sensualidad y contribuyó a la bidimensionalidad de algunos de sus cuadros.

Desde 1916 adoptó mayor simplificación y un concepto más geométrico de las formas (El pintor y su modelo) por influencia cubista. Se instaló en Niza, donde conoció a Renoir, y su estilo se hizo más sutil, con el gusto por ornamentación y arabescos. En la década de 1940 utilizó un colorido más atrevido (Gran interior rojo) como antecedente de los gouaches (Jazz). En 1950 comenzó una serie de obras religiosas y dibujos a pluma, así como ilustraciones para Mallarmé y Joyce, colaborando en revistas especializadas. En esos años sus collages transformaron la idea del espacio pictórico. Es autor de un gran número de litografías, aguafuertes y xilografías. En general, su obra se centró en la búsqueda del equilibrio entre color (concepción innovadora) y forma, en la reformulación crítica del cuadro como pura superficie pictórica, en la ruptura con las normas establecidas y la búsqueda de una nueva forma de ver y representar el mundo. Su obra es el reflejo de su tiempo: desde la angustia y la introspección de los años de guerra, hasta la explosión de sensualidad y hedonismo de sus pinturas y collages de madurez. Una parte de su obra puede verse en el Museo Matisse de Niza.

La exposición “El legado de una nueva pintura”, organizada por CaixaForum con la colaboración del Centre Pompidou, se divide en ocho apartados ordenados cronológicamente que muestran la obra de Matisse y su influencia sobre otros artistas. Sus obras, 46, dialogan con las de otros artistas, 49, en un juego de referencias cruzadas que ilumina un siglo de creación y vanguardia y cuenta con la introducción de la mirada femenina con Sonia Delaunay, Françoise Gilot, Natalia Goncharova, etc.

El arte moderno es un arrebato del corazón”, dijo Henri Matisse en sus últimos días.

1.- Línea y color (1900-1906)

Los inicios de su trayectoria, bajo la influenciade su maestro Gustave Moreau, son un autorretrato, un paisaje de París y dos bodegones reposados y sombríos, realizados entre 1900 y 1902. El cambio de rumbo lo representa “Lujo, calma y voluptuosidad”, de 1904, con un tratamiento plástico basado en la fragmentación de la luz y la correspondencia entre el tema —un almuerzo junto al mar— y la belleza de la forma. La paleta de Matisse se vuelve incandescente al contacto con los paisajes mediterráneos de Saint-Tropez y Colliure, en una revolución de la que participan Albert Marquet, André Derain, Maurice de Vlaminck, Georges Braque y Robert y Sonia Delaunay.

Henri Matisse, Pont Saint-Michel, 1900, óleo sobre lienzo.

Henri Matisse, Autorretrato, 1900, óleo sobre lienzo

Henri Matisse, Lujo, calma y voluptuosidad, 1904, óleo sobre lienzo. 

2.- Primitivismos o la emoción (1907-1913)

El descubrimiento de las artes no occidentales y el primitivismo permiten a Matisse enfrentarse al canon establecido. La planitud de Le luxe emite a los frescos toscanos que vio en el verano de 1907 mientras que los juegos de volúmenes contrastados que observa en la escultura africana nutren sus experimentaciones en este ámbito. En este apartado se presentan sus esculturas de 1907-1930 confrontadas a L’Enlèvement d’Europe [El Rapto de Europa], una obra de Jacques Lipchitz de 1938. Matisse conecta con las vanguardias alemana y rusa, atraídas también por el arte primitivo. Como sus contemporáneos alemanes —Ernest Ludwig Kirchner y Emil Nolde—, busca un fundamento emocional para el arte. En Rusia, la obra de Matisse se expone junto a los cuadros de Mijaíl F. Lariónov y Natalia Goncharova, que se inspiran en la imaginería popular y son los más receptivos a la modernidad procedente de Europa occidental.

Henri Matisse, Desnudo tumbado I, 1907-1908, bronce.

Ernst Ludwig Kirchner, Pareja de enamorados, 1921-1923, óleo sobre lienzo

Natalia Goncharova, Naturaleza muerta con bogavante, 1909-1910, óleo sobre lienzo

3.- Provocar apariciones (1914-1917)

En los años de la Primera Guerra Mundial, la paleta vuelve a la oscuridad. Matisse define un espacio íntimo e incorpora el motivo de la puerta y la ventana, umbral de un mundo inquietante, que encuentra un eco en la obra de la misma época de Kees Van Dongen y František Kupka. Con Interior con pecera y El pintor en su estudio recupera ese espacio íntimo y, a través del motivo de la ventana y de una perspectiva más reflexiva, su propio lugar frente al modelo establece en su pintura una ambigüedad espacial sin parangón en la época. Durante las sesiones de posado, Matisse busca establecer un vínculo empático y plasmar el flujo de energía entre artista y modelo. En los retratos de la actriz Greta Prozor de 1916 y del coleccionista Auguste Pellerin de 1917, la figura humana aparece rodeada de un halo fantasmal.


Henri Matisse, Interior con pecera, 1914, óleo sobre lienzo

 

Henri Matisse, Retrato de Greta Prozor, 1916, óleo sobre lienzo

Kees Van Dongen, Autorretrato, 1895, óleo sobre lienzo.

4.- Abstraerse (1914-1917)

Durante la irrupción del cubismo en 1908, Matisse se convierte en testigo privilegiado y punto de encuentro para la vanguardia parisina al recibir en su hogar a destacados artistas del momento. En agosto de 1914, mientras reside en Colliure, crea Porte-fenêtre à Collioure [Puerta-ventana en Colliure], una obra clave que, aunque inacabada, marca su primer acercamiento al concepto de «negro luz» utilizando planos cromáticos intensos que anticipan nuevos caminos en su pintura. Este enfoque influyó tanto en la evolución formal de František Kupka, con sus composiciones de bandas verticales y aspiraciones abstractas, como en su propia obra, ejemplificada en el retrato de su hija Marguerite, Cabeza blanca y rosa, donde la estructura ortogonal cubista se funde con un aura de misterio estilístico.

 Henri Matisse, Puerta-ventana en Collioure, 1914, óleo sobre lienzo

Frantisek Kupka, Planos verticales I, 1912, óleo sobre lienzo

Henri Matisse, Cabeza blanca y rosa, 1914, óleo sobre lienzo

5.- ‘Nuestro corazón mira hacia el sur’ (1917-1929)

A finales de 1917, Matisse se traslada a Niza, en la Costa Azul. Deja de lado la dimensión experimental y se concentra en escenas de interior con modelos femeninos que le permiten explorar la relación entre figura y espacio, como en Figura decorativa sobre fondo ornamental. Figuras y accesorios remiten a sus viajes a España y al Magreb. Como en el caso de Albert Marquet y Kees van Dongen, antiguos fauves, la luz mediterránea acelera la renovación de las soluciones plásticas. Matisse y Natalia Goncharova (que descubre España en 1916) coinciden al presentar el arquetipo de la mujer con mantilla —hierática y decorativa— como un icono contemporáneo.

Henri Matisse, Joven española, 1921, óleo sobre lienzo.


Kees Van Dongen, Bailarina española, 1912, óleo sobre lienzo

Natalia Goncharova, Española, 1920-1930, óleo sobre dos paneles.

6.- Modernidades clásicas. Matisse y su dialogo con Bonnard, Gilot y Picasso (1930-1938)

En la década de 1930 aparecen aires de renovación, Matisse viaja a Estados Unidos y a Oceanía. Simplifica el dibujo y lo despliega en el espacio. Introduce el uso de los papeles recortados para construir su composición. En Niza continúa su trabajo con su colaboradora Lydia, modelo de predilección del artista que le inspira El sueño y Desnudo rosa sentado. En esta sección se confronta un bodegón de Matisse, Nature morte au buffet vert [Naturaleza muerta con aparador verde], de 1928, con Naturaleza muerta con candelero, de Picasso, de 1944, y Évier et tomates [Fregadero y tomates], de Françoise Gilot, de 1951, para mostrar la influencia de Matisse sobre la pareja de artistas y evidenciar las diferencias: Gilot comparte la empatía de Matisse hacia los objetos, mientras que Picasso impone su propia personalidad. En 1936, Matisse sufre un bloqueo creativo y vuelve a Cézanne y Bonnard para resolver su dilema de qué hacer con la figura.

Henri Matisse, El sueño, 1935, óleo sobre lienzo

Pablo Picasso, Naturaleza muerta con candelero, 1944, óleo sobre lienzo

Françoise Gilot, Fregadero y tomates, 1951, óleo sobre contrachapado

7.- Días de color. Pintura y película a partir de 1939

Desde 1936, Matisse utiliza papeles pintados con gouache en portadas de revistas. En el libro Jazz, de 1947, esta técnica adquiere una autonomía propia. Matisse propone una salida al viejo conflicto entre línea y color. Recorta el color y consigue una forma depurada hasta lo esencial. En 1951 colabora con Le Corbusier en la Capilla del Rosario de Vence, en la Costa Azul. También Matisse es una referencia para pintores abstractos norteamericanos, como Barnett Newman. En Francia, Raymond Hains y Jacques Villeglé buscan superar la pintura y ponen a Matisse en movimiento en su película Pénélope (1950- 1980). También vemos que las composiciones de la artista autodidacta argelina Baya -Naturaleza muerta con magnolia- recuerdan la fuerza decorativa del pintor.

Henri Matisse, Naturaleza muerta en mesa de mármol verde, 1941, óleo sobre lienzo

Henri Matisse, Naturaleza muerta con magnolia, 1941, óleo sobre lienzo

Baya (Fatma HADDAD), Guitarras y cornucopia, 1976,Gouache sobre papel

8.- ‘Chez Matisse’. Horizontes múltiples (1961-1970)


En 1961se exhibió la exposición Henri Matisse en el Museo de Artes Decorativas de París. Les grandes gouaches découpées pone en contacto la obra de Matisse con los jóvenes artistas Daniel Buren (bandas) y Michel Parmentier (rayas), que descubren la técnica del collage y la importancia del blanco del soporte como elemento activo de la composición. Su enfoque conceptual excluye los valores emocionales y subjetivos de Matisse.


Daniel Buren, Pintura deformas indefinidas, 1966, Acrílico sobre tela de algodón tejida

Michel Parmentier, Rojo, 1968, óleo sobre tela encerada
Fotografiado por Carl Van Vechten,20 de mayo de 1933