lunes, 13 de octubre de 2014

Las Arribes

3.- Miranda Douro - Vitigudino (83 km y 750 Alt)
El alba es todavía incierta pero el cielo comienza a brillar por el este. Hoy llevamos peor el tiempo. Salimos más tarde de lo previsto y, además, perderemos una hora al llegar a España. Bajamos rápidamente hasta la presa y atacamos la subida en frío. Nos alcanzan dos ciclistas españoles que nos acompañan unos kilómetros. Desde lo alto echamos la última mirada atrás. La visión de esta tierra de frontera hace palidecer los sentidos. Es un paisaje en busca de miradas. En Portugal hemos estado muy a gusto. Viajar debería acabar con los nacionalismos.
            Cruzadas las Arribes del Duero seguimos entre dehesas de encinas y robles. En Fariza nos desviamos hasta la ermita de la Virgen del Castillo. En el mirador entramos en un embeleso contemplativo admirando estos parajes enriscados y ceñudos, de ruda magnificencia. Nos extasiamos con el juego del sol en el agua. Continuamos entre una propiedad muy parcelada. Desde una encrucijada de pistas se ve el enorme embalse de La Almendra. La siguiente parada en Fermoselle.
            Tras fuerte bajada en las Arribes del Tormes nos queda una subida de nueve kilómetros. Con aprendida paciencia, con estudiada lentitud, vamos ascendiendo. Pedaleamos con regularidad de metrónomo, pero cuesta mucho. Parece que somos atraidos magnéticamente por el fondo, por un poder de difícil comprensión. Continuamos negando las tentaciones de la fatiga, sintiendo latir los pulsos al unísono. En estos momentos flojean las convicciones más firmes, pero la férrea disciplina interna derrota a la tentación de abandono. En una compleja expresión de pasiones encontradas el orgullo lucha contra el cansancio. En algún lugar de nuestra paciencia sentimos que este instante es decisivo. Ahora es cuando se comprende que se tienda a ver la naturaleza como algo cruel; se entiende nuestra pequeñez frente a la grandeza del paisaje.
            Arriba, en Trabanca, estamos en el límite del Parque Natural de las Arribes. El resto es terreno más llano. Así llegamos a Vitigudino tras 83 kilómetros y 750 metros de desnivel acumulado. Por la tarde, paseo. Hablamos con el dueño de un bar que también ha sido aficionado al ciclismo y que nos insta a ir a Yecla de Yeltas. No podrá ser porque el horario no nos va bien. En las calladas horas de la noche, un breve paseo antes del descanso.

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