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martes, 21 de octubre de 2014

Alfaro


Queríamos hacer una degustación de vinos en una bodega de Alfaro, por lo que nos ponemos en viaje hacia esa localidad riojana. En el camino paramos en la población soriana de Almazán, donde vemos anunciadas las actuaciones de grupos musicales con nombres tan poéticos como Ketesnuco y Kagando Blando. Como no estamos al tanto de la actualidad musical, no opinamos. Pasando por la Puerta de Herreros vamos a la espléndida plaza, con el grandioso palacio de los Hurtado de Mendoza o los Altamira, la magnífica iglesia románica de San Miguel y la Puerta de la Villa.

Ya en Alfaro, la Graccurris romana, vamos al hotelito donde tenemos reservada un habitación. Es sencillo pero muy nuevo. Los pasillos y habitaciones están decorados con citas y frases ingeniosas. En nuestra habitación, a modo de cabecera, aparece ésta: “Toda cuestión tiene dos puntos de vista: el equivocado y el nuestro”. Interesante.

Por la tarde recorremos el pueblo callejeando por sus estrechas calles. Vemos la Colegiata de San Miguel, el mayor templo de la Rioja, construida en ladrillo rojo y en estilo Barroco Aragonés, que es más conocida por tener la mayor colonia de cigüeña blanca sobre un edificio de todo el mundo. Se calcula que unas 700 cigüeñas anidan en sus tejados. Detrás de la Colegiata hay un mirador desde el que se distinguen bien los nidos y en el que hay una señal de “tráfico” que prohíbe la presencia de perros. Se aprecian ya los primeros intentos de vuelo de las crías, en realidad unos pequeños saltitos en el nido, en medio del incesante crotorar que invade el espacio. Seguimos la visita por el Palacio Abacial –s. XVIII-, el antiguo Ayuntamiento –s. XIX-, y los palacios de Sáenz de Heredia y Ramírez –ambos s. XIX-.


El segundo día lo comenzamos con una visita a la Reserva Natural Sotos del Ebro, una zona protegida de casi medio millón de hectáreas, formada por bosques de ribera, zonas abiertas de vegetación natural y choperas. El Ebro discurre por una amplia llanura aluvial con un trazado sinuoso, con una singularidad especial en el paisaje cambiante que el dinamismo del río ha ido configurando: meandros, islas, playas, canales de inundación y “madres”, brazos de agua surgidos de antiguos meandros abandonados. Los sotos mejor conservados presentan formaciones arbóreas densas con especies como sauce blanco, chopo negro, álamo blanco y fresno. La fauna está compuesta por aves –milano negro, avión zapador, curruca capirotada, cigüeñas, anátidas, etc.-, nutrias, reptiles, anfibios y peces. Hay zonas en restauración, una por escolares. Hace mucho calor, pero recorremos una senda, un itinerario con suelo de madera, viendo paneles informativos, la vegetación de ribera, las choperas y el cauce cambiante.
A continuación vamos al objetivo principal de nuestro viaje, al enoturismo, ejemplificado en las Bodegas Marqués de Campo Nuble. El director comercial nos atiende personal y amabilísimamente. Nos extraña una visita sólo para dos personas, cuando lo normal es en grupos más numerosos. Mientras nos explica todo el proceso del vino, pasamos por unas instalaciones paradas y limpias. Es una bodega muy moderna, porque la vieja sufrió un incendio. El aire andaluz que tiene lo debe a que perteneció a Rumasa. La degustación de sus buenas marcas y la compra de algunas botellas cierran la visita.

En la comida degustamos unos espárragos maravillosos, los últimos porque ya no es temporada y no quedan. El camarero nos explica cómo los cogen, los meten en las cámaras –no los congelan- sin limpiar, y cómo los van sacando, limpiando, pelando, etc., según el consumo. Nosotros llegamos al final de la temporada, pero a tiempo.

La vuelta la realizamos por Calahorra y Logroño, donde tapeamos y comemos antes de regresar a casa, haciendo una breve parada en Soria, con muy buen sabor de boca. Somos almas alegres y personajes barojianos, de acción.