Queríamos hacer una
degustación de vinos en una bodega de Alfaro, por lo que nos ponemos en
viaje hacia esa localidad riojana. En el camino paramos en la población
soriana de Almazán, donde vemos anunciadas las actuaciones de grupos
musicales con nombres tan poéticos como Ketesnuco y Kagando Blando. Como no
estamos al tanto de la actualidad musical, no opinamos. Pasando por la
Puerta de Herreros vamos a la espléndida plaza, con el grandioso palacio de
los Hurtado de Mendoza o los Altamira, la magnífica iglesia románica de San
Miguel y la Puerta de la Villa.
Ya en Alfaro, la Graccurris
romana, vamos al hotelito donde tenemos reservada un habitación. Es
sencillo pero muy nuevo. Los pasillos y habitaciones están decorados con
citas y frases ingeniosas. En nuestra habitación, a modo de cabecera,
aparece ésta: “Toda cuestión tiene dos puntos de vista: el equivocado y el
nuestro”. Interesante.
Por la tarde recorremos el
pueblo callejeando por sus estrechas calles. Vemos la Colegiata de San
Miguel, el mayor templo de la Rioja, construida en ladrillo rojo y en
estilo Barroco Aragonés, que es más conocida por tener la mayor colonia de
cigüeña blanca sobre un edificio de todo el mundo. Se calcula que unas 700
cigüeñas anidan en sus tejados. Detrás de la Colegiata hay un mirador desde
el que se distinguen bien los nidos y en el que hay una señal de “tráfico”
que prohíbe la presencia de perros. Se aprecian ya los primeros intentos de
vuelo de las crías, en realidad unos pequeños saltitos en el nido, en medio
del incesante crotorar que invade el espacio. Seguimos la visita por el
Palacio Abacial –s. XVIII-, el antiguo Ayuntamiento –s. XIX-, y los
palacios de Sáenz de Heredia y Ramírez –ambos s. XIX-.
El segundo día lo
comenzamos con una visita a la Reserva Natural Sotos del Ebro, una zona
protegida de casi medio millón de hectáreas, formada por bosques de ribera,
zonas abiertas de vegetación natural y choperas. El Ebro discurre por una
amplia llanura aluvial con un trazado sinuoso, con una singularidad
especial en el paisaje cambiante que el dinamismo del río ha ido
configurando: meandros, islas, playas, canales de inundación y “madres”,
brazos de agua surgidos de antiguos meandros abandonados. Los sotos mejor
conservados presentan formaciones arbóreas densas con especies como sauce
blanco, chopo negro, álamo blanco y fresno. La fauna está compuesta por
aves –milano negro, avión zapador, curruca capirotada, cigüeñas, anátidas,
etc.-, nutrias, reptiles, anfibios y peces. Hay zonas en restauración, una
por escolares. Hace mucho calor, pero recorremos una senda, un itinerario
con suelo de madera, viendo paneles informativos, la vegetación de ribera,
las choperas y el cauce cambiante.
A continuación vamos al
objetivo principal de nuestro viaje, al enoturismo, ejemplificado en las Bodegas
Marqués de Campo Nuble. El director comercial nos atiende personal y
amabilísimamente. Nos extraña una visita sólo para dos personas, cuando lo
normal es en grupos más numerosos. Mientras nos explica todo el proceso del
vino, pasamos por unas instalaciones paradas y limpias. Es una bodega muy
moderna, porque la vieja sufrió un incendio. El aire andaluz que tiene lo
debe a que perteneció a Rumasa. La degustación de sus buenas marcas y la
compra de algunas botellas cierran la visita.
En la comida degustamos
unos espárragos maravillosos, los últimos porque ya no es temporada y no
quedan. El camarero nos explica cómo los cogen, los meten en las cámaras
–no los congelan- sin limpiar, y cómo los van sacando, limpiando, pelando,
etc., según el consumo. Nosotros llegamos al final de la temporada, pero a
tiempo.
La vuelta la realizamos por
Calahorra y Logroño, donde tapeamos y comemos antes de regresar a casa,
haciendo una breve parada en Soria, con muy buen sabor de boca. Somos almas
alegres y personajes barojianos, de acción.
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