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viernes, 27 de marzo de 2026

La Línea P (I).

En todas las épocas se ha procurado defender los asentamientos humanos y los territorios de cada tribu, reino, estado, etc., estableciendo, especialmente en los límites o fronteras, las fortificaciones adecuadas. Estas defensas exigían mucho esfuerzo y necesitaban de grandes recursos, a pesar de lo cual los resultados, a veces, no estaban a la altura del trabajo realizado. El tiempo necesario para la construcción hacía que, en algunos casos, nacieran ya obsoletas debido a los avances en los armamentos, técnicas, etc.

Hay ejemplos de este tipo de fortificaciones. Uno muy conocido es la francesa línea Maginot, muralla de defensa a lo largo de la frontera con Alemania e Italia iniciada en 1922, que, aunque debía ir hasta el mar del Norte, dejó la frontera belga sin protección suficiente. Los trabajos finalizaron en 1936, cuando la amenaza hitleriana parecía justificar el proyecto. El ejército alemán se dio cuenta del punto débil y avanzó por las Ardenas, rodeando a las fuerzas aliadas. Esta línea, pensada con la experiencia de la guerra de trincheras anterior, no impidió la derrota francesa en 1940.

La Línea Stalin fue una línea de fortificaciones ubicadas a lo largo de la frontera occidental de la Unión Soviética iniciada en 1926. Era similar a la línea Maginot, pero menos elaborada, y no era una línea continua. A raíz de la expansión soviética hacia el oeste en 1939-1940 se creó la línea Mólotov a unos 300 km hacia el oeste. En 1941, la invasión alemana en la llamada Operación Barbarroja cogió a los soviéticos con la nueva línea sin terminar y la Línea Stalin abandonada en gran medida y en mal estado.

Tampoco sirvió la línea de los Sudetes en Checoslovaquia.


Ahora debemos centrarnos en el territorio que nos interesa, que es la cordillera de los Pirineos, especialmente en su tramo central, la provincia de Huesca. Siempre hubo torres defensivas y castillos, aunque en el periodo medieval el objetivo era defenderse del sur -los musulmanes- y no del norte. De este periodo el mejor ejemplo es el castillo de Loarre. 


En la Edad Moderna, con los estados nacionales ya instaurados, la defensa sí que se realizó mirando al norte, como las renacentistas ciudadela de Jaca y torre de la Espelunca en Canfranc. Y así se siguió en los siglos siguientes, cuando se intentó defender el territorio ante posibles invasiones, como en el valle de Canfranc -principal corredor transnacional-, donde se construyó la Torre de Fusileros al realizarse la nueva carretera en el siglo XIX.

Los Pirineos siguieron siendo una frontera natural, pero que necesitó también de las fortificaciones artificiales. En los años de la Guerra Civil, 1936-1939, ya se construyeron algunos búnkeres. En 1940 se construyeron los búnkeres Vallespín en el País Vasco y en 1943 se planificó la Línea P, iniciada en 1944 con prisioneros políticos y soldados en servicio militar como trabajadores, supervisados por Regimientos de Ingenieros. La construcción era secreta, e incluso se prohibió la caza. En ese año también los alemanes construyeron búnkeres en el lado francés (Sperrlinie Pyranäenfront), mientras la Unión Nacional Española, brazo armado del PCE, invadió España por algunos pasos, como Roncesvalles, los valles del Roncal y del Gállego y el valle de Arán. En 1956 se dio por suspendida y en 1976 el Ejército abandonó su mantenimiento. El Archivo Militar de Ávila guarda la información.

La línea P es un conjunto de búnkeres defensivos para tratar de evitar una posible invasión de España por parte de los Aliados (los franceses de Charles De Gaulle llegaron a la frontera el 9 de agosto de ese año) y de los restos del Ejército Republicano. Desde 1942 hubo rumores de invasión alemana (La España espiada, Emilio Grandío, Cátedra, 2025) y Hitler presionó a Franco para que permitiese pasar a sus tropas para asediar Gibraltar (Operación Félix). Las carreteras fronterizas de los Pirineos fueron ruta de escape para fugitivos judíos primero, y mandos nazis y colaboracionistas perseguidos después. Había que controlar ese tráfico.

Los búnkeres estaban semienterrados, construidos con hormigón armado y, algunos, conectados por túneles. Se agrupaban en sectores, y éstos en Centros de Resistencia (100 en Cataluña, 56 en Navarra-País Vasco, 20 en Aragón, numerados del 101 al 120) categorizados según su nivel de riesgo. Aunque no se llegaron a utilizar, estaban preparados para distintas armas, fusil ametrallador, ametralladora, cañón contracarro, cañón antitanque, ametralladora antiaérea y mortero, y había otros que funcionaban como observatorio o como refugio. Las paredes tenían un grosor de un metro y debían drenar bien, y se planearon puertas blindadas que no llegaron a instalarse. En cada zona había un centro de operaciones, como la estación de Canfranc en el valle del río Aragón. Se planearon unos 10.000, aunque sólo se terminaron la mitad, y hubo una previsión de 75.000 soldados. El trabajo de los ingenieros militares fue muy preciso, en algunos casos con gran dificultad por la altura, pero los búnkeres eran ya tecnología obsoleta.

Un ejemplo de Centro de Resistencia el el N.R. 113 El Castellar, ubicado en la estación invernal de Candanchú, que tenía 62 asentamientos de varios tipos: de observación o mando, de combate (los más numerosos), de artillería (los más grandes), a cielo abierto (ametralladoras antiaéreas, morteros), abrigos (excavados en la roca).

En la actualidad se ha elaborado un mapa, con el objetivo de preservar la memoria histórica y permitir una actividad turística, que incluye 3.202 búnkeres, de los que 2.251 han sido verificados y 951 son muy probables. El de mayor altitud se encuentra a 2.507 m.

Valle de Ansó (Zuriza, 2 búnkeres: uno no verificado).

 



Valle de Hecho (4 búnkeres, 2 no verificados).

 




Secus: observatorio a 2.232 m, 3 refugios.


Observatorio


Valle de Canfranc: 94 búnkeres (algunos unidos con refugios, 19 no verificados), 35 refugios (4 no verificados), 2 observatorios, 6 nidos de morteros, 3 de fusil ametrallador, 5 de ametralladoras antiaéreas, tres de cañón contracarro, 3 de ametralladora, 1 de cañón de infantería.

 

 


 

 


 


En el valle de Canfranc (Sector 24) se ha recuperado el conjunto denominado Punto de Apoyo nº 1 del Núcleo de Resistencia nº 111 (Los Arañones), constituido por más de una docena de búnkeres y proyectado para la defensa de la estación internacional de Canfranc. La defensa se basaba en armamento antitanque. El C-1 dirige su tronera hacia la boca del túnel ferroviario y por el flanco occidental hay cuatro asentamientos unidos mediante trinchera, para fusil ametrallador y ametralladora, cuyas troneras se abrieron en la obra del túnel. En el flanco oriental hay asentamientos que baten directamente las vías del ferrocarril. El más próximo a las vías incluye un profundo acceso con escaleras de piedra. Otro asentamiento a cota superior defiende la pista forestal.




 

Núcleo de Resistencia 112. Coll de Ladrones

La “Organización Defensiva de los Pirineos” dividió el Valle de Canfranc en seis núcleos de resistencia, siendo el 112 uno de ellos. Desde uno de sus puntos de apoyo, el lugar de Picaubé, Tercer Elemento del Punto de Apoyo nº 3, se puede dominar casi todo el núcleo y las vertientes sur de La Sagüeta, El Tobazo, etc., por lo que se consideró de alto valor estratégico. La forma de estos asentamientos es común y consiste en una entrada en pozo o en pasillo que desemboca en un habitáculo de 2x2 m. Están construidos en hormigón y se camuflan por acumulación de piedras.

Desde aquí se pueden visitar otros elementos como el pelotón de morteros (obra M-11 y M-12), uno de los asentamientos más espectaculares. Por encima se sitúa la obra 333 destinada a un fusil ametrallador, que conserva las maderas del encofrado, significando que la obra no se terminó ni entró en funcionamiento. La Obra A-1, ametralladora antiaérea está en una cota más elevada. Las Obra M-9 y M-10 son pelotones de morteros, usables como abrigo. También está la Obra O-4, Observatorio Puesto de Mando, excelente mirador al norte.


 










Ametralladora antiaérea


miércoles, 10 de agosto de 2022

 Pasarelas de Panticosa.

Panticosa es una población de 849 habitantes (2021) situada a 1185 m de altitud en la comarca del Alto Gállego, al norte de la provincia de Huesca, en el Valle de Tena junto a la confluencia de los ríos Caldarés y Bolática que descienden de las altas cumbres. A unos ocho kilómetros se encuentra el famoso balneario “Baños de Panticosa”, explotación termal desde época romana surgido en el siglo XIX, cuando alcanzó su mayor esplendor. Su economía ganadera se transformó debido al turismo, tanto de verano como de invierno. Aquí se encuentra la estación de esquí “Panticosa-Los Lagos” (grupo Aramón) a la que se debe la alta ocupación de su hostelería en el invierno.



En el pueblo, con caserío apretado de tejados de pizarra, destaca la iglesia de la Asunción, reconstruida en estilo gótico tardío del siglo XVI sobre la originaria del siglo XIII.

 


Sobre el río Caldarés se encuentra un puente que formaba parte del antiguo Camino Real que unía Panticosa con El Pueyo y Hoz de Jaca. En 1556, el Quiñón de Panticosa contrató su construcción a Beltrán de Betbedé, quizá en el mismo lugar que uno anterior, probablemente de madera, que aparece en la documentación del s. XV.

 



Al lado del puente, desde el aparcamiento, está el acceso a la estación de esquí, ya veterana, pasando a la izquierda. Si subimos en la telecabina, también en funcionamiento turístico durante el verano, veremos alejarse de nuestros ojos la población de Panticosa.




Pero el turismo necesita más alicientes, por lo que, desde hace poco, Panticosa cuenta con un elemento más, sus Pasarelas. El acceso se hace por el mismo puente de la telecabina, rodeándola siguiendo la señalización. Un sendero enlaza con un desvío que lleva al inicio de la ruta. En la información se indica que desde el puente hasta el inicio hay unos 15´.


La Ruta de las pasarelas tiene poco más de dos kilómetros y el siguiente perfil y características.

Al final del tramo de pasarelas existe la posibilidad de utilizar la Variante por el camino As Paúles, en lugar de ascender al Mirador. Perfil y características:



En el mapa pueden apreciarse los dos trayectos. En línea continua el que sube al Mirador, el más difícil, y la variante en línea discontinua.

 



El sentido de la marcha es único, por lo que sabemos que no habrá cruces con otras personas en la estrechez de la pasarela. A la hora reservada se inicia el primer tramo, de gran verticalidad, que pasa por la pasarela colgante ofreciendo una vista espectacular del río Caldarés, que rugirá 25 metros por debajo en otros momentos y que ahora, con poca agua, no pasa de un ligero murmullo.

 





La pasarela colgante nos lleva a la margen derecha del río en la que está el tramo más largo de las pasarelas, que cuentan con varios apartaderos para poder contemplar, sin cortar el paso, la sucesión de pozas esculpidas por el Caldarés en su constante trabajo. El abismo tira de nosotros y es el momento de comprobar la resistencia al vértigo. “Cuando miras un abismo, el abismo también te mira a ti” (Friedrich Nietzsche). “No hay que mirar al abismo, porque en el fondo hay un encanto inexpresable que nos atrae” (Gustave Flaubert). “La única forma de escapar del abismo es mirarlo, calibrarlo, sondearlo y descender a él” (Cesare Pavese).

 




No hacemos caso a Cesare Pavese y continuamos pensando que, quizá como dijo Demócrito, “No sabemos nada en la realidad, porque la verdad está en un abismo”. La situación actual hace que cobre actualidad la afirmación de David R. Brower: “Estamos al borde de un abismo y estamos cerca de perdernos irrevocablemente”. Tenemos que hacer frente a nuestro propio abismo emocional tomando como soporte a alguien que nos impulse a salir adelante. El abismo nos ha atraído, pero ya basta de pensar en él, que hoy es un día de vacaciones, no muy adecuado para la reflexión. Seguimos.

 





Al terminar las pasarelas se toma un sendero que nos lleva a una zona boscosa donde está el cruce que plantea las dos opciones para completar el recorrido. A la izquierda se prosigue el ascenso hacia el Mirador O´Calvé, pasando por dos búnkeres, vestigios de la Línea P construidos tras la Guerra Civil. Hacia la derecha sigue la variante que permite retornar a Panticosa por el camino de As Paúles y el barranco Bachato. Ambas opciones, especialmente la primera, pueden ser difíciles para ciertas personas.

 



La ruta se quiebra en un bravo paisaje. Seguimos por la izquierda, en un ascenso no tan ligero como dice la publicidad, y llegamos a los búnkeres, ecos de la guerra.




Hacia atrás, al otro lado del Caldarés, vemos las pistas de la estación de esquí trazadas en el verde intenso del frondoso bosque que tapiza la ladera. Los árboles hijos de la roca.


 

Poco después la subida, aunque breve, ocupa nuestro pensamiento hasta llegar al mirador panorámico desde el que se dominan unas espectaculares vistas del pueblo en primer lugar y, más allá, las montañas que lo rodean, montañas que limitan el horizonte del valle y sepultan su cresta en el cielo, testigos de tantas edades pasadas, imponentes farallones que vigilan y dominan el valle, las altas cumbres como guardianes del territorio: sierra de la Partacua/Telera, sierra de Tendenera/Tendeñera, valle del Caldarés y elevaciones más cercanas como A Cucuraza o Punta Pazera. 

El esfuerzo no ha sido mucho, pero aquí se tiene una sensación de plenitud, como en todas las cimas. El oleaje humano llega a la cima con la montaña repitiendo el eco de nuestro paso. Unamuno citó una frase de Obermann diciendo que jamás se podrá expresar el sentimiento de la montaña en una lengua hecha por los hombres de las llanuras, lo que se comprende bien estando aquí arriba, con aire alimenticio y luz vivificante, leyendo entre las cumbres y en los desfiladeros la lección eterna de la Naturaleza. La montaña achica a las personas, que sólo se engrandecen al pisar su cumbre.



Nosotros estamos haciendo un tipo de deporte, pero en la zona hay más.

 




Tras un descenso algo abrupto, se llega a otra zona de bosque, larga, cuya sombra se agradece en este agosto que arde, y a Panticosa, al lado del arroyo canalizado que baja con bastante fuerza.


En resumen, un muy agradable paseo que puede presentar alguna dificultad de movilidad para ciertas personas y con el añadido del vértigo de las pasarelas. No obstante, muy recomendable.