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miércoles, 15 de agosto de 2018


Santo Domingo de la Calzada: “Los Milagros del Santo”.



Presenciamos, rodeados por la noche, el último ensayo general de “Los Milagros del Santo”, obra en la que participa la población local y que recoge las esencias históricas y legendarias de este lugar tan vinculado al Camino de Santiago. Vamos a ser peregrinos de la historia. El escenario es la grandiosa plaza de España, con el edificio del Ayuntamiento como telón de fondo, como un gran retablo, magnífica escenografía que se completa con un acertado juego de luces.



Tras la presentación aparecen unos caballeros, sus escuderos e incluso Santo Domingo, que dan inicio a la obra. La aparición del Rey y el Corregidor escenifica uno de los momentos cumbres de la localidad, la concesión del título de Ciudad por Alfonso XI en 1333, que junto al buen gobierno y a la atracción de la tumba del santo hicieron posible la prosperidad de la población, que se había construido de Este a Oeste, como el Camino. Había sido gobernada por abades hasta 1250 cuando Fernando III la anexionó a la Corona de Castilla bajo régimen de realengo. Pedro I mandó levantar la muralla y aquí murió, en extrañas circunstancias, su sucesor Enrique II de Trastámara. La Historia va desplegando ante nuestros ojos sus largos tapices ocupando el espacio de la noche.



El protagonista indiscutible es Domingo García, peón y ladrillo de la Historia, cuya vida se representa a continuación. Había nacido en Viloria de Rioja en el año 1019 e intentó incorporarse a los monasterios de San Millán de la Cogolla y Santa María de Valvanera, donde destacó en muchas actividades pero de donde tuvo que marchar a la muerte de su padre, volviendo a Viloria. Posteriormente se retiró como eremita a un gran bosque de encinas en una zona cercana a la actual población hasta 1039, cuando empezó a colaborar con San Gregorio Ostiense, quien le ordenó sacerdote, y juntos construyeron un puente de madera sobre el río Oja. En 1044 murió San Gregorio, pero Domingo prosiguió solo los trabajos, vacunado contra el desaliento, convulsionado, en crepitación espiritual, con convicciones graníticas.



La representación continúa con el relato de sus actividades (las panaderas, limpieza del bosque, puente sobre el Oja, tambor orientador de los peregrinos en la noche, bandidos, capilla, camino, puente de piedra, hospital) y de sus milagros (un accidentado en el puente resucita, curaciones como a un niño). Se detalla especialmente la historia de la construcción del hospital y del pozo, y de las relaciones con Ayuela, de cuyo bosque tenía que cortar la madera valiéndose de una hoz de segar espigas, lo que figura en el escudo de la ciudad.



La población iba creciendo desde el pequeño campamento inicial y Domingo era ya muy conocido –había hecho el puente de piedra por donaciones-, hasta el punto que el propio Rey, Alfonso VI, le visitó en 1076 para manifestarle su apoyo, donarle tierras y privilegios y encargarle la supervisión de las obras viarias, especialmente puentes, en el Camino. Entonces contaba con la ayuda de su discípulo San Juan de Ortega y el objetivo seguía siendo el mismo, evitar a los peregrinos el rodeo desde Nájera a Burgos por Pancorbo trazando una línea recta por los Montes de Oca, por lo que es conocido como “el de la calzada”.

La Calzada se convirtió en un hito fundamental del Camino. Había roturado bosques, levantado puentes, hospitales y creado una Cofradía, pero al aumentar la población se necesitaba una iglesia adecuada. En la obra se narra el truco del cuero de buey en las negociaciones con Ayuela para conseguir el terreno necesario para la iglesia, que se empezó a construir a mediados del s. XII. La obra está resultando una buena crónica, también de los que manejan el arado, no sólo de los reyes.



Prosigue la representación refiriendo los conflictos que tuvo que superar, como con los pastores, y cómo mandó excavar su sepulcro sintiéndose ya mayor. Al morir, en 1109, fue enterrado en medio del campo para que los peregrinos dieran una vuelta a su alrededor en señal de reconocimiento, pero la ampliación de la iglesia y su conversión en catedral en 1232 incluyó en su interior el sepulcro.



Domingo pasó a la tradición y no fue olvidado, como temía una de las actrices. Un Parador de Turismo ocupa el lugar del antiguo Hospital de Peregrinos fundado por Domingo y sus milagros son recordados: curación de un caballero francés que fue poseído por el demonio, curación de un peregrino alemán que tenía una infección purulenta en los ojos, curación de un normando que recobró la vista al entrar en la catedral, vuelta a la vida de un peregrino atropellado por un carro de piedras tirado por bueyes que se habían descarriado a la entrada del puente –la procesión de la rueda se celebra cada 11 de mayo-.

El milagro más famoso, el del gallo y la gallina -de cuya historia es un recuerdo el gallinero gótico de la catedral-, se representa al final. Aparece por primera vez en un documento pontificio de Aviñón del año 1350, la historia es relatada en 1417 por el noble gascón Nompar de Caumont quien escribió “Voyage à S. Jacques de Compostelle” y, en 1495, un monje alemán, Herman Kónig, lo cita en sus impresiones del viaje.

Unos peregrinos alemanes con su hijo Hugonell, de 18 años, llegan aquí. La chica del mesón se enamora de él y se venga de su indiferencia metiendo una copa de plata en su equipaje y denunciándolo cuando se van. Según las leyes, es ahorcado. A la vuelta, los padres van a ver a su hijo que les dice que Santo Domingo le ha conservado la vida. Van a ver al corregidor, quien incrédulo les contestó que “su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina asados que él se disponía a comer”. Los animales saltaron del plato y se pusieron a cantar. ”Santo Domingo de la Calzada, que cantó la gallina después de asada”.



El Camino fue una excelente vía de difusión cultural, surgiendo casos similares en otros lugares, como en Barcelos (Portugal), asociados a otros santos e incluso al propio Santiago. La diosa Fama –equivalente romana de la griega Feme u Osa-, mensajera de Zeus, criatura alada, rápida, que se encargaba de que los hechos de los héroes fueran conocidos, que era una posible proveedora de inmortalidad al hacer recordar las hazañas de alguien después de haber muerto, ha presidido la representación y ha cumplido con su cometido, por lo que Santo Domingo de la Calzada será siempre recordado. Es la pervivencia de la historia. En la actualidad es Patrono del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, de la Tercera Edad, etc.



En esta población en la que permanece presente la palpitación del pasado, en la que asoma la historia por cualquier resquicio, hemos peregrinado, con el frío de la noche alrededor, hacia un esplendoroso pasado. Ha sido la posibilidad de un tiempo recobrado. Se dice a veces que la Historia vuelve y conviene apartarse para que pase de largo. No es éste el caso. Algo de ese pasado, hermoso pasado, aleteaba bajo el ropaje de los innumerables actores y permanecerá al otro lado del tiempo y de la Historia. En la paz de poscatarsis nos recogemos a una hora muy poco peregrina.

lunes, 13 de agosto de 2018


LA RIOJA. Camino de Santiago. 



Para este año tocaba el tramo Logroño-Burgos, en cinco etapas. El día anterior llegué a Logroño, magnífica ciudad como siempre, aunque está menos animada porque es época de vacaciones y lunes. Visita a la ciudad y a las calles Laurel, San Juan, etc., antes de pasar la noche en las claustrofóbicas habitaciones del Albergue Municipal, con mucho calor, donde no se puede dormir.



El alba va pintando conforme salimos de Logroño, en esta primera etapa hasta Nájera, acompañados por las omnipresentes viñas, entre las que un tractor esparce líquido pulverizado poco antes de La Grajera, embalse y gran centro recreativo entre pinos. Una subida no muy fuerte nos deja en el Alto de la Grajera, donde, como en otros lugares, se aprovecha la valla metálica para poner cruces hechas con palos.

En la bajada se aprecia bien Navarrete, acurrucado en el cerro Tedeón, aunque antes se pasa por las ruinas del antiguo hospital de peregrinos “San Juan de Acre”. En el pueblo, blasones de antiguas casonas, una gran iglesia y el monumento a los alfareros, importante y antigua actividad. En la salida, en el cementerio, se colocó la portada del antiguo hospital, con un capitel que narra la lucha entre Roldán y Ferragut -al igual que los de Navarra (Estella, Villamayor de Monjardín, etc.)- y una placa en memoria de una peregrina aquí fallecida.



Seguimos entre viñas. En esta ocasión no voy a Ventosa –cuyos habitantes son conocidos como “lechoneros” por su comercio con el ganado de cerda-, que queda a la izquierda, en alto, y que desarrolla una propuesta artística “1 kilómetro de arte”, en la que participan reconocidos artistas, vecinos y peregrinos para “trasladar el arte al entorno natural”. La mañana comienza a arder y la vegetación de encina y las tierras rojizas nos acompañan hasta el Alto de San Antón, donde hay  montoncitos de piedras colocadas como en otros lugares, que simbolizan algún peso psicológico del que el peregrino se va desprendiendo. En la bajada se divisa Nájera a lo lejos, pero antes se pasa por el Poyo de Roldán, en término de Alesón, lugar del combate entre Roldán y el gigante sirio Ferragut, que terminó con la muerte de éste tras dura batalla.



Apretado por la sed, llego con ansioso alivio a Nájera, atravesada por el río Najerilla, que presenta el aspecto impecable de siempre. En el año 1044, el rey García Sánchez III salió a cazar y vio cómo su halcón perseguía a una perdiz hasta una cueva en la pared de la montaña, donde encontró un lucernario, una campana y un jarrón con un ramo de azucenas blancas. Más tarde fundó aquí un oratorio. En la visita a Santa María la Real se recuerda la leyenda y se admiran los distintos elementos, ahora convenientemente restaurados de los largos surcos del descuido en un proyecto denominado “El color y la piedra” que ha incluido la Virgen de la leyenda –Retablo Mayor-, la Virgen de la Rosa –cueva-, el Panteón de Infantes –antigua Real Capilla-, Panteón Real –muerte y fama, donde escuchamos lo que nos quieran contar los muertos convertidos en piedra- y los retablos.



Aquí somos peregrinos de la historia, pero, además de la visita a Santa María la Real, aprovecho para ver a mi compañero de la tertulia del jacuzzi en el gimnasio, Domingo, y a su familia. La luz, que empieza a desvanecerse, va dejando vacío el cielo. Muere el atardecer y comienza la noche. La noche de verano sustituye al día. El Albergue Municipal –bien, sencillez en algunos aspectos pero aire acondicionado en el dormitorio, donativo- nos acoge por la noche.

Cuesta abandonar Nájera. Es bonito, se preparan fiestas y hay una dura subida para empezar, en frío, en la límpida y fresca paz de la aurora, porque el día no ha levantado todavía. Ha cambiado el tiempo, es más fresco y hay más nubes. Lo que no ha cambiado son las tierras rojas y las viñas, entre las que llegamos a Azofra y su “fuente de los Romeros” (así se llamaban a los que iban a Roma, Palmeros a los que se dirigían a Jerusalén, pero Peregrinos a los de Santiago de Compostela). En su picota, ahora urbanizada, hay un joven atendiendo a su hijo pequeño en una estampa conmovedora.

Aunque siguen las viñas, el cereal va aumentando su extensión. El camino se separa nuevamente de la carretera y asciende hasta Cirueña, donde el verde de su campo de golf destaca del amarillo de los rastrojos y del distinto verde de su dehesa de roble rebollo. Una gran urbanización parece toda en venta, por la cantidad de letreros. Café en el pueblo, donde en el año 960 el Conde Fernán González, perseguido por el Rey de Pamplona, se acogió a “Lugar Sagrado” en la iglesia, y al que le fue concedido en el año 972 el primer “Fuero Vecinal” de La Rioja. Cerca queda el Alto de Matacón, con encina y roble en el monte y cereal en el resto.

En la bajada se ve Santo Domingo de la Calzada cuyo magnífico albergue –ss. XVI-XVIII- la Casa de la Cofradía del Santo –fundada por Santo Domingo en el s. XI- es de lo mejor del Camino, y donde coincido con Domingo y Javi, catalanes, de piernas y botas de siete leguas. Visita: Catedral, calle Mayor (antigua Carnicería, casa de los Ocio, etc.), murallas s. XIV, Plaza de España (extrarradio, antiguo mercado y plaza de toros, s. XIV, se crea con la construcción de la muralla, Ayuntamiento barroco s. XVIII, escudos de los Borbones y de la ciudad, escultura de la diosa Fama), otras plazas, Paradores, etc., hasta la luz mortecina del crepúsculo. Por la noche, nos invitan a los peregrinos a presenciar el último ensayo general de “Los Milagros del Santo”, que se va a representar en el fin de semana.



La tercera etapa, que nos va a llevar hasta Belorado, la iniciamos cruzando el Puente de Santo Domingo sobre el río Oja, sin agua, cuando la aurora comienza a colorear el horizonte. Pasamos por la Cruz de los Valientes, conmemoración de la solución a una discrepancia entre Santo Domingo y Grañón por la posesión de una dehesa de roble entre ambas poblaciones. Para evitar una guerra más extensa, contendieron dos caballeros, uno por cada lugar, la mañana de San Juan, en la dehesa convertida en Campo de la Verdad. Venció Martín García, robusto mozo grañonero.

Ha desaparecido el viñedo. Ahora, además de cereal hay girasol, lo que acentúa los contrastes cromáticos. Pasamos junto a la iglesia de San Juan Bautista (ss. XV-XVIII, pila bautismal románica), en Grañón. Poco después, se abandona La Rioja y se entra en Castilla y León, en la provincia de Burgos.



jueves, 6 de noviembre de 2014

Santo Domingo de la Calzada-Belorado

Nos levantamos a las 6:00 pero ya hay mucha gente en pie. Las amables hospitaleras nos despiden. El bar La Piedra no ha abierto todavía, pero no esperamos. Cruzamos el puente sobre el río Oja. Desaparecen los viñedos, la tierra roja y las líneas quebradas en el horizonte. A 2,5 kilómetros, una enorme cruz, la de los Valientes, en recuerdo de un juicio de Dios, uno de tantos en la edad Media, para poner fin a la disputa de unas tierras entre Santo Domingo y Grañón, nacida como plaza fuerte sobre el cerro Mirabel y con estructura urbana cuadriculada. Desayuno viendo el encierro de Pamplona.

Las aldeas se desperdigan, parecen ser convidadas de piedra en el paisaje de cereal y monte, quedan ancladas en el tiempo mientras los peregrinos continúan su viaje. Entramos en la provincia de Burgos. En Redecilla del Camino hay un puesto de información, pero no se puede ver la espléndida pila bautismal porque la iglesia está cerrada. Podría haber más atención a los peregrinos porque, durmiendo en Santo Domingo, siempre se llega aquí demasiado pronto. El puesto de información podría estar en la iglesia, para que pudiera estar abierta. Hacemos una foto con una chica rubia que conocimos el primer día en Puente la Reina y seguimos la estructura urbana sobre la sirga.

Pasamos Caltildelgado y llegamos a Viloria, cuna de Santo Domingo. En el albergue nos dan un sello adhesivo y conocemos a Rafaella, de Torino, y a Antonella, de Perugia, que hacen etapas cortas. Quedamos en vernos en Belorado, aunque dudan. El paisaje sigue igual, cereal en el llano y monte a la izquierda. Sol, calor, alguna nube.

Belorado. Pasamos el primer albergue y no se ve a nadie. Llegamos al pueblo. En el albergue parroquial pone un letrero de completo. Vamos al Cuatro Cantones, que está bien, aunque con pocas duchas y aseos. Nos alegramos al encontrar de nuevo a Ángel y Adrián. Pepe tiene una ampolla en un pie y Ángel se ofrece a curarla. Vamos a la farmacia para comprar lo que nos falta cuando vemos el centro de salud. El médico de urgencias “le hace una ventanita a la ampolla” y la cura.

Pepe piensa en cómo estará mañana. Si va mal, puede coger el autobús en Villafranca-Montes de Oca, no por falta de ánimo sino por traición del cuerpo. Toda nuestra vida es un deseo de atravesar nuestros límites. Soren Kierkegaard: “También yo he sentido la inclinación a obligarme, casi de una manera demoníaca, a ser más fuerte de lo que en realidad soy”.


Belorado es posible asentamiento romano. Su estructura, al contrario que la mayoría, es N-S, a lo largo de la calzada que, por el estrecho valle del Tirón, venía desde Briviesca, quizá porque la población estaba algo desarrollada cuando Santo Domingo canalizó el Camino. En el farallón calizo, con ruinas de un castillo, que cobija al Tirón hay cuevas que sirvieron de eremitorios durante la época visigótica.

Comida en un restaurante de la plaza donde comimos con Benjamín y con Valentín, y aquí volveremos a cenar, con el fondo ya ganado por las sombras. Cuando la tarde sigue extinguiéndose, el sol poniente ilumina la anchura de la plaza con una luz anaranjada. El día, apenas dorado, se extingue en la noche que se acerca. El cielo palidece sobre nosotros. La luz se tiñe de un color entre violeta y rosado.

En el jardín del albergue, con un apartado con gallinas y conejos, entre olivos, charlamos con los polacos, con Ángel y Adrián, con los tíos, etc. En la penumbra del día declinante, en la tranquilidad de la última hora de la tarde, momento propicio para sondear nuestros corazones, comentamos el esfuerzo de Adrián y cómo la vida, y el Camino, tienen distintos significados para cada persona. Las estrellas bordan un cielo negro, sin luna, cuando nos vamos a la litera, al dormitorio silente, rodeados por la noche impenetrable, cercados por la negrura, mirando a la noche cara a cara con los ojos invadidos de sueño.

Ventosa-Santo Domingo de la Calzada.

La de ayer fue una etapa larga, 29 km, pero hoy la vamos a superar, 35 km. Nos despertamos a las 5:00, pero otros ya están levantados. Enfado de la hospitalera. Salimos de noche utilizando las linternas. A poco pasamos por una zona de hitos como antes de Puente la Reina de Huesca: son pequeñas columnas de piedras que simbolizan el lastre que dejan los peregrinos a su paso por aquí. En el alto de San Antón había un convento y cuenta la leyenda que los malhechores salían al paso de los peregrinos disfrazados de monjes.

Dos kilómetros antes de Nájera hay un otero, el poyo de Roldán, cuya cumbre es llana y en la que se sitúa una hazaña de Roldán. Según la leyenda, acudió a Nájera para liberar a caballeros cristianos encerrados por Ferragut y lo descalabró de una pedrada. Leyendas que vienen del fondo de las edades épicas, historias y leyendas que nadie dice creer y que sin embargo perviven en la memoria de generaciones como la única crónica del pasado.


En Nájera vemos un bar abierto. Desayuno. Cruzamos el río Najerilla y vamos hacia la colegiata. Leyenda sobre el origen de la localidad: el rey García Sánchez IV, de caza, penetró en una cueva donde encontró una imagen de la Virgen. Allí se levantó el monasterio de Santa María la Real, para convertirse en panteón de los reyes. Su nombre tiene ascendencia árabe, ya que Naxera significa “entre peñas”. Sancho III el Mayor de Navarra la convirtió en capital, haciendo pasar por ella el Camino, desviándolo del Norte. Tiene un entramado urbano medieval, alargado, entre el cerro y el río.

Salida en subida, entre pinos y cereal, menos vides y algo de regadío. En Azofra, de urbanismo jacobeo, vemos la Fuente de los Romeros. Un crucero marca el límite con Alesanco. El Camino es despejado, sin árboles, sin sombra. Todo está lleno de sol. Hay regadío, patatas, y menos vid. La carretera cercana está en obras. Subida a Cirueña. Aquí fue apresado, según su cantar, el conde castellano Fernán González por tropas navarras tras la batalla de Valpierre. Poco después el alto de Matacón nos pone a la vista de Santo Domingo, que yace en la llanura. Los cuerpos avanzan por sí mismos, sin intervención de la voluntad. Comemos fruta porque no pueden despreciarse las servidumbres del cuerpo.


El albergue municipal está muy bien. Es amplio y nuevo. Los servicios son muy completos y tiene jardín. Los amabilísimos hospitaleros son Helena, de Barcelona, y Celestino y Encarnita de Torrejón de Ardoz. En el segundo piso las habitaciones tienen nombres de pueblos cercanos: Nájera, Cirueña, etc. Nos asignan Azofra, 20 camas. Una chica eslovaca, Maika, nos cambia la cama para estar cerca de su novio, Lukas.

Crucero, límite con Alesanco.

Paseo corto. Comida en restaurante Piedra. Hablamos con Mamen, la amable dueña que nos dice que es el único sitio donde puede desayunar el peregrino porque abren a las 6:30. Siesta. Tarde y paseo.
Población nacida para el Camino, debida a Domingo, patrón de Ingenieros de caminos, canales y puertos. Leyenda sobre el gallinero: a finales del siglo XIII, una familia alemana llegó camino de Santiago. El hijo, Hugonell, de 18 años, rechazó los amores de la hija del mesonero, que, en venganza, introdujo un vaso de plata en su equipaje para acusarle de robo. El joven fue ahorcado, pues tal era la condena según el fuero de Alfonso X el Sabio. Los padres, a la vuelta de Santiago, pasaron a despedirse de su hijo, y éste les contó cómo Santo Domingo le había sostenido salvándole la vida. Fueron a ver al corregidor y éste les contestó que estaba tan vivo como el gallo y la gallina que se comía en ese momento. Las aves se incorporaron y cantaron. Desde entonces el refranero dice: “Santo Domingo de la Calzada, que cantó la gallina después de asada”.


Aquí hemos reencontrado a la catalana e hijos, a los polacos, masajista, religioso, policía, etc. A un mexicano que deplora la inseguridad en su país, todo le parece bien. Con esa conformidad entramos en el sueño reparador.

Viana-Ventosa.

Con Pepe hemos hecho las etapas Puente la Reina-Estella-Los Arcos-Viana. Hemos visto el letrero ultreia, del latín ultra –más allá- y eia –interjección para mover, saludo entre peregrinos tomado del Codex Calixtinus, que viene a significar “Vamos más allá” y que, actualmente, ha sido sustituido por “¡Buen Camino!” Hemos ido coincidiendo con Ramón –que fue hospitalero en Grañón-, Ángel y su hijo Adrián, unos catalanes, etc.

Hemos pasado por lugares concretos como la ermita de Nuestra Señora del Poyo, dejando a la derecha de la marcha la población de Bargota, de la que hemos visto unos carteles anunciando unas jornadas de magia. Johanes de Bargota, cura de la población, desarrolló sus oficios como hechicero. También perdura la leyenda de Endregoto, la cieguecita de Viana, que murió en la hoguera en Logroño, acusada por la Inquisición del homicidio del Conde de Aguilar, que buscaba la eterna juventud y se puso en sus manos: “En menos de una hora le descuartizaron, machacaron sus huesos, hiciéronle tajadillas y echaron el picadillo en la redoma grande”. También hemos pasado, después del barranco Mataburros, por el asentamiento de Cornava, una de las ocho aldeas reunidas en 1219 para poblar una plaza fuerte de nueva creación: Viana. Aquí paramos pero vemos que nos hemos quedado cortos.


Al día siguiente nos levantamos a las 5:45, los primeros. El camino es llano. No nos desviamos al embalse de las Cañas, a la izquierda. Vamos por el pinar y después hay una pista ciclable hasta Logroño. A la izquierda dejamos el Cerro Cantabria, con olivos y vides, en el que se asentó la ciudad celto-romana. Pasamos por el puesto de Felisa que nos había comentado Ramón. Tras cruzar el puente de piedra sobre el Ebro, construido por Alfonso VI a finales del siglo XI y reparado por Santo Domingo y San Juan, entramos en Logroño, citado en el Liber Peregrinationis como estación y “de aguas sanas y rico en pescado”, importante porque desde Estella los ríos han sido venenosos. Es ciudad hija del Camino, nació para protección de los peregrinos y creció hacia el Oeste con estructura caminera, rectangular, cerrada por murallas de las que sólo se conserva la torre de Revellín. La Rúa Vieja está vacía y el albergue cerrado. En el único bar abierto, frente al Parlamento, nos reunimos con los polacos y otros. Pincho.

Salida por el parque de San Miguel. En el Pantano de la Grajera, rodeado de pinar, hay mucha gente y animación, mucho sol. Ascendemos el Alto de la Grajera y bajamos, con suave brisa, hasta las ruinas del hospital de San Juan de Acre, siglo XII. Ya se ve Navarrete, en alto. Debió ser en el último tercio del siglo XII cuando la ruta pasó por aquí; antes iba un poco al Norte. No conserva ni castillo ni murallas, pero, en su parte alta, se mantiene la estructura medieval y una puerta dedicada a Santiago. Aquí terminaba nuestra prevista etapa. Aunque caminando se ensanchan las distancias y el camino se despliega ante las botas, nuestros cuerpos elásticos y nuestras caras de salud, con algo de cansancio adherido a la ropa polvorienta, nos animan. El albergue está cerrado todavía. Decidimos seguir a Ventosa porque es pronto, pero ya no veremos a Ramón con el que hemos quedado aquí. A la salida, en el cementerio, vemos el pórtico del hospital de San Juan de Acre, uno de cuyos capiteles cuenta el combate ecuestre entre Roldán y Ferragut, copia, como todas, del que esculpió Martín en Estella. El sol es más fuerte al pasar por la Cooperativa vitivinícola de Sotés, a la izquierda. Paramos un momento en una sombra escasa, rodeados de vides. Hay poco cereal.

Pórtico del hospital de San Juan de Acre en el cementerio de Navarrete

Reemprendemos el camino bajo el sol ardiente de la mañana, con el paisaje inmovilizado bajo los rayos ardientes. El camino va al lado de la carretera, pero nos desviamos a la izquierda, en subida, hasta el pueblo. Ha sido etapa más larga. El albergue está muy bien, con buenas instalaciones, suficientes, e incluso jardín. Llegan los polacos y otros y se llena. Los peregrinos nos alistamos en la cola de las duchas, nos encadenamos en reatas sudorosas. Ajetreo en la cocina, jardín ocupado, tendedero lleno. La mayoría son extranjeros, incluso la hospitalera. Animación. No hay gente lacónica y dada a la melancolía.

Comida en restaurante-mesón, casi solos. La dueña, muy atenta, nos cuenta que cierra en octubre, da cursos de cata de vinos, va a Sudamérica a abrir comedores, etc. Quedamos que volveremos a cenar. Siesta. Paseo por la tarde: recorremos las calles, vemos al antiguo hospital de peregrinos y subimos a la iglesia, hito visual importante. Compramos fruta y unos yogures voladores que se comerán otros. Unos alemanes y unas brasileñas han hecho cena y les sobra, así que van reclutando gente que se la coma. Ya no volvemos al mesón. Nos invitan a pasta, tomate, queso, ensalada, que pagamos fregando la vajilla.


Pepe va durmiendo algo mejor, pero aún escucha la radio con avidez hasta las tantas, buscando un alivio a las fatigosas meditaciones del insomnio. Mañana, ¿hasta Santo Domingo? La luna, oculta entre las nubes, nos niega su hermoso resplandor cuando nos sumergimos en la quietud silenciosa del dormitorio.