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lunes, 10 de agosto de 2026

Eclipse

Ahora vemos el eclipse como una actividad cultural lúdica, una fiesta, que incluye viajes, turismo, etc., con lo que tiene un importante componente económico. Pero no siempre ha sido así. Los eclipses exaltaron las creencias y las cosmovisiones de muchas culturas a lo largo del tiempo, puesto que eran un símbolo cultural, al alterar en pleno día el orden visible del mundo, hacer desaparecer el Sol -fuente de vida -, provocar cambios de temperatura, luz y comportamiento animal, y terminar de forma repentina tal como comenzó. 

Un eclipse total de Sol no es más que un alineamiento muy preciso entre el Sol, la Luna y la Tierra, de muy corta duración, pero que han dejado -algunos- una huella que ha influido en decisiones políticas, ha inclinado el desenlace de una batalla, ha definido el curso de una expedición y ha ayudado a comprender mejor varios aspectos del universo. La alineación perfecta de los cuerpos celestes hace que parezcan, desde nuestra perspectiva, de igual tamaño, creando un espectáculo fascinante.  La singularidad ocurre debido a que el sol es 400 veces más grande que la Luna, pero está 400 veces más lejos de la Tierra. Antes de comprenderse su mecánica, era lógico interpretarlo como intervención divina, advertencia, castigo, etc. El miedo hacía que, para descargar la incertidumbre cuando el sol desaparecía sin saberse por qué, se buscase un culpable.

A lo largo de la historia, la reacción humana al fenómeno astronómico ha pasado por varias fases, desde la interpretación de que el astro estaba siendo atacado por dragones, lobos, serpientes o demonios, hasta la consideración de que los dioses hablaban y podían anunciar muerte, guerra, hambre o pérdida de legitimidad del gobernante. El esquema es casi universal, un ser del caos ataca al astro que mantiene el orden del mundo, y la comunidad trata de espantarlo mediante ruido, plegarias o rituales. Mas tarde, el hombre aprendió a predecirlo y sacerdotes, astrónomos y gobernantes utilizaron ese conocimiento como poder.

El asombro y miedo que provocaban los eclipses hacía que, desde tiempos inmemoriales, fueran vistos como presagios o mensajes divinos, por lo que las narrativas a su alrededor abundan en la mitología mundial.  Asirios y babilonios lo interpretaban como un mensaje funesto para el monarca, por lo que se elegía un “rey sustituto” para esos días. Cuando había pasado, se consideraba que los dioses habían descargado su ira, por lo que el sustituto era ejecutado. El que es considerado como el eclipse más importante de la historia tuvo lugar en el año 763 a.C. en Mesopotamia. Su importancia radica en que permite fechar toda la historia antigua, ya que no fechaban con números, sino con el nombre del funcionario y el eclipse se registró en un año concreto.


Uno de los grandes textos del confucionismo, el Shujing, relata un episodio en el quinto año del reinado del emperador Zhong Kang, el eclipse solar del 22 de octubre de 2136 a.C., que costó la vida a los astrónomos de la corte imperial, Hi y Ho, por no predecirlo y causar confusión en la corte. En la tradición china, el eclipse se explicaba como el ataque de un dragón que trataba de comerse el Sol o la Luna. Para ahuyentar al animal se golpeaban tambores y se producían grandes estrépitos.


Mapa chino del siglo VII que muestra las constelaciones del Polo Norte.

 





En la mitología hindú, el demonio Rahu consiguió beber fraudulentamente el néctar de la inmortalidad. El Sol y la Luna lo denunciaron y Vishnú le cortó la cabeza. Como la cabeza ya era inmortal, siguió persiguiendo a ambos astros y, cuando logra tragarlos, se produce un eclipse. Como Rahu carece de cuerpo, el Sol o la Luna reaparecen poco después. Aquí el eclipse no es solo una ocultación, es una venganza cósmica repetida.

 



En Vietnam y otras tradiciones asiáticas, los animales devoradores son un gran sapo, una rana, una serpiente o un perro celestial.

En la mitología escandinava, dos lobos persiguen por el cielo al Sol y a la Luna. Sköll corre tras el Sol y Hati tras la Luna. Un eclipse podía entenderse como el momento en que uno de ellos alcanzaba finalmente a su presa. En el Ragnarök, el orden cósmico se derrumba y los astros son devorados definitivamente.

Posible fecha calendárica donde del eclipse solar de 1508 en el valle del Mezquital, Hidalgo, México.

Para los mexicas, un eclipse significaba que el orden del universo estaba amenazado, el sol era atacado por las sombras y necesitaba fuerza para continuar su viaje por el cielo. Esa fuerza eran sacrificios humanos, que ya formaban parte central de su religión. El mundo presente era el Quinto Sol, una era destinada también a desaparecer. El eclipse podía sugerir una interrupción de la energía solar y, por tanto, el posible regreso del caos. Algunas fuentes coloniales describen miedo, llanto, sacrificios y la preocupación de que seres monstruosos descendieran durante la oscuridad.

El caso maya es especialmente interesante porque combina angustia religiosa y ciencia astronómica. Tenían tablas (Códice de Dresde) que servían para anticipar eclipses solares y lunares, considerados señales de peligro, sufrimiento o perturbación. También relacionaban los ciclos lunares con su calendario ritual. En algunas representaciones mayas, el Sol eclipsado aparece asociado a seres serpentiformes, mandíbulas, oscuridad, muerte o destrucción.

El Sol, Inti, era una divinidad central del Estado inca y estaba estrechamente ligado a la legitimidad del soberano. Un eclipse podía interpretarse como señal de que Inti estaba irritado, enfermo o amenazado. Las crónicas coloniales hablan de ayunos, lamentaciones, sacrificios de animales y consultas a adivinos. No parece que el eclipse fuera venerado en sí mismo: se trataba más bien de una crisis en la relación con la divinidad solar, que debía repararse mediante ceremonias.

No todas las culturas vieron el eclipse como catástrofe. Entre los navajos, por ejemplo, se ha interpretado tradicionalmente como un momento de recogimiento y respeto, durante el cual conviene suspender actividades y evitar mirar el fenómeno. Entre otros pueblos, el eclipse podía representar un encuentro, matrimonio o reconciliación temporal entre el Sol y la Luna.

En la mitología de África Occidental, el pueblo fon creía que la diosa creadora Mawu-Lisa se dividió en un dios Sol (Lisa) y una diosa Luna (Mawu), y explican el eclipse como un acto sexual. Los jukun pensaban que el Sol atrapaba a la Luna y tocaban tambores para la liberara.

En la Grecia arcaica, el poeta Arquíloco, probablemente impresionado por el eclipse del año 648 a. C., escribió que ya nada debía considerarse imposible después de que Zeus hubiese convertido el mediodía en noche. Heródoto cuenta además que un eclipse solar, previsto por Tales de Mileto, sucedido en el año 585 a.C., interrumpió una batalla entre medos y lidios, que habitaban en lo que hoy es Turquía e irán, respectivamente: al oscurecerse el cielo, interpretado como señal divina, ambos ejércitos dejaron de combatir e hicieron la paz. Los cálculos modernos confirman ese eclipse.

Autores romanos relacionaron fenómenos celestes -oscurecimiento, cometas y prodigios- con la muerte de Julio César. No todos ellos fueron eclipses astronómicos reales, pero en la literatura histórica romana la desaparición o alteración del Sol se convirtió en una forma de expresar que la muerte de un gran gobernante había desordenado el universo. Eran una señal de advertencia, aunque no necesariamente negativa. Plutarco asoció el nacimiento de Rómulo, la fundación de Roma y su muerte con tres eclipses solares, lo que no es posible con los cálculos astronómicos modernos.

Ilustración de las obras astronómicas de Al-Biruni, explicando las fases de la Luna en relación con la posición del Sol.

También las religiones se ocuparon del tema. En el judaísmo (Talmud) se describen como malos presagios. El cristianismo cuenta que la tierra se oscureció durante la crucifixión de Jesús, lo que se interpreta, al no poder ser un eclipse, como signo cósmico de duelo. Así se ha reflejado en las pinturas. El islam no admite la divinidad del Sol y la Luna, ni considera los eclipses como un presagio, ya que no tienen relación con la vida y muerte terrenales. Mahoma aconsejó orar durante los eclipses.

                            Cristo crucificado, José de Ribera, Museo de Bellas Artes, Vitoria.




Algunos eclipses tuvieron unas consecuencias importantes. En 1504, Colón y su tripulación, varados en Jamaica y necesitado de alimentos, sabía por sus tablas astronómicas que se produciría un eclipse lunar y lo usó para asustar a la población local y obtener lo que quería.


 

En el Libro de los Milagros de Augsburgo, una de las láminas recoge con bastante realismo el eclipse total de Sol de 1483, acompañado por la plaga de langostas que inundó Italia durante ese mismo año.

Durante siglos, los eclipses solares totales constituyeron la única oportunidad de estudiar la misteriosa corona solar. Solo la invención del coronógrafo por Bernard Lyot en 1930 permitió observarla de manera rutinaria. Se había visto en la India en 1868, con un instrumento nuevo, el espectroscopio. Cada elemento químico emite luz en longitudes de onda características y una línea amarilla debía pertenecer a un elemento desconocido. Se le llamó helio, en honor a Helios, el dios griego del Sol. En 1895 se consiguió aislar, lo que confirmó a los astrónomos.


Un ejemplo notable es el eclipse solar de 1919, que permitió confirmar la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein (1915), marcando un punto de inflexión en la ciencia y nuestra comprensión del universo. Este evento demostró que el campo gravitacional del Sol desvía la luz de las estrellas, un concepto revolucionario en su momento.


La importancia de los eclipses trascendió al campo del arte y la arquitectura. En distintas regiones del mundo, se construyeron monumentos que funcionaban como observatorios astronómicos. Ejemplos paradigmáticos son Stonehenge en Inglaterra y el templo de Kukulkán (Chichén Itzá), en México. A un nivel más sencillo, también se representaron en petroglifos.



                                                    Petrograbado de Aspeberget, Suecia

Historia de Eclipses Solares en España (1905-2026):

30 de agosto de 1905 (Burgos, la totalidad duró más de 3 minutos); 17 de abril de 1912 (eclipse anular en el sur); 2 de octubre de 1959 (eclipse total en Canarias); 11 de agosto de 1999 (el “casi total” europeo); 3 de octubre de 2005 (eclipse anular en Madrid y Valencia. Se vio el “anillo de fuego” durante más de 4 minutos); 20 de marzo de 2015 (eclipse parcial desde toda España); 12 de agosto de 2026 (eclipse total en el norte de España).





El del día 12 de agosto de 2026 será el primer eclipse total visible desde la península Ibérica desde 1905. La franja de totalidad pasará por el norte de la Comunidad de Madrid, y su duración será de entre 30 y 90 segundos. Inicio de la parcialidad: 19:30 h. Fase de totalidad: 20:32 h. Puesta de Sol: 21:17 h.

 



El eclipse del 12 de agosto de 2026 se prolongará en el excepcional Trío de Eclipses, con otros dos el 2 de agosto de 2027 y el 26 de enero de 2028. Cada uno tendrá características y visibilidad distintas según la fecha y la localización geográfica.


 Un eclipse total de Sol cruzará el sur de España por el estrecho de Gibraltar durante la mañana del 2 de agosto de 2027. La totalidad se verá sobre todo en zonas como Cádiz, Ceuta o Málaga, donde durará hasta casi 5 minutos. Desde la Comunidad de Madrid se podrá ver un eclipse parcial con un oscurecimiento aproximado de hasta el 70 %.





Aplicaciones interesantes:
www.trioeclipses.es (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades).
IGN Eclipses
Solar Eclipse Timer
Eclipse Guide
Peak Finder
Stellarium y SY tonight (planetarios de bolsillo).

Los eclipses también tienen el poder de unir a las personas, recordándonos, de paso, nuestra pequeña presencia en el vasto cosmos. Disfrutemos, aunque todos no seamos umbráfilos (amantes de las sombras) o cazadores de eclipses.



 

 

martes, 1 de agosto de 2023

 El puente abandonado por el río


Talamanca del Jarama
es un municipio de la Comunidad de Madrid en el límite con Castilla la Mancha, situado en la comarca de la Campiña del Henares y en el tramo medio del río Jarama, en la vertiente meridional del sistema Central a una altitud de 654 msnm. El territorio está compuesto por materiales sedimentarios, detríticos, procedentes de la destrucción de las rocas ígneas y metamórficas de la sierra de Guadarrama, que se presentan como rocas (cuarcitas y pizarras del cuaternario) y sedimentos en forma de limo, arenas y arcillas del terciario-cuaternario. 

El perfil transversal del río presenta una margen izquierda compuesta por arcillas y arenas terciarias rojizas, cubiertas de cuarcitas (Cuaternario) y la margen derecha con cerros de materiales terciarios rojizos. Bajo el puente se observan los sedimentos actuales del río, con cantos de cuarcita, iguales a los del escarpe a la izquierda, por donde debió discurrir el río antes de excavar el actual valle.

 

No parece haber habido, según las excavaciones, un asentamiento estable hasta la ocupación romana, aunque se han descubierto necrópolis de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro. El topónimo tiene origen hidrónimo y derivaría Talamantia-Talamantica-Talamanca, del mismo modo que Salamantia-Salamantica-Salamanca, que también era hidrónimo. La leyenda atribuye otro origen en referencia a la reina árabe Tala, que era manca.

La Talamanca romana se encontraba en la confluencia de dos vías de comunicación, la Plasencia-Caesada, por el sur del sistema Central, y la Complutum-Nova Augusta. De esta época dataría el llamado puente romano, quizá del s. I o II.

En el periodo visigodo fue una ciudad de cierta relevancia, de la que se conservan una necrópolis, restos de un ábside y el inicio de una nave. Quizá su nombre fuera Armántica y estuviera amurallada.

En la época andalusí se convirtió en un núcleo urbano y militar importante de la Marca Media, que defendía Toledo, en la ruta que enlazaba Córdoba con Toledo y Zaragoza. Se fortificó en el siglo IX, en tiempos del emir Muhamad I, y se amplió la muralla en el s. X, en recintos concéntricos. Se incluía en la Vía del Jarama, que enlazaba con el puerto de Somosierra. En el siglo IX ya tuvo que soportar ataques cristianos, de Ordoño I de Asturias y de Alfonso III, y lo mismo en el siglo X. Pasó a manos cristianas en el siglo XI: asalto de Fernando I en 1062 y entrada de Alfonso VI en 1079. La Comunidad de Villa y Tierra se constituyó como un alfoz sobre el antiguo “Iqlim” musulmán y el resto de las poblaciones quedaron para la Comunidad de Uceda.

 

Fue territorio de frontera en el siglo XII, siendo saqueada en alguna ocasión, y alcanzó su esplendor en el siglo XIII bajo el Arzobispado de Toledo. A ese momento corresponden la iglesia de san Juan Bautista, de finales s. XII o principios s. XIII, y el ábside de los Milagros, mediados s. XIII. El cobro de los derechos de pontazgo contribuyó a la prosperidad.

En el siglo XIV pasó a la familia Mendoza y en el XV tuvo su primera etapa de decadencia por la menor actividad de la ruta de Somosierra. En el siglo XVI fue señorío laico y se fragmentó. El siglo XVII vivió otra época de decadencia, en la que los monjes de la Cartuja de El Paular fundaron un complejo agrario. En 1833 se integró en la provincia de Madrid. La desamortización afectó al 25% de su término.  A principios del s. XX la filoxera acabó con las viñas y quedaron abandonadas las bodegas, incluidas las de la Cartuja. Durante la Guerra Civil revivió su pasado como zona de frontera, aunque quedó al margen de las grandes batallas. La recuperación llegó a partir de 1960 y, especialmente, ya en el s. XXI. 

Posee un rico patrimonio histórico-artístico que incluye restos románicos y mudéjares, dentro de un recinto medieval totalmente amurallado (Puerta Sur o de la Tostonera, Puerta del Este o principal, varios torreones y lienzos). Los monumentos importantes son el ábside románico de la iglesia parroquial de San Juan Bautista (ss. XII-XIII, estilo segoviano, bóveda de horno reforzada por nervios triples, pila bautismal, restos de yeserías mudéjares), el ábside de los Milagros (El Morabito, románico-mudéjar, s. XIII). También conserva edificios con el aspecto del siglo XVII, aparecidos en numerosas películas, como la Cartuja (s. XVII, gran puerta adintelada con sillares, frontón curvilíneo, bodega, capilla) o la Casa Consistorial (antiguas caballerizas del Duque de Osuna). En las inmediaciones subsisten varias atalayas islámicas.

 

 

  

 

 




La construcción que interesa en este caso es el puente romano sobre el arroyo del Caz, que aparece en el escudo. Su origen estaría en los siglos I-II y cumplió una importante función defensiva en los siglos IX-X, cuando sería reconstruida o reformada su estructura romana, desviándose hacia el norte la entrada desde la población, alargando el puente al tiempo que se desviaba progresivamente hacia el oeste. Lo actual pertenece al siglo XVI, cuando se remodeló según figura en una inscripción sobre la piedra en una de las enjutas del arco principal.

 

Trazado

Tiene un trazado quebrado y una anchura de tablero variable reflejado en sus desembocaduras: regular la más alejada del casco urbano, dirección NO, y entre pretiles y pronunciado ensanchamiento la más cercana. La orientación es de norte a sur. 

 

Elementos

Consta de cinco ojos formados por arcos rebajados y escarzanos distribuidos irregularmente. El más meridional destaca por sus dimensiones, 17,9 m de luz y 6 m de flecha. Por éste pasaría el cauce. Los restantes tienen un ancho entre 7,9 y 8,6 m y una flecha entre 2,45 y 3,25 y quizá se construyeron para perseguir el desvío del río. 

 

 

Tiene tajamares a ambos lados, todos triangulares excepto el primero del lado meridional, que es trapezoidal. Los dos que flanquean el arco mayor son de mayor tamaño y alcanzan el nivel del tablero, por lo que forman descansaderos. 

 

 

Tiene perfil alomado, con pronunciado cambio de rasante en el centro del arco principal. Longitud 148 m, similar al puente de Segovia en Madrid 

 


Sillería

Está construido en sillería de piedra caliza de Tamajón en arcos, enjutas y tajamares, y mampostería de cantos rodados en la parte superior y en las embocaduras. La calidad y tamaño de la labra de los bloques de piedra son mayores en el arco principal. Tiene numerosas marcas de cantero de las remodelaciones y reconstrucciones.

 Ubicación.

A 500 m del casco histórico, en el parque de La Chopera. Se acondicionó la zona como área recreativa.

 Utilización

A finales s. XVI, Relaciones de Felipe II, todavía estaba en uso. La utilización se pudo perder hacia 1580 por haberlo abandonado el río en su desvío hacia el noroeste, lo que pudo marcar la decadencia de la población. A mediados del s. XIX, Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, finalizado en 1850, ya no lo menciona.

 

El puente en color rojo
El cauce se desplazó hacia el este. Esta es la característica principal, la de ser un puente fluvial sin río, ejemplo que atestigua los cambios históricos que presenta la dinámica fluvial. Un puente abandonado en la llanura aluvial y alejado del río Jarama, encajado en ella. Pese a la aparente inactividad del río, éste puede variar su trazado durante una crecida (no hay constancia histórica), aunque puede ir cambiando de forma progresiva y ser el abandono paulatino. 

El Jarama, en sus tramos medio y bajo, desde Torrelaguna hasta la desembocadura en el Tajo junto a Aranjuez, discurre por un valle relativamente ancho y con reducida pendiente, lo que le lleva a manifestarse como un río vivo, que abre y abandona tortuosos meandros que dejan islas entre ellos, derrubia las márgenes, presentando un aspecto cambiante que no escapa a la vista de los habitantes de sus riberas. Junto a Talamanca del Jarama el famoso puente de origen romano ha quedado como un barco varado, mientras la caprichosa corriente desplazaba el cauce hacia un lateral de la vega. Por esa misma agresividad de sus aguas, el Jarama ha llegado a capturar al río Manzanares como resultado de las glaciaciones, la erosión remontante y los fenómenos cársticos. El río que flanquea la capital fue primero un afluente directo del Tajo, con el que confluía en las proximidades de Borox, hasta que los meandros del Jarama rompieron la divisoria de aguas y desviaron al Manzanares hacia el este en el entorno de Villaverde, introduciéndose en los llanos que surca el arroyo Butarque. Estos fenómenos erosivos son paulatinos la mayor parte del tiempo, pero se convierten en catastróficos durante las frecuentes avenidas que ha sufrido el Jarama, documentadas en numerosos registros históricos y con los recientes estudios geológicos y paisajísticos. De hecho, en los últimos siglos, las tierras más cercanas a la desembocadura del Jarama en el Tajo estuvieron dedicadas a sotos y espacios cinegéticos en lugar de a cultivos, debido a la frecuencia y gravedad de las inundaciones en las zonas más próximas al cauce, además de la profundidad relativa con la que el agua discurre respecto a sus inmediatas riberas. Sin embargo, desde mediados del siglo XX la agricultura se ha expandido hacia zonas donde antes había humedales y bosques de ribera, que se han visto reducidos al regularse el río en su cabecera, a partir de la puesta en servicio de las presas en el Jarama y en sus afluentes, en particular el Lozoya, el Guadalix y los que vierten en el Henares.”

La presa de El Vado y el canal del Jarama, Proyecto de investigación, pág 90

https://gestiona3.madrid.org/bvirtual/BVCM019399.pdf