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viernes, 2 de enero de 2026

Palacio de los Mendoza. Guadalajara (y III)




En el salón de Batallas o de Don Zuria aparecen los fastos mendocinos, su afirmación como familia poderosa en la batalla de Arrigorriaga y diver­sas acciones guerreras desplegadas en la reconquista de Granada junto con imágenes del Honor, la Gloria, la Fama, la Victoria militar y otras, culminación del humanismo mendocino y su teoría del poder y la fama.



 



En su techo central vemos tres grandes cuadros, el central con la batalla de Arrigorriaga, en la que el primero del linaje, don Zuria “el Blanco” venció a las tropas leonesas y se proclamó señor de Vizcaya.


 





Batallas en los que los Mendoza conquistan Al Ándalus, siempre victoriosos.



 








La Fama, joven alada, pisando una esfera del mundo y tocando una trompa.


 


Es posible que algunas escenas ilustren hechos heroicos de la Guerra de Granada en tiempos de los Reyes Católicos; en esta guerra brillaron con luz propia algunos de los miembros de la familia de los Mendoza como D. Pedro González de Mendoza, el Gran Cardenal de España, o el II Duque del Infantado D. Íñigo López de Mendoza. Es posible también que otras escenas correspondan a la historia de la conquista de la ciudad de Guadalajara (1081/1085).


 
Pinturas laterales del centro

Se pasa luego a ver las dos pequeñas saletas anejas dedicadas a los héroes romanos, con escenas de la historia tomadas de los libros de Valerio Máximo y de los dioses del Olimpo, sacadas de la obra de Bocaccio. En estas pequeñas saletas son multitud los personajes, de la historia, de la leyenda, de la mitología, que se nos muestran, mezcladas las virtudes cristianas con los dioses del Olimpo, en un festival de ideas y colores.

También se conservan dos Saletas. La de los Héroes, dedicada a la historia de Roma y sus héroes, como modelo a seguir por los Duques.

Bajo los dioses protectores de la guerra y las letras se muestran cuatro alegorías de virtudes y otras cuatro representaciones de escenas de la historia de Roma, alusivas a las cualidades morales que debían poseer los príncipes. 

En ella se intercalan, en una bóveda octogonal, cuatro héroes de la República romana y las cuatro virtudes cardinales, presididos, en el óvalo central, por Marte y Minerva, como dioses tutelares de “los hechos de guerra y armas y de letras” que dan honra, según escribiera el IV Duque D. Íñigo López de Mendoza en su Memorial de cosas notables (Guadalajara, 1564), en su dedicatoria a su hijo el Marqués de Cenete, D. Diego Hurtado de Mendoza. 

En la siguiente escena vemos a Publio Horacio Cocles defendiendo el puente Sublicio; engarza a su izquierda con la virtud de La Prudencia, mujer sentada con dos cabezas (masculina y femenina, que miran al pasado y al futuro), serpiente (el típico atributo bíblico) en la mano derecha y espejo en la siniestra.



En esta pintura central se representa el Duelo de Horacios y Curiacios; a la izquierda enlaza con la Templanza, mujer sentada con unas riendas y una máscara en las manos, y es relacionado por Máximo con el rigor y la severidad, relación seguida por el IV Duque en su Memorial. Engarza a su derecha con la virtud de la Fortaleza.


 

A la Prudencia le sigue la representación de Mucio Scevola jurando ante Lars Porsena darle muerte mientras se quema la mano. Máximo identifica este hecho heroico, como también López de Mendoza, con la virtud de la Paciencia. A la derecha de esta escena nos sorprende la representación de la Justicia, que prescinde de sus atributos tradicionales: la espada y la balanza. En primer lugar, una mujer sentada, con la palma de la mano derecha abierta y en la izquierda un dado con echo puntos; a sus pies una figura masculina (Caín) con una quijada en la mano significa el homicidio, la muerte injusta.


La Saleta de los dioses, decorada con diversas divinidades clásicas.



En esta sala aparecen dos escenas de sacrificios antiguos entre figuras divinas, todo ello presidido desde su óvalo central por Júpiter con el águila, cetro y rayos. 

Sacrificio a la diosa Vesta


 




En el centro de esta imagen se representa a Marte; por encima de él un pavo real, como atributo de su madre Juno, único progenitor del dios de la guerra según De Fastis de Ovidio.





El orden sería la sala de El Tiempo, con un viejo Cronos cabalgando un carro tirado de ciervos, y en cuyo derredor se ven los doce signos del Zodiaco, más escudos y diosecillos, incluyendo una representación de la Eternidad en la bovedilla de la ventana que da luz a la sala.





Sala de Cronos o Sala del Tiempo, antecámara de la Sala de las Batallas, con un viejo Cronos, dios del tiempo y vencedor de todas las cosas, cabalgando un carro tirado de ciervos, y en cuyo derredor se ven los doce signos del Zodiaco, más escudos y diosecillos, incluyendo una representación de la Eternidad en la bovedilla de la ventana que da luz a la sala.






martes, 16 de diciembre de 2025

Palacio de los Mendoza (Infantado). Guadalajara (II)

Perdidos los artesonados mudéjares, se conservan algunas de las pinturas de las salas bajas, de fines del siglo XVI, 1578-1580, obra de Rómulo Cincinato: Crono (imagen del dios y símbolos del Zodiaco), Sala de las Batallas (historia militar de los Mendozas), Atalanta (cinco escenas de la leyenda junto a Hipómenes, chimenea de mármol de Carrara). Son frescos manieristas que presentan una singular mezcolanza de escenas (mitología e historia mendocina) y personajes, expresión del sentido áureo de La Fama por los Mendoza, afirmación de la gloria antigua. En ese ambiente de erudición y humanismo el mismo duque compuso la obra “Memorial de cosas notables”, impresa en el propio palacio por los alcalaínos Robles y Cormellas.






La primera sala es la de Atalanta e Hipómenes, fábula que narra Ovidio en el libro VIII de las Metamorfosis, en la que aparecen los dioses con un sentido simbólico de lucha contra el Tiempo.




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Atalanta es una heroína relacionada con la cultura beocia y vinculada al ciclo arcaico de la mitología griega, consagrada a Artemisa y reconocida por sus habilidades para la caza. Su padre, que sólo quería hijos varones, la abandonó al nacer en el monte Partenio, donde una osa enviada por Artemisa la amamantó hasta que unos cazadores la criaron. Decidió emular a Artemisa y mantenerse virgen, viviendo en el bosque y llegando a ser una cazadora renombrada. Mató a dos centauros que intentaron violarla, participó en la cacería del jabalí de Calidón (Meleagro le regaló la piel) y venció en la lucha a Peleo, padre de Aquiles. Apolonio de Rodas dice en las Argonáuticas que quiso embarcar, pero Jasón la rechazó para que no hubiese riñas en la tripulación.


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Atalanta e Hippomenes, obra de Guido Reni. Siglo XVII 

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Un oráculo predijo que si se casaba se convertiría en animal. Anunció que su esposo sería quien la venciera en carrera y que ella mataría al perdedor, lo que sucedió varias veces. Hipómenes (Melanión) la venció con la treta de las manzanas de oro (regalo de Afrodita, del jardín de las Herspérides) que dejaba caer cuando ella iba a alcanzarle. La pareja vivió feliz un tiempo, pero, por amarse en un santuario de Cibeles, fueron convertidos en leones (creencia de que los leones no se apareaban sino con leopardos), de forma que perdieron su condición de humanos y quedaron condenados a una vida separada, tirando del carro de Cibeles.

Fuente de Cibeles: los dos leones (Atalanta e Hipómenes) que tiran del carro de la diosa de la Madre Tierra, Cibeles.

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En el siglo XVI se recuperó el mito con una nueva interpretación moralizante, quizá como elogio del matrimonio y del amor virtuoso.

Encuentro de Hipómenes y Atalanta 

Revelación de la historia de Atalanta. El vencido pretendiente ha sido muerto; Atalanta explica a Hipómenes la profecía y oráculo de la sibila délfica (que aparece delante de un templo antiguo) sobre su virginidad, y la prueba que deben superar sus pretendientes para poder casarse con ella. Alrededor de este cuadro se representan minúsculas escenas cinegéticas, con la caza del ciervo, el jabalí, la garza y palomas con halcones. La presencia de una caza del jabalí podría hacer referencia a la historia de Atalanta (de Arcadia) y Meleagro, cazadores del jabalí de Calidón.

Hipómenes reta a Atalanta a participar en la carrera

 

Carrera de Hipómenes y Atalanta, en el momento en que aquél lanza la tercera manzana de oro de las que le entregara Venus, al haberle pedido protección y ayuda.

Atalanta e Hipómenes se dirigen al templo de Cibeles

 





En unas esquinas, por encima de escudos heráldicos, aparece la diosa Cibeles, como una Diana de Éfeso, la Gran Madre que castiga a los profanadores.










En otras esquinas puede verse una figura femenina con frutos y flores en las manos que podría identificarse como Ceres, frecuente compañera de Cibeles en las representaciones renacentistas.

 

jueves, 27 de noviembre de 2025

Palacio de los Mendoza (Infantado). Guadalajara (I)

En el mismo lugar que ocupaban las “casas principales” de Pedro González, primer Mendoza alcarreño, Íñigo López de Mendoza y Luna, segundo duque del Infantado, inició la construcción del palacio en 1480. La fachada se acabó en 1483 y el patio ya estaba terminado al finalizar el siglo. Las trazas se atribuyen al arquitecto toledano Juan Guas, en estilo gótico isabelino. En 1569, el quinto duque del Infantado emprendió reformas, que encomendó a Acacio de Orejón, por su mal estado de conservación y para ampliarlo. Se agrandó el zaguán de entrada, se repararon los fustes de las columnas del patio para darle estabilidad, se elevó el nivel del patio y se desmontaron artesonados para readaptar espacios interiores. En la fachada se añadieron detalles renacentistas (nuevas ventanas, cierre de las antiguas, desmoche de los pináculos góticos) y una puerta de entrada a los sótanos recién construidos, se unió el primer piso a la iglesia de Santiago (desaparecida) y se renovó el jardín. Lo más destacado fue la remodelación de la planta baja, desapareciendo la decoración de estilo morisco (albercas y surtidores) por un magnífico programa pictórico renacentista obra del florentino Rómulo Cincinato, que había trabajado en El Escorial y que intervino en los techos de la capilla de Luis de Lucena tras su paso por el palacio.





La importancia del palacio se refleja también en las personas que pasaron por él. En 1560 se casó Felipe II con Isabel de Valois. En 1738 regresó del exilio Mariana de Neoburgo, viuda de Carlos II, y vivió aquí hasta su muerte en 1740. Felipe V se casó aquí con Isabel de Farnesio el 24 de diciembre de 1714. El palacio perdió su importancia debido a que los Mendoza marcharon a la corte, quedando abandonado. Ya en el siglo XIX, pasó en parte al Ayuntamiento; en el siglo XX, se perdieron muchos de sus bienes, como los artesonados mudéjares, y, en 1961, pasó a la Diputación, que lo rehabilitó.

 

 

 
Cardenal Pedro González de Mendoza, Juan Guas, Íñigo González de Mendoza
Imágenes generadas por IA




El estilo se considera hispano, mezclando el gótico de tradición flamenca (decoración y estructura de balcones o portadas) con elementos decorativos herencia morisca (cabezas de clavos y vanos en la fachada), ejemplo de mudéjar. En conjunto resulta un estilo gótico isabelino, alterado en la segunda mitad del siglo XVI con elementos renacentistas.





La fachada principal, orientada a poniente, es una joya del arte gótico civil. Destacan las puntas de diamante en toda la fachada, la galería de balcones y garitones alternados en la última planta. La puerta está descentrada, flanqueada por dos gruesas columnas cilíndricas con collarines en su mitad. Encima, el escudo de los Mendoza, la corona ducal y otros símbolos del ducado formando un complejo emblema circular que sostienen dos varones velludos.

Los contrastes abundan: entre la traza gótica inicial y las ventanas renacentistas; entre los vanos de la galería superior y el gran muro de fortaleza del cuerpo bajo, cuya solidez acentúan las cabezas de los clavos de piedra; entre este muro esquemático, la complicadísima portada, marco sucesivo de los emblemas de la familia y del constructor; finalmente, sobre la piedra ocre, al caer la tarde, queda el contraste entre las luces y las sombras.

El patio central, o “de los leones”, es de planta rectangular (siete por cinco arcos) y se compone de doble arquería superpuesta, con arcos conopiales mixtilíneos en la galería baja y otros parecidos en la superior, apoyados en columnas de orden toscano. Los paramentos de la arquería baja se rellenan con parejas de leones (emblema de don Diego Hurtado de Mendoza), escudos alternando el apellido Mendoza con el de Luna y la corona ducal, y los de la galería superior con parejas de grifos alados y escudos de los Mendoza y los Luna.

Se compone de dos galerías, formadas por arcos rebajados de tres centros: en la inferior, predomina el motivo compuesto por los leones enfrentados; en la superior, el de los grifos, animales mitológicos. La galería baja, inicialmente, estaba sostenida por columnas helicoidales, como las del piso alto. En 1571, esas columnas fueron sustituidas por las actuales, de estilo dórico, al mismo tiempo que se levantaba más de un metro todo el suelo del patio.



 

 
Felipe V e Isabel de Farnesio. Imágenes generadas por IA

 
Cardenal Pedro González de Mendoza. Imágenes generadas por IA

 
Juan Guas e Íñigo González de Mendoza

Imágenes generadas por IA




Hacia el jardín se orienta una galería construida hacia 1496 por Lorenzo de Trillo, que consta de doble arquería con columnas prismáticas y arquillos lobulados en los paramentos.