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viernes, 13 de febrero de 2015

Aguilar de Campoo-Polientes.

En busca de nuevos paisajes y nuevas iglesias románicas, abandonamos Aguilar de Campoo en dirección a Valderredible, ya en Cantabria. Esta zona era conocida como Val de Ripa Hibre (Valle a orilla del río Ebro, en castellano antiguo) en la Alta Edad Media, s. X, y estaba poblada de antiguo como atestiguan los numerosos restos existentes desde el Neolítico. Es a partir de los ss. XI-XII
cuando se construyen las numerosas iglesias románicas –que enlazan con el románico rural que hemos visto los días pasados en el Norte de Palencia-, aunque ya había ermitas rupestres. 

Llegamos a Revilla de Pomar que tiene cerca la Reserva de Ciervos de Covalagua, la cueva que es nacimiento del río Ibia y la visitable Cueva de los Franceses, pero nosotros vamos directamente al mirador de Valcabado, situado a 1.173 m de altura y desde el que puede verse el Valle de Valderredible, perteneciente al municipio de Polientes. La vista es impresionante puesto que el sinclinal de la Lora tiene aquí hasta 800 m de altitud en algún punto. Tras la caída vertical se ve todo verde, bosque de hayas y robles, pastos, campos y algún pueblo. Estamos en el punto donde confluyen Palencia –de
donde venimos-, Burgos y Cantabria –a donde vamos-. El día es magnífico, como los anteriores. Sol, pero no excesivo calor. Un cielo luminoso nos permite apreciar todo el colorido del paisaje. Ahora seguimos en busca de nuestra ración diaria de románico. En las zonas altas, páramos, hay menos vegetación, arbustos, pero en las zonas bajas, en los regatos, hay más y frondosa, vegetación de ribera.

La primera parada artística es San Andrés de Valdelomar, donde vemos su iglesia de fines del s. XII o principios del XIII, de una nave, espadaña en el muro de poniente y cabecera con ábside
semicircular. En un canecillo del muro Norte hay la representación erótica de un falo. En esta zona hay muchas representaciones de tipo sexual, en la mayoría en el exterior de la iglesia –canecillos, metopas, capiteles-, pero también en el interior. Otros ejemplos son San Martín de Sobrepenilla (fines del s. XII, un falo en un canecillo del muro Norte y mujeres desnudas en el interior), San Marcos de Montecillo (fines s. XII, canecillos en el muro Sur), Villanueva de Nía (canecillos en muro Sur: un hombre tocándose el miembro viril, coito, mujer abierta de piernas, etc.), San Martín de Elines (canecillos eróticos), etc.

No se sabe a qué obedecen estas representaciones, si se deben a un deseo de expresar la realidad social de la época o son figuras cargadas de simbolismo (esposos abrazados = concordia, una mujer
rodeada de serpientes que muerden sus órganos sexuales = lujuria, animales monstruosos = demonio, órganos sexuales = fecundidad), pero el hecho de que aparezcan también en el interior de los templos les quita su posible carga negativa.

La siguiente parada es la iglesia eremítica de Santa María de Valverde, excavada en la roca arenisca. Estas iglesias tienen quizá un origen visigodo y se construyeron en los ss. VIII-X. En el siglo XII se le añadió una espadaña románica. Nos acordamos de ayer en Olleros de Pisuerga. Ésta es la más importante de este tipo, pero hay otras en Cadalso, Arroyuelos y Las Presillas. Al lado tiene un cementerio medieval, con tumbas
excavadas en la roca, y el Centro de Interpretación del Rupestre. Ya no paramos en Castrillo de Valdelomar, con su iglesia de Santa Leocadia en un cerro, y seguimos hasta Villanueva de Nía, para ver la iglesia de San Juan Bautista, de principios del s. XII, con espadaña de punta aguda y troneras y muchos canecillos eróticos.

Aquí se acaba el viaje porque una avería nos impide seguir. Ya no podemos ver la colegiata de San Martín, en San Martín de Elines, máximo exponente del románico en la zona, que existía ya en el s. X, de influencia mozárabe, y fue reconstruida en el s. XIII. Han sido cuatro etapas completas y ésta a medias, pero ha estado bien. Hemos dado forma concreta a los sueños.

sábado, 7 de febrero de 2015

Aguilar de Campoo – Alar del Rey.

Nos ponemos nuestra vestimenta deportiva, que es como nuestra segunda residencia, y comenzamos
la segunda etapa desde Aguilar de Campoo en una zona donde hubo castros prerromanos, atribuidos a
los cántabros, en varios pueblos como Vallespinoso de Aguilar, donde la iglesia de Santa Cecilia, s. XII, destaca en un emplazamiento en alto con una magnífica portada y una torre cilíndrica.  Seguimos hasta Perazancas, cuya iglesia parroquial de la Asunción conserva la portada y el ábside de su origen románico, pero lo que venimos a ver, después de pedir la llave en un bar donde hay que probar el queso, es la ermita de San Pelayo, un poco alejada, de finales del s. XI, con decoración de arcos lombardos muy extraña en Palencia, restos mozárabes y con las pinturas románicas más destacables de la provincia.

Un poco antes de Olmos de Ojeda está la iglesia de Santa Eufemia de Cozollos, único resto de lo que fuera Real Monasterio de Frailas Comendadoras de Santiago, s. XII, donde destacan las bóvedas del crucero, los capiteles interiores, los canecillos, la espadaña y, especialmente, la portada Sur, con una epigrafía que dice “NICOLAO ME FESIT”, que recuerda a la que vimos ayer en Revilla de Santullán.  Desde aquí vamos a ver la maravilla de la iglesia de San Juan Bautista en Moarves (proviene de mozárabes, sus primeros pobladores) de Ojeda, que presenta una fachada meridional muy bella, en sillería rojiza, con buena portada y, por encima, un friso que ofrece la figura
del Pantocrátor con el Tetramorfos y escoltado por la comunidad apostólica en dos grupos de seis, que admite comparación con el friso de Santiago en Carrión de los Condes. También hay una buena colección de capiteles y, en el interior, una pila bautismal que reproduce los componentes del friso de la portada. El efecto que produce su visión fue definido por Unamuno como “Encendida encarnación”. Estamos en una realidad atemporal en la que el presente y el pasado se fusionan. Hemos remontado el tiempo ante la eternidad que desprende la piedra. Aquí se puede parar el reloj del tiempo. Oscar Wilde decía que la belleza está en los ojos del que mira, pero aquí se aprecia el buen gusto de los que nacen con el sentido de los materiales, de las proporciones. Las palabras que pueden pronunciarse no logran acercarse al pensamiento, a las
sensaciones.

Como no nos convence un atajo –“no hay atajo sin trabajo”-, volvemos a Olmos de Ojeda y seguimos por la P.222 para ir hasta la antigua abadía cisterciense de San Andrés de Arroyo, ss. XII-XIII, que fue modelo para muchas edificaciones y que tiene tres ábsides –el central poligonal y los laterales cuadrados-, una admirable Sala Capitular y un magnífico claustro, aunque incompleto, con sus famosas columnas angulares. Las monjas de clausura venden repostería como “raquelitos” (hojaldres), pastas, etc. Se accede, bajo un gran arco ojival, con espadaña contigua, a cuyos pies está el rollo
jurisdiccional, hasta una plazoleta rodeada de viejas casas donde residieron los colonos y criados laicos. La abadesa, al principio, era titular de privilegio de horca y cuchillo y tenía jurisdicción civil y criminal sobre un total de once villas.

Tanto arte nos ha abierto el apetito y decidimos ir a comer a Alar del Rey, nacimiento del Canal de Castilla. Después reposamos a la sombra cerca de la dársena y recordamos otro viaje anterior (ver la Ruta Ciclista: Canal de Castilla). El día es muy bueno, cielo despejado, sol y, a estas horas, calor.

Como todavía queda bastante etapa no vamos al cañón natural de la Horadada, en el Pisuerga, y
paramos en el monasterio benedictino de Santa María de Mave, de arquitectura monumental pero sobria en la decoración, con una buena portada, deudora de San Andrés de Arroyo, tres naves amplias, tres ábsides de tambor, torre-linterna con bóveda de media esfera en el crucero, todo en piedra rojiza que contrasta con el verde de la hiedra que cubre algunas paredes. Actualmente es una hospedería. Ya no tenemos tiempo para ir a Pozancos, así que seguimos hasta Olleros de Pisuerga para ver el templo atípico dedicado a los santos complutenses Justo y Pastor, ejemplo de eremitismo rupestre iniciado en los ss. X-XI por mozárabes que ampliaron la iglesia, desde la actual sacristía, con dos naves que simulan poseer bóveda apuntada e incluso están labrados los arcos fajones. Fuera del templo hay sepulcros antropomorfos tallados en la roca. Cerca hay un paraje conocido como “Las Tuerces”, pero
tampoco vamos. Nos queda una última población, Lomilla, que también tuvo un castro prerromano cántabro. Aquí visitamos brevemente su iglesia de San Esteban, s. XII, con espadaña de tres ojos en dos alturas y canecillos figurados y geométricos en el ábside.

Ya en Aguilar, y tras el aseo, ligero paseo turístico. Ya no queremos ver más edificios, así que recorremos la población viendo las puertas conservadas de la muralla (Reinosa, Paseo Real, Tobalina, Portazgo, Cascajera, San Roque) y los puentes (Mayor, Portazgo, Molino Turruntero, de la Teja, de la Cascajera, de las Tenerías).








Aguilar de Campoo - Barruelo de Santullán. 


Tras dos etapas a partir de Cervera de Pisuerga, vamos a hacer otras dos, también circulares, pero a partir de Aguilar de Campoo, que van a estar dedicadas al románico. La primera, después de una etapa larga como la de ayer, corta y llana, rodeando el embalse de Aguilar (247 hm3, el más grande de la provincia, que en 1963 engulló a los pueblos Quintanilla y Frontada).

Las dos primeras paradas son breves porque tanto la iglesia del Salvador de Foldada, como la de San Andrés de Barrio de San Pedro, conservan pocos restos románicos. Muy cerca está Barrio de Santa María, donde ya encontramos Románico con mayúsculas además de casonas hidalgas. En su iglesia
parroquial de la Asunción interesa el ábside románico del s. XII, pero lo que venimos a ver es la ermita de Santa Eulalia, ss. XII-XIII, a un km del pueblo, templo pequeño pero de proporciones muy equilibradas, que fue parroquia de una aldea desaparecida y que tiene capiteles muy interesantes (Pecado Original) y pinturas murales.

Hace un buen día, soleado y con más calor que ayer, adecuado para recorrer estos verdes y encantadores valles rodeados de suaves lomas. Seguimos por Salinas de Pisuerga, que conserva una pila bautismal románica en la iglesia de San Pelayo. En todos los pueblos la gente es amabilísima para dar indicaciones y para abrir las iglesias. No hace falta ir a pedir la llave; sólo con parar delante de la iglesia aparece alguna señora. Esto nos sucede también en Villanueva de la Torre donde, entre sus costumbres –igual que en Verbios-, figura la chorizada, una merienda que las mujeres dan a los hombres el día de fin de año en pago por haberles
limpiado las pozas de lavar en el río. Aquí vemos la iglesia de Santa Marina, fin s. XII, que tiene torre campanario en una zona donde predominan las espadañas y algunos canecillos obscenos, como en otros pueblos.

En Verbios –“bosque junto a la ribera”, en lengua cántabra-, vemos el ábside y la espadaña románicos de su iglesia de San Pedro, pero seguimos porque la joya de este día está en el siguiente pueblo, Revilla de Santullán, en su iglesia de los Santos Cornelio y Cipriano. Su estructura es igual, tiene pila bautismal románica y buenos canecillos, pero destaca su magnífica portada que incluye a un maestro constructor que firma su labor en una época en que las
firmas son escasas y menos apareciendo el propio autor. En lo alto del cielo el sol alumbra el mediodía. Vamos a comer a Barruelo de Santullán. Después, la terraza se rinde al sopor de la siesta.

En la iglesia de Santa María la Real de Cillamayor lo más conocido es su colección de canecillos, algunos con personajes en postura sexual. En la de San Juan Bautista de Villavega de Aguilar, destaca la aparición del “glouton” que engulle una columna del ábside y unos canecillos historiados. En la de San Juan Bautista de Matamorisca deben señalarse sus avanzadas pinturas murales. En la de San Martín de Matalbaniega (“Mata Lebaniega”, procedentes de
Liébana), antiguo monasterio –quedan todavía las ménsulas que sustentaban un lado del claustro- , hay una buena colección de canecillos. Y en la de Santa Juliana de Corvio de nuevo vemos torre campanario en lugar de espadaña. Y todavía nos hemos dejado, en el centro de nuestro recorrido de hoy, a Matamorisca.

De vuelta a Aguilar de Campoo, la capital del románico palentino, vemos la elegante ermita de Santa Cecilia, con gran torre de tres pisos, y el Monasterio de Santa María la Real, Sede del Centro de Estudios del Románico, donde destaca la gran espadaña. Pero como pensamos que ya vale de románico por hoy, volvemos al centro viendo en lo alto el castillo medieval
edificado sobre un castro celtibérico. Paramos a recuperar líquidos en la espléndida Plaza Mayor, grande, porticada, de influencias castellana y marinera –galerías acristaladas-, presidida por la Colegiata de San Miguel, imponente edificio gótico edificado sobre un templo románico del que quedan portadas, ventanales, esculturas (incluyendo un precioso tímpano empotrado en lo alto del muro de su fachada occidental).

La brisa continúa trayendo el perfume del verano. Después de la cena, un recorrido nocturno por las calles –con la despreocupación adivinándose en cada uno de los movimientos- nos permite ver palacios como el de los Manrique, en la Plaza Mayor, el de los Villalobos Solórzano, de los Marqueses de Villatorre, y casonas como la de Santa María la Real, de Marcos Gutiérrez, de los VII Linajes (Plaza Mayor), de los Velarde, de Juan de Mier y Terán, etc., antes del merecido descanso. 

Cervera-Piedrasluengas.

Salimos de nuevo de Cervera, a 1.000 m, con el rostro limpio de toda prisa, pero no hacia el Oeste
como ayer, sino hacia el N, siguiendo a contracorriente el Pisuerga por la carretera CL-626. A la
derecha queda Rabanal de los Caballeros con  un mar de robles milenarios custodiando el camino. A los 6 km llegamos a Vañes –a cuyos vecinos se conoce como “jabalíes”-, a 1.090 m., cuyo poblado originario se encuentra bajo el actual embalse de Requejada (inaugurado en 1940,  65 hm3, 333 has, 20 km de costa), que, como el de Cervera, regulaba las aguas del Canal de Castilla.

La siguiente parada es San Salvador de Cantamuda, que surgió alrededor de la Colegiata de San Salvador, fundada por la condesa de Castilla Doña María Elvira, mujer del conde Rodrigo Guntis y sobrina de Fernando I. La
edificación actual debe datar de 1185, cuando Alfonso VIII creó el condado de Pernía a favor del obispo D. Raimundo. Aquí nos embelesamos ante la Colegiata de San Salvador, con la mejor espadaña –hilo conductor del románico palentino- del románico español, erguida con varios siglos de historias que contar. Está aislada y tiene un exterior armonioso -una cabecera con estilizadas líneas ascendentes y un ábside equilibrado- y gran variedad de temas esculpidos en los canecillos del crucero. Se nos traga el pasado.

Buen día, soleado pero sin excesivo calor. Cielo despejado. Seguimos ascendiendo pero pronto dejamos al Pisuerga y seguimos hacia el N. Pasamos por Areño, Camasobres (pinturas rupestres en la Cueva de los Burros e iglesia de San Pantaleón, con espadaña y pila bautismal románicas) y Piedrasluengas, el último pueblo de la provincia, a 1.330 m de altitud, en un recorrido en el que
Tremaya
abundan los bosques de hayas y que coincide con el de la calzada romana del Burejo. En la subida julio se pega a la piel.

El puerto está a 1.515 m y es un magnífico mirador sobre los Picos de Europa. A la derecha queda Peña Labra y la estación Alto Campoo. Todavía bajamos un poco, hasta el límite provincial, pero ya vale y damos la vuelta. Desandamos el camino notando la caricia del viento en las mejillas y, antes de llegar a San Salvador, giramos a la izquierda y, pasando por Tremaya y Santa María de Redondo, tratamos de llegar a la Cueva del Cobre, nacimiento oficial del Pisuerga, pero, como ayer, el llevar una bici mixta hace que no podamos ir por un terreno tan abrupto y tengamos que volver. Serían, desde el
pueblo, 7 km y 400 m de desnivel, hasta los 1.600 m.

Llegamos tarde a comer a San Salvador, pero, después, podemos ver de nuevo la maravilla de su iglesia cuando la tarde se duerme. Antes de Vañes nos desviamos otra vez a la izquierda, por el valle de la Castillería: paisaje incomparable de pequeñas praderas de aprovechamiento ganadero y frondosos bosques de roble y haya. También hay restos de actividades mineras abandonadas. En San Felices, con arquitectura popular, está la iglesia de San Pedro con la típica espadaña y la ermita de Santa Teresa Herreruela con pinturas murales del s. XV.

A la vuelta, antes de Estalaya nos desviamos a la izquierda para ver al Roblón de Estalaya, roble legendario conocido como el Abuelo, el de mayores dimensiones y el más longevo de la montaña palentina -tiene once m de perímetro y una edad aproximada de 800 años-, que ha sobrevivido a un rayo. Es una ruta de unos 5 km, con 125 de desnivel, que tiene tramos malos para ir con la bici, es peatonal. El bosque caducifolio tiene hayas, robles albares, rebollos, acebos, espinos, servales y mostajos, y en las praderas y riberas hay abundantes herbáceas y flores. Estos árboles centenarios han sido venerados en todas las culturas, considerándose portadores de valores simbólicos como sabiduría, fecundidad, experiencia. Sus entornos y cobijo de sus ramas sirvieron de escenarios propicios para la celebración de ritos mágicos, asambleas, fiestas y aquelarres
. Cerca está la senda al bosque fósil: nace en el pueblo de Verdeña, tiene unos 3 km y un desnivel de 120 m.

Volvemos a Cervera y, tras el aseo, completamos la visita turística. La iglesia de Santa María del Castillo, en el emplazamiento del antiguo castillo, es gótica, del s. XVI, tiene tallas del s. XIII y una valiosa pintura (La Adoración de los Reyes) de Juan de Flandes. La ermita de la Cruz, barroca del s. XVIII, presenta una fachada cuya originalidad reside en la utilización de dos tipos de piedra de diferente color. La ermita-cueva de San
Vicente, resto de un eremitorio rupestre, presenta una gran sala rectangular con varias entradas y una capilla excavada, y está rodeada de una necrópolis fechada entre los ss. VIII-XI.

Tras una jornada larga, relajamos los cansancios con una fría cerveza y la cena. Hoy ha sido otra etapa casi totalmente centrada en la naturaleza, aunque hemos iniciado el románico con la mejor espadaña. La imagen de San Salvador de Cantamuda nos acompaña al retiro.









Cervera-Vidrieros.

 Comienza a ser julio. Venimos al Norte de Palencia a empaparnos de románico, sin desperdiciar la maravilla de los paisajes naturales. Las dos primeras etapas, circulares, tienen como inicio y fin la población de Cervera de Pisuerga. Tras el viaje, iniciamos la primera etapa hasta Vidrieros, por la
llamada Ruta de los pantanos, la P-210. Pasamos por el Parador y seguimos hasta el primer pueblo, Ventanilla -en la cola del embalse de Ruesga, a unos 7 kms-, que nació a partir de una antigua venta.
Parece que los ganaderos que acudían con sus animales a las ferias de Cervera tenían por costumbre pernoctar aquí. Las gentas trabajaban la madera y vendían puertas de haya, escaleras de mano y carbón de fragua. Letrilla: “En Rebanal hacen puertas / en San Martín carretillos / en Ventanilla las cunas / y en Cervera los chiquillos.

Seguimos adelante llevando a nuestra izquierda la Sierra del Brezo, composición caliza sin arbolado,
con gayuba y brezo, que forma una muralla natural entre la llanura y el parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña
Palentina. Más tarde pasamos el desvío a San Martín de Herreros que dejamos para la tarde. Aquí ya empieza a notarse el desnivel aunque no es muy acusado.  Subimos el Alto de la Varga, que tiene 9,5 km desde Ventanilla, con una pendiente media del 4% y un desnivel de 376 m hasta llegar a los 1.414 m de altitud. Vemos, más alto a la derecha, el pueblo de Santibáñez de Resoba se convierte en nuestro horizonte. El día es muy bueno en este principio de julio. El cielo está despejado. En el verde paisaje destacan los grandes macizos amarillos de retama florida. Parece primavera. La zona ha retenido el ritmo lento de las estaciones.

Conforme ascendemos y nos acercamos a Santibáñez,  a 1.202 m de altitud, se ve su construcción en graderío. Además de la arquitectura popular destaca en sus construcciones la piedra negra tan
abundante en este Valle Estrecho, que no lo es tanto. Apartada queda la iglesia de San Cristóbal, sencillo edificio del siglo XIII, de una nave y espadaña románica de tres vanos. En la zona, muy apropiada para el montañismo y el senderismo, hay muchas cuevas, algunas visibles desde la carretera. Seguimos  subiendo, respirando la cercanía del objetivo,  hasta el Alto donde hay un mirador desde el que se ve bien el valle Estrecho y las cumbres de Fuentes Carrionas. Estamos en la divisoria de aguas entre el Pisuerga, de donde venimos, y el Carrión, a donde vamos. Se ve muy bien el embalse de Camporredondo, inaugurado por Alfonso XIII en 1930 (70 hm3, 388 ha., 22 km de costa, amplia zona regable).

Río Carrión. Vidrieros
Ya en bajada pasamos por La Lastra, a 1.368 m de altitud (Iglesia de la Asunción de Ntra Sra, con portada románica). Seguimos descendiendo hasta Triollo, a 1300 m, al pie del Curavacas, de 2.524 m,  en el valle del Carrión al que seguimos a contracorriente hasta Vidrieros (iglesia románica ss. XII-XIII que no se usa, cruz de origen celta en la fuente de la plaza). Esta zona es un nudo geológico e hidrográfico, lugar de paso en las campañas de Augusto hacia el corazón de Cantabria, s. I a.C. Unas legiones ascendían desde Guardo por el Carrión; otras por el Pisuerga y Cervera y otras entre Peña Redonda y el Brezo y se unían en La Lastra, de donde partían, contorneando el Curavacas, por el valle y puerto de Pineda para descender por el valle de Liébana.

A la orilla del Carrión, que viene desde Peña Prieta, de 2.539 m,  comemos el bocadillo. Día soleado
Embalse de Camporredondo. Triollo
con buena temperatura. Volvemos, tomamos café en Triollo y ascendemos La Varga, menos pendiente desde aquí. En lo alto nacen varias rutas, como la senda del Gigante de Valle Estrecho (senderista). La bajada se hace muy rápidamente. Antes de Ventanilla hay un desvío a la derecha, hacia San Martín de los Herreros. Desde aquí se puede ir a Rabanal de las Llantas, donde está el nacimiento del río Rivera en la Fuente Deshondonada, zona de abundantes hayedos y robledales, de gran belleza natural. Desde San Martín se llega al Valle de Tosande y a su famoso bosque de tejos, la tejada, joya botánica herencia de la era terciaria.

Una de las bicis es mixta y, ante el peligro de rotura de la cubierta, nos volvemos. A la vuelta
Embalse de Cervera desde el Parador
paramos en el Parador Nacional de Turismo Fuentes Carrionas, desde el que se contempla muy bien
el embalse de Ruesga o Cervera (1923, 11 hm3, 106 ha, 11,2 km de costa), en el río Rivera, afluente del Pisuerga, que tenía como misión fundamental la de asegurar las aguas del Canal de Castilla.

Ya en Cervera, tras el aseo, turismo. Recorremos la población empezando por la Plaza Mayor (soportales, columnas de piedra ss. XVI-XVII) y viendo los escudos que distinguen las casas nobles como la de Los Leones, la del Camarero de los Condestables, Gutiérrez de Mier, Conde de Siruela, etc. Si tuviéramos más tiempo podríamos ver los museos: Parroquial de Santa María del Castillo, Etnográfico de Piedad Isla, Cantarranas (Arquitectura y Etnografía rural).

 Por hoy ya es suficiente. Cena y paseo nocturno recordando que la etapa  de hoy ha sido de paisaje, que nuestra retina retiene cuando nos vamos a descansar.