viernes, 28 de agosto de 2026

Edipo




Edipo fue un rey mítico de Tebas, hijo de Layo y Yocasta o Epicasta que, sin saberlo, mató a su propio padre y desposó a su madre. Según la versión de los trágicos, cuando Edipo obtuvo el reino se casó con su madre sin reconocerla y engendró cuatro hijos con ella. Edipo parece el único héroe griego que comete sus actos sin intención deliberada de desobedecer a los dioses. Heracles actúa por ira, Prometeo desafía conscientemente. Edipo, el héroe más trágico, actúa, y sus acciones cumplen lo que intentaba evitar.



Oráculo de Apolo en Delfos.


La historia de Edipo comienza antes de su nacimiento. Layo, rey de Tebas, se disponía a casarse con Yocasta, pero antes consultó al oráculo de Delfos. La sacerdotisa de Apolo, la Pitia, respondió con una profecía aterradora: «El hijo que tengas con Yocasta será tu asesino y dormirá en tu cama». En la antigua Grecia, el parricidio era considerado el crimen más abominable posible. Aterrorizado, cuando nació el niño, decidió tomar una medida extrema: el infanticidio. El niño fue llevado al monte Citerón y abandonado con los pies perforados. Un pastor que pasaba por allí recogió al niño y lo entregó a una pareja que no tenía hijos, Polibio y Peribea, reyes de Corinto, que lo criaron como propio sin saber quién era y lo llamaron Edipo, que significa “de pies hinchados”. Un rumor le intrigó y le preguntó a su madre, pero su respuesta no le satisfizo y consultó al oráculo de Delfos. La Pitia le dijo la misma profecía que a su padre y le recomendó que huyera. Viajó hacia el norte y en un cruce de caminos estrecho, hubo una lucha porque ninguno cedía el paso y Edipo mató a Layo, su verdadero padre, sin saberlo.

Edipo y la esfinge de Gustave Moreu. 1864

Con Layo muerto, el trono pasó a Creonte, hermano de Yocasta. Pero Tebas enfrentaba una crisis aún más inmediata, la Esfinge, criatura híbrida aterradora. Tenía cabeza de mujer bella, voz de hombre, cuerpo de león robusto, cola de serpiente venenosa, alas de águila y garras afiladas como dagas. Se había posado en el monte Ficio, colina cerca de Tebas, y preguntaba a todo viajero que se acercase. Si no respondía correctamente era devorado. Creonte anunció que el que acabase con la Esfinge sería nombrado rey y se casaría con Yocasta. Edipo se enfrentó al reto. El acertijo que la esfinge planteó a Edipo fue: «¿Cuál es el ser vivo que cuando es pequeño anda a cuatro patas, cuando es adulto anda a dos y cuando es mayor anda a tres?». Edipo respondió correctamente que es el hombre, puesto que cuando es un bebé gatea, camina con sus dos piernas cuando es adulto y cuando es anciano se apoya sobre un bastón. Había también otro acertijo: «Son dos hermanas, una de las cuales engendra a la otra y, a su vez, es engendrada por la primera». Edipo contestó: «El día y la noche». Edipo acertó con las respuestas y la Esfinge se suicidó lanzándose desde la cima. Edipo casó con Yocasta y tuvo cuatro hijos: Etéocles, Polinice, Antígona e Ismene. Reinó sobre Tebas y fue respetado.

                   Edipo y la esfinge, de Jean-Auguste.-Dominique Ingres, Museo del Louvre.

Edipo y la esfinge. 470 a.C. aprox. Cerámica pintada con figuras rojas, alt. 7,2 cm; diám. 26,3 cm.



Una plaga devastadora barrió Tebas. Edipo, envió mensajeros a Delfos. El oráculo respondió: «La culpa por la muerte de Layo sin castigo profana la tierra. Solo si se expulsa al asesino de Layo de Tebas cesará la plaga.» Edipo comenzó una investigación. Finalmente, llamó al adivino Tiresias, el sabio ciego que podía ver el futuro y el pasado. Le reveló que él era el asesino. Hizo averiguaciones para comprobarlo. Yocasta se ahorcó, se clavó una espada o se envenenó. Edipo se cegó a sí mismo y fue expulsado de Tebas por sus propios hijos, Etéocles y Polinice, que se enfrentarán más tarde entre ellos por el trono tebano (leyenda mítica Los siete contra Tebas), resultando ambos muertos en el intento. Su hija Antígona, lo acompañó. Viajaron juntos como mendigos hacia Atenas, donde la leyenda dice que fueron acogidos por el rey Teseo. 

Edipo y su hija Antígona.

La referencia más antigua del mito de Edipo se encuentra en la Odisea, donde se dice que Epicasta tomó en matrimonio a su hijo sin saberlo y, presa de la culpabilidad al descubrirlo terminó ahorcándose; en esta versión no se menciona a ningún descendiente. En el capítulo Evocación de los muertos, Epicasta, su madre, marcha a la morada de Hades a purgar el incesto, mientras Edipo sigue reinando en Tebas.

Sófocles trató el tema de Edipo y sus descendientes en tres obras: Edipo Rey, Edipo en Colono y Antígona. Estas obras se estrenaron en años distintos: Antígona en el 442 a. C., Edipo Rey hacia 430-425 y Edipo en Colono, su última obra, en el 406. No forman, pues, una trilogía.

En Edipo Rey, 429 a.n.e., el pueblo de Tebas pide a Edipo, el gobernante tras haber salvado a la ciudad de las garras de la Esfinge, que ponga fin a la epidemia que azota a la población. Edipo trata de averiguar la causa enviando a su cuñado Creonte a Delfos a consultar al oráculo. La sentencia dice que hay que desterrar al asesino de Layo. Edipo sigue en su propósito a pesar de que personajes como Tiresias, Yocasta y un criado tratan de hacerle desistir. El pueblo, representado por el coro, tiene un papel importante. Edipo, cuando se entera de la verdad, se quita los ojos con sus propias manos y se autoexilia acompañado por Antígona. El destierro era una pena máxima, considerada como una muerte. La brillantez de la obra es que no había suspense sobre si Edipo era culpable o no, el público antiguo ya conocía el desenlace. El suspense residía en cómo Edipo lo descubriría, lo que transformaba el drama en una reflexión sobre la inevitabilidad, la verdad y la autocomprensión.

La obra se estructura en un solo acto, respetando el principio de unidad de tiempo y unidad de acción que Aristóteles refirió en su poética. Aunque contiene ocho episodios, todos se suceden en una sola línea temporal.

Edipo ciego encomendando sus hijos a los dioses. Bénigne Gagneraux, 1784


En Edipo en Colono, el protagonista, convertido en ese mendigo que vaga sin rumbo, ciego, y de la mano de Antígona, acabará muriendo en un bosque cercano a Atenas. Se presenta también en esta obra el trágico conflicto entre los dos hijos de Edipo (Etéocles y Polinices).



                                        Edipo en Colono. Obra de Fulchran-Jean Harriet, 1798

Marcel Baschet (1862 - 1941): Edipo maldice a Polinices, en presencia de Antígona e Ismene.

El mito de Edipo se adaptó con posterioridad en obras como Los siete contra Tebas, de Esquilo, que, aunque no se centra en Edipo, presenta las consecuencias de la maldición que pesaba sobre la familia real de Tebas.

La historia de los siete contra Tebas podría entenderse como la continuación del drama personal de Edipo,  rey de esta ciudad. Edipo marchó desterrado, y sus hijos, Etéocles y Polinices, decidieron hacerse cargo del trono tebano alternándose cada año uno en el poder. Pero cuando pasó el primer año Etéocles se negó a abdicar en su hermano y lo desterró de la ciudad. Polinices se dedicó a buscar aliados para su causa. Acudió a Colono para pedir a su padre, Edipo, que le apoyara, pero éste sentenció que sus dos hijos se matarían entre sí. Polinices buscó apoyos en Argos, se organizó una expedición con los siete de Nemea, atacaron Tebas y salieron derrotados. Para evitar más derramamiento de sangre, los dos hermanos pelearon y ambos se dieron muerte. Creonte se proclamó rey y prohibió enterrar a Polinices, castigando a Antígona que no obedeció. La continuación tiene diversas alternativas según las distintas obras. La marcha de los siete contra Tebas fue definida y considerada como la primera de las grandes guerras en Grecia.


Imagen generada por IA

Otra obra que explora las consecuencias de la tragedia de Edipo, centrándose en sus hijos Etéocles y Polinices, es Las Fenicias, de Eurípides, 410 a.n.e. Tiene un claro precedente en la obra de Esquilo, Los siete contra Tebas, y su nombre de “fenicias” se debe al coro de mujeres procedentes de esa región.

Edipo cegado caminando con su hija Antígona

Edipo de Séneca, s. I: El dramaturgo romano adaptó el mito de Edipo, añadiendo elementos estoicos y morales a la historia. La obra no estaba destinada a ser representada en un teatro, sino a ser recitada en reuniones privadas. Hay claras diferencias entre el Edipo de Séneca y el de Sófocles.

Sófocles: aparece orgulloso e imperioso; Yocasta se cuelga y posteriormente Edipo encuentra su cadáver; Edipo se arranca los ojos con el broche de oro del vestido de Yocasta; la culpabilidad de Edipo por matar a Layo surge conforme avanza la trama; Edipo deja a sus hijos al cuidado de Creonte; concluye con Creonte informando a Edipo de que su reinado ha terminado.

Séneca: obra más oscura, teñida de intencionalidad más filosófica; tono más violento; Edipo aparece como un personaje atormentado y aterrador, dominado por el sentimiento de culpa y por la sospecha de que podría estar implicado en la plaga de Tebas; aparece algún otro personaje como Manto; Edipo se arranca los ojos con la espada con la que luego se suicidará Yocasta; Edipo quizá mata (ambigüedad) o ayuda a morir a Yocasta; Layo nombra a su asesino; no se menciona a los hijos de Edipo; concluye con Edipo abandonando Tebas.

El mito de Edipo, el hombre que no pudo escapar del destino. Edipo encarna el conflicto entre libre albedrío y destino. A favor del determinismo se aporta que, si el oráculo puede predecir el futuro con exactitud, es que el futuro ya está determinado. Por el contrario, a favor del libre albedrío se indica que Edipo eligió consultar al oráculo, eligió huir de Corinto, eligió matar en el cruce, eligió investigar la muerte de Layo; todas fueron decisiones no forzadas, y el hecho de que sus decisiones cumplieran la profecía no significa que no fueran libres. La genialidad del mito es que no resuelve el dilema, tanto el destino como el libre albedrío operan simultáneamente en tensión irresoluble. Cada acción que toma Edipo para evitar la profecía lo acerca más a ella, lo que refleja una verdad psicológica, según Freud, que no podemos escapar de nuestros miedos simplemente huyendo de ellos, sino enfrentándolos.

Su legado va más allá de la mitología: Freud lo usó para nombrar su famoso «Complejo de Edipo» en psicología y los dramaturgos griegos lo utilizaron para explorar temas de culpa, responsabilidad moral y el poder del destino en obras maestras como Edipo Rey de Sófocles.

Complejo de Edipo

Este mito inspiró a Sigmund Freud su teoría del complejo de Edipo, el complejo infantil de sentimientos amorosos con el progenitor del sexo opuesto y hostiles con el del mismo sexo.

En Edipo Filósofo (1988), Jean-Joseph Goux sostiene que Edipo representa el poder de la razón, capaz de desvelar los acertijos con el ejercicio de la inteligencia sin tener que apelar a los dioses ni a ningún saber ancestral, siendo quien inicia el camino del pensar filosófico "que llega a la cima con Descartes".

Los Bronces de Riace. Se cree que la figura en primer plano representa a Tideo.

El Festival de Teatro Clásico de Mérida, presenta El viaje de Edipo, de Emilio del Valle, basada en los textos de Esquilo y Sófocles. La historia la cuenta Ismene, la única superviviente, hija del matrimonio incestuoso de Edipo y Yocasta o Epicasta, y hermana de Etéocles, Polinices y Antígona. Los dos hermanos murieron ante la séptima puerta de Tebas, matándose entre sí. Creonte ordenó que Antígona fuera enterrada viva en la misma tumba de Polinices, al que había enterrado incumpliendo la orden del rey. No sirvieron de nada los ruegos de Hemón, hijo de Creonte y amante de Antígona. Ismene declaró que había ayudado a su hermana, aunque no era cierto, y merecía la misma suerte.

Ante las dos condenas, los dioses, a través del adivino Tiresias, hicieron saber a Creonte su desaprobación y el rey cambió de actitud y enterró él mismo el cadáver de Polinices. Pero ya era tarde para Antígona, se había ahorcado para evitar ser enterrada viva. Hemón también se suicidó a los pies de su amada, y lo mismo hizo Eurídice, la esposa de Creonte y madre de Hemón, al enterarse de la muerte de su hijo.

Ismene intentó rehacer su vida con su amante Teoclimeno o Periclímeno, pero Tideo la mató instigado por Atenea, según el poeta Mimnermo, puesto que ningún otro escritor clásico menciona la historia, pero la escena está representada en un ánfora corintia de figuras negras del siglo VI, conservada en el Louvre. 

Ismene no es retratada como una heroína, sino como una mujer atrapada en un mundo dominado por hombres y leyes injustas. Su pasividad se puede ver como un símbolo de la vulnerabilidad femenina en una sociedad patriarcal. También se puede verla como representando la impotencia del individuo frente a fuerzas superiores, la inevitabilidad del destino, la tragedia y la pérdida, las complejidades de la moralidad, el destino y la condición humana.




















 

lunes, 24 de agosto de 2026

Heroínas bíblicas

En el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza se encuentran “Las heroínas de la Biblia”, pequeña muestra de las obras pintadas por Giovanni Francesco Barbieri (Cento, 1591-Bolonia, 1666), más conocido como Il Guercino, por ser bizco. El museo define a estas todopoderosas heroínas como “robustos personajes femeninos y sus circunstancias”. Son cuadros fundamentales en el desarrollo de la pintura barroca del norte de Italia, girando en torno a “Jesús y la samaritana en el pozo” y de ahí a “Susana y los viejos”, 1616 (Madrid, Museo del Prado), “Jesús y la mujer adúltera”, hacia 1621 (Londres, Dulwich Gallery), “Sansón y Dalila”, 1654 (Estrasburgo, Musée des Beaux Arts), “Abraham repudia a Agar e Ismael”, 1657 (Milano, Pinacoteca di Brera) y “Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista”, 1637 (París, Musée du Louvre).

Autorretrato ante una pintura de "Amor Fedele", 1655. National Gallery of Art

La exposición permite profundizar en la importancia de la representación de la figura femenina en la producción de temática religiosa del artista, a través de obras en las que recrea pasajes bíblicos en los que es protagonista. Estos asuntos eran muy populares en el barroco italiano y Guercino los aborda a lo largo de toda su carrera, pudiendo estudiarse la evolución de su estilo a través de estas pinturas. Las obras más tempranas, como Susana y los viejos, responden a una tipología inspirada en la contemplación de la naturaleza y presentan claroscuros de gran intensidad, colores pastosos y gran plasticidad en las figuras cuyos gestos espontáneos nos hacen participar de sus emociones, todo con una factura nerviosa. Después de su viaje a Roma en 1621, su pintura evolucionó hacia un estilo clasicista, consolidado tras su traslado a Bolonia en 1642 y la influencia de Guido Reni, como se ve en Abraham repudia a Agar e Ismael, con un lenguaje más idealizado, menos libre. Las composiciones se vuelven equilibradas, los colores más luminosos y los personajes adoptan gestos codificados.

Las figuras adoptan gestos espontáneos que transmiten emociones al público gracias a la capacidad narrativa del artista. Algunas son mujeres anónimas, otras con nombre propio, que difunden mensajes de arrepentimiento, moralidad, osadía, inocencia, pasividad, crueldad, todo un gran teatro del mundo femenino en una producción de temática religiosa. Guercino fue experto en retratar la actitud sicológica de las protagonistas y tuvo mucho éxito.

Estos cuadros pintados en el siglo XVII, la Contrarreforma, están protagonizados por mujeres, aunque son minoritarios en la producción de Guercino. Todos muestran la capacidad narrativa y el dominio del lenguaje gestual en unas composiciones donde la mujer encarna a figuras bíblicas bajo una mirada personal. Algunas tienen intención moralizante, pero otras son consideradas mujer fatal por la iconografía cristiana y el artista las rescata para conferirles un nuevo papel. Dalila muestra una imagen de heroína clásica y quiere cortar ella misma los cabellos de Sansón, mientras Salomé, con la cabeza inclinada, no encarna a la joven seductora, sino a una víctima sometida a los deseos de su madre.

Todas las pinturas tienen que ver con la dialéctica de géneros. Hay un diálogo problemático entre lo masculino y lo femenino, entre pasividad o dominio. La cabeza del Bautista y la cabeza de Sansón están colocadas de la misma forma.

Hay seis pinturas y corresponden a tres tipos de heroína, cada una representada por dos pinturas. En primer lugar, la heroína pura e inocente, sin culpa, a quien maltrata el patriarcado; Susana y Agar, víctimas. Por otro lado, la mujer adúltera y la samaritana, pecadoras arrepentidas a las que Jesús salva. Finalmente, mujer fatal, Salomé la seductora y Dalila, heroína de los filisteos.




Jesús y la samaritana en el pozo, hacia 1640-1641, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza: pasaje del Nuevo Testamento en el que Jesús, de camino a Galilea, descansa junto a un pozo y le pide agua a una mujer de Samaria con la que entabla una conversación en torno al poder purificador del agua de la vida eterna. El estilo naturalista de años anteriores ha dado paso durante el periodo de madurez a un lenguaje clasicista y a una paleta de colores más brillantes. La escena está representada fielmente, sin las libertades narrativas de su obra temprana. Resulta una composición muy equilibrada, con descripción realista de las telas, objetos y paisaje de fondo. Los personajes se expresan mediante miradas y gestos cifrados, sin dirigirse al espectador.


Susana y los viejos, 1617, Óleo sobre lienzo. 176 x 208 cm. El lienzo es un ejemplo del naturalismo de su época temprana y narra un momento de gran tensión recogido en el Antiguo Testamento en el que los ancianos jueces observan libidinosos a Susana, quien calma el calor bañándose en una fuente de su casa. Susana es pura inocencia a pesar de su semidesnudo, de la tela fina y blanca que apenas la cubre, realzada por las azucenas y la luz nacarada luz que la envuelve, en contraste con la oscuridad del cielo y la densa vegetación de tonalidad terrosa y plomiza. La composición, con el juego de gestos de los jueces que apela al espectador, nos convierte en voyeurs en esta escena de acoso a Susana, hacia la que se desvía nuestra mirada.


Jesús y la mujer adúltera. Óleo sobre lienzo. 98,2 x 122,7 cm. Dulwich Picture Gallery, Londres. Obra temprana, pintada en el tiempo de su viaje a Roma, contiene los elementos característicos de su primer estilo, capacidad narrativa y habilidad para acercarnos a los personajes mediante el tratamiento del espacio y de los gestos. En un marco angosto, las figuras de medio cuerpo invaden la superficie pictórica, en la que un tratamiento de luces y sombras perfila el tenso diálogo en el que Jesús responde con el solo gesto de su dedo al juego de manos del fariseo. Al lado, la figura de la mujer, frágil, cabizbaja, en actitud de recogimiento, en contraste con la fuerza con la que el soldado la agarra por el brazo. El milagro del perdón: “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra” (Evangelio de San Juan).


Sansón y Dalila, 1654. Óleo sobre lienzo. 176 x 223 cm. Musée des Beaux-Arts, Estrasburgo. Obra del periodo de madurez en la que se representa el momento en que Dalila, conocedora de que la fuerza de Sansón reside en sus cabellos, se dispone a cortárselo. En este pasaje del Antiguo Testamento aparece alguna licencia, como el que sea ella misma, y no un soldado, quien realice la acción. Dalila aparece como guerrera semidesnuda de perfil clásico que cumple con su misión para salvar a su pueblo. La composición se dispone como aparato escénico y muestra a los personajes que interpretan su papel en una secuencia lineal en la que se sucederán la acción de Dalila y la captura de Sansón por los filisteos ocultos tras la columna.


Abraham repudia a Agar e Ismael. Óleo sobre lienzo. 115 x 152 cm. Representa el momento en que Abraham, patriarca de Israel, acuciado por su esposa Sara, expulsa de su casa a Agar y al hijo de ambos, Ismael. Es ejemplo de las pinturas de marcado efecto teatral propias del periodo de madurez, caracterizadas por el complejo estudio de los gestos con que los personajes escenifican el melodrama. Las manos de Abraham indican distanciamiento, mientras que Agar, con lágrimas en los ojos, protege al niño con sus brazos. El tema central es la representación de los afectos, en este lienzo de composición horizontal a modo de escenario, con figuras de medio cuerpo y una paleta de colores muy vibrante con protagonismo del azul de lapislázuli. También se recuerda a las obras teatrales, a su vestuario, la descripción de las refinadas telas.


Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista, 1637, Óleo sobre lienzo. 139 x 175 cm. En este pasaje del Nuevo Testamento se plasma el momento en el que el verdugo deposita la cabeza de san Juan Bautista en la bandeja que sostiene Salomé antes de entregarla a su madre, Herodías. El artista aborda el tema de forma novedosa y representa una figura femenina junto a Salomé que no se menciona en la narración bíblica. Respecto a sus obras tempranas, Guercino ha dotado de más espacio a esta composición, en la que los personajes están inmersos en un claroscuro menos intenso y en la que la paleta cromática ha ganado en claridad. Una tensa calma envuelve a una Salomé arrepentida, lejos de la personificación del pecado y la venganza que se le atribuye en otras pinturas con el mismo asunto. 


Otras obras con protagonistas femeninas.

Alegoría de la Astronomía, Blanton Museum of Art, Austin, Texas, Estados Unidos.

Sibila pérsica, Museos Capitolinos

La reina Semíramis recibe la noticia de la revuelta de Babilonia, Museo de Bellas Artes de Boston

Marte, Venus y Cupido. Galería Estense de Módena.