Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos (1850-1914).
El pálido
semblante del amor verdadero, Eleanor Fortescue-Brickdale, 1899
La exposición que presenta Fundación Mapfre
constituye una manifestación del reconocimiento de estas creadoras como
Elizabeth Siddal, Joanna Boyce, Julia Margaret Cameron, May Morris, Marie
Spartali Stillman, Evelyn De Morgan o Eleanor Fortescue-Brickdale,
históricamente eclipsadas. El proyecto pone de relieve las diversas vías de los
procesos creativos y propone una nueva lectura en la relación con la progresiva
incorporación de las mujeres al ámbito artístico británico transformándolo
desde dentro.
El pastor distraído, William Holmant Hunt, 1851.
Aunque la Hermandad Prerrafaelita estuvo integrada exclusivamente por hombres, numerosas mujeres desempeñaron un papel fundamental, superando las limitaciones impuestas por un sistema que restringía su acceso a la formación académica y a la presentación de su obra en las instituciones oficiales. Muchas artistas encontraron oportunidades a través de redes informales de aprendizaje.
El recorrido expositivo se articula en nueve secciones temáticas, con un hilo cronológico que muestra tanto la evolución de este lenguaje artístico como las transformaciones del contexto.
Ofelia, John Everett Millais, 1852
EL MOVIMIENTO PRERRAFAELITA
El prerrafaelismo como movimiento artístico se ha
identificado con los miembros fundadores de la autodenominada Hermandad
Prerrafaelita (John Everett Millais, William Holman Hunt o Dante Gabriel
Rossetti), así como con adeptos (Ford Madox Brown, Edward Burne-Jones o William
Morris), que proponían una modernización del arte alejándolo del academicismo
imperante. El nombre procedía del rechazo a los cánones artísticos derivados
del Renacimiento italiano, cuyo gran referente era Rafael (1483-1520),
prefiriendo a Piero della Francesca (c. 1410- 1492) y artistas del norte de
Europa como Alberto Durero (1471-1528), es decir, anteriores a Rafael.
Medea, Evelyn de
Morgan, 1889
MUJERES PRERRAFAELITAS
Las mujeres artistas desempeñaron un papel decisivo en la evolución del estilo, inicialmente con núcleo masculino, que les ofreció mayores oportunidades. En los ideales prerrafaelitas de observación de la naturaleza, sinceridad artística e independencia creativa, las mujeres encontraron una vía favorable para sus propias carreras. Artistas como Elizabeth Siddal, Joanna Boyce, Marie Spartali Stillman, Evelyn De Morgan, Emma Sandys, Kate Greenaway, Fanny Bunn, May Morris o Julia Margaret Cameron desarrollaron su actividad artística en la senda del movimiento.
La luz del
mundo, William Holman Hunt, 1853
ARTS AND CRAFTS
Este movimiento artístico y social surgió en Gran Bretaña a finales del siglo XIX inspirado por las ideas de John Ruskin y William Morris. Defendía la artesanía, la calidad de los materiales y la creatividad individual frente a la producción industrial, y prolongó a nivel práctico los ideales prerrafaelitas, pues trasladó al diseño de objetos el interés por la naturaleza, el medievalismo y el valor simbólico de las artes. Reivindicó disciplinas como el bordado, las vidrieras, la joyería, la ilustración y el diseño textil, y las elevó a la categoría de bellas artes, abriendo nuevas oportunidades profesionales para las mujeres.
La infancia de la Virgen María, Dante Gabriel Rossetti.
CAPTAR LA AUTENTICIDAD DE LO REAL
La fidelidad a la realidad fue uno de los principios
esenciales del prerrafaelismo, practicando la observación directa de la
naturaleza y la representación minuciosa de cada detalle. Este enfoque
favoreció a las mujeres, que tenían un acceso muy limitado a la formación
artística oficial, al permitirles encontrar temas en espacios accesibles y
demostrar habilidad técnica y profesionalidad. El reverso lo constituyó la
asociación que establecía la cultura victoriana entre las mujeres y la
paciencia y el trabajo meticuloso, cualidades vinculadas tradicionalmente a
actividades artísticas consideradas menores como la copia.
The Order of
Release, Millais, 1853
I Un arte de la vida cotidiana
En 1848, el ascenso de las clases medias estaba generando
la demanda de un arte centrado en la realidad contemporánea. Este nuevo
enfoque, conocido como «realismo», proponía representar la vida cotidiana y
reflexionar sobre el presente. Frente a las tradiciones culturales de la élite,
ofrecía al público un reflejo de su propio tiempo. Sus detractores consideraban
que los asuntos cotidianos eran vulgares, triviales e indignos del arte. Sin
embargo, este enfoque abrió nuevas posibilidades a las mujeres artistas, que
pudieron abordar temas más cercanos a su experiencia.
Proserpina, Dante
Gabriel Rossetti.
II Realidades imaginadas
Las primeras pinturas prerrafaelitas expuestas en 1849 fueron composiciones inspiradas en fuentes literarias, históricas y religiosas, son sensibilidad romántica, pero desde una perspectiva realista. Este planteamiento se inspiró en los manuscritos iluminados medievales, las antiguas baladas inglesas y la obra de Alberto Durero y William Blakel.
Perseo y Andrómeda, Frederic Leighton, 1891
III Belleza y verdad en la naturaleza
La pintura de paisaje era una de las tradiciones más apreciadas del arte británico. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, los sectores más progresistas comenzaron a percibir la naturaleza como un patrimonio amenazado por la industrialización y la urbanización, con el ferrocarril como uno de los símbolos de esta transformación. Para pensadores como John Ruskin, el paisaje rural adquirió el carácter de un tesoro nacional en peligro, con una dimensión moral y social. El prerrafaelismo hizo suyo este ideal y produjo paisajes de gran intensidad.
Arts and Crafts, William Morris
IV «Un mundo en un grano de arena»
La profunda fascinación por el mundo natural se alimentó
del descubrimiento constante de nuevas especies animales, vegetales y
minerales. La tarea fundamental era el interés por la naturaleza con la
celebración de lo cotidiano y de lo exótico, grandioso o diminuto. Al artista
le eran indispensables disciplinas como la geología, la botánica, etc.
El brunswicker
negro, John Everett Millais
La fascinación de la sociedad victoriana por los personajes determinó el atractivo del retrato entre un público cada vez más amplio. Al mismo tiempo, la literatura incorporó nuevos personajes a los ya aportados por Shakespeare o Byron. Ante la competencia de la fotografía, los pintores respondieron potenciando la riqueza visual de sus obras. Así, desde la década de 1870, aparecieron retratos de personajes reales y ficticios caracterizados por la intensidad cromática y la complejidad ornamental, evolución que contribuyó al surgimiento del esteticismo.
Cristo en casa de sus padres, John Everett Millais, 1850
VI Inocencia decorativa
En consonancia con su tiempo, la mentalidad victoriana
daba por sentado que las mujeres poseían una afinidad natural con la infancia y
que la maternidad constituía su destino ideal. Con independencia de su posición
social, se esperaba de toda mujer que aspirara a convertirse en esposa y madre.
En consecuencia, también se consideraba que las artistas tenían una especial
aptitud para retratar niños y un interés innato por hacerlo. El énfasis
prerrafaelita en la sinceridad y la observación de la realidad impulsó una
renovación de la imagen tradicional de la infancia. Como resultado, la
representación de la infancia experimentó un notable impulso que acabaría
desembocando en el auge de la llamada «pintura de hadas”.
Lady Lilith, Dante Gabriel Rossetti, 1866
VII Lo útil y lo bello
El movimiento se oponía a los efectos de la producción en masa y al consumo de objetos baratos y de mal gusto, al tiempo que reivindicaba la dignidad del trabajo artesanal. Admirador de Ruskin, Morris colaboró con Dante Gabriel Rossetti, Ford Madox Brown y Edward Burne-Jones en la creación de objetos útiles y bellos destinados a la venta. De esa alianza surgió el movimiento Arts and Crafts, principal expresión del credo prerrafaelita en las artes aplicadas. Esta evolución brindó a las mujeres la oportunidad de transformar habilidades tradicionalmente domésticas, como el bordado o la pintura sobre porcelana, en actividades profesionales.
La muerte del rey Arturo, James Archer, 1860.
VIII Medievalismo
Es posible considerar la Edad Media (700-1500) como un
período «prerrafaelita», pues su final coincide simbólicamente con la irrupción
de Rafael y el triunfo del clasicismo renacentista sobre la estética gótica. De
ahí que la plasmación del entusiasmo victoriano por la etapa medieval suela
denominarse estilo «neogótico». En este contexto, el medievalismo constituyó
una corriente fundamental dentro del prerrafaelismo. Esta poderosa atracción
ejercida sobre la sensibilidad victoriana se basaba en la consideración de la
Edad Media como una era cristiana en la que la sinceridad, la piedad y el
sentido comunitario prevalecían sobre la sofisticación mundana.
La Ghirlandata, Dante Gabriel Rosetti, 1871
IX Esperanzas y sueños
Durante gran parte del siglo XIX las aspiraciones de las
artistas se vieron limitadas por los prejuicios y la tradición. Antes de
mediados de siglo eran pocas las mujeres dedicadas al arte y se las consideraba
marginales o meras aficionadas, autoras de obras menores. A finales de siglo,
el acceso a una formación artística más rigurosa, a los viajes de estudio y a
una educación más amplia había mejorado notablemente la situación de las
artistas. Para entonces, los varones vinculados al prerrafaelismo eran
admirados por su idealismo, imaginación y capacidad para plasmar ideas
complejas. Muchas mujeres siguieron ese camino y abordaron obras de mayor
formato y densidad intelectual.
El despertar de la conciencia,
Hunt, 1853
Hilas y las ninfas, Waterhouse
Rienzi jurando vengar la muerte de su hermano menor,
William Holman Hunt, 1849
Dama colocando un banderín en la lanza de un caballero,
Elizabeth Siddal, 1856
Autorretrato, Mary Severn, 1862
Alethea, Julia Margaret Cameron, 1872
Funda de cojín, May Morris, 1900, Seda bordada sobre lino
liso, 58,4 × 54,9 cm.
Vista desde la ventana de Balcony House, Alice Boyd, 1864






















































