martes, 31 de marzo de 2026

Torres medievales y cadalso (I).

Un elemento típico medieval de las defensas en torres y murallas fue el cadalso, que era una defensa de madera en voladizo adosada a media altura, o en lo alto, a una muralla o a una torre. La galería colgaba apoyándose en ménsulas o vigas de madera o piedras que sobresalían, incrustadas en el muro. Normalmente estaban cubiertos y no solían ser permanentes, sino instalarse durante un asedio. Frecuente en los castillos medievales, su disposición en vuelo ampliaba el campo de tiro de sus defensores, especialmente al poder disparar hacia abajo por troneras abiertas en la base. Al ser de madera podían arder fácilmente y fueron poco a poco sustituidos por matacanes, que eran permanentes, prestaban el mismo servicio y contaban con la seguridad de estar fabricados en piedra, aunque tenían menos vuelo. En la mayoría de los casos desaparecieron por el deterioro de la madera, pero es posible imaginar su posición. 

                                                                   Carcasona (Francia)

                              Castillo de Argüeso (Cantabria). El cadalso protege la puerta. 


La torre solar del almirante Pero Niño, conde de Buelna, ilustre marino montañés que en 1405 armó en Santander una flota de naos y galeras con la que extendió el poder naval castellano por las costas atlánticas europeas.  Se sitúa en el término municipal de  San Felices de Buelna (Cantabria) y fue construida por su hermano, Alfonso Niño Laso de la Vega, merino mayor de Valladolid, a finales del siglo XIV en estilo gótico.


Es una torre de planta rectangular y tres alturas (4,50 m la baja, 4,30 m la segunda o noble, y 2,70 la última), construida en mampostería, con sillería en esquinales y vanos. Los muros tienen un grosor de 90 cm, salvo en la última planta. Sus medidas son 14 m de largo, 9 m de ancho y 11,50 m de alto. La fachada principal es la oriental, con puerta de arco apuntado y grandes dovelas. El resto de los vanos son también apuntados, excepto dos que aparecen en el tercer piso de las fachadas oriental y meridional, que son de medio punto y que serían las puertas para pasar a los cadalsos.


La torre y palacio de Aldealseñor, en la localidad de ese nombre, en la provincia de Soria, consiste en una torre defensiva bajomedieval, con origen en el siglo X, junto a la que se construye a finales del siglo XVI y comienzos del XVII el palacio, conformado por una construcción de tres alas y un patio cerrado por cerca de mampostería con una fachada de sillería rematada con almenas piramidales y con dos escudos que flanquean la puerta de acceso.





La torre tiene una base de 9 x 7 m y una altura de 26 m. La fábrica es de mampostería, con sillería de arenisca en esquinas y ventanas. Conserva las ménsulas de lo que pudo ser un cadalso, así como los mechinales de la misma estructura un poco más abajo. Posteriormente, al construirse el palacio, la torre se recreció, disponiéndose vanos bajo arcos lobulados y escarzanos. 







El palacio es edificio residencial, con dos plantas en el ala central, realizado en sillarejo con sillares en esquinas y vanos. Destacan las dos puertas bajo arco carpanel y el escudo de la familia Salcedo sobre el acceso principal. De su cubierta destaca la linterna de ladrillo sobre la escalera de honor. El ala este también presenta dos plantas, la inferior con una puerta de arco carpanel y en el superior una galería porticada de arcos rebajados sobre columnas toscanas. El ala oeste conserva en el piso inferior puertas con arcos carpanel y dos pequeñas ventanas con tejadillos semicirculares.


 






Torreón de los Garcés de Marcilla. Torrealta. (Rincón de Ademuz, Valencia). Siglo XIII. Mechinales y maderos daban sostén al cadalso.




 





Torre de los Velasco con los restos del cadalso desaparecido. Espinosa de los Monteros (Burgos). Siglo XIV.

 



 





Castillo de las torres de Mens o fortaleza de los Moscoso. Malpica de Bergantiños (La Coruña). Siglo XIII.




 

Torre de los Velasco (Espinosa de los Monteros). Recreación del cadalso por Miguel Zález.



Torre de Abizanda (Huesca), s XI.

Tiene una altura de 24 m y una planta rectangular de 13,64 x 8,16 m, con un gran espesor de muros que dejan una superficie habitable de algo más de 40 m2 en las plantas inferiores, que aumenta, dado el adelgazamiento de los muros, hasta los 60 m2 en la última. Dispone de cinco plantas con pisos de madera apoyados en vigas. Presenta dos fases de construcción, la inferior de finales del siglo X (destruida en 1006 por los musulmanes) y el resto del siglo XI, realizada por maestros lombardos. La puerta de acceso, de un metro de anchura en el muro sur, está a 6,50 m de altura. Está construida en sillares en la parte baja y en sillarejo en el resto.

La planta baja está cegada hasta los tres metros por motivos defensivos y dispone de varias aspilleras. En la planta segunda está el acceso, al que se llegaría por una escalera de mano. La tercera planta era de habitación, consta de dos ventanas, retrete y aspilleras. La cuarta planta también era habitable y tiene ventana y aspillera. La quinta planta era defensiva, con puerta en el centro de cada muro para acceder al cadalso.

San Vicente de Labuerda (Huesca)

Las casas son ejemplo de arquitectura popular pirenaica, destacando Casa Buil, ejemplo de las Casas torreadas del Alto Aragón, del siglo XVI, con torreón adosado, que pertenecía al infanzón del lugar. Es una magnífica residencia que destacaba por su volumen sobre el conjunto, indicando poder y riqueza. La fortaleza del torreón atestigua la inseguridad de la época debido a los conflictos nobiliarios, a los fronterizos con Francia y a la existencia de bandoleros.

El origen de la familia Buil en la localidad se remonta al siglo XIII y debió tener una torre-vivienda, sustituida por la actual en el siglo XVI.




Es de planta cuadrangular y tiene cinco pisos, el inferior cubierto con bóveda. La segunda planta se utilizaba como vivienda y cuenta con una ventana ajimezada con arcos de medio punto. Otras aberturas son las aspilleras de ranura y gota central que se reparten por los distintos pisos. Una capilla a la Virgen del Rosario, dedicada al culto de la familia propietaria, se abrió al resto de la población, al estar la iglesia de San Vicente algo apartada.






La Torraza de Lárrede (Sabiñánigo, Huesca) o torre del Moro es una torre vigía de los siglos XV-XVI, construida sobre la base de una construcción del siglo X debido al auge del bandolerismo y la inseguridad, y a los conflictos de tipo político. Formaba parte del sistema defensivo del Campo de Jaca y pudo formar parte de un castillo. Tiene planta rectangular de 6,5 x 4,5 m, con un muro de 1,5 m de grosor, construido en sillarejo y pizarra. El interior se compone de cuatro plantas, con aspilleras, y acceso en el lado sur a la altura del segundo piso. El remate es almenado.

 


viernes, 27 de marzo de 2026

La Línea P (I).

En todas las épocas se ha procurado defender los asentamientos humanos y los territorios de cada tribu, reino, estado, etc., estableciendo, especialmente en los límites o fronteras, las fortificaciones adecuadas. Estas defensas exigían mucho esfuerzo y necesitaban de grandes recursos, a pesar de lo cual los resultados, a veces, no estaban a la altura del trabajo realizado. El tiempo necesario para la construcción hacía que, en algunos casos, nacieran ya obsoletas debido a los avances en los armamentos, técnicas, etc.

Hay ejemplos de este tipo de fortificaciones. Uno muy conocido es la francesa línea Maginot, muralla de defensa a lo largo de la frontera con Alemania e Italia iniciada en 1922, que, aunque debía ir hasta el mar del Norte, dejó la frontera belga sin protección suficiente. Los trabajos finalizaron en 1936, cuando la amenaza hitleriana parecía justificar el proyecto. El ejército alemán se dio cuenta del punto débil y avanzó por las Ardenas, rodeando a las fuerzas aliadas. Esta línea, pensada con la experiencia de la guerra de trincheras anterior, no impidió la derrota francesa en 1940.

La Línea Stalin fue una línea de fortificaciones ubicadas a lo largo de la frontera occidental de la Unión Soviética iniciada en 1926. Era similar a la línea Maginot, pero menos elaborada, y no era una línea continua. A raíz de la expansión soviética hacia el oeste en 1939-1940 se creó la línea Mólotov a unos 300 km hacia el oeste. En 1941, la invasión alemana en la llamada Operación Barbarroja cogió a los soviéticos con la nueva línea sin terminar y la Línea Stalin abandonada en gran medida y en mal estado.

Tampoco sirvió la línea de los Sudetes en Checoslovaquia.


Ahora debemos centrarnos en el territorio que nos interesa, que es la cordillera de los Pirineos, especialmente en su tramo central, la provincia de Huesca. Siempre hubo torres defensivas y castillos, aunque en el periodo medieval el objetivo era defenderse del sur -los musulmanes- y no del norte. De este periodo el mejor ejemplo es el castillo de Loarre. 


En la Edad Moderna, con los estados nacionales ya instaurados, la defensa sí que se realizó mirando al norte, como las renacentistas ciudadela de Jaca y torre de la Espelunca en Canfranc. Y así se siguió en los siglos siguientes, cuando se intentó defender el territorio ante posibles invasiones, como en el valle de Canfranc -principal corredor transnacional-, donde se construyó la Torre de Fusileros al realizarse la nueva carretera en el siglo XIX.

Los Pirineos siguieron siendo una frontera natural, pero que necesitó también de las fortificaciones artificiales. En los años de la Guerra Civil, 1936-1939, ya se construyeron algunos búnkeres. En 1940 se construyeron los búnkeres Vallespín en el País Vasco y en 1943 se planificó la Línea P, iniciada en 1944 con prisioneros políticos y soldados en servicio militar como trabajadores, supervisados por Regimientos de Ingenieros. La construcción era secreta, e incluso se prohibió la caza. En ese año también los alemanes construyeron búnkeres en el lado francés (Sperrlinie Pyranäenfront), mientras la Unión Nacional Española, brazo armado del PCE, invadió España por algunos pasos, como Roncesvalles, los valles del Roncal y del Gállego y el valle de Arán. En 1956 se dio por suspendida y en 1976 el Ejército abandonó su mantenimiento. El Archivo Militar de Ávila guarda la información.

La línea P es un conjunto de búnkeres defensivos para tratar de evitar una posible invasión de España por parte de los Aliados (los franceses de Charles De Gaulle llegaron a la frontera el 9 de agosto de ese año) y de los restos del Ejército Republicano. Desde 1942 hubo rumores de invasión alemana (La España espiada, Emilio Grandío, Cátedra, 2025) y Hitler presionó a Franco para que permitiese pasar a sus tropas para asediar Gibraltar (Operación Félix). Las carreteras fronterizas de los Pirineos fueron ruta de escape para fugitivos judíos primero, y mandos nazis y colaboracionistas perseguidos después. Había que controlar ese tráfico.

Los búnkeres estaban semienterrados, construidos con hormigón armado y, algunos, conectados por túneles. Se agrupaban en sectores, y éstos en Centros de Resistencia (100 en Cataluña, 56 en Navarra-País Vasco, 20 en Aragón, numerados del 101 al 120) categorizados según su nivel de riesgo. Aunque no se llegaron a utilizar, estaban preparados para distintas armas, fusil ametrallador, ametralladora, cañón contracarro, cañón antitanque, ametralladora antiaérea y mortero, y había otros que funcionaban como observatorio o como refugio. Las paredes tenían un grosor de un metro y debían drenar bien, y se planearon puertas blindadas que no llegaron a instalarse. En cada zona había un centro de operaciones, como la estación de Canfranc en el valle del río Aragón. Se planearon unos 10.000, aunque sólo se terminaron la mitad, y hubo una previsión de 75.000 soldados. El trabajo de los ingenieros militares fue muy preciso, en algunos casos con gran dificultad por la altura, pero los búnkeres eran ya tecnología obsoleta.

Un ejemplo de Centro de Resistencia el el N.R. 113 El Castellar, ubicado en la estación invernal de Candanchú, que tenía 62 asentamientos de varios tipos: de observación o mando, de combate (los más numerosos), de artillería (los más grandes), a cielo abierto (ametralladoras antiaéreas, morteros), abrigos (excavados en la roca).

En la actualidad se ha elaborado un mapa, con el objetivo de preservar la memoria histórica y permitir una actividad turística, que incluye 3.202 búnkeres, de los que 2.251 han sido verificados y 951 son muy probables. El de mayor altitud se encuentra a 2.507 m.

Valle de Ansó (Zuriza, 2 búnkeres: uno no verificado).

 



Valle de Hecho (4 búnkeres, 2 no verificados).

 




Secus: observatorio a 2.232 m, 3 refugios.


Observatorio


Valle de Canfranc: 94 búnkeres (algunos unidos con refugios, 19 no verificados), 35 refugios (4 no verificados), 2 observatorios, 6 nidos de morteros, 3 de fusil ametrallador, 5 de ametralladoras antiaéreas, tres de cañón contracarro, 3 de ametralladora, 1 de cañón de infantería.

 

 


 

 


 


En el valle de Canfranc (Sector 24) se ha recuperado el conjunto denominado Punto de Apoyo nº 1 del Núcleo de Resistencia nº 111 (Los Arañones), constituido por más de una docena de búnkeres y proyectado para la defensa de la estación internacional de Canfranc. La defensa se basaba en armamento antitanque. El C-1 dirige su tronera hacia la boca del túnel ferroviario y por el flanco occidental hay cuatro asentamientos unidos mediante trinchera, para fusil ametrallador y ametralladora, cuyas troneras se abrieron en la obra del túnel. En el flanco oriental hay asentamientos que baten directamente las vías del ferrocarril. El más próximo a las vías incluye un profundo acceso con escaleras de piedra. Otro asentamiento a cota superior defiende la pista forestal.




 

Núcleo de Resistencia 112. Coll de Ladrones

La “Organización Defensiva de los Pirineos” dividió el Valle de Canfranc en seis núcleos de resistencia, siendo el 112 uno de ellos. Desde uno de sus puntos de apoyo, el lugar de Picaubé, Tercer Elemento del Punto de Apoyo nº 3, se puede dominar casi todo el núcleo y las vertientes sur de La Sagüeta, El Tobazo, etc., por lo que se consideró de alto valor estratégico. La forma de estos asentamientos es común y consiste en una entrada en pozo o en pasillo que desemboca en un habitáculo de 2x2 m. Están construidos en hormigón y se camuflan por acumulación de piedras.

Desde aquí se pueden visitar otros elementos como el pelotón de morteros (obra M-11 y M-12), uno de los asentamientos más espectaculares. Por encima se sitúa la obra 333 destinada a un fusil ametrallador, que conserva las maderas del encofrado, significando que la obra no se terminó ni entró en funcionamiento. La Obra A-1, ametralladora antiaérea está en una cota más elevada. Las Obra M-9 y M-10 son pelotones de morteros, usables como abrigo. También está la Obra O-4, Observatorio Puesto de Mando, excelente mirador al norte.


 










Ametralladora antiaérea