El
valle de Benasque: Arte.
En otros artículos
sobre el valle de Benasque (Huesca) ya se ha comentado algo sobre el arte, relacionado
normalmente con las iglesias de los pueblos (origen románico en muchos casos) y
con casonas nobiliarias, algunas fortificadas. Muchas de las iglesias están en
los pueblos, otras son ermitas.
Entre las primeras
se encuentran san Félix de Eriste (s. XII, muy reformada) o
San Pedro de
Villanova. Tenemos constancia de la existencia de la población al
menos desde el siglo XI. La villa se articulaba en dos barrios perteneciente
cada uno de ellos a un señorío, cada uno con su propia iglesia románica: Santa
María y San Pedro (finales del siglo XII), que además de ser la parroquial, es
el santo patrón titular del pueblo.
Es un
edificio cuyo máximo interés radica en ser una muestra de la hibridación de las
pervivencias lombardas y de las novedades jaquesas que se produjo en el valle
de Benasque durante el siglo XII. Es la iglesia románica más grande del valle y
está relacionada con el cercano monasterio de Obarra.
Es un templo construido en sillería dispuesta en hiladas regulares, salvo algún
cuerpo añadido con posterioridad (como la sacristía). Presenta una sencilla
planta rectangular de una nave, presbiterio muy desarrollado y cabecera
semicircular orientada al este. Ante el presbiterio se abrían dos capillas
cuadrangulares, aunque la situada en el costado norte fue eliminada durante la
restauración. También en el costado norte, junto a la cabecera, sobresale el
volumen cuadrangular de la sacristía.

La nave, dividida en dos tramos por un arco fajón de medio punto, cubre con
bóveda de cañón. El presbiterio y la cabecera, de una altura muy inferior a la
nave, lo hacen con cañón y cuarto de esfera, respectivamente. La capilla sur,
que presenta embocadura de arco de medio punto, cubre con bóveda de cañón con
lunetos. Los vanos de mayor interés son los del ábside: tres ventanas en arco
de medio punto de doble derrame, correspondientes a la obra original. En el
costado norte del presbiterio se abre un estrecho pasadizo abovedado que da
acceso a la sacristía, que con cielo raso.
Es en el exterior donde resulta más patente esa
hibridación de estilos, sobre todo en los elementos decorativos: arquillos de
medio punto ciegos en el ábside y ménsulas molduradas soportando el alero de
las naves.
El acceso se realiza por el costado sur, a través de una puerta en arco de
medio punto que presenta capiteles moldurados rematando las jambas y una gran
punta de diamante tallada en la clave. Sobre ella hay un crismón trinitario, labrado
en un bloque marmóreo. Presenta aro marco y tiene siete brazos y sus símbolos
en posición ortodoxa. Además, los ya habituales "V" y "E"
que hallamos en este valle ("Vallis Ésera" o "Victorian
Eclesiae", según autores).
A los pies se eleva una espadaña de dos ojos de medio
punto.
La pila benditera, semiesférica, presenta decoración de
pencas en relieve y mano sujetándola en la parte inferior, como es habitual en
las iglesias del valle (siglo XVII).
En fotografías antiguas conservadas en la sacristía de la iglesia, pueden verse
dos elementos desaparecidos, el pequeño pórtico que protegía la portada, y el
coro alto que existía a los pies, del que destacaba la balaustrada de madera,
datable como muy pronto en el siglo XVI.
En el interior, el ábside dispone de un retablo gótico de
principios del siglo XVI (1520-1530) que oculta parcialmente los vanos que
abren al exterior.
En la capilla lateral sur se ubica la sencilla pila
bautismal, que bien pudiera ser la original del templo.
Entre las ermitas
tenemos, en las afueras de El Run, la ermita de la Virgen de Gracia,
magnífico ejemplo del románico lombardo. Está situada en un paraje natural a los pies de la sierra de Chía, en un
antiguo camino que salvaba el desfiladero del congosto de Ventamillo. Esta
joya medieval fusiona la tradición constructiva local con la influencia del
arte lombardo y fue ejecutada por canteros locales, aunque siguiendo la forma
de construir y decorar lombardas.


Es una iglesia de nave única con cabecera semicircular
orientada al este y una pequeña torre dispuesta sobre la bóveda de la nave,
próxima al ábside. Está construida en piedra sillar sin desbastar, alternando
con sillarejo en el ábside y el primer tramo de la nave, y de sillarejo de
piedra toba en la torre. El aparejo del segundo tramo de la nave es también de
sillarejo, aunque ligeramente más irregular; el muro de ese tramo tiene además
menor grosor que el precedente. Llama la atención el mayor tamaño y rudeza de
los situados en la porción inferior del templo, por debajo de los vanos. Todo
el edificio está cubierto con tejado de losa dispuesto a dos aguas.
Muestra dos fases constructivas: una primera, con rica
decoración lombarda en la fachada principal, y una posterior, de factura más
sencilla. La cabecera, la primera mitad de la nave y la torre seguirían la
tradición lombarda y serían más antiguas.
Su nave única y el ábside semicircular son
características del estilo románico, visibles en otros muchos pequeños templos
del valle. Desde el exterior son fácilmente identificables los elementos
característicos del románico lombardo. En su ábside, sobre su zócalo, arrancan unas
toscas lesenas o pilastras y una galería de arquillos ciegos recorre todo su
perímetro en la parte superior. Una lesena/pilastra a mitad del muro sur
delimita la porción posterior de la nave, carente ya de decoración lombarda.

El ábside va
montado exteriormente sobre un zócalo de 1,70 m de altura en el que apean dos
lesenas, de función tanto decorativa como estructural, que dividen el hemiciclo
en tres bandas decoradas por arquillos ciegos (3-6-3), que se continúan en los
muros de la primitiva nave. Se conservan algunos vanos originales en esta zona:
uno en el centro del ábside, en arco de medio punto con doble derrame, y otro
similar en el muro sur; junto a este hay una pequeña ventana aspillerada, con
doble derrame, que fue abierta con posterioridad.
La singularidad de este templo está en su pequeña torre
campanario de planta cuadrada que presenta en cada paño ventanas geminadas
en arco de medio punto. Las ventanas están
insertas en cuadrados rehundidos decorados en su parte superior con cinco
arquillos ciegos sobremontados por un friso de dientes de sierra; en los
tímpanos de los arquillos del lado norte se conservan restos de una decoración
románica. La torre está cubierta con una especie de bóveda esquifada y tejado
de losas a cuatro vertientes.
Imagen generada por IA
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Lo que añade valor es que esta atrevida torrecilla está
erigida directamente sobre la bóveda del tramo anterior de la nave. El único
"refuerzo" en el primer momento edificativo fueron las
lesenas/pilastras que adosadas a los muros laterales coinciden con la carga del
lienzo occidental de la torrecilla. Esta torre replica en hechura al último
cuerpo de la torre de San Clemente de Tahull y destaca por la cuidada factura
de sus elementos edificativos. Su escorzo hacia el norte debió hacer temer su
desplome, por lo que ya en el siglo XIII se edificaron los dos refuerzos al
interior, arcos diafragma apuntados, afianzando la bóveda en los lugares de empuje
de los lienzos este y oeste de la torre.
La puerta, adintelada, se abre hacia los pies en el
lado sur, sustituyendo a la portada románica original, de medio punto dovelado
-así permanece al interior-, que se encontraría en el mismo lugar. Presenta una
moldura en baquetón que recorre su dintel y jambas.
Al interior consta de una nave dividida en cuatro tramos de dimensiones muy irregulares, un corto presbiterio y ábside semicircular. La nave y el presbiterio se cubren con bóveda de medio calón y el ábside con cuarto de esfera.
Abre en este lienzo el ventanal de medio punto dovelado
de similar hechura al de la cabecera. Y como al añadir al interior fajones en
un momento posterior, quedara parcialmente inutilizado, se abrió en ese momento
otro, adintelado, por delante del original.
El templo está dedicado a Nuestra Señora de Gracia,
advocación medieval que simboliza protección, intercesión y esperanza para los
fieles.
Otra ermita es
San Esteban de Conques. A Conques
se puede ir desde Anciles o desde Eriste, cruzando el puente en la cabecera del
embalse de Linsoles (mejor indicado). Conques fue señorío perteneciente a la
familia de los Bardaxí, linaje de origen medieval, cuyos miembros ocuparon a lo
largo de los siglos cargos de importancia, no solo en Ribagorza sino también en
Aragón. Estos Bardaxí de Conques fueron además señores de Benasque, Villanova y
Ramastué.
"Descendía esta familia de Ximeno Fortuñón,
caballero que peleo junto a Alfonso I el Batallador, quien como agradecimiento
y según era su costumbre, le donó el valle de Bardaxí, del cual tomó su nombre.
Intervino la familia Bardaxí en distintos acontecimientos históricos, apoyando
decididamente la causa de los duques de Villahermosa en la sublevación de los
ribagorzanos contra Felipe II, coyuntura bien aprovechada por el monarca para
recuperar las tierras de la Ribagorza e integrarlas en su corona, tierras que
hasta ese momento habían sido de Martín, duque de Villahermosa. El secretario
de Felipe II, Antonio Pérez, implicó en su huida a Antonio de Bardaxí
enemistándolo así con el rey, que ordenó el encarcelamiento y confiscación de
sus bienes en el año 1592 y la demolición de todos sus castillos, incluso el de
Conques que fue arrasado. Hoy solo queda de él los restos de una torre junto al
palacio edificado en el XIX." (José Luis Aramendía: El Románico
en Aragón. Tomo II Cuencas del Ésera y Cinca. pág. 149).

Idealización. Imagen generada por IA
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El despoblado de Conques es un tranquilo paraje abierto
ya de antiguo entre los bosques cerrados de fresnos y abedules. A comienzos del
siglo XI ya era un lugar lo suficientemente importante como para que sus
propietarios promocionaran esta pequeña iglesia y recurrieran para ello a los
maestros lombardos, que alrededor de estos mismos años, trabajan en Obarra,
Urmella, Roda de Isábena, Villanova, etc.
La ermita de San Esteban de Conques está aislada entre prados y bosque, al
lado de la torre y casa de Conques. Es una de las ermitas más antiguas de
Ribagorza (iniciada en el primer tercio del siglo XI), que los constructores
lombardos dejaron interrumpida, al igual que otras de la zona.
Es un edificio orientado, construido en sillarejo,
encalado tanto al exterior como al interior, con cubierta de pizarra a dos
aguas muy pendiente.
Tiene planta rectangular con cabecera semicircular
orientada al este. Al exterior los rasgos más destacados se concentran en su
cabecera. Su paramento exterior está dividido por dos lesenas en tres paños
coronados con cuatro arquillos lombardos por paño, perceptibles pese al
inconveniente revoco que cubre los muros exteriores. En cada uno de estos
tramos abre una ventana abocinada de doble derrame, cubiertas con boveditas
cónicas. El actual recrecido del terreno impide constatar si existe un probable
zócalo del que arrancarían las lesenas.
La portada se sitúa a los pies y es mucho más tardía. Es
en arco rebajado con trasdós moldurado, que apea en jambas de piedra. En el
muro norte, próxima a los pies, se advierte una portada adintelada cegada, más
antigua, aunque muy probablemente tampoco es la original.
En el interior la nave está dividida en dos tramos por un
arco diafragma apuntado que apea en pilastras. El ábside, que abarca el ancho
de la nave, se cubre con bóveda de cuarto de esfera sobre la que no hay
seguridad si pertenece o no a la fase lombarda.
La cabecera es
ligeramente más baja y ante ella se conservan dos pares de pilastras de esquina
triple que no soportan nada. Según todos los indicios, y su parecido a
soluciones en otros templos lombardos de la comarca (como Urmella) debieron de
estar destinadas a soportar bóvedas de arista característicamente lombardas,
que no llegaron a construirse. En su lugar, la cabecera cubre con bóveda de
cuarto de esfera y la nave con bóveda de cañón.
Tiene coro alto de
madera a los pies, al que se accede mediante escalera de obra adosada al muro
sur.
Idealización. Imagen generada por IA
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Es a comienzos de este siglo cuando se construye la
actual cubierta y espadaña, se dispone la actual puerta de entrada. Se
revocaron con mortero de cemento los paramentos exteriores de los muros y su
color grisáceo se disimuló pintándolos en blanco. Se enlució el interior. La
ermita, hoy abandonada, es un triste almacén de objetos abandonados.
Son de alto interés las claras relaciones que esta
iglesia presenta con las de San Caprasio (Santa Cruz de la Serós), Saint Martín
de Cazarilh y Nôtre Dame de Trébons, estas dos últimas en el vecino valle
francés de Larboust (Haute Garonne, Francia). Todas ellas obras lombardas
construidas en el primer tercio del siglo XI, que comparten su tipología
estructural y de planta.
Al lado de la ermita esta Casa Conques, con una torre
defensiva mucho más reciente y un escudo de los Bardaxí.