Marcel Duchamp.
Marcel Duchamp (1887-1968) es uno de los artistas más famosos, pero de los menos conocidos. De él se ha dicho, destacando su importancia, que fue una de las figuras que revolucionó, desafió y transformó la definición del arte occidental, que su visión radical transformó el arte y el papel del artista. Pero también, que dedicó más de seis décadas a sacudir, desestabilizar y redefinir los fundamentos mismos de lo que llamamos "arte", que fue el gran anarquista del mundo del arte, el gran saboteador, el dinamitero del arte contemporáneo, un tipo excéntrico al que el campo de juego del dadaísmo pronto se le quedó corto para sus gamberradas y su terrorismo artístico, … Así, en el siglo XXI, su obra mantiene la vigencia y la controversia.
Con su obra desafió la propia definición de obra de arte, inaugurando una nueva era de libertad creativa. A diferencia de sus contemporáneos, Duchamp se negó a encasillarse en un solo movimiento. Experimentó con el cubismo, el surrealismo y el dadaísmo, e influyó en el pop art, sin pertenecer nunca plenamente a ninguno de ellos. Era reacio a los “-ismos” y a la lógica de los grupos artísticos. Propiciando la ruptura con la tradición, rechazó los convencionalismos artísticos y priorizó la experimentación, la ironía y el azar sobre la destreza técnica. Quiso alejarse del aspecto físico de la pintura y lo logró, haciendo que cada objeto y cada gesto fueran una provocación; fragmentó la forma humana, desafió la autoría y liberó la pintura de la tela y el muro. Su obra se caracterizó por una deliberada incoherencia y por la constante reinvención. Muchos espectadores del arte contemporáneo se preguntan: “Por qué esto es arte?” Sin hacer referencia a su obra, es imposible contestar la pregunta.
Las colaboraciones entre museos continúan moldeando la experiencia artística en 2026. En esta ocasión, el MOMA y el Museo de Arte de Filadelfia, con el respaldo del Centro Pompodou, presentan esta retrospectiva, organizada cronológicamente para explorar su evolución artística. La muestra inicia con una selección de sus primeros dibujos y caricaturas, y el cuadro que da la bienvenida es “La partida de ajedrez” (1910), un colorido óleo con tintes fauvistas que recrea una estampa familiar en Francia y es la primera obra de Duchamp sobre el ajedrez, un juego que marcaría de manera indeleble su vida y su obra.
En 1911 pintó Sonata de Duchamp, un cuadro en su faceta más surrealista y figurativa, una obra dedicada a los miembros femeninos de su familia. Vemos a su madre en lo más alto de la composición, y bajo ella y formando un rombo están sus tres hermanas. Dos ellas tocando un instrumento en los laterales, Ivonne al piano y Madeleine con el violín, mientras que en la parte baja está sentada Suzanne, en silencio y totalmente ausente en sus pensamientos, mirando en otra dirección. Se trata de un cuadro con una estructura compositiva a base de diagonales y también de armonía de colores. Este artista tan rompedor y vanguardista también sabía hacer obras con un profundo orden compositivo.
En la obra vemos un cuerpo que está bajando unas
escaleras, presentado en sus tres dimensiones y plasmando a la vez el
movimiento. La obra tiene mucho del estilo fragmentario del Cubismo, pero
combinado con los planteamientos del Futurismo que pretendía representar la
energía del movimiento. Con ella trasladó la idea de la exposición múltiple de
la fotografía a la pintura.
Otra sección clave de la exposición destaca la invención del ready-made, que Duchamp describió en 1961 como “la idea más importante surgida de mi obra”. En 1913 presentó Rueda de bicicleta sobre un taburete de cocina. El objetivo no era el escándalo por el escándalo. Lo que Duchamp pretendía era plantear el debate sobre qué es arte y quién decide que lo sea. Y en el fondo, lo que buscaba era protestar contra el sistema que había vigente según el cual eran los críticos y los galeristas eran quiénes definían qué era una obra de arte y qué calidad tenía. Duchamp reivindicaba que la obra de arte era aquello que el artista decidía que así lo fuera.
Trituradora de chocolate 2 fue realizada en 1914. Es una obra elaborada con óleo y con hilo, con un dibujo muy filiforme y renunciando a cualquier tipo de claroscuro a la hora de plasmar sus colores. El resultado es un objeto frío y muy preciso, propio de un arte muy seco, y un buen ejemplo de objetos de uso ready-mades.
Otras obras suyas fueron La novia desnudada por sus solteros y El gran vidrio (1913-1923), en la que liberó a la pintura como medio tanto del lienzo como de la pared. Duchamp pinta sobre vidrio, abriendo un espacio de transparencia literal y simbólica. La obra, monumental y misteriosa, difícil de clasificar, sigue siendo una de las más comentadas del siglo XX al presentarse como una síntesis entre pintura y escultura y representar dos universos radicalmente opuestos, el femenino y el masculino.
(1919), la intervención de Duchamp en una reproducción de la Mona Lisa de Leonardo da Vinci en la que dibujó un bigote y una perilla alrededor de la
sonrisa. Este ready-made se basa en una tarjeta postal barata, en la que dibujó
con lápiz y le puso título. El nombre de la obra, L.H.O.O.Q. es del
francés y significa «Elle a chaud au cul», traducido literalmente «Ella tiene
el culo caliente», que podría traducirse como «Ella está excitada sexualmente».
Duchamp realizó varias copias de L.H.O.O.Q. de diferentes tamaños y
soportes. Una de ellas, es una reproducción en blanco y negro de la Mona
Lisa sin bigote ni perilla que llamó L.H.O.O.Q. afeitada.
Duchamp continuó innovando de maneras inesperadas y en el corazón de la muestra se encuentra su «museo portátil», La caja en una maleta (1935-1941), en la que el artista reprodujo minuciosamente en miniatura la obra de toda su vida hasta la fecha. Este es un proyecto de identidad, en un momento de amenaza del fascismo en Europa y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, y en una situación personal tras cumplir cincuenta años y no tener obras en museos.
El artista vanguardista desafió la autoría y la seriedad del arte también a través de su alter ego femenino, Rrose Sélavy (que en francés se lee: «Eros, c’est la vie», un juego de palabras entre el dios griego del amor y el deseo, y la expresión francesa «así es la vida»), nombre que usó en varias de sus piezas más icónicas.
Al posar vestido con pieles y joyas en las fotos de Man Ray en 1924, Duchamp demostró que para él la identidad misma podía ser un objeto artístico manipulable.
Marcel Duchamp fue un ajedrecista apasionado y consideraba el juego del ajedrez una obra de arte en marcha. Afirmó que "todos los artistas no son jugadores de ajedez, pero todos los jugadores de ajedrez sí son artistas" y que jugar al ajedrez es una actividad íntimamente relacionada con el arte y con todo tipo de disciplinas artísticas. El componente intelectual de este juego suele ser el punto de conexión con el artista. El ajedrez ha sido un juego popular entre artistas e intelectuales, por lo que hay numerosas obras de arte con motivos ajedrecísticos.
Los jugadores de
ajedrez, Paris Bordon
(discípulo de Tiziano). Estilo manierista.
El juego del ajedrez, Sofonisba Anguissola, 1555.
Esta obra representa a las tres hermanas de Sofonisba, Lucía, Minerva y Europa, jugando al ajedrez en medio de un paisaje boscoso. El ajedrez formaba parte de la formación humanista y estaba considerado un excelente ejercicio intelectual para una mujer. La partida pintada por Anguissola alude a la búsqueda de primacía femenina. El tablero de ajedrez es un pretexto para sugerir a que las verdaderas reinas son las dos hermanas Anguissola, que pasan su vida virtuosamente en un ejercicio educativo.
Los jugadores de
ajedrez, Caravaggio, 1610.
Uno de sus retratos
psicológicos muestra a tres figuras unidas a través del ajedrez.
Marte y Venus jugando al ajedrez, Alessandro Leone Varotari, Il Padovanino, 1630.
Caissa (la dríade griega venerada como la musa del
ajedrez), Domenico Maria Fratta, 1750.
Árabes jugando
al ajedrez, Eugene Delacroix, 1847.
Juan Gris. Piezas de ajedrez. 1917.
En el centro de la
vanguardia europea, artistas como Piet Mondrian, Juan Gris o Fernand Léger
practicaban en sus obras la confusión entre cuadro y tablero.
En 1923, Duchamp llegó a anunciar su retirada de la
práctica artística convencional «para jugar al ajedrez», un ejercicio
intelectual que, en último término, consideraba una forma de arte «más puro en
su posición social».
Esos años de dedicación profesional al ajedrez por parte de Duchamp, coinciden con los años del triunfo del psicoanálisis y del surrealismo. Entre los surrealistas aficionados al ajedrez se contaban también René Magritte, Max Ernst y Man Ray
Composición de Kandinsky sobre el Damero. 1923
Vestidos simultáneos. Sonia Delaunay. 1925
La artista rusa Sonia Delaunay creó piezas de vestuario simultáneas explorando la reducción del cuerpo a formas geométricas circulares, paralelepípedas o en damero en combinaciones dinámicas de color.
Gran tablero de
ajedrez. Paul Klee. 1928
Metáfora de la situación política de la época
Man Ray, 1934.
Mosaico al estilo de un tablero de ajedrez con retratos (de izquierda a derecha y de arriba abajo) de: Breton, Ernst, Dalí, Arp, Tanguy, Char, Crevel, Eluard, De Chirico, Giacometti, Tzara, Picasso, Magritte, Brauner, Peret, Rosey, Miro, Mesens, Hugnet, Man Ray.
Las reinas del
ajedrez. Muriel Streeder,
1944.
La autora se muestra a sí misma junto a la artista Dorothea Tanning, también pintora y esposa de Max Ernst. Ambas son reinas verticales en un mundo onírico sin rey. La obra ironiza sobre la posición secundaria de las mujeres, en el grupo surrealista, frente a la posición prioritaria de sus maridos y artistas masculinos.
La partida de ajedrez. Maria Helena Vieira da Silva. 1944
Durante los acontecimientos bélicos que sufrió Europa durante los años treinta y cuarenta, el ajedrez se convirtió en un elemento clave para propaganda nacional, utilizado como metáfora del triunfo en la batalla. Además, las migraciones derivadas de la guerra provocaron la extensión de la cultura del ajedrez en la vanguardia internacional. Es el caso de esta autora, portuguesa afincada en París, que huyó a Brasil durante este periodo.
En los años cuarenta, el propio imaginario del ajedrez se convertiría en uno de los temas de trabajo de los artistas más importantes de aquel tiempo, hasta el punto de llegar a diseñar sus propios juegos y borrar, así, el límite entre el ajedrez y la obra de arte.
Aunque todos sus amigos creían que, durante, los últimos 25 años se había dedicado, solo, al juego, el artista nunca abandonó el arte del todo. Étant donnés, su última obra (1966), es una instalación, visible sólo a través de dos mirillas, una para cada ojo, colocadas en una vieja puerta de madera. Al mirar por ellas se puede contemplar un gran agujero en una pared de ladrillos y, al otro lado, el cuerpo de una mujer desnuda tumbada boca arriba sobre un montón de ramas. La base es un suelo en damero, un tablero final de ajedrez que sirve para asentar el legado final de su autor.
Maurizio Cattelan, conocido por su arte irónico (América, un inodoro dorado funcional), creó en 2019 Comedian, una banana fresca pegada a la pared con un trozo de cinta adhesiva. El galerista dijo que era “un símbolo del comercio mundial, un doble sentido, así como un dispositivo clásico para el humor", mientras que Cattelan declaró que “se supone que el plátano es un plátano”.
La pieza se comparó con la fruta pop art de Andy Warhol de 1967.
Después de su venta, mientras todavía estaba en exhibición, el artista David Datuna se comió la pieza, llamando a la intervención Artista Hambriento. El plátano fue reemplazado ese mismo día.
Comedian, fue subastada por 6,2 millones de dólares (5,8
millones de euros) en la casa Sotheby´s de Nueva York. El comprador recibió,
junto a la obra, un certificado de autenticidad de la banana, que debe
reponerse cada siete días.
El dibujante Eneko (Diario Público, 13-4-2026) dio su opinión sobre estos derroteros del arte.























































