sábado, 4 de julio de 2026

Villahoz

Es un municipio del partido judicial de Lerma,  provincia de Burgos, que cuenta con una población de 262 habitantes (INE 2025) y está situado a 825 m de altitud. Fue fundado a finales del siglo IX o principios del siglo X, repoblación del valle del Arlanza, por cristianos de origen mozárabe. La primera cita conocida es del año 1079, Carta de Arras del Cid, donde aparece como Villa Fabze y donde se mencionan a Escobare y Matricale, antiguos despoblados dentro del término. Formó parte de las defensas de la primitiva Castilla. Felipe II vendió la jurisdicción al concejo de la villa en 1584. 

El edificio más destacado es la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, obra del siglo XVI, de las llamadas iglesias-salón, de estilo renacentista, que sustituye a la anterior gótica del siglo XIII-XIV. Las obras las inició Francisco de Colonia, que planteó un templo de tres naves con la central más elevada (último tramo de las naves, contorno de los muros, portada meridional). Colonia fue sustituido por desavenencias por canteros que, con trazas de Rodrigo Gil de Hontañón, levantaron el resto, modificando el diseño con las tres naves a la misma altura. El conjunto sorprende por sus grandes dimensiones y armoniosas proporciones, realzadas por la escasa decoración.



En el exterior destaca la portada meridional, de estilo gótico tardío, esculpida por Francisco de Colonia poco después de 1500. El centro de la composición corresponde al tímpano, ocupado por la representación del Llanto sobre Cristo muerto. Alrededor aparecen ángeles portando los instrumentos de la Pasión y personajes del Antiguo Testamento, que prefiguran el sacrificio de Cristo, todos ellos intercalados entre profusa decoración. En las jambas de la portada se encuentran estatuas de santos, muy deterioradas. Se remata con un arco conopial en forma de cruz, en el que se encuentra la imagen del crucificado.







A poniente, bajo la torre, se sitúa la otra portada, también gótica de principios del siglo XVI. Esta es más sencilla, carece de esculturas y su ornamentación es sólo vegetal. Julián de Arbaiza la diseñó en 1761, conjugando elementos góticos y renacentistas. La mezcla de piedra clara y oscura le da un sello característico. El pináculo que la remataba desapareció en un incendio en 1911, junto a las campanas y la cubierta del templo.





En el interior todavía se descubren restos de los paramentos de la antigua iglesia del siglo XIV. El conjunto es armónico, pero se aprecia la transición del estilo gótico (pilares fasciculados y nervios de las bóvedas rectos en los pies de la iglesia) al renacimiento. En la parte central las columnas tienen plinto estriado, fuste liso y en lo alto un anillo a modo de capitel que da paso a los nervios que se abren formando una palmera. Ya en el presbiterio las columnas se decoran con pilastras cajeadas, tomando un aspecto más clásico, de los años avanzados del siglo XVI. Las bóvedas, airosas, sostenidas por inmensas palmeras, forman estrellas y dibujos. 

De la antigua iglesia todavía se conserva una pequeña capilla en la nave del Evangelio, dedicada al Santísimo Cristo, cubierta con una bóveda octopartita, con nervios de potente sección, obra del siglo XIV. También quedan algunos sepulcros de principios del siglo XV. 


Los retablos son todos del mismo taller y estilo. Luis Cortés del Valle entregó el de la nave central en 1742: tres amplias calles y tres cuerpos. En la central, la Asunción juvenil rodeada de ángeles, y en las laterales, San José y la virgen del Rosario, debidas a Manuel Cortés del Valle, 1743, que también realizó los adosados al arco triunfal. El aspecto definitivo se lo dio Lesmes Villanueva, con la policromía y retirando el exceso decorativo barroco, dejando una impronta neoclásica.



El baptisterio, de fines del siglo XV, se encuentra a los pies del templo, junto al pozo. Destaca la gran pila de piedra apoyada en un basamento decorado con cabezas de leones, y la decoración del arco que lo cobija, de piedra policromada. Sobre este arco se puede ver la imagen del Cristo de la Vera Cruz, esculpida en el siglo XIV, procedente de una ermita cercana al pueblo.

El coro, que sustituye a uno anterior, bajo, del que no quedan restos, es de principios del siglo XVIII y está decorado con las armas de la villa y de los reinos de Castilla y de León. Aquí se encuentran el órgano, de estilo rococó, y un pequeño museo con objetos litúrgicos e imágenes sagradas.




El rollo jurisdiccional, muy esbelto, gótico florido de finales del siglo XV, preside la plaza Mayor, de típicos soportales castellanos, con sus siete metros de altura. Se alza, sobre cuatro escaleras poligonales, en un primer cuerpo liso hasta cuatro cabezas, dos leones y dos perros, símbolo de la fuerza de la justicia y la fidelidad al rey. El segundo cuerpo está decorado con columnillas adosadas. El remate se adorna con bellas tracerías flamígeras y termina en pináculo cónico, culminado por una cruz y una veleta. Es símbolo de libertad y justicia y representa la directa dependencia del poder real, al no pertenecer a ningún señor.





De la villa amurallada que fue Villahoz durante la Edad Media quedan como testimonio algunos lienzos y dos puertas, pudiendo reconstruirse el trazado por el diseño de las calles actuales, especialmente en las Pilas y las Cabas (foso defensivo en la parte más baja y vulnerable). Lo más destacado son los arcos de la Torre y de la Fuente, situados en los extremos de la calle Real, que atraviesa el pueblo de norte a sur. Son de construcción sencilla pero recia y pueden fecharse en los finales de la Edad Media, hacia el siglo XIV.

Puerta de Abajo

La ermita de la Vera Cruz es testimonio del gran número de ermitas que había en la villa en el siglo XVIII. Es una construcción sencilla. El exterior es de piedra de sillería en la cabecera y sillarejo en el resto. Tiene una nave, cubierta con bóveda del siglo XVI en la cabecera y el resto con artesonado con tirantes del siglo XVIII.



Sobre el río Arlanza, a unos cuatro kilómetros al sur del casco urbano, se sitúa el puente de Talamanca. En el lugar se han hallado algunos restos romanos y existió un despoblado hasta finales de la Edad Media. Aunque pudiera tener un origen romano, la construcción es de época medieval, con grandes reformas posteriores.


 




Destacan también los numerosos elementos de arquitectura popular, con las casas caracterizadas por presentar la planta baja de piedra y las superiores de ladrillo o adobe, con entramados de madera. También conserva otros elementos populares como el lavadero o la fuente-abrevadero.





En el Archivo Histórico Nacional se inauguró el proyecto digital “Expedición 4.0 al Medievo”, con el objetivo de acercar el patrimonio medieval a nuevos públicos mediante recursos inmersivos, contenidos interactivos, aplicaciones móviles y propuestas digitales. Entre los trece enclaves religiosos participantes están las catedrales del Arlanza (Mahamud, Villahoz y Covarrubias).

 

 

martes, 30 de junio de 2026

TRANSITAR EL SIGLO XX. DIBUJO Y ESCULTURA EN LAS COLECCIONES ICO

La escultura, a lo largo de los siglos, ha abordado fines religiosos, monumentales o fúnebres, ligados al poder institucional y a las políticas de encargos. Desde la concepción hasta la materialización se advierte un deseo de adueñarse del espacio mediante una masa de volumen cerrado. Aunque nació con vocación de eternidad, como demostraron los egipcios o los griegos, su finalidad ha evolucionado hasta que el escultor puede trabajar con una amplia variedad de materiales.

En el siglo XX ha experimentado más metamorfosis que en toda su historia anterior. Las vanguardias y los movimientos fueron responsables de profundas transformaciones. Distintas experimentaciones se produjeron desde el modernismo, el cubismo, el surrealismo, que, además de modificar el sentido de la pintura, encontraron en la escultura un soporte para sus búsquedas.

La exposición propone un recorrido por el arte del siglo XX, revelando cómo los lenguajes del trazo y el volumen han dialogado con los cambios sociales, políticos y estéticos del tiempo. Junto a las esculturas, la muestra incorpora una selección de dibujos que permite adentrarse en los procesos creativos de los artistas y establecer un diálogo entre ambos lenguajes, haciendo posible la comprensión de la evolución de la forma, el espacio y los materiales, desde la fragilidad del papel hasta la contundencia de la materia escultórica. 

 
Antoni Gaudí, Chimenea ventilador, 1909, bronce.

Manolo Hugué, Vieja catalana. La lloverá, 1910/1911, bronce patinado. Sus obras se caracterizan por su estilo noucentista, que supo acercar hasta las vanguardias.

Pablo Gargallo, Bailarina con tutú (Teresina Boronat), 1927, tinta china sobre papel. Esta obra es uno de los dibujos preparatorios para una de sus esculturas más célebres, Gran Bailarina, de la cual realizó tres versiones en hierro.

 

LAS VANGUARDIAS.

Ya en el siglo XIX, la escultura comenzó a adquirir nuevo sentido. El estudio anatómico exhaustivo, el interés por la perfección y la búsqueda de la belleza dieron paso a una nueva realidad en la que materiales y formas cambiaron radicalmente. La evolución fue más tardía porque estaba ligada a los encargos y porque los materiales (mármol, bronce, …) eran muy costosos. La capital francesa fue crucial para el arte moderno, al residir allí muchos artistas. Pablo Gargallo y Julio González utilizaron el hierro y la forja, con chapas recortadas y soldadas de vinculación cubista, para ir abandonando las referencias figurativas y adentrarse en la descomposición geométrica como un nuevo estilo. Desarrollaron un lenguaje nuevo que dio lugar a la nueva estética basada en la “ausencia de masa”. Joan Miró interpretó las formas desde postulados surrealistas.

                                  Pablo Picasso, Nu, 1934 (26 de abril), tinta china sobre papel

 

                                                        Joan Miró, Femme, 1970, bronce.

Figura orgánica, en la que con pocos elementos traza el cuerpo femenino. Esta concepción etérea es propia de los años 1920 cuando se instaló en París, donde entró en contacto con Picasso y pintores, escritores y poetas surrealistas que le influyeron para depurar su estilo.



          Salvador Dalí. Un féminin, hystérique et aérodynamique. 1934/1973, bronce pintado.

 

VOCES EN EL EXILIO.

La experiencia del exilio marcó profundamente la obra de Esteban Vicente (Nueva York, expresionismo abstracto, vínculo emocional con la luz y el color mediterráneo), Alberto Sánchez (Rusia, poética simbólica y telúrica, nostalgia de Castilla) y Eugenio Granell (América Latina, Francia y Estados Unidos, universo surrealista).

Alberto Sánchez, Campesinas bailando, 1956/1958, tinta china y acuarela sobre papel.

Alberto Sánchez, Tres mujeres paseando, 1956/1958, temple y tinta china sobre papel.

 

Alberto Sánchez, Homenaje a las mujeres, 1960-1961, chapa de hierro y remaches de aluminio.

En sus propias formas resultan evidentes las influencias del cubismo (investigación sobre el vacío activo, el hueco y la estructura por planos simples) y del surrealismo (volúmenes bulbosos y neumáticos, cierto organicismo fantástico).

 

ABSTRACCIÓN E INFORMALISMO.

Tras la Segunda Guerra Mundial, algunos artistas abandonan la figuración y cobra protagonismo la abstracción. Profundos cambios estilísticos dan lugar a la muerte de las vanguardias, que pierden su esencia revolucionaria, y surgen nuevas corrientes dominadas por lo visual o lo conceptual.

En las décadas de los 50 y 60, esta transformación se refleja en la escultura y en el mundo del arte se impone una nueva tendencia, especialmente en Francia, donde surgirá el informalismo, en paralelo al expresionismo abstracto desarrollado en Estados Unidos. Dentro del informalismo surgen corrientes como la abstracción lírica, el espacialismo o el Art Brut. El informalismo propone prescindir de la voluntad formal y crear guiándose por el instinto. En España lo desarrolló Martín Chirino, miembro del grupo El Paso.

La segunda mitad del siglo XX trae nuevas esculturas, donde el vacío adquiere un papel principal. El estudio anatómico representa el movimiento unido a la energía y puede hablarse de esculturas científicas. Las obras de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida muestran estas innovaciones.

              Martín Chirino, Composición. Homenaje a El Lissitzky, 1957/1958, hierro forjado.

 

                                         Jorge Oteiza, Oposición de dos diedros, 1959, hierro.

 

                                         Eduardo Chillida, Sin título, 1964, tinta sobre papel.

 

LA FIGURACIÓN.

Lo conceptual nos presenta una nueva relación entre el cuerpo y el espacio, dando lugar a una tipología que anula la huella física y psicológica del escultor, pero en el ámbito visual se encuentran corrientes que trabajan usando como materia artística la realidad cotidiana. El realismo es cultivado por Julio López o Carmen Laffón, que priorizan el testimonio de la experiencia personal a la mera captación de la realidad, buscando lo cercano y lo familiar.

                                                 Carmen Laffón, Armario, 1994-95, bronce.

Aunque su pasión fueron los paisajes, en esta obra se ve la mirada tan personal a la hora de captar la belleza y la calma a través de un bodegón. Su faceta como escultora se muestra en la delicadeza y minuciosidad en la que los detalles adquieren un papel esencial.

                                      Antonio López, Calabazas, 1994/1995, lápiz sobre papel.

                                     Antoni Tápies, Rentamans i libres, 1987, bronce y pintura.

Esta escultura incorpora uno de los símbolos más reconocibles en la obra de Tápies: la cruz. A veces se convierte en equis, como coordenadas del espacio, como imagen de lo desconocido, símbolo del misterio, señal de un territorio, marca para sacralizar lugares, como signo matemático, etc. Aquí se sitúa sobre un libro, objeto que le fascinaba.

 

LOS AÑOS 80.

Con la llegada de la democracia, el panorama artístico español entró en una etapa identificada como posmodernismo, lo que llevó a experiencias multidisciplinares. Se produce un movimiento contracultural encabezado por la movida.

Ahora destaca el individualismo por encima de la agrupación en movimientos, y la pluralidad de corrientes paralelas. Los protagonistas son autores jóvenes que quieren revitalizar el panorama artístico con propuestas audaces.

La diversidad estilística es clave: se distinguen la abstracción analítica, la nueva figuración, la abstracción mística y la nueva figuración expresionista. Esta pluralidad encuentra ejemplos en artistas como Miquel Barceló o Susana Solano.

                                          Miquel Barceló, Oignon, 1988, gouache sobre papel

 

                               Juan Muñoz, Raincoat drawing, 1992-1993, tiza y óleo sobre tela.

Nos presenta el interior de un espacio, una obra en armonía con el concepto arquitectónico. En este lugar cerrado, juega con las ilusiones ópticas y nos hace plantearnos en qué plano nos encontramos. La intriga queda más patente mediante el uso de un fondo negro.


                                              Eduardo Arroyo, Mesa Tío Pepe, 1973, bronce.

Uno de los temas que lo acompañan de forma constante es el folclore español, realizado a través de identidades muy reconocibles. Tras sus obras de denuncia contra la dictadura franquista, el lenguaje se vuelve más irónico y sutil, más íntimo.

 

viernes, 26 de junio de 2026

Covarrubias.

Covarrubias es una villa y municipio español de la comarca del Arlanza, provincia de Burgos, que cuenta con 501 habitantes (2025) y está situada a 894 m de altitud a orillas del río Arlanza. Se encuentra en la ZEPA Sabinares del Arlanza, donde destacan especies como el buitre leonado y el alimoche. Su especial microclima permite incluso el cultivo de los cerezos.

A pesar de restos paleolíticos y de los turmódigos, tribu ibérica prerromana, que fueron los primeros pobladores, el origen de la villa es medieval, fundada por el rey visigodo Chindasvinto en el siglo VII sobre los restos de un castro romano. Las murallas fueron destruidas hacia el 737 por los musulmanes. La figura del primer conde independiente de Castilla fue Fernán González y su hijo, García Fernández, engrandeció la villa y fundó el Infantado de Covarrubias en 978, capital de un territorio independiente (La cuna de Castilla), con jurisdicción propia. Su hija, Urraca, tuvo poder pleno sobre la enorme demarcación.

Tras la crisis debida a la muerte de la infanta Sancha y del rey de Castilla Sancho III, fue Fernando III el que restauró la institución y devolvió la autonomía primitiva, colocando en su gobierno al infante Felipe de Castilla, que llevó una vida religiosa hasta que apareció la princesa Cristina de Noruega, que había venido para casarse con Alfonso X el Sabio, pero al estar embarazada la reina Violante, se casó con Felipe en 1258. La princesa murió en Sevilla y fue enterrada en la colegiata de Covarrubias, en sepulcro gótico de piedra labrada con una arquería de diez vanos y un friso superior de roleos.

Durante la primera guerra carlista la Expedición Real hizo alto en Covarrubias.

La población presenta un entramado urbano bien conservado, unido a un amplio patrimonio monumental, por lo que fue declarada Conjunto Histórico. Destaca el torreón de Fernán González (La Emparedada), única fortaleza castellana anterior al siglo XI que se conserva. Es una torre defensiva del siglo X, obra mozárabe, que enlazaba con la muralla que rodeaba la población y que albergó el Palacio del Abad. Tiene planta rectangular, forma de pirámide truncada, y medidas de 10 x14 en la base y 7,5x11en su parte superior. Transmite una gran sensación de solidez y mantiene elementos típicos como saeteras, matacanes o escalera móvil a media altura. La leyenda cuenta que la infanta Urraca fue emparedada por su padre, Fernán González, como castigo por sus amoríos con un pastor.


Hasta la segunda mitad del siglo XVI Covarrubias estuvo totalmente amurallada. Entonces, el divino Vallés, médico personal de Felipe II y oriundo de aquí, ordenó derribar las murallas para combatir una peste. Quedan lienzos importantes al lado del río y junto a la iglesia de Santo Tomás.

La iglesia parroquial de Santo Tomás se construyó en el siglo XII, pero de la original no queda apenas nada (pila bautismal románica). La actual es del siglo XV y tiene una escalera plateresca como lo más importante. 


Un edificio imponente es el Archivo del Adelantado de Castilla, construido por mandato de Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI, en estilo herreriano con decoración renacentista. En su construcción se excluyó la madera para evitar posibles incendios. En el siglo XVIII se trasladó su documentación al Archivo General de Simancas y perdió su función. Era la entrada principal a la villa, la Puerta Real.



En el barrio del Arrabal queda el rollo jurisdiccional del siglo XVI.



Como ejemplo de la arquitectura tradicional quedan casas como la de Doña Sancha, esposa de Fernán González, del siglo XV, con fachada de adobe y el entramado de madera clásico. Soportal y balconada muy eficaces.



 




Frente al torreón de Fernán González y frente al Archivo del Adelantado hay dos cruceros del siglo XVI.



 







El edificio que acoge el Ayuntamiento es el antiguo palacio de Fernán González.



 




Frente a la excolegiata se halla una estatua de la princesa Cristina.

 

A tres kilómetros del casco urbano, en el valle de los Lobos, se alza la ermita de San Olav, del siglo XXI, con formas redondeadas y torre, mezcla de madera y chapa negra, con semejanza a un casco vikingo, que recuerda a la princesa Kristina.


 



El otro monumento importante es la excolegiata de San Cosme y San Damián, del siglo XV (sobre la anterior románica), con planta de cruz latina y tres naves (la central más alta), cuatro capillas, sepulcros (Fernán González y su esposa Sancha de Pamplona -trasladados desde el monasterio de San Pedro de Arlanza-, García Alonso -abad-, la reina Urraca), claustro del siglo XVI (sepulcros de la infanta Cristina de Noruega y de Diego Fernández de Castro, abad), órgano del siglo XVII, altares barrocos del siglo XVIII (el mayor dedicado a San Cosme y San Damián, tres calles y ático) y museo parroquial.













El Museo contiene una colección histórico-artística, religiosa en su mayoría, proveniente de este templo, de la parroquial de Santo Tomás, de ermitas del entorno y del monasterio de San Pedro de Arlanza.





Escudo de Castilla y León. Clave de Bóveda. Último cuarto del siglo XV. Piedra con restos de policromía.

La colección se divide en varias partes, haciendo referencia la primera a “Los orígenes”. La segunda parte tiene como reseña “El buen conde”, indicando que pocos hombres como Fernán González, primer conde soberano de Castilla, llenan con tanto vigor la historia del siglo X. Como lógica continuación, la tercera parte, “Cuna de Castilla”, se hace eco de la prosperidad de la villa desde la fundación del Infantado de Covarrubias en el año 978, por parte del conde Garci Fernández, hijo de Fernán González.



El milagro de San Cosme y San Damián. Pedro Berruguete, 1490. Óleo sobre tabla.

Las siguientes secciones dejan de ser históricas para pasar a ser religiosas. “Testigos del Evangelio” es la mención a la devoción a los santos, en este caso a San Cosme y San Damián, advocación de la Colegiata, y Santo Tomás, de la iglesia parroquial. También hay veneración a Santa Catalina de Alejandría, San Antonio Abad, San Roque o Santo Domingo de Guzmán.


 




La siguiente sección se refiere a “María, madre de Dios y madre de la Iglesia”, aludiendo a la romería a la Virgen de Mamblas, cada 8 de septiembre, hacia la ermita que se alza en la sierra de ese nombre, en el camino a Puentedura, con asistencia de devotos de Covarrubias y poblaciones cercanas.



 




Un arte para glorificar” incide en la idea de que la liturgia de la Iglesia no necesita de edificios ni utensilios litúrgicos para las celebraciones, sin embargo, se trata de dotar al culto de la máxima dignidad y esplendor.


 



La última sección, “Cristina de Noruega. La princesa que vino del frío”, está dedicada a la princesa noruega Cristina Olaf, que vino a casarse con Alfonso X el Sabio, que no tenía hijos, pero, como cuando llegó la esposa del rey estaba embarazada, se casó con el infante don Felipe, hermano del rey. La princesa murió cuatro años después en Sevilla y su cuerpo fue trasladado a esta Colegiata.





La obra más importante de este museo es el “Tríptico de la Epifanía”, del Maestro de Covarrubias. Principios del siglo XVI. Escultura en madera policromada y pintura al óleo sobre tabla. Antiguamente se reservaba la apertura a días señalados, por lo que sólo se veían las dos grandes pinturas exteriores con los temas de la “Virgen en la Anunciación” y “Cristo atado a la columna”. Con las puertas abiertas aparecen las escenas de la Natividad, el Bautismo de Cristo y la Transfiguración, mientras que en la cuarta aparecen los santos patronos de la Colegiata, Cosme y Damián, y el donante del retablo, posiblemente el chantre Francisco García de Covarrubias. 





A primeros de junio se inició el programa “Expedición 4.0 al Medievo”, presentado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, en el que participan las catedrales del Arlanza, la excolegiata de Covarrubias entre ellas, pero a mediados de mes todavía no se había hecho nada, ni siquiera se tenía conocimiento de ello.