martes, 1 de septiembre de 2026

Colección Gelman. México




La exposición "Relatos modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander" se exhibe (primavera, 2026) en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, después de casi 20 años de no estar expuesta en el país, pero la noticia de su traslado a España en otoño ha levantado suspicacias que han obligado a la presidenta mexicana a salir al paso de las críticas, comunicando que se trata de un préstamo a largo plazo para poder exhibir las obras en el extranjero, y que volverán en 2028, porque, aun estando en manos particulares, es patrimonio nacional. El acuerdo con la Fundación Banco Santander se limita a tareas de gestión, seguros y exhibición internacional. El préstamo es por cinco años, pero con regresos temporales cada dos. 




Jacques Gelman nació en San Petersburgo en 1909, creció en Berlín y llegó a México en 1938 con el oficio de productor de cine. Amasó una fortuna produciendo algunas de las películas más populares de la época e impulsando la carrera de Cantinflas. Su esposa, Natasha -emigrada checa-, comenzó a recoger obras de arte modernas y contemporáneas de un amplio espectro de estilos, principalmente arte moderno mexicano: autorretratos de Frida Kahlo, óleos y acuarelas de Diego Rivera, las formas monumentales de José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, las geometrías de Rufino Tamayo, los paisajes oníricos de Leonora Carrington y María Izquierdo, etc.


 

Diego Rivera, Retrato de Natasha Gelman, 1943, óleo sobre tela, 115 x 153 cm.

A la muerte de Jacques, 1986, la colección mexicana de los Gelman ascendía a unas trescientas obras.  La parte europea de la colección —ochenta y una obras de Picasso, Matisse, Kandinsky y otros— fue donada por Natasha al Metropolitan Museum of Art de Nueva York en 1998, año de su muerte. Para la parte mexicana de la colección, Natasha tenía otro plan: las obras debían mantenerse unidas y exhibirse en una institución privada en México. El plan no se ha cumplido. No se mantuvo unida la colección ni está en México permanentemente. 

Frida Kahlo, Retrato de Natasha Gelman, 1943, óleo sobre tela, 30 x 23 cm

Tras la muerte de Natasha, 1998, la colección pasó a manos de un albacea y fue exhibida por todo el mundo hasta que en 2008 una serie de querellas sobre la propiedad hicieron que se dejara de exhibir en México. Al parecer, antes de morir estaba enferma de Alzheimer y pudo firmar documentos que le arrebataron su patrimonio. En el año 2024 se suscitó controversia cuando el gobierno mexicano bloqueó una subasta de Sotheby´s de varias piezas de la colección para pagar intereses de un préstamo. Entonces trascendió que la colección había sido adquirida por la familia Zambrano en 2023. De las trescientas obras del conjunto, se ha podido dar cuenta sólo de ciento sesenta. En enero de 2026, Banco Santander sustituyó a Sotheby´s como prestamista, por lo que, si no se pagara el préstamo, quizá pudiera acceder a la propiedad. 

Frida Kahlo. Autorretrato con vestido rojo y dorado, 1941. Óleo sobre tela, 39 x 27,5 cm.


En México es un asunto importante por la obra de Frida Kahlo. Se considera que hay 150 óleos en el mundo, de los que sólo cuatro forman parte del patrimonio público. Contando los de titularidad privada son siete los que hay en el país, y la colección Gelman tiene 18 obras, un conjunto que cubre su trayectoria artística y que incluye diez pinturas, siete dibujos y un grabado, destacando autorretratos icónicos como Diego en mi pensamiento, Autorretrato con collar y Autorretrato con monos. Treinta de las obras tienen declaratoria de monumento artístico.


Frida Kahlo, Autorretrato con Trenza, 1941, óleo sobre tela, 51 x 38,5 cm


Frida Kahlo, Autorretrato con Collar, 1933, óleo sobre lámina, 35 x 19 cm


Frida Kahlo, Diego en mi pensamiento, 1943, óleo sobre tela, 75,9 x 61 cm


Frida Kahlo, Autorretrato con monos, 1943, óleo sobre tela, 81,5 x 63 cm

La Colección Gelman es un compendio de obras de grandes artistas y fotografías de artistas renombrados (Guillermo Kahlo, Graciela Iturbide, Manuel Álvarez Bravo), lo que la convierte en una representación única del crisol cultural mexicano.

Frida Kahlo, Retrato de Diego Rivera, 1937, óleo sobre masonite, 46 x 32 cm


La exposición reúne 68 piezas clave para comprender la historia visual del México del siglo XX, incluyendo los diez óleos de Frida Kahlo, la icónica Vendedora de alcatraces (1943, síntesis entre vanguardia y tradición), de Diego Rivera y obras de otros artistas ya citados, a los que hay que añadir a Lola Álvarez Bravo, Ángel Zárraga, Leonora Carrington, Carlos Mérida, etc. Entre las piezas destacadas están los retratos encargados por los Gelman a algunos de estos artistas y, ocupando el lugar fundamental, los autorretratos de Frida Kahlo, así como un autorretrato realizado en acuarela de José Clemente Orozco, y su obra Salón México (1940), un gouache que pertenece a una línea de trabajo en la que representó una visión sombría de la vida nocturna de Ciudad de México.

Paisaje con cactus_1931, Diego Rivera


Girasoles, Diego Rivera



Autorretrato con monos de Frida Kahlo. México 1943, y Vendedora de alcatraces de Diego Rivera, México 1943.

"El abrazo de amor del Universo, la Tierra (México), yo, Diego y el señor Xólotl", de Frida Kahlo, forma parte de la colección de Jacques y Natasha Gelman.


Frida Kahlo, La novia que se espanta de ver la vida abierta, 1943, óleo sobre tala, 63 x 81,5 cm

Frida Kahlo, El abrazo de amor del universo, la Tierra (México), Diego, Yo y el Sr. Xolotl, 1949. Óleo sobre masonite; 70 x 60,5 cm.





 

viernes, 28 de agosto de 2026

Edipo




Edipo fue un rey mítico de Tebas, hijo de Layo y Yocasta o Epicasta que, sin saberlo, mató a su propio padre y desposó a su madre. Según la versión de los trágicos, cuando Edipo obtuvo el reino se casó con su madre sin reconocerla y engendró cuatro hijos con ella. Edipo parece el único héroe griego que comete sus actos sin intención deliberada de desobedecer a los dioses. Heracles actúa por ira, Prometeo desafía conscientemente. Edipo, el héroe más trágico, actúa, y sus acciones cumplen lo que intentaba evitar.



Oráculo de Apolo en Delfos.


La historia de Edipo comienza antes de su nacimiento. Layo, rey de Tebas, se disponía a casarse con Yocasta, pero antes consultó al oráculo de Delfos. La sacerdotisa de Apolo, la Pitia, respondió con una profecía aterradora: «El hijo que tengas con Yocasta será tu asesino y dormirá en tu cama». En la antigua Grecia, el parricidio era considerado el crimen más abominable posible. Aterrorizado, cuando nació el niño, decidió tomar una medida extrema: el infanticidio. El niño fue llevado al monte Citerón y abandonado con los pies perforados. Un pastor que pasaba por allí recogió al niño y lo entregó a una pareja que no tenía hijos, Polibio y Peribea, reyes de Corinto, que lo criaron como propio sin saber quién era y lo llamaron Edipo, que significa “de pies hinchados”. Un rumor le intrigó y le preguntó a su madre, pero su respuesta no le satisfizo y consultó al oráculo de Delfos. La Pitia le dijo la misma profecía que a su padre y le recomendó que huyera. Viajó hacia el norte y en un cruce de caminos estrecho, hubo una lucha porque ninguno cedía el paso y Edipo mató a Layo, su verdadero padre, sin saberlo.

Edipo y la esfinge de Gustave Moreu. 1864

Con Layo muerto, el trono pasó a Creonte, hermano de Yocasta. Pero Tebas enfrentaba una crisis aún más inmediata, la Esfinge, criatura híbrida aterradora. Tenía cabeza de mujer bella, voz de hombre, cuerpo de león robusto, cola de serpiente venenosa, alas de águila y garras afiladas como dagas. Se había posado en el monte Ficio, colina cerca de Tebas, y preguntaba a todo viajero que se acercase. Si no respondía correctamente era devorado. Creonte anunció que el que acabase con la Esfinge sería nombrado rey y se casaría con Yocasta. Edipo se enfrentó al reto. El acertijo que la esfinge planteó a Edipo fue: «¿Cuál es el ser vivo que cuando es pequeño anda a cuatro patas, cuando es adulto anda a dos y cuando es mayor anda a tres?». Edipo respondió correctamente que es el hombre, puesto que cuando es un bebé gatea, camina con sus dos piernas cuando es adulto y cuando es anciano se apoya sobre un bastón. Había también otro acertijo: «Son dos hermanas, una de las cuales engendra a la otra y, a su vez, es engendrada por la primera». Edipo contestó: «El día y la noche». Edipo acertó con las respuestas y la Esfinge se suicidó lanzándose desde la cima. Edipo casó con Yocasta y tuvo cuatro hijos: Etéocles, Polinice, Antígona e Ismene. Reinó sobre Tebas y fue respetado.

                   Edipo y la esfinge, de Jean-Auguste.-Dominique Ingres, Museo del Louvre.

Edipo y la esfinge. 470 a.C. aprox. Cerámica pintada con figuras rojas, alt. 7,2 cm; diám. 26,3 cm.



Una plaga devastadora barrió Tebas. Edipo, envió mensajeros a Delfos. El oráculo respondió: «La culpa por la muerte de Layo sin castigo profana la tierra. Solo si se expulsa al asesino de Layo de Tebas cesará la plaga.» Edipo comenzó una investigación. Finalmente, llamó al adivino Tiresias, el sabio ciego que podía ver el futuro y el pasado. Le reveló que él era el asesino. Hizo averiguaciones para comprobarlo. Yocasta se ahorcó, se clavó una espada o se envenenó. Edipo se cegó a sí mismo y fue expulsado de Tebas por sus propios hijos, Etéocles y Polinice, que se enfrentarán más tarde entre ellos por el trono tebano (leyenda mítica Los siete contra Tebas), resultando ambos muertos en el intento. Su hija Antígona, lo acompañó. Viajaron juntos como mendigos hacia Atenas, donde la leyenda dice que fueron acogidos por el rey Teseo. 

Edipo y su hija Antígona.

La referencia más antigua del mito de Edipo se encuentra en la Odisea, donde se dice que Epicasta tomó en matrimonio a su hijo sin saberlo y, presa de la culpabilidad al descubrirlo terminó ahorcándose; en esta versión no se menciona a ningún descendiente. En el capítulo Evocación de los muertos, Epicasta, su madre, marcha a la morada de Hades a purgar el incesto, mientras Edipo sigue reinando en Tebas.

Sófocles trató el tema de Edipo y sus descendientes en tres obras: Edipo Rey, Edipo en Colono y Antígona. Estas obras se estrenaron en años distintos: Antígona en el 442 a. C., Edipo Rey hacia 430-425 y Edipo en Colono, su última obra, en el 406. No forman, pues, una trilogía.

En Edipo Rey, 429 a.n.e., el pueblo de Tebas pide a Edipo, el gobernante tras haber salvado a la ciudad de las garras de la Esfinge, que ponga fin a la epidemia que azota a la población. Edipo trata de averiguar la causa enviando a su cuñado Creonte a Delfos a consultar al oráculo. La sentencia dice que hay que desterrar al asesino de Layo. Edipo sigue en su propósito a pesar de que personajes como Tiresias, Yocasta y un criado tratan de hacerle desistir. El pueblo, representado por el coro, tiene un papel importante. Edipo, cuando se entera de la verdad, se quita los ojos con sus propias manos y se autoexilia acompañado por Antígona. El destierro era una pena máxima, considerada como una muerte. La brillantez de la obra es que no había suspense sobre si Edipo era culpable o no, el público antiguo ya conocía el desenlace. El suspense residía en cómo Edipo lo descubriría, lo que transformaba el drama en una reflexión sobre la inevitabilidad, la verdad y la autocomprensión.

La obra se estructura en un solo acto, respetando el principio de unidad de tiempo y unidad de acción que Aristóteles refirió en su poética. Aunque contiene ocho episodios, todos se suceden en una sola línea temporal.

Edipo ciego encomendando sus hijos a los dioses. Bénigne Gagneraux, 1784


En Edipo en Colono, el protagonista, convertido en ese mendigo que vaga sin rumbo, ciego, y de la mano de Antígona, acabará muriendo en un bosque cercano a Atenas. Se presenta también en esta obra el trágico conflicto entre los dos hijos de Edipo (Etéocles y Polinices).



                                        Edipo en Colono. Obra de Fulchran-Jean Harriet, 1798

Marcel Baschet (1862 - 1941): Edipo maldice a Polinices, en presencia de Antígona e Ismene.

El mito de Edipo se adaptó con posterioridad en obras como Los siete contra Tebas, de Esquilo, que, aunque no se centra en Edipo, presenta las consecuencias de la maldición que pesaba sobre la familia real de Tebas.

La historia de los siete contra Tebas podría entenderse como la continuación del drama personal de Edipo,  rey de esta ciudad. Edipo marchó desterrado, y sus hijos, Etéocles y Polinices, decidieron hacerse cargo del trono tebano alternándose cada año uno en el poder. Pero cuando pasó el primer año Etéocles se negó a abdicar en su hermano y lo desterró de la ciudad. Polinices se dedicó a buscar aliados para su causa. Acudió a Colono para pedir a su padre, Edipo, que le apoyara, pero éste sentenció que sus dos hijos se matarían entre sí. Polinices buscó apoyos en Argos, se organizó una expedición con los siete de Nemea, atacaron Tebas y salieron derrotados. Para evitar más derramamiento de sangre, los dos hermanos pelearon y ambos se dieron muerte. Creonte se proclamó rey y prohibió enterrar a Polinices, castigando a Antígona que no obedeció. La continuación tiene diversas alternativas según las distintas obras. La marcha de los siete contra Tebas fue definida y considerada como la primera de las grandes guerras en Grecia.


Imagen generada por IA

Otra obra que explora las consecuencias de la tragedia de Edipo, centrándose en sus hijos Etéocles y Polinices, es Las Fenicias, de Eurípides, 410 a.n.e. Tiene un claro precedente en la obra de Esquilo, Los siete contra Tebas, y su nombre de “fenicias” se debe al coro de mujeres procedentes de esa región.

Edipo cegado caminando con su hija Antígona

Edipo de Séneca, s. I: El dramaturgo romano adaptó el mito de Edipo, añadiendo elementos estoicos y morales a la historia. La obra no estaba destinada a ser representada en un teatro, sino a ser recitada en reuniones privadas. Hay claras diferencias entre el Edipo de Séneca y el de Sófocles.

Sófocles: aparece orgulloso e imperioso; Yocasta se cuelga y posteriormente Edipo encuentra su cadáver; Edipo se arranca los ojos con el broche de oro del vestido de Yocasta; la culpabilidad de Edipo por matar a Layo surge conforme avanza la trama; Edipo deja a sus hijos al cuidado de Creonte; concluye con Creonte informando a Edipo de que su reinado ha terminado.

Séneca: obra más oscura, teñida de intencionalidad más filosófica; tono más violento; Edipo aparece como un personaje atormentado y aterrador, dominado por el sentimiento de culpa y por la sospecha de que podría estar implicado en la plaga de Tebas; aparece algún otro personaje como Manto; Edipo se arranca los ojos con la espada con la que luego se suicidará Yocasta; Edipo quizá mata (ambigüedad) o ayuda a morir a Yocasta; Layo nombra a su asesino; no se menciona a los hijos de Edipo; concluye con Edipo abandonando Tebas.

El mito de Edipo, el hombre que no pudo escapar del destino. Edipo encarna el conflicto entre libre albedrío y destino. A favor del determinismo se aporta que, si el oráculo puede predecir el futuro con exactitud, es que el futuro ya está determinado. Por el contrario, a favor del libre albedrío se indica que Edipo eligió consultar al oráculo, eligió huir de Corinto, eligió matar en el cruce, eligió investigar la muerte de Layo; todas fueron decisiones no forzadas, y el hecho de que sus decisiones cumplieran la profecía no significa que no fueran libres. La genialidad del mito es que no resuelve el dilema, tanto el destino como el libre albedrío operan simultáneamente en tensión irresoluble. Cada acción que toma Edipo para evitar la profecía lo acerca más a ella, lo que refleja una verdad psicológica, según Freud, que no podemos escapar de nuestros miedos simplemente huyendo de ellos, sino enfrentándolos.

Su legado va más allá de la mitología: Freud lo usó para nombrar su famoso «Complejo de Edipo» en psicología y los dramaturgos griegos lo utilizaron para explorar temas de culpa, responsabilidad moral y el poder del destino en obras maestras como Edipo Rey de Sófocles.

Complejo de Edipo

Este mito inspiró a Sigmund Freud su teoría del complejo de Edipo, el complejo infantil de sentimientos amorosos con el progenitor del sexo opuesto y hostiles con el del mismo sexo.

En Edipo Filósofo (1988), Jean-Joseph Goux sostiene que Edipo representa el poder de la razón, capaz de desvelar los acertijos con el ejercicio de la inteligencia sin tener que apelar a los dioses ni a ningún saber ancestral, siendo quien inicia el camino del pensar filosófico "que llega a la cima con Descartes".

Los Bronces de Riace. Se cree que la figura en primer plano representa a Tideo.

El Festival de Teatro Clásico de Mérida, presenta El viaje de Edipo, de Emilio del Valle, basada en los textos de Esquilo y Sófocles. La historia la cuenta Ismene, la única superviviente, hija del matrimonio incestuoso de Edipo y Yocasta o Epicasta, y hermana de Etéocles, Polinices y Antígona. Los dos hermanos murieron ante la séptima puerta de Tebas, matándose entre sí. Creonte ordenó que Antígona fuera enterrada viva en la misma tumba de Polinices, al que había enterrado incumpliendo la orden del rey. No sirvieron de nada los ruegos de Hemón, hijo de Creonte y amante de Antígona. Ismene declaró que había ayudado a su hermana, aunque no era cierto, y merecía la misma suerte.

Ante las dos condenas, los dioses, a través del adivino Tiresias, hicieron saber a Creonte su desaprobación y el rey cambió de actitud y enterró él mismo el cadáver de Polinices. Pero ya era tarde para Antígona, se había ahorcado para evitar ser enterrada viva. Hemón también se suicidó a los pies de su amada, y lo mismo hizo Eurídice, la esposa de Creonte y madre de Hemón, al enterarse de la muerte de su hijo.

Ismene intentó rehacer su vida con su amante Teoclimeno o Periclímeno, pero Tideo la mató instigado por Atenea, según el poeta Mimnermo, puesto que ningún otro escritor clásico menciona la historia, pero la escena está representada en un ánfora corintia de figuras negras del siglo VI, conservada en el Louvre. 

Ismene no es retratada como una heroína, sino como una mujer atrapada en un mundo dominado por hombres y leyes injustas. Su pasividad se puede ver como un símbolo de la vulnerabilidad femenina en una sociedad patriarcal. También se puede verla como representando la impotencia del individuo frente a fuerzas superiores, la inevitabilidad del destino, la tragedia y la pérdida, las complejidades de la moralidad, el destino y la condición humana.