sábado, 25 de julio de 2026

Toro (Zamora).

Toro es un municipio y ciudad española de la provincia de Zamora, situada en plena vega del río Duero a 722 m de altitud, que cuenta con 8.336 habitantes (2025). Se ubica en una zona de transición entre las llanuras cerealistas de Tierra de Campos y el relieve montuoso de las comarcas más occidentales. El río Duero atraviesa el término en sentido este-oeste. La estructura urbana debe su configuración a su emplazamiento sobre un accidente orográfico significativo a orillas del Duero y a su papel histórico, de especial relevancia entre los siglos XII y XVI.

Se han encontrado vestigios de origen celtíbero, de un posible castro vacceo que quizá fuese la Arbocela del Itinerario de Antonino, cuya conquista por Aníbal es mencionada por Tito Livio en sus Décadas. Las escasas huellas romanas (puente mayor reconstruido casi por completo a fines del siglo XII o principios del XIII), visigodas y musulmanas quizá se deba a que el asentamiento vacceo desapareció tras la conquista de Aníbal. El símbolo es un verraco, un toro de granito. Es una escultura zoomorfa en granito, de la etapa final de la Edad del Bronce y principios de la Edad del Hierro (primer milenio a.C.), signo reconocible de los vettones.

El origen de la población puede estar en la Villa Gothorum fundada por Leovigildo en sus campañas contra los suevos o en la repoblación de fines del siglo IX. De esta época sería la estructura primigenia de la ciudad, el primer recinto amurallado y el alcázar. En el siglo XII fue un centro de poder político, religioso y militar. El siglo XIII fue el momento de mayor esplendor y en el XIV se dio un mayor desarrollo comercial y artesano. A finales de la Edad Media enviaba procuradores a las Cortes. Durante la Guerra de Sucesión castellana se dio la batalla de toro, 1-3-1476, entre los partidarios de Juana “la Beltraneja” e Isabel “la Católica”. De ese momento es la historia de la Rejadorada.


Isabel La Católica, 550 aniversario de la batalla de Toro, 1476-2026. Gonzalo Coello. 2003.


La expulsión de los judíos en 1492 afectó a la ciudad, que contaba con el barrio de la Judería. En 1505 se reunieron las Cortes de Castilla para confirmar el testamento de la reina Isabel y promulgar las Leyes de Toro (derecho civil). En el siglo XVI se produjo la unión a las filas comuneras. El siglo XVII significó decadencia social. Una nueva etapa favorable se dio a mediados del siglo XVIII, con la capitalidad de provincia, que se perdió en 1833. A mediados del siglo XX, los canales de riego propiciaron una recuperación económica.

ALCÁZAR.

Es la edificación más antigua, junto con los restos de la primera cerca. Está construida en cal y canto rodado, con sus caras chapadas de piedra caliza. Data del siglo X y tiene forma rectangular, con murallas flanqueadas por siete cubos macizos en las esquinas y parte media de cada lienzo, a los que se añadiría una torre del homenaje demolida en el siglo XIX. Fue residencia de Juan II de Castilla cuando asistía a las Cortes, tuvo protagonismo durante la Batalla de Toro en 1476 y fue lugar de residencia de los Reyes Católicos. En el siglo XVI, al dejar de ser residencia real, inició su declive.

COLEGIATA DE SANTA MARÍA LA MAYOR.

Inspirada en la catedral de Zamora, comenzó a construirse alrededor de 1170, reinado de Fernando II de León, quizá sobre otro templo prerrománico, en dos etapas: cabecera, portadas laterales, muros y trazas, en la primera (piedra caliza, técnicas vanguardistas), y cubierta, cimborrio (del grupo de los leoneses), torre y pórtico occidental en la segunda (arenisca rojiza, elementos más antiguos). Hacia 1240 se construiría el pórtico occidental y no mucho después la Portada de la Majestad, que se terminaría a finales de siglo. 

Tiene planta de cruz latina, con tres naves -más ancha la central- de tres tramos, cubiertas con bóvedas de horno en la cabecera, de cañón en el crucero y de crucería en el centro. La nave central presenta bóveda de cañón apuntado reforzada por arcos fajones doblados. El transepto es ligeramente resaltado en planta y tiene la misma anchura que la nace central, por lo que el crucero es cuadrado. La cabecera tiene tres ábsides semicirculares escalonados, el central más decorado. Una torre de planta cuadrada destaca por su altura en el hastial sur. Un cimborrio de planta hexadecagonal remata el crucero. La planta se vio modificada al adosarse una sacristía al brazo sur del transepto y un porche. 



CABECERA. Formada por tres ábsides, más alto y profundo el central. Los laterales son sobrios, de muros lisos excepto por el ventanal central y una imposta. El central concentra toda la decoración. Anchas columnas, que van desde el zócalo inferior hasta la cornisa, proporcionan la articulación vertical. Más original resulta la separación de dos niveles de arcos. El arco central de cada calle tiene una aspillera de iluminación. El ábside central tiene bastante menos altura que el presbiterio, lo que permite la apertura de un rosetón en su muro oriental. Las cornisas de todos los ábsides llevan decoración con arquillos trilobulados. En los ventanales hay algunos capiteles historiados.


 

PORTADA NORTE. Se atribuye al primer arquitecto. Es el acceso al templo. Las columnas se agrupan de tres en tres con ábaco común. Son cuatro arquivoltas con guardapolvo al exterior. La más interna es polilobulada. La exterior tiene figuras radiales (Cristo en Majestad junto a la Virgen y San Juan Evangelista o San Juan Bautista). A los lados aparecen los 24 ancianos del Apocalipsis que portan instrumentos musicales medievales, representando el Juicio Final, que aparece normalmente en el tímpano. La hechura general de esta puerta nos lleva ya a un momento avanzado del románico.

 




PORTADA SUR. Es la más sencilla. La parte inferior, con tres parejas de columnas, puede ser de la primera fase de la construcción por el color blanquecino de la caliza. En la segunda fase se continuaría con las arquivoltas ligeramente apuntadas, con decoración geométrica. Encima se abrió un pequeño óculo, cuya decoración geométrica y vegetal enlaza con la del cimborrio.



 

PÓRTICO DE LA MAJESTAD. Conjunto gótico muy vistoso al conservar la policromía original. Su arranque es tardorrománico. La parte baja se construyó alrededor de 1230-1240. Las obras debieron quedar interrumpidas para reanudarse a finales del siglo XIII, cuando se esculpieron las columnas de las jambas, el parteluz y la estructura superior de dintel, tímpano y arquivoltas. Podría pensarse en fechas hacia 1290 para las pinturas y muy poco antes para la escultura. La estructura es de un gótico primitivo. La iconografía es doble, la Dormición y Coronación de la Virgen, como motivo principal, y la Parusía y el Juicio Final. En la sexta arquivolta, 18 músicos. Amplio repertorio escultórico en piedra arenisca.

Las arquivoltas atenúan su agudeza a medida que ascienden. Primera: ocho ángeles portando candelabros e incensarios. Segunda: apóstoles y reyes con sus atributos. Tercera: mártires con los elementos de su martirio. Cuarta: confesores con indumentaria litúrgica. Quinta: Santas y mártires. Sexta: 18 músicos. La séptima, más ancha, trata el segundo gran tema iconográfico, el Juicio Final. Su lectura comienza en el centro, con los elegidos a la derecha de Cristo y los condenados a su izquierda. En el centro, Cristo Juez flanqueado por dos ángeles, vestido con un manto que deja entrever la llaga del costado y mostrando las dejadas por los clavos en sus manos. A ambos lados, la Virgen y San Juan.




Los vanos son importantes, como dos ventanas del costado norte, muy decoradas. También hay seis rosetones, incluso en la nave lateral. Están decorados por arquivoltas polilobuladas.


 



El origen del cimborrio está en las catedrales de Salamanca y Zamora, “Los Cimborrios del Duero”, y puede añadirse la Torre del Melón en la catedral vieja de Plasencia. Al exterior presenta dos pisos y forma prismática de dieciocho lados, cuatro de ellos ocultos por las torrecillas.





El interior también refleja las distintas etapas de construcción. El primer arquitecto estableció pilares cruciformes con columnas en sus caras y en los codillos, que estarían proyectados para bóvedas de crucería, como en Salamanca. El segundo abovedó con medio cañón sobre arcos fajones la nave central y la del transepto. Las naves laterales se abovedan con crucería. Los capiteles muestran temas vegetales, bestiario (dragones, arpías, leones), escenas como Daniel entre seis leones o un caballero que se despide de su dama. 






SACRISTÍA. Museo de arte flamenco, con la Virgen de la mosca (s. XVI), Calvario de marfil y carey (s. XVII), custodia de plata (s. XVI), orfebrería religiosa.


 

 

MONASTERIO DE SANCTI SPIRITUS EL REAL.

Museo de Arte Sacro: colección de sargas policromadas del siglo XVI, sarcófago mausoleo de Beatriz de Portugal (reina consorte).

Fue fundado por la dama portuguesa Teresa Gil en 1307 con licencia de Alfonso XI. Se inició la construcción en 1316 y se cercó en 1330. En el siglo XV estuvieron presentes la reina Beatriz de Portugal, esposa de Juan I de Castilla, y Leonor Sánchez, nieta de Alfonso XI de Castilla.

IGLESIA. Una nave, cabecera más estrecha y alta. Artesonado mudéjar, policromado. Capilla mayor separada por arco toral decorado con frescos. Retablo mayor churrigueresco, con santo Domingo de Guzmán en el cuerpo superior.

CORO. Hay dos. Uno lateral y otro a los pies. Éste cubre con bóveda de cañón del siglo XVIII. Retablos y un órgano. Sillería de madera de pino. Tumbas de la fundadora, Leonor Sánchez y el sepulcro de la reina Beatriz de Portugal.

REFECTORIO. Planta rectangular, 40 m de longitud, artesonado plateresco policromado de los siglos XVI-XVIII.

SANTA MARÍA DE LA VEGA.

Conocida como ermita del Cristo de las Batallas, perteneció a la Orden de San Juan de Jerusalén. Una nave, cubierta con armadura de par y nudillo, más una capilla mayor rectangular con bóveda de cañón apuntado y ábside semicircular techado con bóveda de horno. Al exterior, el ábside presenta siete arquerías ciegas dobladas, mientras que en el presbiterio hay tres arcos en un lado y dos en el otro. Interior, doble arquería: inferior (doblada, arranca de banda de sardineles), superior (alterna arcos doblados con sencillos, rematados por friso de esquinillas y cornisa de nacela).

Espadaña de dos vanos semicirculares. Portadas, tres arquivoltas apuntadas, la interior de doble anchura, que descansan sobre jambas con impostas de nacela. Bandas de ladrillo en vertical y friso de esquinillas en sus arcos.

SAN SALVADOR DE LOS CABALLEROS.

Perteneció a los Templarios. Actualmente es museo de arte sacro. La portada fue del Convento de San Ildefonso.

En ladrillo (románico-mudéjar), comienzos del s. XIII. Uso de decoración de alargados arquillos ciegos de medio punto, rehundidos, desde la base hasta cierta altura.

Bajo los aleros un friso de esquinillas completa la decoración. Cada uno de los ábsides laterales posee un ventanal aspillerado rehundido y el central dos. En su muro norte abre una elegante portada de ladrillo de tres arquivoltas apuntadas, con imposta corrida. Sobre ella, doble fila de friso de esquinillas. Y todo ello enmarcado por dos contrafuertes que le hacen las veces de alfiz. A los pies del templo se halla una recia torre cuadrada de mayor antigüedad que el templo.

Al interior es templo de tres naves rematadas en sendos ábsides semicirculares muy modificado en reformas posteriores. La central y la sur se unieron por medio de un gran arco formero de medio punto para crear un amplio espacio único. Amplios presbiterios preceden a los ábsides, que al interior se hallan decorados por medio de doble fila de arquillos rehundidos de ladrillos, abriendo los ventanales en la superior. Las bóvedas de presbiterios y naves son apuntadas.


SAN LORENZO EL REAL.

Templo gótico-mudéjar de finales del siglo XII. El sobrenombre le viene dado por estar enterrados descendientes de Pedro I el Cruel. Se considera la iglesia más antigua de la ciudad.

Tiene una nave, separada por arcos apuntados, cabecera de tramo recto, ábside semicircular decorado con arcos semicirculares rematados por sardineles, friso de esquinillas y alero volado. Hay varios sepulcros y un retablo gótico del siglo XV.

Al exterior, la cabecera la forman tres arcos en dos órdenes. La portada meridional cuenta con seis arquivoltas apuntadas apoyadas en las jambas por impostas de nacela.



PUENTE MAYOR.

Parece que unía el campamento romano de Villalazán con la ciudad, la vaccea Arbucala. En 1194 había uno de madera. Es el más antiguo, s. XV. Disposición similar al puente de Zamora. Arcos apuntados, 22, piedra arenisca en lugar de caliza, calzada de grandes losas de piedra. Mayoría de tajamares de planta semicircular, alguno triangular.


 

 Otros: primitiva cerca con puerta de Mercado, casas nobles con blasones. Arquitectura palacial, ss. XVI-XVII: palacio de los Ulloa, Zapata, etc.

 


 



martes, 21 de julio de 2026

San Pedro de la Nave

La iglesia visigoda de San Pedro de la Nave se encuentra en la localidad de El Campillo, término municipal de San Pedro de la Nave-Almendra, en la provincia de Zamora. La construcción del templo se remonta a finales del siglo VII e inicios del siglo VIII, años 680-711, es decir, en los años previos a la conquista musulmana, por lo que puede tratarse de una de las últimas obras del arte visigodo. Quizá vivió aquí el propio San Valerio y, al ser un lugar carente de riqueza, pasó desapercibido a los musulmanes y pudo sobrevivir. La primera cita documental es del 907, año en el que Alfonso III, repoblador de Zamora, le hizo donación de una villa. 

Originariamente tuvo su emplazamiento a orillas del río Esla, pero, al construirse el embalse de Ricobayo, habría quedado sumergido en sus aguas, por lo que se trasladó piedra a piedra entre los años 1930 y 1932. Que se salvase este monumento altomedieval fue debido al celo y prestigio de Manual Gómez Moreno. Hubo intentos de trasladarlo a Zamora, pero se decidió dejarlo en la zona. En el desmontaje aparecieron cuñas de atado de los muros, vigas de madera, fragmentos de ara y altares y lápidas romanas.





Para su construcción se utilizó arenisca de tonos amarillentos, de fuera de la zona. Como es característico de las construcciones visigodas, la primera hilada está colocada verticalmente. Los muros se componen de hiladas de sillares de igual altura, aunque de diferentes longitudes y anchuras. No tenía contrafuertes ni material de relleno, y debió cubrirse con bóveda, lo que provocó el desplome. 

Su estructura es claramente la de una iglesia cruciforme, del mismo tipo que las de Bande, Mata y Melque, pero de un momento posterior, cuando ya en esas iglesias se había añadido a su dedicación funeraria inicial la utilización como iglesia monástica, por lo que en este caso las dependencias laterales existen desde su diseño original en vez de ser un añadido posterior. Las distintas teorías apuntan a un edificio realizado de una sola vez en el siglo VII, a dos etapas y a dos momentos diferentes (visigoda y de repoblación, s. X).





Planta

El templo presenta la orientación litúrgica habitual con una ligera desviación. De estilo visigótico, su primera traza respondía a una planta de cruz griega, si bien luego se trazaron las dos naves laterales que le confieren el aspecto final híbrido entre la planta basilical y la cruciforme. Posee además una estancia a cada lado del presbiterio. El conjunto de todo ello viene a componer una planta rectangular de aproximadamente 16,80 m por 11,20 m del que sobresalen tres capillas: la del cabecero que forma un ábside rectangular, y otras dos en los extremos del transepto. No existió pórtico a los pies. Tiene una gran compartimentación de espacios, como era preceptivo en la liturgia hispánica antigua.




Interior

Consta de tres naves, atravesadas por la de crucero, de la misma altura que la nave central, que las divide en dos zonas muy diferentes: en la occidental las dos naves laterales están separadas de la central por arquerías de tres huecos separados por pilares unidos por arcos de herradura, lo que le confiere aspecto de iglesia basilical, con ventanas, también con forma de herradura, sobre el crucero.  

En la oriental ambas naves se continúan a los lados de la cabecera en dos aposentos comunicados cada uno de ellos con la nave central por medio de una puerta y una ventana de tres huecos, algo que no volveremos a encontrar hasta casi doscientos años después en algunas iglesias asturianas.





El ábside es cuadrado y se comunica con el resto del edificio mediante un arco triunfal de herradura de características típicamente visigodas, sostenidas por dos columnas con capiteles trapezoidales, que muestran la Jerusalén celestial mediante cuatro arquillos de medio punto, el paraíso, sobre los que hay dos serpientes, pecado, y las uvas, sangre de Cristo. Conserva el abovedamiento original en sillería.






Sobre la capilla mayor se dispondría una estancia semejante a las cámaras del tesoro de los templos asturianos, pero en este caso con ventana al interior. Desconocemos para qué se utilizaba.


 




Las cubiertas son abovedadas en medio cañón semicircular peraltado sobre arcos torales de herradura soportados por pilares cuadrados con columnas adosadas, pero mientras las del cabecero y las de los recintos laterales se conservan en su original estructura pétrea, las de los tramos occidentales de las naves son de ladrillo, sobre los primitivos arranques de sillería. Los arcos son de herradura al modo visigótico. El arco frontal del ábside es también de herradura algo más cerrado y descansa sobre columnas adosadas a las jambas.


 




El cimborrio existente en la intersección de la nave central con la del crucero, que tiene una ventana en cada uno de sus cuatro muros, estaba cubierto por bóveda de arista en piedra, que se encontró derruida y ha sido reconstruida en ladrillo.




Si la zona oriental tiene un diseño centralizado en forma de cruz, la occidental cuenta con estructura basilical de tres naves, más ancha la central que las colaterales, y separada de ellas por arcos formeros sustentados en recios pilares. Estos arcos son de medio punto, apuntados, de herradura y algunos cegados.

Llama la atención que el tramo de los laterales más próximo al transepto no se comunica diáfanamente sino mediante dos arcos pequeños. La explicación podría estar relacionada con la liturgia hispánica. 





Las dos estancias se comunican con el presbiterio mediante una puerta y un vano en forma de triple arco de medio punto con columnillas, estando iluminadas por dos vanos. Pudieron tener funciones de celdas eremíticas (ergastulae), capillas, sacristía, aulas, estancias de los monjes, etc.; en la actualidad, la del lado del Evangelio contiene la pila bautismal.


 






Los fustes de las columnas interiores son de mármol, reutilizados de época romana.




 





En el interior de la iglesia existe además un horologio en forma tabular que se puede hallar inscrito en la piedra de los sillares de la parte izquierda inmediatos al arco toral. Por el tipo de letra podría datarse entre los siglos VII y XII. Fue escrito cuando el sillar formaba parte del muro, puesto que las letras se superponen a las marcas de cantería. Solamente aparecen los meses de enero y diciembre, febrero y noviembre. Este tipo de tablas se usaban como referencia para, comparando una sombra de una persona, conocer la hora. Se encuentra a mucha altura para que pudiera ser útil.

 


La impresión de fragmentación del espacio que produce el interior es muy semejante a la que se siente al entrar en Santa Comba de Bande. Todos los arcos, excepto los de paso de los pórticos laterales al crucero que son de medio punto peraltados, son de herradura trasdosados, generalmente de un número par de dovelas, destacando el arco triunfal que existe en la entrada del ábside, sobre columnas con capiteles decorados e impostas incrustadas en los muros laterales. También son de gran interés los cuatro arcos que soportan el cimborrio.

Toda la iglesia posee una magnífica decoración en impostas y capiteles, completamente integrada en la construcción, con tres estilos perfectamente diferenciados:

– El primero, tradicional, con frisos de sencillas decoraciones geométricas en talla a bisel y tallos ondulados con racimos muy toscos:  capilla mayor, capiteles y cimacios del arco toral, fajas decoradas que recorren los muros, impostas de los arcos exteriores y columnitas de las ventanas.

– El segundo de una calidad excepcional, atribuido al llamado “Maestro de Nave”, se observa en los frisos con tallos con hojas y racimos, máscaras, cuadrúpedos y aves: impostas de arranque de las bóvedas de las naves y de los arquillos de la cabecera de las naves laterales, las cuatro columnas del crucero, y capiteles decorados con aves.

– Y, por último, quizá del mismo taller que el anterior, pero con una nueva temática, en dos de los capiteles del crucero que contienen historias religiosas como el sacrificio de Isaac, Daniel en el foso de los leones o figuras de algunos apóstoles, del mismo tipo de otros restos decorativos del siglo VII.


La escultura

La escultura más cualificada aparece en los capiteles de las cuatro columnas con basas y capiteles piramidales en los vértices del crucero. Las representaciones más importantes pertenecen a dos de ellas: Daniel confinado en el foso flanqueado por los dos leones que se someten a sus pies (se asemeja a las representaciones de miniaturas mozárabes, pero aquí los leones aparecen bebiendo agua del fondo del foso, de donde surge Daniel, lo que implica un pasaje de salvación desde el bautismo; su composición es la misma que la de los animales afrontados al árbol de la vida) y la del Sacrificio de Isaac por parte de su padre Abraham (prefigura el de Cristo y parece probable que se copiase de una miniatura).





En los cuatro laterales aparecen las figuras de San Pedro (portando una cruz en su mano derecha y un libro con la inscripción "LIBER" en la izquierda), San Pablo (que se muestra con un rollo de cartas o epístolas en su mano derecha), Santo Tomás (con un libro o inscripción que lleva el texto "EMMANUEL"), San Felipe (aparece sujetando un objeto sobre su cabeza de difícil identificación).




Capiteles de las aves del paraíso, tal vez pavos reales, picoteando vides en clara referencia al sacrificio de Cristo: las aves serían las almas de los hombres y las uvas la sangre de el Salvador. Las caras de los laterales y esquinas representan a mártires y santos.

 




El resto de las cenefas recorren los paramentos con secuencias de temas simbólicos y alegóricos como cruces patadas inscritas, racimos de uvas (Eucaristía), círculos con radios curvos, aves, etc.


 


Exterior

Fue realizada con sillería arenisca rojiza de talla regular, bien cortada y asentada en hiladas de gran regularidad, muy bien aparejadas sin uso de argamasa, a hueso. Dispone de contrafuertes únicamente en un tramo de la nave, parcialmente absorbidos por los dos pórticos añadidos.

En el exterior, fachada noroeste, hay indicios de una posible estancia monacal del tipo almacén, granero, etc. que no se ha conservado.

La iglesia tiene tres puertas al exterior, una al final de la nave central y las otras dos, una a cada extremo del crucero.

 

La decoración se limita a los brazos del crucero, subrayándose las impostas de los arcos de las puertas con símbolos cristológicos esquemáticos. El único capitel conservado en las ventanas geminadas, en el lado nordeste, se decoró con un racimo (alude a Jesús). La iconografía evoluciona desde los pies a la cabecera, de lo narrativo a lo simbólico. Se ha atribuido al trabajo de dos maestros o a dos fases, pero quizá tenga intencionalidad iconográfica: los fieles (el pueblo llano) ocupaba desde los pies de la iglesia hasta el crucero y más allá, en la zona de decoración más compleja, se situaban los clérigos. 





Bien por modificaciones o derrumbes, se realizaron diversas modificaciones a la estructura original, quedando parte del periodo visigótico (ábside, presbiterio, aulas, cubículos, dormitorios de monjes, sacristías) y parte de los periodos románico y gótico (pórticos Norte y Sur, naves y pórtico Oeste).






La leyenda de San Pedro de la Nave

Conocida como la leyenda de ‘Los Santos Barqueros’, la historia relata el origen de la iglesia de San Pedro de la Nave. La leyenda cuenta la historia de Julián, un noble extranjero que un día cuando se disponía a cazar un ciervo, éste se plantó ante él y le dijo que un día mataría a sus padres. Asustado por la predicción, se alejó de sus padres en tierras lusitanas y comenzó una nueva vida. Recompensado con tierras y cargos, tras ayudar a un príncipe, se casó con una mujer llamada Basilisa. Cegado por los celos, Julián urdió un plan para comprobar si su mujer le era fiel y fingió irse de viaje para espiarla. Llegaron sus padres de visita y Basilisa les ofreció su lecho para pasar la noche. Desconocedor de la visita, al espiar Julián el dormitorio y ver que en la cama dormían dos personas, ofuscado por los celos, los mató. Al huir del lugar, Julián se topó con Basilisa quien le relató que eran sus padres los que estaban en su lecho.

Ante tal horror, Julián vendió todos sus bienes y se fue junto a su esposa a tierras de Zamora. Asentados junto al río Esla, levantaron allí un templo en honor a San Pedro además de un hospital. Para ayudar a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela, la pareja también dispuso una barca para que pudieran cruzar el río. Hecho por el que empezó a conocerse la ermita como la de La Nave.

Cuentan que uno de estos peregrinos a los que ayudaron, un leproso, antes de irse dio un mensaje a Julián en el que le decía que Dios estaba satisfecho de su penitencia. A los pocos días, Julián y Basilisa fallecieron, y el sarcófago de piedra que está a los pies del templo sería su último lugar de reposo.





La visita se termina en el centro de interpretación, camuflado en el acceso a la iglesia, que cuenta con algunos de los hallazgos en el traslado y con unos paneles informativos.