Carmen Laffón. Variaciones.
La primera gran exposición dedicada a la pintora y escultora sevillana Carmen Laffón (1934-2021) -segunda mujer en ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid como académica de número- desde su fallecimiento se centra en las ideas o motivos que plasma en sus composiciones una y otra vez -a lo largo de más de sesenta años de carrera que desarrollará entre Madrid, Sevilla y Sanlúcar de Barrameda-, a veces como variaciones libres sobre un mismo objeto o un lugar y, solo en su etapa de madurez, a modo de modernas series en sentido estricto.Carmen Laffón. Variaciones reúne una selección de cerca de ochenta obras entre óleos, témperas, carboncillos y esculturas que se articulan en distintas secciones dedicadas a los dos géneros artísticos más habituales en su obra, las naturalezas muertas y el paisaje, y a sus iconografías o temáticas más personales. Comienza representando objetos y paisajes desde una perspectiva realista, pero, a medida que evoluciona, se interesa más por la pintura en sí misma que por lo que representa, llegando casi a alcanzar la abstracción. Realiza sus composiciones a base de veladuras y manchas difuminadas. Su trabajo, cargado de poesía y sentimiento, sigue siendo difícil de clasificar.
Sus interiores están ocupados por objetos cotidianos como cestos, máquinas de coser y armarios, mientras que los exteriores están relacionados con su vida en Sevilla y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y recogen azoteas, vistas urbanas y paisajes. Sobre estos motivos, Laffón pinta a menudo variaciones con carboncillo, temple u óleo y, a partir de mediados de 1990, también esculpe.
"Carmen Laffón dedicó la mayor parte de su vida a observar el mundo que la rodeaba, encontrando infinitas variaciones de la luz y el tiempo en el paisaje, en el valor de lo íntimo, en la belleza de lo sencillo". (Paula Luengo, Jefa de Exposiciones del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y Comisaria de la exposición).
Marcelina viaja
LA MUÑECA Y LA CUNA.
La exposición comienza con una pequeña sección dedicada a
la muñeca Marcelina, su primera serie como tal. Marcelina viaja (1965) presenta
una atmósfera sombría y onírica que contrasta fuertemente con la luminosidad de
la obra que cierra la secuencia dos años más tarde: Marcelina blanca. Es una
imagen de reposo y bienestar que da paso a las cunas, sus dos grandes
composiciones, muy separadas en el tiempo, que plasman la fragilidad y la
vulnerabilidad de los recién nacidos.
Carmen Laffón, Inés Laffón en la cuna, 1995, Óleo sobre
lienzo, 170 × 195,5 cm, Colección privada
LOS BODEGONES.
El género del bodegón está muy presente en todas las
etapas de la trayectoria artística de Laffón. Se trata de un tipo de
composiciones que le permiten pintar en la tranquilidad de su estudio y
representar objetos cotidianos, explorando sus diferentes posibilidades.
Generalmente realiza cuadros con pocos elementos en los que se concentra en la
atmósfera, el ambiente o la poética de las pequeñas cosas.
El formato horizontal predomina en sus naturalezas
muertas más clásicas, dividiendo la estructura en dos planos, con los objetos
en el plano superior. Sus pinturas, de factura etérea, están compuestas de
capas de veladuras superpuestas, favoreciendo contornos borrosos, con un
colorido cuidadosamente elegido y aplicado. En los años noventa introduce el
paisaje en estos bodegones, como en Mesa con flores en el jardín (1991-1992) o
Bodegón oscuro (1997-2000), y a finales de esta década rompe la horizontalidad
atreviéndose con naturalezas muertas verticales, tanto pictóricas como
escultóricas, como en Relieve del bodegón (2000), o Repisa improvisada
(2000-2003).
Bodegón y alacena, 1982
LOS OBJETOS.
Ya desde los inicios de su carrera, Laffón dedica óleos y
dibujos a objetos sencillos que encuentra en la casa, como cestas, mesillas de
noche o máquinas de coser, sacándolos de su contexto habitual y otorgándoles
nueva vida.
A lo largo del tiempo Laffón pinta y esculpe numerosas
variaciones de la canasta: comienza con la cesta medio escondida o en un
rincón, como en La costura o El costurero (1963) hasta ser el único objeto que
ocupa todo el lienzo en Canasta con ropa blanca (1992-1996) o Canasta en el
jardín (1985).
Con la máquina de coser ocurre algo similar: se convierte en el objeto central que llena ese espacio de intimidad femenina en Máquina de coser al uso (1966-1967), Máquina de coser tapada (1967) y Máquina de coser cubierta (1978-1992), en las que se puede observar el juego entre lo que se muestra y lo que se oculta.
Carmen Laffón, La terraza. Madrid, 1973-1975, Óleo sobre lienzo, 115 × 174 cm, Colección privada
PAISAJE URBANO.
Las azoteas de Sevilla y Madrid pintadas por Laffón en
los años sesenta y setenta serían el preludio de las vistas que hará más
adelante de su querido Sanlúcar de Barrameda.
Destaca La terraza, Madrid (1973-75), donde el motivo es
una descuidada azotea bañada en una luz cálida y envolvente. En sus primeras
panorámicas de Sanlúcar de los años setenta, la azotea ocupa un pequeño espacio
en primer plano y da paso a unas amplísimas vistas de los tejados que se
pierden en el horizonte. El cielo ocupa casi la mitad del lienzo, anticipando
sus conocidas vistas dedicadas al Coto.
EL COTO.
El Coto de Doñana es sin duda el paraje natural por el
que Laffón siente mayor apego. Lo abordará por primera vez en torno a 1979 en
una serie de vistas horizontales con una clara línea divisoria entre el cielo y
el mar en tonos pastel que retomará de nuevo, entre 2005 y 2014, de manera más
abstracta. Los formatos y composiciones de todos estos cuadros son muy
similares, pero en los tardíos, de un marcado carácter rothkiano, emplea
colores más saturados en poéticas manchas de denso pigmento donde el paisaje
prácticamente desaparece.
LOS ARMARIOS.
Los armarios son protagonistas de la obra de Laffón
durante un largo periodo. Son variaciones que parten de una alacena de madera,
pintada en blanco en los setenta, en negro en los ochenta, replicada en
escultura de bronce a partir del 2000 y en vivos colores en la década de 2010.
Laffón representa en estas composiciones un mueble tradicional de manera
contemporánea y la contemplación de la secuencia completa permite constatar
cómo la artista elige un tema, lo desarrolla y lo simplifica en estas series en
cadena.
El pequeño armario es modesto, pero a la vez posee cierto
misterio, sobre todo si está cerrado. La serie trata de esconder, de sugerir,
de tapar y desvelar. En estas obras domina la verticalidad del mueble, que
coloca sobre un fondo neutro y abstracto: armarios cerrados, semicerrados o
abiertos que en algunos casos permiten entrever una carta o muestran cuencos en
la parte superior.
LA CAL.
En la serie La cal la artista se deja seducir por los
diversos materiales y objetos con los que trabajan los encaladores en un
cortijo andaluz: bidones, un palo, la carretilla, una mesa …
Se trata de un conjunto de cuadros realizados entre
2011-2015 en grandes formatos de madera al óleo, témpera y carboncillo,
incluyendo además un ready made o escultura construida con los objetos reales.
Salinas de Bonanza. Montaña horadada.
LA SAL.
La última de sus series, elaborada entre 2017 y 2020, es
la que dedica a las blancas y frías salinas de La Algaida y de Bonanza,
próximas a Sanlúcar. Tal vez sea su proyecto más ambicioso, tanto por el gran
formato de las obras como por la abstracción de las composiciones. Una vez más,
se muestra en ellas “la grandiosidad de la naturaleza sencilla”. Esta sección
presenta también un delicado bajorrelieve en escayola de las salinas y una
escultura con sal que se hallaba en el estudio de la artista a su muerte.
Sevilla desde el río, 1982-84/1992
Orilla del coto desde Bonanza
Espuertas cargadas con uvas
























































