sábado, 6 de junio de 2026

Senderismo (II)

La vía Licea.

La Vía Licea por el litoral sur de Turquía transcurre por el antiguo reino de Licia durante 540 kilómetros, entre los golfos de Fethiye y Antalya, atravesando más de 25 sitios arqueológicos, entre ellos tesoros como Patara, Myra, Simena y Xanthos, incluidos en el club de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Recrea el camino que los licios recorrían con caravanas para transportar mercancías de una a otra ciudad. Marcada como Gran Ruta (dos rayitas, blanca y roja), esta ruta de senderismo por la costa turquesa se recrea en bahías y cabos, playas, patrimonio cultural. 

Su web www.trekkinginturkey.com  

Licia es una hermosa región costera montañosa del suroeste de Anatolia (actual Turquía). En la antigüedad, Licia aparece en la mitología griega;  como las Tierras de Lukka, en textos hititas y del antiguo Egipto; y como pueblo originario de Creta, en los escritos de Heródoto.  En las guerras persas, los licios lucharon a favor de los persas y más tarde cayeron bajo su dominio. En la guerra de Troya fueron aliados de los troyanos, y la Ilíada de Homero menciona a dos de sus líderes guerreros, Glauco y Sarpedón, supuestamente un hijo de Zeus. 

Fethiye.

El proceso de helenización comenzó en el siglo VII a.n.e. con la llegada de colonos griegos desde Rodas. Se dice que los licios eran un pueblo ferozmente independiente y renombrados asaltantes navales. Los textos egipcios los incluyen en una confederación de "pueblos del mar". También eran culturalmente distintos. Cualquiera que fuera su gobernante, conservaban una identidad propia con su propia lengua y escritura. Además, según Heródoto, observaban una descendencia matrilineal, a diferencia de los griegos, que descendían por vía paterna. Como muestra de su individualidad, los licios fueron el último pueblo de Asia Menor en formar parte del Imperio romano, bajo el emperador Claudio.

Por encima del valle de Janto está el pueblo de Dodurga, dentro de la antigua ciudad de Sidyma. Los edificios y tumbas son los originales, aunque modificados más tarde para incorporar adornos helenísticos y romanos. Muchos edificios incorporan piedras antiguas.

Los licios cuidaban el diseño de sus tumbas. Tenían varios tipos y las tumbas muestran con frecuencia influencias griegas, y a veces persas. Quizá las más llamativas sean las excavadas en la roca viva, como las de Pinara. Esta ciudad fue una de las seis principales de Licia, asentada desde el siglo V a.n.e. Una imponente acrópolis se eleva sobre la antigua ciudad, con su acantilado de color rojo óxido repleto de cientos de sencillas tumbas rectangulares.  “Tumba Real” (excavada en la ladera, frontón y friso, relieves en el pórtico), templo (quizá dedicado a Afrodita), calle comercial, teatro de estilo griego.




Las antiguas ruinas del teatro de Patara.

Patara nos ofrecerá la mejor playa encabezada por el inmenso teatro, mientras que ciudades antiguas como Tlos, Janto o Arykanda dibujan las antiguas civilizaciones.

 


Importante parada es Kalkan, antes de un duro ascenso hasta Berzigan, una aldea de granjeros con una hilera de pequeños graneros de madera, en los que se conservaban las manzanas de cada cosecha antes de ser transportadas a los distintos mercados.

Tras pasar Gökçeören, la senda continúa entre bosques de pinos, montañas y pequeñas colinas. Un pequeño desvío lleva a otra joya arqueológica: las ruinas de Phellos. Sarcófagos y tumbas de piedra arenisca aparecen aquí sin un aparente orden.

 

Kaş, una población costera turística.

Üçagiz

Para ver lo más tradicional de la cultura turca podremos ir hasta pueblos tan bien conservados como Üçagiz. En el camino hay playas increíbles, como la de Üzüm Iskelesi, y las ruinas de Aperlae, una antigua ciudad que fue destruida por un terremoto. Casas y tumbas ahogadas en la orilla del mar, ciudad sumergida de Kelova. Üçagiz es un pequeño pueblo que se encarama sobre una colina, siendo su castillo, Simena, el mejor mirador posible con castillo medieval. 



Podemos visitar el emplazamiento pantanoso del templo y oráculo piscícola de Apolo (en Sura), el asentamiento de Kaleköy o Kayaköy, antigua Levissi, cuyos habitantes cristianos fueron obligados a marchar a Grecia en 1922-23. Otra excursión puede ser a Fellos, alta ciudadela, con increíbles tumbas excavadas en la roca. 





La siguiente parada de interés es Demre, una ciudad en la que, debido a su proximidad a una próspera mina natural de piedra caliza, se fabricaban sarcófagos mortuorios. En las afueras de Demre, se hallan las ruinas de Myra, con una imponente fortaleza y un anfiteatro.

 

Las ruinas de Mira.

 

Entre los puntos naturales obligatorios de la Vía Licia, encontramos el cañón de Saklikent, que se puede recorrer en rafting o por una pasarela de madera, o la cala de Kaputas encajada entre acantilados.

Hacia el interior quedan las ruinas de Alakilisie, un bello templo del siglo VI al que también se le conoce con el nombre de Iglesia del Ángel Gabriel. Finike, previo paso por las extrañas tumbas licias de Belos. Aquí comienza la última parte de la Ruta Licia. Una de las mejores zonas de acampada de toda la ruta: el faro de Gelidonya. 

                        El faro de Gelidonya, una de las mejores vistas de la Ruta Licia. 

Continuando hacia el norte, la senda discurre por Adrasan antes de ascender a las magníficas ruinas del mítico Monte Olimpo. Aquí aún se pueden admirar los restos de la muralla de la ciudad, la necrópolis, los baños y un teatro. Cerca de allí, una fantástica playa es el lugar ideal para darse un baño antes de descansar en la población de Çirali. Junto a Çirali, se puede tomar un pequeño desvío para observar una rareza de la naturaleza. 



En el monte Quimera unas llamas llevan encendidas, y de forma natural, desde hace milenios. Parece que el culpable de este fenómeno es el gas metano que generan las rocas.

Las misteriosas llamas del Monte Quimera. 

 


Más adelante, cerca de la ciudad de Kemer, aguardan las últimas ruinas de la Ruta Licia. Las ruinas de Fasélide Los restos de esta poderosa ciudad, fundada por los rodios hace 2.700 años e importante centro comercial entre Grecia, Asia, Fenicia y Egipto, antes de ser arrebatada a los licios por los persas.

Las ruinas de Fasélide invadidas por la Naturaleza.

 

 

Camino de la costa de Bretaña.

La costa de la Bretaña francesa, esculpida por los embates del Atlántico, da la impresión de ser más salvaje que otros lugares. Los que conocían bien este escenario eran los aduaneros que, en 1791, crearon un sendero para vigilar la costa contra los contrabandistas. Bonaparte instauró un peaje muy oneroso para los productos importados, lo que impulsó el contrabando proveniente del mar. Para evitarlo, creó 35.000 aduaneros para vigilar todos los tramos de la costa. El sendero fue olvidado y recuperado, por lo que el GR 34 es conocido también como Sentier des Douaniers (Sendero de los Aduaneros). Son nada menos que 1.800 los kilómetros que bordean todo el litoral bretón, desde el famoso Monte Saint-Michel hasta Saint-Nazaire, cerca de Nantes, en la desembocadura del río Loira.

El trayecto está punteado por puntas rocosas, acantilados, dunas, indómitas playas y calas en lugares tan míticos como la costa Esmeralda, la costa del Granito Rosa, la península de Quiberon o el golfo de Morbihan, con sus mil y una islas. Además, típicos pueblos bretones, con sus barcas de pesca, sus restaurantes de crêpes.

El Mont-Saint-Michel, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, es el mejor inicio. Es un lugar impactante, utilizado por tribus célticas que ocupaban el bosque de Scissy, en los alrededores, para entregarse a sus cultos druídicos a Belenus, dios galo del sol.


La Pointe du Grouin
, a 7 km -a través de bosques de aulagas y pinos- de Cancale, es un lugar ideal para descubrir la hermosa Costa Esmeralda, con sus aguas turquesas y sus bahías escondidas. Desde la punta, la vista abarca un panorama impresionante, desde Cap Fréhel hasta Granville, incluyendo la bahía de Mont Saint-Michel. Frente a la costa, aparecen las islas Chausey. La costa alterna acantilados escarpados y hermosas playas de arena encajadas entre promontorios rocosos. 


Antes de Saint-Malo, está la zona de Saint-Coulom, y la Ile du Gesclin. Después de Saint-Malo puede verse el fuerte de La Latte, castillo medieval en la comuna de Plévenon, la costa de Goëlo. Después se llega al cabo Fréhel atravesando una landa de brezo de color rosa-púrpura. Alrededor se ven acantilados, pequeñas calas y un faro con magníficas vistas. Cerca, el cap d´Erquy, con acantilados, playas salvajes y el páramo de brezo.



De Paimpol a Perros-Guirec las rocas brillan, moteadas de granito rosa. Las construcciones son del mismo color. Esta costa es inmediatamente reconocible. Es un pequeño paraíso para las aves. Los aficionados a la observación de aves y a las reservas naturales estarán encantados. El paso por la isla de Bréhat, muy cerca de Paimpol, es muy recomendable. Senderos de Ploumanac´h, islas, calas de arena fina. Playa de Port Blanc, con un arco de roca modelado por el océano.

Otro tramo va de Plougasnou a Saint Paul de Léon. Cerca de Plugasnou está la Pointe de Primel (menhir). Recorrido con muchos islotes. Reservas de ornitología y ostricultura. El contraste con la Costa de Granito Rosa es sorprendente, al perderse la presencia mineral característica. Hasta Saint Paul de Léon todo es la bahía de Morlaix, salpicada de islotes. Sendero con pendiente pronunciada. Punta de Pen al Lann (playa de Tahití, islote de Louët, castillo de Taureau). Península de Carentec, isla Callot, accesible con marea baja.




Desde la punta Saint Mathieu hay una vista de 180° desde la isla de Ouessant hasta la isla de Sein. Buen panorama al atardecer. 




Se llega a Brest. Enfrente, la península de Crozon. Escarpados promontorios naturales rodeados de aguas turquesas, entorno idílico. Desde Cap de la Chèvre, se puede admirar otra vista marítima de 180° de la bahía de Douarnenez hasta Pointe du Raz. Otro lugar ineludible es Pen-Hir, con sus rocas en forma de escalera. Entre la punta de Raz y la punta Penière las rocas son más oscuras. Hay pequeñas calas pedregosas y un faro.

 


Faro de Ploumanac´h


En la Península de Quiberon las playas son mucho más grandes. El entorno es más tranquilo, está menos expuesto al oleaje, los paisajes son más suaves. Una nueva Bretaña, más familiar. El pequeño puerto pesquero de Portivy es el lugar perfecto para disfrutar de la puesta de sol sobre el océano. Estamos más cerca del estuario del Loira y del final en Saint-Nazaire.






martes, 2 de junio de 2026

Cogolludo renacentista.

La localidad de Cogolludo, con una población de 574 habitantes (INE 2025) se sitúa en las inmediaciones del río Aliendre y el arroyo Arbancón, en la comarca de la Serranía de la provincia de Guadalajara, a 898 m de altitud. Su nombre puede derivar del latín cucullus, que alude a su ubicación en la falda del cerro El Lomón y al apiñamiento de sus casas. Tiene por patronos a la Virgen de los Remedios y a San Diego de Alcalá.

Su origen se remonta a la fortaleza construida en lo alto del cerro, pero tomó forma durante el siglo XI, al extenderse la reconquista cristiana al sur del Sistema Central, sobre una fortificación musulmana anterior. Aparece en fuentes escritas por primera vez en el año 1058, en tiempos de Alfonso VI. En 1176 el rey Alfonso VIII cedió la localidad a la Orden de Calatrava, que amplió el castillo. En 1242 se le concedió el fuero de Guadalajara, en 1355 la villa pasó a manos de Íñigo López de Orozco, en 1377 pasó a la familia Mendoza, en 1404 a doña Aldonza de Mendoza. En 1435, don Diego Manrique, conde de Treviño, se apoderó de Cogolludo en disputa con don Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana y hermanastro de doña Aldonza. La lucha fue zanjada por la Corona que asumió Cogolludo y su tierra, que la entregó a Fernando Álvarez de Toledo. Éste, en 1438, la intercambió con la casa de Medinaceli, que construiría el palacio en este siglo XV.





El castillo, actualmente en ruinas, era un recinto central de planta pentagonal y altos y fuertes muros, con cubos cilíndricos en las esquinas. Un patio de ronda y otra muralla con foso rodeaba el conjunto defensivo.


 




La plaza Mayor es el centro neurálgico de la villa. Se formó en el siglo XV cuando se construyó el palacio y tiene forma rectangular, con dos lados de casas con soportales, algunas con escudos nobiliarios y símbolos de la Cruz de Calatrava y de la Inquisición. Estas casas derivan de las del siglo XIX. A un lado del palacio está el Ayuntamiento, con su torre del reloj, y en el centro de la plaza hay una fuente barroca con cuatro caños. 



El ducado de Medinaceli es un título nobiliario creado por los Reyes Católicos en 1479 a favor de Luis de la Cerda y de la Vega, V conde de Medinaceli. Sus antecesores llegan hasta Alfonso X de Castilla, s. XIII. Era hijo de Gastón de la Cerda, IV conde de Medinaceli, y de Leonor de la Vega y Mendoza. Acometió la construcción del palacio en la Villa de Cogolludo con características similares al Palacio del Infantado de Guadalajara, trazado por Juan Guas. Está enterrado en la Iglesia Colegial de Santa María en Medinaceli. 

El palacio Ducal, de los Duques de Medinaceli, se construyó a finales del siglo XV. Aunque hay dudas sobre las fechas exactas, se indica los años 1488-89 para su inicio (sería anterior a 1496, fecha del arranque de la obra nueva del Colegio de Santa Cruz de Valladolid) y 1492 para su terminación. El edificio, considerado el primero renacentista, centra la plaza, dándole carácter. Fue encargado por Luis de la Cerda, I Duque de Medinaceli, y diseñado por Lorenzo Vázquez de Segovia. Éste fue un arquitecto español que introdujo el Renacimiento en España, intervino en obras de la casa de Mendoza a fines del siglo XV y principios del siglo XVI y murió entre 1513 y 1517. Trabajó en otros edificios como el Colegio de Santa Cruz de Valladolid (cardenal Pedro González de Mendoza, 1487-1491), el convento de San Antonio de Mondéjar (1487-1509), el palacio de Antonio de Mendoza en Guadalajara (acabado en 1507) o el castillo de La Calahorra (Granada, 1500-1513).

La influencia italiana se aprecia mejor en el palacio de Cogolludo. El paramento totalmente almohadillado, la puerta ricamente decorada con elementos en estrecha relación con el colegio de Santa Cruz, el escudo central con láurea y la bella crestería, se compaginan con ventanas que todavía tienen formas de la tradición hispano-flamenca toledana. La profusa simbología, especialmente evidente en la corona de laurel y los motivos de la portada nos relaciona esta obra ya con los últimos monumentos del quattrocento, especialmente el Palacio Bolognini en Bolonia o la propia Catedral de Pienza. En el interior hay un patio con arcos escarzanos de tradición gótica sobre columnas monolíticas, con capiteles alcarreños (corona de hojitas sobre el collarino), típico del primer cuarto s. XVI, yeserías mudéjares en las estancias. Destaca el Salón Rico, con chimenea adornada con estuco y con el escudo heráldico de los Medinaceli. Los jardines están rodeados por muro.

El edificio tiene una concepción con predominio de la horizontalidad y la simetría. Destaca la ausencia de torreones, elemento típico de la arquitectura palacial española y la escala humana de sus volúmenes, características renacentistas, aunque persisten elementos góticos (ventanas -seis geminadas de estilo isabelino en la primera planta, cresterías). Dos cuerpos horizontales, almohadillado florentino, portada adintelada (único vano en la planta baja), frontón de vuelta redonda, flores de lis y querubines en la decoración, son elementos destacables.

 

La iglesia de Santa María fue construida en la segunda mitad del siglo XVI. Tiene planta de salón, de tres naves -la central más ancha que las laterales- de cinco tramos, separadas por pilares cilíndricos y cubiertas por bóvedas de crucería del gótico tardío. Las tres naves son de igual altura, por lo que no hay arbotantes, sustituidos por muros de gran espesor. La cabecera se remata por ábside poligonal con contrafuertes exteriores. El coro se sitúa a los pies, en alto, apoyado sobre tres arcos escarzanos, ocupando el primer tramo de la iglesia, cubierto por el mismo tipo de bóvedas de crucería, al igual que las dos capillas cuadradas del lado del Evangelio. Los arcos son de piedra, apuntados y de medio punto (arco triunfal, accesos a las capillas del lado del Evangelio). Está construida en mampostería, con sillares en esquinas, portadas, ventanas y contrafuertes.

La portada principal, renacentista, está en la fachada meridional, entre dos contrafuertes, precedida por atrio, escalinata y verja exterior, con pilastras rematadas por bolas renacentistas. El ingreso es por arco de medio punto flanqueado por columnas corintias exentas, de fustes estriados. Encima hornacina avenerada y frontón triangular. En la fachada oeste se encuentra el conjunto renacentista más completo, con portada, óculo circular y frontón triangular.

Adosada a la cabecera está la torre, de cuatro cuerpos en disminución. Los dos primeros son de mampostería, macizos, con dos pequeños vanos. Los dos últimos son de sillería, con vanos semicirculares. En la cara sur del último se alojan las campanas. Se remata con chapitel terminado en bola y cruz. 

 

En este ambiente renacentista se celebra cada año una Jornada especial. El 30 de mayo de 2026 se ha celebrado la VI Jornada Renacentista, organizada por el Ayuntamiento y la Asociación Amigos del Siglo de Oro-Tercio Cervantino, con participación de distintas compañías históricas, grupos de recreación, etc. La colaboración de la Escuela de Folclore de la Diputación de Guadalajara ha permitido que se celebraran demostraciones de artesanía tradicional, acercando al público oficios y expresiones populares propias del patrimonio cultural de la provincia.

Las actividades han sido variadas, incluyendo desfiles, campamentos históricos, exhibiciones militares, recreaciones civiles y militares, música renacentista, talleres, etc., todas de tono divulgativo y ambientadas en los siglos XV y XVI. Una de las más destacadas es la lectura de la “Carta de Colón”, en referencia a la carta enviada en 1493 por el Duque de Medinaceli a su tío, el Cardenal Mendoza, sobre el regreso de Colón de su primer viaje. En ella se comunica el éxito de la empresa en lo que se considera uno de los primeros testimonios privados del hecho, puesto que el descubrimiento pudo saberse antes en Cogolludo que en la corte, que estaba en Barcelona. Este año la lectura ha estado a cargo del rector de la Universidad de Alcalá, Carmelo García Pérez, natural de Cogolludo.



Se trata de un modelo cultural que combina la divulgación histórica con la dinamización turística, participación vecinal y valoración del patrimonio monumental de la villa, con el Palacio Ducal como gran emblema y con la plaza Mayor como escenario en el corazón del municipio.




 

jueves, 28 de mayo de 2026

Rafael

El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met) estrena la primavera con una muestra monumental, una gran retrospectiva, la primera sobre el artista en EEUU, que ha supuesto más de siete años de trabajo: “Rafael: poesía sublime”. Nos asomamos al proceso artístico de uno de los artistas más influyentes de la historia, del Renacimiento italiano, Raffaello di Giovanni Santi (1483-1520), más conocido como Rafael, que creó obras de gran profundidad intelectual y emocional. En su corta vida de tan solo 37 años, alcanzó un éxito tan profundo como pintor, diseñador y arquitecto que, siglos después de su muerte, fue considerado la máxima expresión de la perfección artística. La muestra reúne importantes dibujos, pinturas y tapices y presta atención a la representación de la mujer, desde su uso de modelos desnudas hasta sus imágenes de la Virgen con el Niño.

Rafael (Raffaello di Giovanni Santi), La Virgen con el Niño y San Juan Bautista infante en un paisaje (La Virgen de Alba) (detalle), ca. 1509–11. Óleo sobre lienzo (transferido de madera).

Rafael: Una vida en nueve objetos

«Rafael: Poesía Sublime», ofrece una mirada a su trayectoria, explorando el camino de Rafael desde su juventud en la ciudad italiana de Urbino hasta su ascenso triunfal como el artista más solicitado y admirado en la corte papal de Roma. A su muerte era conocido como el «Príncipe de los Pintores» debido a sus enormes logros artísticos y su elegancia para desenvolverse en el complejo panorama social, político y cultural de su tiempo.

Rafael (Raffaello di Giovanni Santi; 1483–1520). Retrato de un niño (se presume que es un autorretrato), ca. 1500. Tiza negra grisácea, con toques de blanco (actualmente perdida), sobre papel verjurado, 38,1 × 26,1 cm. Museo Ashmolean, Oxford (WA1846.158).

Este dibujo, que se cree que es un autorretrato, demuestra el asombroso talento de Rafael en su adolescencia. Creció inmerso en la cultura de las regiones de Las Marcas y Umbría, en lugar de en los centros artísticos de Florencia o Roma. El padre de Rafael, Giovanni Santi, fue pintor y poeta, y sería su primer maestro, aunque falleció cuando Rafael tenía once años. Posteriormente, Rafael se unió al taller del renombrado artista Perugino (1446/50–1523), de quien aprendió las habilidades técnicas y cómo gestionar un taller exitoso. Rafael realizó este dibujo aproximadamente al finalizar su formación con Perugino y consolidarse como artista. En este autorretrato, se representa en el umbral de la edad adulta y la independencia artística.



Rafael (Raffaello di Giovanni Santi; 1483–1520). Ángel de medio cuerpo (Fragmento del Retablo de los Baronci), ca. 1500–1501. Óleo con reflejos dorados sobre lienzo (transferido de madera), 31 × 26,5 cm.

Esta pintura de un ángel es solo una parte de un enorme retablo. El contrato nombra a Rafael, de diecisiete años, como maestro pintor. Fue un paso importante en la carrera del joven artista y una señal de que se había ganado la confianza de los mecenas como artista independiente en ciudades del centro de Italia.


 

Rafael. Bocetos de infantes; La Virgen y el Niño, ca. 1507–8. Pluma y tinta marrón sobre dibujo a punta de plomo (anverso), punta metálica, realzado con gouache blanco, sobre papel preparado de color rosa amarillento (reverso), 22,8 × 31,2 cm.

Alrededor de 1504 comenzó a pasar tiempo en Florencia. Le fascinaban las innovaciones artísticas de Leonardo da Vinci (1452–1519) y Miguel Ángel (1475–1564), quienes creaban algunas de sus obras más importantes e influyentes en Florencia en aquella época. Leonardo creía que el acto de esbozar de forma espontánea permitiría al artista expresar su creatividad con mayor plenitud. En dibujos como este, Rafael adoptó plenamente la filosofía del artista mayor, esbozando rápidamente diversas composiciones en una sola hoja, muy lejos de los dibujos cuidadosos y precisos que realizó tras estudiar en el taller de Perugino.

Rafael. Santa Catalina de tres cuartos, ca. 1507. Carboncillo, tiza negra, con toques de gouache blanco y tiza blanca, sobre cuatro hojas de papel pegadas con bordes superpuestos (soporte de papel original), contornos perforados para la transferencia del diseño, 58,7 × 43,8 cm.

Lo que Rafael adoptó de Leonardo no fue solo el método del boceto espontáneo, sino también su habilidad para crear composiciones elegantes y dinámicas. La pose retorcida de Santa Catalina en este singular dibujo está inspirada en las composiciones de Leonardo para la pintura Leda y el cisne (circa 1508). La obra era un dibujo funcional dibujado a tamaño real y luego transferido a la superficie pictórica perforando pequeños agujeros en el diseño y presionando sobre tiza negra, una técnica llamada punteado. Esta técnica la aprendió a una edad temprana (probablemente de Perugino) y siguió siendo de suma importancia durante el resto de su carrera, a medida que emprendía proyectos cada vez más grandes y ambiciosos. 

Rafael. La Virgen con el Niño y el infante San Juan Bautista en un paisaje (La Virgen de Alba), ca. 1509–11. Óleo sobre tabla transferido a lienzo, 94,5 cm.

Rafael es conocido hoy por su extraordinaria habilidad para retratar el afecto entre la Virgen María y su hijo Jesucristo, como en esta pintura de su período romano, conocida como La Virgen de Alba (ca. 1509–11). Rafael comenzó a cultivar esta especialidad mientras trabajaba en Florencia. A pesar de su talento, no logró abrirse paso en el competitivo mercado artístico florentino. En cambio, se ganó la aprobación de los mecenas con sus tiernas y conmovedoras pinturas de la Virgen con el Niño, destinadas a ser exhibidas en sus hogares más que en las iglesias.

Partiendo de la tradición bizantina de representar a la Virgen con el Niño en un tierno abrazo, Rafael enfatizó la humanidad de María y Jesús y el amor que los unía. La alta mortalidad materna e infantil durante el parto hacía que se viera a la Virgen como una protectora.


Rafael. Retrato de una joven con un unicornio (¿Laura Orsini della Rovere?), 1505–1506. Óleo sobre tabla, transferido a lienzo, pegado a un soporte de madera. 67 × 56 cm.

Además de dotar a las pinturas religiosas de composiciones dramáticas y profundidad emocional, Rafael fue también un retratista consumado. Sus cautivadores retratos demuestran que aprendió de Leonardo que la mente del retratado se expresaba a través de su cuerpo, especialmente en la mirada y la posición de las manos. Es probable que este cuadro sea un retrato de compromiso o de boda, como lo sugiere la vestimenta y el pequeño unicornio, símbolo del amor y la castidad. El elegante traje y las joyas de la retratada evidenciaban su riqueza, estatus y "valor" como novia, en aras del honor de su familia.

 

Rafael. Desnudo masculino sentado; Boceto pequeño para la bóveda de la Signatura en la parte inferior izquierda, ca. 1509–11. Tiza negra y toques de blanco sobre papel blanco amarillento, 35,7 × 21 cm.

En 1508, Rafael partió de Florencia hacia Roma, y ​​ese mismo año recibió un encargo que cambiaría el rumbo de su carrera. El papa Julio II (1443–1513) se encontraba decorando los aposentos papales en el Palacio Vaticano y encargó al joven artista la pintura al fresco de la Sala de la Signatura. Para esa sala, Rafael creó dos de sus pinturas más importantes e influyentes: La Escuela de Atenas y La Disputa (Disputa del Sacramento), que representan a los filósofos antiguos en un lado de la sala y a figuras clave de la teología cristiana en el otro. Rafael no tenía mucha experiencia en la técnica del fresco cuando comenzó este proyecto, pero se adaptó rápidamente al medio. El estilo audaz que adoptó en dibujos preparatorios como este ayudó a crear figuras impactantes desde la distancia. Este estudio de la figura de Adán, el primer hombre según el Antiguo Testamento, es uno de los más extraordinarios de Rafael, con su anatomía escultórica.


Rafael. Retrato de Baldassarre Castiglione, 1514–16. Óleo sobre lienzo, 82 × 67 cm.

 Tras su éxito en la Sala de la Signatura, a Rafael se le encomendó la pintura de las demás estancias de los aposentos papales y se convirtió en el artista más solicitado de Roma. Entre 1508 y su muerte en 1520, Rafael fue extremadamente prolífico, gracias a su intensa ética de trabajo y a la gestión de un taller próspero. Otro factor importante del éxito de Rafael fue su capacidad para colaborar con otros y cultivar importantes amistades, como la que mantuvo con Baldassarre Castiglione (1478-1529), quien aparece en este retrato. Castiglione fue el autor de El cortesano (1528), obra que detallaba cómo comportarse con elegancia. El retrato muestra a Castiglione como el modelo de la sobria elegancia cortesana, vistiendo una lujosa pero sobria chaqueta negra con suntuosas mangas de piel gris.

Rafael. Estudio de un caballo de mármol en el monte Quirinal («opvs praxitelis»), ca. 1515–16. Tiza roja sobre dibujo preliminar a punta de plomo y estilete, con anotaciones a pluma y tinta marrón, sobre papel verjurado, 21,9 × 27,4 cm.

Además de los numerosos proyectos artísticos que desarrolló en la última década de su vida, Rafael también comenzó a cultivar un profundo interés por la arquitectura, y en 1514 se convirtió en el arquitecto principal de la Basílica de San Pedro en Roma, siguiendo los pasos de su mentor, Donato Bramante (1444-1514). Estaba fascinado por el legado de la antigua Roma y este dibujo, que representa un caballo de la famosa escultura romana de los Dioscuros del Quirinal, muestra la meticulosidad con la que Rafael documentó los monumentos existentes.





Rafael es recordado como un hombre noble y amable, amado por sus discípulos y mecenas, lo que le diferencia de otros artistas de perfil más individualista, como su gran rival Miguel Ángel. Es por ello que el genio de Urbino encarna como ningún otro el ideal del humanismo renacentista.