sábado, 4 de abril de 2026

El nacimiento de la primavera

Florencia era, a finales del siglo XV, una ciudad próspera que alcanzó un gran esplendor artístico y cultural bajo el gobierno de Lorenzo de Médicis, mecenas de artistas e intelectuales humanistas entre los que se encontraba Sandro Botticelli. La familia Médici había fundado una academia, a imitación de la de Platón en Atenas, que sostenía que, a través de la búsqueda del amor, el intelecto y la belleza supremos, podía llegarse a Dios. Como una alegoría de esta familia puede verse La adoración de los Magos, 1475: los rostros de los reyes pertenecen a Cosme y sus hijos Pedro y Juan; Lorenzo sería el joven de la derecha, vestido de negro y rojo, delante del pintor, vestido de ocre.

En este contexto, Botticelli creó las obras que dieron lugar a una nueva época, el Renacimiento. La primavera fue encargada por Lorenzo de Médici como regalo para su novia. Se ejecutó hacia 1485 y es una alegoría de este "renacimiento" intelectual, dejando atrás la devoción religiosa para devolver al ser humano al centro de la creación artística.  Representaría el amor puro, platónico, que trasciende lo carnal. El autor se basó en Sobre la Naturaleza, del poeta latino Lucrecio, que asociaba a las Venus y la primavera.

La primavera. Está realizado al templo sobre tabla y mide 203 cm de alto por 314 cm de ancho. Su fecha de realización fue probablemente entre 1477 y 1482. Se conserva en la Galería Uffizi en Florencia.



En el centro del conjunto aparece Venus con el típico atuendo de Florencia del siglo XV. Está situada debajo de Cupido, hijo suyo y de Mercurio, símbolo del amor, que apunta con su arco hacia las Tres Gracias que, en la mitología, representaban el placer, la castidad y la belleza.


Es una pintura llena de alegorías y referencias clásicas. Mercurio disipa unas nubes, símbolo de la llegada del buen tiempo, pero también de la nueva era que nacía en la Florencia de los Médicis. Las flores, repartidas por todo el jardín y en el vestido de Flora y el manto de Venus, son un símbolo universal de la primavera, pero también recuerdan a Florencia, la ciudad de las flores. Los personajes femeninos tienen una belleza ideal, fría, similar a los cánones de la época clásica, y se parecen a Flora, cuyo rostro era el de Simonetta Cattaneo, musa de los artistas florentinos y de Botticelli, muerta muy joven. El pintor, que permaneció soltero, se hizo enterrar a los pies de ella treinta y cuatro años después de su muerte. 

Con esta obra, Botticelli regresa a los mitos clásicos como Los Fastos de Ovidio, donde se narra el origen de las floralias, fiestas romanas que se celebraban en mayo: la ninfa Cloris, que exhalaba flores al respirar, suscitó la ardiente pasión de Céfiro, el viento fructificador, que la tomó como esposa por la fuerza. Arrepentido, el dios la transformó en Flora, dueña de un jardín donde reinaba eternamente la primavera. Las dos mujeres son, pues, un mismo personaje en dos momentos distintos. Esta escena representaría el amor carnal, con Céfiro fecundando a Cloris para dar a luz a la primavera convertida en Flora


Botticelli se inspiró en fuentes literarias para entender cómo los nombres latinos de las tres Gracias representarían el amor intelectual, alejado del terrenal. También se inspiró en los cánones artísticos paganos, puesto que aparecen desnudas, ensalzando la belleza y la sensualidad como virtudes. Sus figuras se mueven delicadamente, dejando entrever su desnudez a través del drapeado.





Para el grupo de las tres Gracias, pudo inspirarse en la Puerta del Paraíso del baptisterio de Florencia (grupo de siervas del relieve de Esaú y Jacob), obra de Lorenzo Ghiberti. 



La frondosa vegetación del fondo son plantas de laurel y naranjos, que aparecen en el escudo de los Médici y, árboles de hora perenne, hacen referencia a la primavera cultural eterna que inaugura la familia dominante. También están representadas cientos de ejemplares de flores, arbustos, hierbas. Abundan las margaritas, amor correspondido, las violetas, flor sagrada de Venus, los jacintos, flor nupcial.

 

Esta famosa obra puede ser representada por estilos y artistas de todas las épocas. 

Fresco romano

Románico

Gótico final, Giotto

Tiziano

El Greco

Diego Velázquez

Johannes Vermeer

François Boucher (Rococó)

J. M. William Turner

John Constable

Eugène Delacroix

Francisco de Goya

Édouard Manet (Almuerzo en la hierba)

Claude Monet (Impresionismo)

Pierre-Auguste Renoir

Vincent Van Gogh

Mariano Fortuny

Gustav Klimt (Art decó)

Modernismo, Art nouveau

Pablo Picasso (época rosa)

Juan Gris (Cubismo)

René Magritte (Surrealismo)

Salvador Dalí

Joan Miró

Amedeo Modigliani

Joaquín Sorolla

Andy Warhol

Tamara de Lempicka

Equipo Crónica

Frida Khalo

Antonio Saura


martes, 31 de marzo de 2026

Torres medievales y cadalso (I).

Un elemento típico medieval de las defensas en torres y murallas fue el cadalso, que era una defensa de madera en voladizo adosada a media altura, o en lo alto, a una muralla o a una torre. La galería colgaba apoyándose en ménsulas o vigas de madera o piedras que sobresalían, incrustadas en el muro. Normalmente estaban cubiertos y no solían ser permanentes, sino instalarse durante un asedio. Frecuente en los castillos medievales, su disposición en vuelo ampliaba el campo de tiro de sus defensores, especialmente al poder disparar hacia abajo por troneras abiertas en la base. Al ser de madera podían arder fácilmente y fueron poco a poco sustituidos por matacanes, que eran permanentes, prestaban el mismo servicio y contaban con la seguridad de estar fabricados en piedra, aunque tenían menos vuelo. En la mayoría de los casos desaparecieron por el deterioro de la madera, pero es posible imaginar su posición. 

                                                                   Carcasona (Francia)

                              Castillo de Argüeso (Cantabria). El cadalso protege la puerta. 


La torre solar del almirante Pero Niño, conde de Buelna, ilustre marino montañés que en 1405 armó en Santander una flota de naos y galeras con la que extendió el poder naval castellano por las costas atlánticas europeas.  Se sitúa en el término municipal de  San Felices de Buelna (Cantabria) y fue construida por su hermano, Alfonso Niño Laso de la Vega, merino mayor de Valladolid, a finales del siglo XIV en estilo gótico.


Es una torre de planta rectangular y tres alturas (4,50 m la baja, 4,30 m la segunda o noble, y 2,70 la última), construida en mampostería, con sillería en esquinales y vanos. Los muros tienen un grosor de 90 cm, salvo en la última planta. Sus medidas son 14 m de largo, 9 m de ancho y 11,50 m de alto. La fachada principal es la oriental, con puerta de arco apuntado y grandes dovelas. El resto de los vanos son también apuntados, excepto dos que aparecen en el tercer piso de las fachadas oriental y meridional, que son de medio punto y que serían las puertas para pasar a los cadalsos.


La torre y palacio de Aldealseñor, en la localidad de ese nombre, en la provincia de Soria, consiste en una torre defensiva bajomedieval, con origen en el siglo X, junto a la que se construye a finales del siglo XVI y comienzos del XVII el palacio, conformado por una construcción de tres alas y un patio cerrado por cerca de mampostería con una fachada de sillería rematada con almenas piramidales y con dos escudos que flanquean la puerta de acceso.





La torre tiene una base de 9 x 7 m y una altura de 26 m. La fábrica es de mampostería, con sillería de arenisca en esquinas y ventanas. Conserva las ménsulas de lo que pudo ser un cadalso, así como los mechinales de la misma estructura un poco más abajo. Posteriormente, al construirse el palacio, la torre se recreció, disponiéndose vanos bajo arcos lobulados y escarzanos. 







El palacio es edificio residencial, con dos plantas en el ala central, realizado en sillarejo con sillares en esquinas y vanos. Destacan las dos puertas bajo arco carpanel y el escudo de la familia Salcedo sobre el acceso principal. De su cubierta destaca la linterna de ladrillo sobre la escalera de honor. El ala este también presenta dos plantas, la inferior con una puerta de arco carpanel y en el superior una galería porticada de arcos rebajados sobre columnas toscanas. El ala oeste conserva en el piso inferior puertas con arcos carpanel y dos pequeñas ventanas con tejadillos semicirculares.


 






Torreón de los Garcés de Marcilla. Torrealta. (Rincón de Ademuz, Valencia). Siglo XIII. Mechinales y maderos daban sostén al cadalso.




 





Torre de los Velasco con los restos del cadalso desaparecido. Espinosa de los Monteros (Burgos). Siglo XIV.

 



 





Castillo de las torres de Mens o fortaleza de los Moscoso. Malpica de Bergantiños (La Coruña). Siglo XIII.




 

Torre de los Velasco (Espinosa de los Monteros). Recreación del cadalso por Miguel Zález.



Torre de Abizanda (Huesca), s XI.

Tiene una altura de 24 m y una planta rectangular de 13,64 x 8,16 m, con un gran espesor de muros que dejan una superficie habitable de algo más de 40 m2 en las plantas inferiores, que aumenta, dado el adelgazamiento de los muros, hasta los 60 m2 en la última. Dispone de cinco plantas con pisos de madera apoyados en vigas. Presenta dos fases de construcción, la inferior de finales del siglo X (destruida en 1006 por los musulmanes) y el resto del siglo XI, realizada por maestros lombardos. La puerta de acceso, de un metro de anchura en el muro sur, está a 6,50 m de altura. Está construida en sillares en la parte baja y en sillarejo en el resto.

La planta baja está cegada hasta los tres metros por motivos defensivos y dispone de varias aspilleras. En la planta segunda está el acceso, al que se llegaría por una escalera de mano. La tercera planta era de habitación, consta de dos ventanas, retrete y aspilleras. La cuarta planta también era habitable y tiene ventana y aspillera. La quinta planta era defensiva, con puerta en el centro de cada muro para acceder al cadalso.

San Vicente de Labuerda (Huesca)

Las casas son ejemplo de arquitectura popular pirenaica, destacando Casa Buil, ejemplo de las Casas torreadas del Alto Aragón, del siglo XVI, con torreón adosado, que pertenecía al infanzón del lugar. Es una magnífica residencia que destacaba por su volumen sobre el conjunto, indicando poder y riqueza. La fortaleza del torreón atestigua la inseguridad de la época debido a los conflictos nobiliarios, a los fronterizos con Francia y a la existencia de bandoleros.

El origen de la familia Buil en la localidad se remonta al siglo XIII y debió tener una torre-vivienda, sustituida por la actual en el siglo XVI.




Es de planta cuadrangular y tiene cinco pisos, el inferior cubierto con bóveda. La segunda planta se utilizaba como vivienda y cuenta con una ventana ajimezada con arcos de medio punto. Otras aberturas son las aspilleras de ranura y gota central que se reparten por los distintos pisos. Una capilla a la Virgen del Rosario, dedicada al culto de la familia propietaria, se abrió al resto de la población, al estar la iglesia de San Vicente algo apartada.






La Torraza de Lárrede (Sabiñánigo, Huesca) o torre del Moro es una torre vigía de los siglos XV-XVI, construida sobre la base de una construcción del siglo X debido al auge del bandolerismo y la inseguridad, y a los conflictos de tipo político. Formaba parte del sistema defensivo del Campo de Jaca y pudo formar parte de un castillo. Tiene planta rectangular de 6,5 x 4,5 m, con un muro de 1,5 m de grosor, construido en sillarejo y pizarra. El interior se compone de cuatro plantas, con aspilleras, y acceso en el lado sur a la altura del segundo piso. El remate es almenado.