sábado, 7 de marzo de 2026

Alcalá de Henares (XII)



La conquista de Orán -2,5 x 2 m, Augusto Ferrer-Dalmau- es una obra de gran significado histórico con el que la Sociedad de Condueños de Alcalá de Henares enriqueció su patrimonio pictórico en 2024, presentando al cardenal Cisneros en uno de los episodios más destacados de su vida. El pintor está interesado por los temas militares y es autor, junto con Carlos Canales y Miguel del Rey, del libro De Felipe V a Felipe VI. Trescientos años del ejército español, editorial EDAF, 2018.



 

Este cuadro, cuya temática es universal, podría representarse en modo de distintas épocas o diferentes estilos artísticos. Por ejemplo: Siglo XVI, Miguel Angel, Siglo XIX, Impresionista, Fauve, Cubista, Abstracción, Modernista (Klimt), Siglo XX.

 

 

 

 


El pintor Augusto Ferrer-Dalmau había sido el autor de otro cuadro relacionado la ciudad. En 2011 representó la salida de Zapadores de Alcalá de Henares en 1808, hecho histórico en el que los militares, al rebelarse contra las tropas napoleónicas, marcharon a Valencia. La gesta de los zapadores es un cuadro dentro de la tradición de la pintura de historia española de 150 x 90 cm, de estilo realista, que muestra al Regimiento Real de Minadores-Zapadores abandonando Alcalá el 24 de mayo de 1808. En el cuadro se representa la silueta de las torres alcalaínas tomando como modelo el dibujo de Piere Maria de Baldi realizado en el siglo XVI. Se presentó con ocasión de la celebración del III Centenario de la creación del Arma de Ingenieros y se encuentra en el Museo de la Academia en Hoyo de Manzanares.

En 1803 se produjo una reforma general del Cuerpo de Ingenieros, se cerraron las antiguas academias y se abrió la de Alcalá, ubicada en los conventos de San Basilio y de la Merced Calzada. El mando recayó en el Coronel Jefe del recién creado Regimiento Real de Zapadores Minadores, acuartelado también en Alcalá. La Academia se disolvió en 1808, debido a la Guerra de la Independencia. Ante la gravedad de la situación se preparó la salida de lo que quedaba de las fuerzas con destino a Cuenca, donde quizá había triunfado el levantamiento, pero, ante la actitud dudosa de las autoridades de esa ciudad, finalmente se dirigieron a Valencia, llegando el 7 de junio, 14 días después de su partida.

Estos cuadros de temática militar presentan una temática general, universal, pudiendo ser representados en distintos lugares, épocas y estilos artísticos. Por ejemplo: Siglo XII, Siglo XVI, Goya, Cubista, Expresionista, Surrealista, Matisse, Impresionista, Simbolista, Modernista, Siglo XX.













martes, 3 de marzo de 2026

LAM

Lisse es una ciudad de la provincia de Holanda Meridional, Países Bajos, a 40 km de Ámsterdam, con una población de unos 23.000 habitantes (2025), situada a un metro de altitud sobre el nivel del mar. En los siglos XVII y XVIII estaba habitada por comerciantes ricos y nobles y rodeada de bosques y jardines. Los bosques se talaron en los siglos siguientes para cultivar flores y bulbos, lo que llevó prosperidad a la zona, especialmente a mitad del siglo XX, cuando se instalaron grandes cultivadores, casas de subasta y comercio. 



En la actualidad, al ser el centro de la región de la floricultura, es también un gran centro turístico, siendo Keukenhof (“jardín de la cocina”) la gran atracción, un jardín con millones de bulbos de cien especies distintas que florecen en la primavera, tras haber sido plantados en otoño, y que puede visitarse entre marzo y mayo (ocho semanas).







Desde 2018 hay otra atracción importante en esta ciudad: el LAM (Museo de Arte Lisser), museo que cuenta con una colección de arte centrada en la comida, la bebida y el consumo. Se define como “food art”, aunque lo que busca es contar historias utilizando algo tan cotidiano como la comida como punto de partida, e incluye pinturas, esculturas, instalaciones, videos y piezas de arte sonoro y digital. No organiza exposiciones temporales, aunque crean temáticas que les permiten reordenar las obras, como “Snacks”, “Feast at the Table”. También preparan los retratos con comida y encontrar caras en lo que comemos con “Tasty Faces”. Con estas reorganizaciones se consigue que capten la atención piezas que antes habían pasado desapercibidas.


Nada más entrar, al lado del ascensor, aparece “Min of Meer” (“más o menos”), hecha con bolsas de compra que adquieren la forma de una persona que puede recitar un poema que es, en realidad, una lista de la compra. Una escultura hiperrealista muestra a una mujer que ha salido del supermercado y lleva, metido en el abrigo, un bebé que la mira intentando atraer su atención. Unas cabezas, que parecen esculpidas en barro, huelen a chocolate y denuncian las precarias condiciones de los trabajadores de las plantaciones de cacao. El artista Itamar Gilboa presenta 8.000 reproducciones de alimentos realizadas en porcelana blanca –“Food Chain Project”-, representando la comida que consumió durante un año.

 'Last Supper (after Leonardo)', del artista Yinka Shonibare.


'Food Chain Project', de Itamar Gilboa, es la obra de mayor tamaño.


'Bad Grapes', obra de Kathleen 



Una obra representa la vanitas, la fugacidad de la vida y de lo material: es la escultura de unas uvas cubiertas de moho, hecha con cuentas de cristal y piedras preciosas, de la artista Kathleen Ryan. La descomposición de los alimentos también la muestra Lisette de Greeuw con unos lápices de colores que indican las tonalidades de una mandarina. Una pieza llamativa es una máquina de chicles masticados, que nos hace pensar en los contrastes. Paños de cocina, palomitas de maíz, patatas fritas, un bol de cereales, envases de comida para llevar, etc., son otros de los protagonistas del museo. A falta de carteles, lo códigos QR nos explican que un retrato hecho con salchichas se inspira en las pinturas rupestres o que unas rodajas de embutidos que recrean el mecanismo de un reloj proponen una reflexión sobre la carne ultraprocesada.





El museo también organiza actividades sobre alguna de sus obras. Una muy popular fue “Taste an Artwork”, que desarrolló sabores de helados en seis tonos distintos de gris, planteando a qué sabe cuando el color desaparece. La obra era “Escala de Cinzas” (“Escala de Grises”) del artista brasileño Joao Loureiro.

'Escala de Cinzas', la obra del artista João Loureiro  


Una anécdota sobre el museo se hizo muy famosa. Una obra del artista francés Alexandre Lavet, titulada “Todos los buenos momentos que pasamos juntos”, representa dos latas de cerveza belga de la marca Jupiler, vacías y estrujadas. Un técnico de ascensores pensó que era basura dejada por los visitantes y las echó al cubo. Afortunadamente, la ausencia de las latas inició su búsqueda y su hallazgo, limpieza y reposición en otro lugar para evitar malentendidos. Si examinamos de cerca las latas observaremos que están pintadas a mano con acrílicos, replicando el diseño de las latas originales, aunque con materiales distintos. La anécdota sirvió para mandar el mensaje de que el arte se encuentra en las cosas cotidianas y en todas partes, por lo que se distribuyeron las obras, más allá de las habituales vitrinas o pedestales, en todo tipo de expositores.

El arte moderno tiene un largo historial de controversias y, aunque se pretende que represente los grandes cambios de la sociedad, en ocasiones se considera que las obras son desconcertantes, fáciles de hacer o carentes de significado real. Algunas obras, como las latas de cerveza, han generado confusión. Otros casos similares en otros museos son un plátano real pegado a una pared, que fue comido por un visitante, o una chaqueta colgada en una pared, robada por alguien que pensó que estaba abandonada.



viernes, 27 de febrero de 2026

Huesca (II)

La campana de Huesca o La leyenda del rey monje es un óleo sobre lienzo pintado por José Casado del Alisal en 1880, en su estudio de la Academia Española de Bellas Artes de Roma, de la que fue su primer director hasta octubre de 1881. La inspiración pudo buscarla en el drama El rey monje, estrenado en 1837 por Antonio García Gutiérrez, o en la novela histórica La campana de Huesca, publicada en 1851 por Antonio Cánovas del Castillo. El cuadro recrea el momento final de la leyenda, cuando el rey Ramiro II de Aragón mostró a los nobles de su reino las cabezas cortadas de los nobles que le habían desafiado, dispuestas en forma de campana. Pertenece a la colección del Museo del Prado, aunque se expone, en calidad de depósito, en el Salón del Justicia del Ayuntamiento de Huesca desde 1950.

Estas rebeliones y luchas por el poder son un elemento común en todas las épocas, por lo que el cuadro podría transformarse -con ayuda de la IA- según el periodo histórico que queramos, empezando por la prehistoria. Así podemos hacer un estilo simplificado, levantino, muy lineal; versión petroglifo (escena grabada en roca, líneas simplificadas de trazo uniforme, figuras esquematizadas, ausencia de volumen, composición en un solo plano, textura pétrea homogénea, símbolos reducidos a lo esencial); variante rupestre esquemática (reinterpretación en una pared de cueva del Paleolítico superior: siluetas simples, trazos de carbón, ocres rojizos, lenguaje visual reducido a símbolos esenciales); versión más pictórica (ocres, carbón, trazos toscos, reducción de formas, simplificación de volúmenes, priorización de manchas cromáticas terrosas); versión más elaborada (arquitectura reducida a cabaña de postes y techumbre vegetal, personajes vestidos con pieles y fibras primitivas).






Acercándonos en el tiempo, podemos transformar el cuadro en las épocas ibérica (eliminación de la zona izquierda y muro recto de bloques, aunque en un oppidum ibérico la mampostería sería más irregular; armas -falcatas, cascos- y vestimentas propias del mundo ibérico; cascos tipo Jávea, pectorales y corazas de discos y protecciones laminares, típicas de guerreros de élite turdetanos y contestanos, túnicas cortas y mantos de lana teñidos en tonos ocre y rojizos, sandalias y calzado de cuero de tipo mediterráneo antiguo, arquitectura sin arco) y romana.

 





La época medieval está representada por el cuadro original. Después podemos hacer un alto en el siglo XVI, con las ropas negras y austeras propias del estilo español del Renacimiento, con cuellos de lechuguilla y capas rígidas, sombreros y boinas típicas de magistrados, regidores y nobles, eliminación de cotas de malla y elementos altomedievales, ambientación renacentista con iluminación más suave y difusa estilo manierista tardío, composición jerárquica ordenada de modo similar a escenas judiciales o inquisitoriales. Sobre esta base pueden hacerse distintas versiones, una más italiana, al estilo de Tintoretto o Veronés y otra con ornamentación plateresca en los muros (paneles decorativos repletos de roleos, follajes, grutescos, etc; pilastras y columnas de labra fina). De ésta última puede hacerse una versión aún más recargada, al estilo de Covarrubias. 




Del manierismo fue surgiendo el barroco, con pintores como Caravaggio (claroscuro extremo con contrastes muy marcados entre luces intensas y sombras profundas, iluminación teatral que destaca a los personajes principales y deja a otros en penumbra, paleta cálida y terrosa típica del naturalismo, ambiente más dramático y denso). Una variante sería más cercana a su etapa napolitana, más cruda y contrastada. Otro pintor barroco imprescindible es Rembrandt.

 



Avanzando al siglo XVIII se introduce la indumentaria dieciochesca (casacas largas, chalecos, calzones, medias, zapatos con hebilla, pelucas empolvadas o cabellos recogidos, sombreros tricornios y gorras de la época, poses de un contexto judicial o político, paleta ligeramente más clara con cierto aire de pintura histórica, personajes con estilo civil ilustrado, arquitectura integrada cromáticamente en el ambiente de la época, como si la escena tuviera lugar en un edificio antiguo aún en uso).





Sobre esa imagen podemos acentuar su versión francesa, estilo Luis XV o Luis XVI, con una paleta más clara y luminosa que evoca la pintura histórica francesa previa a la Revolución.



 


Una variante más aristocrática, muy recargada, sería al estilo Versalles, con más pelucas empolvadas (voluminosas, blancas, rizadas), trajes ricamente decorados (casacas bordadas con hilos dorados, chalecos lujosos, encajes y volantes), sombreros tricornios elegantes (galones y ribetes dorados), actitudes más solemnes y cortesanas típicas de la élite del Antiguo Régimen, paleta cálida y luminosa, delicada, más cerca del Rococó cortesano. 





Una variante pre-revolucionaria haría visibles los contrastes entre aristócratas y burgueses.




 

Una versión más española incluiría claras influencias de Goya, especialmente de sus obras negras y de sus escenas históricas más sombrías: tenebrismo profundo (grandes masas de sombra al estilo de Los fusilamientos o El coloso); paleta ocre, negra y terrosa, típica de sus óleos tardíos; rostros marcados, fuertes, dramáticos; estética del siglo XVIII español (ropa más pobre y realista, casacas oscuras, chaquetas gastadas, sombreros sencillos); violencia explícita, cabezas y sangre, tratada con crudeza directa; iluminación muy dirigida y violenta. 






Otra versión más cercana a las Pinturas Negras tendría una pincelada suelta y un ambiente casi fantasmagórico.