El valle de Benasque:
Parque Natural Posets Maladeta.
La riqueza
geológica, la biodiversidad y el gran valor paisajístico del Valle de Benasque (Huesca) hacen merecer a este territorio una protección específica que permite la
conservación de los ecosistemas y la supervivencia de las especies. Todo el
norte de la Ribagorza, más de 33.000 hectáreas pertenecientes a los municipios
de Benasque, Sahún y Montanuy, son una reserva que fue declarada Parque Natural
en el año 1994.
Hace más de 300 millones de años, durante la era
Paleozoica o Primaria, esta zona formaba parte de una gran cuenca marina.
Debido al plegamiento Hercínico, los materiales sedimentarios de su fondo
dieron lugar a una primitiva cordillera de la que quedan esquistos, pizarras,
cuarcitas y calizas. A la vez que estos sedimentos se elevaron, por debajo de
ellos se inyectó magma desde el interior de la Tierra, que poco a poco fue
enfriándose y solidificándose en forma de granito, los macizos más altos. Un
nuevo plegamiento, orogenia Alpina, tuvo lugar hace unos 60 millones de años,
ya durante el Cenozoico o era Terciaria. Fue la responsable de la formación,
entre otras, de la cordillera pirenaica. Las recientes glaciaciones del periodo
Cuaternario terminaron por esculpir los grandes rasgos de este territorio.

En este tramo de
auténtico Pirineo, que va desde el Macizo Perdiguero, al oeste, hasta la
localidad de Aneto, al este, se concentran más de cuarenta y cinco picos que
superan los tres mil metros, entre los que se encuentra el techo de los
Pirineos, el Aneto (3.404 m) o el Posets (3.375 m). Un ecosistema de alta
montaña cuyo paisaje aún alberga trece glaciares milenarios - declarados
Monumentos Naturales en 1990 –, testigos de las eras glaciares que tuvieron
lugar hace más de 45.000 años y conservados en los Macizos de Posets, de
Perdiguero y de la Maladeta. Los glaciares cuaternarios fueron los principales
agentes erosivos que dieron forma al paisaje del Parque Natural. Esculpieron
sobre granitos, calizas y pizarras, largos valles en forma de U, afiladas
crestas, impresionantes circos y bellos lagos de alta montaña: los ibones.
Lago de Escarpinosa. Valle de Estós
Los ibones
constituyen uno de los ecosistemas de agua dulce más frágiles y
singulares. Debido a su aislamiento, cada ibón es único y sus sedimentos
atesoran una gran información sobre la evolución del clima. Casi un centenar de
lagos de origen glaciar salpican el territorio del Parque. Cuando estos ibones se colmatan debido al
relleno por sedimentos y por la acumulación de restos vegetales, surgen las
turberas (“mollars” en la zona), que son terrenos musgosos y anegados con un
mosaico de islotes, canalillos fangosos y orillas arenosas.

Hace unos 50.000 años los glaciares alcanzaron su máxima
extensión. El del valle del río Ésera llegó a tener 36 km de longitud y un
espesor en torno a 500 m. Hoy queda poco. Los últimos glaciares se encuentran
en regresión. Componentes de la geomorfología glaciar que
encontramos en el paisaje. En estos picos detrás de Eriste nacía un glaciar que
bajaba por el valle de Eriste y se unía al gran glaciar del Ésera o del valle
de Benasque. La cabecera de los valles glaciares está formada por circos
glaciares. Al retirarse los hielos, su carga quedó esparcida por el terreno,
dando lugar a las morrenas.
Son también
importantes los fenómenos kársticos, destacando la sima del Forau de
Aigualluts, por donde desaparecen las aguas del glaciar del Aneto y, tras
discurrir unos 4 km subterráneamente, reaparecen para alimentar al río Garona
en el vecino valle de Arán.
Los cauces
fluviales principales que se encuentran en el Parque son el río Cinqueta que
drena el Valle de Chistau (sector occidental), la cabecera del río Ésera que
drena el Valle de Benasque (sector central) y por el Este, ya fuera del Parque,
el Noguera Ribagorzana drena el Valle de Barrabés. Además, cabe destacar por su
importancia hidrológica y geomorfológica numerosos cauces y barrancos
transversales como el de Salenques y Llauset en el Noguera Ribagorzana;
Ballibierna, Estós y Eriste, afluentes del Ésera; y los barrancos de Cinqueta de la Pez y Cinqueta de Añes Cruces que se unen para dar origen al río
Cinqueta.

Del centenar
aproximado de ibones, algunos pueden permanecer helados más de seis meses al
año. Son importantes Bachimala, Millares, El Sen, Barbarisa, Perramó,
Batisielles, Coronas, Llosás, Ballibierna, Cregüeña, etc. Otros ibones, como Billamuerta, Paderna o La Escarpinosa son de aguas someras, verdosas, casi
pantanosos debido al relleno de sedimentos y están rodeados de vegetación.
El régimen fluvial
de la zona se caracteriza por caudales altos durante los meses de primavera
hasta principios de verano como resultado del deshielo y de las lluvias
primaverales y por caudales bajos durante el invierno y comienzo de la
primavera.
Plan d´Estan
En la zona se
encuentra una gran diversidad favorecida por los fuertes desniveles y por la
heterogeneidad topográfica y litológica. Desde los ambientes glaciares y de
tundra de las zonas culminales, se produce la siguiente secuencia de
vegetación: pastos alpinos y subalpinos (perdiz nival, marmota, armiño),
abetales, bosques mixtos, pinares de pino silvestre y robledales con boj.
En las cotas altas
encontramos pinos negros y enebros y, a medida que vamos descendiendo, hayas,
abetos, abedules, avellanos y bojes, que cobijan a perdices nivales, tritones
pirenaicos, marmotas, víboras, sarrios, buitres leonados, quebrantahuesos y águilas
reales. En los valles merodean ardillas, topos, corzos y gran variedad de aves.
Especies protegidas son el mochuelo boreal, urogallo, etc.

El Parque es un mundo de roca, nieve, hielo glaciar, con
más del 70% de su superficie por encima de los 1.800 m, y los glaciares más
meridionales de Europa. La fauna y flora, la vida, se escalona según la altura
y las condiciones ambientales y tres grandes valles (Gistaín, Benasque y
Barrabés) acogen la población. Durante años, las montañas han sido el medio de
vida de los habitantes de estos valles. A pesar de la orografía tan complicada,
han sobrevivido gracias a la agricultura (bancales, campos de cereal
convertidos en prados de siega), la ganadería (trashumancia, cubils en alta
montaña, invernales, hospitales), la explotación forestal (boalares, pastos
entre el bosque aclarado) y, en ocasiones, la minería.
Uno de los ecosistemas más valiosos y mejor conservados
son los prados de siega, en las partes bajas de las laderas de los valles.
Están rodeados de setos con fresnos, abedules, avellanos o majuelos y su
importancia radica, además de su interés paisajístico, ganadero y etnológico,
en que albergan numerosas especies de animales y vegetales que dependen de la
presencia de zonas despejadas de árboles.
Los bosques mixtos colonizan los fondos de valle o ladera
baja y media. El abeto alcanza hasta los 1.700-2.000 m de altitud, en
Vallibierna y valle de Estós. Suele ir acompañado del tejo y del serbal de los
cazadores, y a su sombra aparece una orquídea de flor láctea. La única masa de
hayas se encuentra en el valle de Estós. A partir de los 1.700 m de altitud es
el territorio del pino negro que se adapta a las zonas más inhóspitas. A sus
pies aparece otra orquídea y especies como la sabina rastrera, la gayuba, etc.

En los bosques abundan los pájaros carpinteros, que oyen
a los insectos que viven debajo de la corteza, la levantan con el pico y
atrapan su alimento. Su función es muy importante, ya que ayudan a mantener el
bosque en buen estado evitando las plagas. Son aves especializadas, con un pico
largo y fuerte, una lengua larga y retráctil, patas que le permiten agarrarse a
los troncos y cola dura y fuerte. Su cráneo está reforzado para absorber los
impactos de sus golpes, como un casco de motorista. En el Parque hay tres
especies: En los pinares, el pico picapinos; en los hayedos, el pito negro (el
más grande, casi 45 cm, cuerpo negro y cabeza roja); en las riberas de los ríos
o barrancos, el pito real.
Centro de Interpretación. Benasque.
Los animales más icónicos son el urogallo (aurón en aragonés) y el rebeco (sarrio).
El urogallo es una reliquia de la era glaciar, que
quedó aislado en diferentes poblaciones, dominando aquí la subespecie
aquitánica. Dominaba los bosques subalpinos pirenaicos, de pino negro, abeto y
pino royo. Es un gran gallo salvaje de entre 3 y 5 kg de peso los machos y la
mitad las hembras. Los machos son oscuros, y las hembras pardas, virando al
dorado. Cuando están en celo, los machos abren la cola en abanico. Está en una
situación muy frágil. En invierno, como tantos habitantes de la alta montaña,
vive de no gastar. Por ello, cuando es molestado, el esfuerzo de volar y huir,
repetido, acaba con sus reservas y con su posibilidad de sobrevivir. Está
amenazado por la actividad humana, por la depredación animal y por el cambio
climático.
El
rebeco es un bóvido de pequeño tamaño con una
altura a la cruz de 70-80 cm, peso 22-28 kg, cuernos en forma de gancho (15 cm,
sin ramificar, les duran toda la vida), cabeza y garganta claras, mancha oscura
que cubre el ojo, color del cuerpo casi uniforme. Los machos son algo más
pesados que las hembras, aunque disminuyen con el empobrecimiento del hábitat y
el aumento de la densidad.
Sus pezuñas son finas y altamente versátiles (rocas,
hielo). Tiene dos pelajes, verano e invierno, más oscuro y denso. Forman
manadas compuestas por hembras y crías, y quizá algún macho joven. En la época
de celo, cada macho busca controlar un grupo de hembras y un territorio y
luchan entre ellos.
En los bosques principalmente hay otros seres que desempeñan
un papel fundamental en el equilibrio de la naturaleza: Producen unas
sustancias para defenderse de las bacterias: los antibióticos. Son los
hongos, que contribuyen al
desarrollo de los bosques por su función recicladora de la materia orgánica.
Según las
estaciones, pueden recolectarse distintas especies.
En
primavera,
Hygrophorus marzuolus (bosques mixtos y abetales, comestible), Boletus
pinophilus (pinares de pino royo y negro, comestible), Morchellas vulgaris (junto
a los fresnos, pinos y prados, comestible si se deshidrata primero), Lyophylumk
gambosum (prados, comestible), Marasminus oreades (prados, comestible).
Durante el verano, Cantharellus cibarius (todo
tipo de bosques, comestible y perfecta para secar y conservar), Agaricus
campestis (prados, láminas rosadas, si están negras ya no es comestible, no
confundir con Agaricus santoderma, sus láminas son rojizas y es muy tóxica), Amanita
cesarea (bosques de hayas, comestible), Boletus edulis (entre pinos y abetos, comestible).
En otoño, Lactarius deliciosus (pino royo y negro,
comestible), Lactarius salmonicolor (abetos, comestible), Lactarius torminosos
(abedul, tóxica), Sparasis crispa (seta de coliflor. Muy comestible cuando
joven, tóxica cuando madura).
En invierno, Craterellus lutescens (bosques
mixtos, hayedos, en zonas húmedas, comestible), Craterellus tubaeformis (muy
parecida a la anterior, aunque ésta es más oscura).
Siguiendo las
preceptivas normas de conservación se pueden realizar gran cantidad de
actividades al aire libre.