miércoles, 11 de marzo de 2026

Antonio Muñoz Degrain

(Valencia, 1840 – Málaga, 1924)

Retrato de Antonio Muñoz Degrain pintado por Enrique Simonet

Inició estudios de Arquitectura, que abandonó por la pintura, siendo alumno de la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Fue discípulo del pintor Rafael Montesinos, pero su formación fue autodidacta. Participó en Exposiciones Nacionales desde 1862 hasta 1915 con éxitos que marcaron su trayectoria. Fue a Málaga para decorar el Teatro Cervantes y se quedó, nombrado profesor de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, teniendo como alumno al jovencísimo Picasso. La medalla obtenida por el cuadro Otelo y Desdémona le propició una pensión del Gobierno para viajar a Italia, donde pintó Los amantes de Teruel. El prestigio le reportó honores y recompensas y fue profesor y director de la Academia de San Fernando de Madrid y presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Participó con éxito en exposiciones internacionales de Filadelfia, Munich y Chicago.

 

Vista tomada en los Pirineos navarros, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre lienzo, 1862

La sierra de las Agujas, tomada desde la loma del Cavall-Bernat, 1864. Óleo sobre lienzo, 144 x 217 cm.

Primer gran cuadro de paisaje realizado en su juventud, que testimonia su preferencia por este género. Concebido como una vista panorámica fue un revulsivo en el panorama del paisaje español, atreviéndose con una paleta de azules y malvas, además de las tonalidades pardas y ocres características. Los picos de la sierra se recortan en un cielo claro que contrasta con la oscuridad de las montañas modeladas con el claroscuro. No introduce figuras de personajes o animales para no distraer del paisaje, en un espíritu de ecos románticos.

Paisaje del Pardo al disiparse la niebla, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre lienzo, 1866.

Es la obra cumbre de su producción paisajística juvenil, de proporción monumental y mayor ambición plástica. Muestra el remanso de un río al que se acerca un guarda a caballo para dar de beber al animal. Tras ellos se despliega una arboleda con un árbol de alta copa recortado sobre el fondo de nubes, con la sierra de Guadarrama al fondo. Aquí muestra su personal interpretación de la naturaleza, de planteamiento realista en origen, pero transformada por la visión exaltada del color, como el azul de las montañas o las gamas de verdes. La frondosidad exuberante empequeñece la figura del jinete. Las copas de los árboles se reflejan en la espejada superficie del agua, en la estética del paisaje japonés. Demuestra un gran sentido visual en la intensidad dramática de la luz en las densas masas de nubes que cubren el cielo.

 

                       Una umbría en Sierra Nevada. 1892. Óleo sobre lienzo, 197 x 135 cm




Vista de Granada y Sierra Nevada, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre lienzo, c. 1915. 50 x 67 cm

Aparece el antiguo barrio del Mourón.


 


Recuerdos de 
Granada, 1881. Óleo sobre lienzo, 97 x 144,5 cm
Su interés por el paisaje incluía las vistas urbanas, de Granada en especial. No se trata de una reproducción fiel, sino de una recreación con impronta romántica, de una visión subjetiva de gran lirismo. Presta mucha atención a la descripción de los diferentes elementos como las arquitecturas, las nubes y otros detalles.

                                    Puesta de sol. Hacia 1900. Óleo sobre lienzo, 52 x 65,5 cm



La laguna de Venecia. 1886. Óleo sobre lienzo, 195 x 250 cm
Venecia le sedujo y la visitó en varias ocasiones durante su etapa de pensionado en Roma. Éste es uno de sus más ambiciosos nocturnos venecianos, en el que introduce un enigmático elemento narrativo en la góndola que surca las aguas en la oscuridad de la noche.

 



Episodio de la inundación de Murcia. 1892. Óleo sobre lienzo, 102 x 165 cm
Inundaciones producidas por el desbordamiento del río Segura en 1879.


 

Lampecia y Febe (fábula). 1920. Óleo sobre lienzo, 70 x 115 cm
En los últimos años de su vida apostó decididamente por los postulados simbolistas con la evocación de elementos literarios o mitológicos, con el paisaje boscoso como protagonista. Aquí se toma como excusa la fábula de Lampecia y su hermana, pastoras de los rebaños de su padre el Sol, quienes, tras la muerte de su hermano Faetón por los rayos de Júpiter, quedan convertidas en álamos blancos en las aguas de un pantano. Cicnos, amigo de Faetón, se transforma en cisne. Todo representado en un boscaje umbrío, de apariencia fantasmal y agobiante.

Jesús en el Tiberíades, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre lienzo, 1909. 73 x 198 cm

La fantasía del artista descuida la ortodoxia iconográfica para mostrar una pintura sorprendente tanto por su composición como por el tratamiento estético. El formato apaisado proporciona una visión panorámica con preeminencia de los valores puramente pictóricos (luz, hogueras), iniciando planteamientos simbolistas.



La oración. 1871. Óleo sobre lienzo, 95 x 145 cm

Representa una escena de oración con varias religiosas en el interior de una iglesia.


 




El examen, 1876. Óleo sobre lienzo, 97 x 147 cm
Escena en la sacristía de la catedral de Granada.


 



Un fanfarrón
. 1880. Óleo sobre lienzo, 93 x 122 cm
En el catálogo del Salón de París se describía con un fragmento del poema Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla, de Miguel de Cervantes: “Caló el chapeo, requirió la espada / miró al soslayo, fuése y no huvo nada”.

 


Los escuchas marroquíes
, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre lienzo, c. 1879. 80 x 90 cm

Fue pintado en un viaje a Tánger y representa el exotismo de las gentes y costumbres del norte de África. Muestra dos hombres agazapados tras unas chumberas, uno de ellos intentando escuchar el retumbe de los cascos de las cabalgaduras a las que, quizá, tiendan una emboscada.





Antes de la boda. 1882. Óleo sobre lienzo, 120 x 95 cm

Se trata de Doña Isabel de Segura, protagonista de Los amantes de Teruel, vestida con el lujoso traje nupcial, que espera su indeseado desposorio con el caballero don Rodrigo de Azara impuesto por su padre, habiendo de renunciar a su amor por don Diego de Marsilla. Muestra el estado emocional de la protagonista, la mirada baja, las manos sobre el regazo, sentada en soledad. Es una muestra de la admiración por los grandes maestros de la pintura veneciana con el exuberante colorido, libertad en el trazo, empastes en alto grado de abstracción, factura fluida.


 

Los amantes de Teruel. 1884. Óleo sobre lienzo, 330 x 516 cm

Esta famosa obra, envuelta en procedencia literaria -drama en verso de Hartzenbusch-, interpreta el tema con un romanticismo apasionado. Fue premiado con una primera medalla en la Exposición Nacional de 1884. Relata el amor imposible de doña Isabel de Segura con el empobrecido noble don Diego Juan Martínez de Marsilla por el año de 1212, la inútil espera, el desventurado matrimonio, impuesto por su padre, con don Rodrigo de Azara y el trágico final. En el oscuro interior de la iglesia turolense de San Pedro yace el cuerpo sin vida de Diego de Marsilla, amortajado con el traje de guerrero en un sencillo féretro sobre un vistoso catafalco. Isabel coloca su cabeza sobre el pecho del difunto. El resto de personajes, en penumbra. Fue una novedad en la pintura de historia, por la exaltación del colorido y la exuberancia expresionista de la materia pictórica. La escena, con un punto de vista oblicuo al espectador, acentúa la profundidad espacial, junto con la iluminación del primer término.

Desdémona, 1887. Óleo sobre lienzo, 207 x 275 cm

La admiración por Venecia hizo que sirviera de marco escénico para su interpretación de Otelo, la tragedia de Shakespeare, pintando un gran lienzo, Otelo y Desdémona, e inmortalizando después a los personajes de forma separada. Aparece Desdémona retirada en la penumbra, en un ambiente lujoso, con un lenguaje plástico personal que muestra sus especialidades como los reflejos del vestido y joyas, los objetos en penumbra. Se muestra tanto la modernidad de su arte como su deuda con la gran pintura veneciana del Cinquecento.

                               Un fuego (Batalla). Hacia 1900. Óleo sobre lienzo, 38 x 56,5 cm

Rincón de un patio toledano, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre tabla, 1904. 48,5 x 30,5 cm 

Estudio de figuras para Los amantes de Teruel. Hacia 1884. Pluma, Lápiz compuesto, Tinta negra sobre papel avitelado, 218 x 178 mm

Interior del estudio de Muñoz Degrain en Valencia, Francisco Domingo Marqués (1842-1920). Óleo sobre tabla, 1867.

Antonio Muñoz Degrain por Miguel Blay, M. Moreno. Gelatina / Colodión. Papel fotográfico; segundo soporte: cartón. c. 1912.

 

sábado, 7 de marzo de 2026

Alcalá de Henares (XII)



La conquista de Orán -2,5 x 2 m, Augusto Ferrer-Dalmau- es una obra de gran significado histórico con el que la Sociedad de Condueños de Alcalá de Henares enriqueció su patrimonio pictórico en 2024, presentando al cardenal Cisneros en uno de los episodios más destacados de su vida. El pintor está interesado por los temas militares y es autor, junto con Carlos Canales y Miguel del Rey, del libro De Felipe V a Felipe VI. Trescientos años del ejército español, editorial EDAF, 2018.



 

Este cuadro, cuya temática es universal, podría representarse en modo de distintas épocas o diferentes estilos artísticos. Por ejemplo: Siglo XVI, Miguel Angel, Siglo XIX, Impresionista, Fauve, Cubista, Abstracción, Modernista (Klimt), Siglo XX.

 

 

 

 


El pintor Augusto Ferrer-Dalmau había sido el autor de otro cuadro relacionado la ciudad. En 2011 representó la salida de Zapadores de Alcalá de Henares en 1808, hecho histórico en el que los militares, al rebelarse contra las tropas napoleónicas, marcharon a Valencia. La gesta de los zapadores es un cuadro dentro de la tradición de la pintura de historia española de 150 x 90 cm, de estilo realista, que muestra al Regimiento Real de Minadores-Zapadores abandonando Alcalá el 24 de mayo de 1808. En el cuadro se representa la silueta de las torres alcalaínas tomando como modelo el dibujo de Piere Maria de Baldi realizado en el siglo XVI. Se presentó con ocasión de la celebración del III Centenario de la creación del Arma de Ingenieros y se encuentra en el Museo de la Academia en Hoyo de Manzanares.

En 1803 se produjo una reforma general del Cuerpo de Ingenieros, se cerraron las antiguas academias y se abrió la de Alcalá, ubicada en los conventos de San Basilio y de la Merced Calzada. El mando recayó en el Coronel Jefe del recién creado Regimiento Real de Zapadores Minadores, acuartelado también en Alcalá. La Academia se disolvió en 1808, debido a la Guerra de la Independencia. Ante la gravedad de la situación se preparó la salida de lo que quedaba de las fuerzas con destino a Cuenca, donde quizá había triunfado el levantamiento, pero, ante la actitud dudosa de las autoridades de esa ciudad, finalmente se dirigieron a Valencia, llegando el 7 de junio, 14 días después de su partida.

Estos cuadros de temática militar presentan una temática general, universal, pudiendo ser representados en distintos lugares, épocas y estilos artísticos. Por ejemplo: Siglo XII, Siglo XVI, Goya, Cubista, Expresionista, Surrealista, Matisse, Impresionista, Simbolista, Modernista, Siglo XX.













martes, 3 de marzo de 2026

LAM

Lisse es una ciudad de la provincia de Holanda Meridional, Países Bajos, a 40 km de Ámsterdam, con una población de unos 23.000 habitantes (2025), situada a un metro de altitud sobre el nivel del mar. En los siglos XVII y XVIII estaba habitada por comerciantes ricos y nobles y rodeada de bosques y jardines. Los bosques se talaron en los siglos siguientes para cultivar flores y bulbos, lo que llevó prosperidad a la zona, especialmente a mitad del siglo XX, cuando se instalaron grandes cultivadores, casas de subasta y comercio. 



En la actualidad, al ser el centro de la región de la floricultura, es también un gran centro turístico, siendo Keukenhof (“jardín de la cocina”) la gran atracción, un jardín con millones de bulbos de cien especies distintas que florecen en la primavera, tras haber sido plantados en otoño, y que puede visitarse entre marzo y mayo (ocho semanas).







Desde 2018 hay otra atracción importante en esta ciudad: el LAM (Museo de Arte Lisser), museo que cuenta con una colección de arte centrada en la comida, la bebida y el consumo. Se define como “food art”, aunque lo que busca es contar historias utilizando algo tan cotidiano como la comida como punto de partida, e incluye pinturas, esculturas, instalaciones, videos y piezas de arte sonoro y digital. No organiza exposiciones temporales, aunque crean temáticas que les permiten reordenar las obras, como “Snacks”, “Feast at the Table”. También preparan los retratos con comida y encontrar caras en lo que comemos con “Tasty Faces”. Con estas reorganizaciones se consigue que capten la atención piezas que antes habían pasado desapercibidas.


Nada más entrar, al lado del ascensor, aparece “Min of Meer” (“más o menos”), hecha con bolsas de compra que adquieren la forma de una persona que puede recitar un poema que es, en realidad, una lista de la compra. Una escultura hiperrealista muestra a una mujer que ha salido del supermercado y lleva, metido en el abrigo, un bebé que la mira intentando atraer su atención. Unas cabezas, que parecen esculpidas en barro, huelen a chocolate y denuncian las precarias condiciones de los trabajadores de las plantaciones de cacao. El artista Itamar Gilboa presenta 8.000 reproducciones de alimentos realizadas en porcelana blanca –“Food Chain Project”-, representando la comida que consumió durante un año.

 'Last Supper (after Leonardo)', del artista Yinka Shonibare.


'Food Chain Project', de Itamar Gilboa, es la obra de mayor tamaño.


'Bad Grapes', obra de Kathleen 



Una obra representa la vanitas, la fugacidad de la vida y de lo material: es la escultura de unas uvas cubiertas de moho, hecha con cuentas de cristal y piedras preciosas, de la artista Kathleen Ryan. La descomposición de los alimentos también la muestra Lisette de Greeuw con unos lápices de colores que indican las tonalidades de una mandarina. Una pieza llamativa es una máquina de chicles masticados, que nos hace pensar en los contrastes. Paños de cocina, palomitas de maíz, patatas fritas, un bol de cereales, envases de comida para llevar, etc., son otros de los protagonistas del museo. A falta de carteles, lo códigos QR nos explican que un retrato hecho con salchichas se inspira en las pinturas rupestres o que unas rodajas de embutidos que recrean el mecanismo de un reloj proponen una reflexión sobre la carne ultraprocesada.





El museo también organiza actividades sobre alguna de sus obras. Una muy popular fue “Taste an Artwork”, que desarrolló sabores de helados en seis tonos distintos de gris, planteando a qué sabe cuando el color desaparece. La obra era “Escala de Cinzas” (“Escala de Grises”) del artista brasileño Joao Loureiro.

'Escala de Cinzas', la obra del artista João Loureiro  


Una anécdota sobre el museo se hizo muy famosa. Una obra del artista francés Alexandre Lavet, titulada “Todos los buenos momentos que pasamos juntos”, representa dos latas de cerveza belga de la marca Jupiler, vacías y estrujadas. Un técnico de ascensores pensó que era basura dejada por los visitantes y las echó al cubo. Afortunadamente, la ausencia de las latas inició su búsqueda y su hallazgo, limpieza y reposición en otro lugar para evitar malentendidos. Si examinamos de cerca las latas observaremos que están pintadas a mano con acrílicos, replicando el diseño de las latas originales, aunque con materiales distintos. La anécdota sirvió para mandar el mensaje de que el arte se encuentra en las cosas cotidianas y en todas partes, por lo que se distribuyeron las obras, más allá de las habituales vitrinas o pedestales, en todo tipo de expositores.

El arte moderno tiene un largo historial de controversias y, aunque se pretende que represente los grandes cambios de la sociedad, en ocasiones se considera que las obras son desconcertantes, fáciles de hacer o carentes de significado real. Algunas obras, como las latas de cerveza, han generado confusión. Otros casos similares en otros museos son un plátano real pegado a una pared, que fue comido por un visitante, o una chaqueta colgada en una pared, robada por alguien que pensó que estaba abandonada.