Huesca (II)
La campana de Huesca o
La leyenda del
rey monje es un óleo sobre lienzo pintado por José Casado del Alisal en
1880, en su estudio de la Academia Española de Bellas Artes de Roma, de la que
fue su primer director hasta octubre de 1881. La inspiración pudo buscarla en
el drama
El rey monje, estrenado en 1837 por Antonio García Gutiérrez, o
en la novela histórica
La campana de Huesca, publicada en 1851 por
Antonio Cánovas del Castillo. El cuadro recrea el momento final de la leyenda,
cuando el rey Ramiro II de Aragón mostró a los nobles de su reino las cabezas
cortadas de los nobles que le habían desafiado, dispuestas en forma de campana.
Pertenece a la colección del Museo del Prado, aunque se expone, en calidad de
depósito, en el Salón del Justicia del Ayuntamiento de Huesca desde 1950.
Estas rebeliones y luchas por el poder son un elemento
común en todas las épocas, por lo que el cuadro podría transformarse -con ayuda
de la IA- según el periodo histórico que queramos, empezando por la
prehistoria.
Así podemos hacer un estilo simplificado, levantino, muy lineal; versión
petroglifo (escena grabada en roca, líneas simplificadas de trazo uniforme,
figuras esquematizadas, ausencia de volumen, composición en un solo plano,
textura pétrea homogénea, símbolos reducidos a lo esencial); variante rupestre
esquemática (reinterpretación en una pared de cueva del Paleolítico superior:
siluetas simples, trazos de carbón, ocres rojizos, lenguaje visual reducido a
símbolos esenciales); versión más pictórica (ocres, carbón, trazos toscos,
reducción de formas, simplificación de volúmenes, priorización de manchas
cromáticas terrosas); versión más elaborada (arquitectura reducida a cabaña de
postes y techumbre vegetal, personajes vestidos con pieles y fibras primitivas).





Acercándonos en el tiempo, podemos transformar el cuadro
en las épocas ibérica (eliminación de la zona izquierda y muro recto de
bloques, aunque en un oppidum ibérico la mampostería sería más irregular; armas
-falcatas, cascos- y vestimentas propias del mundo ibérico; cascos tipo Jávea,
pectorales y corazas de discos y protecciones laminares, típicas de guerreros
de élite turdetanos y contestanos, túnicas cortas y mantos de lana teñidos en
tonos ocre y rojizos, sandalias y calzado de cuero de tipo mediterráneo
antiguo, arquitectura sin arco) y romana.





La época medieval está representada por el cuadro
original. Después podemos hacer un alto en el siglo XVI, con las ropas negras y
austeras propias del estilo español del Renacimiento, con cuellos de
lechuguilla y capas rígidas, sombreros y boinas típicas de magistrados,
regidores y nobles, eliminación de cotas de malla y elementos altomedievales,
ambientación renacentista con iluminación más suave y difusa estilo
manierista tardío, composición jerárquica ordenada de modo similar a
escenas judiciales o inquisitoriales. Sobre esta base pueden hacerse distintas
versiones, una más italiana, al estilo de Tintoretto o Veronés y otra con
ornamentación plateresca en los muros (paneles decorativos repletos de roleos,
follajes, grutescos, etc; pilastras y columnas de labra fina). De ésta última
puede hacerse una versión aún más recargada, al estilo de Covarrubias.
Del manierismo fue surgiendo el
barroco, con
pintores como Caravaggio (claroscuro extremo con contrastes muy marcados entre
luces intensas y sombras profundas, iluminación teatral que destaca a los
personajes principales y deja a otros en penumbra, paleta cálida y terrosa
típica del naturalismo, ambiente más dramático y denso). Una variante sería más
cercana a su etapa napolitana, más cruda y contrastada. Otro pintor barroco
imprescindible es Rembrandt.
Avanzando al siglo XVIII se introduce la
indumentaria dieciochesca (casacas largas, chalecos, calzones, medias, zapatos
con hebilla, pelucas empolvadas o cabellos recogidos, sombreros tricornios y
gorras de la época, poses de un contexto judicial o político, paleta
ligeramente más clara con cierto aire de pintura histórica, personajes con
estilo civil ilustrado, arquitectura integrada cromáticamente en el ambiente de
la época, como si la escena tuviera lugar en un edificio antiguo aún en uso).
Sobre esa imagen podemos acentuar su versión francesa,
estilo Luis XV o Luis XVI, con una paleta más clara y luminosa que evoca la
pintura histórica francesa previa a la Revolución.
Una variante más aristocrática, muy recargada, sería al
estilo Versalles, con más pelucas empolvadas (voluminosas, blancas, rizadas),
trajes ricamente decorados (casacas bordadas con hilos dorados, chalecos
lujosos, encajes y volantes), sombreros tricornios elegantes (galones y ribetes
dorados), actitudes más solemnes y cortesanas típicas de la élite del Antiguo
Régimen, paleta cálida y luminosa, delicada, más cerca del Rococó cortesano.
Una
variante pre-revolucionaria haría visibles los
contrastes entre aristócratas y burgueses.
Una
versión más española incluiría claras
influencias de Goya, especialmente de sus obras negras y de sus escenas
históricas más sombrías: tenebrismo profundo (grandes masas de sombra al estilo
de Los fusilamientos o El coloso); paleta ocre, negra y terrosa, típica de sus
óleos tardíos; rostros marcados, fuertes, dramáticos; estética del siglo XVIII
español (ropa más pobre y realista, casacas oscuras, chaquetas gastadas,
sombreros sencillos); violencia explícita, cabezas y sangre, tratada con
crudeza directa; iluminación muy dirigida y violenta.
Otra versión más cercana a las Pinturas Negras tendría
una pincelada suelta y un ambiente casi fantasmagórico.