Huesca (IV)
La leyenda de La campana de Huesca es una narración que emplea el consejo enigmático, en forma de adivinanza, y es más un relato literario que histórico, con similitudes con otros del mundo clásico como el de Sexto Tarquinio, hijo del rey Tarquinio el Soberbio (alegoría de la razón de estado), recogido por el romano Tito Livio, o el del segundo tirano de Corinto, Periandro, uno de los Siete Sabios de Grecia. Otros relatos de este tipo están en Aristóteles, Dionisio de Halicarnaso, Plutarco, Ovidio o Valerio Máximo. Aunque la leyenda no tiene una base histórica firme, podría estar basada en ciertos hechos históricos. Antonio Ubieto Arteta señaló que podría basarse en un cantar de gesta, Cantar de la campana de Huesca, reconstruido a partir de la Crónica de San Juan de la Peña y basado en la revuelta nobiliaria de 1135, quizá instigada por García Ramírez de Pamplona. En ese año Ramiro II estaba exiliado en Besalú, aunque regresó. En 1136 hubo una nueva rebelión en Uncastillo.En los Anales Toledanos Primeros hay una frase
significativa: “Mataron las potestades en Huesca”, 1135 o 1136. El historiador
árabe Ibn Idari señala que Ramiro II ordenó decapitar en 1135 a siete nobles
aragoneses por asaltar una caravana de mercancías musulmana entre Fraga y
Huesca, violando el acuerdo con el gobernador almorávide de Valencia. Varios
nobles aragoneses dejaron de ser mencionados en los documentos.
El cuadro, cuyo centro geométrico coincide con la columna adosada en cuya base aparece una argolla de hierro, se divide en dos partes. A la izquierda aparece el rey Ramiro II de Aragón, ricamente vestido, sujetando con su mano izquierda un perro negro de aspecto amenazador, y señalando con su mano derecha las cabezas cortadas de los nobles rebeldes, dispuestas en un círculo aproximado, destacando la del obispo, colgada de una cuerda a modo de badajo de la campana. Ramiro II aparece sereno observando a los nobles horrorizados. Detrás del rey, en el hueco de la escalera, aparecen amontonados los cadáveres decapitados de los nobles.
En la parte derecha, iluminada más intensamente, aparecen los nobles convocados por el rey para contemplar el fin de los rebeldes. En primer plano, con vestimenta de color amarillo, aparece un personaje que podría representar al conde Ramón Berenguer, yerno de Ramiro II por su matrimonio con Petronila de Aragón, hija y sucesora de Ramiro II. Este personaje mantiene un aire indignado y muestra dificultad para contener su cólera por sus puños cerrados.
Antonio Pérez -hijo de Gonzalo Pérez, secretario de Carlos I- había sido educado en universidades prestigiosas como la de Alcalá de Henares y llegó a ser secretario de cámara y del Consejo de Estado de Felipe II. Fue declarado culpable de los cargos de traición a la Corona y del asesinato de Juan de Escobedo y detenido en Madrid en 1579, con libertad para moverse por la ciudad, y de nuevo fue detenido en 1585 y torturado. En 1590 escapó de su prisión y huyó a Zaragoza, usando su ascendencia aragonesa para acogerse a la protección del Justicia Mayor de Aragón y ganar tiempo. Felipe II hizo un alegato ante el Justicia de Aragón, pero, desesperado por la lentitud de la justicia, usó el tribunal de la Inquisición que lo recluyó en la Aljafería, lo que ocasionó una revuelta que lo liberó. Felipe II, en 1591, envió un ejército castellano que derrotó al fuerista, entró en Zaragoza el 12 de noviembre sin resistencia, decapitó al Justicia, el joven Juan de Lanuza y Urrea, y puso fin a la insurrección.
'Antonio Pérez,
retratado por Antonio Ponz
Antonio Pérez en el puerto de Somport
Antonio Pérez huyó de Zaragoza el día 10 y la noche del 23 al 24, disfrazado de pastor, pasó al Bearn, hasta Pau, y, con apoyo de Enrique de Navarra, intentó en 1592 una invasión francesa a través de los puertos de Somport y Portalet. Los habitantes de Canfranc, que defendían el castillo de Candanchú, rechazaron a los hugonotes, que habían saqueado el hospital de Santa Cristina en Somport. También se defendieron los valles del Aragón y de Tena, aunque hubo saqueos. Pérez se trasladaría a Inglaterra y regresó a Francia, donde murió.
Castillo de Candanchú (recreación)
Hospital de Santa Cristina (recreación)
Entre junio y septiembre de 1610, más de 20.000 moriscos aragoneses fueron expulsados a través del Somport, para ser finalmente embarcados en los puertos franceses de Agda hacia la costa berberisca.
El paso de Somport fue fortificado en previsión de una
posible invasión francesa, que no llegó hasta la guerra de la Independencia. La
defensa de Canfranc duró del 29 de junio al 1 de noviembre de 1808, destacando
el combate de Somport del 15 de agosto, en el que se consiguió la retirada de
la columna enemiga y las guerrillas se adentraron en territorio francés
capturando ganado y mercancías. El general Louis Gabriel Suchet pasó el puerto
a finales de 1808 y el ejército napoleónico lo volvió a usar para regresar a
Francia tras ser derrotados en la Ciudadela de Jaca por el general Francisco
Espoz y Mina en 1814.
Ejército francés entrando en España por el puerto de
Somport (recreación).
Ejército francés saliendo de España, tras la Guerra de la
Independencia, por el puerto de Somport (recreación).























































































