lunes, 22 de junio de 2026

 San Pedro de Arlanza

Volviendo de Quintanilla de las Viñas y alrededores, pasado Hortigüela -pero en su término-, después del lugar que reprodujo la batalla del puente de Langstone para la película “El bueno, el feo y el malo”, bajo la atenta mirada de la ermita de San Pelayo y antes de Covarrubias, se aparecen las impresionantes ruinas de lo que antaño fue majestuoso monasterio de San Pedro de Arlanza.  El valor artístico e histórico del cenobio queda realzado por su soberbio emplazamiento en los rocosos cañones excavados por el río Arlanza, en plena sierra de las Mamblas burgalesas rodeado de encinas y sabinas. El origen pudo estar en los eremitas que habitaban las cuevas de los cañones calizos del río, que abandonaron la vida eremítica para pasar a la cenobítica como monjes de un monasterio, que debió ser el de San Pelayo o San Pedro el Viejo, situado en el promontorio que domina el monasterio y parte del valle del Arlanza, y que tiene partes prerrománicas del siglo X que parecen atestiguar esta idea.  

Desde un espectacular roquedo se contempla un entorno de intrincados montes densamente arbolados y el manso fluir del río Arlanza a los pies, que invita al retiro y la contemplación mística. El promontorio ya sirvió para comunicar diferentes zonas desde la Edad del Hierro y, después del periodo romano, pudo haber un centro religioso de origen tardovisigodo complementado con eremitas dispersos. La fecha del 912 dada para la fundación del monasterio ofrece dudas, siendo más probable su origen en esta ermita que presenta varias etapas en su construcción (prerrománica, románica, gótica y barroca), siendo la primera la que define el futuro. La planta de la nave responde a lo usual en los templos prerrománicos de finales del siglo IX, planta de salón rectangular (14 x 7,5m), muros de piedra sillería y cubierta que sería de entramado de madera. El ábside tiende a ser rectangular en el exterior (2,9 x 3,35 m) y cuadrado en el interior (2,40 x 2,45 m), los muros son de piedra sillería (sillares bastante grandes) y la cubierta de bóveda sobre pechinas. En el muro oriental se abre una ventana que remata en arco de medio punto, siendo la parte del templo que conserva mejor la estructura primitiva. Como otros, parece corresponder a una etapa de recuperación de centros de culto anteriores, datable a fines del siglo IX. 

Se da la fecha 912 para la fundación del monasterio cuando Fernán González, que perseguía un jabalí, se encontró con un grupo de eremitas. Quizá la fundación se deba a nobles de Tierras de Lara a comienzos del siglo X y debió existir un templo prerrománico en el solar del actual, como sucedió en Santo Domingo de Silos. La construcción románica aprovechó los muros laterales del templo anterior rehaciendo la cabecera y el alzado interior. En el siglo XII debió construirse un claustro románico en el lado sur, hoy desaparecido, y las dependencias, de las que queda -modificada- la sala capitular. En el siglo XIII se alzó parte de la torre actual, con fines defensivos, pero las principales transformaciones llegarían en los siglos XV, XVI y XVII. La iglesia románica recibió una cubierta tardogótica, obra de Simón de Colonia, se llevó el refectorio a su emplazamiento actual en la panda oeste, abovedándolo con crucería compleja, y se construyó el cuerpo superior de la torre. En el siglo XVII se sustituyó el claustro románico por el actual herreriano, obra de Pérez de Palacios. Unas décadas después se hizo el Claustro Menor. 


EL CORO

El hoy llamado Coro se encuentra a los pies de la iglesia y, posiblemente, se empezó a construir a la vez que ésta como cámara funeraria, un tipo de espacio con larga tradición en la arquitectura medieval hispana y que Fernando I pensó como lugar de enterramiento. 

Aquí, a la manera de panteón dinástico que precede a los panteones regios de los reyes de Castilla, reposaron, entre otros, los restos de Fernán González y su esposa Sancha cuando fueron trasladados a fines del siglo XI desde San Pedro el Viejo. A finales del XIII ambos sepulcros se introdujeron en el interior de la iglesia y se cree que fue entonces cuando cambió el uso de la estancia que, tal vez, pasaría a convertirse en un simple pórtico de acceso. Hoy estos sepulcros se encuentran en la Colegiata de San Cosme y San Damián en Covarrubias a donde fueron trasladados a mediados del siglo XIX.



La reforma Tardogótica de finales del siglo XV, llevada a cabo por los Colonia, también afectó a esta pieza. Aprovechando un desmonte del terreno se construyó un coro alto iluminado por un gran rosetón en el muro occidental y cubierto por una bóveda nervada de características similares a las que se construyeron en la iglesia hoy perdida.



LA IGLESIA.

Se empezó a construir en 1080 en pleno estilo Románico, de planta longitudinal con tres naves y transepto no diferenciado en planta. De la estructura románica sólo se conservan restos de su muro perimetral y las basas con los arranques de las columnas además de la puerta Norte, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional. Es difícil saber el tipo de cubiertas originales pues son muy escasos los restos que han llegado hasta hoy. Tal vez se cerró con techumbres provisionales hasta que a fines del siglo XV y comienzos del XVI se obtuvieron los medios económicos necesarios para hacer las bóvedas.

En ese momento se realizaron obras llevadas a cabo por la importante familia de los Colonia, asentada en Burgos, como la cubierta de la Capilla Mayor donde se levantó una bóveda estrellada y un cimborrio con tracería flamígera.

Durante el siglo XIX, el abandono, los accidentes y los expolios contribuyeron a la destrucción de la mayor parte de la estructura de la iglesia, cuya ruina continuó lentamente en el primer tercio del siglo XX. Todavía se pueden observar en el pavimento lápidas de destacados personajes relacionados con el Monasterio y algunos restos de pinturas en los ábsides. 




La cabecera del lado sur repite la disposición del lado norte, aunque ha desaparecido el presbiterio quedando más visible el cilindro absidal con su doble imposta decorada que enmarca vano central. Destaca la inhabitual forma de ejecutar el abovedamiento de cuarto de esfera. En vez de continuar con hiladas concéntricas hasta la clave, a partir de la séptima hilada, se ejecuta a base de cuatro sectores diferentes en la disposición de los sillares. Esta infrecuente forma de edificar la bóveda absidal pudo deberse al hecho de poderse realizar sin usar la cimbra.





LA SACRISTÍA.

Con acceso desde el ábside sur y desde la Torre de la Sala Capitular, es otra de las estancias afectadas por las obras realizadas en las primeras décadas del siglo XVII y la pieza del conjunto que mejor ha resistido el paso del tiempo. Fue  reedificada en el primer tercio del XVII, posiblemente por el mismo maestro que el Claustro Menor y la fachada del Monasterio siguiendo un estilo clasicista, tanto en la primera sala o Antesacristía como en la propia Sacristía. La primera se cubre con una bóveda con casetones y la segunda con una cúpula que permite imaginar cómo debió de ser la estructura que una vez cubrió la gran escalera de la Torre de la Sala Capitular.

El escudo en la clave de la cúpula muestra la estrecha relación de la corona de Castilla con esta fundación monástica dedicada al apóstol San Pedro. El blasón está coronado con el fondo apergaminado y se observan las llaves cruzadas, objeto simbólico del santo junto con el castillo y la cruz de Santiago que representan el reino de Castilla. El castillo con tres torres, más alta la central, se utiliza desde finales del siglo XII para aludir a la denominación del reino tal como también aparecía en las pinturas tardorrománicas de la Sala Capitular, hoy en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. La cruz floreteada en la zona superior hace referencia al reino de Castilla como cabeza de la Orden de Santiago. 

LA TORRE DE LA SALA CAPITULAR

Se levantó en la segunda mitad del siglo XII y se transformó en los siglos XIII, XIX y XX. El banco corrido adosado y los arcosolios de medio punto en la zona baja del muro interior son alguna de las huellas del uso original de la sala románica, destinada a acoger a diario a todos los monjes (el capítulo) bajo la dirección del abad. A mediados del siglo XIII se decoraron las paredes de la planta superior con pinturas de animales reales, como leones, y fantásticos, como un dragón, de los que apenas queda huella. 

Pero la gran transformación será la Barroca del siglo XVII, los dos niveles de la Torre se conviertieron en un espacio único cubierto con una cúpula, las paredes se cubrieron con yesos y se construyó una escalera monumental cuyo trazado se puede todavía distinguir en los muros.

Con las desamortizaciones del XIX el Monasterio entró en decadencia y, a finales del siglo, un incendio arruinó la cubierta y provocó el colapso de la cúpula y la escalera. Finalmente, en el primer cuarto del siglo XX, las pinturas, junto con otros elementos decorativos fueron expoliados y hoy se exponen dispersas por el mundo, como en el Museo Metropolitan de Nueva York. 



EL CLAUSTRO MAYOR

Al sur de la iglesia se construyó en el siglo XII un claustro de estilo románico. Posteriormente, durante las primeras décadas del siglo XVII, de acuerdo con el proceso de reforma de la Orden Benedictina, se llevaron a cabo obras en el Monasterio que afectaron a la mayor parte de las dependencias claustrales y el claustro del siglo XII fue eliminado totalmente y sustituido por el hoy llamado Claustro Mayor o Procesional.

Éste sigue la disposición típica de los claustros. Se compone de un gran espacio abierto de proporción cuadrada con pandas o galerías porticadas que servían de comunicación cubierta a las distintas dependencias que las rodeaban. De éstas hoy sólo quedan la iglesia al norte, la Sala Capitular al este, y el Refectorio en la panda oeste, que se conserva completo, aunque no es visitable.






Las arquerías, de estilo herreriano, repiten el estilo clasicista de las otras intervenciones barrocas del Monasterio. Sin embargo, no se conserva nada del abovedamiento que debió cubrirlo, siendo el único resto de esta cubrición una serie de arcos de medio punto que se conservan en la panda norte, junto a la iglesia.





CLAUSTRO MENOR (no visitable)







La ruina del monasterio provocó el expolio de algunos de sus elementos. La puerta de la iglesia que daba al coro alto se trasladó al Museo Arqueológico Nacional. Madrid. 

Puerta de caliza tallada. Altura: 546 cm; anchura: 466 cm. Portada románica abocinada con dos arquivoltas; la primera con bolas y entrelazos apoya sobre columnas de fuste acanalado, y la segunda con bolas, un sogueado y palmetas entrelazadas, apea sobre columnas torsas. Los capiteles son de pencas con el cimacio decorado a base de palmetas de perfil y sogueados. Datación s. XI-XII. 




Las pinturas que adornaban la sala capitular fueron vendidas y se encuentran repartidas principalmente entre Barcelona (MNAC) y Nueva York (The Cloisters). En el primer caso se conservan un grifo junto a un Árbol de la Vida, un castillo, un dragón pintado en una enjuta bajo una cenefa de rombos, un ave bajo cenefa de grecas, sirenas-pájaro. 

Grifo de Arlanza.

La mayor parte de la pintura mural románica conservada es de temática religiosa, pero también podemos encontrar decoraciones de carácter cortesano o profano en grandes centros monásticos, como es el caso de San Pedro de Arlanza, en Castilla. Este fragmento proviene de una sala de carácter palatino de la llamada Torre del Tesoro, sobre la sala capitular, donde había representaciones zoomórficas inspiradas en el bestiario. Hoy vemos en estas pinturas un grifo, ser fantástico con cuerpo de león y torso de águila, en una actitud vigilante. El estilo de las pinturas de Arlanza se relaciona con otras obras hispánicas del 1200 de clara influencia de la miniatura inglesa.

Primer cuarto del siglo XIII, 189,5 x 322 cm. Fresco traspasado a lienzo. 






Este fragmento corresponde al muro este, a la izquierda de la puerta principal de acceso a la sala. Representa un leopardo (Felis pardus en latín) y una decoración arquitectónica de estilo románico. 


Simios

En el museo neoyorquino se exponen: Un magnífico león con amplios bigotes y porte egregio, un fantástico dragón con la cola serpentiforme anudada.


León

La tensión de los tendones musculares, la mirada penetrante y la melena erizada reflejan la fuerza explosiva de este león. Junto con otro félido, montaba guardia a la entrada de en la sala capitular donde se reunían los monjes de San Pedro de Arlanza. Creado en el siglo XIII, este fresco fue ocultado por obras de renovación en el siglo XVIII, redescubierto tras un incendio en 1894, y vendido primero a un particular y luego al Museo. En Los Claustros también se exhibe el fresco de un dragón procedente de la misma sala capitular.

Fresco transferido a lienzo, 3,3 x 3,4 m.





 

























jueves, 18 de junio de 2026

Quintanilla de las Viñas (II)



En el pueblo burgalés de Quintanilla de las Viñas ya hemos visto la iglesia de Santa María de Lara, en descampado, no lejos del caserío. Vimos su actual cubierta de madera y, con ayuda de la IA, podemos imaginar cómo pudo estar cubierta su cabecera o cómo sería un corte longitudinal.






En esta zona podemos ver más elementos que atestiguan la vida que transcurrió a lo largo de los tiempos. Antes de llegar al pueblo están los yacimientos icnológicos de Las Sereas 7 y 8, al lado de la carretera, visibles libremente. Los restos paleontológicos, del periodo del tránsito entre el Jurásico y el Cretácico (hace 144 millones de años), abarcan cerca de cinco kilómetros, hasta Mambrillas de Lara, y se han encontrado más de mil huellas repartidas en 14 afloramientos rocosos.  


Las Sereas 7 conserva 60 icnitas bien marcadas de saurópodos (vegetarianos cuadrúpedos de grandes dimensiones) y terópodos (dinosaurios carnívoros). La zona estaría cubierta por un lago extenso y poco profundo bajo un clima subtropical, en cuyas orillas fangosas crecían algas y vivían caracoles y otros invertebrados. Los dinosaurios vendrían aquí a comer, beber, o simplemente pasaban, imprimiendo las huellas de sus pisadas. Algunas son muy claras, pero un barro muy plástico propició que muchas de ellas tengan forma poco detallada. 

 

Imagen generada por IA




También cerca de Quintanilla podemos ver un ejemplo de megalitismo, el dolmen de Cubillejo, en las inmediaciones de Cubillejo de Lara, término municipal de Mambrillas de Lara, provincia de Burgos. A veces también se le nombra como dolmen de Mazariegos, al estar situado en el antiguo camino entre este pueblo y Cubillejo de Lara.

 

Poulnabrone, Irlanda.

El megalitismo constituye un fenómeno que abarca un gran espacio temporal y geográfico, constituyendo una circunstancia común a diferentes grupos culturales de un mismo momento que se caracteriza por la construcción de monumentos funerarios con grandes bloques de piedra. Una nueva vida espiritual y religiosa se conforma con el rito de inhumar colectivamente en lugar de fosas individuales. El fenómeno se desarrollo desde el Neolítico Antiguo hasta la Edad de Bronce, aunque los sepulcros serán reutilizados en épocas posteriores. Desde el IV milenio a.n.e. aparecen estos restos en la cuenca mediterránea. 

El megalitismo supone también la transformación del hombre con el medio y estos monumentos son señal de ocupación de la tierra. El enorme esfuerzo de su construcción implica la colaboración de varios grupos. Hay cantidad de estos restos, pero no se han encontrado restos de las viviendas de la época. La tipología de estos monumentos es variada: menhir, alineamiento ritual (Carnac), crómlech o alineamiento circular (Stonehenge), cista, dolmen, sepulcro de corredor y sepulcro de galería o galería cubierta, y otras variaciones.

Kermario, Carnac

La palabra "dolmen", deriva del bretón con el significado de mesa y piedra. Un dolmen es una estructura megalítica formaba básicamente por una gran losa horizontal que descansa sobre dos o más verticales. En Europa, los más antiguos datan del V milenio a.n.e. (más antiguos que las pirámides de Egipto, los zigurat mesopotámicos), en Europa meridional son más tardíos, II milenio a.n.e. Están presentes en otras partes del mundo y su finalidad era servir de cámaras de sepultura o como lugares de culto antiguo a una diosa de la tierra o de la fertilidad.

A la configuración más elemental le siguieron formas más complejas, generadas por la sucesión de trilitos, dando lugar a dos tipos, tumba de corredor (grandes losas verticales, ortostatos, que forman corredores que conducen a una o varias cámaras poligonales) y tumba de galería (un solo espacio de forma rectangular, como cámara sepulcral).

Algunas de estas estructuras evolucionaron a construcciones más complicadas, pero los problemas de encontrar piedras adecuadas y transportarlas eran comunes. No todas las estructuras megalíticas de piedra eran monumentos funerarios. Los crómlech de Stonehenge, en Inglaterra, y los menhires de Carnac, en Francia, habrían servido para usos relacionados con la práctica de un culto astronómico.

Desde el pueblo de Cubillejo de Lara se accede al dolmen de Cubillejo, que se ubica sobre un pequeño espigón formado por la confluencia de dos arroyos, lo que lo convierte en un hito señalado. Era conocido por los lugareños, que llamaban Dominustecum al lugar, pero fue excavado y dado a conocer en 1970. Este sepulcro de corredor con amplia cámara funeraria poligonal puede tener más de 5000 años de antigüedad y cuenta con la particularidad de unos grabados en la cara interna de uno de los bloques del pasillo (cuadrúpedos y signos). 

Sus dimensiones son 6 m de diámetro de la cámara, 10 m de longitud el corredor y 2 m de altura los ortostatos calizos. El corredor sigue la dirección del pasillo que forman las montañas del valle, está orientado al sureste lo que permite un fenómeno astro-arqueológico: durante el solsticio de invierno, los primeros rayos del sol naciente atraviesan el corredor e iluminan la cámara, desplazándose progresivamente hasta la losa con grabados, durante dos horas. Esto debía tener un sentido ritual, sagrado, para las gentes que lo construyeron.

En el Museo de Burgos puede contemplarse el ajuar encontrado en el dolmen, que, además de los restos humanos de cuatro individuos, consistía en cuatro hojas de sílex, un nódulo, un alisador, dos cuentas de collar, dos pequeños fragmentos cerámicos de vaso campaniforme con dibujos incisos, adornos y elementos rituales o votivos. Lo más llamativo es un brazalete o pulsera circular obtenido a partir de una concha de Clycymeris, que evidencia un comercio con el litoral de Levante, quizá a través del Ebro.


La estructura responde a la denominada "sepulcro de corredor" por estar constituida por  una cámara funeraria y un corredor de acceso enterrados en un túmulo de tierra y piedras, mal conservado.  Se intuye una planta ovalada, coincidiendo su eje mayor con la orientación del corredor, y una altura no muy notable, pese a que algunos ortolitos de la cámara se aproximan a los 2 m.

La cámara es de planta circular de entre 4,5 y 6 m de diámetro compuesta originariamente por once ortostatos de caliza y conglomerado, de los que se conservan diez de ellos, en su mayoría bloques naturales sin labra procedentes de alguna pequeña cantera cercana, dispuestos verticalmente e inclinados hacia el interior para facilitar la cubrición. La altura de los bloques, hecho poco común, no es uniforme, alcanzando el mayor de ellos los 2,25 m de alto y 0,40 m de grosor. 

Uno de los elementos característicos del dolmen y que ayudan a emparentar el megalito con los modelos occidentales extremeño-salmantinos es el anillo pericameral, compuesto de catorce bloques ceñidos exteriormente a la cámara, existiendo entre ésta y el anillo un relleno deliberado de piedras de pequeño tamaño. La funcionalidad de este anillo consiste en la contención de las tierras del túmulo, a modo de contrafuerte.


El corredor o galería, orientado al Sureste, está formado por dos paredes paralelas de seis lajas cada una, dispuestas de forma apaisada y con algunos refuerzos exteriores. Su longitud es de 10,5 m., 1,5 m de anchura y altura decreciente, como es habitual, desde los 1,5 m. en la entrada de la cámara hasta los 0,75 m. en el extremo opuesto 



La parte más desconocida y menos conservada de los dólmenes es la cubierta. En la cámara se observó en el suelo el hoyo que sirvió para clavar el pie o pilar central. Y es fácil que, al menos, parte del corredor estuviese cubierto con dinteles semejantes al que se colocó en la entrada a la cámara.


Imagen generada por IA

Las paredes interiores de las cámaras sepulcrales y corredores pueden aparecer decoradas con motivos tanto grabados -la creación artística más importante del periodo eneolítico- como pintados. Los petroglifos con motivos grabados suelen representar figuras esquemáticas, líneas en zig-zag, espirales, círculos, etc. En este dolmen, el ortostato más cercano a la entrada de la cámara en la pared derecha tiene un panel de petrograbados en el que son reconocibles dos cuadrúpedos muy esquemáticos y un dibujo ramiforme, sin que se haya determinado la coetaneidad de estos petroglifos con la erección del magalito.