lunes, 5 de octubre de 2026

Cézanne y nosotros.


Cézanne y nosotros
es el título de la exposición con la que el Grand Palais de París rinde tributo a su influjo en el arte del siglo XX (Picasso: “Cézanne es el padre de todos nosotros”), con 69 lienzos del artista Aix-en-Provence y un centenar de obras (Gauguin, Signac, Picasso, Matisse, Mondrian, Giacometti, Morandi, Léger, Wesselmann, Warhol o Hockney) directamente inspiradas por él. Paul Cézanne (1839-1906) fue el más humillado de los artistas que experimentaron con el impresionismo y que decidieron crear su propio Salón de los rechazados como vía de escape al arte oficial. Frustrado por la incomprensión de los críticos, arrastrando el estigma del artista fracasado, de pintor maldito, fue defendido por otros artistas hasta llegar a convertirse en el “padre de la pintura moderna”, precursor del cubismo, del fauvismo y del arte abstracto. Sus manzanas, sus retratos, sus bañistas y sus paisajes marcaron el tránsito hacia el siglo XX. 

Autorretrato, 1879-80

Nacido en 1839 en Aix-en-Provence, pronto sintió su inclinación por las bellas artes, aunque su padre, banquero, le instó a estudiar derecho. En 1861 fue a París, pero no ingresó en la Escuela Nacional, sino que se formó en la Académie Suisse y copiando obras en el Louvre. Sus obras fueron rechazadas en el Salón de Pintura. En 1872 pintaba al aire libre con Camille Pisarro, incorporaba más color y liberaba su pincelada. Participó en la exposición de los impresionistas, de 1874, con la obra “La casa del ahorcado, Auvers-sur-Oise”, aunque no se implicó realmente en las actividades del grupo. Paul Gauguin y Paul Signac compraron algunos de sus cuadros, encontrando un radicalismo formal que reforzó su búsqueda de un arte puro, comprometido con la abstracción. En 1882 comenzó su gran serie sobre la montaña Sainte-Victoria y regresó a vivir a Aix-en-Provence.


En la década de 1890 su obra circuló más y, sobre ella, se escribió el primer artículo en 1891, consiguiendo su primera exposición en 1895, en casa de Ambroise Vollard, lo que provocó el interés de museos y coleccionistas, y que artistas como Degas, Monet y Pisarro adquiriesen sus obras. En el Salón de los Independientes de 1901, la obra “Homenaje a Cézanne”, de Maurice Denis, lo consagró como maestro, a lo que siguieron exposiciones en toda Europa y que ocupase en 1905 una posición central en los debates sobre pintura contemporánea. Siguió pintando hasta su fallecimiento en 1906, y en el Salón de Otoño de 1907 tuvo lugar una retrospectiva póstuma.

La montaña Sainte-Victoire, 1905

Cézanne, que firmaba sin acento, escribió en 1904 que se debe "tratar la naturaleza a través del cilindro, la esfera, el cono, todo ello en perspectiva", fórmula adoptada especialmente por los cubistas, de los que es considerado precursor, influenciando a Pablo Picasso y Georges Braque. Los artistas se han interesado por distintos aspectos de su obra: construcción del espacio, papel del color, motivo, percepción, estructura, etc., inspirando nuevas interpretaciones.


Su mito le presenta como una figura del genio incomprendido que consagró su vida a su arte, y motivos como la manzana o la montaña Sainte-Victoire quedaron asociados a él. En su taller disponía las frutas, especialmente las manzanas, para pintar sus naturalezas muertas. En sus paisajes representaba las grandes líneas de fuerza, plasmando los volúmenes y la luz mediante pequeñas pinceladas paralelas; con este método, Cézanne rechazaba la representación mimética de la realidad, lo que influiría tanto en los cubistas como en los artistas abstractos. Su esposa, Hortense Fiquet, posó en algunos de sus retratos, a los que abordaba como si fueran naturalezas muertas, representando la realidad a través de los volúmenes, más que mostrando las emociones o la personalidad de su modelo.

 


La muestra recuerda al marchante Pére Tanguy, que mostraba clandestinamente las obras de Cézanne cuando ya no buscaba exponer, y a Ambroise Vollard, artífice de las primeras monográficas al final de la vida del artista. A diferencia de las retrospectivas clásicas, Cezanne y nosotros presenta una mirada innovadora  sobre el pintor, poniendo de relieve la forma en que su enfoque del color, del volumen y de la composición revolucionó la historia del arte, influyendo a generaciones de pintores, unos maestros del arte moderno (Georges Braque, Pierre Bonnard, Umberto Boccioni, Max Beckmann, Émile Bernard), otros grandes figuras de la abstracción y el arte contemporáneo (Etel Adnan, Georg Baselitz, Charles Camoin, etc.). Interpretaciones nacidas de su pintu8ra van desde el cubismo a la abstracción lírica y óptica, ofreciando al público una experiencia intelectual y estética. 



La exposición se compone de 16 secciones. En las ocho primeras se presenta junto a la generación de Gauguin y, posteriormente, a la de Picasso. En la Primera planta aparecen sus lienzos junto a pintores que lo descubrieron hasta la década de 1930. En la Planta superior, la selección se amplía para incluir arte abstracto, pop art y artistas contemporáneos. 







En la primera sala aparece El bañista, 1885, y La postal del bañista de Cézanne en Keithstrasse, de Wolfgang Tillmans, 2021.





Los jugadores de cartas, Paul Cézanne, circa 1890-95, París, Museo de Orsay.


Los jugadores de cartas, una de cuyas versiones tiene el récord de obra vendida más cara.



'El jugador de cartas' de Paul Cézanne, 1890-1892. 


'El jardin de Lauves' de Paul Cézanne, c. 1906. 

Se aprecia que hay un puente entre su obra y los movimientos de vanguardia, del cubismo al expresionismo alemán, futurismo, fauvismo o cubismo. Se le considera precursor del “paisajismo abstracto”: El Jardín de Les Lauves, Montaña de Sainte-Victoire, reinterpretada por Zao Wou-Ki, francochino, 2005.

Las manzanas con las que asombró a París merecen una sala entera.

Autorretratos, foto a blanco y negro en sus últimos años ante Las grandes bañistas. Se lamentó de su fracaso al representar la figura humana, aunque sus distorsiones crearon escuela: bañistas de Matisse.

Paul Gauguin compró seis cuadros hacia 1880. En la sección "Los primeros seguidores" está representado por La Belle Angèle, 1889.





El marchante Ambroise Vollard, en 1895, organizó la primera exposición individual, a la que siguieron otras hasta 1906. En 1899 había pintado el “Retrato de Ambroise Vollard”.




Pierre Bonnard, Ambroise Vollard, hacia 1904, óleo sobre lienzo, 30 x 40,2 cm, Museo de Orsay, París.

La sección Homenajes a Cézanne presenta “Homenaje a Cézanne”, de Maurice Denis, 1900, con casi 2,5 m de ancho.

En la sección bodegones aparecen manzanas, cebollas y una jarra de gres, de Cézanne, y otras de Picasso, Braque y Giorgio Morandi.

Los paisajes están representados por “Château Noir”, 1905, que perteneció a Picasso, junto a vistas de L´Estaque pintadas en 1908 por Braque y Raoul Dufy.

Paul Cézanne, Las grandes bañistas, 1894-1905, óleo sobre lienzo, 127,2 x 196,1 cm. The National Gallery, Londres.

Bañistas: Grandes bañistas y Las bañistas de André Derain 1907, casi 2 m de ancho cada uno. Tema de referencia, considerado en una edad de oro idealizada. Aparecen once mujeres desnudas en varias posturas, cuerpos simplificados, rostros como máscaras sin rasgos, que componen un contraste entre un tema inocuo y la naturaleza radical de la pintura: figuras monumentales, cuerpos estilizados, azules eléctricos.





La Segunda planta del Grand Palais presenta pintura abstracta de posguerra. La Sección "Un renacimiento de la abstracción inspirado en Cézanne"es referente de los pintores abstractos.

La Sección "Una influencia plural" muestra al artista estadounidense Joan Mitchel con "Painting", 1956-57, casi 2 m por cada lado. 




Piet Mondrian, Manzano en flor, 1912, óleo sobre lienzo, 78,5 x 107,5 cm, Junstmuseum Den Haag, La Haya

'Manzanas y galletas' de Paul Cézanne, 1880. 



En la “Sección Manzanas y más manzanas” se recuerda que el pintor quería asombrar a París con una manzana. Aparece el Bodegón nº 29 del pintor pop de EEUU Tom Wesselmann, 1963, más de 3,5 m de ancho.





Paul Cézanne, La Montagne Sainte-Victoire au gran pin, hacia 1887, óleo sobre tela, 66,8 x 92,3 cm.


Concluye la exposición con ¡Qué tema tan bello!, vistas del Mont Sainte-Victoire que pintó más de 80 veces. Sección Paisajes: armonía paralela a la naturaleza. El árbol, primero con estilo expresionista, con colores muy alejados de la naturaleza; después, influencia de Cézanne y los cubistas. Las ramas del gran pino en primer plano siguen la línea de Saint-Victoire y la enmarcan, lo que acerca la montaña al espectador. Los toques verdes y amarillos del valle guían la mirada hacia sus laderas violetas, azules y rosas; a la derecha, un viaducto ferroviario ancla el paisaje en su tiempo. 

'Monte Sainte-Victoire' (montaña roja) de Marsden Hartley, c. 1927. 





jueves, 1 de octubre de 2026

El valle de Benasque. Etnología.




El objetivo de este breve artículo no es describir y comparar diferentes culturas dentro de la diversidad humana, sino mostrar cómo el tiempo ha ido variando los detalles de una misma cultura, la de este valle; es decir, se trata de ver cambios en la propia cultura, de reseñar elementos de la cultura antigua que todavía podemos ver.




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Uno de los elementos que ha variado es la indumentaria. En el Centro Cultural del Palacio de los condes de Ribagorza, en Benasque, hay una exposición relativa a este tema, “Indumentaria del valle de Benasque”, con un texto de Miguel Ángel Lahoz en el que dice que en el siglo XX sólo usaban la indumentaria tradicional personas mayores. Del recuerdo de esa tradición, el autor del texto resume el contexto en estos párrafos.


 


Los distintos pueblos que habitaron la zona dejaron su impronta en la indumentaria, desde el gambeto pastoril al tocado griego que hoy llamamos gorra llarga, o la toca ibera que utilizaban las mujeres, transformada en mantilla o capiello, siempre buscándole una utilidad según el trabajo a realizar. Se buscaba la comodidad, pero había factores diferenciadores como la situación económica, el sexo, el estado civil, la religión o la edad. 

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La dificultad de las comunicaciones con la tierra llana hizo que los contactos se realizasen más con los valles cercanos o con los vecinos de Francia. El comercio con Francia a través de los puestos aduaneros de Sallent, Canfranc, Torla, Plan y Benasque era muy importante. El comercio de la lana estaba reconocido en 1362, cuando las cortes de Monzón cargaron impuestos por la circulación de tejidos de Benasque. La lana se enviaba lavada a Francia y volvía tejida, aunque los telares seguían funcionando para consumo del valle. Desde el siglo XVIII se tiene constancia de la existencia de un lavadero y de oficios relacionados, tanto en Benasque como en los otros pueblos. También hay noticias sobre el lino, empleado para la ropa interior y de la casa.

Con datos extraídos de testamentos, capítulos matrimoniales y otros documentos desde el siglo XVIII se puede tener una idea de la indumentaria de los habitantes del valle.

En un documento de 1738 se dice que el traje de las mujeres se compone de dos piezas, el jubón o justillo y las sayas, nombrados por su denominación de época: casaca, armilla, justillo y jubón (parte de arriba), y basquiña y guardapiés (parte de abajo). Camisa y enaguas como prendas de interior. El delantal, incluso en días de fiesta. Sobre los hombros, pañuelos y el pelo recogido en cofias o pañuelos de cabeza y, encima, el capucho, que hace de abrigo y recato. Aderezos de pendientes, algún collar, relicarios, cintas de seda, etc. 

En los hombres, chupa, chaleco y calzón, en su denominación chupa, chipón, armilla, chaleco y coset, calzón. Camisa como ropa interior y faja recogiendo el chaleco y calzón. El pelo recogido en cofias o la gorra larga y diversos sombreros, y como prendas de abrigo la manta, capa o el gambeto.

Durante el siglo XVIII y parte del XIX, en los inventarios se mezclan tejidos del país como el paño, cordellate y fustán, con otros de importación como la seda en toda su gama o la indiana, y complementos de la moda del momento. El colorido es muy variado y vivo: el rojo se asocia a personas jóvenes y solteras y el negro para ocasiones de respeto y lutos.

En un inventario de 1836 vemos que han variado las piezas en su denominación y confección: al traje (mujeres) le llaman vestido, aunque sigue siendo de dos piezas, cuerpo y falda; los justillos han desaparecido, sustituidos por los corsés, bien lenceros o de confección casera; aparecen los mantones en su versión de invierno (lana) o verano (seda); el delantal empieza a desaparecer, sobre todo en las clases acomodadas. La Chambra como camisa exterior, el gabán y las faldetes de estampado mecánico.

En los hombres, la chupa está consolidada, sustituyendo casi totalmente al chipó; la armilla desaparece dando paso al chaleco de tirilla y solapas vueltas; la gorra llarga, antaño de punto o paño, es ahora de lana de botiga. Al final de la centuria aparecen los calzoncillos o marinetas como prenda interior; la gorra sólo la usaban las personas mayores, sustituidas por el pañuelo anudado a la sien; y el cuello del chaleco es de esmoquin y una sola botonadura.

Finalmente, se enumeran los elementos básicos de la indumentaria tradicional:

Hombre: Camisa, Calzoncillos o Marinetas, Calzón o Balons, Zaragüelles, Chaleco o Achustadó, Armilla y Jubón, Casaca, Chaqueta o Chupa, Medias o Calcilles, Pials y Pialetes, Faja o Feixa, Montera o Bonet, Sombreros, Red o Cofia, Pañuelo de cabeza, Gorra Llarga, Tapabocas, Manta, Capa, Anguarina, Gambeto, Capa dalmática, Calzado (abarca, zuecos, alpargatas, zapato).

Mujer: Camisa, Enaguas, Sayalejo y Refajo, Guardapiés o Saya, Basquiña, Armilla, Justillo, Jubón, Peto, Delantal, Pañuelo de cabeza, Cofia, Pañuelo, Manto, Paño de cabeza o Mantilla, Capucho, Alpargata, Zapatos, Mantones, Medias, Peinado, Joyas, Guarniciones de adorno en los trajes. 



La vivienda siempre ha sido otro elemento diferenciador en cada espacio geográfico. Uno de los tipos más habituales en las casas tradicionales del valle es la conocida como casa-patio, de la que Casa Cornel (Cerler) es una buena muestra. Estas casas tienen la entrada en la planta baja, protegida por un pórtico que se abre a un patio descubierto que sirve para organizar todo el conjunto y poder acceder directamente a la vivienda y a las demás dependencias como cuadras y pajares. La óptima conservación de esta casa ha preservado elementos que singularizan su patio interior como el aspecto original de los muros, el arco situado frente a la entrada o el acceso a dependencias auxiliares mediante una puerta con dintel de madera bajo protección de un arco de descarga.

 

El peculiar aspecto del granito, con su textura granulada y su color blanquecino con pequeños puntos negros, hace de la fachada exterior de esta casa uno de los mejores ejemplos de los edificios construidos con este material. La abundancia del granito en este sector de los Pirineos facilitó su elección, aunque se utilizaban otros como la pizarra (color negro, algunos muros de interior y tejado), la tosca, ligera y resistente (chimeneas, arcos y marcos de ventanas).

El escudo es de los llamados “parlantes”, ya que su contenido expresa el concepto que parece designar el apellido, en este caso un ave, la corneja.

Los cambios también han llegado incluso a las actividades más básicas como la agricultura. En la ruta circular “Las tres cascadas” se pasa por las terrazas de Paluenga. Esta zona es ejemplo de construcción de terrazas o abancalamiento por taludes en tiempos en los que no existía más maquinaria que la tracción animal, lo que da idea del ingente trabajo durante generaciones. Hoy se destinan a pastos para el ganado, pero hasta los años sesenta del pasado siglo eran cultivos de cereal, puesto que los habitantes del valle siempre fueron autosuficientes en su alimentación, reservando el comercio con el exterior para productos manufacturados.

Los cambios producidos en otros aspectos de la vida del valle han producido la desaparición de algunos de sus elementos, o la conservación de algunos como recuerdo didáctico de ese pasado. Es el caso de los abrevaderos, cuyo uso se ha perdido ante la casi inexistencia de ganado. En Cerler mantienen uno, techado, bien conservado. Otra construcción sobre los usos del agua, aunque moderna, son los lavaderos. El ejemplo también es de Cerler, el lavadero de Sarllé, situado a la entrada y bajo techado. Se alimenta de las aguas conducidas desde el barranco d´Alto al Pilano d´Agustinet y de allí a la Solana de Cornel desde donde también parten otras acequias que irrigan el lugar.

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Tanto el abrevadero como el lavadero fueron construidos entre los años 1933 y 1934 durante la II República, con un coste de 1.100 pesetas aportadas por el Ayuntamiento de la villa, según indica un cartel informativo.



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Una modernización, un cambio importante en la vida de las gentes se produjo en 1897 y fue la llegada de la luz a Benasque. A partir del último tercio del siglo XIX se dieron los primeros pasos para producir energía eléctrica utilizando los antiguos molinos harineros como mini centrales eléctricas. En Benasque, con este fin, el molino de San Pedro se convirtió en Fábrica de Luz en el año 1897. Se constituyó la Empresa Eléctrica de San Pedro, la cual solicitó en 1898 permiso al ayuntamiento para ampliar las instalaciones. Desde esa fecha la villa contó con alumbrado público.

En 1925, una riada arrasó la central que quedó inservible. La villa permaneció sin electricidad durante poco más de dos años. Se promovió la construcción de otra central en el molino de la calle Mayor y la nueva sociedad comenzó a funcionar en 1927 bajo la denominación de Eléctrica Benasquesa, trabajando hasta los años sesenta, habiéndose utilizado la maquinaria de la central de la Rodiella en Cerler.



En la actualidad, pueblos como Benasque han quedado convertidos en parques temáticos. Todo está muy restaurado, muy atractivo, pero el antiguo pueblo se ha perdido. La actividad actual no tiene nada que ver con la tradicional, hasta el punto de que hay que salir lejos para ver algo de ganado, por ejemplo. Sin embargo, en las edificaciones modernas, se quiere dejar algún rasgo antiguo, como, en este caso, del folklore.

 

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Un aspecto tradicional del mundo rural eran las ermitas, de las que había varias en cada pueblo, a veces una en cada salida, en cada camino. Una de éstas, un ejemplo de esta sencilla religiosidad es la ermita de San Pedro Mártir, a la salida de Cerler en la ruta de “Las tres cascadas”. Es un edificio muy sencillo, con la cabecera empotrada en la pared de tierra.





 

domingo, 27 de septiembre de 2026

 Prado. Siglo XXI.

“Prado. Siglo XXI” plantea un recorrido por los hitos y etapas de su historia reciente que han ido definiendo su funcionamiento, su proyecto científico y su lugar en el panorama cultural internacional. El relato se articula a través de 98 piezas —pinturas, esculturas, dibujos, estampas, fotografías, libros y documentos de archivo— junto con material audiovisual y recursos expositivos. El recorrido presenta al museo como una institución en movimiento, consciente de su herencia histórica, pero también de su responsabilidad presente y futura. 

El recorrido comienza con una infografía, que pone de manifiesto los cambios que ha experimentado la institución, y una maqueta de lo que será el Campus Prado. Las obras presentadas abarcan desde la Edad Media hasta finales del siglo XX, incluyendo un gran núcleo barroco, y consolidan núcleos específicos, como el dedicado a mujeres artistas o la colección de fotografías. Todo ello para proponer una lectura del museo desde el presente.

Ferdinando Brandani. Diego Velázquez. Óleo sobre lienzo. 1650. 50,5 x 47 cm. Adquirido por el Museo Nacional del Prado con presupuesto extraordinario del Estado, 2003

El retratado es un banquero cercano al pintor, que usó una gama cromática muy reducida, pero de gran variedad de tonos, y utilizó magistralmente las luces para modelar el rostro, variar el fondo y dar volumen a la figura. Las luces y las sombras contribuyen de forma fundamental a la definición de los rasgos y, al mismo tiempo, establecen un juego de brillos, lo que da una gran unidad expresiva al conjunto y facilita la transmisión de la sensación de vida.

1. Un museo en transformación

La resurrección de Lázaro. José de Ribera. Játiva, Valencia, 1591 - Nápoles, 1652. Hacia 1616. Óleo sobre lienzo, 171 x 289 cm. Adquirido por el Estado como pago de deuda tributaria, dación de Caja Madrid, y adscrito al Museo Nacional del Prado, 2001

Cristo, situado en medio de la composición, señala con su brazo extendido a Lázaro, que acaba de volver a la vida. Le acompañan algunos apóstoles, varios testigos y Marta y María, todavía afligidas por la muerte de su hermano. A diferencia de lo que era habitual, Ribera sitúa la escena en un interior, limita el número de personajes y crea una composición cerrada, sin referencias al exterior. Las figuras de algo más de medio cuerpo, de tamaño ligeramente mayor que el natural, dispuestas en friso y proyectadas sobre un fondo oscuro, da lugar a una composición de carácter monumental.

Esta primera sección analiza la evolución del Prado en términos cuantitativos y cualitativos a lo largo de este último cuarto de siglo, su expansión espacial y el futuro Campos Prado, que incluirá el Salón de Reinos (infografía y maqueta).

2. El crecimiento de una colección

Busto del emperador Marco Aurelio. Autoría desconocida. Mármol blanco. 161-169. Donación de Claudio Bravo, 2000. 73 x 59,5 cm

Este busto del emperador conmemora su coronación junto a Lucio Vero (161 d.C.), y existen muchas réplicas, siendo la más famosa la estatua ecuestre de la plaza de la colina del Capitolio. La iconografía sobre el emperador se completa con otros modelos que lo representan más joven y otro con barba y melena más largas.

El Museo del Prado se ha caracterizado por la constante incorporación de obras a sus fondos, no sólo de cuadros, sino también de escultura. Desde el siglo II (escultura romana) hasta el siglo XX (Busto de mujer, Pablo Picasso), hay ejemplos importantes en todas las épocas. Desde el siglo XIII al XVI son buen ejemplo el Nicodemo y El vino de la fiesta de San Martín, de Pieter Bruegel el Viejo. Del Renacimiento se han añadido obras de Juan de Juanes, Alonso Berruguete, Luis de Morales, etc., y del Barroco, obras de Velázquez, José de Ribera, Francisco de Zurbarán y Francisco Herrera el Mozo, además de esculturas. Del siglo XVIII se han incorporado obras de François Boucher, Antonio Joli, Antonio Raphael Mengs, Luis Paret, etc., además de obras de Francisco de Goya. El siglo XIX ha sido enriquecido por telas de Federico de Madrazo, Mariano Fortuny, Darío de Regoyos, Hermen Anglada-Camarasa, y el XX por Joaquín Sorolla y Ramón Gaya.

3. Nuevas líneas de enriquecimiento para una colección en evolución

Juana la Loca ante el sepulcro de su esposo, Felipe el Hermoso (boceto). Francisco Pradilla. Óleo sobre lienzo. 1877. Adquirido por el Estado y adscrito al Museo Nacional del Prado, 2002.

Se muestra en esta sección toda una serie de líneas de coleccionismo que han ido adquiriendo una identidad propia con el objetivo de conocer el proceso creativo, las cualidades físicas de las obras (herramientas y materiales), los procedimientos de creación (estampas, miniaturas, cuadernos de dibujo y álbumes de estampas). Uno de los núcleos en los que se ha puesto más énfasis es el de las artistas mujeres, al menos desde el siglo XVI en adelante. Una nueva disciplina artística se ha unido a las otras, la colección de fotografía (obras, talleres, paisajes). La construcción de un centro de conocimiento se ha plasmado en la Biblioteca y el Archivo.

4. Áreas de actuación de un museo moderno

La boloñesa (La boulonnaise). María Blanchard. Óleo sobre lienzo. 1922-23. Adquirido por el Museo Nacional del Prado con fondos del legado de Carmen Sánchez García, 2021.

 

En la última parte de la exposición se encuentran muestras de la importante producción editorial, información del Centro de Estudios (Casón del Buen Retiro), de la importante labor de Restauración y estudio técnico de la colección, de su Gabinete Pedagógico, de su interés en extender la colección, de su proyección a la sociedad.


 

OBRAS

Frontal de Solanllong. Pantocrátor con  el Tetramorfos. 1200 - 1210. Temple sobre tabla, 102 x 108,3 cm. Taller del Maestro de Lluça

Preside la obra la Maiestas Domini, el Pantocrátor, representado en una posición estrictamente frontal, sentado sobre un cojín cilíndrico colocado sobre un arco, y apoya sus pies descalzos sobre un escabel; lleva una túnica verde y un manto rojo dispuesto a la manera romana y bendice con la mano derecha levantada. Sobre la rodilla y sujeto con la mano izquierda muestra el Libro de los siete sellos cerrado en el que se lee la palabra "PAX". El Pantocrátor está rodeado por la mandorla o almendra mística, que determina cuatro enjutas en las que se representa el Tetramorfos. De izquierda a derecha y de arriba abajo se disponen el ángel (san mateo), el águila (san Juan Evangelista), el león (san Marcos) y el toro (san Lucas). 


 


Anónimo. Nicodemo, perteneciente a un Descendimiento. Último cuarto del siglo XIII, 187,5 x 48 cm
El santo Nicodemo se muestra con los brazos alzados para desenclavar el brazo izquierdo del Crucificado. Por la parte posterior, la figura está ahuecada y sin cubierta, mientras que en la parte anterior se presenta vestido con una saya, atuendo propio del siglo XIII caracterizado  por dos grandes aberturas laterales. Está decorado con motivos heráldicos de bandas con castillos de una sola torre.


 

La Crucifixión. Juan de Flandes. Países Bajos, 1447 - Palencia, 1514. 1509 - 1519. Óleo sobre tabla, 123 x 169 cm

El artista optó por el tipo iconográfico de gran espectáculo -apropiado para las grandes dimensiones y el formato apaisado de la tabla - y lo redujo a sus elementos esenciales. En el eje de la composición, dispuso a Cristo clavado con tres clavos en la cruz, muerto, con la corona de espinas y la sangre manando de sus heridas, insistiendo en los aspectos emocionales para dar una imagen lo más conmovedora posible. La nube oscura que cubre la parte superior evoca las tinieblas que cubrieron la tierra cuando Cristo expiró.El cortejo ha abandonado ya el Gólgota camino de Jerusalén y sólo quedan junto a la cruz los parientes y discípulos de Cristo. Destaca la Virgen, sentada sobre una piedra, con el rostro cubierto de lágrimas, a punto de perder el sentido. Al fondo a la izquierda se distingue la Alhambra, que el pintor conoció cuando acompañó a Isabel la Católica a Granada. 

El vino de la fiesta de san Martín. Pieter Bruegel el Viejo. ¿Bruegel (Países Bajos)?, 1525 - Bruselas, 1569; 1566 - 1567. Temple de cola sobre sarga, 148 x 270,5 cm.


En esta sarga se representa la fiesta del vino de San Martín. El 11 de noviembre, festividad del santo, se comía la oca de San y se degustaba el primer vino de la nueva estación, denominado vino de San Martín. La coincidencia de la fiesta con el fin de la vendimia, en pleno otoño, asociaba una distribución de vino al pueblo con las celebraciones del santo, que tenía lugar fuera de las puertas de la ciudad. De esta manera, pese a la presencia de San Martín partiendo su capa a la derecha, no es un cuadro religioso ni una obra de devoción, aunque tampoco una escena de género.  Es manifiesta en esta obra la tensión irónica entre la caridad de San Martín -vestido como un caballero a la moda desde el siglo XV- y los excesos de la fiesta. Se ha dispuesto en el centro un enorme tonel de vino, pintado de rojo, sobre un andamio de madera. En torno a él se amontonan personajes de muy distinta condición tratando de obtener vino. El efecto que se logra es el de una montaña formada por una humanidad que se deja llevar por la gula, la oposición entre el círculo del grupo central y la disposición piramidal, más estable, del grupo que reproduce la caridad de San Martín, a la derecha.

Alegoría de la Templanza. Alonso Berruguete. Paredes de Navas, Palencia, 1488 - Toledo, 1561. 1513 - 1516. Óleo sobre tabla, 69,7 x 52,6 cm

Oratorio de san Jerónimo penitente. Juan de Juanes, pintor. Damián Forment, escultor. Hacia 1520. Dorado, Tallado, Policromado, 83,5 x 59 cm

La Huida a Egipto. El Greco. Candía, Creta, 1541 - Toledo, 1614. Hacia 1570. Óleo sobre tabla de madera de pino, 15,9 x 21,6 cm

La Virgen de la Leche. Luis de Morales. Badajoz, 1510 - ¿Alcántara? (Cáceres), 1586. Hacia 1565. Óleo sobre tabla, 84 x 64 cm.

Bodegón con alcachofas, flores y recipientes de vidrio. Juan van der Hamen y León. Madrid, 1596 - Madrid, 1631. 1627. Óleo sobre lienzo, 81 x 110 cm

San Juan Bautista. Juan de Mesa y Velasco. Córdoba, 1583 - Sevilla, 1627. 1623 - 1627. Madera, 168,3 x 81 cm



 
San Jerónimo escribiendo. José de Ribera. Játiva, Valencia, 1591 - Nápoles, 1652. Hacia 1615. Óleo sobre lienzo, 131,5 x 98 cm
La diosa Juno. Alonso Cano. Granada, 1601 - Granada, 1667. 1638 - 1651. Óleo sobre lienzo, 105,3 x 45,5 cm
 
San Francisco en oración. Francisco de Zurbarán. Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 - Madrid, 1664. 1659. Óleo sobre lienzo, 126 x 97,1 cm
Retrato de José Nicolás de Azara. Antonio Raphael Mengs. Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779. 1774. Óleo sobre tabla, 77 x 61,5 cm

La condesa de Chinchón. Francisco de Goya y Lucientes. 1800. Óleo sobre lienzo. 216 x 144 cm.