Heroínas bíblicas
En el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza se encuentran “Las heroínas de la Biblia”, pequeña muestra de las obras pintadas por Giovanni Francesco Barbieri (Cento, 1591-Bolonia, 1666), más conocido como Il Guercino, por ser bizco. El museo define a estas todopoderosas heroínas como “robustos personajes femeninos y sus circunstancias”. Son cuadros fundamentales en el desarrollo de la pintura barroca del norte de Italia, girando en torno a “Jesús y la samaritana en el pozo” y de ahí a “Susana y los viejos”, 1616 (Madrid, Museo del Prado), “Jesús y la mujer adúltera”, hacia 1621 (Londres, Dulwich Gallery), “Sansón y Dalila”, 1654 (Estrasburgo, Musée des Beaux Arts), “Abraham repudia a Agar e Ismael”, 1657 (Milano, Pinacoteca di Brera) y “Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista”, 1637 (París, Musée du Louvre).
Autorretrato ante una pintura de "Amor Fedele", 1655. National Gallery of Art
La exposición permite profundizar en la importancia de la representación de la figura femenina en la producción de temática religiosa del artista, a través de obras en las que recrea pasajes bíblicos en los que es protagonista. Estos asuntos eran muy populares en el barroco italiano y Guercino los aborda a lo largo de toda su carrera, pudiendo estudiarse la evolución de su estilo a través de estas pinturas. Las obras más tempranas, como Susana y los viejos, responden a una tipología inspirada en la contemplación de la naturaleza y presentan claroscuros de gran intensidad, colores pastosos y gran plasticidad en las figuras cuyos gestos espontáneos nos hacen participar de sus emociones, todo con una factura nerviosa. Después de su viaje a Roma en 1621, su pintura evolucionó hacia un estilo clasicista, consolidado tras su traslado a Bolonia en 1642 y la influencia de Guido Reni, como se ve en Abraham repudia a Agar e Ismael, con un lenguaje más idealizado, menos libre. Las composiciones se vuelven equilibradas, los colores más luminosos y los personajes adoptan gestos codificados.
Las figuras adoptan gestos espontáneos que transmiten emociones al público gracias a la capacidad narrativa del artista. Algunas son mujeres anónimas, otras con nombre propio, que difunden mensajes de arrepentimiento, moralidad, osadía, inocencia, pasividad, crueldad, todo un gran teatro del mundo femenino en una producción de temática religiosa. Guercino fue experto en retratar la actitud sicológica de las protagonistas y tuvo mucho éxito.
Estos cuadros pintados en el siglo XVII, la Contrarreforma, están protagonizados por mujeres, aunque son minoritarios en la producción de Guercino. Todos muestran la capacidad narrativa y el dominio del lenguaje gestual en unas composiciones donde la mujer encarna a figuras bíblicas bajo una mirada personal. Algunas tienen intención moralizante, pero otras son consideradas mujer fatal por la iconografía cristiana y el artista las rescata para conferirles un nuevo papel. Dalila muestra una imagen de heroína clásica y quiere cortar ella misma los cabellos de Sansón, mientras Salomé, con la cabeza inclinada, no encarna a la joven seductora, sino a una víctima sometida a los deseos de su madre.
Todas las pinturas tienen que ver con la dialéctica de géneros. Hay un diálogo problemático entre lo masculino y lo femenino, entre pasividad o dominio. La cabeza del Bautista y la cabeza de Sansón están colocadas de la misma forma.Hay seis pinturas y
corresponden a tres tipos de heroína, cada una representada por dos pinturas.
En primer lugar, la heroína pura e inocente, sin culpa, a quien maltrata el
patriarcado; Susana y Agar, víctimas. Por otro lado, la mujer
adúltera y la samaritana, pecadoras arrepentidas a las que Jesús salva.
Finalmente, mujer fatal, Salomé la seductora y Dalila, heroína de los
filisteos.
Jesús y la
samaritana en el pozo, hacia
1640-1641, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza: pasaje del Nuevo Testamento en el que Jesús, de camino a Galilea,
descansa junto a un pozo y le pide agua a una mujer de Samaria con la
que entabla una conversación en torno al poder purificador del agua de la vida
eterna. El estilo naturalista de años anteriores ha dado paso durante el
periodo de madurez a un lenguaje clasicista y a una paleta de colores más
brillantes. La escena está representada fielmente, sin las libertades
narrativas de su obra temprana. Resulta una composición muy equilibrada, con
descripción realista de las telas, objetos y paisaje de fondo. Los personajes
se expresan mediante miradas y gestos cifrados, sin dirigirse al espectador.
Susana y los viejos, 1617, Óleo sobre lienzo. 176 x 208 cm. El lienzo es un ejemplo del naturalismo de su época temprana y narra un momento de gran tensión recogido en el Antiguo Testamento en el que los ancianos jueces observan libidinosos a Susana, quien calma el calor bañándose en una fuente de su casa. Susana es pura inocencia a pesar de su semidesnudo, de la tela fina y blanca que apenas la cubre, realzada por las azucenas y la luz nacarada luz que la envuelve, en contraste con la oscuridad del cielo y la densa vegetación de tonalidad terrosa y plomiza. La composición, con el juego de gestos de los jueces que apela al espectador, nos convierte en voyeurs en esta escena de acoso a Susana, hacia la que se desvía nuestra mirada.
Jesús y la mujer adúltera. Óleo sobre lienzo. 98,2 x 122,7 cm. Dulwich Picture Gallery, Londres. Obra temprana, pintada en el tiempo de su viaje a Roma, contiene los elementos característicos de su primer estilo, capacidad narrativa y habilidad para acercarnos a los personajes mediante el tratamiento del espacio y de los gestos. En un marco angosto, las figuras de medio cuerpo invaden la superficie pictórica, en la que un tratamiento de luces y sombras perfila el tenso diálogo en el que Jesús responde con el solo gesto de su dedo al juego de manos del fariseo. Al lado, la figura de la mujer, frágil, cabizbaja, en actitud de recogimiento, en contraste con la fuerza con la que el soldado la agarra por el brazo. El milagro del perdón: “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra” (Evangelio de San Juan).
Sansón y Dalila, 1654. Óleo sobre lienzo. 176 x
223 cm. Musée des Beaux-Arts, Estrasburgo. Obra del periodo de madurez en la
que se representa el momento en que Dalila, conocedora de que la fuerza de
Sansón reside en sus cabellos, se dispone a cortárselo. En este pasaje del
Antiguo Testamento aparece alguna licencia, como el que sea ella misma, y no un
soldado, quien realice la acción. Dalila aparece como guerrera semidesnuda de
perfil clásico que cumple con su misión para salvar a su pueblo. La composición
se dispone como aparato escénico y muestra a los personajes que interpretan su
papel en una secuencia lineal en la que se sucederán la acción de Dalila y la
captura de Sansón por los filisteos ocultos tras la columna.
Abraham repudia a Agar e Ismael. Óleo sobre
lienzo. 115 x 152 cm. Representa el momento en que Abraham, patriarca de
Israel, acuciado por su esposa Sara, expulsa de su casa a Agar y al hijo de
ambos, Ismael. Es ejemplo de las pinturas de marcado efecto teatral propias del
periodo de madurez, caracterizadas por el complejo estudio de los gestos con
que los personajes escenifican el melodrama. Las manos de Abraham indican
distanciamiento, mientras que Agar, con lágrimas en los ojos, protege al niño
con sus brazos. El tema central es la representación de los afectos, en este
lienzo de composición horizontal a modo de escenario, con figuras de medio
cuerpo y una paleta de colores muy vibrante con protagonismo del azul de
lapislázuli. También se recuerda a las
obras teatrales, a su vestuario, la descripción de las refinadas telas.
Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista, 1637, Óleo sobre lienzo. 139 x 175 cm. En este pasaje del Nuevo Testamento se plasma el momento en el que el verdugo deposita la cabeza de san Juan Bautista en la bandeja que sostiene Salomé antes de entregarla a su madre, Herodías. El artista aborda el tema de forma novedosa y representa una figura femenina junto a Salomé que no se menciona en la narración bíblica. Respecto a sus obras tempranas, Guercino ha dotado de más espacio a esta composición, en la que los personajes están inmersos en un claroscuro menos intenso y en la que la paleta cromática ha ganado en claridad. Una tensa calma envuelve a una Salomé arrepentida, lejos de la personificación del pecado y la venganza que se le atribuye en otras pinturas con el mismo asunto.
Otras obras con protagonistas femeninas.
Alegoría de la Astronomía, Blanton Museum of Art,
Austin, Texas, Estados Unidos.
Sibila pérsica, Museos Capitolinos
La reina Semíramis recibe la noticia de la revuelta de
Babilonia, Museo de Bellas Artes de Boston
Marte, Venus y Cupido. Galería Estense de Módena.
























































