El monte Abantos.
El monte Abantos es una montaña de la sierra de Guadarrama, en el sistema Central, que pertenece en su mayor parte al municipio madrileño de San Lorenzo de El Escorial y tiene una altitud de 1.753 m. El nombre le viene del ave abanto o buitre egipcio que era habitual en la época de Felipe II. También se le llamaba “Buen Monte del Oso” debido a la abundancia de especies de caza mayor. Su ladera sur fue elegida por Felipe II para construir el Monasterio de El Escorial, surgiendo alrededor el municipio de San Lorenzo de El Escorial.Este mes de agosto se recuerda que en agosto de 1999 se
declaró un incendio forestal que calcinó 450 hectáreas de bosque de pino
silvestre y resinero -unos 170.000 árboles- y destruyó los hábitats de animales
y aves. En el otoño del 2000 se inició una repoblación, que fue muy criticada.
Pero no es de esa repoblación de la que quiere tratar este artículo, sino de
otra anterior.
El monte estaba desarbolado y con un monte bajo que acusaba la pobreza del suelo. Se construyó una red de pistas y caminos y se instalaron viveros. En 1892 comenzó la reforestación, la primera científica, que se desarrolló durante 40 años, hasta 1911, año en que la Escuela fue trasladada a Madrid. Se habían repoblado 843 has de las 985 disponibles, con pino albar (Pinus sylvestris) y pino resinero (Pinus pinaster), acompañados de forma dispersa de abetos, pinsapos, hayas, alerces europeos, cipreses, olmos, castaños, arces. En 1961 se declaró espacio natural bajo la figura de “Paraje pintoresco”. Si en el siglo XVI el bosque era de robles, ahora son pinares, albares de origen natural (Pinus sylvestris) por encima de los 1.500 m y el resto de repoblación. Hasta finales del siglo XIX, el monte Abantos tenía extensiones de matorral, pastos y pequeños bosquetes cerca de los arroyos. Después de la reforestación, en las laderas más bajas, entre 900 y 1.300 m de altitud, se extiende la principal masa de pino resinero o negral, que ha sufrido una importante mortalidad por la falta de suelo, pero que se regenera bien, porque se adapta a la sequía y a los suelos pobres. Puede alcanzar 40 m de altura y 300 años de edad. Su resina se usaba para fabricación de colas, disolventes, etc. Por encima de los 1.300 m domina el pino silvestre, albar o de Valsaín, reconocible por el color anaranjado de sus ramas. Es árbol adaptado al viento y al frío. A finales de la primavera sus flores masculinas diseminan el polen amarillo (“lluvia de azufre”). El pino laricio abunda en el embalse del Romeral y Los Llanillos. Es característico su esbelto porte y el color gris plateado de su corteza. El pino piñonero, de corteza gruesa y rojiza, es común en el Tomillar. Hay sorpresas, como los pinsapos introducidos junto al arroyo del Romeral y La Barranquilla, que han demostrado capacidad de regeneración, o las hayas que se han adueñado de la zona del Trampalón, junto a algunos alerces europeos. En Los Llanillos, junto al Arboreto Luis Ceballos, hay una buena masa de fresnos. Escondidos entre el pinar o en las quebradas de los arroyos se encuentran pequeñas masas de abedules, castaños, robles melojos o rebollos, encinas, arces de Montpellier, cedros, cipreses, chopos, etc.
Como resumen puede decirse que los trabajos incluyeron observaciones meteorológicas, estudio hidrológico, botánico y del suelo, captación de manantiales y apertura de fuentes, selección de semillas y creación de viveros, siendo el más conocido el de Los Llanillos (área recreativa), aunque también se utilizó el jardín de la Casita del Príncipe y los patios de la Escuela (Casa de Oficios).
Recuperar un bosque maduro es tarea difícil. La reforestación debe ser planificada exclusivamente con criterios naturalistas. Para recuperar la biodiversidad debe realizarse con varias especies arbóreas que favorezcan la aparición de un nuevo complejo florístico. Los pinares de repoblación pasan por varias etapas antes de convertirse en un pinar maduro: establecimiento (25 años), exclusión del matorral (35 años), recuperación del sotobosque (80 años), madurez y equilibrio (80-100 años). El monte Abantos ha alcanzado su madurez y asegura la regeneración natural.
La situación actual del monte Abantos consiste en la repoblación de las zonas que se quemaron en 1999, pero con criterios alejados del naturalismo original. Los pinos jóvenes presentan elevada densidad y acusada mortalidad por las sequías. La escasez de suelo dificulta la regeneración natural y las sequías propician las plagas. Además, hay que prevenir las agresiones causadas por la cantidad cada vez mayor de excursionistas.
Para dar a conocer y valorar los trabajos que se
realizaron se ha creado la Ruta de Repoblación (www.sanlorenzoturismo.es),
de 10 km de recorrido y dificultad media. Se inicia (1) en el aparcamiento
Euroforum Felipe II, sigue el Camino de la Fuente de la Bola y la carretera
de la Presa del Romeral, construida en tiempos de Alfonso XIII. Pasa por el
arca del arroyo Romeral (sistema de abastecimiento) y, entre pinos laricios,
alcanza el Parque Forestal Miguel del Campo (2), (placa en la fuente de
La Teja, precursor de la ingeniería ecológica), creado en 1929 para celebrar el
éxito de la repoblación.
El itinerario sigue el agua hacia su nacimiento, hasta llegar al cordel del Valle y coger el Camino de los Gallegos, que toma su nombre de los jornaleros que bajaban desde Galicia para trabajar en las cosechas de Castilla la Nueva y Felipe II lo utilizaba para desplazarse a Segovia. Aquí, Miguel del Campo situó un importante vivero (3), que por su situación en la umbría se dedicaba a especies frondosas como fresno, aliso, chopo y sauce, mediante la siembra o la estaquilla. Encima y debajo de la fuente se aprecian restos de los bancales del antiguo vivero y de una alberca. La fuente, dedicada a Santiago Arroyo, el último guarda mayor del monte Abantos, y el abrevadero fueron construidos en 2017 por el Ayuntamiento.
Desde aquí se sube al mirador de los Alerces, (4), en el risco de gneis del Portacho, con sus pedreras y canchales. Miguel del Campo, mediante la experimentación, encontró las especies más adecuadas para cada zona. En cotas más altas plantó pino albar donde crece de manera natural. Sólo quería plantar especies autóctonas, pero se auxilió de flora exótica. Además de hayas y alerces hay pinsapos (arroyo de La Barranquilla), robles carballo (Pataseca) y cedros de Atlas (primer mirador).
Se vuelve al Cordel del valle, (7), desde donde se ve la cerca de Felipe II, el bosque de La Herrería, las cimas de Las Machotas, el pico del Fraile y Los Tres Ermitaños. El pastoreo había impedido la regeneración natural de la vegetación, por lo que en 1891 se prohibió la entrada de ganado en el monte, dejando 43 has para los animales de los vecinos pobres. Las vías pecuarias, caminos y servidumbres fueron un reto.
Siguiendo el camino de Alfonso XIII se pasa el arroyo
Helechal (8) y el monte Romeral. Tras su éxito en La Jurisdicción (monte
Abantos), Patrimonio Real contrató a Miguel del Campo para dirigir la
repoblación del monte del Romeral. Como en la Jurisdicción, en cotas más bajas
y en la solana plantó pino resinero, una especie resistente que coloniza suelos
pobres. Construyó caminos como el llamado de Alfonso XIII, que se hizo popular
por sus vistas y falta de desnivel. La obra civil más importante fue la pista
que va desde la M-600 hasta Los Llanillos y tuvo que salvar zonas accidentadas
con grandes terraplenes y puentes.
Camino de La Horizontal, (9). La explanada donde se encuentra el Restaurante Horizontal fue abierta en 1904. La zona se conocía como el Trampalón, al ser cenagosa. Allí se instaló un vivero al descubrirse un manantial que dio vida a la Fuente de la Salud. En 1918 se abrió un merendero. Aquí se iniciaba originalmente el Camino Horizontal, comenzado en 1904 y terminado en 1907. Iba de E a O, desde la explanada del Trampalón hasta la carretera de Robledo, a la altura de la presa del Batán, entre el Arroyo del Avispero y el Barranco de los Castaños. Tenía 4 m de ancho y 4,7 km de longitud y estaba señalizado con hitos de piedra labrada de forma tronco-cónica cada 100m.
A los jornaleros locales, la reforestación les dio trabajo, aunque fuera duro: tuvieron que utilizar picos para hacer los hoyos en el suelo pedregoso y se emplearon mozos para quitar las plagas de insectos de los pinos. Había que mantener una estrecha vigilancia al fuego desde garitas como la caseta en el risco de En medio e incluso llegó a haber un puesto de observación en el Cimborrio del Monasterio. En la repoblación se plantaron distintos tipos de árboles. Pinos: pino negral o resinero (Pinus pinaster), pino silvestre o albar (Pinus sylvestris), pino laricio (Pinus nigra). Frondosas: fresno (Fraxinus excelsior), roble melojo (Quercus pirenaica), chopo negro (Populus nigra). Hay tres especies de chopo o álamo: negro (o de Lombardía), blanco y temblón. También se plantaron especies exóticas: haya (Fagus sylvatica), roble carballo (Quercus robur), falso plátano (Hacer pseudoplatanus), alerce (Larix decidua), pinsapo (Abies pinsapo), cedro del Atlas (Cedrus atlántica).
También puede visitarse la sede de la Escuela de Montes, en la primera Casa de Oficios.




























































