lunes, 2 de noviembre de 2026

Besians

Besians es una pequeña población (45 habitantes) situada a 530 m de altitud en la comarca Ribagorza, provincia de Huesca. Está a tres kilómetros de Perarrúa, a cuyo término municipal pertenece. Su casco urbano se divide en dos por el río Ésera, quedando la parte antigua en elevación y la moderna junto a la carretera, ambas unidas por un puente medieval. Hay noticias de la población desde el siglo X, aunque el primer documento escrito conservado es de 1018. Desde el siglo XII perteneció a la catedral de Roda de Isábena, aunque en el siglo XVII hubo nobles laicos que ejercieron sus derechos sobre la jurisdicción civil, originándose conflictos. 

Perarrúa es un municipio de la misma comarca, también de escasa población (116 habs, INE 2025), situado a 517 m de altitud a orillas del río Ésera, afluente del río Cinca. Tradicionalmente estuvo asociado a la industria maderera y a la artesanía, siendo la villa con más carpinteros de Ribagorza. Durante las fiestas se representa la “pastorada”, obra de teatro popular que manifiesta las costumbres a través de dos personajes antagónicos.

La comarca de Ribagorza tiene una de sus principales señas de identidad en los puentes medievales sobre sus tres ríos (Ésera, Isábena, Noguera Ribagorzana), en las zonas donde se concentró la población desde época medieval. Las construcciones civiles se convirtieron en equipamientos de vital importancia en todos los sentidos, desde lo económico y social hasta el político y estratégico. Se conserva un largo listado de ellos: Roda, La Puebla, Serraduy, Perarrúa, Graus, Besians, Montañana, Obarra, Beranuy, Herrerías de Calvera, etc.


El puente de Besians, destacado por su esbeltez y altura, es medieval, entre los siglos XII y XIII, aunque con modificaciones en siglos posteriores. Mide 45 m de longitud y tiene perfil de lomo de asno, calzada estrecha con pretil, tajamares en ángulo en las dos caras y cuatro ojos: el principal del medio, dos pequeños de medio punto con imposta en un lado -orilla izquierda, los más antiguos-, y otro apuntado en el lado opuesto. El gran arco central, que obliga a unas pendientes muy acusadas, es debido al propósito de evitar construir los pilares sobre el lecho del río.



 




En las caras interiores de los pilares del arco central se han conservado los mechinales de construcción, que servían para clavar en ellos las vigas de sujeción de las cimbras de madera, necesarias para la colocación de las dovelas y para servir de andamio a los canteros.



 





Además del icónico puente, el otro monumento de Besians es la iglesia románica de san Juan Evangelista, del siglo XII, situada en el barrio alto y parcialmente en ruina. El aparejo es de sillería, con piezas de tamaño mediano dispuestas a soga, produciendo una impresión uniforme.




 

Tiene planta rectangular con cabecera semicircular orientada al este, torre adosada al costado sur junto al ábside con capilla en su primer cuerpo comunicando con la nave; tres capillas más que no rebasan el grosor de los muros y cripta bajo la cabecera. Al exterior, la separación del ábside y la cripta se marca mediante un retranqueo que afecta también a la base de la torre. Dos lesenas marginales enmarcan el cilindro absidal de la iglesia superior. El ábside queda centrado por un alargado ventanal de doble derrama.   


La cripta reproduce en planta la forma del ábside superior. Se ilumina mediante dos ventanales de derrama exterior y escalonados al interior, con una dirección muy sesgada hacia el centro de la estancia. El muro de cierre de la cripta, en el que se aprecias varias hornacinas, viene a coincidir con el final del presbiterio. La bóveda de la cripta es muy rebajada y obliga a que los medios puntos del vano de acceso a la misma y de los ventanales se realizaran en la estructura de la misma, con dirección muy oblicua hacia su interior.

 


Después del ábside hay un amplio presbiterio cubierto por medio cañón que aloja en la base de sus muros sendas capillas. La meridional aprovecha el espacio bajo la torre y posee un absidiolo orientado al este. La septentrional es un simple absidiolo de escasa profundidad orientado al norte y realizado en el espesor del muro presbiteral. A su izquierda, en el arranque de la nave, una puerta de medio punto da acceso al exterior y a una escalera intramuro que, haciendo ángulo, desciende hasta la cripta. Llama la atención la asimetría de la bóveda, como si su asentamiento tras retirar las cimbras fuese desigual. En el lado sur del presbiterio queda una de las cruces de consagración del templo.



La nave está dividida en tres tramos, de los cuales solo los dos primeros son de la obra original, correspondiendo el tercero a una prolongación posterior al siglo XVI. Cubre con bóveda de cañón, mientras que el ábside lo hace con cuarto de esfera, lo mismo que las capillas.

La puerta original abría junto a las bases de la torre de campanas; al exterior queda visible la arcada cegada. 

Presenta características que la relacionan con las iglesias de San Martín de Caballera, San Martín de Perarrúa y Santa engracia del castillo de Pano. Se trata de un grupo de construcciones que introducen formas constructivas diferentes a las lombardas imperantes en el valle del Ésera.

En Perarrúa hubo una aldea, poblada hasta los años 60-70 del siglo XX, ahora despoblada, El Mon, entre las sierras de Torón y Campanué. El origen puede ser romano, aunque los primeros textos datan del siglo VI, con el nombre de Petraroveida, del que quedan los restos de la ermita de San Martín. En el siglo VIII se construyó una defensa que, bajo el dominio musulmán se denominó Qasr Muns y, bajo los cristianos (siglo XI) Castro Pelato o Castillo de Perarrúa. Sus restos ruinosos son visibles desde la carretera. De la propiedad real pasó a la señorial.

Tenía 13 casas y, en las afueras, el castillo e iglesia de San Clemente y los restos de San Martín, todo como un conjunto disperso. Obras públicas eran un lavadero y un puente-arcada en el margen del barranco de El Mon. 

La tipología de las casas era una edificación principal (planta baja, patio, espacios para el ganado, y dos pisos, vivienda y “falsa”), pajar, cuba, era y huerto. Las más antiguas parecen datar de los siglos XVII y XVIII, destacando Casa Sancerni, con una superficie de unos 600 m2, elementos externos góticos (vanos y portada) y defensivos (matacán y aspilleras).

jueves, 29 de octubre de 2026

Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos (1850-1914).

El pálido semblante del amor verdadero, Eleanor Fortescue-Brickdale, 1899

El prerrafaelismo fue concebido en 1848 en Gran Bretaña, por siete entusiastas jóvenes aspirantes a artistas que formaron la Hermandad Prerrafaelita, en un intento de modernizar el arte británico. Buscaban inspiración en el arte realizado antes de Rafael (1483-1520), figura predilecta del gusto académico dominante. A lo largo del periodo victoriano fue objeto de discusión, con Ruskin como principal defensor y con protagonistas femeninas como Dante Gabriel Rossetti, William Morris, Edward Burne-Jones, J. E. Millais o W. H. Hunt. 

La exposición que presenta Fundación Mapfre constituye una manifestación del reconocimiento de estas creadoras como Elizabeth Siddal, Joanna Boyce, Julia Margaret Cameron, May Morris, Marie Spartali Stillman, Evelyn De Morgan o Eleanor Fortescue-Brickdale, históricamente eclipsadas. El proyecto pone de relieve las diversas vías de los procesos creativos y propone una nueva lectura en la relación con la progresiva incorporación de las mujeres al ámbito artístico británico transformándolo desde dentro.

El pastor distraído, William Holmant Hunt, 1851.

Aunque la Hermandad Prerrafaelita estuvo integrada exclusivamente por hombres, numerosas mujeres desempeñaron un papel fundamental, superando las limitaciones impuestas por un sistema que restringía su acceso a la formación académica y a la presentación de su obra en las instituciones oficiales. Muchas artistas encontraron oportunidades a través de redes informales de aprendizaje.

El recorrido expositivo se articula en nueve secciones temáticas, con un hilo cronológico que muestra tanto la evolución de este lenguaje artístico como las transformaciones del contexto.

Ofelia, John Everett Millais, 1852

EL MOVIMIENTO PRERRAFAELITA

El prerrafaelismo como movimiento artístico se ha identificado con los miembros fundadores de la autodenominada Hermandad Prerrafaelita (John Everett Millais, William Holman Hunt o Dante Gabriel Rossetti), así como con adeptos (Ford Madox Brown, Edward Burne-Jones o William Morris), que proponían una modernización del arte alejándolo del academicismo imperante. El nombre procedía del rechazo a los cánones artísticos derivados del Renacimiento italiano, cuyo gran referente era Rafael (1483-1520), prefiriendo a Piero della Francesca (c. 1410- 1492) y artistas del norte de Europa como Alberto Durero (1471-1528), es decir, anteriores a Rafael.


Medea, Evelyn de Morgan, 1889

MUJERES PRERRAFAELITAS

Las mujeres artistas desempeñaron un papel decisivo en la evolución del estilo, inicialmente con núcleo masculino, que les ofreció mayores oportunidades. En los ideales prerrafaelitas de observación de la naturaleza, sinceridad artística e independencia creativa, las mujeres encontraron una vía favorable para sus propias carreras. Artistas como Elizabeth Siddal, Joanna Boyce, Marie Spartali Stillman, Evelyn De Morgan, Emma Sandys, Kate Greenaway, Fanny Bunn, May Morris o Julia Margaret Cameron desarrollaron su actividad artística en la senda del movimiento.

 


La luz del mundo, William Holman Hunt, 1853

ARTS AND CRAFTS

Este movimiento artístico y social surgió en Gran Bretaña a finales del siglo XIX inspirado por las ideas de John Ruskin y William Morris. Defendía la artesanía, la calidad de los materiales y la creatividad individual frente a la producción industrial, y prolongó a nivel práctico los ideales prerrafaelitas, pues trasladó al diseño de objetos el interés por la naturaleza, el medievalismo y el valor simbólico de las artes. Reivindicó disciplinas como el bordado, las vidrieras, la joyería, la ilustración y el diseño textil, y las elevó a la categoría de bellas artes, abriendo nuevas oportunidades profesionales para las mujeres.

 


La infancia de la Virgen María, Dante Gabriel Rossetti.

CAPTAR LA AUTENTICIDAD DE LO REAL

La fidelidad a la realidad fue uno de los principios esenciales del prerrafaelismo, practicando la observación directa de la naturaleza y la representación minuciosa de cada detalle. Este enfoque favoreció a las mujeres, que tenían un acceso muy limitado a la formación artística oficial, al permitirles encontrar temas en espacios accesibles y demostrar habilidad técnica y profesionalidad. El reverso lo constituyó la asociación que establecía la cultura victoriana entre las mujeres y la paciencia y el trabajo meticuloso, cualidades vinculadas tradicionalmente a actividades artísticas consideradas menores como la copia.

 

The Order of Release, Millais, 1853

I Un arte de la vida cotidiana

En 1848, el ascenso de las clases medias estaba generando la demanda de un arte centrado en la realidad contemporánea. Este nuevo enfoque, conocido como «realismo», proponía representar la vida cotidiana y reflexionar sobre el presente. Frente a las tradiciones culturales de la élite, ofrecía al público un reflejo de su propio tiempo. Sus detractores consideraban que los asuntos cotidianos eran vulgares, triviales e indignos del arte. Sin embargo, este enfoque abrió nuevas posibilidades a las mujeres artistas, que pudieron abordar temas más cercanos a su experiencia.



Proserpina, Dante Gabriel Rossetti.

II Realidades imaginadas

Las primeras pinturas prerrafaelitas expuestas en 1849 fueron composiciones inspiradas en fuentes literarias, históricas y religiosas, son sensibilidad romántica, pero desde una perspectiva realista. Este planteamiento se inspiró en los manuscritos iluminados medievales, las antiguas baladas inglesas y la obra de Alberto Durero y William Blakel.




Perseo y Andrómeda, Frederic Leighton, 1891

III Belleza y verdad en la naturaleza

La pintura de paisaje era una de las tradiciones más apreciadas del arte británico. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, los sectores más progresistas comenzaron a percibir la naturaleza como un patrimonio amenazado por la industrialización y la urbanización, con el ferrocarril como uno de los símbolos de esta transformación. Para pensadores como John Ruskin, el paisaje rural adquirió el carácter de un tesoro nacional en peligro, con una dimensión moral y social. El prerrafaelismo hizo suyo este ideal y produjo paisajes de gran intensidad.

 

Arts and Crafts, William Morris

IV «Un mundo en un grano de arena»

La profunda fascinación por el mundo natural se alimentó del descubrimiento constante de nuevas especies animales, vegetales y minerales. La tarea fundamental era el interés por la naturaleza con la celebración de lo cotidiano y de lo exótico, grandioso o diminuto. Al artista le eran indispensables disciplinas como la geología, la botánica, etc.

 


El brunswicker negro, John Everett Millais

V Personajes de la realidad y de la ficción

La fascinación de la sociedad victoriana por los personajes determinó el atractivo del retrato entre un público cada vez más amplio. Al mismo tiempo, la literatura incorporó nuevos personajes a los ya aportados por Shakespeare o Byron. Ante la competencia de la fotografía, los pintores respondieron potenciando la riqueza visual de sus obras. Así, desde la década de 1870, aparecieron retratos de personajes reales y ficticios caracterizados por la intensidad cromática y la complejidad ornamental, evolución que contribuyó al surgimiento del esteticismo.


Cristo en casa de sus padres, John Everett Millais, 1850

VI Inocencia decorativa

En consonancia con su tiempo, la mentalidad victoriana daba por sentado que las mujeres poseían una afinidad natural con la infancia y que la maternidad constituía su destino ideal. Con independencia de su posición social, se esperaba de toda mujer que aspirara a convertirse en esposa y madre. En consecuencia, también se consideraba que las artistas tenían una especial aptitud para retratar niños y un interés innato por hacerlo. El énfasis prerrafaelita en la sinceridad y la observación de la realidad impulsó una renovación de la imagen tradicional de la infancia. Como resultado, la representación de la infancia experimentó un notable impulso que acabaría desembocando en el auge de la llamada «pintura de hadas”.


Lady Lilith, Dante Gabriel Rossetti, 1866

VII Lo útil y lo bello

El movimiento se oponía a los efectos de la producción en masa y al consumo de objetos baratos y de mal gusto, al tiempo que reivindicaba la dignidad del trabajo artesanal. Admirador de Ruskin, Morris colaboró con Dante Gabriel Rossetti, Ford Madox Brown y Edward Burne-Jones en la creación de objetos útiles y bellos destinados a la venta. De esa alianza surgió el movimiento Arts and Crafts, principal expresión del credo prerrafaelita en las artes aplicadas. Esta evolución brindó a las mujeres la oportunidad de transformar habilidades tradicionalmente domésticas, como el bordado o la pintura sobre porcelana, en actividades profesionales. 

La muerte del rey Arturo, James Archer, 1860.

VIII Medievalismo

Es posible considerar la Edad Media (700-1500) como un período «prerrafaelita», pues su final coincide simbólicamente con la irrupción de Rafael y el triunfo del clasicismo renacentista sobre la estética gótica. De ahí que la plasmación del entusiasmo victoriano por la etapa medieval suela denominarse estilo «neogótico». En este contexto, el medievalismo constituyó una corriente fundamental dentro del prerrafaelismo. Esta poderosa atracción ejercida sobre la sensibilidad victoriana se basaba en la consideración de la Edad Media como una era cristiana en la que la sinceridad, la piedad y el sentido comunitario prevalecían sobre la sofisticación mundana.


La Ghirlandata, Dante Gabriel Rosetti, 1871

IX Esperanzas y sueños

Durante gran parte del siglo XIX las aspiraciones de las artistas se vieron limitadas por los prejuicios y la tradición. Antes de mediados de siglo eran pocas las mujeres dedicadas al arte y se las consideraba marginales o meras aficionadas, autoras de obras menores. A finales de siglo, el acceso a una formación artística más rigurosa, a los viajes de estudio y a una educación más amplia había mejorado notablemente la situación de las artistas. Para entonces, los varones vinculados al prerrafaelismo eran admirados por su idealismo, imaginación y capacidad para plasmar ideas complejas. Muchas mujeres siguieron ese camino y abordaron obras de mayor formato y densidad intelectual.


El despertar de la conciencia, Hunt, 1853


Hilas y las ninfas, Waterhouse


Rienzi jurando vengar la muerte de su hermano menor, William Holman Hunt, 1849


Dama colocando un banderín en la lanza de un caballero, Elizabeth Siddal, 1856




Autorretrato, Mary Severn, 1862


Alethea, Julia Margaret Cameron, 1872


Funda de cojín, May Morris, 1900, Seda bordada sobre lino liso, 58,4 × 54,9 cm. 


Vista desde la ventana de Balcony House, Alice Boyd, 1864



domingo, 25 de octubre de 2026

El valle de Benasque: Arte.




En otros artículos sobre el valle de Benasque (Huesca) ya se ha comentado algo sobre el arte, relacionado normalmente con las iglesias de los pueblos (origen románico en muchos casos) y con casonas nobiliarias, algunas fortificadas. Muchas de las iglesias están en los pueblos, otras son ermitas.

 

Entre las primeras se encuentran san Félix de Eriste (s. XII, muy reformada) o San Pedro de Villanova. Tenemos constancia de la existencia de la población al menos desde el siglo XI. La villa se articulaba en dos barrios perteneciente cada uno de ellos a un señorío, cada uno con su propia iglesia románica: Santa María y San Pedro (finales del siglo XII), que además de ser la parroquial, es el santo patrón titular del pueblo. Es un edificio cuyo máximo interés radica en ser una muestra de la hibridación de las pervivencias lombardas y de las novedades jaquesas que se produjo en el valle de Benasque durante el siglo XII. Es la iglesia románica más grande del valle y está relacionada con el cercano monasterio de Obarra.





Es un templo construido en sillería dispuesta en hiladas regulares, salvo algún cuerpo añadido con posterioridad (como la sacristía). Presenta una sencilla planta rectangular de una nave, presbiterio muy desarrollado y cabecera semicircular orientada al este. Ante el presbiterio se abrían dos capillas cuadrangulares, aunque la situada en el costado norte fue eliminada durante la restauración. También en el costado norte, junto a la cabecera, sobresale el volumen cuadrangular de la sacristía.





La nave, dividida en dos tramos por un arco fajón de medio punto, cubre con bóveda de cañón. El presbiterio y la cabecera, de una altura muy inferior a la nave, lo hacen con cañón y cuarto de esfera, respectivamente. La capilla sur, que presenta embocadura de arco de medio punto, cubre con bóveda de cañón con lunetos. Los vanos de mayor interés son los del ábside: tres ventanas en arco de medio punto de doble derrame, correspondientes a la obra original. En el costado norte del presbiterio se abre un estrecho pasadizo abovedado que da acceso a la sacristía, que con cielo raso.

 




Es en el exterior donde resulta más patente esa hibridación de estilos, sobre todo en los elementos decorativos: arquillos de medio punto ciegos en el ábside y ménsulas molduradas soportando el alero de las naves. 






El acceso se realiza por el costado sur, a través de una puerta en arco de medio punto que presenta capiteles moldurados rematando las jambas y una gran punta de diamante tallada en la clave. Sobre ella hay un crismón trinitario, labrado en un bloque marmóreo. Presenta aro marco y tiene siete brazos y sus símbolos en posición ortodoxa. Además, los ya habituales "V" y "E" que hallamos en este valle ("Vallis Ésera" o "Victorian Eclesiae", según autores).



A los pies se eleva una espadaña de dos ojos de medio punto.

La pila benditera, semiesférica, presenta decoración de pencas en relieve y mano sujetándola en la parte inferior, como es habitual en las iglesias del valle (siglo XVII).

En fotografías antiguas conservadas en la sacristía de la iglesia, pueden verse dos elementos desaparecidos, el pequeño pórtico que protegía la portada, y el coro alto que existía a los pies, del que destacaba la balaustrada de madera, datable como muy pronto en el siglo XVI.





En el interior, el ábside dispone de un retablo gótico de principios del siglo XVI (1520-1530) que oculta parcialmente los vanos que abren al exterior.

En la capilla lateral sur se ubica la sencilla pila bautismal, que bien pudiera ser la original del templo.




 



Entre las ermitas tenemos, en las afueras de El Run, la ermita de la Virgen de Gracia, magnífico ejemplo del románico lombardo. Está situada en un paraje natural a los pies de la sierra de Chía, en un antiguo camino que salvaba el desfiladero del congosto de Ventamillo. Esta joya medieval fusiona la tradición constructiva local con la influencia del arte lombardo y fue ejecutada por canteros locales, aunque siguiendo la forma de construir y decorar lombardas.

 


Es una iglesia de nave única con cabecera semicircular orientada al este y una pequeña torre dispuesta sobre la bóveda de la nave, próxima al ábside. Está construida en piedra sillar sin desbastar, alternando con sillarejo en el ábside y el primer tramo de la nave, y de sillarejo de piedra toba en la torre. El aparejo del segundo tramo de la nave es también de sillarejo, aunque ligeramente más irregular; el muro de ese tramo tiene además menor grosor que el precedente. Llama la atención el mayor tamaño y rudeza de los situados en la porción inferior del templo, por debajo de los vanos. Todo el edificio está cubierto con tejado de losa dispuesto a dos aguas.




Muestra dos fases constructivas: una primera, con rica decoración lombarda en la fachada principal, y una posterior, de factura más sencilla. La cabecera, la primera mitad de la nave y la torre seguirían la tradición lombarda y serían más antiguas.


 




Su nave única y el ábside semicircular son características del estilo románico, visibles en otros muchos pequeños templos del valle. Desde el exterior son fácilmente identificables los elementos característicos del románico lombardo. En su ábside, sobre su zócalo, arrancan unas toscas lesenas o pilastras y una galería de arquillos ciegos recorre todo su perímetro en la parte superior. Una lesena/pilastra a mitad del muro sur delimita la porción posterior de la nave, carente ya de decoración lombarda.


 


El ábside va montado exteriormente sobre un zócalo de 1,70 m de altura en el que apean dos lesenas, de función tanto decorativa como estructural, que dividen el hemiciclo en tres bandas decoradas por arquillos ciegos (3-6-3), que se continúan en los muros de la primitiva nave. Se conservan algunos vanos originales en esta zona: uno en el centro del ábside, en arco de medio punto con doble derrame, y otro similar en el muro sur; junto a este hay una pequeña ventana aspillerada, con doble derrame, que fue abierta con posterioridad. 


La singularidad de este templo está en su pequeña torre campanario de planta cuadrada que presenta en cada paño ventanas geminadas en arco de medio punto. Las ventanas están insertas en cuadrados rehundidos decorados en su parte superior con cinco arquillos ciegos sobremontados por un friso de dientes de sierra; en los tímpanos de los arquillos del lado norte se conservan restos de una decoración románica. La torre está cubierta con una especie de bóveda esquifada y tejado de losas a cuatro vertientes.



Imagen generada por IA

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Lo que añade valor es que esta atrevida torrecilla está erigida directamente sobre la bóveda del tramo anterior de la nave. El único "refuerzo" en el primer momento edificativo fueron las lesenas/pilastras que adosadas a los muros laterales coinciden con la carga del lienzo occidental de la torrecilla. Esta torre replica en hechura al último cuerpo de la torre de San Clemente de Tahull y destaca por la cuidada factura de sus elementos edificativos. Su escorzo hacia el norte debió hacer temer su desplome, por lo que ya en el siglo XIII se edificaron los dos refuerzos al interior, arcos diafragma apuntados, afianzando la bóveda en los lugares de empuje de los lienzos este y oeste de la torre.

La puerta, adintelada, se abre hacia los pies en el lado sur, sustituyendo a la portada románica original, de medio punto dovelado -así permanece al interior-, que se encontraría en el mismo lugar. Presenta una moldura en baquetón que recorre su dintel y jambas.

Al interior consta de una nave dividida en cuatro tramos de dimensiones muy irregulares, un corto presbiterio y ábside semicircular. La nave y el presbiterio se cubren con bóveda de medio calón y el ábside con cuarto de esfera. 


Abre en este lienzo el ventanal de medio punto dovelado de similar hechura al de la cabecera. Y como al añadir al interior fajones en un momento posterior, quedara parcialmente inutilizado, se abrió en ese momento otro, adintelado, por delante del original.

El templo está dedicado a Nuestra Señora de Gracia, advocación medieval que simboliza protección, intercesión y esperanza para los fieles.

 

 

Otra ermita es San Esteban de Conques. A Conques se puede ir desde Anciles o desde Eriste, cruzando el puente en la cabecera del embalse de Linsoles (mejor indicado). Conques fue señorío perteneciente a la familia de los Bardaxí, linaje de origen medieval, cuyos miembros ocuparon a lo largo de los siglos cargos de importancia, no solo en Ribagorza sino también en Aragón. Estos Bardaxí de Conques fueron además señores de Benasque, Villanova y Ramastué. 

"Descendía esta familia de Ximeno Fortuñón, caballero que peleo junto a Alfonso I el Batallador, quien como agradecimiento y según era su costumbre, le donó el valle de Bardaxí, del cual tomó su nombre. Intervino la familia Bardaxí en distintos acontecimientos históricos, apoyando decididamente la causa de los duques de Villahermosa en la sublevación de los ribagorzanos contra Felipe II, coyuntura bien aprovechada por el monarca para recuperar las tierras de la Ribagorza e integrarlas en su corona, tierras que hasta ese momento habían sido de Martín, duque de Villahermosa. El secretario de Felipe II, Antonio Pérez, implicó en su huida a Antonio de Bardaxí enemistándolo así con el rey, que ordenó el encarcelamiento y confiscación de sus bienes en el año 1592 y la demolición de todos sus castillos, incluso el de Conques que fue arrasado. Hoy solo queda de él los restos de una torre junto al palacio edificado en el XIX." (José Luis Aramendía: El Románico en Aragón. Tomo II Cuencas del Ésera y Cinca. pág. 149). 

Idealización. Imagen generada por IA

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El despoblado de Conques es un tranquilo paraje abierto ya de antiguo entre los bosques cerrados de fresnos y abedules. A comienzos del siglo XI ya era un lugar lo suficientemente importante como para que sus propietarios promocionaran esta pequeña iglesia y recurrieran para ello a los maestros lombardos, que alrededor de estos mismos años, trabajan en Obarra, Urmella, Roda de Isábena, Villanova, etc. La ermita de San Esteban de Conques está aislada entre prados y bosque, al lado de la torre y casa de Conques. Es una de las ermitas más antiguas de Ribagorza (iniciada en el primer tercio del siglo XI), que los constructores lombardos dejaron interrumpida, al igual que otras de la zona.

Es un edificio orientado, construido en sillarejo, encalado tanto al exterior como al interior, con cubierta de pizarra a dos aguas muy pendiente.

Tiene planta rectangular con cabecera semicircular orientada al este. Al exterior los rasgos más destacados se concentran en su cabecera. Su paramento exterior está dividido por dos lesenas en tres paños coronados con cuatro arquillos lombardos por paño, perceptibles pese al inconveniente revoco que cubre los muros exteriores. En cada uno de estos tramos abre una ventana abocinada de doble derrame, cubiertas con boveditas cónicas. El actual recrecido del terreno impide constatar si existe un probable zócalo del que arrancarían las lesenas.



La portada se sitúa a los pies y es mucho más tardía. Es en arco rebajado con trasdós moldurado, que apea en jambas de piedra. En el muro norte, próxima a los pies, se advierte una portada adintelada cegada, más antigua, aunque muy probablemente tampoco es la original.


 

En el interior la nave está dividida en dos tramos por un arco diafragma apuntado que apea en pilastras. El ábside, que abarca el ancho de la nave, se cubre con bóveda de cuarto de esfera sobre la que no hay seguridad si pertenece o no a la fase lombarda. 

La cabecera es ligeramente más baja y ante ella se conservan dos pares de pilastras de esquina triple que no soportan nada. Según todos los indicios, y su parecido a soluciones en otros templos lombardos de la comarca (como Urmella) debieron de estar destinadas a soportar bóvedas de arista característicamente lombardas, que no llegaron a construirse. En su lugar, la cabecera cubre con bóveda de cuarto de esfera y la nave con bóveda de cañón.  

Tiene coro alto de madera a los pies, al que se accede mediante escalera de obra adosada al muro sur.

Idealización. Imagen generada por IA

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Es a comienzos de este siglo cuando se construye la actual cubierta y espadaña, se dispone la actual puerta de entrada. Se revocaron con mortero de cemento los paramentos exteriores de los muros y su color grisáceo se disimuló pintándolos en blanco. Se enlució el interior. La ermita, hoy abandonada, es un triste almacén de objetos abandonados. 

Son de alto interés las claras relaciones que esta iglesia presenta con las de San Caprasio (Santa Cruz de la Serós), Saint Martín de Cazarilh y Nôtre Dame de Trébons, estas dos últimas en el vecino valle francés de Larboust (Haute Garonne, Francia). Todas ellas obras lombardas construidas en el primer tercio del siglo XI, que comparten su tipología estructural y de planta.





Al lado de la ermita esta Casa Conques, con una torre defensiva mucho más reciente y un escudo de los Bardaxí.