sábado, 17 de octubre de 2026

Plasencia

Es una ciudad y municipio de la provincia de Cáceres que cuenta con una población de 40.132 habitantes (INE 2025) y se sitúa a la entrada del valle del Jerte, a 352 m de altitud y a orillas del río Jerte (embalse de Plasencia), tributario del Alagón. En el terreno predominan los sedimentos precámbricos constituidos por pizarra y granito, y los cuaternarios en las plataformas aluviales del río Jerte. El paisaje predominante es el de dehesas de encinas o de alcornoques, pastos y vegetación de ribera. 

El territorio estuvo habitado en la prehistoria (restos de cerámica en la cueva de Boquique) y en época musulmana (Torre del Ambroz, siglo VIII), pero la actual ciudad se fundó en 1186 por Alfonso VIII. La diócesis se fundó en 1189 por el papa Clemente III. Al estar en zona fronteriza pasó tiempos difíciles y fue tomada por los almohades en 1196 (derrota en la batalla de Alarcos, 1195), aunque recuperada ese mismo año. A finales del siglo XIII le fue otorgado el Fuero, que favoreció la convivencia entre las distintas religiones. En una de las Cantigas de Santa María, de Alfonso X el Sabio, “Toro de Plasencia”, hay una de las primeras referencias sobre una corrida de toros. En el siglo XIV tuvo derecho a voto en las Cortes de Castilla, que perdió al pasar en 1442 (Juan II) a manos de la familia Zúñiga (conde de Plasencia). En 1446, el obispo cardenal Juan de Carvajal creó unos estudios de Humanidades, los primeros en Extremadura. 

En la segunda mitad del siglo XV, el conde de Plasencia participó en el conflicto por la sucesión de Enrique IV de Castilla, cuya hija, Juana la Beltraneja, casó con Alfonso V de Portugal en esta ciudad, en 1475. Los nobles se alzaron en armas contra los Zúñiga en 1488, apoyados por los Reyes Católicos, y la ciudad recuperó su estatuto de realengo. Por su clima saludable, aquí residió Fernando el Católico en 1515. Entre 1520 y 1522, durante la Guerra de las Comunidades, participó en el bando comunero. En 1539, el obispo Gutierre de Vargas Carvajal financió una expedición al estrecho de Magallanes.



La ciudad sufrió la guerra de la Independencia con graves daños. En 1822, cuando Extremadura fue dividida en dos provincias, Plasencia disputó a Cáceres la capitalidad, lo que reafirmó constituyéndose en Cantón durante la Primera República. La Restauración fue una época importante, con reformas económicas y sociales y la llegada del ferrocarril. La ciudad quedó inmortalizada en 1917, cuando Joaquín Sorolla pintó El mercado (serie Visión de España, Hispanic Society de Nueva York). La sublevación militar de 1936 triunfó en la ciudad inmediatamente. La segunda mitad del siglo XX fue un periodo de gran desarrollo.





La Plaza Mayor es el centro de la ciudad, en ella se celebra el mercado franco desde la Edad Media y se ubica la casa consistorial.

La Casa Consistorial está en la antigua sede del Concejo. El edificio original se construyó entre 1517 y 1523 y se modificó en los siglos XVII y XVIII. En lo alto está el Abuelo Mayorga, autómata considerado un símbolo de la ciudad.



 



La muralla protege el casco antiguo, permitiendo el paso a través de sus puertas (Trujillo, Coria, Berrozanas, Sol, Talavera, Clavero, postigo del Salvador).




Plasencia es la sede de la diócesis de su nombre, por lo que tiene catedral, la vieja (siglos XIII-XIV, estilo románico, arquitecto Juan Francés, sala capitular) y la nueva, que pretendía sustituirla. Se proyectó a finales del siglo XV y en ella trabajaron arquitectos como Juan de Álava, Francisco de Colina, Covarrubias, Diego de Siloé y Rodrigo Gil de Hontañón. Destacan el coro de Rodrigo Alemán y el retablo mayor de Gregorio Fernández. Las obras se pararon en 1760 y no se reanudaron.

Hay otras iglesias, las parroquiales, ermitas y conventos.

Las obras de construcción de la Nueva Catedral se iniciaron por la cabecera en los primeros años del siglo XVI, siguiendo el modelo gótico tardío de planta salón, con tres naves, propuesto por Enrique Egas y sistematizado por Juan de Álava. Son admirables la complejidad del abovedamiento de la capilla mayor obra de Álava y la ingeniosa continuidad de Rodrigo Gil en la zona del transepto, cuyos nervios se continúan sin interrupción hasta cerca de la base de los grandes pilares. Son de gran interés las portadas platerescas, no sólo por sus soluciones arquitectónicas sino también por el significado de sus programas iconográficos.

Dentro del arte mueble, resalta con claridad el retablo mayor (Alonso de Balbás), paradigma de los retablos españoles del siglo XVII, y los retablos de la Virgen del Tránsito o de la Asunción (Joaquín y José de Churriguera), y el de las Reliquias. Es de apreciar la sillería del coro (Rodrigo Alemán, 1505) y la reja que lo cierra (1606).

 

Iglesia de San Nicolás.

Iglesia románica del siglo XIII con cabecera de tres naves que se simplifica en una sola a partir de la Capilla Mayor. Interesante testero ochavado del siglo XV, mientras que la cubrición del resto de la nave principal era de madera hasta las reformas de los años sesenta. Muy interesantes las capillas de enterramientos de Fernando de Loaisa de mediados del siglo XVI (lado de la Epístola) con bóveda de crucería estrellada y retablo sobre tabla de la Asunción de la Virgen, de 1561, de los artistas flamencos Juan de Flores y Jorge de la Rúa. Y la capilla del obispo de Coria, Pedro de Carvajal Girón (lado del Evangelio), cubierta con cúpula elíptica de principios del siglo XVII y estatua orante del prelado realizada por el escultor portugués Andrés Franciesco, natural de Estremoz.

El Fuero de la ciudad fijaba la portada Norte como lugar para resolver los pleitos y juicios entre judíos, árabes y cristianos.


Convento de San Vicente Ferrer.

Fue fundado por los condes de Plasencia Álvaro de Zúñiga y Leonor de Pimentel a mediados del siglo XV sobre el solar de la Sinagoga Vieja y de parte de la aljama judía. La iglesia sigue el modelo de las edificaciones dominicas especialmente adaptadas para la predicación: planta de cruz latina con capillas laterales en la nave única, que sirvieron de capillas mausoleo de las principales familias nobiliarias de la ciudad. El abovedamiento se realiza a través de nervios rectos y curvos con diferentes soluciones para cada tramo. El retablo mayor es un buen ejemplo de composición manierista de finales del siglo XVI. En la sacristía se mantiene un magnífico altar de azulejos de Talavera atribuido al artista flamenco Juan de Flores.

En el Convento (actual Parador de Turismo) destaca el Claustro (restos de artesonado mudéjar, esgrafiados y pinturas murales), el Cuerpo de Escalera (“Escalera de aire”), la sala capitular (bóveda de crucería estrellada de ocho puntas) y el refectorio (artesonado y azulejos talaveranos en los respaldos del banco corrido).

La presencia de familias nobles en el pasado ha hecho que se conservan una importante cantidad de palacios y casas señoriales: Marqués de Mirabel, Monroy o casa de las Dos Torres, Carvajal-Girón, casa del Deán, etc.

Casa de los Toledo Cadena.

Fue construida a finales del siglo XV por el clérigo Lope de la Cadena, ocupada con posterioridad por el matrimonio Rodrigo y Francisca de Chaves, amigos personales de San Pedro de Alcántara. A mediados del siglo XVI pertenecía al canónigo Andrés de la Cadena.

Es una de las casas, junto con la del Arcediano de Trujillo, que mantienen mayor personalidad de lo que fue la arquitectura hidalga bajomedieval y del primer renacimiento. Posee un interesante patio y un curioso juego de escalera. Destaca exteriormente una galería corrida de arcos carpaneles, a manera de solana, que tiene la tipología de esta clase de vivienda solariega.

Casa de las dos torres.

El aspecto actual se debe a las obras de renovación de la primera mitad del siglo XX en un estilo neohistórico/modernista. Originariamente se trataba de dos edificios unidos en uno sólo a través de su estructura horizontal, levantando en sus extremos dos elevadas torres cuadradas. El edificio de la derecha, cuya torre fue demolida en 1913, sería el más antiguo y perteneció a la familia Monroy, desde el siglo XIII al siglo XV, cuando la ciudad fue cedida por el rey Juan II a los Zúñiga y la casa vendida a los Carvajales. A partir de estos momentos será solar de los Carvajales, verdaderos detentadores del poder municipal, que la acondicionarán a los nuevos valores de estética de la oligarquía urbana, realizando mejoras como la solana renacentista del lado meridional con capiteles historiados de singular iconografía. Entre sus paredes vivieron o se hospedaron personajes como María de Monroy (“la Brava”), el rey Fernando el Católico, San Pedro de Alcántara y el que fuera cardenal Bernardino de Carvajal.

 


Según el Estatuto de Autonomía de Extremadura (2011), si hubiese un defensor del pueblo tomaría el nombre de Personero del Común y tendría su sede en Plasencia, para lo que el Ayuntamiento ha ofrecido la casa del Deán, casa-palacio medieval que data del siglo XVII. Es de sillería y su portada está adintelada con columnas toscanas. Destaca un gran balcón en ángulo neoclásico-corintio, coronado por el monumental escudo de Antonio Paniagua de Loaisa.

 





Al lado se encuentra la casa del Doctor Trujillo, de tres plantas y torre (ventanas trilobuladas y conopiales). Destacan las ventanas y la rejería. La puerta principal es de arco carpanel con grandes dovelas. En la tercera planta destaca la galería corrida. El nombre proviene de Alfonso Fernández de Medina, arcediano de Trujillo, que vivó aquí en el siglo XV.









El palacio del marqués de Mirabel fue la Casa de los Zúñiga, construido en el siglo XV como edificio fortificado por el recién nombrado por los Reyes Católicos como Duque de Plasencia, Don Álvaro de Zúñiga. Es el edificio de carácter civil más importante de la ciudad, abierto a la plaza de San Nicolás. Tiene fachada renacentista, con florido pensil en su parte izquierda (unión a la iglesia y convento de Santo Domingo, Parador Nacional), paso para carruajes en su centro y zona de habitaciones en la derecha. El patio es renacentista, de dos pisos con arcos de medio punto. En la parte posterior hay un balcón plateresco muy destacado. Contiene piezas arqueológicas y una colección de obras de arte cuya joya es el busto de Carlos V. 

Casa de los Carvajal / Girón.

Se levanta sobre las “casas grandes” del mayorazgo de la familia Carvajal. La construcción inacabada que hoy conocemos parte de los tiempos de Diego González de Carvajal y Constanza de Girón Loaisa (s. XVI), así como de su hijo Pedro de Carvajal, obispo de Coria (a. 1604 a 1621), enterrado en la iglesia de San Nicolás en su propia capilla mausoleo y con estatua orante.

En el edificio sobresale el equilibrio y la armonía arquitectónica de su fachada, por la que se accede a un amplísimo zaguán y desde este a un patio porticado inconcluso. La regularización de la plaza frente a la casa es consecuencia de la compra y demolición de unos solares a costa de la familia Ansano Carvajal (siglo XVIII).



Se conservan también construcciones relacionadas con el agua: acueducto (s. XVI, sustituyendo a otro del s. XII, 55 arcos), puentes (San Lázaro -s. XVI, gótico-, Nuevo -Rodrigo Alemán, s. XVI-, Trujillo -Vía de la Plata-), fuentes.

 













martes, 13 de octubre de 2026

El valle de Benasque: Excursiones.



El valle de Benasque dispone de unas posibilidades muy amplias para poder disfrutar de la naturaleza en un entorno excepcional. Son senderos llenos de vida, adaptados a todas las condiciones personales por su variedad de longitud, dureza, duración, etc.


 

Una ruta muy conocida, uno de los senderos clásicos, es la que lleva al Forau de Aigualluts, que sale del aparcamiento de La Besurta (bar). Hasta aquí se puede llegar con vehículo privado fuera de la temporada veraniega (segunda mitad de junio, julio, agosto y primera mitad de septiembre). Durante el verano se puede llegar hasta los Llanos del Hospital (a 13 km de Benasque ascendiendo el río, a 1.758 m de altitud) y seguir en autobús hasta La Besurta. También hay autobuses directos desde Benasque, aunque con menos frecuencia. Naturalmente, otra opción es caminar este tramo, pasando por zona de pastos, el Plan d´Están, ibón, etc.




Desde La Besurta puede llegarse al Forau de Aigualluts, en un recorrido bastante accesible, en poco más de una hora. La ruta nos permite admirar el macizo Possets Maladeta a placer. Puede hacerse la ruta de forma circular pasando por el refugio de La Renclusa (uno de los puntos de partida para la ascensión al pico Aneto), bordeando el Forau y pasando por la cascada del mismo nombre.



Desvío al refugio de La Renclusa


Gran rebaño de ovejas y cabras (unas 2.000) en el trayecto al Forau.






El Forau de Aigualluts constituye uno de los fenómenos kársticos más relevantes del Pirineo. Las aguas que proceden del pico Aneto se despeñan en estruendosa cascada de aguas cristalinas y desaparecen en un enorme sumidero enclavado en un idílico paraje rodeado de bucólicas praderas. La magia consiste en que el agua aparece a varios kilómetros de distancia, en el valle de Arán, en una cascada llamada Uelhs deth Joeu. 


Sequía

Imagen generada por IA

                                                   Cascada de Aigualluts. Arriba, el Aneto.

La mirada del Aneto vigila desde su imponente altura este espectáculo natural de belleza inigualable. La ruta también puede caminarse por el sendero que recorre la ladera norte del macizo de la Maladeta en el sector conocido como “la Ball”, en el que se pueden observar los elementos principales que componen el paisaje geomorfológico del Pirineo Axial: glaciares, ibones, zonas de meandros, dolinas, canales de aludes, morrenas, fallas, escarpes, karst, etc.

Desde la Besurta hay otro sendero que lleva a los ibones de Villamuerta.

 



Diversas leyendas nos cuentan el origen de estas montañas. Una de ellas la presenta como el fruto de una historia de amor entre Pyrene (princesa íbera, hija de Tubal, nieto de Noé) y Hércules. Unas montañas formadas por las enormes piedras amontonadas por Hércules sobre el cuerpo de su amada, la bella princesa Pyrene, singular sepulcro que daría lugar a la cordillera que llevaría su nombre, los Pirineos.

 

También se cuenta que el incendio provocado por Gerión en su lucha con Hércules, y que tuvo como víctima a Pyrene, desaparecieron animales, vegetación y pueblos enteros. Al apagarse las llamas las nieves lo cubrieron todo, aunque, tras el deshielo, la vida empezó a volver al bosque, las personas comenzaron a construir pueblos y los gigantes, atraídos por la belleza de las montañas, también las convirtieron en su morada. Como los gigantes eran despreciados por los dioses, vivían escondidos en lo más profundo del valle. Uno de ellos, con fama de mal carácter, se llamaba Netú y vivía perdido en las montañas junto a sus ovejas.  

Un día apareció un mendigo que se ganó el afecto de la gente del lugar, pues contaba historias a pequeños y mayores. Pasados unos meses, con ganas de ver mundo, decidió continuar su camino. Las gentes le advirtieron sobre Netú, pero el mendigo siguió su marcha y se adentró en el valle. Tras varios días de viaje, el agua y la comida se agotaron cuando vio un rebaño a lo lejos. Eran las ovejas de Netú, al que pidió ayuda. El gigante se la negó y el mendigo lo maldijo diciéndole que ojalá se convirtiera en piedra tan dura como su corazón. Y eso sucedió, Netú se transformó en una gran roca, la cima del Aneto.

Al gigante Aneto se puede ascender por dos vías tradicionales. Por la vertiente norte, se parte de La Besurta (por el Portillón o por el Salterillo), y por la vertiente sur, se inicia en Puente de Corones, en Vallibierna. Hay otras rutas, pero tienen mayor dificultad técnica.

 

Otra ruta interesante y bastante idónea (corta, escaso desnivel, 1 h.) es el Sendero botánico de las Gorgas de Alba. En la carretera de Benasque a los Llanos del Hospital hay un desvío a la derecha dirección Baños, al plan de Turpí, donde hay aparcamiento. El sendero va paralelo al río Ésera, permite conocer la forma del valle y cuenta con miradores y carteles informativos sobre las características de la vegetación: Acebo (Ilex aquifolium), Pino negro (Pinus uncinata), Cerezo aliso (Prunus padus), Abeto (Abies alba), Abedul (Betula pendula), Olmo (Ulmus glabra), muerto por grafiosis. A mitad de la ruta aparecen las impresionantes cascadas Gorgas de Alba.


Se comienza por la margen izquierda del río Ésera y encontramos una pequeña cascada formada por el barranco de Aigües Pases. Tras una zona rocosa se llega al bosque de pino negro, con tejos y abetos. De frente, el sendero lleva al bosque de hayas. De regreso, se cruza por una pasarela metálica desde la que se ven las Gorgas y un mirador sobre las aguas de Fuens de Alba, que proceden de los ibones de Alba.



Desde Cerler hay una ruta muy conocida, “Las tres cascadas”. Es circular, de menos de siete kilómetros y sin excesivas dificultades. Sale de la carretera al lado de la estación invernal y está señalizada con marcas amarillas y blancas de pequeño recorrido. A poco de salir aparece la sencilla ermita de San Pedro Mártir y se va ganando altura adentrándonos en el valle hasta el fondo donde tenemos la primera cascada, la más grande y la de mayor caudal, la de Ardonés (conocida como Bom). Un puente metálico y un tramo con sirga para asegurarse en la resbaladiza roca facilitan el paso a las siguientes cascadas, Clotet y Mascarada, que desaguan los barrancos de su nombre. El regreso es más sencillo, el valle se va abriendo. Se pasa por las terrazas de Paluenga y se llega a Cerler pueblo, que rodea la iglesia de San Lorenzo.


                                                            Protección contra las riadas 

 



Desde cada pueblo hay multitud de rutas sencillas, algunas de las cuales unían las distintas poblaciones antes de la mecanización del campo. Como ejemplos pueden citarse el paseo desde Benasque a Anciles, por carretera paralela al río Ésera; de Anciles puede irse a Eriste, cuyo embalse de Linsoles puede rodearse, o hacer un recorrido circular por la selva de Conques (casa Conques). Una ruta circular enlaza Anciles, Benasque y Cerler (unos 10 km). Desde Eriste puede remontarse el río Eriste por la margen derecha hasta el puente de Tramarius y la espectacular cascada de Espigantosa, entre bosques de hayas y abetos; se puede acceder en vehículo privado (desvío poco después del pueblo en dirección a Benasque), pero en verano hay que hacerlo en transporte público. Este camino sigue hasta el refugio Ángel Orús.

EL CAMINO DEL ÉSERA. Antiguas cabañeras y senderos recorren el valle de Benasque de norte a sur siguiendo el curso del río Ésera. La construcción de la carretera N-260, la disminución de la actividad ganadera y sus cambios de costumbres abocaron a estas vías a la infrautilización y a su deterioro. El camino del Ésera, con una longitud de 35 km, discurre aguas abajo desde el llano de La Besurta hasta la localidad de El Run, justo al inicio del Congosto de Ventamillo, uniendo en su recorrido diferentes pueblos del Valle de Benasque.

Las diferentes etapas son Besurta-Benasque, Benasque-Anciles, Eriste, Eriste-Sahún- Sesué, Sesué-Villanova, Sesué-Castejón de Sos, Castejón de Sos-El Run.




Para los que quieran emociones más fuertes está el Gran Trail Aneto-Posets, celebrado en julio, que consiste en una serie de carreras de alta montaña en el entorno de los macizos de la Maladeta y del Posets: Gran Trail Aneto-Posets, Vuelta al Aneto, Maratón de las Tucas, Vuelta a Cerler, Vuelta al Molino de Cerler, Kilómetro vertical.