Fedra
En la mitología griega, Fedra era una princesa cretense,
hija de Minos y de Pasífae y hermana de Ariadna, Deucalión y otros, y
hermanastra del Minotauro. Es una heroína que aparece en la tragedia, en el
Hipólito de Eurípides o la Fedra de Séneca, por el trágico amor por su hijastro.
Mosaico de Fedra e Hipólito en Pafis, Chipre.
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La leyenda cuenta que Teseo se unió a Heracles en la expedición contra las amazonas y raptó a una de sus reinas, Antíope o Hipólita, con la que tuvo un hijo, Hipólito. Después tuvo dos hijos, Acamante y Demofonte, con Fedra. Ésta se enamoró de Hipólito, que no le correspondió, por lo que, temiendo que le acusara frente a su padre, fingió que había sido agredida. Teseo la creyó y suplicó a Poseidón que Hipólito pereciese. Después Fedra se ahorcó y Odiseo se encontró con su sombra, junto a la de Ariadna y Procris, en el inframundo. Otras versiones, la Teseida, dicen que Antíope atacó a Teseo cuando se casó con Fedra, sus compañeras amazonas la defendieron y fueron muertas por Heracles. O que Teseo se llevó a la fuerza a Fedra.
Una Furia, Fedra e Hipólito
Hipólito es una tragedia clásica griega de Eurípides, escrita en el año 428 a.n.e., basada en el mito de Hipólito, hijo de Teseo. Fue estrenada en las Dionisias de Atenas de ese año y ganó el primer premio como parte de una trilogía. El tema está muy poco tratado con anterioridad a Eurípides. Se sabe que había un culto a Hipólito en la ciudad de Trecén, lugar donde transcurre la acción de la tragedia y en el que se practicaban ritos y había templos en su honor. En esa ciudad, antes de casarse, las muchachas debían ofrecer un mechón de cabello a Hipólito. El mito de Hipólito va unido al de Fedra, hermana de Ariadna y esposa de Teseo. Las tumbas de Fedra e Hipólito están en Trecén, muy cerca una de otra.
Eurípides hizo dos tragedias sobre Hipólito. La primera
de ellas fue rechazada por el público, porque en ella Fedra, de manera
indecorosa, quería a toda costa poseer al casto Hipólito. Aristófanes, en su obra Las ranas, calificó a Fedra de prostituta. Cuando Fedra
declara sus impúdicas intenciones a Hipólito, éste se cubre el rostro con un
velo, de ahí que se conozca esta obra como Hipólito el velado.
Hipólito después de la confesión de Fedra,
Étienne-Barthélémy Garnier, Musée Ingres, Montauban.
La trama es continuación de otro mito: Teseo, hijo de Poseidón, venció al Minotauro en Creta y Ariadna, hija del rey Minos, se fugó con él, pero Teseo la abandonó en la isla de Naxos, donde Dioniso la encontró, se enamoró de ella y se la llevó al Olimpo. Después, Teseo se casó con Fedra, hermana de Ariadna. Poseidón había dado a su hijo Teseo la posibilidad de concederle tres deseos en caso de necesidad: el primero fue en el laberinto de Creta, el segundo en un apuro camino de Trecén y le quedaba un tercero al llegar a este momento de la historia.
Eurípides indica que, tras la muerte de Hipólita, Teseo se casó con Fedra y ambos se exiliaron en Trecén, donde Hipólito era criado por Piteo como heredero al trono para evitar que surgiera rivalidad entre Hipólito y sus hermanastros por el trono de Atenas, y que fue allí cuando Fedra cayó presa del deseo por el muchacho, en las celebraciones de los misterios eleusinos, como consecuencia de un plan de Afrodita, que rivalizaba con Artemisa, a quien rendía culto Hipólito.
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Fedra contó su situación a la nodriza, que, a su vez, se
la contó a Hipólito. Éste acusó a las mujeres, en realidad a Afrodita, porque
le parecía indigno. La nodriza se lo contó a Fedra, que se ahorcó después de
dejar una tablilla en la que acusaba a Hipólito de haberla seducido. Teseo
regresó de Delfos y encontró el cadáver de su esposa y la tablilla. Acusó a su
hijo, que defendió a Fedra y a sí mismo, lo desterró y pidió a Poseidón, como
el tercer deseo, que acabase con él. Hipólito partió en un carro, cerca del mar
se levantó una ola gigantesca con un toro que asustó a los caballos. El carro
volcó y dejó moribundo a Hipólito. El cuerpo fue llevado a Teseo, que conocía
la verdad gracias a Artemisa. Hipólito perdonó a su padre y murió. Artemisa
instituyó el culto a Hipólito en Trecén.
La obra contrapone la forma de entender la vida de
Hipólito (casto, enemigo de las pasiones mundanas, frugal amante de la
naturaleza, adorador de Artemisa) y la de Fedra (apasionada, ardiente,
adoradora de Afrodita). Ambos incurren en la desmesura, la hibris, que ha de
ser castigada. En el fondo hay una crítica al panteón griego, puesto que se da
la paradoja de que dos amantes de los dioses, correspondidos por ellos, han de
sufrir martirio. Eurípides describe la vida del hombre con desazón ante la
imposibilidad de ver unas reglas claras, visión diferente de Esquilo y
Sófocles. Ya no está claro que la fidelidad a los dioses traiga una vida
serena. El personaje de la nodriza es el más cercano al mandato délfico de la
moderación.
En la obra aparece el conflicto entre las pasiones
humanas y las leyes divinas, las consecuencias trágicas del amor y los celos,
las relaciones entre dioses y mortales, los dilemas morales y éticos
relacionados con el honor y la lealtad. En el Hipólito de Eurípides,
Fedra aparece como una víctima de Afrodita (llamada Cipris en la obra). Es fiel
a Teseo y su repentina atracción por Hipólito le resulta una enorme carga.
Fedra es una tragedia romana escrita por el filósofo y dramaturgo Lucio Anneo Séneca antes del año 54. Basada en la mitología griega y en la tragedia Hipólito de Eurípides. Hipólito, hijo del rey Teseo de Atenas, sale de su palacio al amanecer para ir a cazar jabalíes. Reza a la diosa virgen Diana para tener éxito en la caza. Fedra se ha quedado sola, su marido se ha ido al inframundo. Reflexiona sobre su madre, Pasífae, nieta de Helios, que fue maldecida a enamorarse de un toro y dar a luz a un monstruo, el Minotauro. Fedra se pregunta si está tan condenada como su madre.
La anciana nodriza de Fedra interviene para que ésta controle sus pasiones. Fedra explica que está dominada por un deseo incontrolable por Hipólito, que detesta a las mujeres en general y a Fedra en particular, y declara que se suicidará. La nodriza le ruega que no lo haga y promete ayudarla. Hipólito regresa de cazar, Fedra le declara su amor y él, horrorizado, lo percibe como un terrible crimen. La nodriza y Fedra conspiran para acusar Hipólito de seducir a Fedra. Aparece Teseo y la nodriza le informa que Fedra ha decidido morir, pero que no revelará la causa. Teseo ordena que se torture a la nodriza hasta que confiese, pero Fedra interviene diciendo que ha sido violada y señala la espada que Hipólito se ha dejado. Teseo pide a su padre Neptuno que destruya a Hipólito, que muere cuando un toro monstruoso sale del océano y hace que Hipólito pierda el control de su carro. Teseo rompe a llorar. Aunque deseaba la muerte de su hijo, oírlo lo hace desesperar. Fedra condena a Teseo por su dureza y le revela que había acusado falsamente a Hipólito de su propio crimen, cae sobre su espada y muere. Teseo queda abatido.
Alexandre
Cabanel, Phèdre, 1880, 225 x 314 cm, óleo sobre lienzo.
Séneca retrata a Fedra como consciente de sí misma y directa en la búsqueda de su hijastro, mientras que, en otros tratamientos del mito, es más una víctima pasiva del destino. Además de dramaturgo, Séneca fue un filósofo estoico. Los estoicos creían que la razón y las leyes de la naturaleza siempre deben regir el comportamiento humano. Al tomar la decisión consciente de perseguir su pasión pecaminosa por su hijastro, Fedra perturba las leyes de la naturaleza hasta tal punto que, según la ideología estoica de Séneca, solo su muerte puede restaurar el orden cósmico. Del mismo modo, Hipólito siente que la lujuria de Fedra lo ha contaminado y no desea vivir en un mundo que ya no está regido por la ley moral. Hipólito no representa los ideales estoicos. Niega los vínculos sociales humanos ordinarios y se aísla de la sociedad, lo que hace que su existencia moral sea inestable, especialmente frente a los avances antinaturales de su madrastra.
Entre la obra de Eurípides y la de Séneca hay claras diferencias. La Fedra de Séneca, a diferencia de la de Hipólito de Eurípides, es un personaje reflexivo e inteligente que reconoce la naturaleza impropia y amoral de sus sentimientos hacia su hijastro, pero aun así lo persigue. En la versión de Eurípides es la nodriza la que informa a Hipólito del amor de Fedra por él. En la versión de Séneca, Fedra transmite personalmente sus deseos a su hijastro. En el Hipólito de Eurípides Fedra se suicida inmediatamente después de que Hipólito la rechaza; en la Fedra de Séneca, se llena de remordimiento después de que Hipólito haya sido asesinado y se apuñala a sí misma después.
Edición de 1678.
El trágico personaje de Fedra está representado en múltiples obras como Deseo bajo los olmos (1924) del dramaturgo estadounidense Eugene O'Neill (1888-1953), la novela El toro del mar (1962) de la novelista inglesa Mary Renault (1905-1983) y Amor verdadero (2001) del dramaturgo e historiador estadounidense Charles L. Mee, que es una versión moderna del Hipólito de Eurípides.
La muerte de Hipólito, 1715, Jean-Baptiste Lemoyne.
El Festival de Teatro Clásico de Mérida presenta “Fedra, en los infiernos”, de José María del Castillo. Siguiendo la idea de Séneca, se muestra a una Fedra consciente de sus actos: “Fedra amó como sólo los locos saben hacer: sin miedo a caer, sin culpa por doler y escuchando muy poco a los demás”. Fedra, mujer hecha de fuego y de culpa, con su alma atormentada en el Inframundo ligada a su pasión incontrolada por su hijastro Hipólito, encendida por el peso de su historia, pide una segunda oportunidad a Las Moiras con el propósito de recuperar su buen nombre.
“Las tres Moiras”, relieve de Johann Gottfried Schadow.
Alte Nationalgalerie, Berlín.
Las Moiras eran las personificaciones del destino en la mitología griega y tenían sus equivalentes en otras mitologías: Parcas-mitología romana, Nornas-nórdica, Laimas-báltica. Eran tres, vestidas con túnicas blancas, con semblante imperturbable y controlaban el hilo de la vida de cada ser humano desde el nacimiento hasta la muerte.
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Tras llegar a un pacto con las Hermanas del Destino regresa para reescribir su historia y poder así encontrar la paz que nunca obtuvo en su primera vida, si ello es posible. Esta revisión del mito clásico indaga en las pasiones humanas, los deseos prohibidos, los juicios morales y la culpabilidad.


































































