sábado, 14 de febrero de 2026

Alcalá de Henares (XI)


Francisco Jover y Casanova, -Muro (Alicante), 1836 - Madrid, 1890-, estudió en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y en el taller de Federico de Madrazo, donde se inició en la pintura de historia. Completó su formación en Roma y en el estudio de Mariano Fortuny. De su producción romana destacan los cuadros de género de pequeño formato con temas orientales y escenas de época y de historia, como La conquista de Orán. Instalado definitivamente en Madrid, compaginó sus actividades docentes con las artísticas.

La conquista de Orán es un óleo sobre lienzo de 289 x 433 cm, pintado en 1869 y expuesto en el Museo del Prado. Representa la liberación de los españoles cautivos en la ciudad tomando como fuente iconográfica la Historia general de España de Modesto Lafuente, escrita en 1850, donde se dice: "El portador de esta feliz nueva fué el Capitan Villareal. El cardenal le recibió con moderada alegría, dio gracias á Dios y al día siguiente partió en galera a Orán con los sacerdotes y religiosos que solía llevar en su compañía. El Gobernador de la Alcazaba le presentó las llaves de la fortaleza…. Lo que más lisongeó al Pontífice y general fué el gusto de abrir por si mismo los calabozos subterráneos y dar libertad á trescientos infelices cautivos que gemían allí entre cadenas." (Díez, José Luis (dir.), Pintura del Siglo XIX en el Museo del Prado: catálogo general, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2015, p.305).

El cuadro se puede reproducir asociándolo a distintas épocas y estilos artísticos.









 




 

 

 







Otro cuadro famoso, el de Eugenio Caxés, 1605, representa al cardenal Cisneros mirando, por una abertura de las cortinas, una escena que representa el asalto a unas murallas, quizá las de Orán. Con la IA podríamos transformar este cuadro de modo que lo que mira el cardenal Cisneros sea algo más alcalaíno.





 


 



martes, 10 de febrero de 2026

Aldecoa / Martín Gaite


La Biblioteca Nacional presenta exposiciones sobre dos de los principales escritores españoles del siglo XX, Ignacio Aldecoa y Carmen Martín Gaite, con objeto de acercar sus figuras y su obra al gran público recorriendo su vida, sus antecedentes familiares, sus años de formación, su etapa universitaria, sus primeros pasos en el mundo de las letras y su consolidación en el campo literario. En ambos casos, el motivo originario de la exposición es la celebración del centenario de su nacimiento.

 


Ignacio Aldecoa (Vitoria, 1925-Madrid,1969) es un representante destacado de la “generación de los 50” y un maestro de la novela y el cuento en español del siglo XX. La exposición “Ignacio Aldecoa. El oficio de escribir” propone un recorrido por su trayectoria biográfica y profesional en siete secciones.

1.- Orígenes familiares. Infancia y adolescencia

Nació en una familia de la burguesía comercial, lo que le procuró una buena educación y el contacto con el mundo del arte y con un ambiente intelectual que alimentó su interés también por la literatura.

2.- Primeros pasos de un escritor en ciernes.

Para estudiar Filosofía y Letras se trasladó a Salamanca, donde conoció a Agustín García Calvo y a Carmen Martín Gaite. Poco después marchó a Madrid, entablando amistad con Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre, Rafael Sánchez Ferlosio, Alfonso Paso, Francisco Nieva, etc. Se inició en la poesía y publicó poemarios al final de los años 40.

3.- Revista española y el grupo de Madrid.

En la etapa generacional de la breve Revista española estuvo acompañado por Alfonso Sastre y Rafael Sánchez Ferlosio, que apostaron por escritores jóvenes y por el cuento como género literario. También aparecieron textos de autores extranjeros, sirviendo de espacio de encuentro. En torno a ella se constituyó el “grupo de Madrid” de la llamada “generación de los 50”, uno de los rostros de la renovación literaria. 

4.- La escritura como oficio

Ignacio Aldecoa hizo de la escritura una forma de vida y una profesión, lo que le permitió construir una amplia creación en poco más de veinte años, aprovechando bien sus lecturas. El resultado es literatura, sin renunciar al testimonio y la denuncia. 



4.1- Un cuentista magistral

Los primeros cuentos de Ignacio Aldecoa se publicaron a finales de la década de los 40 y llegó a escribir casi un centenar, publicados en periódicos y revistas y recogidos en siete volúmenes: Espera de tercera clase (1955), Vísperas del silencio (1955), El corazón y otros frutos amargos (1959), Caballo de pica (1961), Arqueología (1961), Pájaros y espantapájaros (1963) y Los pájaros de Baden-Baden (1965).








     4.2- Aldecoa, novelista

Su primera novela, El fulgor y la sangre, apareció en 1954. En 1956 salió Con el viento solano, que formaba parte de una trilogía -La España inmóvil- que no se completó. En 1957 llegó Gran Sol. La última fue Parte de una historia, en 1967. Olvidadas en el Archivo General de la Administración aparecieron El Gran Mercado, 1953 y Ciudad de tarde, 1952. Sus textos son realistas, pero impregnados de lirismo y cargados de simbolismo, trascendiendo el momento.



 




4.3- Escribir para vivir.

La parte más desconocida de la obra de Ignacio Aldecoa la constituye el conjunto de sus colaboraciones en la prensa, con un estilo riguroso y una mirada original. Se publicaban en periódicos españoles y, tras su paso por Nueva York en 1958, y tras entrar en contacto con Joaquín Maurín, fundador de la American Literary Agency, también en periódicos de Hispanoamérica.



 




5.- Rutas de evasión y libertad.

Aldecoa era vitalista y sentía fascinación por la aventura, los viajes, el mar. Realizó dos estancias largas en Nueva York y visitó en numerosas ocasiones las islas Canarias -libro de viajes, Cuaderno de godo, 1961, y ambientó su última novela, Parte de una historia). También viajó asiduamente a Ibiza.



 

6.- Ignacio Aldecoa y el cine /

Se sintió atraído por el cine desde muy joven y en 1954 escribió el guion Cuatro esquinas, que no llegó a filmarse. Participó en guion del corto El pequeño río Manzanares, 1956, junto a Saura. Varios de sus textos fueron llevados a la pantalla, tres dirigidos por Mario Camus: Young Sánchez, 1963 -guion de Aldecoa-, Con el viento solano, 1965, y Los pájaros de Baden-Baden, 1975.  Hubo otras versiones cinematográficas, como de Gran Sol, y adaptaciones televisivas.

7.- Recepción de la obra de Ignacio Aldecoa

Su obra tuvo reconocimiento en vida -finalista del Premio Café Gijón, 1952, del Planeta, 1954, y Premio de la Crítica, 1958-, pero será en sus últimos años y tras su muerte cuando abunden las reediciones de sus obras.

 

 

Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925-Madrid, 2000) ve reflejados los principales hitos de su trayectoria vital e intelectual en esta exposición, “Carmen Martín Gaite. Un paradigma de mujer de letras”. Como persona entendió la necesidad de la soledad para su formación interior; como escritora, sus intereses fueron numerosos y heterogéneos, autoafirmándose frente a los grandes iconos masculinos de su generación. La exposición se divide en diez áreas que recorren su vida.

ÁREA 1. ANTECEDENTES FAMILIARES, INFANCIA Y JUVENTUD

Nació en el seno de una familia no convencional, liberal, que le propició una buena educación, con una impronta cultural y literaria de Galicia que es fundamental en su obra. El fusilamiento de un tío determinó el aislamiento de la familia en 1936, el año en que comenzó el bachillerato en el Instituto Femenino, centro público, teniendo como profesores a Rafael Lapesa y Salvador Fernández Ramírez. En este periodo aprendió a seleccionar sus amistades por afinidades ideológicas o sentimentales, no por consideraciones sociales. 





ÁREA 2. UNIVERSIDAD DE SALAMANCA (1943-1948)

En 1943 comenzó su primer curso en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca, donde se licenció en Filología Románica en 1948. Entre sus amigos estuvieron Agustín García Calvo, Ignacio Aldecoa, etc.



 


ÁREA 3. LLEGADA A MADRID Y EL GRUPO DE REVISTA ESPAÑOLA: 1948-1953.

En 1948 llegó a Madrid para realizar el doctorado, reencontrándose con Ignacio Aldecoa, por el que entró en contacto con Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre, Josefina Rodríguez, etc. Estos jóvenes se agruparon en torno a los seis números de Revista Española (1953-1954) que ofreció cuentos sin palabrería hueca y sin moraleja y final feliz.


 

ÁREA 4. MATRIMONIO CON RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO

Se celebró en 1953 y su ascendiente fue fundamental, en lo literario y en el descubrimiento de Italia y su idioma. Resultó el matrimonio más emblemático de la literatura española del medio siglo. Tuvieron una hija, Marta. Se separaron en 1970 y se divorciaron tras la muerte de su hija.

ÁREA 5. DE RITMO LENTO A LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA: LA LLAMADA DEL ENSAYO

Con su segunda novela, Ritmo lento, finalista del Premio Biblioteca Breve de 1962, llegó una crisis en el cultivo del género. Su interés por el estudio de la Historia de España -lagunas en los programas de enseñanza, preocupación por la suerte de las mujeres- le llevó al ensayo, con dos obras importantes, El proceso de Macanaz. Historia de un empapelamiento, 1969, y Usos amorosos del dieciocho en España, 1972.



ÁREA 6. HABITAR LA SOLEDAD

Desde el otoño de 1970 vivió sola con su hija Marta, quien fue una de las grandes interlocutoras, muy sensibilizada siempre con los conflictos intergeneracionales. La década de 1970 fue uno de los periodos más fructíferos, publicando Usos amorosos del dieciocho en España, La búsqueda de interlocutor, Retahílas, Fragmentos de interior, A rachas, El conde de Guadalhorce y El cuarto de atrás; colabora semanalmente en Diario 16; y El cuento de nunca acabar se hallaba en pleno proceso de elaboración. Es el decenio en que la escritora eligió su lugar en el mundo: habitar la soledad con todas sus exigencias.


 


ÁREA 7. ESTADOS UNIDOS: SIGNIFICACIÓN EN SU VIDA Y OBRA

Visitó varias veces Estados Unidos desde su primer viaje a Nueva York en 1979.

Fue visiting professor en varias universidades y conferenciante, obteniendo su primer reconocimiento como escritora y un impulso vital que se reflejó en su obra: Visión de Nueva York, Caperucita en Manhattan, el poema «Todo es un cuento roto en Nueva York», El otoño de Poughkeepsie y sus Cuadernos de todo.







ÁREA 8. NARRAR EL DUELO

 La enfermedad y muerte de Marta, 1985, significaron una profunda crisis en su obra de ficción, interrumpiendo La Reina de las Nieves, que no volverá a retomar hasta 1993, y su proyecto de investigación, Usos amorosos de la postguerra española. La reelaboración del cuento de Perrault, Caperucita en Manhattan (1990), fue una forma sigilosa de narrar el duelo tras la muerte de su hija.








ÁREA 9. LA EDAD DE MERECER

A partir de 1986 se inició una espiral de reconocimientos públicos: Premio Anagrama de ensayo, Medalla de Oro de su ciudad natal, Príncipe de Asturias de las Letras (1988), el de Castilla y León de las Letras (1991) y el Nacional de las Letras (1994).




 




ÁREA 10. UN PARADIGMA DE MUJER DE LETRAS

La pluralidad de sus intereses intelectuales se desarrolló en distintas direcciones: los géneros literarios conocidos, investigación histórica, crítica literaria, artículos de opinión, adaptaciones teatrales, traducciones literarias. Es un ejemplo de “mujer de letras”.

 

viernes, 6 de febrero de 2026

La Endiablada


Almonacid del Marquesado (Cuenca) es un pueblo de 412 habitantes (INE 2025) situado a 892 m de altitud en la Mancha Alta, entre la Mancha y la Alcarria. Tiene restos de época prehistórica y núcleos cercanos a Segóbriga en época romana. Su nombre quizá proviene de época musulmana y fue reconquistado en el siglo XII, pasando a la Tierra de Alarcón y, más tarde, al Señorío de Villena -Don Juan Manuel- cuando se añadió el apelativo “del marquesado”. Es villa desde finales del siglo XV y perteneció a distintas casas condales. Su economía era agropecuaria. 

La visita a este pueblo, un tres de febrero, es para vivir algo de La Endiablada, una explosión de sonido y color que fusiona elementos paganos y sagrados. Los protagonistas son dos grupos, los diablos (mitras rojas de obispo, vestidura estrafalaria, cencerros, sin ritmo de conjunto) y las danzantas (prendas delicadas, acicaladas, baile al son de la dulzaina y el tambor y coreografía ensayada). El acto más plástico es la procesión de la mañana de este día, cuando los diablos corren hacia la imagen de la Virgen con los brazos abiertos y evolucionan corriendo en círculo y haciendo sonar los cencerros, que marcan el ritmo, para llegar al momento más esperado, el “cruce de cencerros”, cuando se colocan en dos filas. 


El origen antiguo puede encontrarse en el mundo celta (festividad de Imbolc, 1 de febrero en honor de la diosa Briganti, para protección de los rebaños; cencerros de sociedad pastoril), en la cristianización de la celebración romana de las Lupercales -Luperco, dios de los pastores-, prohibidas en el siglo V, teniendo en cuenta que esta zona, cercana a Segóbriga, sería prontamente romanizada.  También se cree que la fiesta está ligada a las celebraciones de la Candelaria, 2 de febrero, y San Blas, 3 de febrero. Una leyenda local ve el antecedente de estos diablos en un grupo de hombres vestidos de manera estrafalaria y con ruidosos cencerros que distrajo a la multitud cuando la Virgen llevó al niño Jesús al templo para cumplir con el precepto judío. Según otra tradición, un pastor encontró enterrada una imagen de San Blas, desatando una pugna entre Almonacid del Marquesado y Puebla de Almenara que se resolvió cuando las mulas llevaron la imagen a Almonacid y los pastores comenzaron a hacer sonar sus cencerros en demostración de alegría.

El pueblo se ve preparado para la fiesta, luciendo engalanadas con carteles de La Candelaria y San Blas muchas de las fachadas de las casas, así como la iglesia. Todavía no hay mucha gente y es fácil el callejear tranquilamente para ver detalles del pueblo como la referencia al diablo y la Endiablada, donde se guardan los cencerros que se usarán después. Cerca, una curiosa fuente -dedicada a San Blas- que parece de pago. También se venden recuerdos de la fiesta. Poco a poco la concurrencia va aumentando, se acerca la hora, las 12, y van apareciendo los personajes protagonistas de la fiesta, que se va a celebrar según lo previsto, porque la lluvia amenazante va a respetar. Es agradable ver cómo la fiesta tiene asegurado el relevo generacional, pues aparecen niños y niñas con los trajes propios. Tras los bailes de las danzantas y el paso de los diablos, la iglesia se queda pequeña. 


 





Esta expresión cultural es un encuentro entre lo popular y lo sagrado, terminando por representar la devoción y el respeto hacia lo sagrado. Fusionando los datos sobre el origen, podría decirse que está asociado a la celebración de la Candelaria, en tiempos protohistóricos, uniéndose el culto a San Blas a finales de la Edad Media. Los cencerros y las danzas actuarían como elemento unificador de ambas festividades. Las fiestas están documentadas desde 1633.

El desarrollo de la fiesta sigue un protocolo bien marcado. El día 1 de febrero, los diablos piden permiso al alcalde -que ofrece rosquillas, magdalenas, anís, etc.- para comenzar la fiesta y, en el atrio de la iglesia, rezan por los hermanos difuntos. El día 2 los diablos recogen la torta de la Virgen -que se sorteará- y otros dulces antes de la procesión, el momento más vistoso. Sigue la misa y, al final, los diablos pasan a la iglesia, aunque pronto dejan el protagonismo a las danzantas y sus “dichos”. Por la tarde se realiza el lavado de cara de San Blas y la última vuelta al pueblo. El 3 de febrero los diablos recogen dinero para la hermandad y danzan dentro de la iglesia poco antes de la procesión en honor a San Blas, con el mismo recorrido que la de la Candelaria, aunque cambiando el gorro floral por la mitra episcopal. Sigue el ritual como el día anterior y por la tarde los diablos se despiden hasta el año próximo. El día 4, San Blasillo, es el protagonismo de las danzantas y sus “paloteos”.

Fotografía de Aristóbulo Martínez


Uno de los elementos destacados de la fiesta es la indumentaria.



Diablos: trajes diferentes -pero con unidad de conjunto- de llamativos colores, cencerros -normalmente, tres-, tocado -gorro con flores (La Candelaria), mitra roja (San Blas)-, porra, careta -en fotos antiguas se ven, ahora se ha perdido-. Para pertenecer a la hermandad de diablos se precisa ser varón e hijo del pueblo y aceptar el régimen interno.





Danzantas: falda de colores emparejados, enaguas, pololos, medias blancas con cintas rojas cruzadas, corpiño y mandil negros, alpargatas blancas adornadas, pañoleta blanca el día de la Candelaria y de negra el día de San Blas, castañuelas. Son diez jóvenes del pueblo y aparecieron en los años 80 del siglo XX, antes eran hombres.




Al abandonar el pueblo tras la fiesta, llega el recuerdo de que en el cercano pueblo El Hito también se celebra otra Endiablada, con un grupo de diablos vestidos con coloridos trajes y sombreros floreados -en cuyo centro aparece la imagen de la Virgen de la Encarnación, patrona-, que hacen sonar los cencerros colgados a la espalda. También aparecen los danzantes que, vestidos con su traje tradicional y al son de dulzaina y tambor, se mueven al compás de las castañuelas. Del mismo modo se recuerdan otras fiestas como la del Corpus Christi, Pecados y Danzantes, de Camuñas (Toledo), donde se han conservado las caretas, y el carnaval de Almiruete (Guadalajara), Botargas y Mascaritas, con representación femenina como en Almonacid.