martes, 18 de agosto de 2026

Fedra




En la mitología griega, Fedra era una princesa cretense, hija de Minos y de Pasífae y hermana de Ariadna, Deucalión y otros, y hermanastra del Minotauro. Es una heroína que aparece en la tragedia, en el Hipólito de Eurípides o la Fedra de Séneca, por el trágico amor por su hijastro.



Mosaico de Fedra e Hipólito en Pafis, Chipre.


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La leyenda cuenta que Teseo se unió a Heracles en la expedición contra las amazonas y raptó a una de sus reinas, Antíope o Hipólita, con la que tuvo un hijo, Hipólito. Después tuvo dos hijos, Acamante y Demofonte, con Fedra. Ésta se enamoró de Hipólito, que no le correspondió, por lo que, temiendo que le acusara frente a su padre, fingió que había sido agredida. Teseo la creyó y suplicó a Poseidón que Hipólito pereciese. Después Fedra se ahorcó y Odiseo se encontró con su sombra, junto a la de Ariadna y Procris, en el inframundo. Otras versiones, la Teseida, dicen que Antíope atacó a Teseo cuando se casó con Fedra, sus compañeras amazonas la defendieron y fueron muertas por Heracles. O que Teseo se llevó a la fuerza a Fedra.

Una Furia, Fedra e Hipólito


Hipólito es una tragedia clásica griega de Eurípides, escrita en el año 428 a.n.e., basada en el mito de Hipólito, hijo de Teseo. Fue estrenada en las Dionisias de Atenas de ese año y ganó el primer premio como parte de una trilogía. El tema está muy poco tratado con anterioridad a Eurípides. Se sabe que había un culto a Hipólito en la ciudad de Trecén, lugar donde transcurre la acción de la tragedia y en el que se practicaban ritos y había templos en su honor. En esa ciudad, antes de casarse, las muchachas debían ofrecer un mechón de cabello a Hipólito. El mito de Hipólito va unido al de Fedra, hermana de Ariadna y esposa de Teseo. Las tumbas de Fedra e Hipólito están en Trecén, muy cerca una de otra.


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Eurípides hizo dos tragedias sobre Hipólito. La primera de ellas fue rechazada por el público, porque en ella Fedra, de manera indecorosa, quería a toda costa poseer al casto Hipólito. Aristófanes, en su obra Las ranas, calificó a Fedra de prostituta. Cuando Fedra declara sus impúdicas intenciones a Hipólito, éste se cubre el rostro con un velo, de ahí que se conozca esta obra como Hipólito el velado.


Hipólito después de la confesión de Fedra, Étienne-Barthélémy Garnier, Musée Ingres, Montauban. 

La trama es continuación de otro mito: Teseo, hijo de Poseidón, venció al Minotauro en Creta y Ariadna, hija del rey Minos, se fugó con él, pero Teseo la abandonó en la isla de Naxos, donde Dioniso la  encontró, se enamoró de ella y se la llevó al Olimpo. Después, Teseo se casó con Fedra, hermana de Ariadna. Poseidón había dado a su hijo Teseo la posibilidad de concederle tres deseos en caso de necesidad: el primero fue en el laberinto de Creta, el segundo en un apuro camino de Trecén y le quedaba un tercero al llegar a este momento de la historia.

Eurípides indica que, tras la muerte de Hipólita, Teseo se casó con Fedra y ambos se exiliaron en Trecén, donde Hipólito era criado por Piteo como heredero al trono para evitar que surgiera rivalidad entre Hipólito y sus hermanastros por el trono de Atenas, y que fue allí cuando Fedra cayó presa del deseo por el muchacho, en las celebraciones de los misterios eleusinos, como consecuencia de un plan de Afrodita, que rivalizaba con Artemisa, a quien rendía culto Hipólito.

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Fedra contó su situación a la nodriza, que, a su vez, se la contó a Hipólito. Éste acusó a las mujeres, en realidad a Afrodita, porque le parecía indigno. La nodriza se lo contó a Fedra, que se ahorcó después de dejar una tablilla en la que acusaba a Hipólito de haberla seducido. Teseo regresó de Delfos y encontró el cadáver de su esposa y la tablilla. Acusó a su hijo, que defendió a Fedra y a sí mismo, lo desterró y pidió a Poseidón, como el tercer deseo, que acabase con él. Hipólito partió en un carro, cerca del mar se levantó una ola gigantesca con un toro que asustó a los caballos. El carro volcó y dejó moribundo a Hipólito. El cuerpo fue llevado a Teseo, que conocía la verdad gracias a Artemisa. Hipólito perdonó a su padre y murió. Artemisa instituyó el culto a Hipólito en Trecén.

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La obra contrapone la forma de entender la vida de Hipólito (casto, enemigo de las pasiones mundanas, frugal amante de la naturaleza, adorador de Artemisa) y la de Fedra (apasionada, ardiente, adoradora de Afrodita). Ambos incurren en la desmesura, la hibris, que ha de ser castigada. En el fondo hay una crítica al panteón griego, puesto que se da la paradoja de que dos amantes de los dioses, correspondidos por ellos, han de sufrir martirio. Eurípides describe la vida del hombre con desazón ante la imposibilidad de ver unas reglas claras, visión diferente de Esquilo y Sófocles. Ya no está claro que la fidelidad a los dioses traiga una vida serena. El personaje de la nodriza es el más cercano al mandato délfico de la moderación.

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En la obra aparece el conflicto entre las pasiones humanas y las leyes divinas, las consecuencias trágicas del amor y los celos, las relaciones entre dioses y mortales, los dilemas morales y éticos relacionados con el honor y la lealtad.  En el Hipólito de Eurípides, Fedra aparece como una víctima de Afrodita (llamada Cipris en la obra). Es fiel a Teseo y su repentina atracción por Hipólito le resulta una enorme carga.




 

Fedra es una tragedia romana escrita por el filósofo y dramaturgo Lucio Anneo Séneca antes del año 54. Basada en la mitología griega y en la tragedia Hipólito de Eurípides. Hipólito, hijo del rey Teseo de Atenas, sale de su palacio al amanecer para ir a cazar jabalíes. Reza a la diosa virgen Diana para tener éxito en la caza. Fedra se ha quedado sola, su marido se ha ido al inframundo. Reflexiona sobre su madre, Pasífae, nieta de Helios, que fue maldecida a enamorarse de un toro y dar a luz a un monstruo, el Minotauro. Fedra se pregunta si está tan condenada como su madre.

La anciana nodriza de Fedra interviene para que ésta controle sus pasiones. Fedra explica que está dominada por un deseo incontrolable por Hipólito, que detesta a las mujeres en general y a Fedra en particular, y declara que se suicidará. La nodriza le ruega que no lo haga y promete ayudarla. Hipólito regresa de cazar, Fedra le declara su amor y él, horrorizado, lo percibe como un terrible crimen. La nodriza y Fedra conspiran para acusar Hipólito de seducir a Fedra. Aparece Teseo y la nodriza le informa que Fedra ha decidido morir, pero que no revelará la causa. Teseo ordena que se torture a la nodriza hasta que confiese, pero Fedra interviene diciendo que ha sido violada y señala la espada que Hipólito se ha dejado. Teseo pide a su padre Neptuno que destruya a Hipólito, que muere cuando un toro monstruoso sale del océano y hace que Hipólito pierda el control de su carro. Teseo rompe a llorar. Aunque deseaba la muerte de su hijo, oírlo lo hace desesperar. Fedra condena a Teseo por su dureza y le revela que había acusado falsamente a Hipólito de su propio crimen, cae sobre su espada y muere. Teseo queda abatido.

Alexandre Cabanel, Phèdre, 1880, 225 x 314 cm, óleo sobre lienzo.

Séneca retrata a Fedra como consciente de sí misma y directa en la búsqueda de su hijastro, mientras que, en otros tratamientos del mito, es más una víctima pasiva del destino. Además de dramaturgo, Séneca fue un filósofo estoico. Los estoicos creían que la razón y las leyes de la naturaleza siempre deben regir el comportamiento humano. Al tomar la decisión consciente de perseguir su pasión pecaminosa por su hijastro, Fedra perturba las leyes de la naturaleza hasta tal punto que, según la ideología estoica de Séneca, solo su muerte puede restaurar el orden cósmico. Del mismo modo, Hipólito siente que la lujuria de Fedra lo ha contaminado y no desea vivir en un mundo que ya no está regido por la ley moral. Hipólito no representa los ideales estoicos. Niega los vínculos sociales humanos ordinarios y se aísla de la sociedad, lo que hace que su existencia moral sea inestable, especialmente frente a los avances antinaturales de su madrastra.

Entre la obra de Eurípides y la de Séneca hay claras diferencias. La Fedra de Séneca, a diferencia de la de Hipólito de Eurípides, es un personaje reflexivo e inteligente que reconoce la naturaleza impropia y amoral de sus sentimientos hacia su hijastro, pero aun así lo persigue. En la versión de Eurípides es la nodriza la que informa a Hipólito del amor de Fedra por él. En la versión de Séneca, Fedra transmite personalmente sus deseos a su hijastro. En el Hipólito de Eurípides Fedra se suicida inmediatamente después de que Hipólito la rechaza; en la Fedra de Séneca, se llena de remordimiento después de que Hipólito haya sido asesinado y se apuñala a sí misma después.

 

Edición de 1678.



Fedra es una tragedia del dramaturgo francés Jean Racine que se publicó en 1677. La obra está basada en la tragedia de Eurípides, que narra  el mito de Fedra. Sin embargo, Racine también tuvo en cuenta las aportaciones al mito de la tragedia de Séneca y Gamier.  Los personajes de Racine no son fuerzas abstractas, sino humanos, y muy emotivos.

El trágico personaje de Fedra está representado en múltiples obras como Deseo bajo los olmos (1924) del dramaturgo estadounidense Eugene O'Neill (1888-1953), la novela El toro del mar (1962) de la novelista inglesa Mary Renault (1905-1983) y Amor verdadero (2001) del dramaturgo e historiador estadounidense Charles L. Mee, que es una versión moderna del Hipólito de Eurípides. 

La muerte de Hipólito, 1715, Jean-Baptiste Lemoyne.

El Festival de Teatro Clásico de Mérida presenta “Fedra, en los infiernos”, de José María del Castillo. Siguiendo la idea de Séneca, se muestra a una Fedra consciente de sus actos: Fedra amó como sólo los locos saben hacer: sin miedo a caer, sin culpa por doler y escuchando muy poco a los demás”. Fedra, mujer hecha de fuego y de culpa, con su alma atormentada en el Inframundo ligada a su pasión incontrolada por su hijastro Hipólito, encendida por el peso de su historia, pide una segunda oportunidad a Las Moiras con el propósito de recuperar su buen nombre.

“Las tres Moiras”, relieve de Johann Gottfried Schadow. Alte Nationalgalerie, Berlín. 

Las Moiras eran las personificaciones del destino en la mitología griega y tenían sus equivalentes en otras mitologías: Parcas-mitología romana, Nornas-nórdica, Laimas-báltica. Eran tres, vestidas con túnicas blancas, con semblante imperturbable y controlaban el hilo de la vida de cada ser humano desde el nacimiento hasta la muerte.



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Tras llegar a un pacto con las Hermanas del Destino regresa para reescribir su historia y poder así encontrar la paz que nunca obtuvo en su primera vida, si ello es posible. Esta revisión del mito clásico indaga en las pasiones humanas, los deseos prohibidos, los juicios morales y la culpabilidad.























viernes, 14 de agosto de 2026

Carmen Laffón. Variaciones.

La primera gran exposición dedicada a la pintora y escultora sevillana Carmen Laffón (1934-2021) -segunda mujer en ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid como académica de número- desde su fallecimiento se centra en las ideas o motivos que plasma en sus composiciones una y otra vez -a lo largo de más de sesenta años de carrera que desarrollará entre Madrid, Sevilla y Sanlúcar de Barrameda-, a veces como variaciones libres sobre un mismo objeto o un lugar y, solo en su etapa de madurez, a modo de modernas series en sentido estricto.

Carmen Laffón. Variaciones reúne una selección de cerca de ochenta obras entre óleos, témperas, carboncillos y esculturas que se articulan en distintas secciones dedicadas a los dos géneros artísticos más habituales en su obra, las naturalezas muertas y el paisaje, y a sus iconografías o temáticas más personales. Comienza representando objetos y paisajes desde una perspectiva realista, pero, a medida que evoluciona, se interesa más por la pintura en sí misma que por lo que representa, llegando casi a alcanzar la abstracción. Realiza sus composiciones a base de veladuras y manchas difuminadas. Su trabajo, cargado de poesía y sentimiento, sigue siendo difícil de clasificar.

Sus interiores están ocupados por objetos cotidianos como cestos, máquinas de coser y armarios, mientras que los exteriores están relacionados con su vida en Sevilla y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y recogen azoteas, vistas urbanas y paisajes. Sobre estos motivos, Laffón pinta a menudo variaciones con carboncillo, temple u óleo y, a partir de mediados de 1990, también esculpe. 

"Carmen Laffón dedicó la mayor parte de su vida a observar el mundo que la rodeaba, encontrando infinitas variaciones de la luz y el tiempo en el paisaje, en el valor de lo íntimo, en la belleza de lo sencillo". (Paula Luengo, Jefa de Exposiciones del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y Comisaria de la exposición).

Marcelina viaja


LA MUÑECA Y LA CUNA.

La exposición comienza con una pequeña sección dedicada a la muñeca Marcelina, su primera serie como tal. Marcelina viaja (1965) presenta una atmósfera sombría y onírica que contrasta fuertemente con la luminosidad de la obra que cierra la secuencia dos años más tarde: Marcelina blanca. Es una imagen de reposo y bienestar que da paso a las cunas, sus dos grandes composiciones, muy separadas en el tiempo, que plasman la fragilidad y la vulnerabilidad de los recién nacidos.

Carmen Laffón, Inés Laffón en la cuna, 1995, Óleo sobre lienzo, 170 × 195,5 cm, Colección privada 


LOS BODEGONES.

El género del bodegón está muy presente en todas las etapas de la trayectoria artística de Laffón. Se trata de un tipo de composiciones que le permiten pintar en la tranquilidad de su estudio y representar objetos cotidianos, explorando sus diferentes posibilidades. Generalmente realiza cuadros con pocos elementos en los que se concentra en la atmósfera, el ambiente o la poética de las pequeñas cosas.

El formato horizontal predomina en sus naturalezas muertas más clásicas, dividiendo la estructura en dos planos, con los objetos en el plano superior. Sus pinturas, de factura etérea, están compuestas de capas de veladuras superpuestas, favoreciendo contornos borrosos, con un colorido cuidadosamente elegido y aplicado. En los años noventa introduce el paisaje en estos bodegones, como en Mesa con flores en el jardín (1991-1992) o Bodegón oscuro (1997-2000), y a finales de esta década rompe la horizontalidad atreviéndose con naturalezas muertas verticales, tanto pictóricas como escultóricas, como en Relieve del bodegón (2000), o Repisa improvisada (2000-2003).


                                                              Bodegón y alacena, 1982


LOS OBJETOS.

Ya desde los inicios de su carrera, Laffón dedica óleos y dibujos a objetos sencillos que encuentra en la casa, como cestas, mesillas de noche o máquinas de coser, sacándolos de su contexto habitual y otorgándoles nueva vida.

A lo largo del tiempo Laffón pinta y esculpe numerosas variaciones de la canasta: comienza con la cesta medio escondida o en un rincón, como en La costura o El costurero (1963) hasta ser el único objeto que ocupa todo el lienzo en Canasta con ropa blanca (1992-1996) o Canasta en el jardín (1985).

Con la máquina de coser ocurre algo similar: se convierte en el objeto central que llena ese espacio de intimidad femenina en Máquina de coser al uso (1966-1967), Máquina de coser tapada (1967) y Máquina de coser cubierta (1978-1992), en las que se puede observar el juego entre lo que se muestra y lo que se oculta. 



Carmen Laffón, La terraza. Madrid, 1973-1975, Óleo sobre lienzo, 115 × 174 cm, Colección privada 

PAISAJE URBANO.

Las azoteas de Sevilla y Madrid pintadas por Laffón en los años sesenta y setenta serían el preludio de las vistas que hará más adelante de su querido Sanlúcar de Barrameda.

Destaca La terraza, Madrid (1973-75), donde el motivo es una descuidada azotea bañada en una luz cálida y envolvente. En sus primeras panorámicas de Sanlúcar de los años setenta, la azotea ocupa un pequeño espacio en primer plano y da paso a unas amplísimas vistas de los tejados que se pierden en el horizonte. El cielo ocupa casi la mitad del lienzo, anticipando sus conocidas vistas dedicadas al Coto.



EL COTO.

El Coto de Doñana es sin duda el paraje natural por el que Laffón siente mayor apego. Lo abordará por primera vez en torno a 1979 en una serie de vistas horizontales con una clara línea divisoria entre el cielo y el mar en tonos pastel que retomará de nuevo, entre 2005 y 2014, de manera más abstracta. Los formatos y composiciones de todos estos cuadros son muy similares, pero en los tardíos, de un marcado carácter rothkiano, emplea colores más saturados en poéticas manchas de denso pigmento donde el paisaje prácticamente desaparece.




LOS ARMARIOS.

Los armarios son protagonistas de la obra de Laffón durante un largo periodo. Son variaciones que parten de una alacena de madera, pintada en blanco en los setenta, en negro en los ochenta, replicada en escultura de bronce a partir del 2000 y en vivos colores en la década de 2010. Laffón representa en estas composiciones un mueble tradicional de manera contemporánea y la contemplación de la secuencia completa permite constatar cómo la artista elige un tema, lo desarrolla y lo simplifica en estas series en cadena.

El pequeño armario es modesto, pero a la vez posee cierto misterio, sobre todo si está cerrado. La serie trata de esconder, de sugerir, de tapar y desvelar. En estas obras domina la verticalidad del mueble, que coloca sobre un fondo neutro y abstracto: armarios cerrados, semicerrados o abiertos que en algunos casos permiten entrever una carta o muestran cuencos en la parte superior.



LA CAL.

En la serie La cal la artista se deja seducir por los diversos materiales y objetos con los que trabajan los encaladores en un cortijo andaluz: bidones, un palo, la carretilla, una mesa …

Se trata de un conjunto de cuadros realizados entre 2011-2015 en grandes formatos de madera al óleo, témpera y carboncillo, incluyendo además un ready made o escultura construida con los objetos reales.

 




Salinas de Bonanza. Montaña horadada.

LA SAL.

La última de sus series, elaborada entre 2017 y 2020, es la que dedica a las blancas y frías salinas de La Algaida y de Bonanza, próximas a Sanlúcar. Tal vez sea su proyecto más ambicioso, tanto por el gran formato de las obras como por la abstracción de las composiciones. Una vez más, se muestra en ellas “la grandiosidad de la naturaleza sencilla”. Esta sección presenta también un delicado bajorrelieve en escayola de las salinas y una escultura con sal que se hallaba en el estudio de la artista a su muerte.



La Algaida


                                                     Sevilla desde el río, 1982-84/1992

Vista de la viña I, II, III y IV

Carmen Laffón. Vista de la viña I, 2006-2007, Carboncillo y témpera sobre tabla, 212 × 150 cm, Colección Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

                                                           Orilla del coto desde Bonanza

Bajamar en La Jara

                                                             Espuertas cargadas con uvas