martes, 2 de junio de 2026

Cogolludo renacentista.

La localidad de Cogolludo, con una población de 574 habitantes (INE 2025) se sitúa en las inmediaciones del río Aliendre y el arroyo Arbancón, en la comarca de la Serranía de la provincia de Guadalajara, a 898 m de altitud. Su nombre puede derivar del latín cucullus, que alude a su ubicación en la falda del cerro El Lomón y al apiñamiento de sus casas. Tiene por patronos a la Virgen de los Remedios y a San Diego de Alcalá.

Su origen se remonta a la fortaleza construida en lo alto del cerro, pero tomó forma durante el siglo XI, al extenderse la reconquista cristiana al sur del Sistema Central, sobre una fortificación musulmana anterior. Aparece en fuentes escritas por primera vez en el año 1058, en tiempos de Alfonso VI. En 1176 el rey Alfonso VIII cedió la localidad a la Orden de Calatrava, que amplió el castillo. En 1242 se le concedió el fuero de Guadalajara, en 1355 la villa pasó a manos de Íñigo López de Orozco, en 1377 pasó a la familia Mendoza, en 1404 a doña Aldonza de Mendoza. En 1435, don Diego Manrique, conde de Treviño, se apoderó de Cogolludo en disputa con don Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana y hermanastro de doña Aldonza. La lucha fue zanjada por la Corona que asumió Cogolludo y su tierra, que la entregó a Fernando Álvarez de Toledo. Éste, en 1438, la intercambió con la casa de Medinaceli, que construiría el palacio en este siglo XV.





El castillo, actualmente en ruinas, era un recinto central de planta pentagonal y altos y fuertes muros, con cubos cilíndricos en las esquinas. Un patio de ronda y otra muralla con foso rodeaba el conjunto defensivo.


 




La plaza Mayor es el centro neurálgico de la villa. Se formó en el siglo XV cuando se construyó el palacio y tiene forma rectangular, con dos lados de casas con soportales, algunas con escudos nobiliarios y símbolos de la Cruz de Calatrava y de la Inquisición. Estas casas derivan de las del siglo XIX. A un lado del palacio está el Ayuntamiento, con su torre del reloj, y en el centro de la plaza hay una fuente barroca con cuatro caños. 



El ducado de Medinaceli es un título nobiliario creado por los Reyes Católicos en 1479 a favor de Luis de la Cerda y de la Vega, V conde de Medinaceli. Sus antecesores llegan hasta Alfonso X de Castilla, s. XIII. Era hijo de Gastón de la Cerda, IV conde de Medinaceli, y de Leonor de la Vega y Mendoza. Acometió la construcción del palacio en la Villa de Cogolludo con características similares al Palacio del Infantado de Guadalajara, trazado por Juan Guas. Está enterrado en la Iglesia Colegial de Santa María en Medinaceli. 

El palacio Ducal, de los Duques de Medinaceli, se construyó a finales del siglo XV. Aunque hay dudas sobre las fechas exactas, se indica los años 1488-89 para su inicio (sería anterior a 1496, fecha del arranque de la obra nueva del Colegio de Santa Cruz de Valladolid) y 1492 para su terminación. El edificio, considerado el primero renacentista, centra la plaza, dándole carácter. Fue encargado por Luis de la Cerda, I Duque de Medinaceli, y diseñado por Lorenzo Vázquez de Segovia. Éste fue un arquitecto español que introdujo el Renacimiento en España, intervino en obras de la casa de Mendoza a fines del siglo XV y principios del siglo XVI y murió entre 1513 y 1517. Trabajó en otros edificios como el Colegio de Santa Cruz de Valladolid (cardenal Pedro González de Mendoza, 1487-1491), el convento de San Antonio de Mondéjar (1487-1509), el palacio de Antonio de Mendoza en Guadalajara (acabado en 1507) o el castillo de La Calahorra (Granada, 1500-1513).

La influencia italiana se aprecia mejor en el palacio de Cogolludo. El paramento totalmente almohadillado, la puerta ricamente decorada con elementos en estrecha relación con el colegio de Santa Cruz, el escudo central con láurea y la bella crestería, se compaginan con ventanas que todavía tienen formas de la tradición hispano-flamenca toledana. La profusa simbología, especialmente evidente en la corona de laurel y los motivos de la portada nos relaciona esta obra ya con los últimos monumentos del quattrocento, especialmente el Palacio Bolognini en Bolonia o la propia Catedral de Pienza. En el interior hay un patio con arcos escarzanos de tradición gótica sobre columnas monolíticas, con capiteles alcarreños (corona de hojitas sobre el collarino), típico del primer cuarto s. XVI, yeserías mudéjares en las estancias. Destaca el Salón Rico, con chimenea adornada con estuco y con el escudo heráldico de los Medinaceli. Los jardines están rodeados por muro.

El edificio tiene una concepción con predominio de la horizontalidad y la simetría. Destaca la ausencia de torreones, elemento típico de la arquitectura palacial española y la escala humana de sus volúmenes, características renacentistas, aunque persisten elementos góticos (ventanas -seis geminadas de estilo isabelino en la primera planta, cresterías). Dos cuerpos horizontales, almohadillado florentino, portada adintelada (único vano en la planta baja), frontón de vuelta redonda, flores de lis y querubines en la decoración, son elementos destacables.

 

La iglesia de Santa María fue construida en la segunda mitad del siglo XVI. Tiene planta de salón, de tres naves -la central más ancha que las laterales- de cinco tramos, separadas por pilares cilíndricos y cubiertas por bóvedas de crucería del gótico tardío. Las tres naves son de igual altura, por lo que no hay arbotantes, sustituidos por muros de gran espesor. La cabecera se remata por ábside poligonal con contrafuertes exteriores. El coro se sitúa a los pies, en alto, apoyado sobre tres arcos escarzanos, ocupando el primer tramo de la iglesia, cubierto por el mismo tipo de bóvedas de crucería, al igual que las dos capillas cuadradas del lado del Evangelio. Los arcos son de piedra, apuntados y de medio punto (arco triunfal, accesos a las capillas del lado del Evangelio). Está construida en mampostería, con sillares en esquinas, portadas, ventanas y contrafuertes.

La portada principal, renacentista, está en la fachada meridional, entre dos contrafuertes, precedida por atrio, escalinata y verja exterior, con pilastras rematadas por bolas renacentistas. El ingreso es por arco de medio punto flanqueado por columnas corintias exentas, de fustes estriados. Encima hornacina avenerada y frontón triangular. En la fachada oeste se encuentra el conjunto renacentista más completo, con portada, óculo circular y frontón triangular.

Adosada a la cabecera está la torre, de cuatro cuerpos en disminución. Los dos primeros son de mampostería, macizos, con dos pequeños vanos. Los dos últimos son de sillería, con vanos semicirculares. En la cara sur del último se alojan las campanas. Se remata con chapitel terminado en bola y cruz. 

 

En este ambiente renacentista se celebra cada año una Jornada especial. El 30 de mayo de 2026 se ha celebrado la VI Jornada Renacentista, organizada por el Ayuntamiento y la Asociación Amigos del Siglo de Oro-Tercio Cervantino, con participación de distintas compañías históricas, grupos de recreación, etc. La colaboración de la Escuela de Folclore de la Diputación de Guadalajara ha permitido que se celebraran demostraciones de artesanía tradicional, acercando al público oficios y expresiones populares propias del patrimonio cultural de la provincia.

Las actividades han sido variadas, incluyendo desfiles, campamentos históricos, exhibiciones militares, recreaciones civiles y militares, música renacentista, talleres, etc., todas de tono divulgativo y ambientadas en los siglos XV y XVI. Una de las más destacadas es la lectura de la “Carta de Colón”, en referencia a la carta enviada en 1493 por el Duque de Medinaceli a su tío, el Cardenal Mendoza, sobre el regreso de Colón de su primer viaje. En ella se comunica el éxito de la empresa en lo que se considera uno de los primeros testimonios privados del hecho, puesto que el descubrimiento pudo saberse antes en Cogolludo que en la corte, que estaba en Barcelona. Este año la lectura ha estado a cargo del rector de la Universidad de Alcalá, Carmelo García Pérez, natural de Cogolludo.



Se trata de un modelo cultural que combina la divulgación histórica con la dinamización turística, participación vecinal y valoración del patrimonio monumental de la villa, con el Palacio Ducal como gran emblema y con la plaza Mayor como escenario en el corazón del municipio.




 

jueves, 28 de mayo de 2026

Rafael

El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met) estrena la primavera con una muestra monumental, una gran retrospectiva, la primera sobre el artista en EEUU, que ha supuesto más de siete años de trabajo: “Rafael: poesía sublime”. Nos asomamos al proceso artístico de uno de los artistas más influyentes de la historia, del Renacimiento italiano, Raffaello di Giovanni Santi (1483-1520), más conocido como Rafael, que creó obras de gran profundidad intelectual y emocional. En su corta vida de tan solo 37 años, alcanzó un éxito tan profundo como pintor, diseñador y arquitecto que, siglos después de su muerte, fue considerado la máxima expresión de la perfección artística. La muestra reúne importantes dibujos, pinturas y tapices y presta atención a la representación de la mujer, desde su uso de modelos desnudas hasta sus imágenes de la Virgen con el Niño.

Rafael (Raffaello di Giovanni Santi), La Virgen con el Niño y San Juan Bautista infante en un paisaje (La Virgen de Alba) (detalle), ca. 1509–11. Óleo sobre lienzo (transferido de madera).

Rafael: Una vida en nueve objetos

«Rafael: Poesía Sublime», ofrece una mirada a su trayectoria, explorando el camino de Rafael desde su juventud en la ciudad italiana de Urbino hasta su ascenso triunfal como el artista más solicitado y admirado en la corte papal de Roma. A su muerte era conocido como el «Príncipe de los Pintores» debido a sus enormes logros artísticos y su elegancia para desenvolverse en el complejo panorama social, político y cultural de su tiempo.

Rafael (Raffaello di Giovanni Santi; 1483–1520). Retrato de un niño (se presume que es un autorretrato), ca. 1500. Tiza negra grisácea, con toques de blanco (actualmente perdida), sobre papel verjurado, 38,1 × 26,1 cm. Museo Ashmolean, Oxford (WA1846.158).

Este dibujo, que se cree que es un autorretrato, demuestra el asombroso talento de Rafael en su adolescencia. Creció inmerso en la cultura de las regiones de Las Marcas y Umbría, en lugar de en los centros artísticos de Florencia o Roma. El padre de Rafael, Giovanni Santi, fue pintor y poeta, y sería su primer maestro, aunque falleció cuando Rafael tenía once años. Posteriormente, Rafael se unió al taller del renombrado artista Perugino (1446/50–1523), de quien aprendió las habilidades técnicas y cómo gestionar un taller exitoso. Rafael realizó este dibujo aproximadamente al finalizar su formación con Perugino y consolidarse como artista. En este autorretrato, se representa en el umbral de la edad adulta y la independencia artística.



Rafael (Raffaello di Giovanni Santi; 1483–1520). Ángel de medio cuerpo (Fragmento del Retablo de los Baronci), ca. 1500–1501. Óleo con reflejos dorados sobre lienzo (transferido de madera), 31 × 26,5 cm.

Esta pintura de un ángel es solo una parte de un enorme retablo. El contrato nombra a Rafael, de diecisiete años, como maestro pintor. Fue un paso importante en la carrera del joven artista y una señal de que se había ganado la confianza de los mecenas como artista independiente en ciudades del centro de Italia.


 

Rafael. Bocetos de infantes; La Virgen y el Niño, ca. 1507–8. Pluma y tinta marrón sobre dibujo a punta de plomo (anverso), punta metálica, realzado con gouache blanco, sobre papel preparado de color rosa amarillento (reverso), 22,8 × 31,2 cm.

Alrededor de 1504 comenzó a pasar tiempo en Florencia. Le fascinaban las innovaciones artísticas de Leonardo da Vinci (1452–1519) y Miguel Ángel (1475–1564), quienes creaban algunas de sus obras más importantes e influyentes en Florencia en aquella época. Leonardo creía que el acto de esbozar de forma espontánea permitiría al artista expresar su creatividad con mayor plenitud. En dibujos como este, Rafael adoptó plenamente la filosofía del artista mayor, esbozando rápidamente diversas composiciones en una sola hoja, muy lejos de los dibujos cuidadosos y precisos que realizó tras estudiar en el taller de Perugino.

Rafael. Santa Catalina de tres cuartos, ca. 1507. Carboncillo, tiza negra, con toques de gouache blanco y tiza blanca, sobre cuatro hojas de papel pegadas con bordes superpuestos (soporte de papel original), contornos perforados para la transferencia del diseño, 58,7 × 43,8 cm.

Lo que Rafael adoptó de Leonardo no fue solo el método del boceto espontáneo, sino también su habilidad para crear composiciones elegantes y dinámicas. La pose retorcida de Santa Catalina en este singular dibujo está inspirada en las composiciones de Leonardo para la pintura Leda y el cisne (circa 1508). La obra era un dibujo funcional dibujado a tamaño real y luego transferido a la superficie pictórica perforando pequeños agujeros en el diseño y presionando sobre tiza negra, una técnica llamada punteado. Esta técnica la aprendió a una edad temprana (probablemente de Perugino) y siguió siendo de suma importancia durante el resto de su carrera, a medida que emprendía proyectos cada vez más grandes y ambiciosos. 

Rafael. La Virgen con el Niño y el infante San Juan Bautista en un paisaje (La Virgen de Alba), ca. 1509–11. Óleo sobre tabla transferido a lienzo, 94,5 cm.

Rafael es conocido hoy por su extraordinaria habilidad para retratar el afecto entre la Virgen María y su hijo Jesucristo, como en esta pintura de su período romano, conocida como La Virgen de Alba (ca. 1509–11). Rafael comenzó a cultivar esta especialidad mientras trabajaba en Florencia. A pesar de su talento, no logró abrirse paso en el competitivo mercado artístico florentino. En cambio, se ganó la aprobación de los mecenas con sus tiernas y conmovedoras pinturas de la Virgen con el Niño, destinadas a ser exhibidas en sus hogares más que en las iglesias.

Partiendo de la tradición bizantina de representar a la Virgen con el Niño en un tierno abrazo, Rafael enfatizó la humanidad de María y Jesús y el amor que los unía. La alta mortalidad materna e infantil durante el parto hacía que se viera a la Virgen como una protectora.


Rafael. Retrato de una joven con un unicornio (¿Laura Orsini della Rovere?), 1505–1506. Óleo sobre tabla, transferido a lienzo, pegado a un soporte de madera. 67 × 56 cm.

Además de dotar a las pinturas religiosas de composiciones dramáticas y profundidad emocional, Rafael fue también un retratista consumado. Sus cautivadores retratos demuestran que aprendió de Leonardo que la mente del retratado se expresaba a través de su cuerpo, especialmente en la mirada y la posición de las manos. Es probable que este cuadro sea un retrato de compromiso o de boda, como lo sugiere la vestimenta y el pequeño unicornio, símbolo del amor y la castidad. El elegante traje y las joyas de la retratada evidenciaban su riqueza, estatus y "valor" como novia, en aras del honor de su familia.

 

Rafael. Desnudo masculino sentado; Boceto pequeño para la bóveda de la Signatura en la parte inferior izquierda, ca. 1509–11. Tiza negra y toques de blanco sobre papel blanco amarillento, 35,7 × 21 cm.

En 1508, Rafael partió de Florencia hacia Roma, y ​​ese mismo año recibió un encargo que cambiaría el rumbo de su carrera. El papa Julio II (1443–1513) se encontraba decorando los aposentos papales en el Palacio Vaticano y encargó al joven artista la pintura al fresco de la Sala de la Signatura. Para esa sala, Rafael creó dos de sus pinturas más importantes e influyentes: La Escuela de Atenas y La Disputa (Disputa del Sacramento), que representan a los filósofos antiguos en un lado de la sala y a figuras clave de la teología cristiana en el otro. Rafael no tenía mucha experiencia en la técnica del fresco cuando comenzó este proyecto, pero se adaptó rápidamente al medio. El estilo audaz que adoptó en dibujos preparatorios como este ayudó a crear figuras impactantes desde la distancia. Este estudio de la figura de Adán, el primer hombre según el Antiguo Testamento, es uno de los más extraordinarios de Rafael, con su anatomía escultórica.


Rafael. Retrato de Baldassarre Castiglione, 1514–16. Óleo sobre lienzo, 82 × 67 cm.

 Tras su éxito en la Sala de la Signatura, a Rafael se le encomendó la pintura de las demás estancias de los aposentos papales y se convirtió en el artista más solicitado de Roma. Entre 1508 y su muerte en 1520, Rafael fue extremadamente prolífico, gracias a su intensa ética de trabajo y a la gestión de un taller próspero. Otro factor importante del éxito de Rafael fue su capacidad para colaborar con otros y cultivar importantes amistades, como la que mantuvo con Baldassarre Castiglione (1478-1529), quien aparece en este retrato. Castiglione fue el autor de El cortesano (1528), obra que detallaba cómo comportarse con elegancia. El retrato muestra a Castiglione como el modelo de la sobria elegancia cortesana, vistiendo una lujosa pero sobria chaqueta negra con suntuosas mangas de piel gris.

Rafael. Estudio de un caballo de mármol en el monte Quirinal («opvs praxitelis»), ca. 1515–16. Tiza roja sobre dibujo preliminar a punta de plomo y estilete, con anotaciones a pluma y tinta marrón, sobre papel verjurado, 21,9 × 27,4 cm.

Además de los numerosos proyectos artísticos que desarrolló en la última década de su vida, Rafael también comenzó a cultivar un profundo interés por la arquitectura, y en 1514 se convirtió en el arquitecto principal de la Basílica de San Pedro en Roma, siguiendo los pasos de su mentor, Donato Bramante (1444-1514). Estaba fascinado por el legado de la antigua Roma y este dibujo, que representa un caballo de la famosa escultura romana de los Dioscuros del Quirinal, muestra la meticulosidad con la que Rafael documentó los monumentos existentes.





Rafael es recordado como un hombre noble y amable, amado por sus discípulos y mecenas, lo que le diferencia de otros artistas de perfil más individualista, como su gran rival Miguel Ángel. Es por ello que el genio de Urbino encarna como ningún otro el ideal del humanismo renacentista.








 











domingo, 24 de mayo de 2026

Huesca (V)

Seguimos avanzando con la historia y llegamos al periodo de las guerras carlistas, y, en concreto, a la batalla de Huesca dentro de la Primera Guerra Carlista, que se libró el 24 de mayo de 1837 entre las tropas de la Expedición Real  del pretendiente Carlos María Isidro de Borbón y tropas isabelinas bajo el mando del general Miguel Iribarren, y que terminó con la derrota del ejército isabelino.

El pretendiente carlista, Carlos María Isidro de Borbón, consideró una solución negociada al conflicto dinástico. A ello le llevó la idea de una reconciliación basada en el matrimonio de la reina Isabel II con su primogénito, Carlos Luis de Borbón y Braganza; el fracaso del segundo sitio de Bilbao; el agotamiento de los recursos de las instituciones vasco-navarras fieles a la causa carlista debido al bloqueo del comercio entre el territorio carlista y el resto de España. Las instituciones carlistas pidieron la ocupación de otras provincias para potenciar la economía e incrementar los recursos, por lo que se preparó una expedición militar para presentarse en Madrid y forzar un acuerdo con la Regente y su hija.

El ejército expedicionario -unos 12.000 infantes y 720 jinetes- se concentró en Estella, de donde salió el 15 de mayo de 1837. En vez de dirigirse hacia el sur, hacia Madrid, quiso pasar por otras regiones fieles para conseguir más apoyos, recursos y tropas, y marchó hacia el este, cruzando el río Gállego el 23 de mayo. El general isabelino Miguel Iribarren destruyó los puentes que podrían encontrar en su camino y, aunque los carlistas improvisaron medios para cruzar los ríos, tuvieron que abandonar la artillería.

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La vanguardia carlista llegó a Huesca en la mañana del 24 de mayo de 1837, ocupando la ciudad -el Ayuntamiento y el cabildo presentaron las llaves al pretendiente- y el cerro de la ermita de San Jorge, perseguidos por la vanguardia de Iribarren, que había dejado el resto de sus tropas en Almudévar. Al saber la llegada carlista a Huesca, Iribarren se dirigió a la ciudad, llegando hacia las dos de la tarde.

 

Los isabelinos comenzaron el ataque a las tres y cuarto de la tarde, aunque el avance de la caballería y la artillería quedó dificultado al estar regadas las huertas donde se desarrollaba la acción. Los carlistas habían dado la alarma general y el combate se recrudeció, propagándose al interior de la ciudad. El contraataque carlista derrotó a los isabelinos, aunque no los persiguió en su huida. El general isabelino, Iribarren, resultó herido y murió al día siguiente. Los carlistas celebraron la victoria durante los tres días siguientes, se aprovisionaron de alimentos, obtuvieron una contribución monetaria de la ciudad y salieron en dirección a Barbastro, donde habría una nueva batalla con otro ejército isabelino.

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La ola revolucionaria que recorrió Europa en 1848 para acabar con las monarquías tuvo su reflejo en Aragón. Manuel Abad, líder republicano oscense, protagonizó un intento de insurrección entre Zaragoza y Huesca, episodio efímero que reflejaba las tensiones políticas y sociales de la época. Fue una semilla del movimiento que un cuarto de siglo después desembocaría en la Primera República. Manuel Abad fue un político liberal republicano nacido en Huesca y opuesto al régimen del general Ramón María Narváez que gobernaba desde 1844. La España de 1848 vivía una profunda crisis económica, agravada por la corrupción, el desempleo y la desigualdad social. La influencia de las revoluciones europeas, especialmente la francesa, alentó a sectores progresistas y republicanos a organizar levantamientos para derrocar al gobierno y establecer una república. En este marco, Abad emergió como un líder carismático.

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Una partida republicana, encabezada por Manuel Abad, salió de Ejea de los Caballeros (Zaragoza) con elementos procedentes de la comarca de las Cinco Villas y el 30 de octubre de 1848 ocupó la ciudad de Huesca durante unas horas, liberando a los presos políticos, pero sin encontrar apoyo popular. Fue una acción planificada, pero la falta de recursos, la escasa coordinación con otros movimientos revolucionarios y la llegada de fuerzas del gobierno dirigidas por el general Ramón Anglés, hizo que se dirigieran a Siétamo donde se rindieron. No se respetó el acuerdo y los cabecillas fueron fusilados en Huesca el 5 de noviembre. Otros fueron embarcados en Valencia con destino a Filipinas. El régimen no estaba dispuesto a tolerar ningún desafío a su autoridad. En Huesca, la figura de Manuel Abad se convirtió con el tiempo en un símbolo de resistencia y valentía. Décadas después, en 1885, se levantó un mausoleo en el cementerio de Las Mártires, financiado por suscripción popular y con apoyo del Ayuntamiento.

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El 29 de enero de 1930 dimitió Miguel Primo de Rivera y el rey Alfonso XIII nombró jefe de gobierno al general Dámaso Berenguer Fusté, última etapa de la dictadura conocida como “dictablanda”. Se dijo que el objetivo era la vuelta a la normalidad constitucional prometiendo la convocatoria de elecciones generales y concediendo una amnistía para delitos de carácter político, pero no se cumplieron las promesas. El 17 de agosto de ese año se reunieron en San Sebastián representantes de los partidos republicanos con la idea de poner fin a la monarquía y proclamar la Segunda República Española: Pacto de San Sebastián. En octubre se sumaron al Pacto el PSOE y la UGT.

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El Comité Revolucionario, tras varios aplazamientos, acordó la fecha del lunes 15 de diciembre para el levantamiento. En Jaca le correspondió la dirección de la sublevación a Fermín Galán, capitán del regimiento de Infantería. Había tenido una destacada actuación en la Guerra del Rif en 1924 y participó en 1926 en la Sanjuanada contra la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, por lo que fue encarcelado en el castillo de Montjuic. Con la amnistía de Dámaso Berenguer se reincorporó al servicio activo y fue destinado a Jaca. En esa ciudad entró en contacto con los capitanes (Ángel García Hernández, Salvador Sediles, etc) y elementos civiles, y con el comité revolucionario. Marcelino Domingo y Alejandro Lerroux tratan de calmarle. Durante el otoño organizan los detalles, pero una indiscreción alerta al general Emilio Mola, director general de Seguridad, que le envía una carta el 27 de noviembre.

Escena de una película

Galán se impacienta y, ante la llegada de las nieves, decide sublevar la guarnición el viernes día 12. En esa madrugada viaja desde Madrid Casares Quiroga para convencerle, pero llegan tarde y se duermen sin hablar con él, que se subleva de madrugada, detiene al gobernador militar y ocupa los centros logísticos y toda la ciudad. A las 11 se proclama la República en el Ayuntamiento, ondea la bandera tricolor, y publica un bando para garantizar el orden público. Se organizan dos columnas, una por ferrocarril (capitán Sediles) y otra en camiones (capitán Galán), pero de forma muy lenta, y salieron tarde. El lamentable estado de muchos de los camiones requisados convirtió la marcha en una azarosa peripecia y el frío y el hambre hicieron cundir el desánimo.

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Desde Huesca y Zaragoza salieron dos columnas para tratar de impedir la entrada en Huesca de los sublevados. Al atardecer, en las lomas de Cillas, a escasos kilómetros de Huesca, el general Dolla estableció la defensa. Se cortó el ferrocarril en Riglos, por lo que esa columna debió continuar a pie hasta Ayerbe. En el río Gállego, cerca de Anzánigo, hubo un encuentro con miembros de la Guardia Civil, en el que resultó herido el gobernador militar de Huesca, general Manuel Lasheras, que los mandaba y que murió pocos días después. Sobre las 23 horas llegó la columna de Galán a Ayerbe, donde esperó a la columna de Sediles. De madrugada se dirigieron hacia Huesca, encontrándose con las fuerzas del general Dolla, teniendo numerosas bajas y escapando hacia Ayerbe. Galán se dirigió al pueblo de Biscarrués y se entregó. Ese mismo día se declaró la huelga en Zaragoza.

En la madrugada del 13 al 14 fueron juzgados por un Consejo de guerra en el Gobierno Militar de Huesca y condenados a muerte los capitanes Galán y García Hernández, y cadena perpetua al resto. El 14, a pesar de ser domingo -era tradición no ejecutar condenas de muerte en ese día- fueron fusilados en el polvorín de Fornillos. Ni el general Berenguer ni el rey Alfonso XIII accedieron a conmutar la pena de muerte. Fueron enterrados en el cementerio de Huesca. Ese mismo día fue detenido el comité revolucionario, ingresando en la cárcel modelo de Madrid Niceto Alcalá Zamora y Miguel Maura. Santiago Casares Quiroga fue detenido en Jaca. También fueron detenidos Ossorio y Gallardo, Indalecio Prieto, Alcalá-Zamora, etc. El día 15, previsto para la insurrección, el general Queipo de Llano y el comandante Ramón Franco tomaron por unas horas el aeródromo de Cuatro Vientos, pero, ante la llegada las tropas del Gobierno huyeron a Portugal. La prevista huelga general en Madrid no se declaró. El episodio aceleró la proclamación del nuevo régimen y convirtió a los dos capitanes en mártires reconocibles en todo el país.

 

En la sublevación de julio de 1936, Huesca quedó bajo el dominio de las fuerzas sublevadas. En junio de 1937, el Ejército Popular de la República ejecutó una operación para tratar de conquistarla. El ataque tuvo lugar el día 12 de junio, con dos frentes, pero fue fácilmente rechazado. La aviación republicana actuó mejor con aviones procedentes de Alcalá de Henares. El día 14 hubo un gran combate aéreo y el 16 la última operación, con el bombardeo de Chimillas. El día 19 se ordenó detener la ofensiva. Hubo muchas bajas de combatientes anarquistas y del POUM, lo que aumentó la desconfianza hacia los comunistas. Una de las posiciones en las que quedó establecido el frente republicano fue el Estrecho Quinto, en la carretera hacia Lérida, donde hay una zona de trincheras visitable. 

 


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