Incendios.
“Se nos está quemando nuestra vida, nuestra zona, nuestra manera de vivir …” (Fernando Moreno, “Nano”, presidente de la Agrupación de Ganaderos de la Sierra Norte de Guadalajara). El día 16 de julio de 2026, a las 13:55 horas, en La Mierla, se inició el fuego que ha calcinado unas 35.000 hectáreas de monte en el Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara, lo que supone una catástrofe medioambiental (afecta a la cuarta parte del Parque, de alto valor ecológico) y una tragedia para los habitantes. El dispositivo preparado tras el incendio aseguró la protección de cuarenta núcleos de población, de los que 5-6 habrían sido arrasados con seguridad. Es uno de los muchos incendios (Almería, Madrid, Ávila, etc.) que han asolado España durante este mes de julio que arde.La economía de la zona se sustenta en la ganadería y el
turismo. Fernando Moreno contaba, en una entrevista realizada durante el
incendio, que tenía sus vacas en dos explotaciones, La Nava de Jadraque y
Alcorlo (50% y 100% del término quemado, respectivamente) y que no conocía su
estado porque los GPS no respondían. Incertidumbre total. En cualquier caso,
los pastos estaban quemados, por lo que se establecieron corredores para el
abastecimiento de alimento al ganado y permisos muy restrictivos para usarlos.
Un día llegaban a El Ordial, Arroyo de Fraguas y Zarzuela de Jadraque. Otro,
hasta Campisábalos.
Condemios de Arriba.
Los Condemios se salvaron del incendio, en su límite norte.
El ver a otros compañeros, desolados como el paisaje, hacía bajar la moral, pero la pena y el agotamiento no impedían colaborar en la extinción, haciendo cortafuegos, para que el incendio no progresase hacia Palancares y Valverde de los Arroyos. “Sólo en el peor de los desastres conoce uno la auténtica valía de los hombres” (Santiago Posteguillo). Fernando Moreno opinaba que ellos conocen mejor el terreno y pedía a los forestales que se dejasen aconsejar. Criticaba que el incendio se veía venir, que el monte lleva cuarenta años sin cuidar, que las administraciones les decían -con la inflexibilidad de la línea recta- que si hacían cortaderos o si los limpiaban habría impacto visual (ahora es mayor). Piensa que el fuego se apaga en invierno, no en verano cuando sale.
Se lamenta Fernando Moreno de que se quema su manera de vivir. Él y los ganaderos representan lo último de esa cultura que ya desapareció, y la preocupación es compartida por todos. La prensa ha publicado que un pastor de Villares de Jadraque se escondió de la Guardia Civil y no abandonó el pueblo para proteger a sus ovejas y colmenas. Los bomberos le ayudaron a proteger sus ovejas, pero las colmenas se han quemado la mayoría. Esta preocupación tiene un componente económico, naturalmente, pero no es el único. Es la ansiedad por el modo de vida perdido.Se desalojaron una
veintena de localidades como La Mierla, Muriel, Umbrelejo (deshabitado, pero
había menores en un campamento), Semillas, Palancares, Almiruete, La Nava de
Jadraque, Prádena de Atienza, Robledo, Aldeanueva, Naharros, etc. Un
polideportivo en Humanes se convirtió en refugio provisional para todos: “La
muerte, los incendios y los robos hacen a todos los hombres iguales”
(Charles Dickens). La memoria guardará el recuerdo indeleble de estos días tan
trágicos: “Por eso se fija tanto en el recuerdo, por eso se pueden
contar tan bien las catástrofes.” (Julio Cortázar, Rayuela). En la
penumbra del día declinante, cuando la luz va dejando vacío el cielo, aumenta
la intranquilidad al pensar en cómo evolucionará el incendio durante la noche.
Es el crepúsculo, el ocaso rojizo no sólo por la puesta del sol.
Toda la zona está escasamente poblada y estos desastres no ayudan. El Parque incluye 34 municipios (algunos con varias entidades de población), con una población total de 3.061 habitantes (2025), 90 habs/municipio de media, para una superficie de 1.257,72 km2, lo que da una densidad de 2,43 habs/km2. La altitud es uno de los grandes desafíos de la zona: hay cinco poblaciones en más de 800 m, tres en más de 900 m, seis en más de 1.000 m, nueve en más de 1.100 m, 7 en más de 1.200 m y cuatro en más de 1.300 m. No es extraño que la zona se vaciara en los años 1950-1970, al igual que otras zonas rurales.
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PARQUE NATURAL SIERRA NORTE DE GUADALAJARA |
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LOCALIDAD |
POBLACIÓN (2025) |
ALTITUD (M) |
|
Albendiego |
50 |
1.195 |
|
Arbancón |
157 |
903 |
|
Arroyo de las Fraguas |
32 |
1.216 |
|
Atienza |
406 |
1.169 |
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Bustares |
62 |
1.297 |
|
Campillo de Ranas |
150 |
1.102 |
|
Cantalojas |
121 |
1.314 |
|
Cardoso de la Sierra (El) |
49 |
1.268 |
|
Cogolludo |
574 |
898 |
|
Condemios de Abajo |
14 |
1.316 |
|
Condemios de Arriba |
101 |
1.317 |
|
Galve de Sorbe |
97 |
1.394 |
|
Gascueña de Bornova |
22 |
1.235 |
|
Hiendelaencina |
107 |
1.084 |
|
Huerce (La) |
52 |
1.277 |
|
Majaelrayo |
60 |
1.185 |
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Miedes de Atienza |
60 |
1.154 |
|
Miñosa (La) |
31 |
1.027 |
|
Monasterio |
13 |
928 |
|
Navas de Jadraque (Las) |
37 |
1.167 |
|
Ordial (El) |
45 |
1.235 |
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Prádena de Atienza |
45 |
1.144 |
|
Puebla de Valles |
59 |
853 |
|
Retiendas |
52 |
896 |
|
Robledo de Corpes |
39 |
1.146 |
|
Semillas |
25 |
1.194 |
|
Tamajón |
153 |
1.030 |
|
Toba (La) |
70 |
1.010 |
|
Tortuero |
19 |
893 |
|
Valdepeñas de la Sierra |
151 |
908 |
|
Valdesotos |
35 |
844 |
|
Valverde de los Arroyos |
85 |
1.255 |
|
Villares de Jadraque |
39 |
1.041 |
|
Zarzuela de Jadraque |
49 |
1.043 |
|
34 |
TOTAL: 3061 Media: 90 |
Media: 1.115,8 8 <1.000 m |
La Serranía Celtibérica y la franja cercana a Portugal
tienen menos de 8hab/km2, al igual que el Alentejo y el Algarve, en
Portugal, y el centro de Aquitania, en Francia.
La Unión Europea define el término Sparsely Populated Areas (SPA, Áreas Escasamente Pobladas), y establece el límite de densidad de población en los 12,5 habs/km2 y y en los casos extremos (adhesión de Finlandia y Suecia, región de Laponia) en 8 habs/km2 . En Geografía Humana se califica de "Desierto Demográfico" a los territorios por debajo de 10 habs/km2 . En España el 53% del territorio tiene una densidad de población inferior a 12,5, y gran parte, con menos de 7 habs/km2, como en la llamada Serranía Celtibérica y en zonas rurales de muchas provincias. El 92% de la provincia de Guadalajara tiene una densidad de 4,30 habs/km2, y la zona del Parque, 2,43 habs/km2 . Laponia, uno de los territorios más desolados de Europa, tiene 2 habs/km2.
La situación queda bien resumida en el cuadro “Palacio
real”, de José Manuel Ballester, (Las Meninas vacías), parte de la colección
permanente del museo Guggenheim de Bilbao.
Esta zona, como otras, nunca estuvo muy poblada. En
España, los viajeros extranjeros del siglo XVI y los románticos del siglo XIX
ya advertían de los grandes espacios vacíos. La civilización siempre ha estado
en la ciudad. Sergio del Molino (La España vacía) indica que las grandes
civilizaciones de la antigüedad se dieron con centro en ciudades: Mesopotamia,
Atenas, Roma, y la democracia se reinventó en los burgos; que las zonas urbanas
y rurales ya estaban confrontadas antes de la revolución industrial; que los
gobernantes españoles desterraban a los enemigos políticos a comarcas aisladas
(Gaspar Melchor de Jovellanos, Jadraque); que era civilización contra barbarie:
Cela cuenta en Viaje a la Alcarria que los mozos de los pueblos no querían
casarse con las mozas que habían ido a Madrid a servir; que el nacionalismo, el
anarquismo y el carlismo, no preferían las ciudades; que pasaba lo mismo en
otros países: “Portugal é Lisboa e o resto é paisagem”.
El Parque es de sobra conocido. No es necesario cantar
sus paisajes de montaña con alto grado de naturalidad, su relieve accidentado
(Pico del Lobo-Cebollera, Sierras de la Tejera Negra, del Alto Rey, el Ocejón,
etc.), su red hidrográfica (Jarama, Sorbe, Bornova y afluentes especiales como
Jaramilla, Lozoya, Sonsaz, Pelagallinas, etc.), su situación especial (contacto
entre el Sistema Central y el Sistema Ibérico), sus formaciones boscosas
(robledales, encinares, sabinares, pinares, bosques de ribera, hayedo de Tejera
Negra), su comunidad faunística (águila perdicera, lobo ibérico, pechiazul,
mariposa Apolo), sus pueblos mimetizados en el territorio (arquitectura negra,
arquitectura dorada), su patrimonio etnográfico (puentes, corrales, etc., con
lajas de pizarra), sus enclaves de interés mineralógico (Hiendelaencina), su
arte (románico rural, edificios civiles y militares), sus valores
paisajísticos, sus fiestas (botargas y mascaritas de Almiruete, Danzas de la
Octava del Corpus en Valverde de los Arroyos, etc.), sus ferias (ganado,
Cantalojas), etc, etc. Todo llevó a la declaración en 2011 de Parque Natural y
espacio Red Natura 2000, ZEC-Zepa Sierra de Ayllón, sobre una superficie de
casi 117.000 hectáreas.
Se ha tenido una mirada mitológica sobre el paisaje, se ha vendido el pasado, se ha idealizado el mundo rural. Una imagen que nunca existió, pero la despoblación rural ha provocado una menor variedad de paisajes -paisajes mosaico-, que servían como cortafuegos. El entorno, ahora, es más homogéneo, de forma que hay mayor conectividad, lo que facilita la propagación. A este factor social se añade la crisis climática, que favorece la desecación de la vegetación.
Se está viendo cómo la frontera entre un incendio y un megaincendio es cada vez más fina, cómo aumenta la dificultad de apagarlos. El cambio climático propicia un aumento de las temperaturas, sequías prolongadas, olas de calor, etc., a lo que se suma la acumulación de vegetación en el monte por décadas de abandono rural. Otros factores adversos son el viento y la orografía. Como medidas de prevención se citan la gestión activa de los montes y la recuperación de actividades tradicionales, lo que choca con la despoblación.Poco a poco los vecinos van siendo autorizados a volver a sus
pueblos. Pero esto no es el final, sino el principio. Las distintas
administraciones tienen que ser rápidas en hacer llegar las ayudas. Jacinto
Benavente dejó dicha una opinión, que también puede referirse a un incendio,
como es el caso: “¡Oh, dinero español, siempre pronto para cualquier
calamidad! Ese dinero que siempre llega para tus hombres eminentes a la hora
del entierro; para tus soldados, a la hora del desastre; para tus pueblos, a la
hora de la epidemia o de la inundación”. La maraña burocrática siempre
retrasa la ayuda, porque, como decía el escritor Juan José Millás, “Los
burócratas son incapaces de medir el tamaño de una catástrofe hasta que la
transforman en un expediente”.
La imagen de la dueña de un camping que lo ha perdido todo en otro incendio es la otra cara de la economía de la zona, ganadería y turismo. Ya no se puede vender paisaje. Todas estas personas, de convicciones graníticas, contagiados de la naturaleza rocosa del suelo, , ahora entregados al presente, forcejeando con la fatiga, con estoica serenidad, arrastrando el alma, con la decisión impresa en el rostro, lucharán por la supervivencia. Hay destinos humanos ligados con un lugar o con un paisaje. El tumulto de imágenes en la cabeza no puede ocultar el desolado paisaje de su propio espíritu. Son las tensiones de la voluntad. Para alimentar su espíritu debilitado buscan cosas poco tangibles, como emociones. Sin caer en el fatalismo se dedican a arañar chispas de esperanza. Es el empeño, la vida.
El fuego ha llegado hasta el río Sorbe, al embalse de Beleña que abastece a la Mancomunidad de Aguas del Sorbe (Guadalajara, Azuqueca de henares, Alcalá de Henares y numerosos pueblos más pequeños). Muriel se ha salvado.
“Como arena, el silencio sepultará las casas…!, escribía Julio Llamazares (La lluvia amarilla) refiriéndose a Ainielle, pueblo abandonado de Huesca. Aquí no se van a abandonar los pueblos. Declarando el profundo agradecimiento a bomberos, fuerzas de seguridad, UME, etc., a todos los que han colaborado en las tareas de extinción, con tristeza, con indignación, con resignación, se empezará la recuperación desde cero. Es lo que siempre se ha hecho. Somos supervivientes de todo tipo de desastres y catástrofes. “Toda historia no es otra cosa que una infinita catástrofe de la cual intentamos salir lo mejor posible” (Italo Calvino).
El paisaje está desnudo. La penosa claridad del recuerdo
nos trae a la mente lo que había, que es un paisaje mental que ya no existe. Lo
que queda son las negras cicatrices de los fuegos devastadores en este julio,
el silencio gris de las cenizas. Pero los pueblos y los campos se librarán del
humo del incendio y recuperarán el aire limpio, oxigenado y regenerador. Las
ráfagas del viento traerán el olor sano de la resina. Viejas imágenes serán
devueltas al presente. La memoria no será el territorio de la nostalgia, sino
de la esperanza. De nuevo se cifrará la imagen de la vida en el árbol, en la
multitud de árboles repitiéndose disminuidos en la perspectiva, en los bosques
que trepan hacia los montes y bajan a beber hasta las aguas de los ríos
adueñándose de la tierra, en el color verde que lo invade todo. El murmullo del
viento en los árboles volverá a formar parte del lugar como los mismos árboles
o las rocas. La esperanza será más fuerte que la destrucción.
No podemos permitir este aforismo: “Los bosques preceden a las civilizaciones, mientras los desiertos las siguen” (René de Chateaubriand, diplomático y escritor francés, 1768-1848).


































