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martes, 10 de junio de 2025

Bohemia

Museo de Historia de Madrid.

La bohemia artística nació en el siglo XIX. En sus inicios la palabra “bohemio” era prácticamente sinónima de “gitano”, al proceder muchos de estos de la región de Bohemia (actual República Checa). A lo largo del siglo, el adjetivo bohemio comenzó a asociarse con el artista, quienes veían representados en el pueblo gitano algunos de sus anhelos: libertad, rebeldía, falta de ataduras, una identidad propia, un lenguaje, etc. Se pasó entonces a tildar como “bohemios” a un colectivo de artistas, pintores, músicos y escritores, que practicaban un estilo de vida alejado de los valores burgueses imperantes. No existió una única forma de bohemia: la hubo intelectual y comprometida, pintoresca o tabernaria, en un momento en que la figura del escritor comenzaba a profesionalizarse.


Madrid fue el centro de la bohemia española. Una ciudad en transformación que se convirtió en el escenario urbano de sus aventuras y desventuras.

“¡Viva la bohemia!”, fue la expresión con la que George Sand concluyó su novela La dernière Aldini (1837) y, tradicionalmente, se ha aceptado como la primera referencia literaria a la bohemia.

Entre nosotros había algunos empedernidos bohemios. Vivían como podían, a salto de mata. Escribían en periódicos que no pagaban o que lo hacían muy mal; pintaban cuadros que no vendían; publicaban versos que nadie leía; dibujaban caricaturas que no quería nadie”.

Ricardo Baroja, Gente del 98, 1935.


Eduardo Chicharro, Tejados de Madrid, óleo sobre lienzo, 1899.

“Por la cuadrada ventana, se veía un grandioso país de nubes y tejados (…) En cúpulas y tejados, veíanse las formas más extrañas y las variedades más caprichosas. Ofrecía el conjunto una crestería chabacana, de recortados picos, aleros, palomares y tantísima chimenea, como negro ejército en desorden, las unas empenachadas de humo, las otras no, muchas torcidas y con el capacete ladeado”.

Benito Pérez Galdós, Doctor Centeno, 1883.

Entre 1847 y 1849, Henri Murger publicó por entregas en la prensa francesa la novela Scènes de la vie bohème. La obra narraba las peripecias de un grupo de artistas bohemios en el Barrio Latino parisiense. La novela fue un éxito y pronto se hizo una adaptación para el teatro. En 1896, Giacomo Puccini estrenó la ópera La Bohème, tomando como inspiración el texto de Murger.

Los ecos de Murger se expandieron por España. Enrique Pérez Escrich publicó la novela El frac azul. Memorias de un joven flaco (1864), considerada como el aldabonazo de la literatura bohemia española. Pero la repercusión fue todavía mucho más allá. La ópera de Puccini se parodió en la zarzuela La golfemia (1900), con el libreto de Salvador Mª Granés y música del maestro Arnedo, llevándose la trama desde París al Madrid más castizo, como si se tratara de un espejo deformante. Algunos años más tarde, se estrenó con rotundo éxito la zarzuela Bohemios (1904), esta vez con letra de Perrín y Palacios y partitura del maestro Vives. Pío Baroja llegó a escribir para el teatro Adiós a la bohemia, (1911), texto que más tarde Pablo Sorozábal convertiría en una “ópera chica” con el mismo nombre.

París: las primeras luces.

En el siglo XIX, París era la gran capital cultural de Europa. Todo sucedía en París. Escritores y artistas españoles viajaban a la ciudad francesa con el sueño de alcanzar la gloria, bien sumergiéndose en su bohemia, bien tomando distancia de ella. Las sensaciones que París les provocó quedaron retratadas en sus obras pictóricas o en los numerosos textos en los que describían con detalle sus vivencias, sus éxitos y fracasos: Ramón Casas, Santiago Rusiñol, Miguel Utrillo. … La bohemia de Montmartre y del Barrio Latino, los encantos y peligros del “falso azul nocturno”, se convirtieron en auténticos cantos de sirena.

Entre la multitud de artistas que decidieron viajar a París, estaban Enrique Ochoa y Manuel Luque. El primero dejó algunas escenas, a modo de apuntes, donde mostraba las penurias que pasaban los artistas (el pintor en su buhardilla, los tres artistas sentados en un parque…). Ochoa ilustró cubiertas para escritores pertenecientes al círculo bohemio, como Antonio de Hoyos y Vinent, Eliodoro Puche o Rubén Darío.

Por su parte, el almeriense Manuel Luque inició una importante carrera como caricaturista en la prensa francesa. Sus caricaturas de los poetas simbolistas adscritos a la bohemia francesa, como Verlaine, Mallarmé o Rimbaud, se hicieron especialmente célebres. Poetas considerados malditos, cuya vida bohemia poco tenía que ver ya con la candidez de los protagonistas de la obra de Murger.

                  Hermen Anglada Camarasa, Mujer de noche en París, óleo sobre tabla, 1898

               Raimundo de Madrazo, Salida del baile de máscaras. Óleo sobre tabla, hacia 1885

                Ramón Casas, Pláticas de familia. Carboncillo y gouache sobre papel, Hacia 1899

                         Martín Rico, Vista de París desde el Trocadero. Óleo sobre lienzo, 1883 

                                         Eliseo Meifrén, Plaza de París. Óleo sobre lienzo, 1887

El resplandor español.

La primera generación de la bohemia española surgió a mediados del siglo XIX. Se trataba de un grupo de escritores postrománticos ligados al periodismo y al teatro. Fue también la época dorada del folletín, en la que grandes autores se rodeaban de escritores menores que les servían de secretarios o de meros escribientes a los que dictar sus obras. Muchos de ellos vivían de forma precaria y anónima en las buhardillas.

Los primeros bohemios españoles eran jóvenes ilusionados por lograr un día el éxito y el reconocimiento del público, pero también mostraron su compromiso político en favor de una regeneración liberal. Cuando estalló la revolución de 1854, que provocó serios altercados en la capital madrileña, muchos de ellos lucharon en las barricadas.

La novela El frac azul. Memorias de un joven flaco (1864), de Enrique Pérez Escrich, inauguraba la literatura bohemia española. Con un carácter autobiográfico, Escrich advertía a los jóvenes de los peligros que acechaban en el camino de la fama. Al margen del protagonista de la novela, Elías, alter ego del autor, el resto de sus compañeros bohemios fueron personajes reales, como los escritores Florencio Moreno Godino (conocido como Floro Moro Godo), Antonio Altacill o Roberto Robert.

Los cafés madrileños de la época (la Perla, el Suizo o el del Príncipe) eran los centros de reunión de aquellos jóvenes. Cafés románticos a los que, décadas más tarde, se les rendiría culto. 



Escribir en Madrid es llorar,

es buscar voz sin encontrarla,

como una pesadilla

abrumadora y violenta”.

Mariano José de Larra, “Horas de invierno”, El Español, 25 de diciembre de 1836

 

Ricardo Baroja, Retrato de Mariano José de Larra, Óleo sobre lienzo, 1930

 

                                  Ricardo Balaca, El café, Óleo sobre hojalata, hacia 1860-1865 

         Jesús Evaristo Casariego, Inauguración del alumbrado eléctrico en la Puerta del Sol, 1878 

         Leonardo Alenza, Lectura en el café de Levante de Madrid, Óleo sobre lienzo, hacia 1830

La bohemia heroica.

En las últimas décadas del siglo XIX, surgió un grupo que plantó cara a la mediocridad y remplonería que, según su opinión, caracterizaba a la sociedad española del momento. Son la llamada Gente Nueva, que luchará contra lo “viejo”, lo “anticuado”. A estos “modernos” o “modernistas”, término utilizado de forma peyorativa por sus contrincantes, pertenecieron los miembros de la segunda generación de bohemios. Se consideraban un tipo de aristocracia artística, enfrentada con todo lo que representase el ideal burgués, su principal enemigo. Su ideología los posicionaba dentro del socialismo y el anarquismo, y denunciaron la precaria situación de miseria y hambre que vía entonces gran parte de la población española.

Esta bohemia conocida como “heroica o santa bohemia” se agrupó en periódicos como Democracia Social, La Piqueta, Don Quijote y, en especial, en torno al semanario Germinal, dirigido por Joaquín Dicenta. Fue precisamente una obra de Dicenta, Juan José (1895), la que supuso el inicio del teatro social, en la que por primera vez la clase obrera se veía representada con veracidad sobre las tablas.

El gran bohemio de esta generación modernista fue Alejandro Sawa (1862-1909). Amigo de Paul Verlaine, a quien frecuentó durante su estancia en París, Sawa representaba el ideal del escritor libre, inadaptado, comprometido con su causa hasta las últimas consecuencias: una trágica muerte rodeada de locura y pobreza. Valle-Inclán se inspiró en él para crear el personaje de Max Estrella en Luces de bohemia.

Andar por calles y plazas hasta las altas horas de la noche, entrar en una buñolería y fraternizar con el hambre y con la chulapería desgarrada y pintoresca, impulsados por este sentimiento de caballero y de mendigo que tenemos los españoles, hablar en cínico y en golfo y luego con la impresión en la garganta del aceite frito y del aguardiente, ir al amanecer por las calles de Madrid, bajo un cielo opaco, como un cristal esmerilado, y sentir el frío, el cansancio, el aniquilamiento del trasnochador.

Dejar después la ciudad y ver entre las vallas de dos solares esas eras inciertas, pardas, que se alargan hasta fundirse con las colinas onduladas del horizonte, en el cielo gris de la mañana, en la enorme desolación de los alrededores madrileños”.

Pío Baroja, La Esfera, 1915.

 

Mateo Silvela y Casado, Tienda asilo, óleo sobre lienzo, 1890.

A finales del siglo XIX, la miseria y el hambre se habían convertido ya en un serio problema para la sociedad madrileña. Una de las iniciativas que se pusieron en marcha para intentar aliviar la situación fueron las llamadas tiendas-asilo. Fundadas según el modelo francés, estos centros benéficos ofrecían dos comidas al día a los más desfavorecidos a unos precios muy económicos. En Madrid, se abrieron, por ejemplo y entre otros lugares, en las calles de Doctor Brumen, Jorge Juan o en las inmediaciones de Ferraz, con no poco disgusto para los vecinos más acomodados.

La revista Germinal (1897-1899), dirigida por Joaquín Dicenta y en la que colaboraban importantes firmas de la bohemia modernista, mostró un férreo compromiso político y social. Además de los artículos publicados, en sus páginas se reprodujeron obras pictóricas que tenían un claro componente de denuncia social: Trata de blancas (Joaquín Sorolla), La Virgen obrera (Cutanda), Una desgracia (José Jiménez Aranda), etc. La obra Tienda-asilo fue la escogida para ilustrar el artículo firmado por Ernesto Bark en el que comparaba el naturalismo francés de Émile Zola con el español de Joaquín Dicenta y Alejandro Sawa.

 

Pablo Picasso, Bohemia madrileña (Grupo de artistas), 1901.

Durante su estancia en Madrid, en 1901, Picasso se relacionó con la bohemia madrileña. Pruebade ello, es este dibujo en el que se retrató junto a un grupo de amigos artistas, quienes parecen hacer un alto en el camino en uno de sus habituales paseos nocturnos por el extrarradio de la ciudad.

De izquierda a derecha: personaje desconocido, Henri Cornuty, Francesc d´Assís Soler, Pablo Picasso y el poeta Alberto Lozano.

El dibujo apareció reproducido en las páginas de Arte Joven (1901), la revista dirigida por Francesc d´Assís Soler y el propio Picasso, con la intención de agitar el arte del momento.

No es nuestro deseo destruir nada: es nuestra misión más elevada. Venimos a edificar. Lo viejo, lo caduco, lo carcomido, ya caerá por sí solo, el potente hálito de la civilización es bastante y cuidará de derribar lo que estorbe”.

Arte Joven, 10 de marzo de 1901.

 

          Manuel Benedito, La familia del anarquista el día de la ejecución, Óleo sobre lienzo, 1899

Espacios de bohemia y golfemia.

La bohemia está ligada a Madrid con fuertes lazos. La ciudad no sólo es el escenario urbano donde transcurre la vida bohemia, sino que es el continente real donde los escritores vierten las esperanzas y decepciones, llegando a convertirse en un personaje más de su literatura o en el objetivo de sus denuncias sociales. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, Madrid es una capital anquilosada en el tiempo, con un entramado laberíntico de calles estrechas y amenazantes.

La bohemia vive en las buhardillas, en las tertulias de los cafés -que pueblan las inmediaciones de la Puerta del sol-, en las redacciones de los periódicos, en los cafés cantantes, en los cafetines y tabernas. El bohemio es “hermano de la prostituta”, a la que elogia y dedica versos, como compañera de un desarraigo común y compartido. El escritor Emilio Carrère será el gran rapsoda de ese “barrio latino matritense” al que cantará y evocará su recuerdo.

Fue en estos espacios donde comenzó a aflorar un grupo de escritores más ligados a los bajos fondos que a la literatura. Esta “golfemia”, amiga del alcohol y del sablazo, llegó a formar la tercera generación de la bohemia española que poco nada tendrá que ver ya con la de la “santa bohemia” del pasado. Una golfemia que, a partir de 1910, con el inicio de las obras de la Gran Vía, y hasta mediada la década de los años 30, fue testigo de cómo el Madrid antiguo de la bohemia heroica se iba deshaciendo poco a poco en beneficio de la modernidad y el progreso.

                               José Gutiérrez Solana, Chulos y chulas, Óleo sobre lienzo, 1906




Enrique Martínez Cubells, La Puerta del Sol. Óleo sobre lienzo, hacia 1900.

Límpiate el polvo del camino, cambia de traje, ponte el sombrero, apóyate en mi brazo, salgamos a la calle, vamos a la Puerta del Sol y emprendamos la caminata”.

Eusebio Blasco, Madrid por dentro y por fuera, 1873.





 

José Bermejo, El cafetín. Óleo sobre lienzo, 1926.

“El cuadro que ahora presenta de gran tamaño se titula El cafetín. Bermejo es el pueblo mismo de Madrid. El chulo, la modistilla, el trapero, el requesonero, el vendedor de flores, el tañedor de flores, el tañedor de guitarra, la peinadora, la chalequera, el albañil, todo el Madrid callejero que invade cafetines, teatrillos y tabernas, y que tal vez percibió Bermejo con el especialísimo tono y el ambiente recargado de madileñismo del Juan José de Dicenta”.

Francisco Alcántara, “La exposición Nacional de Bellas Artes”, El Sol, 28 de mayo de 1926.


 

         Arturo Souto, Tertulia de Valle-Inclán Café Granja El Henar, Óleo sobre lienzo, Hacia 1928

                       José Gutiérrez Solana, La casa del arrabal. Óleo sobre lienzo, hacia 1934

Juan Gris (José Victoriano González), Marta, la ciega. Tinta china y toques de gouache en blanco sobre papel granulado crema, hacia 1907.

Antes de su asentamiento en París y su etapa cubista, realizó varios trabajos para la prensa española. Una de las colaboraciones fue para el semanario satírico madrileño ¡Alegría! En esta revista publicó, en junio de 1907, su dibujo Marta la ciega, dentro de la sección “Vaciados alegres”; un espacio donde personajes de la calle o del ámbito político y académico parecían retratados por los grandes dibujantes del momento (Sancha, Robledano, Ramírez, Juan Gris), junto con un poema alusivo. En este caso, el dibujo de Gris se acompañó de un poema firmado por “Epicteto”, cuyo primer verso correspondía con la famosa habanera que debía cantar nuestra protagonista en la calle:

“He nacido en un bosque de cocoteros (…).

El mismo año, 1907, Antonio de Hoyos y Vinent, escritor y aristócrata bohemio, hacía referencia en su novela A flor de piel a una mendiga invidente, de nombre Lucía, que pedía limosna a la puerta del Teatro Apolo de Madrid, mientras tocaba la guitarra y cantaba la misma habanera a la que se refiere el poema de la revista ¡Alegría!, por lo que cabe pensar que se tratase de la misma persona, conocida sobradamente en la ciudad. Como curiosidad, reseñar que dicha novela la había dedicado a Valle-Inclán.

 

La luz en el espejo.

El espacio que cierra la exposición está dedicado a Valle-Inclán y su obra Luces de Bohemia, publicada como libro en 1924. Tomando como inspiración a Alejandro Sawa, traza a este literato loco, ciego y pobre para recorrer en una agónica jornada el “Madrid absurdo, brillante y hambriento” donde sitúa la acción. Max Extrella dice “¡El esperpento lo inventó Goya!”, por lo que se incluyen en este espacio algunos Caprichos de Goya, en los que se aprecian la deformación o caricaturización de sus protagonistas. A ella había aludido, quince años antes, Francisco Sancha en algunas de sus “Escenas madrileñas” (El Golfo, El Aguaducho o El ciego Fidel). Ya en la salida se nos invita a esta reflexión, en palabras de Pío Baroja: “La bohemia es una de tantas leyendas que corren por ahí; una bonita invención para óperas y zarzuelas, pero sin ninguna raíz en la realidad”.

Sánchez Álvarez, Busto caricatura de Ramón María del Valle-Inclán. Madera frutal tallada, tintada y encerada, 1932



Higinio Vázquez, Ramón María del Valle-Inclán, Hormigón patinado, 1971

Este gran don Ramón de las barbas de chivo,

cuya sonrisa es la flor de su figura,

parece un viejo dios, altanero y esquivo,

que se animase en la frialdad de su escultura (…)”

Rubén Darío, “Soneto”, El canto errante, 1907



                                   Vicente Moreno, Retrato de Ramón María del Valle-Inclán

 

                                                              Callejero del Madrid bohemio

martes, 10 de septiembre de 2024

Septiembre: calendario lunar.

La Luna se asocia al arquetipo femenino, puesto que se le conecta con los ciclos naturales: el cuerpo femenino y la menstruación. Cada fase se relaciona con una etapa vital de la mujer: la fase creciente con la niña y la adolescente, mientras que la madre y la mujer joven están unidas a la Luna llena; la mujer madura se asocia con la menguante y la anciana con la Luna oscura. Pero a lo largo de la historia, en diferentes culturas la Luna fue masculina: en la antigua Mesopotamia, 2.100 años a.C., se asociaba al dios Nanna, patrón de la ciudad Ur. En realidad, el astro tiene los dos aspectos: masculino en fases crecientes y llena, y femenino en menguante y oscura. 

Las variaciones en apariencia y brillo que la luna experimenta a lo largo de su ciclo son continuas. Estas etapas no sólo adornan el cielo nocturno, sino que pueden afectar al estado de ánimo y a la energía de cada persona, por lo que es necesario conocer e interpretar la conexión existente entre los cambios lunares y los signos del zodiaco de agua, aire, tierra y fuego. El último mes del verano es septiembre y  el ciclo lunar y los fenómenos astronómicos son especiales. Uno de ellos es el equinoccio de otoño.

 

En este mes, son cuatro las fases de la luna: 

Fase de la luna                           Fecha                Hora                    Distancia tierra-luna.

Luna nueva                                 3-9-2024            03:56:45               403.171 km

Cuarto creciente                         11-9-2024           08:06:47              390.136 km

Luna llena (superluna)               18-9-2024           04:36:43              363.774 km

Cuarto menguante                      24-9-2024           20:52:38              380.596 km

 

LUNA NUEVA.

Tuvo lugar el martes día 3, iniciando el ciclo lunar -29,5 días- (novilunio, “nueva Luna”) de septiembre. Es el momento en que se sitúa entre la Tierra y el Sol, los tres alineados. La Luna siempre está iluminada al 50% por el sol debido a su forma esférica, por lo que, al estar alineados, la cara iluminada está de espaldas a la Tierra, mientras que la mitad que mira hacia nosotros está a oscuras. El cielo está más oscuro que en las otras fases lunares, y apenas la vemos. Esta falta de luminosidad hace que sea una buena ocasión para que los aficionados a la astronomía puedan observar el cielo. 

Se asocia tradicionalmente con los inicios y algunos rituales pueden ayudar a sintonizar con esa energía que nos impulsa a concretar nuestros proyectos, a sacar adelante los nuevos objetivos. Para que algo comience, algo tiene que acabar o morir. Esta Luna nos lleva a una contemplación tranquila para que fluya lo nuevo. Luna nueva, fase de crecimiento, buen momento para poner la intención en lo nuevo, iniciar proyectos, empezar de nuevo, trabajar la autoconfianza, preguntarse por la propia situación, tiempo de meditación sobre los objetivos de los próximos 29 días, reflexión sobre la sabiduría que aporta la oscuridad.

En otros tiempos favorecía el recogimiento en la cueva y siempre puede ayudar a conectar con nuestro interior, la autoexploración, con la intuición. Se puede estar más tranquilo y reflexivo de lo habitual, lo que puede servir para desconectar de esperanzas o sueños. Es momento propicio para cultivar. 

En China, donde se rigen por el calendario lunar, el año empieza coincidiendo con una Luna nueva, la de febrero, cuando tienen lugar las celebraciones. Los rituales son como en nuestro Año Nuevo, con volver a empezar, con dejar atrás lo que ya no nos sirve, con proyectar nuevos propósitos. Es la fase más adecuada para dejar un mal hábito y sustituirlo por uno más saludable. Después de permanecer oculta, la Luna nueva es vista como un renacimiento. El almanaque norteamericano The Old Farmer´s Almanac habla de los rituales y celebraciones de los pueblos nativos y los agricultores la han considerado la fase más propicia para sembrar y cultivar las plantas de las que interesa cosechar la raíz, el rizoma o los tubérculos. También es fase propicia para hacer una limpieza energética de la casa.

 

CUARTO CRECIENTE.

La siguiente fase del ciclo de la luna comienza el día 11. La luna comienza a iluminarse y a hacerse visible desde la Tierra, llegando a la luna llena una semana después, la última del verano. Está en sintonía con la acción, con la activación. Buen momento para hacer planes y dar pasos prácticos hacia los objetivos.

Es una fase muy importante por la influencia que se dice tiene en las personas. Para los signos de agua (Cáncer, Escorpio y Piscis) trae un aumento de la intuición y la sensibilidad emocional, por lo que es momento oportuno para conectar con las emociones más profundas y procurar una cura emocional. Para los signos de tierra (Tauro, Virgo y Capricornio) brinda mayor estabilidad y enfoque en sus metas y objetivos, siendo momento óptimo para planificar y trabajar en proyectos a largo plazo. Para los signos de aire (Géminis, Libra y Acuario) aporta claridad mental y agilidad en la comunicación, siendo buena ocasión para expresar ideas y conectar con los demás de manera más efectiva. Por último, para los signos de fuego (Aries, Leo y Sagitario) impulsa para perseguir los sueños con determinación, momento ideal para emprender nuevos desafíos y aventuras.

 

 

 

 

 


 

LUNA LLENA.

A este plenilunio se le conoce como Luna de la Cosecha (Harvest Moon), por su relación con la recolección de los cultivos. También se la llama Luna del Maíz y Luna del Centeno, nombre puesto por los nativos norteamericanos al coincidir con la recolección de esas plantas. Su luz facilitaba la labor incluso si se alargaba por la noche. Se producirá el día 18, pero, al contrario de lo habitual, no será una superluna puesto que esa misma noche habrá un eclipse parcial de luna, hecho visible desde cualquier punto de España sin necesidad de ningún instrumento ni precaución especial, a simple vista.


 

Es una fase para iluminar, para ver lo que se oculta en la oscuridad, para ver claramente los progresos y sentirse orgulloso. Ilumina lo que requiere atención y también el mundo interior, ayudando a cambiar de rumbo si es necesario.


 La superluna sobre el “Skyline” de Londres, el 29 de septiembre de 2023 (National Geographic).

La luna de la cosecha es la luna llena más próxima al equinoccio otoñal, en torno al 23 de septiembre en el hemisferio norte. Todos los plenilunios salen en torno a la hora de la puesta de sol, aunque la luna retrasa cada día su salida respecto a la hora del día anterior, unos 50 minutos a lo largo del ciclo anual. El retraso en la salida hace posible extender la actividad de agricultores durante la cosecha o de los cazadores, de ahí sus nombres: luna de la cosecha, de los cazadores, de vino, cantarina, de la llamada del alce. Su apariencia es más grande de lo habitual, tonalidad dorada, amarillenta o rojiza, resultado de su posición más cercana al horizonte. 

La superluna vista durante un partido de fútbol en Deinze, Bélgica (National Geographic).

Muchas civilizaciones han venerado a la Luna, especialmente cuando está llena. Las tribus amerindias de América del Norte atribuían un nombre especial a cada una, como Luna de Esturión, Superluna Azul. El término superluna, acuñado por el astrólogo Richard Noelle en 1979, se refiere al momento en que la Luna llena está más cerca de la Tierra en su trayectoria orbital. No es oficial, pero es utilizado por los observadores aficionados, aunque hay que diferenciarlo de las lunas llenas y las lunas azules. Este fenómeno se ha vuelto popular en las últimas décadas por ser un evento especial en el que podemos ver nuestro satélite en su máximo tamaño y brillantez. El pasado 19 de agosto de 2024 se pudo ver una superluna azul, es decir, se dan los dos fenómenos a la vez.

Una luna llena vista desde la Estación Espacial Internacional. 

 

Equinoccio de otoño.

La palabra deriva del latín aequinoctium, de aequus (igual) y nox (genitivo noctis) (noche). Son los momentos del año en los que el Sol está situado en el plano del ecuador celeste.  Ese día y para un observador en el ecuador terrestre, el Sol alcanza el cenit (el punto más alto en el cielo con relación al observador, que se encuentra justo sobre su cabeza, a 90°), es el momento en el que el eje de rotación de la Tierra es directamente perpendicular a la línea Sol-Tierra. Los equinoccios se usan para fijar el inicio de la primavera y del otoño en cada hemisferio terrestre. 

 

En el hemisferio norte, la Luna de la Cosecha es la que está más próxima al equinoccio de otoño. Esa luna marca el fin del verano y el comienzo de la época de cosechas. Este año, 2024, se producirá el 22 de septiembre a las 12.44 horas. El sol incide de manera directa sobre la línea del ecuador, por lo que ambos hemisferios terrestres recibirán una cantidad igual de horas de luz solar, teniendo el día y la noche igual duración, lo que era conocido por las culturas ecuatoriales primitivas -el sol salía por el este y se escondía por el oeste-. En el polo Norte comienza una noche de seis meses de duración y en el hemisferio norte comienza el otoño. En el hemisferio sur sucede lo contrario. A partir de ese momento, los días empiezan a tener cada vez menos minutos de luz solar hasta llegar al solsticio de invierno en que tendrá lugar la noche más larga del año. Es el momento de la modificación del horario. Los días se hacen más fríos, caen las hojas de los árboles, llegan más vientos y lluvias, algunos animales empiezan a recolectar alimentos para pasar el invierno y las aves inician su viaje migratorio hacia regiones más cálidas.

Reloj de sol zodiacal de la iglesia de la Asunción de Catí (Castellón). Además de las horas, muestra los equinoccios y los solsticios. 



En las diferentes culturas, el otoño simboliza el comienzo de una etapa de recogimiento, de reflexión y planificación. En el equinoccio de otoño se dan las festividades de la cosecha y de acción de gracias por los frutos recogidos durante el año, es el día de Acción de Gracias. Hay festividades similares en culturas tan diferentes como la maya, la china o la celta. 

En China, Vietnam, Japón y Corea, se relaciona con la celebración del Festival del Medio Otoño o Festival de la Luna, cuando se reencuentran las familias bajo la luz de la luna y cenan con los dulces típicos, los pasteles de luna o mooncakes. En China, este Festival, llamado también Zhongqiu, comenzó con la dinastía Shang, 1760-1520 a.C. Suele celebrarse durante la primera luna llena del equinoccio de otoño para celebrar las cosechas de otoño como trigo y arroz. 


En Japón, los equinoccios marcan la temporada de Ohigan destinada a honrar a sus antepasados. En este tiempo, el sol se pone directamente sobre el oeste, donde los japoneses creen que descansan los difuntos. Los budistas lo celebran durante siete días, tres antes y tres después de cada equinoccio, queman incienso y rezan oraciones. Probablemente se originó en el periodo Asuka, 538-710 d.C.

 


En la península de Yucatán, México, los mayas construyeron el Castillo o Templo o Pirámide de Kukulkán -1000-1200 d.C.-, que honraba a la serpiente emplumada de ese nombre, en la ciudad de Chichén Itzá. Su alineación hace que, durante las puestas de sol de los equinoccios, se forme una sombra con forma de serpiente sobre sus escalones norte que conecta con una estatua de cabeza de serpiente en la base del templo. El fenómeno fue usado por los mayas para determinar el inicio y el fin de la temporada agrícola. 


En el distrito de Machu Pichu, Perú, los incas construyeron varias estructuras rituales como el Intihuatana, alrededor del año 1450 d.C. Es grande y escalonada -muchos escalones tallados en la roca- y una aguja de roca en la cima. Debió funcionar como reloj de sol. Durante los equinoccios, el sol se coloca directamente encima sin formar sombras.

 



En la isla de Pascua, Rapa Nui, existen numerosas estatuas moai, construidas alrededor del 700 d.C. por los antiguos polinesios. Siete de ellas, en Ahu Akivi, están conectadas con los equinoccios. En el de otoño, sus espaldas miran hacia el amanecer.


 


El Anillo de Brodgar es una estructura neolítica, 2500-2000 a.C., construida en las islas Orcadas, Escocia. Estaba compuesta por sesenta -quedan treinta- grandes piedras de 2-4 m de altura situadas en un círculo de unos cien metros de diámetro. Se desconoce su propósito cultural o religioso, aunque varias estructuras dentro del círculo se alinean con el sol en estas fechas. 


Entre 3000 y 1500 a.C., una civilización neolítica desconocida construyó un recinto circular de monumentos de piedra llamado Stonehenge, en Salisbury, Inglaterra. Se desconoce su propósito, pero se sabe que sus estructuras se alinean con el sol en los solsticios, aunque la gente se reúne allí durante los equinoccios.


 

 

CUARTO MENGUANTE.


Es la última fase del mes (Last Quarter) y tendrá lugar el día 24. Entonces sólo contemplamos un 50% de su superficie y la luminosidad va disminuyendo progresivamente hasta alcanzar la fase de luna nueva y dar comienzo a un nuevo ciclo, ya en otoño, el 2 de octubre (New Moon). Su posición será ascendente hasta el 2 de octubre, que empezará a descender.

Es fase de culminación, de sacar conclusiones, de reflexionar para el próximo ciclo. Incita a ser conscientes de lo que impide avanzar.