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lunes, 13 de abril de 2026

Huesca (IV)

La leyenda de La campana de Huesca es una narración que emplea el consejo enigmático, en forma de adivinanza, y es más un relato literario que histórico, con similitudes con otros del mundo clásico como el de Sexto Tarquinio, hijo del rey Tarquinio el Soberbio (alegoría de la razón de estado), recogido por el romano Tito Livio, o el del segundo tirano de Corinto, Periandro, uno de los Siete Sabios de Grecia. Otros relatos de este tipo están en Aristóteles, Dionisio de Halicarnaso, Plutarco, Ovidio o Valerio Máximo. Aunque la leyenda no tiene una base histórica firme, podría estar basada en ciertos hechos históricos. Antonio Ubieto Arteta señaló que podría basarse en un cantar de gesta, Cantar de la campana de Huesca, reconstruido a partir de la Crónica de San Juan de la Peña y basado en la revuelta nobiliaria de 1135, quizá instigada por García Ramírez de Pamplona. En ese año Ramiro II estaba exiliado en Besalú, aunque regresó. En 1136 hubo una nueva rebelión en Uncastillo. 

En los Anales Toledanos Primeros hay una frase significativa: “Mataron las potestades en Huesca”, 1135 o 1136. El historiador árabe Ibn Idari señala que Ramiro II ordenó decapitar en 1135 a siete nobles aragoneses por asaltar una caravana de mercancías musulmana entre Fraga y Huesca, violando el acuerdo con el gobernador almorávide de Valencia. Varios nobles aragoneses dejaron de ser mencionados en los documentos.




El cuadro, cuyo centro geométrico coincide con la columna adosada en cuya base aparece una argolla de hierro, se divide en dos partes. A la izquierda aparece el rey Ramiro II de Aragón, ricamente vestido, sujetando con su mano izquierda un perro negro de aspecto amenazador, y señalando con su mano derecha las cabezas cortadas de los nobles rebeldes, dispuestas en un círculo aproximado, destacando la del obispo, colgada de una cuerda a modo de badajo de la campana. Ramiro II aparece sereno observando a los nobles horrorizados. Detrás del rey, en el hueco de la escalera, aparecen amontonados los cadáveres decapitados de los nobles.


 

 




En la parte derecha, iluminada más intensamente, aparecen los nobles convocados por el rey para contemplar el fin de los rebeldes. En primer plano, con vestimenta de color amarillo, aparece un personaje que podría representar al conde Ramón Berenguer, yerno de Ramiro II por su matrimonio con Petronila de Aragón, hija y sucesora de Ramiro II. Este personaje mantiene un aire indignado y muestra dificultad para contener su cólera por sus puños cerrados.



 

 



Antonio Pérez -hijo de Gonzalo Pérez, secretario de Carlos I- había sido educado en universidades prestigiosas como la de Alcalá de Henares y llegó a ser secretario de cámara y del Consejo de Estado de Felipe II. Fue declarado culpable de los cargos de traición a la Corona y del asesinato de Juan de Escobedo y detenido en Madrid en 1579, con libertad para moverse por la ciudad, y de nuevo fue detenido en 1585 y torturado. En 1590 escapó de su prisión y huyó a Zaragoza, usando su ascendencia aragonesa para acogerse a la protección del Justicia Mayor de Aragón y ganar tiempo. Felipe II hizo un alegato ante el Justicia de Aragón, pero, desesperado por la lentitud de la justicia, usó el tribunal de la Inquisición que lo recluyó en la Aljafería, lo que ocasionó una revuelta que lo liberó. Felipe II, en 1591, envió un ejército castellano que derrotó al fuerista, entró en Zaragoza el 12 de noviembre sin resistencia, decapitó al Justicia, el joven Juan de Lanuza y Urrea, y puso fin a la insurrección.

'Antonio Pérez, retratado por Antonio Ponz

 

                                                     Antonio Pérez en el puerto de Somport



Antonio Pérez huyó de Zaragoza el día 10 y la noche del 23 al 24, disfrazado de pastor, pasó al Bearn, hasta Pau, y, con apoyo de Enrique de Navarra, intentó en 1592 una invasión francesa a través de los puertos de Somport y Portalet. Los habitantes de Canfranc, que defendían el castillo de Candanchú, rechazaron a los hugonotes, que habían saqueado el hospital de Santa Cristina en Somport. También se defendieron los valles del Aragón y de Tena, aunque hubo saqueos. Pérez se trasladaría a Inglaterra y regresó a Francia, donde murió.

 

Castillo de Candanchú (recreación)


                                            Hospital de Santa Cristina (recreación)



Entre junio y septiembre de 1610, más de 20.000 moriscos aragoneses fueron expulsados a través del Somport, para ser finalmente embarcados en los puertos franceses de Agda hacia la costa berberisca. 

 

 




El paso de Somport fue fortificado en previsión de una posible invasión francesa, que no llegó hasta la guerra de la Independencia. La defensa de Canfranc duró del 29 de junio al 1 de noviembre de 1808, destacando el combate de Somport del 15 de agosto, en el que se consiguió la retirada de la columna enemiga y las guerrillas se adentraron en territorio francés capturando ganado y mercancías. El general Louis Gabriel Suchet pasó el puerto a finales de 1808 y el ejército napoleónico lo volvió a usar para regresar a Francia tras ser derrotados en la Ciudadela de Jaca por el general Francisco Espoz y Mina en 1814.

 

                       Ejército francés entrando en España por el puerto de Somport (recreación).

 

Ejército francés saliendo de España, tras la Guerra de la Independencia, por el puerto de Somport (recreación).

martes, 31 de marzo de 2026

Torres medievales y cadalso (I).

Un elemento típico medieval de las defensas en torres y murallas fue el cadalso, que era una defensa de madera en voladizo adosada a media altura, o en lo alto, a una muralla o a una torre. La galería colgaba apoyándose en ménsulas o vigas de madera o piedras que sobresalían, incrustadas en el muro. Normalmente estaban cubiertos y no solían ser permanentes, sino instalarse durante un asedio. Frecuente en los castillos medievales, su disposición en vuelo ampliaba el campo de tiro de sus defensores, especialmente al poder disparar hacia abajo por troneras abiertas en la base. Al ser de madera podían arder fácilmente y fueron poco a poco sustituidos por matacanes, que eran permanentes, prestaban el mismo servicio y contaban con la seguridad de estar fabricados en piedra, aunque tenían menos vuelo. En la mayoría de los casos desaparecieron por el deterioro de la madera, pero es posible imaginar su posición. 

                                                                   Carcasona (Francia)

                              Castillo de Argüeso (Cantabria). El cadalso protege la puerta. 


La torre solar del almirante Pero Niño, conde de Buelna, ilustre marino montañés que en 1405 armó en Santander una flota de naos y galeras con la que extendió el poder naval castellano por las costas atlánticas europeas.  Se sitúa en el término municipal de  San Felices de Buelna (Cantabria) y fue construida por su hermano, Alfonso Niño Laso de la Vega, merino mayor de Valladolid, a finales del siglo XIV en estilo gótico.


Es una torre de planta rectangular y tres alturas (4,50 m la baja, 4,30 m la segunda o noble, y 2,70 la última), construida en mampostería, con sillería en esquinales y vanos. Los muros tienen un grosor de 90 cm, salvo en la última planta. Sus medidas son 14 m de largo, 9 m de ancho y 11,50 m de alto. La fachada principal es la oriental, con puerta de arco apuntado y grandes dovelas. El resto de los vanos son también apuntados, excepto dos que aparecen en el tercer piso de las fachadas oriental y meridional, que son de medio punto y que serían las puertas para pasar a los cadalsos.


La torre y palacio de Aldealseñor, en la localidad de ese nombre, en la provincia de Soria, consiste en una torre defensiva bajomedieval, con origen en el siglo X, junto a la que se construye a finales del siglo XVI y comienzos del XVII el palacio, conformado por una construcción de tres alas y un patio cerrado por cerca de mampostería con una fachada de sillería rematada con almenas piramidales y con dos escudos que flanquean la puerta de acceso.





La torre tiene una base de 9 x 7 m y una altura de 26 m. La fábrica es de mampostería, con sillería de arenisca en esquinas y ventanas. Conserva las ménsulas de lo que pudo ser un cadalso, así como los mechinales de la misma estructura un poco más abajo. Posteriormente, al construirse el palacio, la torre se recreció, disponiéndose vanos bajo arcos lobulados y escarzanos. 







El palacio es edificio residencial, con dos plantas en el ala central, realizado en sillarejo con sillares en esquinas y vanos. Destacan las dos puertas bajo arco carpanel y el escudo de la familia Salcedo sobre el acceso principal. De su cubierta destaca la linterna de ladrillo sobre la escalera de honor. El ala este también presenta dos plantas, la inferior con una puerta de arco carpanel y en el superior una galería porticada de arcos rebajados sobre columnas toscanas. El ala oeste conserva en el piso inferior puertas con arcos carpanel y dos pequeñas ventanas con tejadillos semicirculares.


 






Torreón de los Garcés de Marcilla. Torrealta. (Rincón de Ademuz, Valencia). Siglo XIII. Mechinales y maderos daban sostén al cadalso.




 





Torre de los Velasco con los restos del cadalso desaparecido. Espinosa de los Monteros (Burgos). Siglo XIV.

 



 





Castillo de las torres de Mens o fortaleza de los Moscoso. Malpica de Bergantiños (La Coruña). Siglo XIII.




 

Torre de los Velasco (Espinosa de los Monteros). Recreación del cadalso por Miguel Zález.



Torre de Abizanda (Huesca), s XI.

Tiene una altura de 24 m y una planta rectangular de 13,64 x 8,16 m, con un gran espesor de muros que dejan una superficie habitable de algo más de 40 m2 en las plantas inferiores, que aumenta, dado el adelgazamiento de los muros, hasta los 60 m2 en la última. Dispone de cinco plantas con pisos de madera apoyados en vigas. Presenta dos fases de construcción, la inferior de finales del siglo X (destruida en 1006 por los musulmanes) y el resto del siglo XI, realizada por maestros lombardos. La puerta de acceso, de un metro de anchura en el muro sur, está a 6,50 m de altura. Está construida en sillares en la parte baja y en sillarejo en el resto.

La planta baja está cegada hasta los tres metros por motivos defensivos y dispone de varias aspilleras. En la planta segunda está el acceso, al que se llegaría por una escalera de mano. La tercera planta era de habitación, consta de dos ventanas, retrete y aspilleras. La cuarta planta también era habitable y tiene ventana y aspillera. La quinta planta era defensiva, con puerta en el centro de cada muro para acceder al cadalso.

San Vicente de Labuerda (Huesca)

Las casas son ejemplo de arquitectura popular pirenaica, destacando Casa Buil, ejemplo de las Casas torreadas del Alto Aragón, del siglo XVI, con torreón adosado, que pertenecía al infanzón del lugar. Es una magnífica residencia que destacaba por su volumen sobre el conjunto, indicando poder y riqueza. La fortaleza del torreón atestigua la inseguridad de la época debido a los conflictos nobiliarios, a los fronterizos con Francia y a la existencia de bandoleros.

El origen de la familia Buil en la localidad se remonta al siglo XIII y debió tener una torre-vivienda, sustituida por la actual en el siglo XVI.




Es de planta cuadrangular y tiene cinco pisos, el inferior cubierto con bóveda. La segunda planta se utilizaba como vivienda y cuenta con una ventana ajimezada con arcos de medio punto. Otras aberturas son las aspilleras de ranura y gota central que se reparten por los distintos pisos. Una capilla a la Virgen del Rosario, dedicada al culto de la familia propietaria, se abrió al resto de la población, al estar la iglesia de San Vicente algo apartada.






La Torraza de Lárrede (Sabiñánigo, Huesca) o torre del Moro es una torre vigía de los siglos XV-XVI, construida sobre la base de una construcción del siglo X debido al auge del bandolerismo y la inseguridad, y a los conflictos de tipo político. Formaba parte del sistema defensivo del Campo de Jaca y pudo formar parte de un castillo. Tiene planta rectangular de 6,5 x 4,5 m, con un muro de 1,5 m de grosor, construido en sillarejo y pizarra. El interior se compone de cuatro plantas, con aspilleras, y acceso en el lado sur a la altura del segundo piso. El remate es almenado.

 


jueves, 19 de marzo de 2026

Huesca (III)


Siguiendo con el cuadro La campana de Huesca, la primitiva escena altomedieval podemos reinterpretarla como si ocurriera en pleno siglo XIX, durante las Guerras Carlistas, manteniendo la composición original, pero sustituyendo la estética. La siguiente imagen es una versión más carlista, con más boinas rojas, guerrilleros armados con trabucos y fusiles, chaquetas azules y fajas rojas, capas rústicas, etc.

 

Siguiendo con el siglo XIX podrían hacerse versiones de artistas como Manet, y de estilos tan importantes como el impresionismo (Renoir, Gustave Caillebotte, Camille Pisarro, Edgar Degas), o como pintores postimpresionistas como Van Gogh.

 








El tránsito al siglo XX, con el modernismo (Klimt), da paso a una infinidad de breves estilos, las vanguardias (Expresionismo, fauvismo, cubismo, dadaísmo, surrealismo, pop art).



Del siglo XX podemos tomar en consideración artistas como Matisse, el estilo fauve, Picasso en su época azul, Robert Delaynay o Le Corbusier.






Más avanzado el siglo XX hay pintores característicos como Antonio Saura o grupos como Equipo Crónica: planos de color lisos y paleta saturada (amarillos, rojos, azules y grises), contornos gruesos y negros (historieta, cartelismo político), supresión del claroscuro, ausencia de volumen, composición ironizada, crítica implícita al poder, violencia distanciada como símbolo. Una variante en el estilo de este grupo sería una versión con colores aún más planos y fríos, más cercana a su trabajo sobre Las Meninas. 




De época más reciente, podemos trasladar la imagen al estilo realista contemporáneo característico de Antonio López: luz mate, colores desaturados y terrosos sin contraste dramático, textura de piedra muy trabajada, figuras sin idealización, composición que transmite vacío emocional, violencia fría, observación sin dramatismo.


Podemos imaginar una versión más hiperrealista: textura de piedra más detallada, rostros y manos minuciosos donde se percibe la edad, cansancio y gravedad del momento, sangre más realista, luz neutra sin dramatización, resultado de tiempo detenido. Y trasladar la escena al presente.