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lunes, 13 de julio de 2020


Color violeta

Ya se han visto otros ejemplos de explicaciones de la simbología del color. En “La República al revés”, de Tirso de Molina, toda la escena VIII del tercer acto se resuelve en un rápido diálogo entre Camila y Lidora, indecisa ésta a la hora de escoger vestido, repleto de alusiones a la simbología del color. Tomás de Iriarte, avanzado el siglo XVIII, ironiza acerca del vestuario simbólico de los autos sacramentales: “Todavía no se le podrá olvidar la salida que hacía la noche con manto de terciopelo negro estrellado, la tierra vestida de raso verde y el mar de muer de aguas azul”.

El color violeta, o púrpura, es una combinación de rojo y azul y es el color de la calma, la creatividad, la imaginación, el misterio, la magia, la meditación, lo humano, la espiritualidad, el misticismo. Contribuye a disminuir los miedos y la angustia. Se considera el color de la realeza, la nobleza y el lujo. Dependiendo de los tonos, está asociado con la sensualidad y el romance. Como sentimientos negativos, está relacionado con la fatalidad, violencia, tristeza, dolor y luto.

Fujishima, Takeji, Perfume, 1915, 76x69,5 cm.
Nacido en un hogar de clase exsamurai, estudió arte y se sintió atraído por las nuevas técnicas de pintura al óleo de estilo occidental, cambiando a la pintura de estilo yoga. Su obra de graduación se exhibió en la 3ª Exposición de la Asociación de Arte Meiji en 1891. En Tokio fue profesor asistente en el Departamento de Pintura Occidental de la Escuela de Arte. Viajó a Francia y estudió las técnicas de pintura histórica en la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts en París y se convirtió en profesor en la Tokyo Art School y miembro de la Imperial Art Academy.


Frida Kahlo, La niña Virginia, 1929, 101x84 cm.
Se ha dicho que la obra de Frida se mantuvo al margen de la de su esposo, el pintor y muralista Diego Rivera, pero es innegable la influencia que éste ejerció para que, en sus inicios, Frida pintara una serie de niños indígenas mexicanos; cuadros de llamativas combinaciones de colores, con las mismas características del arte popular mexicano. Es el caso de este cuadro, que posee un magnetismo a partir del personaje mismo: la niña, sentada en una silla, sin otro elemento a su alrededor que pueda distraer la atención del espectador, mira fijamente hacia el frente. La pintora puso especial cuidado en los detalles del vestido verde olivo con lunares rojos, y en la expresión facial, en tanto que el segundo plano lo trabajó de forma sencilla, dividiéndolo en dos zonas de colores morado y amarillo.

Claude Monet, Shadow son the Sea. The Cliffs at Pourville, 1882, 800x570 mm.
La técnica impresionista de Monet puede verse completamente desarrollada en su tratamiento de la superficie del mar. Las sombras, los reflejos y los movimientos se representan en una serie de pinceladas cortas y curvas en pigmentos puros y sin mezclar. Los elementos, observados desde la distancia, fluyen juntos en una unidad óptica y la superficie de la pintura parece casi vibrar, precisamente como en un caluroso día de verano junto al mar, donde la superficie del agua se rompe por el viento para convertirse en un millón de pequeños espejos intermitentes. Es esta la impresión que quiere transmitir, como experimentó en los acantilados de Pourville en 1882.

Claude Monet, Waves Breaking, 1881, 59,7x81,3 cm.
Las composiciones dramáticas de las pinturas de la costa de Monet, con fragmentos de acantilados en un borde de la pintura que se recorta contra la enorme extensión del mar, rocas de agujas retorcidas que salen del mar, etc., están muy cerca de los motivos de sus estampados japoneses favoritos. En la década de 1880, Monet eligió modos más abstractos para encarnar el empuje de los acantilados y la marejada del mar alrededor de las rocas erosionadas. Aquí siguió el ejemplo de las marinas de Courbet, que había dividido su pintura horizontalmente en mar y cielo y había enfatizado la sustancia del mar, su luminosidad. La pintura de Monet es bastante desconcertante y consiste en hileras de trazos sueltos y curvos, pintados con pintura gruesa y pegajosa, que crean una sensación del incesante movimiento de las olas y de la forma en que se capta un destello tardío de luz fría de la tarde.

George Henry Boughton, The Christmas Wreath, 1870

Aunque se había mudado a Inglaterra, Boughton envió una pintura titulada Nochebuena a la Academia Nacional de Diseño de Nueva York en 1869. Este trabajo puede estar relacionado con esa composición. Hizo su reputación con grandes escenas históricas con los peregrinos o los primeros colonos holandeses en Nueva York, pero en Inglaterra comenzó a pintar obras más íntimas. Este es un ejemplo, un pequeño retrato de una niña parada en la nieve.



Albert Bierstadt, California Spring, 1875, 137,8x214 cm.
Perteneció a la segunda generación de la Hudson River School y es más conocido por sus vistas panorámicas del oeste americano. Nacido en Alemania y criado en Massachusetts, regresó a su tierra natal para estudiar pintura, donde desarrolló su marca de transmitir efectos teatrales de luz y sombra. Después de regresar a los Estados Unidos, viajó al oeste, poco explorado y escasamente habitado, para pintar su paisaje y llevar sus fotos a un público curioso. En esta obra celebra el oeste americano como un paraíso similar al Edén a orillas del río Sacramento, con vistas a las duras realidades de la vida agrícola en el Valle Central, como las sequías recurrentes, el pastoreo excesivo y la pobreza. El horizonte se encuentra flanqueado por robles de California.

Archibald Motley, Cocktails, 1926.
Fue uno de los primeros artistas en retratar la vida urbana de sus compatriotas afroamericanos en Chicago. Su objetivo era “expresar al negro americano honesta y sinceramente”, independientemente de la actividad. Aquí, un grupo de mujeres elegantemente vestidas disfruta de una ronda de bebidas, durante la Prohibición, cuando la fabricación y venta de alcohol era ilegal. En la pared de detrás hay una pintura de monjes, contrastando la convivencia de las mujeres y sugiriendo temas de moderación y moralidad.

William Glackens, The Green Boathouse, 1922.
Este cuadro puede representar una ubicación en Conway, New Hampshire, donde pasaba las vacaciones. Su elección de la actividad de ocio al aire libre como foco de la pintura es una característica recurrente de su trabajo maduro, que se presta a una representación directa y espontánea. Su deuda con los impresionistas puede verse en los colores intensos, el pincel enérgico y la superficie texturizada. Aunque pasó periodo de tiempo cada vez más largos en Francia, sus obras recibieron elogios de los críticos por sus supuestas cualidades americanas.

Claude Monet, Waterloo Bridge, Sunlight Effect, 1903, 73,8x98,1 cm.
Claude Monet comentó una vez que, si no fuera por la niebla “Londres no sería una ciudad hermosa. Es la niebla lo que le da su magnífica amplitud”. Mientras trabajaba en su serie de Londres, se levantaba temprano todos los días para pintar el puente de Waterloo por la mañana, pasando al puente de Charing Cross al mediodía y por la tarde. Observó ambos motivos desde su ventana del quinto piso en el Hotel Savoy. Quizá fue comenzada en 1900 y  data de cuando Monet sintió que estaba terminada. Trabajó en todas sus pinturas en Londres en su estudio en Giverny, negándose a enviarlas a su distribuidor hasta que estuvo satisfecho.

Antonio Carneiro, Contemplation, 1911, 37x60 cm.
Un ejemplo de la poética desarrollada por este artista a lo largo de las muchas playas que pintó, el cuadro transforma el paisaje en un estado de ánimo. Dada la fluidez del trazo de los pinceles, el rosa crepuscular desmaterializa las rocas para envolverlas en una sensación de valores metafóricos. Es paisaje es el punto de vista subjetivo de una figura meditativa que lo contempla y hacia donde convergen las líneas de composición.

Giacomo Balla, Sketch for the ballet Feu d´artifice, 1917.

En 1917, en el Teatro Costanzi de Roma, la actual Ópera, Giacomo Balla organizó (al menos dos veces en el mes de abril) Feu d´artifice para Djaglilev´s Ballets Russes, con música de Igor Stravinsky. Fue un curioso experimento de “ballet sin bailarines”, en el que la iluminación realmente bailaba, articulada en un complejo de encendido y apagado de hasta 49 luces polícromas. La escena diseñada por Balla estaba compuesta de sólidos geométricos cubiertos con lona.



Walter Launt Palmer, White World, 1932.
Fue un pintor impresionista, hijo de un escultor prominente. Comenzó su formación artística bajo la dirección Church, el principal artista paisajista de la época. Viajó al extranjero y conoció a John Singer Sargent. En Europa adquirió un creciente interés por el impresionismo francés, así como por los temas venecianos. De vuelta a Estados Unidos comenzó a pintar interiores de edificios, su primera serie importante de trabajos. Sus obras más notables son escenas de paisajes invernales, por lo que fue llamado el “pintor del invierno americano”.

domingo, 5 de julio de 2020


Color verde

En relación con el simbolismo del color, Mateo Alemán, en su Guzmán de Alfarache, ss. XVI-XVII, describe unas fiestas de toros y un juego de cañas, y dice: “Juntáronse las quadrillas, de sedas y colores diferentes cada una, mostrando los quadrilleros en ellas sus pasiones, qual desesperado, qual con esperanga, qual cautivo, qual amartelado, qual alegre, qual triste, qual zeloso, qual enamorado”. Otra muestra del arraigo de la simbología de los colores en la sociedad es la obra El desdén con el desdén, de Agustín Moreto, s. XVII. En la escena III de la segunda jornada presenta una fiesta galante durante las carnestolendas en las que las damas esconden cintas de colores, los caballeros eligen una y aquella que la posea será su pareja. Diana empieza el juego diciendo: “Pues sentaos, y cada uno / elija color, y sea, / como es uso, previniendo / la razón para escogella”.

El color verde es el resultante de combinar el amarillo con el azul. Representa el mundo natural, la ecología, la tranquilidad, la curación, la fertilidad, la naturaleza, la vegetación, lo orgánico. Y si utilizamos sus tonalidades más claras, puede representar el crecimiento y la renovación. Con las tonalidades más oscuras representa abundancia y prestigio, siendo el color de la riqueza y las finanzas -el dólar es de este color- pudiendo significar codicia. Es un color fresco y reconfortante y está asociado generalmente a emociones positivas, potenciando la tranquilidad y la serenidad, la esperanza, aunque tiene componentes negativos, como los celos, la inexperiencia o la locura.

Vincent van Gogh, Irises, 1889, 93x71 cm.
En mayo de 1889, después de episodios de automutilación y hospitalización, van Gogh decidió ingresar en un asilo en Saint-Rémy, Francia. Allí, en el último año antes de morir, creó casi 130 pinturas, entre ellas, Irises, trabajando en el jardín. La composición recortada, dividida en amplias áreas de colores vivos, con iris monumentales que desbordan los límites, probablemente fue influenciada por el patrón decorativo de los grabados japoneses en madera. Estudió cuidadosamente los movimientos y formas de los iris para crear una variedad de siluetas curvas.

Vincent van Gogh, Cypresses, 1889, 93,4x74 cm.

Este cuadro también fue pintado por van Gogh mientras estaba en el asilo de Saint-Rémy. Mientras recibía la ayuda del asilo, siguió pintando y, entre otros intereses, pintó pinos y estos cipreses, a los que definió como las líneas y proporciones más bonitas, como un obelisco egipcio. Tanto la obra anterior como ésta fueron expuestas en el Salón de los Independientes en Paris, en 1890. Esta pintura puede verse en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York.



Pierre-Auguste Renoir, Mujer con sombrilla en un jardín, 1875, 54,5x65 cm.
En esta pintura, Renoir adopta un lenguaje plenamente impresionista. Además de suprimir el horizonte, utiliza un modo de pintar las flores y los matorrales del jardín a base de pequeños toques de color que crean un juego de texturas continuo, que envuelve a las dos pequeñas figuras de la composición. Junto a la mujer, que se protege del sol con una sombrilla, aparece una figura masculina agachada, quizá recogiendo una flor, cuya proximidad hace suponer que existe entre ellos algún tipo de relación. El cuadro no fue pintado en el campo sino en el jardín del nuevo estudio del pintor en Montmartre.

Paula Modersohn-Becker, Self-Portrait before a Green Background wiht Blue iris, 1900-1907, 40,7x34,5 cm.

Paula Modersohn-Becker es considerada una de las pioneras del modernismo, aunque fue prácticamente desconocida en su vida. Realizó más de 30 autorretratos. En éste, ante un fondo verde con iris azul, muestra su rostro con rasgos extremadamente simplificados, haciéndolo parecer plano. Su mirada parece ambigua, a la vez concentrada e introvertida. En la distancia y debido a la aplicación opaca de pintura, el retrato recuerda a los retratos de momias del oasis egipcio de Fayum que despertó su entusiasmo en una exposición en el Louvre.

Paul Cézanne, Mont Sainte-Victoire and the Viaduct of the Arc River Valley, 1882-85, 65,4x81,6 cm.
Fue pintado en el periodo maduro de Cézanne, cuando su objetivo era “hacer del impresionismo algo sólido y duradero, como el arte de los museos”. Es una de sus obras más pequeñas y representa la Montagne Sainte-Victoire –que pintó muchas veces-, que domina el paisaje de su ciudad natal de Aix-en-Provence (sur de Francia). La ciudad es visible en la distancia, lejos del valle del río Arc. Además, representa el puente del ferrocarril en la línea Aix-Marsella. En esta pintura exploró la creación de profundidad usando capas para construir un conjunto de planos horizontales que atraen la atención.

Paul Cézanne, Wiew of the Sea at L´Estaque, 1898, 81x100 cm.
Esta pintura muestra los logros que le valieron a Cézanne el galardón de “Padre del Modernismo”. Las formas geométricas, las marcas de pincel aisladas y las pinceladas cortas y sombreadas convergen para formar un paisaje cuyos elementos se diferencian principalmente por el color en lugar de la caracterización del material. Disolvió los contornos casi por completo y evitó la perspectiva tanto lineal como aérea. El paisaje se ve desde una ladera rocosa con árboles que bloquean en parte la vista del pueblo pesquero de L´Estaque, al oeste de Marsella, que era popular entre los artistas. Se puede vislumbrar el mar a lo lejos, bajo una estrecha franja de cielo pálido. Cézanne redujo todos los objetos a sus formas básicas interesándose en presentarlos desde múltiples puntos de vista, como vemos en la roca en primer plano y en las hojas. Estos dispositivos estilísticos le permitieron dar la espalda a las convenciones pictóricas. Reformuló las formas impresionistas y anticipó las estrategias cubistas de representación.

Adolph Menzel, Building Site with Willows, 1846, 55x41 cm.
La profusión de ramas plateadas y brillantes sacudidas por el viento en el primer plano de la imagen resulta casi amenazante. Esos sauces estaban cerca del apartamento del autor en Berlín, cerca de lo que más tarde se convertiría en el Canal Landwehr. Bajo un cielo azul y bañado por la dura luz del sol, más allá de la vista intemporal de los caballos bebiendo, las casas de ladrillo rojo y amarillo aún sin terminar, con albañiles trabajando en los andamios, anuncian el avance de la ciudad hacia el campo.

Claude Monet, Springtime, 1872, 65x50 cm.
Monet se mudó a Argenteuil, una ciudad suburbana en la orilla derecha del Sena, al noroeste de París, a fines de 1871. Muchos de los tipos de escenas que él y otros impresionistas buscaron se podían encontrar en esta pequeña ciudad, conectada por ferrocarril con París. En esta pintura, Monet estaba menos interesado en capturar una imagen que en estudiar cómo las manchas de color sin mezclar podían sugerir el efecto de la brillante luz solar filtrada a través de las hojas. A principios de la década de 1870, frecuentemente representaba vistas del jardín de su patio trasero que incluían a su esposa, Camille, y a su hijo, Jean. En la Segunda Exposición Impresionista, 1876, esta pintura se tituló genéricamente “Mujer leyendo”.

Camille Pisarro, A Cowherd at Valhermeil, Auvers-sur-Oise, 1874, 55x92 cm.
Esta vista muestra una de las carreteras que conectan la aldea de Valhermeil en Auvers con Pontoise, el pueblo al noroeste de París donde vivió Pissarro durante muchos años. Entre 1873 y 1882, pintó unas veinte obras en esta área, varias con la misma casa con techo rojo. El tema, aldeanos caminando por senderos a través del campo francés, era uno de los favoritos del artista, reflejando su interés en el pulso de la vida rural diaria. Realizada en 1874, el año de la primera exposición impresionista, esta imagen demuestra la adaptación de Pissarro del toque más suelto, pinceladas rotas y una paleta más clara de colegas más jóvenes como Monet.

Claude Monet, Weeping Willow, 1918-19, 99,7x120 cm.
Monet había realizado diez pinturas de Sauce llorón en 1919, quizá como triste respuesta a la tragedia de la I Guerra Mundial. Su casa fue vaciada y sus hijos y personal de su hogar fueron llamados al servicio o alejados ante el avance alemán. Monet escuchaba la artillería, pero quiso quedarse a compartir el destino de sus jardines. Estas pinturas se caracterizan por colores sombríos y formas retorcidas, como si expresaran el estado de ánimo no sólo con el tema, sino con un estilo de pintura expresionista. El árbol retratado ocupaba un lugar de honor en la orilla del jardín acuático, con sus exóticos nenúfares.

Jean-Honoré Fragonard, A Game of Horse and Rider, 1775-1780, 115x87,5 cm.
Esta pintura es un colgante, destinado a ser instalado como parte de un programa decorativo más grande. Algunos son de igual tamaño y tienen esquemas de color y composiciones similares, y sus temas son complementarios. Cada uno se centra en jardines muy verdes en los que grupos de figuras se han reunido para disfrutar de juegos al aire libre. Los dos juegos representados eran comunes en la época de Fragonard. Los jugadores se han dividido en dos equipos, uno que actúa como un “caballo” de varios niveles, apoyándose contra un árbol. El segundo equipo consiste en “jinetes” que corren y saltan, uno por uno, en la parte posterior del “caballo”. Una vez que están todos colocados, el equipo de caballos trata de sacudirse. El jardín parece natural y el motivo principal es un árbol retorcido.

Chaim Soutine, Landscape at Cagnes, 1922.
Nació en una familia pobre en Lituania y fue a París para seguir la vida y el trabajo de un artista. En sus primeros años en la capital francesa vivió en una pobreza extrema en el distrito de Montparnasse, consolándose con sus amigos, otros artistas en dificultades, incluido el italiano Amedeo Modigliani. En 1920 visitó Cagnes, a donde regresaría casi anualmente. Este cuadro fue pintado en una de sus primeras experiencias, y tiene la calidad de un sueño, la distorsión de la forma y el pincel remolino y expresionista, que son las características de su estilo maduro. Usó la perspectiva aérea que describe con precisión la topografía montañosa de la región, pero que le da al trabajo una calidad desorientadora y una sensación de ansiedad, que se ve reforzada por la figura solitaria en primer plano corriendo a su casa para evitar una tormenta que se acerca.

lunes, 29 de junio de 2020


Color rosa

La simbología del color ha querido identificar los colores con las siete edades del hombre –y sus cuatro naturalezas, con las siete virtudes y los siete planetas. Durante el manierismo se hicieron alambicadas combinaciones cuando a un color se le acompañaba con otro, con lo que las características o virtudes se mezclaban o se contrarrestaban. La condesa de Aulnoy, autora del famoso Viaje por España (entre 1679 y 1680), demuestra un especial interés y sensibilidad por el tema. Uno de sus personajes “mandó hacerse un disfraz de brocado verde y oro, con plumas verdes y una librea verde también para destacar sus nuevas esperanzas”.  A su paso por vitoria, la condesa asistió a una representación teatral de la vida de San Antonio donde el actor encargado del papel del demonio iba vestido como los demás y sólo se distinguía de ellos por los cuernos de su frente y por llevar medias rojas, breve alusión al fuego infernal que ayudaba al popular auditorio, incluso a aquellos que estuvieran más alejados del escenario, a seguir las intervenciones del señor de los infiernos.

El rosa es aceptado universalmente como un color femenino, excepto en Bélgica, donde se considera el color de un niño. Al ser una mezcla de rojo y blanco, resulta ser el color de la emoción, el romance y la alegría, pero sin la agresión del rojo. Es un color divertido y juvenil, ingenuo y de excesivo optimismo. Junto con el lavanda se asocian a la suavidad, la feminidad, la gracia, la elegancia, la dulzura, la inocencia, el romance y el amor. Sin embargo, hasta principios del siglo XX se consideraba un color masculino. Entonces se invirtieron los roles de género del rosa y el azul.

Chang Yu, Woman in Red, años 1940.

Nació en la provincia de Sichuan y fue alumno del famoso calígrafo Zhao Xi. En Japón exhibió sus obras de caligrafía en Tokio. Estudió en la academia de arte Grande Chaumière en Francia en 1921 y fundó la Sociedad del Perro Celestial con otros estudiantes chinos en Francia. Fue muy apreciado por el importante coleccionista Pierre-Henri Roché y presentó sus obras en varias galerías, asistió al Salón de Otoño y salones individuales. Antes de la II Guerra Mundial regresó a China y después fue a vivir durante dos años a Nueva York, realizando una exposición en el Museo de Arte Moderno. Regresó a China por breves temporadas y vivió principalmente en París antes de morir.

Alexei Jawlensky, With Red Swallov-Patterned Wallpaper, 1915.
Fue un pintor expresionista ruso que desarrolló su carrera en Alemania.  En Múnich conoció a Wassily Kandinsky y a otros artistas rusos y contribuyó a la creación de la Asociación de Nuevos Artistas de Múnich. Su obra en ese periodo era muy colorida, aunque posteriormente se volvió más abstracta y simplificada. En los Alpes Bávaros pintó paisajes y montañas, pero reflexionó sobre las bases teóricas de su arte. Tras un viaje al mar Báltico y visitar a Henri Matisse y Emil Nolde, se volvió cada vez más expresivo en el uso y forma del color en sus retratos. Fue miembro de los grupos El jinete azul y Los cuatro azules. Su estilo expresionista se caracteriza por la sencillez de las formas además del tratamiento del color que recuerda el primitivo arte popular de Rusia. Tras la I Guerra Mundial, por la influencia del cubismo, abandonó los contrastes cromáticos y utilizó tonos oscuros y uniformes.

Paul Klee, Super-Chess, 1937, 110x121 cm.
Las primeras “imágenes cuadradas” de Paul Klee fueron creadas durante su estancia como instructor en la Bauhaus en Weimar y Dessau. En esta imagen grande, los campos de negro, blanco y gris constituyen el patrón básico. Aunque los colores complementarios rojo y azul aparentemente designan los movimientos del oponente, el ganador es claro, el rojo, que acaba de derribar las últimas piezas del oponente. Se desconoce si pretendía una referencia al totalitarismo de fines de la década de 1930, pero los nacionalsocialistas denunciaron su arte como “degenerado” y confiscaron muchas de sus obras en los museos alemanes. Ya en 1933, el régimen le había obligado a abandonar su puesto de profesor, por lo que regresó a Berna.

Paul Klee, Hardy Plants, 1934, 41x55 cm.
La pintura no era una evasión para Klee, sino un instrumento visionario, un medio para encontrar los mundos paralelos que se escondían tras la realidad. Para ello utilizó como instrumento la abstracción. Pensaba que un pintor no debe pintar lo que ve, sino lo que se verá. Cultivó buenas amistades pero fue libre, viajó mucho y se asentó en Alemania. Su herramienta era el color y sus cinco temas fueron color, ritmo, naturaleza, construcción y movimiento. Fue un excelente violinista y, como a Kandinsky, la influencia de la composición musical es evidente en su pintura. Sus cuadros aluden a poesía, música y sueños.

Antonio Carneiro, Untitled (Capela de Nossa Senhora da Pedra), 1916, 28x66,5 cm.

Pertenecía al inicio a la escuela naturalista, siendo uno de los pintores portugueses más innovadores de su generación. Fue autor de un tríptico simbolista, “A Vida” (1900), donde está presente la influencia de Pierre Puvis de Chavannes. Por él fue premiado en la Exposición Universal de París.

Antonio Carneiro, Untitled, 1912, 34,5x89,7 cm.

John Humphreys Johnston, Le Domino Rose, 1895, 133,4x163,8 cm.

Artista estadounidense, de Nueva York. Trabajó también en París, donde recibió medallas en la Exposición Universal de 1900. Fue miembro de la Sociedad Nacional de Bellas Artes francesa y de la Sociedad Internacional de Pintura y Escultura de Nueva York. Se casó en Venecia y vivió un tiempo en París.





Riccardo Francalancia, Still Life-Alabaster, 1923, 59x50 cm.
Este pintor italiano fue uno de los más importantes exponentes del movimiento “Valori plastici”. Estudió en Roma, frecuentó los ambientes culturales y colaboró con la revista “La Ronda”. Junto con otros artistas quiso superar la polémica futurista. La inclinación por la naturaleza muerta y la impronta realista, comprendiendo algunos elementos primitivos, llevó a un movimiento en el que participó junto a De Chirico, Morandi, Carrà, etc. Tras algunos años de reposo debido a un malestar nervioso, en los últimos años de su vida obtuvo nuevos reconocimientos a su labor.

Lee Jung-seob, Vicinity of a Cathedral, 1916-1955, 46,5x34 cm.
Con él comienza el expresionismo a la manera coreana y fue el precursor del arte moderno coreano. La ocupación japonesa de Corea es el tiempo representado en sus paisajes rurales. Estudió la pintura occidental quedando fascinado por el vanguardismo y mostrando interés por el fovismo, que ejerció gran influencia en su obra, con sus temas característicos e indígenas, por lo que se le considera el introductor de las obras occidentales en Corea.


Georges Seurat, Le Chahut, 1889-1890, 1410x1700 mm.
Esta pintura fue un experimento, un intento de aplicar sus teorías sobre el color en la pintura. Según Seurat, una pintura debía mostrar alegría, paz o tristeza; no solo tenía que proporcionar un reflejo de la realidad, sino que también debía exudar atmósfera. En este caso es el ambiente alegre de un café parisino que enfatiza con colores claros y cálidos y muchas líneas ascendentes. Al igual que los impresionistas, estaba fascinado por la luz y el color, pero el impresionismo le pareció demasiado emotivo. Como reacción, desarrolló una técnica que no muestra la personalidad del pintor. Utilizando solo siete colores, que el ojo combina, elaboró una pintura neoimpresionista llamada puntillismo. Incluso Vincent van Gogh cayó bajo su influencia, en la técnica y en la elección de colores.

sábado, 20 de junio de 2020


Color rojo

Los colores pueden representar un código de carácter moral, como el que San Antonio recoge en su Summa Theologica: blanco-pureza, rojo-caridad, dorado-dignidad, negro-humildad. El marqués de Ferrara cuidaba de que el color de sus vestidos estuviera de acuerdo con un código astrológico, como los antiguos griegos. Leonardo, enlazando con la tradición escolástica medieval, reservaba el amarillo para la Tierra, el verde para el Agua, el azul para el Aire y el rojo para el Fuego. En la primera mitad del siglo XVI aparecieron los famosos Emblemas de Alciato que alcanzaron amplia difusión en toda Europa. En ellos había referencias a los colores: “el negro conviene al luto y a la fatiga triste y congoxosa; el blanco, al simple y casto; el verde, a la esperanza; el rojo, al amador y a la ramera, “etc. El mantuano Fulvio Pellegrino escribió un librito acerca del Significato dei colori e dei mazzola, que sería reeditado dado el favor con que fue acogido por el público, en el que hablaba de la simbología de los colores.

El rojo es un color primario, el cálido por excelencia, dinámico y excitante. Es el color del fuego, calor, amor, pasión, apetito, sangre, lujuria, drama, poder, fuerza. Lleva asociados significados de peligro, ira, violencia, malicia, agresión. Llama la atención y, por tanto, intensifica un objeto o espacio, se utiliza en las señales de stop, camiones de bomberos y en los botones de llamada a la acción. Los antiguos dioses romanos llevaban túnicas rojas. En el cristianismo es el color del amor, pasión y sangre de Cristo. En China se lleva en la ropa nupcial porque trae buena suerte. En la casa, los tonos claros pueden hacer más cálida una habitación, pero no hay que excederse, aunque puede usarse en cojines, jarrones, etc. Se usa cuando queremos convertir un espacio en un punto focal.

Piet Mondrian, Composición con rojo, azul y amarillo, 1930.
La composición está dominada por un gran rectángulo rojo. El borde de la pintura está delimitado por tiras anchas subdivididas. Las barras negras entrecruzadas se desplazan lejos del centro y se encuentran en la esquina inferior izquierda. El azul y el amarillo, separados por superficies blancas o grisáceas, forman el contrapunto. Este estilo, llamado neoplasticismo, se basa en líneas verticales y horizontales y en el uso de los colores primarios rojo, azul y amarillo. El objetivo estético era obtener una disposición de contrastes equilibrados, dar expresión a lo “universal” a través de la armonía absoluta de los elementos pictóricos individuales.

Jacopo Carrucci, Retrato de Cosimo de Medici el Viejo.


Este retrato del fundador de la fortuna Medici, fue pintado, según Giorgio Vasari, para el secretario de Lorenzo de Medici, duque de Urbino. Después de unos años, entró en la colección ducal antes de mediados de los años 1500. Es bien visible la rama de laurel, el emblema tradicional de los Medici, cuyas dos ramas principales de la familia se alternaban dinásticamente, según un verso de la Eneida de Virgilio.



Tarsila Do Amaral, 1923, 73x60 cm.


Recibió la influencia de dos movimientos artísticos europeos y consiguió establecer, a través de su producción artística, una relación como lo producido en el exterior. En Auto-Retrato lo predominante es la estructura geométrica, sugiriendo una interpretación cubista. El tratamiento dado a los colores fuertes es uniforme y la composición queda equilibrada por los recortes en la figura.



William Hogarth, Miss Mary Edwards, 1742, 126,4x101,3 cm.

Mary Edwards fue una de las mujeres más ricas de su tiempo y repudió su matrimonio con un marido extravagante, aunque eso supuso declarar ilegítimo a su hijo. Era amiga de Hogarth y posiblemente su mecenas más importante en la década 1733-43. Este retrato con magníficas joyas y un llamativo vestido rojo es una obra maestra de la serie de retratos dominantes de clase media de Hogarth. El pergamino abierto que se muestra prominentemente junto a la protagonista defiende las virtudes de la libertad y la propiedad que ella habría apreciado como administradora de una gran fortuna.

Salvatore lo Forte, Retrato de Giuseppe Garibaldi, 1860, 73x58,5 cm.


Este cuadro fue pintado de una famosa foto que Gustave Le Gray tomó a Garibaldi. El fotógrafo se detuvo en Palermo, mientras viajaba hacia el este con Alexandre Dumas, tras la noticia de que la ciudad había sido conquistada. El “Libertador” en persona le encargó la fotografía que se convertiría en un verdadero icono patriótico. Lo Forte ejecutó un tipo de “pintura fotogénica” que ya lo había hecho famoso en Palermo algún tiempo antes.


Jawlensky, Alexej, Retrato del bailarín Aleksandr Sakharov, 1909, 66,5x69,5 cm.

En Munich, donde estudió, conoció a Wassily Kandisky otros artistas rusos y contribuyó a la creación de la Asociación de Nuevos Artists de Munich. Su obra entonces era muy colorida, aunque posteriormente se volvió más abstracta y simplificada. Su obra expresionista se caracteriza por la sencillez de formas además del tratamiento del color que recuerda el primitivo arte popular de Rusia. Tras la I Guerra Mundial, por influencia del cubismo, abandonó los contrastes cromáticos y utilizó tonos oscuros.

Félix Vallotton, La mentira, 1897, 24x33,3 cm.

Nacido en Suiza, estudió arte en París y progresó rápidamente. Después de una producción xilográfica, estuvo integrado en el grupo de los nabis y más tárde se interesó más por la pintura de interiores y paisajes. Se presentó en varios Salones, como el de los Independientes, en 1893, y siguió exponiendo con los nabis. En Viena recibió las felicitaciones de Gustav Klimt.

Franz Marc, Formas en juego, 1914, 170x65,5 cm.
Esta obra es influencia de las obras de su amigo Robert Delaunay, especialmente las de la serie Les Fenêtres sur la Ville. Con esta obra encontró su propio camino hacia la abstracción y formuló su variación de la pintura “pura”. A través de la proporción y el ritmo de los colores, el artista organizó un curso que conduce desde estructuras cristalinas en el borde izquierdo de la imagen, a través de explosiones de color y formas constructivas. A diferencia de las estructuras abiertas de Delaunay, esta imagen tiene un centro definido por fuertes tonos rojos. Su abstracción sugiere procesos naturales, el crecimiento de cristales y plantas. Estaba apegado a una interpretación naturalista del arte.

Michael Sweert, Doble retrato, 1660-62, 17,8x21,7 cm.


Los que posan son dos hombres europeos en traje de Oriente Medio. El hombre barbudo de la izquierda hace un gesto hacia la derecha, hacia donde mira el otro hombre. En la mano tiene un mensaje: Mi Señor, mira el camino a la salvación de la mano de Sweerts. Los retratos parecen individualizados, según la tradición de los retratos de amistad tan populares en el norte de Europa. La ejecución refinada de la pintura es típica del estilo tardío de este artista flamenco, practicado cuando viajó a Italia como misionero.

Paul Mathey, Retrato de un hombre no identificado como Mefistófeles, 1888


Artista de éxito, hijo de un restaurador, aprendió en la Escuela de Bellas Artes de París y comenzó a exponer en el Salón de París en 1868, convirtiéndose en un retratista valorado y reconocido. Aunque su obra más importante quizá sea la de retratista, también pintó paisajes, marinas, escenas o decoraciones. Más tarde fue grabador, lo que le ocasionó algunos problemas. Recibió muchos premios y honores a lo largo de su vida.



Johannes Molzahn, The Idea-Motion-Fight – Dedicated to Karl Liebknecht, 1919, 139x149 cm
Recibió lecciones de dibujo en Weimar y completó su aprendizaje como fotógrafo. En Suiza, donde inicialmente trabajó como fotógrafo, se unió al círculo de artistas alrededor de Otto Meyer-Amden y mantuvo contactos con el movimiento “Sturm” Herwarth Waldens en Berlín. Sus obras mostraban formas cúbicas entremezcladas con elementos Art Nouveau. La siguiente fase estuvo influenciada por el futurismo italiano y recurrió a técnicas aplicadas como la tipografía. Mantuvo contactos con la Bauhaus, en particular con Walter Gropius, y desarrolló un “constructivismo metafísico”, que combinaba elementos técnicos con símbolos metafísicos. Otras obras muestran una tendencia hacia formas biomórficas y figurativas, análogas a los trabajos de Oskar Schlemmer. Fue marcado como “degenerado” por los nacionalsocialistas y emigró a Estados Unidos, donde trabajó como profesor. Desarrolló ideas trascendentales del espacio y cambió a la pintura religiosa icónica antes de regresar a Alemania.

Mark Gertler, Still Life, Dahlias and Daisies in a Blue Vase, 1927, 50x54,5 cm.
En Londres, entró en contacto con el grupo de Bloomsbury y disfrutó del éxito como pintor de retratos de sociedad, pero su temperamento le condujo a una creciente frustración personal que le llevó a la pobreza, tan habitual en su vida. Más tarde, el erudito coleccionista de arte Edward Marsh se convirtió en su patrón, en una relación difícil que terminó durante la I Guerra Mundial. Vivió un tiempo con el poeta Gilbert Cannan. En 1920 se le diagnosticó tuberculosis y su mala salud influenció su trabajo. Se casó, tuvo un hijo y fue profesor a tiempo parcial en la Escuela de Arte de Westminster para complementar sus ingresos, pero las crecientes dificultades financieras, los fracasos en sus exposiciones y el que su esposa le dejara le llevaron a un intento de suicidio.