lunes, 13 de octubre de 2014

Ruta de la Plata
2ª ETAPA: CÁCERES-PLASENCIA (83,5 km)
            El cansancio de ayer nos hace pensar en suavizar de algún modo la etapa de hoy. No hay tren. El autobús no pasa hoy, que es domingo. Decidimos ir por la carretera en lugar de seguir estrictamente la Ruta. Llegamos a Casar de Cáceres por una comarcal, cogemos agua en la fuente y salimos a la Nacional por donde seguimos hasta el Embalse de Alcántara, puesto que hemos visto por donde va el camino y deducimos que algunos tramos serían muy duros.
            Nos daba un poco de miedo el ir por la carretera pero, como es domingo, no hay mucho tráfico. Pasan bastantes camiones cargados con cerdos, que se supone que van a Guijuelo y otros lugares para ser sacrificados mañana con esa denominación de origen. También pasan muchos coches con matrícula de Pontevedra y entonces recordamos que ayer, en Sevilla, se jugó la final de la Copa entre el Celta de Vigo y el Zaragoza, y hoy los aficionados se vuelven a casa.
            En cualquier caso no hay demasiado tráfico y para cruzar el embalse deberíamos haber salido al puente de la carretera de todas formas. Paramos a hacer una fotografía. El sol ha ido ascendiendo por la curva del cielo para verse mejor, desde mayor altura, reflejado en las quietas, espejeantes, aguas del embalse que parece un estanque. Seguimos, pasando por otro puente romano, hasta Cañaveral. Antes nos hemos metido por el camino, que resulta ser muy duro y nos reafirma en la idea de ir por la carretera aunque nos perderemos Galisteo. Compramos agua y nos la cobran muy cara. Paramos junto a la iglesia y extendemos nuestra colada porque como ayer llegamos tarde no le ha dado tiempo a secarse.
            Hace calor por lo que en Grimaldo debemos parar de nuevo a comprar agua. Hablamos con unos alicaídos aficionados vigueses y nos confirman que habían perdido el partido. La carretera y la Ruta todavía van un poco más juntas pero progresivamente se van separando. Galisteo nos queda, ya algo separado, a nuestra izquierda.
            En la lejanía parece entreverse Plasencia. Su perfil se diluye devorado por la calima. Nos parece un horizonte alcanzable porque nuestra fantasía aventurera está sufriendo las punzadas del hambre. Llegamos a Plasencia. Por la carretera hemos avanzado más deprisa. Buscamos el hotel Alfonso VIII, muy bueno, dejamos las bicis en un cuarto trastero,nos aseamos y salimos a comer cerca de la plaza. Volvemos al hotel a echar una siesta y después paseamos por el pueblo.
La visita debería ser mucho más amplia y profunda a la vez, pero no es el momento adecuado. Hace mucho calor y está desierto. ¿Dónde está la gente? Lo descubrimos más tarde. La gente está al lado del río, en la parte baja, donde al frescor del agua se le añade el del césped y los árboles del parque.
            Pasamos el resto de la tarde en las orillas del Jerte y aquí mismo, en el bar-restaurante, cenamos. Después, como siempre, un paseo por la ciudad nocturna y al hotel.

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