1ª ETAPA: MÉRIDA-CÁCERES (83,5 km)
No es la del alba, es antes cuando salimos. Vamos en tren hasta Madrid, en bicicleta hasta el autobús y en autobús hasta Mérida, a donde llegamos a las 13 horas del sábado 30 de junio de 2001 tras innumerables paradas.
No tenemos tiempo de visitar Mérida y bien que lo sentimos. Lo lógico hubiera sido venir ayer con tiempo para hacer un recorrido turístico y emprender la marcha hoy temprano, pero no ha podido ser. Así que nos cambiamos de ropa, preparamos las bicis, preguntamos la dirección y salimos inmediatamente. Son las 13 h 30 ´ y el sol está en lo alto. El sol lo llena todo.
Cruzamos el ancho Guadiana y abandonamos la ciudad. Pronto vemos el acueducto de los Milagros mientras avanzamos por la carretera del embalse de Proserpina. Tenemos que seguir las flechas amarillas que son las que marcan la ruta en sentido ascendente, siendo blancas las del sentido descendente. Al poco tiempo aparece la primera, bien visible sobre el asfalto, fácilmente localizable, y nos las prometemos muy felices.
Cuando llegamos a Proserpina hace mucho calor. Hay un sol cegador, un sol de hierro al rojo. Tras admirar la presa llegamos a una zona de playa donde hay muchos bañistas y donde nos llega el inconfundible aroma de unas sardinas asadas desde un chiringuito cercano. Ese es el momento más decisivo del viaje puesto que estamos a punto de caer en la tentación, dejar la bici, darnos un baño y comer en el chiringuito. Si lo hubiéramos hecho supongo que no hubiéramos terminado el viaje.
En lugar del placer elegimos el sufrimiento. Paramos un momento para hacer una fotografía y proseguimos. Aunque nos habían indicado el camino, nos perdemos. Creíamos que seguir las flechas iba a resultar fácil. Salimos a una carretera, la N-640, la que llevaremos en paralelo durante todo el viaje, y en el mapa de carreteras de un automovilista nos damos cuenta de dónde estamos y nos orientamos. Nos desviamos a Carrascalejo para retomar la Ruta. Mientras cogemos agua en una fuente hablamos con una pareja que nos indican por dónde teníamos que haber llegado.
Continuamos por un paisaje de dehesa, de encinas, pensando dónde comeremos. Habíamos calculado hacerlo en Alcuéscar, a mitad de camino, pero no avanzamos mucho, el camino se hace lento. Pasamos Aljucén y llegamos a la carretera. Al cruzarla vemos, junto a una gasolinera, un restaurante llamado “Los Feos”. El nombre no nos impresiona y paramos a comer: gazpacho, lomo con patatas fritas, melón y café. Muy bien, aunque, al ser aves de paso, nos dan cañazo. Pero hay un inconveniente: ¿quién va a pedalear después?
Desde aquí el camino es algo más fácil. En Casas de D.Antonio vemos el puente romano. Entramos al pueblo a comprar agua y llamamos al hotel de Cáceres para confirmar el alojamiento y advertir que llegaremos tarde. Antes de Aldea del Caño vemos otro puente romano. Están descuidados y abandonados. Después un pequeño aeródromo nos cierra el paso. Como no sabemos por dónde seguirá la senda, cruzamos por el centro y preguntamos en el hangar.
Seguimos hasta Valdesalor, donde de nuevo compramos agua. Nos queda el puerto de las Camellas. Desde donde estamos vemos el camino zigzagueante que trepa por la montaña y nos parece duro. Como vamos estando cansados decidimos subir por la carretera que es más suave. A la bajada ya está Cáceres.
Unos guardias civiles nos indican dónde está el hotel Alfonso IX. Guardamos las bicis en un patio interior y, tras el aseo, salimos a dar una vuelta. Cenamos unas tapas (migas extremeñas, calamares, etc) en la plaza y hacemos otro recorrido por el Cáceres nocturno. La luz discreta de las farolas no muestran en algunos puntos más que enormes masas de silenciosas sombras. Regresamos al hotel a dormir.
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lunes, 13 de octubre de 2014
Ruta de la Plata
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