Asurbanipal
Hace más de 2600 años se produjo el ascenso de Asiria, en el Irak actual, y durante tres siglos crearon uno de los imperios más poderosos de la Antigüedad, en el que destacó Asurbanipal (669-631 a.n.e.). Gobernó desde Nínive, la capital, y ejerció un poder sin rival sobre un enorme territorio. Fue una figura compleja, guerrero implacable, erudito apasionado (primera gran biblioteca, La epopeya de Gilgamesh), favorecedor de la opulencia arquitectónica y artística (palacios y jardines), diplomático sofisticado. Esta exposición en CaixaForum Madrid se basa en la colección asiria del British Museum.
Relieve de la caza del león (Réplica, resina
acrílica). Palacio norte, Nínive. 645-640 a.n.e.
Muestra al rey atravesando con su espada el pecho de un
león herido, mientras detrás de él, un eunuco sujeta flechas de repuesto.
Imagen de Asurbanipal como guerrero.
Nínive, una ciudad sin rival.
Los reyes asirios fueron extraordinarios constructores. Senaquerib, el abuelo de Asurbanipal, transformó Nínive asombrando a todo el Oriente Medio antiguo. Su palacio fue el asombro de todos los pueblos y sus puertas estaban flanqueadas por colosales toros alados con cabeza humana que protegían al rey frente a fuerzas sobrenaturales. Asurbanipal gobernó desde este palacio hasta que se construyó su propia residencia real, el palacio norte, decorado con paneles murales, esculpidos y pintados de vivos colores.
El palacio, en la colina de la ciudadela de Nínive (hoy Kuyunjik), tenía muros exteriores de ladrillos de adobe recubiertos con yeso blanco brillante y ladrillos esmaltados de vivos colores. Para los techos se utilizaron enormes vigas de madera de cedro del Líbano. El palacio se distribuía en salas dispuestas alrededor de patios pavimentados. Las salas más majestuosas estaban decoradas con escenas narrativas y figuras protectoras talladas en bajorrelieve sobre paneles de alabastro yesoso, a la vista de los miembros de la corte y visitantes. Originalmente, estas escenas estaban pintadas de colores brillantes.
La familia real.
Las disputas sucesorias eran habituales en Asiria, y a menudo terminaban con derramamiento de sangre. Sargón II, bisabuelo de Asurbanipal, se apoderó del trono mediante un violento golpe de Estado. El abuelo de Asurbanipal, Senaquerib, fue brutalmente asesinado por el mayor de sus hijos vivos tras haber designado príncipe heredero a un hijo menor, Asarhadón.
La decoración de los palacios era una demostración de la riqueza y poder del rey ante su corte y ante los súbditos que lo visitaban desde todos los rincones del imperio. La refinada artesanía, los materiales preciosos y los orígenes exóticos de los muebles y otros objetos denotaban el mayor de los lujos. El palacio no solo era la sede del poder político, sino también un lugar de esparcimiento.
Guardianes mágicos.
Los visitantes del palacio real entraban a través de
majestuosas puertas flanqueadas por imágenes de guardianes mágicos que lo
protegían de posibles fuerzas malignas
Panel mural en relieve con los espíritus protectores.
Palacio norte, Nínive, 645-640 a.n.e., alabastro yesoso.
Aparecen tres espíritus protectores. El de la izquierda es un lahmu o “peludo”: lleva el cabello peinado en elaborados tirabuzones, lo que, junto con los flecos que cuelgan de su falda indica su estatus divino. El del centro es un ugallu o “gran león”, que blande su daga con gestos amenazadores y sostiene una maza como símbolo de autoridad. El de la derecha es un “dios de la casa”, cuyo tocado con cuernos indica su condición divina.
Jardines de recreo.
A los reyes asirios les gustaba cultivar jardines,
huertos y cotos de caza, llenándolos de plantas y animales procedentes de todos
los rincones del imperio. Asurbanipal organizaba en sus parques cacerías de
leones, tanto a pie como a caballo, representando su triunfo sobre los
elementos caóticos del mundo y la estabilidad del imperio.
Panel mural en relieve con el recinto del jardín,
Palacio norte, Nínive, 645-635 a.n.e., alabastro yesoso.
En la franja superior, una procesión de músicos tocando una lira, un arpa vertical y flautas dobles avanza hacia dos cortesanos que portan varas de madera y custodian un recinto vallado. En la franja central, otros dos cortesanos custodian el mismo recinto del jardín, que protege de las miradas a la comitiva real. Debajo, un jabalí hoza entre los altos juncos.
Panel mural en relieve con acueductos y canales.
Palacio norte, Nínive, 645-640 a.n.e. Alabastro yesoso.
Senaquerib, abuelo de Asurbanipal, mandó construir una inmensa red de canales y acueductos para hacer llegar el agua desde grandes distancias hasta la nueva capital, Nínive. La escena superior muestra un frondoso parque cerca de Nínive, donde un acueducto de arcos ojivales riega los huertos y jardines. El agua fluye por varios canales que atraviesan el paisaje, y un arroyo cruza un sendero que conduce a una estela en honor al rey y a un pabellón con columnas.
Reconstrucción digital del panel mural en relieve con la escena del banquete de Asurbanipal. Palacio norte, Nínive. 645-635 a.n.e. Alabastro yesoso.
La fiesta en el jardín.
Tras ser designado príncipe heredero, Asurbanipal
contrajo matrimonio con Libbali-sharrat, con la que aparece comiendo en el
jardín. Se trata de una apacible escena en la que sirvientes y músicos atienden
a la pareja real y que seguramente tiene lugar en los jardines privados de la
reina, por lo que ofrece una visión íntima e inusual de la vida en la corte
asiria. Libbali-sharrat, con una corona que representa la muralla y las torres
de una ciudad, se lleva un cuenco a los labios. A su lado hay una mesa con unas
patas de león idénticas a las de bronce halladas en las excavaciones.
La caza del león.
Los parques de Nínive eran el escenario de la caza real del león, un espectáculo público de gran teatralidad. Un conjunto de paneles murales esculpidos en relieve muestra a Asurbanipal cazando leones asiáticos, una especie más pequeña que prosperó en el antiguo Oriente Medio. Escenas como esta representan la valentía y destreza del rey, protector de Asiria por elección divina y cuyo deber era mantener el orden universal derrotando a las fuerzas del caos. Eso es lo que hacía al matar leones, los animales más peligrosos del territorio.
Formado para ser rey.
Como hijo menor, Asurbanipal no estaba destinado a ser
rey, por lo que aprendió a leer y escribir, algo inusual, pero, una vez
elegido, recibió una rigurosa formación en todos los aspectos de su cargo, como
liderazgo y militares. Acompañaba a su padre en la corte y actuaba como su jefe
de espionaje, reuniendo datos de aliados y enemigos.
Creación de la biblioteca.
Asurbanipal heredó muchos textos de su padre. Después de
que conquistara Babilonia, en el año 648 a.n.e., llegaron miles de volúmenes
más. Algunas tablillas llevaban plegarias a Nabu, dios de la escritura. La
biblioteca de Asurbanipal fue destruida en el año 612 a.n.e., aunque el
incendio que arrasó la ciudad coció parcialmente las tablillas, contribuyendo a
su conservación.
Mitos y épica.
Asurbanipal incluyó en su biblioteca la abundante
literatura mesopotámica. Uno de ellos es La epopeya de Gilgamesh, la obra más
famosa.
Con una elegante prosa, esta epopeya narra las aventuras
del héroe Gilgamesh y su compañero Enkidu, durante las cuales Gilgamesh debe
afrontar las emociones humanas más profundas, desde la amistad y el amor hasta
la aflicción y el abatimiento. Cada capítulo se escribía en una tablilla
diferente. Los distintos juegos están incompletos, aunque los hallazgos van
completando algunos.
Asiria y el dominio del mundo.
Asurbanipal gobernó un imperio geográfica y culturalmente
diverso que se extendía desde las costas del Mediterráneo oriental hasta las
montañas de Irán occidental. Estaba dividido en regiones administrativas que
gobernaban funcionarios leales a la corona. Junto con los embajadores reales,
mantenían el control sobre los territorios vecinos, recurriendo tanto a las
negociaciones como a la violencia. Los abundantes recursos llegados de todas
partes enriquecieron el imperio, que colonizó territorios desolados y construyó
ciudades, transformando el tejido cultural al introducir nuevas tradiciones
artísticas, tecnologías, idiomas y formas de pensar.
El gobierno del imperio.
Debido a su enorme tamaño, era difícil de gestionar, lo
que llevó a desarrollar la red de comunicación más eficiente de su época: un
innovador sistema de calzadas reales. Los funcionarios sellaban sus cartas con
un anillo grabado con el sello imperial, de modo que el rey podía delegar su
poder y estar presente en todos los puntos del imperio.
Los magnates eran altos cargos administrativos,
originalmente hereditarios y limitados a la nobleza. Tenían mucho poder, hasta
llegar a usurpar el del rey en épocas de crisis. Después, para proteger la
autoridad real, se les eligió entre un grupo de administradores formados por el
Estado, muchos eunucos, que renunciaban a los vínculos familiares, lo que
garantizaba que ningún cargo oficial fuese hereditario. En las representaciones
artísticas, los eunucos son lampiños.
Fragmento de relieve con uno de los magnates del rey.
Jorsabad, 710-705 a.n.e., alabastro yesoso.
Reproducción de un panel mural tallado en relieve. Palacio norte, Nínive, 645-635 a.n.e. Escayola.
Asurbanipal conquista Egipto.
Egipto llevaba años amenazando la frontera occidental de
Asiria cuando el rey Asarhadón murió allí durante una campaña. Su hijo, el
nuevo rey Asurbanipal, envió a su ejército y obtuvo una gran victoria, pero el
soberano egipcio, Taharqo, logró huir. Entonces, el sobrino de Taharqo se
autoproclamó rey y Asurbanipal reunió a sus tropas para el enfrentamiento
decisivo: la gran ciudad egipcia de Tebas fue saqueada y su población,
deportada. El botín se exhibió en Nínive y los obeliscos de metal que se habían
alzado ante los templos de Tebas se fundieron para decorar los templos asirios.
Redes de control.
Los productos exóticos que engrosaban los erarios de
palacio eran un reflejo de su control sobre las provincias extranjeras y del
acceso a rutas comerciales remotas. El rey se aseguraba las lealtades mediante
la diplomacia y la violencia, por lo que el ejército, compuesto por
profesionales, reclutas y mercenarios extranjeros, era clave para la expansión
y mantenimiento del imperio. En los palacios hay escenas de pagos de tributos y
de victorias sobre súbditos rebeldes.
Intercambio internacional.
La expansión del Imperio reactivó la fabricación y
comercio de objetos de lujo, además de propiciar el intercambio cultural,
artístico, tecnológico y de personas.
Recipiente para cosméticos. Sippar, 800-600 a.n.e. Concha de Tridacna squamosa.
La tridacna estriada o
almeja gigante es una especie de molusco bivalvo que vive en el océano Índico,
en el mar Rojo y en el golfo Pérsico. Los artesanos, fenicios probablemente,
usaban sus conchas acanaladas para fabricar recipientes de lujo para cosméticos
y solíajn tallar las charnelas en forma de cabeza de sirena (criatura
mitológica con cabeza de mujer y cuerpo de ave).
Panel mural en relieve con la ejecución de un general elamita. Palacio norte, Nínive, 645-640 a.n.e. Alabastro yesoso.
Los reyes de Elam desafiaron al gobierno asirio
invadiendo su territorio. Este panel muestra el campo de batalla, donde Ituni,
un general elamita, corta su arco en señal de rendición al verse rodeado de los
cadáveres mutilados de su ejército. Los buitres picotean los ojos de los
muertos, que yacen desnudos, y un soldado asirio está a punto de ejecutar a
Ituni.
Asurbanipal en guerra.
Llevó a su ejército más lejos que ninguno de sus
predecesores. Era deber suyo, como representante humano de los dioses, extender
las fronteras del imperio, para lo que consideraban justificada la violencia.
Durante la primera mitad del largo reinado de Asurbanipal, Asiria se expandió
al oeste conquistando Egipto, y hacia el este doblegando a un rebelde usurpador
elamita. A mediados de su reinado se produjo una grave crisis en Babilonia que
desató un largo y violento enfrentamiento entre Asurbanipal y su hermano.
Elam.
Una de las grandes potencias del antiguo Oriente Medio
fue Elam, que hacia el año 700 a.n.e. se había recuperado de la amenaza de
expansión de Asiria. El reino elamita se extendía por las llanuras y montañas
del suroeste del actual Irán, y sus gobernantes desafiaron al imperio asirio
apoyando revueltas y ofreciendo refugio a sus enemigos. Al principio del
reinado de Asurbanipal estaban en paz, pero todo cambió cuando el rey elamita
invadió Babilonia.
La represalia.
Después de tomar Babilonia, Asurbanipal dirigió su
atención hacia Elam, que había apoyado la rebelión de su hermano y que daba
asilo a un gobernador babilonia que lo había engañado. Como la amenaza no
surtió efecto, Asurbanipal descargó su furia sobre Susa, la capital de Elam.
Los templos fueron destruidos y los huesos de los antiguos reyes se exhumaron
para impedir que sus espíritus descansaran. El traidor babilonio, sabiendo que
su arresto era inmediato, suplicó a su guardia que lo matara. Su cadáver se conservó
en sal y se entregó en Nínive a Asurbanipal.
El destino de Asurbanipal.
Pese a la abundancia de información, su muerte no ha
quedado registrada. Su reinado debió terminar entre los años 631 y 627 a.n.e.
Quizá murió, abdicó o fue depuesto, y es posible que lo enterraran en Asur,
junto a otros reyes de Asiria. El Imperio asirio empezó a desmoronarse: le
sucedió brevemente uno de sus hijos, Ashur-etil-ilani, y Sin-shar-ishkun,
probablemente otro hijo suyo, fue el último rey que gobernó desde Nínive. En el
año 626 a.n.e., un antiguo general, Nabopolasar, reclamó el trono de Babilonia
y comenzó una lucha por la independencia.
Réplica de un relieve de palacio. 635 a.n.e. Resina
acrílica.
Un rey vencido.
Cuando medos y babilonios destruyeron los palacios de los
grandes reyes asirios, destruyeron también las imágenes de sus antiguos
señores. Aquí, el rostro de Asurbanipal aparece mutilado.
Estela de arenisca roja, con Asurbanipal transportando una cesta ritual de tierra sobre la cabeza para la reconstrucción de E-Zida, 668-655 a.n.e., templo de Nabu, Borsippa (Irak).
Leyenda, descubrimiento y resurgimiento.
Los descubrimientos arqueológicos del siglo XIX en Irak
cambiaron la antigua percepción que se tenía de Asiria, a cuyos reyes se había
considerado descuidados y moralmente corruptos.
La caída de Asiria fue un acontecimiento excepcional que
quedó plasmado en la Biblia y en la literatura de la Grecia y la Roma antiguas:
según los relatos clásicos, Asiria fue castigada a causa de la depravación de
sus gobernantes, que se rodeaban de riquezas y lujos. Se decía que el
libertinaje del último rey había provocado la destrucción del imperio y que, al
comprender que Nínive estaba perdida, mandó construir una enorme pira en su
palacio y se arrojó a las llamas junto con sus posesiones, concubinas y
eunucos.
Tras los descubrimientos arqueológicos, Asiria es
considerada como una de las grandes civilizaciones del mundo antiguo.
Azulejo de pared esmaltado que, originalmente, formaba parte de una escena narrativa que representaba al rey asirio, posiblemente Asurnasirpal II, 875-850 a.n.e., palacio noroeste, Nimrud (Irak).






















No hay comentarios:
Publicar un comentario