lunes, 10 de noviembre de 2025

Matisse

Henri Émile Benoît Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869-Niza, 1954) nació en una familia dedicada al comercio. Estudió leyes en Paris y comenzó a pintar al estar convaleciente de enfermedad en casa. Ingresó en la École des Beaux-Arts donde recibió clases del pintor simbolista Gustave Moreau y realizó copias en el Louvre. Al principio practicó el dibujo del natural y más tarde pintó luminosos paisajes influenciado por los aires impresionistas de la época. Conjugó la influencia de artistas como Van Gogh, Cézanne o Gauguin con las cerámicas persas, el arte africano o las telas moriscas (viajes a España y Marruecos). En los años finales del siglo XIX practicó el divisionismo (Luxe, calme et volupté) por influencia de Paul Signac. Al comienzo del siglo XX lideró junto con André Derain el efímero grupo conocido como fovismo. Resultó un escándalo para la época y fue objeto de una crítica muy agresiva. Su uso del color fue de gran sensualidad y contribuyó a la bidimensionalidad de algunos de sus cuadros.

Desde 1916 adoptó mayor simplificación y un concepto más geométrico de las formas (El pintor y su modelo) por influencia cubista. Se instaló en Niza, donde conoció a Renoir, y su estilo se hizo más sutil, con el gusto por ornamentación y arabescos. En la década de 1940 utilizó un colorido más atrevido (Gran interior rojo) como antecedente de los gouaches (Jazz). En 1950 comenzó una serie de obras religiosas y dibujos a pluma, así como ilustraciones para Mallarmé y Joyce, colaborando en revistas especializadas. En esos años sus collages transformaron la idea del espacio pictórico. Es autor de un gran número de litografías, aguafuertes y xilografías. En general, su obra se centró en la búsqueda del equilibrio entre color (concepción innovadora) y forma, en la reformulación crítica del cuadro como pura superficie pictórica, en la ruptura con las normas establecidas y la búsqueda de una nueva forma de ver y representar el mundo. Su obra es el reflejo de su tiempo: desde la angustia y la introspección de los años de guerra, hasta la explosión de sensualidad y hedonismo de sus pinturas y collages de madurez. Una parte de su obra puede verse en el Museo Matisse de Niza.

La exposición “El legado de una nueva pintura”, organizada por CaixaForum con la colaboración del Centre Pompidou, se divide en ocho apartados ordenados cronológicamente que muestran la obra de Matisse y su influencia sobre otros artistas. Sus obras, 46, dialogan con las de otros artistas, 49, en un juego de referencias cruzadas que ilumina un siglo de creación y vanguardia y cuenta con la introducción de la mirada femenina con Sonia Delaunay, Françoise Gilot, Natalia Goncharova, etc.

El arte moderno es un arrebato del corazón”, dijo Henri Matisse en sus últimos días.

1.- Línea y color (1900-1906)

Los inicios de su trayectoria, bajo la influenciade su maestro Gustave Moreau, son un autorretrato, un paisaje de París y dos bodegones reposados y sombríos, realizados entre 1900 y 1902. El cambio de rumbo lo representa “Lujo, calma y voluptuosidad”, de 1904, con un tratamiento plástico basado en la fragmentación de la luz y la correspondencia entre el tema —un almuerzo junto al mar— y la belleza de la forma. La paleta de Matisse se vuelve incandescente al contacto con los paisajes mediterráneos de Saint-Tropez y Colliure, en una revolución de la que participan Albert Marquet, André Derain, Maurice de Vlaminck, Georges Braque y Robert y Sonia Delaunay.

Henri Matisse, Pont Saint-Michel, 1900, óleo sobre lienzo.

Henri Matisse, Autorretrato, 1900, óleo sobre lienzo

Henri Matisse, Lujo, calma y voluptuosidad, 1904, óleo sobre lienzo. 

2.- Primitivismos o la emoción (1907-1913)

El descubrimiento de las artes no occidentales y el primitivismo permiten a Matisse enfrentarse al canon establecido. La planitud de Le luxe emite a los frescos toscanos que vio en el verano de 1907 mientras que los juegos de volúmenes contrastados que observa en la escultura africana nutren sus experimentaciones en este ámbito. En este apartado se presentan sus esculturas de 1907-1930 confrontadas a L’Enlèvement d’Europe [El Rapto de Europa], una obra de Jacques Lipchitz de 1938. Matisse conecta con las vanguardias alemana y rusa, atraídas también por el arte primitivo. Como sus contemporáneos alemanes —Ernest Ludwig Kirchner y Emil Nolde—, busca un fundamento emocional para el arte. En Rusia, la obra de Matisse se expone junto a los cuadros de Mijaíl F. Lariónov y Natalia Goncharova, que se inspiran en la imaginería popular y son los más receptivos a la modernidad procedente de Europa occidental.

Henri Matisse, Desnudo tumbado I, 1907-1908, bronce.

Ernst Ludwig Kirchner, Pareja de enamorados, 1921-1923, óleo sobre lienzo

Natalia Goncharova, Naturaleza muerta con bogavante, 1909-1910, óleo sobre lienzo

3.- Provocar apariciones (1914-1917)

En los años de la Primera Guerra Mundial, la paleta vuelve a la oscuridad. Matisse define un espacio íntimo e incorpora el motivo de la puerta y la ventana, umbral de un mundo inquietante, que encuentra un eco en la obra de la misma época de Kees Van Dongen y František Kupka. Con Interior con pecera y El pintor en su estudio recupera ese espacio íntimo y, a través del motivo de la ventana y de una perspectiva más reflexiva, su propio lugar frente al modelo establece en su pintura una ambigüedad espacial sin parangón en la época. Durante las sesiones de posado, Matisse busca establecer un vínculo empático y plasmar el flujo de energía entre artista y modelo. En los retratos de la actriz Greta Prozor de 1916 y del coleccionista Auguste Pellerin de 1917, la figura humana aparece rodeada de un halo fantasmal.


Henri Matisse, Interior con pecera, 1914, óleo sobre lienzo

 

Henri Matisse, Retrato de Greta Prozor, 1916, óleo sobre lienzo

Kees Van Dongen, Autorretrato, 1895, óleo sobre lienzo.

4.- Abstraerse (1914-1917)

Durante la irrupción del cubismo en 1908, Matisse se convierte en testigo privilegiado y punto de encuentro para la vanguardia parisina al recibir en su hogar a destacados artistas del momento. En agosto de 1914, mientras reside en Colliure, crea Porte-fenêtre à Collioure [Puerta-ventana en Colliure], una obra clave que, aunque inacabada, marca su primer acercamiento al concepto de «negro luz» utilizando planos cromáticos intensos que anticipan nuevos caminos en su pintura. Este enfoque influyó tanto en la evolución formal de František Kupka, con sus composiciones de bandas verticales y aspiraciones abstractas, como en su propia obra, ejemplificada en el retrato de su hija Marguerite, Cabeza blanca y rosa, donde la estructura ortogonal cubista se funde con un aura de misterio estilístico.

 Henri Matisse, Puerta-ventana en Collioure, 1914, óleo sobre lienzo

Frantisek Kupka, Planos verticales I, 1912, óleo sobre lienzo

Henri Matisse, Cabeza blanca y rosa, 1914, óleo sobre lienzo

5.- ‘Nuestro corazón mira hacia el sur’ (1917-1929)

A finales de 1917, Matisse se traslada a Niza, en la Costa Azul. Deja de lado la dimensión experimental y se concentra en escenas de interior con modelos femeninos que le permiten explorar la relación entre figura y espacio, como en Figura decorativa sobre fondo ornamental. Figuras y accesorios remiten a sus viajes a España y al Magreb. Como en el caso de Albert Marquet y Kees van Dongen, antiguos fauves, la luz mediterránea acelera la renovación de las soluciones plásticas. Matisse y Natalia Goncharova (que descubre España en 1916) coinciden al presentar el arquetipo de la mujer con mantilla —hierática y decorativa— como un icono contemporáneo.

Henri Matisse, Joven española, 1921, óleo sobre lienzo.


Kees Van Dongen, Bailarina española, 1912, óleo sobre lienzo

Natalia Goncharova, Española, 1920-1930, óleo sobre dos paneles.

6.- Modernidades clásicas. Matisse y su dialogo con Bonnard, Gilot y Picasso (1930-1938)

En la década de 1930 aparecen aires de renovación, Matisse viaja a Estados Unidos y a Oceanía. Simplifica el dibujo y lo despliega en el espacio. Introduce el uso de los papeles recortados para construir su composición. En Niza continúa su trabajo con su colaboradora Lydia, modelo de predilección del artista que le inspira El sueño y Desnudo rosa sentado. En esta sección se confronta un bodegón de Matisse, Nature morte au buffet vert [Naturaleza muerta con aparador verde], de 1928, con Naturaleza muerta con candelero, de Picasso, de 1944, y Évier et tomates [Fregadero y tomates], de Françoise Gilot, de 1951, para mostrar la influencia de Matisse sobre la pareja de artistas y evidenciar las diferencias: Gilot comparte la empatía de Matisse hacia los objetos, mientras que Picasso impone su propia personalidad. En 1936, Matisse sufre un bloqueo creativo y vuelve a Cézanne y Bonnard para resolver su dilema de qué hacer con la figura.

Henri Matisse, El sueño, 1935, óleo sobre lienzo

Pablo Picasso, Naturaleza muerta con candelero, 1944, óleo sobre lienzo

Françoise Gilot, Fregadero y tomates, 1951, óleo sobre contrachapado

7.- Días de color. Pintura y película a partir de 1939

Desde 1936, Matisse utiliza papeles pintados con gouache en portadas de revistas. En el libro Jazz, de 1947, esta técnica adquiere una autonomía propia. Matisse propone una salida al viejo conflicto entre línea y color. Recorta el color y consigue una forma depurada hasta lo esencial. En 1951 colabora con Le Corbusier en la Capilla del Rosario de Vence, en la Costa Azul. También Matisse es una referencia para pintores abstractos norteamericanos, como Barnett Newman. En Francia, Raymond Hains y Jacques Villeglé buscan superar la pintura y ponen a Matisse en movimiento en su película Pénélope (1950- 1980). También vemos que las composiciones de la artista autodidacta argelina Baya -Naturaleza muerta con magnolia- recuerdan la fuerza decorativa del pintor.

Henri Matisse, Naturaleza muerta en mesa de mármol verde, 1941, óleo sobre lienzo

Henri Matisse, Naturaleza muerta con magnolia, 1941, óleo sobre lienzo

Baya (Fatma HADDAD), Guitarras y cornucopia, 1976,Gouache sobre papel

8.- ‘Chez Matisse’. Horizontes múltiples (1961-1970)


En 1961se exhibió la exposición Henri Matisse en el Museo de Artes Decorativas de París. Les grandes gouaches découpées pone en contacto la obra de Matisse con los jóvenes artistas Daniel Buren (bandas) y Michel Parmentier (rayas), que descubren la técnica del collage y la importancia del blanco del soporte como elemento activo de la composición. Su enfoque conceptual excluye los valores emocionales y subjetivos de Matisse.


Daniel Buren, Pintura deformas indefinidas, 1966, Acrílico sobre tela de algodón tejida

Michel Parmentier, Rojo, 1968, óleo sobre tela encerada
Fotografiado por Carl Van Vechten,20 de mayo de 1933



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