domingo, 23 de noviembre de 2025

Desenfocado



Esta exposición en CaixaForum Madrid, concebida por el Musée de l´Orangerie de París, presenta “una obra que obliga a elegir entre varios puntos de vista, ya que no ofrece ninguno fijo y seguro” (Grégoire Bouillier, Le síndrome de L´Orangerie). La serie de los Nenúfares de Monet introdujo el concepto de desenfoque en el arte, de lo borroso e impreciso como elementos expresivos, y ahora se explora esa dimensión de la obra tardía del pintor como clave de lectura para comprender una parte importante de la creación artística moderna y contemporánea. Considerado durante mucho tiempo parangón de la pintura abstracta, nunca había sido analizado y es contemplado hoy como una elección estética real.

 

Es sobre las ruinas de la Segunda Guerra mundial donde la estética del desenfoque arraiga realmente y se expande, entendiéndose como insuficiente el vigente principio de claridad visual en la creación artística.  Ante el deterioro de las certezas de lo visible y frente a las múltiples posibilidades que se abren, los artistas experimentan nuevas vías y abordan lo transitorio, lo inacabado, la duda, dejando un espacio más amplio a la interpretación del espectador. Se convierte así en el medio de expresión predilecto de un gran número de artistas en un mundo donde la visibilidad se enturbia y reina la inestabilidad.

 

 

Eugène Carrière (1849-1906), Madame Carrière meditando, 1898, Óleo sobre lienzo
Medardo rosso (1858-1928), Ecce Puer, 1906, Busto en bronce

PREÁMBULO



La estética del desenfoque existe desde mucho antes de la época moderna. Su antecedente lejano es el esfumado del Renacimiento y en el siglo XVII aparece el término francés flou, que aporta un matiz al principio de la representación basada en la claridad del trazo. William Turner, con sus composiciones difusas, abrió el camino al impresionismo, verdadero punto de inflexión a finales del siglo XIX. La incipiente fotografía expresa la subjetividad del autor a través del desenfoque, encontrando un eco en las creaciones simbolistas que, explorando su mundo interior, revelan a través de lo difuso lo que la visión nítida oculta a la conciencia. Las obras muestran el uso del desenfoque en el siglo XIX en la pintura, la fotografía e incluso la escultura.


Claude Monet (1848-1926), Estanque de nenúfares, armonía rosa, 1900, Óleo sobre lienzo.

Hans Haacke (1936), Cubo de condensación, 1963-1967. Metacrilato, agua destilada y clima del espacio expositivo.

EN LAS FRONTERAS DE LO VISIBLE.

Al tratar de estructurar la realidad, intentando esclarecer la confusión, se corre el riesgo de limitar su sentido. El desenfoque, en cambio, se alimenta de nuestra experiencia, que se desarrolla en el tiempo y alcanza nuestro interior más profundo. Los artistas utilizan este efecto para cuestionar nuestros modos de percepción, invitarnos a regresar a la fuente misma de la mirada y animarnos a dejar atrás la lectura unívoca de la realidad.  Unos exploran los límites de lo visible retomando el vocabulario de la imagen científica; otros alteran los referentes tradicionales de la representación, jugando con la indefinición más que con la oposición entre figuración y abstracción; finalmente, algunos ponen a prueba al espectador y estimulan su agudeza visual evocando la circulación de la retina en sus obras en forma de diana. Los nuevos medios técnicos para observar la realidad dan lugar a imágenes que no podemos ver a simple vista y que se convierten en fuentes de inspiración para los artistas.

Wojciech Fangor (1922-2015), Número 17, 1963, Óleo sobre lienzo de yute

Perejaume (1957), Personaje contemplando el informalismo (2), 1991, óleo sobre lienzo.

 
Albert Oehlen (1954), Sin título, 2016, Óleo sobre lienzo
Claudio Parmiggiani (1943), Polvo, 1998, Hollín sobre acrílico sobre madera, caja de plexiglás.


LA EROSIÓN DE LAS CERTEZAS




La dimensión política de la estética del desenfoque empieza a desplegarse plenamente durante el periodo posterior a la Segunda Guerra mundial. Ante la erosión de las certezas, los artistas asumen la profunda convulsión del orden mundial y adoptan el desenfoque como estrategia necesaria ante la imposibilidad de representar lo irrepresentable (los campos de concentración). El desenfoque desdibuja una realidad que la mirada no puede soportar. Cuestionando el estatus y el valor de la imagen, los artistas proponen una visión a la vez poética y desencantada de las tragedias que han marcado la historia. Es un mecanismo de olvido y, a la vez de poner de manifiesto las atrocidades.


Krzysztof Pruszkowski (1943), Quince torres de vigilancia del campo de concentración de Majdanek, Polonia. 1992. Copia en gelatina de plata sobre papel, montado sobre aluminio. 

Philippe Cognée (1957), Metamorfosis I. 2011, encáustica sobre lienzo.

 
Thomas Ruff (1958), Jpegny01, 2004, Impresión cromogénica con Diasec/C
Alfredo Jaar (1956). Seis segundos, 2001. Impresión por inyección de tinta pigmentada. 

Tomar forma en lo informe

Tomar huella en lo difuso

Tomar sentido en lo insensato

En este mundo sin esperanza

 

Paul Éluard, Poésie ininterrompue, 1946 

ELOGIO DE LA INDEFINICIÓN



Aunque intentemos dibujar los contornos del mundo difuso, sus dimensiones y sus tiempos se extienden continuamente y dificultan fijar focos definitivos. Con el ser humano sucede lo mismo. La identidad también es indefinida, está constantemente en cambio, revelando total o parcialmente sus facetas, tanto a los demás como a nosotros mismos. Entre memoria incierta del pasado y rechazo de la representación estática del presente, el desenfoque se convierte en una búsqueda de identidad. En la fotografía amateur, el desenfoque refleja la vida real y permite dar cuenta de los lugares más íntimos, lo que a menudo escapa a la mirada.


 

Eulàlia Valldosera (1963), La ilusión, 1999, fotografía en color. 

Mame-Diarra Niang (1982). Morfología del sueño nº 6. Serie “Sama Guent Guii”. 2022, tinta pigmentada sobre papel Photo Rag Metallic 

Eva Nielsen (1983). Alcance, 2021, Acrílico, tinta china sobre lienzo, organza estampada.

 

FUTUROS INCIERTOS

La relación de algunos artistas con la espiritualidad, a través de lugares y gestos sagrados ofrece una posible respuesta a las incertidumbres contemporáneas. Los artistas tratan de destacar la belleza y la fugacidad de una cotidianeidad alterada en un mundo que pierde sus referentes. La cuestión del tiempo se representa como objeto de contemplación y reflexión existencial. Paradójicamente, el desenfoque se convierte a la vez en síntoma y condición para una nueva motivación.

Antoine d´Agata (1961). Paris/France, 17 Mars-11 Mai 2020. Série “Virus-Paris/France, 17 MKars-11 Mai 2020”. Fotografía. Impresión por inyección de tinta pigmentada sobre papel Hahnemühle. 

Nan Goldin (1953). Primeros días de cuarentena, Brooklyn, Nueva York. 2020. Impresión de bellas artes con tintas pigmentadas. 

Mircea Cantor, Futuro impredecible. 2015, caja de luz, edición de 7



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