Los Bécquer
El Museo de Bellas Artes de Sevilla exhibe la gran exposición “Los Bécquer, un linaje de artistas”, mostrando la leyenda de la gran familia del arte -afincada en Sevilla a finales del siglo XVI, saga de influyentes artistas en el panorama romántico sevillano y español-, con el icónico retrato del escritor Gustavo Adolfo Bécquer -antiguos billetes de 100 pesetas- como estrella, recién restaurado al igual que otros dieciséis lienzos. Por primera vez se reúnen más de 150 obras, entre óleos, dibujos, acuarelas y litografías, de cuatro artistas de una familia: José Domínguez Insausti, su primo Joaquín Domínguez Bécquer -pintor costumbrista-, y Valeriano y Gustavo Adolfo, hijos del primero y formados en la técnica de la pintura y el dibujo en el taller del segundo. Valeriano y Gustavo Adolfo estuvieron muy unidos: «Él dibujaba mis versos y yo le versificaba sus cuadros». El recorrido, en cinco secciones, muestra la producción de cada uno de ellos, dando a conocer sus rasgos individuales, al tiempo que permite percibir una serie de características comunes como la continuidad de temas y estilos, o su particular agudeza como testigos analíticos de una época de la historia de España -el reinado de Isabel II-, que coincide con el apogeo del romanticismo en el plano artístico. Otras aportaciones interesantes son: la representación de la ciudad de Sevilla en la obra de Joaquín, con algunas de sus mejores obras, que permiten documentar, además, la Sevilla de los Montpensier; las escenas de costumbres que Valeriano realizó en su viaje por España y la sección dedicada a la faceta plástica del poeta Gustavo-Adolfo. El primer ámbito se centra en el iniciador de la saga, José Domínguez Bécquer (Sevilla, 1805-1841), alumno y profesor de la Real escuela de las Tres Nobles Artes de Sevilla, y la eclosión de su producción durante la década de 1830. Su obra es escasa y está muy dispersa ya que sus pinturas y acuarelas salían de la ciudad en el momento de crearse. Una constante común es la impronta popular, partiendo del natural en figuras y paisajes y formando composiciones sencillas (La cigarrera y el torero, 1838) o más complejas (Baile en una venta, 1840). Varios cuadros ejemplifican su dominio en la pintura de asuntos y costumbres populares como Escena galante, Partida de naipes o Baile en una venta.
José Domínguez Bécquer, Un trozo de la feria de Mairena
José Domínguez Bécquer, Señora caminando o Andaluza con
mantilla
José Domínguez Bécquer, Escena galante
Joaquín Domínguez Bécquer, Plaza de la Maestranza
Joaquín cultivó también el retrato, predominante en la
pintura europea del siglo XIX, con los primeros ejemplos partiendo de esquemas
tomados de un romanticismo temprano, cercanos al pintor Antonio María Esquivel,
como el Retrato infantil femenino o el de Manuel Moreno López,
cuya composición remite a la tradición murillesca. A partir de 1850 incorpora
un sutil realismo sin abandonar los esquemas anteriores, como se aprecia en Retrato
de señora (Fernán Caballero) y el Retrato de la duquesa de Montpensier.
Ente todos ellos, destaca su Autorretrato vestido de cazador, sin duda
el mejor de su producción. Asimismo, muestra su capacidad en el de Fernando
A. González de Aguilar, más tarde conde del Águila. Presiden la sala las
efigies de los reyes Isabel II y Francisco de Asís, inspirados en los modelos
de Federico Madrazo.
Valeriano Domínguez Bécquer, Viejo mirándose la lengua en un espejo
Para los Bécquer el dibujo fue una práctica fundamental.
Es la técnica que les permitió plasmar en sus obras ideas e imágenes con
inusitado realismo, exponiendo su lado más popular o cómico. Gracias a la
reciente aparición de la litografía, las estampas basadas en sus aguadas fueron
impresas por los principales editores franceses e ingleses, proporcionándole un
prestigio internacional de difícil parangón en ningún otro artista de la España
romántica.
José Domínguez Bécquer fue autor de numerosas acuarelas
que constituyeron un repertorio de tipos individuales, que el autor denominó
figurines, y que reflejaban la sociedad andaluza de comienzos del XIX. De
Joaquín Domínguez Bécquer se presentan cuatro dibujos de temática popular; los
de tema taurino eran preparatorios para el cuadro Plaza de la Real
Maestranza de Sevilla, expuesto en la sala anterior. Valeriano representó
tipos populares con un particular realismo, siendo este el rasgo dominante de
su producción, que culminó con la serie de tipos provinciales españoles. Su
colaboración con la prensa propició la realización de agudos dibujos satíricos,
influido por la caricatura francesa de la época. Gustavo Adolfo también cultivó
el dibujo con una solidez sorprendente.
Valeriano Domínguez Bécquer, Interior de una casa en un
pueblo de Aragón cuando la familia se reúne por la tarde a tomar chocolate
Valeriano Domínguez Bécquer, Retrato de una niña
Retrato de
muchacha, Valeriano Domínguez Bécquer
Quinta. El recorrido expositivo culmina con un pequeño espacio dedicado al poeta Gustavo Adolfo (Sevilla, 1836-1870), hermano de Valeriano, y a sus incursiones realizadas en el terreno artístico como dibujante. Su presencia en la exposición es fundamental a partir de ciertas piezas salidas de su mano que dejan patente la calidad y agudeza de su obra gráfica. Pintura y literatura eran para el poeta inseparables. Muchas claves de la escritura de Gustavo Adolfo surgen de su vinculación con las artes plásticas, donde textos e imágenes se iluminan. Gustavo Adolfo dibujó siempre y sus manuscritos están con frecuencia ilustrados. Se pueden contemplar en esta sala los dibujos conservados en dos álbumes procedentes de la Biblioteca Nacional de España y otros dibujos inéditos. Junto a ellos destaca el retrato del poeta que realiza su hermano Valeriano Bécquer y que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, pieza clave del género del retrato de artista romántico, y una primera edición de sus Rimas y Leyendas.
Gustavo Adolfo Domínguez Bécquer, La confesión

























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