Palacio de los Mendoza (Infantado). Guadalajara (II)
Perdidos los artesonados mudéjares, se conservan algunas de las pinturas de las salas bajas, de fines del siglo XVI, 1578-1580, obra de Rómulo Cincinato: Crono (imagen del dios y símbolos del Zodiaco), Sala de las Batallas (historia militar de los Mendozas), Atalanta (cinco escenas de la leyenda junto a Hipómenes, chimenea de mármol de Carrara). Son frescos manieristas que presentan una singular mezcolanza de escenas (mitología e historia mendocina) y personajes, expresión del sentido áureo de La Fama por los Mendoza, afirmación de la gloria antigua. En ese ambiente de erudición y humanismo el mismo duque compuso la obra “Memorial de cosas notables”, impresa en el propio palacio por los alcalaínos Robles y Cormellas.La primera sala es la de Atalanta e Hipómenes,
fábula que narra Ovidio en el libro VIII de las Metamorfosis, en la que
aparecen los dioses con un sentido simbólico de lucha contra el Tiempo.
(IA)
Atalanta es una heroína relacionada
con la cultura beocia y vinculada al ciclo arcaico de la mitología griega, consagrada a Artemisa y
reconocida por sus habilidades para la caza. Su padre, que sólo quería hijos
varones, la abandonó al nacer en el monte Partenio, donde una osa enviada por
Artemisa la amamantó hasta que unos cazadores la criaron. Decidió emular a
Artemisa y mantenerse virgen, viviendo en el bosque y llegando a ser una
cazadora renombrada. Mató a dos centauros que intentaron violarla, participó en
la cacería del jabalí de Calidón (Meleagro le regaló la piel) y venció en la
lucha a Peleo, padre de Aquiles. Apolonio de Rodas dice en las Argonáuticas que
quiso embarcar, pero Jasón la rechazó para que no hubiese riñas en la
tripulación.
(IA)
Un oráculo predijo
que si se casaba se convertiría en animal. Anunció que su esposo sería quien la
venciera en carrera y que ella mataría al perdedor, lo que sucedió varias
veces. Hipómenes (Melanión) la venció con la treta de las manzanas de oro
(regalo de Afrodita, del jardín de las Herspérides) que dejaba caer cuando ella
iba a alcanzarle. La pareja vivió feliz un tiempo, pero, por amarse en un
santuario de Cibeles, fueron convertidos en leones (creencia de que los leones
no se apareaban sino con leopardos), de forma que perdieron su condición de
humanos y quedaron condenados a una vida separada, tirando del carro de
Cibeles.
En el siglo XVI se
recuperó el mito con una nueva interpretación moralizante, quizá como elogio
del matrimonio y del amor virtuoso.
Revelación de la historia de Atalanta. El vencido
pretendiente ha sido muerto; Atalanta explica a Hipómenes la profecía y oráculo
de la sibila délfica (que aparece delante de un templo antiguo) sobre su
virginidad, y la prueba que deben superar sus pretendientes para poder casarse
con ella. Alrededor de este cuadro se representan minúsculas escenas cinegéticas,
con la caza del ciervo, el jabalí, la garza y palomas con halcones. La
presencia de una caza del jabalí podría hacer referencia a la historia de
Atalanta (de Arcadia) y Meleagro, cazadores del jabalí de Calidón.
En unas
esquinas, por encima de escudos heráldicos, aparece la diosa Cibeles, como una
Diana de Éfeso, la Gran Madre que castiga a los profanadores.
En otras
esquinas puede verse una figura femenina con frutos y flores en las manos que
podría identificarse como Ceres, frecuente compañera de Cibeles en las
representaciones renacentistas.



















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