sábado, 20 de diciembre de 2025

Antonio Raphael Mengs (1728-1779)

El Museo del Prado presenta una exposición sobre este pintor, figura clave en el nacimiento del Neoclasicismo y uno de los artistas más influyentes del siglo XVIII, con obras procedentes de instituciones internacionales, españolas y colecciones particulares y divididas en pinturas, artes decorativas, dibujos, grabados y estudios sobre papel, lo que permite explorar tanto su faceta de pintor de cámara y muralista, como su dimensión intelectual y teórica. El objetivo es ofrecer una visión completa de su obra al ser considerado uno de los grandes renovadores de la pintura europea del siglo XVIII e impulsor de lo que más tarde se conocerá como Neoclasicismo. 

La exposición se divide en diez secciones temáticas que combinan el recorrido biográfico con ámbitos dedicados a cuestiones específicas de su producción, desde su formación inicial en Dresde y Roma -fascinación por el mundo antiguo-, bajo la estricta disciplina de su padre, el pintor de corte Ismael Mengs, hasta descubrir la gran influencia que ejercieron sobre él Rafael -reto permanente- y Correggio. También se explora su relación con el arqueólogo Johann Joachim Winckelmann, una historia de amistad traicionada a raíz de la falsificación del fresco Júpiter y Ganímedes, y su faceta teórica de pintor filósofo que lo convirtió en referente intelectual del arte ilustrado.

Autorretrato, Antonio Raphael Mengs, Óleo sobre lienzo, 134 x 96 cm, h. 1760-61, Madrid, Fundación Casa de Alba, Palacio de Liria,  

Un lugar central en la muestra lo ocupa el mecenazgo de Carlos III, con retratos de la familia real y figuras de la España ilustrada, pintura mural al fresco de grandes superficies, como en el Palacio Real de Madrid. Su aportación a la pintura religiosa recoge las influencias de Rafael, Correggio, Guido Reni y Velázquez. Finalmente, se examina su proyección en generaciones posteriores y en artistas como Antonio Canova, Jacques-Louis David y Francisco de Goya.

Formación y entorno familiar.

Sus nombres, Antonio y Rafael, hacen referencia a la admiración de su padre por Correggio y Rafael de Urbino. Estuvo sometido a estricta educación artística entre Alemania y Roma, estudiando en el Vaticano. Más tarde, su trabajo le ligaría a Dresde, la corte sajona, y, desde 1761, al servicio de Carlos III, alternando su presencia en España con estancias en Italia. Tras su muerte, fue el español José Nicolás de Azara quien difundió su pensamiento artístico, presentándolo como “pintor filósofo”.


Federico Cristián, príncipe elector de Sajonia, Antonio Raphael Mengs, Óleo sobre lienzo, 155,7 x 110,8 cm, 1751, Los Ángeles, The J. Paul Getty Museum, 


 

El permanente reto a Rafael.

Rafael de Urbino, “el príncipe de los pintores”, estaba vigente como mito a mediados del siglo XVIII, y gozaba de gran prestigio tanto él como su estela (Annibale Carracci, Guido Reni, etc.), siendo Mengs heredero de esa tradición y llegando en su ambición a la intención deliberada de imitar y superar las pinturas del maestro –“Lamentación sobre Cristo muerto” en relación al “Pasmo de Sicilia” de Rafael-, lo que fue considerado irrespetuoso. 



Cabezas de Zenón y de niño, Domenico Cunego, según calcos de Antonio Raphael Mengs de La Escuela de Atenas, de Rafael Sanzio, Aguafuerte sobre papel verjurado, 551 × 423 mm (hoja); 488 × 350 mm (huella), 1785 (lámina 14), Madrid, Museo Nacional del Prado, 


Roma, caput mundi.

Roma le ofreció tres estímulos importantes, el contacto directo con las ruinas clásicas y con obras relevantes de sus más admirados pintores, la presencia de magníficos clientes como el papa, y la llegada en 1755 del arqueólogo alemán Johann Joachim Winckelmann, con el que entabló amistad que le abrió los ojos al concepto de belleza que sólo se podía encontrar en la estatuaria antigua. Estos tres factores construyeron su carrera y provocaron un cambio drástico en el devenir del arte de la pintura.


George Legge, vizcande de Lewisham, Pompeo Batoni, Óleo sobre lienzo, 127 × 100 cm, 1778, Madrid, Museo Nacional del Prado,


 

 

Roma, la fascinación del mundo antiguo.

La propuesta teórica de Mengs y su amigo arqueólogo se basaba en el convencimiento de la superioridad artística del arte clásico griego y, ante la ausencia de pinturas de la época, pusieron su atención en las esculturas, de hombres adultos preferentemente, de donde dedujeron un impreciso concepto de belleza ideal que Mengs trataría de plasmar en sus lienzos. El proceso creativo comenzaba por el dibujo, del natural o de las estatuas clásicas; éstas proporcionaban el canon formal y un catálogo de sentimientos inagotable, como la pasión o el dolor, y de características físicas, como la belleza.


Octavio y Cleopatra, Antonio Raphael Mengs, Óleo sobre lienzo, 299,7 x 212 cm, 1760, Stourton, Wiltshire, Stourhead House, The National Trust,

  


El final de la relación con Winckelmann.

La amistad entre Mengs y Winckelmann se rompió al haber pintado el primero un falso fresco, pretendidamente antiguo, y engañar al segundo, que lo consideró antiguo y llegó a publicarlo. Sin estar claras las razones del comportamiento desleal de Mengs, se apunta la falta de reconocimiento por parte del arqueólogo de la contribución del pintor a sus propuestas.



Júpiter y Ganímedes, Antonio Raphael Mengs, Falso fresco sobre lienzo moderno, 178,7 x 137,5 cm, h. 1760, Roma, Galleria Nazionale d’Arte Antica, Palazzo Barberini,

 

 

Mengs, pintor filósofo.

Mengs había publicado algunos ensayos exponiendo su pensamiento artístico y, a su muerte, José Nicolás de Azara editó esas obras, añadiendo algunos escritos inéditos -algunos eran de Azara- y una biografía. La publicación tuvo amplia difusión.



José Nicolás de azara, Antonio Raphael Mengs, Óleo sobre tabla de ¿nogal?, 77 × 61,5 cm (84 × 64 cm, con listones perimetrales), 1774, Madrid, Museo Nacional del Prado,


 

 

Pintor de Su Majestad Católica y de la corte de Madrid.

Llamado a España, participó en la decoración del Palacio Real Nuevo de Madrid. Realizó pinturas murales y, después, retratos de las personas reales, entre ellas la de Carlos III de cuerpo entero. Algunos de estos retratos se enviaban a cortes extranjeras. También pintó a diversos personajes de la corte como la manchega Isabel Parreño, marquesa de Llano. Recibió el encargo de pintar en Italia a la familia de Carlos III, la gran ducal de Florencia y la real de Nápoles.



 Carlos III, rey de España y de las Indias, Antonio Raphael Mengs, Óleo sobre lienzo, 283 x 170 cm, 1765, Copenhague, Statens Museum for Kunst; depositado en Patrimonio Nacional, Colecciones Reales, Madrid, Galería de las Colecciones Reales


 

Las grandes obras: la pintura mural.

Mengs consideraba al fresco por encima de la pintura al óleo en su escala de valores artísticos, porque su resistencia y durabilidad le garantizaban una fama más perdurable. Su técnica privilegiaba la pintura al seco -cuando el mortero ha perdido su humedad-, que utilizó en la bóveda del teatro de Aranjuez, realizada totalmente al temple. A pesar de ello, muchas de sus pinturas se han deteriorado irreversiblemente. Mengs había trabajado como muralista en Roma (iglesia de Sant´Eusebio, 1757-59, Parnaso -concepción de belleza del mundo griego-, 1760-61), pero fue en España, palacios reales de Madrid y Aranjuez, donde logró depurar su sofisticada técnica.

Diana y Proserpina, Antonio Raphael Mengs, Carboncillo, lápiz negro y clarión sobre papel verjurado preparado en gris, 393 × 534 mm, h. 1762, Madrid, Museo Nacional del Prado, 

Mengs, intérprete de la nueva devoción ilustrada.

Tras las primeras pinturas murales, Mengs realizó para Carlos III diversos cuadros religiosos para decorar el Palacio Real de Madrid y, los de pequeño formato, para la devoción privada del rey y de otros miembros de su familia (príncipe de Asturias, infante Luis de Borbón). Estos cuadros pequeños viajaban durante las “jornadas reales”, itinerantes, entre los distintos Reales Sitios (El Pardo, Aranjuez, La Granja de San Ildefonso, San Lorenzo de El Escorial y Madrid). Estas pinturas religiosas tuvieron gran protagonismo en el Palacio Real de Madrid: la Pasión de Cristo, las tablas de la Lamentación sobre Cristo muerto y El Padre Eterno -pintadas a emulación de Rafael Sanzio-. Desde Italia remitió la Anunciación y La adoración de los pastores, donde Mengs se autorretrata.

Magdalena penitente, Antonio Raphael Mengs, Óleo sobre lienzo, 110 × 89 cm, h. 1765, Madrid, Museo Nacional del Prado, 

 

El legado de Mengs.

En la década de 1740, las fórmulas pictóricas empleadas por los pintores romanos mostraban síntomas de desgaste y en la década siguiente, Mengs y Winckelmann plantearon propuestas de renovación colocando el concepto de belleza clásica en el centro del debate estético. Estas propuestas fueron asumidas por Antonio Canova, escultura, o Jacques-Louis David, pintura, incluso desbordando la intención original de Mengs, al otorgar a las obras una dimensión cívica al servicio de diferentes ideales políticos. El propio Francisco de Goya sintió esta influencia. La depuración de estas propuestas se ha denominado Neoclasicismo.


Autorretrato, Antonio Raphael Mengs, Óleo sobre tabla de caoba, 98 x 73 cm, 1773, Florencia, Gallerie degli Uffizi,

 

OBRAS.

 
La Ascensión, 1755 - 1766. Albayalde, Clarión, Lápiz negro sobre papel garbanzado, 1347 x 990 mm
Cabeza de apóstol, Hacia 1764. Óleo sobre lienzo, 63 x 50 cm

Boceto

 
Mengs, Antonio Rafael, Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779, Autorretrato, 1761 - 1769. Óleo sobre tabla, 63 x 50 cm
Mengs, Antonio Rafael, Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779, Carlos III, 1767. Óleo sobre lienzo, 151,8 x 110,3 cm

 
Castillo, José del (Retocado por Mengs, Antonio Rafael), La reina María Amalia de Sajonia, 1767. Óleo sobre lienzo sin forrar, 153,2 x 110,2 cm
Mengs, Antonio Rafael, Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779,  El Príncipe de Asturias, futuro Carlos IV, 1766, Óleo sobre lienzo, 152,5 x 111 cm

 
Mengs, Antonio Rafael, Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779, María Luisa de Parma, Princesa de Asturias, 1766. Óleo sobre lienzo, 152,1 x 110,5 cm
 Mengs, Antonio Rafael, AussigBohemia, 1728 - Roma, 1779, Archiduque Pedro Leopoldo de Austria, gran duque de Toscana, 1770. Óleo sobre lienzo, 98 x 78 cm

 
Mengs, Antonio Rafael, Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779, La infanta María Luisa de Borbón, gran duquesa de Toscana, 1770. Óleo sobre lienzo, 98 x 78 cm
Mengs, Antonio Rafael, Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779, El archiduque Francisco de Austria, como príncipe heredero de Toscana,  1770. Óleo sobre lienzo, 144 x 97 cm

 
Mengs, Antonio Rafael, Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779, La archiduquesa María Teresa de Austria, 1771. Óleo sobre lienzo, 144 x 105 cm
Mengs, Antonio Rafael, Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779, Los archiduques Fernando y María Ana de Austria, como príncipes de Toscana, 1770 - 1771. Óleo sobre lienzo, 147 x 96 cm

 
Mengs, Antonio Rafael, Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779, San Pedro predicando, 1761 - 1777. Óleo sobre lienzo, 134 x 98 cm
Mengs, Antonio Rafael, Aussig, Bohemia, 1728 - Roma, 1779, La Adoración de los pastores, 1770. Óleo sobre tabla de madera de roble, 256 x 190 cm. Se autorretrata a la izquierda



 

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