miércoles, 19 de noviembre de 2025

San Juan de Busa

Es una pequeña iglesia dedicada a san Juan, quizá parroquial de un poblado medieval desaparecido -del que es lo único conservado-, que se encuentra aislada entre Lárrede y Oliván, en la comarca del Serrablo (Huesca), en la margen izquierda del río Gállego. Fue mandada construir por Ramón Guillén entre 1060 y 1070. La iglesia fue “descubierta” en 1922 y se considera una de las iglesias mozárabes altoaragonesas menos alteradas en el curso del tiempo. Fue reconstruida por la Asociación de Amigos del Serrablo y reinaugurada en 1977. Como el resto del grupo de iglesias del Serrablo, su estilo es llamado románico del Gállego, con opiniones que varían entre el mozárabe o el románico lombardo.

En la década de los treinta, la iglesia tenía la puerta en el lado oeste, ubicada allí en época moderna.

El ábside, con planta inferior al semicírculo, está ornado por elementos típicos del románico de la zona, cinco arcuaciones lombardas, ciegas, sobre lesenas erigidas sobre moldura tórica y rematadas por el emblemático friso de baquetones corriendo entre otras dos molduras tóricas. Sobre los baquetones se eleva el pico del resto del ábside -no llegó a concluirse la típica bóveda de horno-, que queda centrado por un ventanal alargado y doble derrame que ilumina la mesa del altar. Se aprecian los mechinales de la construcción. La técnica de construcción parece aprendida en san Pedro de Lárrede, aunque no se cerró las bóvedas de ábside y nave con piedra, sino con un tejado de madera a dos aguas y “quilla” en el cilindro absidal. El presbiterio quedó atrofiado y marcado en planta y al exterior.


Idealizaciones, generadas por IA, de cómo pudo ser el ábside pensado




En el muro sur, centrada, se abre la portada principal, compuesta por dos arquivoltas en degradación, con la exterior decorada por una inscripción con lo que parecen caracteres cúficos en los que se ha tratado de encontrar una frase en árabe (“No hay -otro- dios que Dios”) o palmetas con una línea ondulante que representa los epiciclos del planeta Júpiter. En este muro meridional se abren también tres ventanas de arco de medio punto.




Carece de torre campanario, lo que realza la pureza de sus formas, dado que en otros casos el añadido de la torre es muy posterior a la primigenia fábrica románica.







Idealizaciones, generadas por IA, con una torre añadida copiada de otros ejemplos del románico del Gállego: San Pedro de Lárrede, San Bartolomé de Gavín, San Martín de Oliván, Satué, Orós, etc.

El interior consta de una sola nave, rectangular, cubierta por tejado de madera a doble vertiente, que se prolonga hasta cubrir también el ábside, que carece de la bóveda de cuarto de esfera excepto su arranque. Se desconoce cómo era el techo, que parece inacabado. Hay dos pares de columnas adosadas de doble fusta y otro par de columnas de un solo fuste apoyadas sobre grandes losas que hacen la función de basa y otras tantas que funcionan como capiteles. Estas columnas geminadas parece que serían el apoyo de arcos fajones que no llegaron a hacerse, como la bóveda original. Los pares de columnas adosadas son similares a los de San Pedro de Lárrede, lo que indicaría la presencia de grupos itinerantes de constructores que trabajaron en los dos conjuntos. 






Idealizaciones, generadas por IA, de cómo podría ser la cubierta pensada
 





La cabecera del templo muestra cilindro absidal centrado por ventanal derramado. Se insinúa el arranque la bóveda de cuarto de esfera, que no llegó a cerrarse. Por delante hallamos el presbiterio atrofiado como es común a todos esto templos. Tiene una imposta que pretende darle apariencia de falso arco de herradura. El primer fajón que debía de sustentar la no realizada bóveda, apea en el muro, mediante ménsula en forma de cuña.



Idealización, generada por IA, del ábside pensado



La puerta de ingreso, de arco de medio punto, descarga en un dintel monolítico y a ambos lados pilastras con interposición de dos columnas destinadas a transmitir los empujes de arcos fajones que no se llegaron a realizar. Las columnas están formadas por “rodajas” (A. García Omedes) realizadas en material del flisch eocénico, fácil de trabajar, a falta de canteras de arenisca.

 



En el hastial occidental hay una puerta cegada, de medio punto dovelado, peraltado, con dintel monolítico, ligeramente descentrada hacia el norte. En altura y algo descentrado al sur, hay un bonito ventanal de triple vano, con doble ajimez, tres arquillos de pronunciada herradura.

 

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