Palacio de los Mendoza (Infantado). Guadalajara (I)
En el mismo lugar que ocupaban las “casas principales” de Pedro González, primer Mendoza alcarreño, Íñigo López de Mendoza y Luna, segundo duque del Infantado, inició la construcción del palacio en 1480. La fachada se acabó en 1483 y el patio ya estaba terminado al finalizar el siglo. Las trazas se atribuyen al arquitecto toledano Juan Guas, en estilo gótico isabelino. En 1569, el quinto duque del Infantado emprendió reformas, que encomendó a Acacio de Orejón, por su mal estado de conservación y para ampliarlo. Se agrandó el zaguán de entrada, se repararon los fustes de las columnas del patio para darle estabilidad, se elevó el nivel del patio y se desmontaron artesonados para readaptar espacios interiores. En la fachada se añadieron detalles renacentistas (nuevas ventanas, cierre de las antiguas, desmoche de los pináculos góticos) y una puerta de entrada a los sótanos recién construidos, se unió el primer piso a la iglesia de Santiago (desaparecida) y se renovó el jardín. Lo más destacado fue la remodelación de la planta baja, desapareciendo la decoración de estilo morisco (albercas y surtidores) por un magnífico programa pictórico renacentista obra del florentino Rómulo Cincinato, que había trabajado en El Escorial y que intervino en los techos de la capilla de Luis de Lucena tras su paso por el palacio.La importancia del palacio se refleja también en las
personas que pasaron por él. En 1560 se casó Felipe II con Isabel de Valois. En
1738 regresó del exilio Mariana de Neoburgo, viuda de Carlos II, y vivió aquí
hasta su muerte en 1740. Felipe V se casó aquí con Isabel de Farnesio el 24 de
diciembre de 1714. El palacio perdió su importancia debido a que los Mendoza
marcharon a la corte, quedando abandonado. Ya en el siglo XIX, pasó en parte al
Ayuntamiento; en el siglo XX, se perdieron muchos de sus bienes, como los
artesonados mudéjares, y, en 1961, pasó a la Diputación, que lo rehabilitó.
El estilo se considera hispano, mezclando el gótico de
tradición flamenca (decoración y estructura de balcones o portadas) con
elementos decorativos herencia morisca (cabezas de clavos y vanos en la
fachada), ejemplo de mudéjar. En conjunto resulta un estilo gótico isabelino,
alterado en la segunda mitad del siglo XVI con elementos renacentistas.
La fachada principal, orientada a poniente, es una joya del arte gótico civil. Destacan las puntas de diamante en toda la fachada, la galería de balcones y garitones alternados en la última planta. La puerta está descentrada, flanqueada por dos gruesas columnas cilíndricas con collarines en su mitad. Encima, el escudo de los Mendoza, la corona ducal y otros símbolos del ducado formando un complejo emblema circular que sostienen dos varones velludos.
Los contrastes
abundan: entre la traza gótica inicial y las ventanas renacentistas; entre los
vanos de la galería superior y el gran muro de fortaleza del cuerpo bajo, cuya
solidez acentúan las cabezas de los clavos de piedra; entre este muro
esquemático, la complicadísima portada, marco sucesivo de los emblemas de la
familia y del constructor; finalmente, sobre la piedra ocre, al caer la tarde,
queda el contraste entre las luces y las sombras.
Se compone de dos
galerías, formadas por arcos rebajados de tres centros: en la inferior,
predomina el motivo compuesto por los leones enfrentados; en la superior, el de
los grifos, animales mitológicos. La galería baja, inicialmente, estaba
sostenida por columnas helicoidales, como las del piso alto. En 1571, esas
columnas fueron sustituidas por las actuales, de estilo dórico, al mismo tiempo
que se levantaba más de un metro todo el suelo del patio.
Hacia el jardín se orienta una galería construida hacia
1496 por Lorenzo de Trillo, que consta de doble arquería con columnas
prismáticas y arquillos lobulados en los paramentos.
























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