miércoles, 23 de noviembre de 2022

 Luis Paret (I/III).

El Museo Nacional del Prado dedicó a Luis Paret (1746-1799) una exposición monográfica, la primera, para poder apreciar en toda su variedad y riqueza a un pintor atento a los cambios de su tiempo y de una extraordinaria versatilidad. La exposición recorre la trayectoria profesional del artista para destacar la excelente calidad técnica y la originalidad singular.

                                   La tienda de Geniani, 1772, Madrid, Museo Lázaro Galdiano

La muestra propone un recorrido completo por la carrera de Paret y se divide en nueve secciones. En la primera sección, la formación de la personalidad artística, se ofrece la oportunidad de comparar un dibujo clave de su etapa inicial con la primera pintura documentada de Francisco de Goya, nacido en el mismo año que Paret. Ambos artistas iniciaron su carrera –Paret incluso cinco años antes que Goya– después de haber sido reconocidos en unos de los concursos convocados por las distintas academias de Bellas Artes, Paret por la de San Fernando en Madrid, Goya por la de Parma. Las dos obras que les reportaron ese reconocimiento se refieren a la historia de Anibal. Estas obras muestran en general la importancia de los concursos académicos y de la formación en Italia para las carreras de los artistas.

 

Aníbal vencedor, que por primera vez mira Italia desde los Alpes, Francisco de Goya (1746-1828), 1771, Madrid, Museo Nacional del Prado.

La figura de Aníbal se sitúa en el centro y en lo alto de una cresta de montaña y destaca por la escolta de un genio con majestuosas alas y un soldado ecuestre con un solemne estandarte. Mira hacia el amplio valle del río Po que aparece, como personificación con cabeza de toro y marcado por un paño rojo, en el ángulo inferior izquierdo, donde recibe al general cartaginés. Al fondo se representa al ejército llegando a la cima, mientras a la derecha varios soldados, exhaustos, ya descansan sobre sus caballos. Una aparición divina de la Victoria en un carro, que señala la corona de laurel, promete otros triunfos y ennoblece la escena.

La sección segunda se abre con un pequeño grupo de dibujos tempranos de Paret, como Nigromante, La gloria de Anacreonte o Trofeo militar romano. Se preside por una de las primeras pinturas conocidas del artista, Baile en máscaras, de 1767, del Prado, que demuestra la modernidad de Paret -pintor de temas novedosos- en su tiempo, en las que se refleja la variedad de la moda y de las costumbres de las distintas clases sociales. Otras pinturas de gabinete de pequeño formato con asuntos novedosos en el arte español de ese tiempo, como Escena de tocador, La carta, La tienda de Geniani o La Puerta del Sol, pero también otros cuadros de asuntos singulares de la corte española, como Parejas reales y Carlos III comiendo ante su corte, ofrecen un amplio panorama de la sociedad contemporánea y son testimonios del éxito de Paret entre 1766 y 1775, año de su destierro.

 


Las parejas reales, 1770

Fiesta hípica celebrada en Aranjuez, en la plazuela del Palacio. La escena muestra el momento en el que concluye el desfile principal, encabezado por el Príncipe de Asturias, futuro Carlos IV. El rey Carlos III presencia la fiesta junto con su nuera, la princesa María Luisa de Parma, desde el segundo palco, el más iluminado del tablado, que flanquea la plaza a la derecha, mientras bajo el palco hacen guardia los soldados de la Real Guardia de Infantería. Al frente de las parejas corrieron: el príncipe don Carlos, el infante don Gabriel, el infante don Luis Antonio y el duque de Medina Sidonia. Paret logra retratar con gran acierto el movimiento y la energía del público, cuya viveza contrasta con el movimiento disciplinado de los jinetes.

 

                                                  Carlos III comiendo ante su corte, hacia 1775.

En este cuadro Paret nos invita a asistir a un rito diario en el Palacio Real de Madrid. El rey Carlos III (1716-1788) está sentado a la mesa en presencia de sus ministros, embajadores, sirvientes y perros de caza favoritos. Paret lo representa en el momento en el que se dispone a beber de la copa que le ofrece un criado que dobla la rodilla. En las paredes del salón suntuosamente decorado hay vistosos tapices de asunto mitológico, con los temas, de izquierda a derecha, de El sacrifico de Ifigenia, Mercurio y Herse, Diana con un perro de caza y Venus en la fragua de Vulcano. Estas escenas tocan temas como el patriotismo, visto en el sacrificio de Ifigenia, que legitima a su padre Agamenón para atacar a Troya; el amor, sugerido por la pasión de Mercurio y Herse; la caza, indicada por Diana, su diosa tutelar; y el honor militar, insinuado por la armadura que hizo Vulcano para Eneas, el hijo de Venus y el futuro conquistador de Roma. En el techo, pintado al fresco en estilo barroco, se distinguen dos dioses fluviales entre nubes que parecen derramarse sobre la estancia.

 

                                                  Nigromante, último cuarto del s. XVIII.

Dibujo donde se representa un nigromante en pie, vestido y tocado de modo fantástico. Lleva una varilla en la derecha y señala con la izquierda un gran libro abierto, escrito con caracteres árabes sobre una mesa. Encima de ella, un jarrón y un cuadro con tres estrellas y la luna. Sobre su pecho, un medallón con la palabra griega: ABRAKADABR(A).

                                    Baile en máscara, 1767, Madrid, Museo Nacional del Prado

Representación en panorámica de un festejo, celebrado quizá en el Teatro del Príncipe de Madrid. En los palcos, numeroso público contempla el espectáculo de la muchedumbre que baila sobre la platea, demostrando variadas emociones y sentimientos, bailando y galanteando al son de la música que toca la orquesta desde el palco principal. Las innumerables figuras están esbozadas a través de toques claros, aplicados con presteza, según la costumbre de Paret. El preciosista estilo rococó y la compleja composición con un punto de vista bajo, son característicos de la etapa más joven de su producción. La pincelada fina y las tonalidades pastel ayudan a sugerir el sentimiento de fiesta nocturna y la energía de la masa de gente.

Obra realizada no por encargo sino por iniciativa del pintor, según se explica en la inscripción con que firma la obra.

 

                                                             Trofeo militar romano, 1770.

 

                                                El sacrificio de Ifigenia, segunda mitad del s. XVIII.

 

                                                      Ensayo de una comedia, 1772-73

Era frecuente en el Madrid dieciochesco la celebración de fiestas con representaciones teatrales en casas particulares en las que tomaban parte los dueños de la casa y sus amigos. Los personajes aparecen en distintas actitudes y con vestimentas adecuadas a la obra a representar. Al fondo, una de las señoras cose un traje. El cuadro de tema taurino que cuelga de la pared da a entender que se trata del domicilio de una familia distinguida de aficiones modernas. La estancia es alumbrada por una araña de seis lamparillas de aceite que están encendidas.


En la tercera sección se reúnen unos de los exquisitos dibujos coloridos de aves, junto al de La cebra, realizados por Paret para el Gabinete de Historia Natural del infante don Luis, hermano de Carlos III, que le nombró su pintor en 1774. Manifiestan la maestría del artista en unir la representación casi científica de los modelos con unos ambientes paisajistas de refinada belleza.

 

                                                                        Una cebra, 1774.

 

                                                   Oropéndolas, segunda mitad del s. XVIII.

 

                                                           Cola-roja collarada, hacia 1770.

Dibujo en el que se representa una pareja de Colirrojos Reales posada sobre las ramas de un arbusto espinoso; la hembra aparece con las alas desplegadas. Detrás, un fondo de jardín con restos arquitectónicos, un sillar con un cimacio jónico y una mocheta rematada en un tarugo de piedra. El carácter puramente descriptivo y casi de ilustración de libro de Historia Natural, coexiste con un refinado concepto decorativo que hace de estos dibujos verdaderas piezas maestras de un género próximo al de las naturalezas muertas.

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