Las Guerras Carlistas en el Maestrazgo. Mirambel-II.
Mirambel conforma un destacado conjunto de arquitectura urbana medieval por su monumentalidad y perfecto estado de conservación. El casco urbano recibió el premio Europa Nostra en 1982. Toda la población se desarrolla intramuros, sin arrabales, en una superficie de apenas cuatro hectáreas, contando con más de una treintena de edificios de interés patrimonial. El núcleo central lo forman el primitivo castillo, del que se conservan escasos restos, la iglesia y algunas calles. Más tarde se construyó el actual recinto amurallado, con cinco portales de acceso, organizado en torno a la calle Mayor.
La parte más antigua es el castillo, construido por la Orden del Temple a mediados del s. XIII y reformado por los Sanjuanistas. Fue vivienda en el s. XIX. Tras ser demolido, quedan el antiguo horno, paredes y un arco apuntado de acceso.
Toda la villa está rodeada por murallas, teniendo casas adosadas en parte. Algunos tramos fueron construidos por los caballeros templarios, momento en el que había cinco torres, de las que quedan dos, en la zona norte.
La Iglesia Parroquial de Santa Margarita aparece en un documento de 1308, pero se reformó en el s. XVII, en estilo barroco. Tiene una nave con capillas laterales. Su esbelta torre está construida en sillería, con planta cuadrada, vanos de medio punto entre pilastras y grandes medallones al nivel de las impostas. El remate es en barandilla y con un cuerpo superior ochavado coronado por cúpula de sillería con veleta. Resultó incendiada en 1836, con importantes daños.
El Ayuntamiento es de estilo renacentista. Las obras duraron de 1538 a 1615. Tiene planta cuadrangular, con dos plantas construidas en cantería y mampostería. En la planta baja hay una cárcel (cronología anterior, quizá gótica) y una lonja compuesta por dos arcos de medio punto en la fachada principal y un tercero en la lateral. En la planta principal, ventanas adinteladas y gran alero de madera que indica poder económico. En la fachada figura el escudo de la villa, en piedra.
La riqueza de gentes de la villa se aprecia en los palacios renacentistas. Hay casas importantes como las nombradas Almudena, Costeras, Pastor o Barceló, pero quizá las más importantes sean Aliaga (duques de Aliaga, casa de Híjar) y Castellot, juntas en la misma plaza. Son palacios nobiliarios de los más destacados en el Maestrazgo. La distribución es la típica de los palacios renacentistas aragoneses: portada con arco de medio punto, ventanas con alféizar moldurado en la planta noble y ático con galería de arquillos aragonesa. De remate, doble alero de madera muy decorado. En la casa Castellot, en su fachada lateral, hay una particular terraza bajo un amplio arco de medio punto.
Pío Baroja visitó la localidad en 1930, acompañado por su sobrino el antropólogo Julio Caro Baroja, y, en su novela, La venta de Mirambel, escribió sus impresiones sobre la zona (calificó al Maestrazgo de “país de guerrilleros”) y por cómo la localidad se había quedado anclada en el tiempo. Sobre las dos casas nobiliarias citadas, escribió:
“Las dos casas oscuras,
casi iguales, se yerguen en la plaza, una frente a otra, como desafiándose.
Quizá fueron construidas por familias rivales. (…) Son dos casas sombrías,
siniestras. Es muy posible que en ellas haya habido duendes, almas en pena y
ruido de cadenas. Si no los ha habido es más que por culpa suya por falta de
imaginación de los mirambelianos”.
“El convento tenía, por
dentro y por fuera, un aspecto más levantino que castellano, pero un aspecto levantino
un poco seco, un poco jesuítico. Todas las paredes, enjalbegadas de cal,
brillaban cegadoras; el suelo, cubierto de ladrillos rojos estaba embadurnado
de almazarrón y las salas principales tenían un zócalo pintado de azul intenso.
(…) Las celdas eran pobres como correspondía a las reglas de la orden. En los
pasillos alternaban algunos cuadros oscuros con cruces de madera negra. (…)
Desde las ventanas altas de la galería, abiertas por encima de la muralla, se
veía en verano el cielo uniformemente azul; en otoño, las nubes fantásticas de
oro y de sangre del crepúsculo; en invierno, el horizonte gris y a veces
amenazador y las turbonadas de viento con polvo y con hojas secas”. (Pío
Baroja, La venta de Mirambel).
Hubo una ermita extramuros en el s. XIV, que se derribó en el s. XV para construir una parte de las murallas. El convento se empezó a construir en 1564, con la cesión de la ermita de Santa Catalina que se convertiría en iglesia de la comunidad. El antiguo hospital, anejo a la ermita, también pasó a forman parte de sus dependencias. La fundación se debió a agustinas procedentes de Valencia, siendo su priora sor Violante de Castelví, sobrina de Juan Isidoro Aliaga, arzobispo de Valencia. Fue un convento muy rico y con abundantes vocaciones, y contribuyó a la fundación de otros.
Baroja también cuenta el episodio sucedido en la Primera
Guerra Carlista, cuando Mirambel fue atacada por El Serrador y un grupo de
soldados liberales se escondieron en el convento protegidos por las monjas. En
1855 hubo una epidemia de cólera y murieron más de la mitad de las religiosas.
En 1980 las monjas abandonaron el convento, después de más de 400 años de
historia, para trasladarse a Benicassim.




























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