jueves, 3 de noviembre de 2022

 Las Guerras Carlistas en el Maestrazgo. Mirambel-I.

Está situado cerca de la rambla de Cantavieja, al pie de la montaña de San Cristóbal. El yacimiento de El Castellar y una necrópolis atestigua su poblamiento ibero. Las primeras noticias son del siglo XII: Alfonso II de Aragón le concedió el fuero de Zaragoza y donó Cantavieja y seis lugares más, a Gastón de Castellote, para formar una bailía independiente del convento de Teruel. Pedro II confirmó la donación de la bailía a la orden del Redentor, y del Temple en el s. XIII, que concedió una Carta Puebla en 1234, y, a su disolución, pasó a la orden de San Juan de Jerusalén desde 1314 hasta el mismo siglo XIX. Fue frontera entre Aragón y Valencia durante gran parte de la Edad Media.

Los siglos XVI y XVII fueron de esplendor en la arquitectura civil del Maestrazgo, con numerosos ejemplos de palacios y casas señoriales, de estilo renacentista, pertenecientes a la nobleza local enriquecida con el comercio de la lana.

Debido a sus murallas fue punto importante en la Guerra de la Independencia y en las posteriores Guerras Carlistas. En 1837, 24 de febrero, tuvo lugar un hecho de guerra cuando las tropas isabelinas, al mando de D. Ángel Donoso Cortés, gobernador cristino de Cantavieja, en trayecto de Morella a Cantavieja, fueron hostilizadas por los carlistas al mando del cabecilla José Miralles (a) el Serrador. Los liberales se defendieron en retirada hasta Mirambel, haciéndose fuertes en sus murallas. Después tuvieron que retirarse a la iglesia. Los carlistas mandaron un parlamentario con bandera blanca, que resultó muerto de un disparo. El Serrador mandó un pregón para que los vecinos aportasen leña, sacrificándose el archivo de la villa y el parroquial. Los liberales murieron la mayor parte carbonizados, y los que se salvaron, fusilados. Un grupo había quedado aislado en el portal de las Monjas y fueron escondidos por la superiora en el panteón, la cripta de la iglesia. Una mujer los denunció. El Serrador mandó registrar el convento, pero no los encontraron.

El cabecilla Cabañero ganó de nuevo la población para los carlistas en abril de 1837, y, al poco, Cabrera instaló una fábrica de pólvora y una fundición de fusilería. Tras un itinerario lento y poco afortunado por tierras catalanas y valencianas, la Expedición Real llegó al Maestrazgo buscando recuperarse del desgaste sufrido y tomar aliento para lanzarse sobre Madrid. Don Carlos había estado en Cantavieja el 24 de julio y aquí llegó el 30, saliendo por la tarde a Forcall. El 1 de agosto, tras comer en Forcall, la Expedición llegó a Zorita, donde sólo estuvieron cinco horas, por la persecución de las tropas liberales, regresando de nuevo a Mirambel el 2 de agosto. Allí se conoció que las tropas de Espartero que les acosaban se retiraron hacia Madrid, al tener noticia de la toma de Segovia por Zaratiegui, mientras Oráa se acuarteló en Morella. Gracias a esta imprevista circunstancia, se pudo reponer la Expedición Real en Mirambel, mientras la maestranza trabajaba sin cesar elaborando cartuchos y acabando unos cañones.

El Rey permaneció en Mirambel hasta el 7 de agosto. Las tropas, acampadas en los alrededores, recibieron sus haberes y se incautaron los órganos de los conventos clausurados por la desamortización para fabricar balas con su plomo. El enemigo ocupaba las inmediaciones y el abastecimiento fue un problema al agotarse las reservas del país. Cabrera hizo una expedición a la huerta de Valencia para traer víveres, volviendo el día 7.

La residencia en Mirambel de la Junta Suprema de Aragón, Valencia y Murcia nombrada por Don Carlos otorgó renombre nacional a la modesta villa. En Mirambel se alojaron todos los notables carlistas, que hicieron del pequeño pueblo su corte. Aquí se establecieron las oficinas de los distintos Tribunales, Intendencia, Tesorería, Imprenta Real, etc. La junta proponía ayuntamientos, nombraba alcaldes, etc. Sus escritos eran firmados por el obispo de Orihuela y el gobernador de la plaza de Cantavieja, coronel Magín Miguel, y los sellos de boj que usaban fueron realizados por artesanos locales. Un correo unía al pueblo diariamente con Morella. La Junta administraba el territorio y era un intento de aligerar la carga directiva de Cabrera, pero también de limitar su poder. Los enfrentamientos entre el órgano político y el jefe carlista fueron continuos, quedando así de manifiesto el carácter personal del poder que ejercía el jefe tortosino en el Maestrazgo.

En la mañana del día 8 la Expedición Real, habiendo incorporado a Cabrera entre sus filas, se puso en movimiento hacia la tierra llana del Bajo Aragón, y lo hizo con buen pie pues obtuvo una victoria en Herrera de los Navarros camino de la capital, para después alejarse del Maestrazgo. Cabrera volvió a Mirambel en diciembre de 1837. El fracaso, cuando lo más difícil parecía vencido, hizo retornar a Cabrera muy decepcionado y convencido de que dependía únicamente de sus propias fuerzas. La Junta Superior Administrativa tenía aquí su sede, aunque, según las circunstancias, residía indistintamente en Cantavieja, Mirambel e Iglesuela.

En 1838, el 11 de febrero, pasaron por Mirambel, camino de Cantavieja, los prisioneros liberales hechos en la victoria de Villar de los Navarros que sobrevivieron a su cautiverio en Beceite. En la villa se instalaron nuevos Tribunales y fábricas de pólvora y fusiles similares a las que funcionaban en Cantavieja y Morella. Los movimientos del ejército liberal en 1838 hicieron que quedase poca tropa carlista, que se batió con las tropas de Ayerbe en abril de 1839. El 7 de febrero de 1839 la Junta emitió una circular ordenando la reunión de partidas para batir las manadas de lobos que devoraban ganados y personas. En abril se editó los tres únicos números que llegaron a publicarse del periódico carlista “El Libertador de Aragón, Valencia y Murcia”. Posteriormente se transformó en el “Boletín de Aragón, Valencia y Murcia”, que salió primero de Mirambel y luego se trasladó a Morella, donde se publicó hasta finales de febrero de 1840.

En abril de 1839 se trasladaron todas las dependencias por los movimientos de acercamiento del general liberal Ayerbe. En mayo, Cabrera volvió a visitarlo. También estaba aquí cuando tuvo noticia de la firma del Convenio de Vergara, reuniendo a los jefes de su ejército para compartir la decisión a tomar. La Junta Superior Gubernativa se dirigió a todos los pueblos el 14 de septiembre de 1839, animándolos a que continuaran la lucha uniéndose a Cabrera que mandó publicar -en la imprenta de la villa- su histórica proclama el 7 de octubre, replicando al Manifiesto que Espartero había hecho público desde Zaragoza.

Estos esfuerzos resultaron inútiles ante el gran ejército reunido por Espartero y O´Donnell que convergían sobre el Maestrazgo. Mirambel fue tomado por el general O´Donnell a principios de 1840, al tiempo que iban cayendo Cantavieja y las otras poblaciones carlistas. El 26 de marzo Espartero tomó Morella, expulsando a Cabrera hacia Cataluña.

 

Durante la Tercera Guerra Carlista, el 8 de mayo de 1872, cuando parecían sofocados los primeros chispazos de la nueva insurrección carlista, apareció en el Bajo Aragón la partida de D. Manuel Marco y Rodrigo, conocido como Marco de Bello, que gozaba de gran prestigio. Días después fue batida y prácticamente disuelta, frente a Cantavieja, por la columna del coronel Villacampa. La cercanía a Cantavieja marcaría el destino de Mirambel. En agosto aparecieron pequeñas partidas que merodeaban por la zona, exigiendo armas y dinero, y patrullas del ejército liberal que iban persiguiéndolas y aniquilándolas.

A finales del año 72 volvió a avivarse el fuego de la insurrección. El 10 de diciembre la guarnición de Cantavieja fue sorprendida por el veterano cabecilla carlista D. Ignacio Polo Guardiola, el Confiter de Cinctorres, que entró en el pueblo. Volvieron el día 31. Al final de ese año, con la guerra declarada oficialmente, se levantaron más partidas. A pesar de la persecución liberal, se consiguió formar una fuerte columna al mando del general Marco de Bello que fue haciéndose con el control de esos territorios. Pallés, nombrado por los carlistas comandante de armas de Mirambel, fijó en el pueblo su residencia, que visitaron varios cabecillas.

Ya en 1873, el 27 de agosto, las fuerzas carlistas de Segarra y Vallés coparon en Cantavieja a soldados liberales. D. Manuel Marco, comandante general de Aragón, ya curado, recibió orden de iniciar un nuevo movimiento, el cuarto intento. Realizó una marcha triunfal por los pueblos de la zona y el 13 de octubre entró en Cantavieja con 2.000 hombres. Se hicieron nuevas obras de fortificación y, mientras Marco de Bello marchaba a recaudar contribuciones, Pallés controlaba los movimientos de la columna liberal de Despujols, que llegó el 27 de abril ante Cantavieja, aunque no pudo tomarla por el regreso del general Marco.

A finales de julio de 1874, los planes para atacar Cantavieja parecieron pasar a un segundo plano con la llegada del general Pavía a la jefatura del Ejército liberal del Centro, pero el 30 de junio de 1875, tuvo lugar un combate en las inmediaciones de Mirambel entre el general Weyler y los batallones carlistas de D. Pascual Gamundi. El cerco sobre Cantavieja se estrechaba y ese mismo día llegaron a sus cercanías los generales liberales Jovellar y Martínez Campos, Capitán General de Cataluña. Weyler persiguió a los carlistas hacia Mirambel, entablándose combate en el Carrascal, casi inaccesible, y la ermita de San Cristóbal, donde se habían atrincherado. Los carlistas resultaron desalojados y fueron perseguidos hacia Tronchón, donde hubo otro enfrentamiento de los liberales con los batallones carlistas de Pallés.

El 1 de julio, a la vista de la situación, Dorregaray reunió en Mirambel a los principales jefes y consultó con ellos la conveniencia de continuar la lucha. La decisión fue abandonar el Maestrazgo y retirarse hacia Cataluña, donde seguía la guerra. El 3 de julio cruzaban el Ebro y el 6 capituló Cantavieja.



 

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