Pasarelas de Panticosa.
En el pueblo, con caserío apretado de tejados de pizarra, destaca la iglesia de la Asunción, reconstruida en estilo gótico tardío del siglo XVI sobre la originaria del siglo XIII.
Sobre el río Caldarés se encuentra un puente que formaba parte del antiguo Camino Real que unía Panticosa con El Pueyo y Hoz de Jaca. En 1556, el Quiñón de Panticosa contrató su construcción a Beltrán de Betbedé, quizá en el mismo lugar que uno anterior, probablemente de madera, que aparece en la documentación del s. XV.
Al lado del puente, desde el aparcamiento, está el acceso a la estación de esquí, ya veterana, pasando a la izquierda. Si subimos en la telecabina, también en funcionamiento turístico durante el verano, veremos alejarse de nuestros ojos la población de Panticosa.
Pero el turismo necesita más alicientes, por lo que, desde hace poco, Panticosa cuenta con un elemento más, sus Pasarelas. El acceso se hace por el mismo puente de la telecabina, rodeándola siguiendo la señalización. Un sendero enlaza con un desvío que lleva al inicio de la ruta. En la información se indica que desde el puente hasta el inicio hay unos 15´.
La Ruta de las pasarelas tiene poco más de dos kilómetros y el siguiente perfil y características.
Al final del tramo de pasarelas existe la posibilidad de utilizar la Variante por el camino As Paúles, en lugar de ascender al Mirador. Perfil y características:
En el mapa pueden apreciarse los dos trayectos. En línea
continua el que sube al Mirador, el más difícil, y la variante en línea
discontinua.
El sentido de la marcha es único, por lo que sabemos que no habrá cruces con otras personas en la estrechez de la pasarela. A la hora reservada se inicia el primer tramo, de gran verticalidad, que pasa por la pasarela colgante ofreciendo una vista espectacular del río Caldarés, que rugirá 25 metros por debajo en otros momentos y que ahora, con poca agua, no pasa de un ligero murmullo.
La pasarela colgante nos lleva a la margen derecha del río en la que está el tramo más largo de las pasarelas, que cuentan con varios apartaderos para poder contemplar, sin cortar el paso, la sucesión de pozas esculpidas por el Caldarés en su constante trabajo. El abismo tira de nosotros y es el momento de comprobar la resistencia al vértigo. “Cuando miras un abismo, el abismo también te mira a ti” (Friedrich Nietzsche). “No hay que mirar al abismo, porque en el fondo hay un encanto inexpresable que nos atrae” (Gustave Flaubert). “La única forma de escapar del abismo es mirarlo, calibrarlo, sondearlo y descender a él” (Cesare Pavese).
No hacemos caso a Cesare Pavese y continuamos pensando que, quizá como dijo Demócrito, “No sabemos nada en la realidad, porque la verdad está en un abismo”. La situación actual hace que cobre actualidad la afirmación de David R. Brower: “Estamos al borde de un abismo y estamos cerca de perdernos irrevocablemente”. Tenemos que hacer frente a nuestro propio abismo emocional tomando como soporte a alguien que nos impulse a salir adelante. El abismo nos ha atraído, pero ya basta de pensar en él, que hoy es un día de vacaciones, no muy adecuado para la reflexión. Seguimos.
Al terminar las pasarelas se toma un sendero que nos lleva a una zona boscosa donde está el cruce que plantea las dos opciones para completar el recorrido. A la izquierda se prosigue el ascenso hacia el Mirador O´Calvé, pasando por dos búnkeres, vestigios de la Línea P construidos tras la Guerra Civil. Hacia la derecha sigue la variante que permite retornar a Panticosa por el camino de As Paúles y el barranco Bachato. Ambas opciones, especialmente la primera, pueden ser difíciles para ciertas personas.
La ruta se quiebra en un bravo paisaje. Seguimos por la
izquierda, en un ascenso no tan ligero como dice la publicidad, y llegamos a
los búnkeres, ecos de la guerra.
Hacia atrás, al otro lado del Caldarés, vemos las pistas de la estación de esquí trazadas en el verde intenso del frondoso bosque que tapiza la ladera. Los árboles hijos de la roca.
Nosotros estamos haciendo un tipo de deporte, pero en la zona hay más.
Tras un descenso algo abrupto, se llega a otra zona de bosque, larga, cuya sombra se agradece en este agosto que arde, y a Panticosa, al lado del arroyo canalizado que baja con bastante fuerza.
En resumen, un muy agradable paseo que puede presentar
alguna dificultad de movilidad para ciertas personas y con el añadido del
vértigo de las pasarelas. No obstante, muy recomendable.








































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