jueves, 18 de agosto de 2022

 Roda de Isábena.

 

Es la población más pequeña de España que tiene catedral. Está situada cerca del río Isábena a 907 m de altitud, en un promontorio fortificado. Fue la capital del antiguo condado de Ribagorza, que se unió al Reino de Aragón. Tenía 48 habitantes en 2021.

Al ser sede episcopal se levantó una catedral consagrada en el año 956, que fue destruida en el 1006 por Abd El Malik, el hijo de Almanzor. Una vez recuperada por los cristianos, se levantó una segunda catedral, consagrada en 1030. La sede episcopal terminó en 1149 al ser trasladada a Lérida, con lo que el rango de la catedral quedó en priorato. Durante su existencia hubo quince obispos, entre los que destacaron Ramón de Roda y Ramiro II el Monje, que sería monarca de Aragón.

Se accede al pueblo por la antigua entrada, el Portal de Santa Ana, con mirador.


La calle empedrada en ascenso nos lleva hasta el centro, la plaza, que está en lo alto. Aquí está la catedral, pero todavía no es la hora de la visita, así que tenemos tiempo para ver el pueblo. En la misma plaza y cerca hay buenas casonas de piedra, y otras calles en descenso.


En lo más alto, bordeando la catedral, hay una calle que llega a la parte de atrás, donde se encuentra el cementerio en un extremo. Lindando con la catedral hay una especio cerrado por una gran casona, el Palacio fortificado del Prior o Casa Abacial, actualmente de propiedad privada. Fue mandado construir por el prior de Roda D. Pedro Agustín en 1525. Eran tiempos turbulentos y sufrió expolios que llevaron a decidir trasladar las reliquias de San Ramón a Barbastro en 1594.

Es una casa torreada de las que abundan en el Alto Aragón. Es de grandes dimensiones, con dos torres, una en la fachada principal, construida en sillarejo con sillería en las esquinas. Sus dimensiones son de 6,5 x 5,5 m, con un grosor de casi un metro en los muros. La fachada se orienta al sur, mirando a la plaza y tiene tres plantas. En la primera está la puerta de acceso con un arco de medio punto dovelado, con escudo en la clave. En la segunda está la vivienda, con ventanas con dinteles decorados con motivos renacentistas. En las jambas, molduras rectas en derrame al exterior. Sobre el dintel, arco rebajado de descarga. El último piso es el más interesante, tiene una galería abierta por tres ventanas de arco de medio punto doveladas toscamente, siendo la del centro algo más grande y con un matacán de piedra sillar para defensa de la puerta. En la fachada oeste quedan aspilleras.



Entre el Palacio del Prior y la Catedral quedan los escasos restos de la Torre Grossa y de un molino de aceite.





La calle continúa por la cabecera de la catedral. Los tres ábsides presentan arquillos ciegos y lesenas, motivos decorativos característicos de la arquitectura románica lombarda, y se aprecia la presencia de las criptas.



Se llega de nuevo a la plaza, ante la fachada de la excatedral de san Vicente, en el muro sur. Lo que se ve es obra del siglo XVIII.





Protegida por la fachada se encuentra la portada, del siglo XIII. Consta de seis arquivoltas de medio punto, abocinadas, que apean en capiteles historiados. Esta temática está inspirada en el sarcófago de san Ramón.


En los capiteles del lado oeste aparece El Paraíso (hombre y mujer), un ángel con espada y escudo lucha con un dragón, el sacrificio de Isaac, san Ramón entre dos diáconos, san Miguel pesa las almas (psicostasis), Presentación en el Templo.


En el lado derecho hallamos la Huida a Egipto, la lucha de un peón con escudo y espada contra un león rampante, Epifanía, Visitación, Natividad, Anunciación.


La iglesia tiene tres naves, más ancha la central, de cinco tramos, cubierta con bóveda de cañón apuntada que descansa sobre cuatro pares de pilares. Remata en ábside semicircular con bóveda de cuarto de esfera y dos ventanas de medio punto de doble derrame.





Las naves laterales cubren por bóveda de arista y terminan en ábsides semicirculares con una ventana de medio punto y doble derrame. Los tres ábsides se levantan sobre criptas. El ábside del muro Norte fue reformado posteriormente.


De las tres criptas, la central o de san Ramón es la más compleja y amplia. Tiene tres naves con cabecera semicircular y está abierta a la nave central y casi a su mismo nivel, por lo que hubo de elevarse el presbiterio y el altar mayor. En ella está el sepulcro de san Ramón, obispo de Roda: es un sarcófago románico en cuyo frente se reproducen temas de la infancia de Jesús como la Anunciación, Visitación, Nacimiento, Adoración de los Reyes, mientras que en los laterales aparece san Ramón entre dos diáconos y la Huida a Egipto.


En la cripta del lado norte se guarda la arqueta que contiene los restos de san Valero, que fue obispo de Roda antes de serlo de Zaragoza. Las advocaciones a san Valero y san Vicente van siempre unidas al igual que la pareja de santos. San Valero, obispo, era tartamudo y se ayudaba de la palabra del diácono Vicente para expresar sus ideas. La arqueta está decorada con esmaltes de Limoges que también fueron robados por "Erick el Belga" y actualmente repuestos (los que se pudieron recuperar).


Unas magníficas pinturas cubren el ábside, entre ellas un Pantocrátor, san Miguel pesando las almas, etc. Otras representan un calendario por meses. En Enero, un personaje vierte agua con una jarra. Febrero representa a otro calentándose al fuego y una pareja de peces. En Marzo un hombre poda viñas con un carnero (símbolos Acuario-Piscis-Aries). Como es tiempo de frío van con capa y capucha. Abril, primavera, una mujer con flores en sus manos. Mayo está deteriorado. Junio, siega con guadaña. Julio, siega con hoz. Agosto, trilla de la mies. Septiembre, recolección de frutos. Octubre, trasiego del vino. Noviembre, engorde de cerdos, el pastor sacude el árbol para que caigan sus frutos. Diciembre, mesa llena de viandas.



Es decoración de carácter absolutamente profano, sin ningún atributo religioso y en la que además se da pie a la suma de simbología zodiacal y ciclos de la vida diaria.




Pinturas góticas




A los pies del templo se musealizan algunos elementos que pertenecieron a san Ramón como las sandalias episcopales, guante, la silla y la dalmática. La silla es una pieza muy rara, mueble único en España, realizado en madera de boj y cuero (no conservado), con un trabajo de talla minucioso. Tiene forma de silla de tijera, siglos X-XI, y semejanzas con el arte vikingo. Fue robada y troceada por Erik el Belga, pudiendo recuperarse fragmentos que se exponen con una estructura de metacrilato.





El coro está a los pies de la nave central.




En el lado norte se sitúa el claustro, de planta trapezoidal y arquerías de medio punto que sostienen el tejado que vierte las aguas de lluvia a un aljibe, posterior, situado en el centro. Es de mediados del s. XII. Las columnas monolíticas descansan sobre banco de piedra, tienen capiteles esquemáticos con motivos vegetales, geométricos y animales, y sobre los arcos corre una banda de ajedrezado jaqués. Contiene gran número de inscripciones funerarias.


En uno aparecen las palabras LVCIFER y ESPERVS, que es la estrella de la tarde (Hesperus, el planeta Venus en su ocaso), por lo que Lvcifer no se refiere al diablo sino a su etimología, “el que transporta la luz”, la estrella del alba, Venus. Representan el ciclo eterno muerte-resurrección.

Desde el claustro se accede a la capilla de san Agustín, la sala capitular y el refectorio.



Al bajar la colina en la que se asienta Roda, hay un desvío hacia un puente románico, s. XII, quizá con orígenes romanos. Tiene un solo ojo de medio punto, ligeramente apuntado, de casi 20 m de luz, apeado en la roca de las orillas. Tiene perfil de lomo de asno rebajado y su calzada es estrecha, permitiendo el paso de personas y caballerías. Las medidas son 54 x 2,75 m., y la altura mayor hasta el nivel del agua es de once metros. En el intradós quedan tres hileras de mechinales. La técnica de elaboración es a puntero, técnica importada de Centroeuropa en época de Sancho Ramírez. Su fábrica es de piedra, construido en aparejo en el que predominan las piezas estrechas y alargadas dispuestas en hiladas uniformes. Contrasta la solidez de los estribos con la ligereza del arco.

La importancia de la vía de comunicación queda atestiguada por la existencia de estos puentes tan significativos, que aúnan arte, ingeniería, simbolismo y poder. Probablemente existió en época romana y tomó impulso al formar parte de una ruta Jacobea en el Medievo. Por eso, siguiendo al río que nos enseña el camino, llegamos a otro de estos magníficos puentes, el de Capella, de elevado interés arquitectónico.


Tiene ocho ojos con bóvedas diferentes, desde arcos segmentales muy rebajados hasta la bóveda de tres centros -como el de Roda- del vano principal. Las pilas se refuerzan con tajamares triangulares -ligeramente engrosados en su parte inferior- en ambos lados, que forman ensanchamientos para facilitar el cruce de personas o animales. Los arcos conservan los mechinales de su construcción. Su perfil es de lomo de asno pronunciado. Está construido en sillares y sillarejos de arenisca de gran tamaño, sin diferenciarse en el pretil. La luz decrece desde el ojo central -20 m de amplitud- hacia los laterales. Los arcos apean en gruesas pilas. Sus dimensiones son 60 x 2,80 m. Está pavimentado con cantos de piedra.

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