viernes, 19 de diciembre de 2014

Laguna de Somolinos.

Venimos a la zona NO de Guadalajara a ver esta laguna y las iglesias de la zona, construcciones serranas con influencia directa de Segovia y Soria, y con una buena carga de mudejarismo añadida. Es una zona a mucha altitud, al Sur de la Sierra de Pela (al Este de la Sierra de Ayllón) y al Norte de la Sierra de Alto Rey.

No llegamos a Villacadima, a 1.339 m de altitud, y nos quedamos en Campisábalos, a 1.351 m., donde queremos ver el maravilloso conjunto de la iglesia de San Bartolomé y la capilla de San
Galindo. Preguntamos dónde tienen la llave y un señor muy amable nos acompaña y abre. La iglesia es del siglo XIII, planta rectangular, una nave de un tramo (bajo el coro, pila bautismal románica), arco triunfal, bóveda del presbiterio de medio cañón, ábside semicircular (fin siglo XII, bóveda de cuarto de esfera, al exterior tres calles verticales, canecillos historiados), torre adosada en la fachada Sur, acceso por una galería porticada de cuatro arcos y pórtico abocinado de cinco arquivoltas. La portada es similar a la de la capilla de San Galindo y a la iglesia de San Pedro de Villacadima.

Aneja al muro meridional está la capilla de San Galindo, en cuidada sillería. La cabecera es de finales del siglo XII y la nave del XIII. Bóveda de medio cañón con fajones, cabecera más baja que la nave, arco triunfal semicircular que apoya sobre dobles columnas, tramo presbiterial rectangular,
ábside semicircular con bóveda de cuarto de esfera, vano con celosías formando el sello de Salomón y la cruz de la Orden de San Juan. Bella portada con canecillos figurados.

Lo más curioso es un friso escultórico con un mensario o calendario agrícola en el muro Sur, parecido al que hay en la puerta de la iglesia de Beleña de Sorbe, que se lee de derecha a izquierda. Primero hay un combate con lanzas entre dos caballeros y una escena de caza de jabalí. A partir de aquí comienza el mensario: banquete navideño (enero), aireación de las raíces de vides (febrero), cavado de vides (marzo), poda de cepas (abril), jinete alimentando a su caballo (mayo), corta de los cardos (junio), siega (julio), paja separada del grano (agosto), vendimia (septiembre), siembra (octubre), matanza del cerdo (noviembre), trasiego del vino (diciembre).

Volviendo hacia Atienza paramos en la singularidad geológica de la laguna de Somolinos, a 1250 m
de altitud, junto al pueblo de su nombre, de una superficie que no llega a las dos hectáreas pero que cambia el paisaje.  Tiene su origen el represamiento del río Bornova, cerca de su nacimiento o Manadero, por un dique de travertinos (roca sedimentaria formada por depósitos de carbonato de calcio). Como el caudal del río se mantiene regular a lo largo del año, se favorece el mantenimiento de unos niveles estables en la laguna, de aguas de buena calidad. Desagua por un canal lateral que fue aprovechado en tiempos para suministrar energía a un molino y a una pequeña central eléctrica.
Su gran variedad de hábitats (vegetación subacuática, carrizal, cañaveral, junquillo, saucedas con zarzales, escaramujos y endrinos, etc.) permiten una gran variedad de fauna.

Desde aquí se divisa, en lo alto, los roquedos calizos, erosionados, desgastados, con formas curiosas, grisáceos, sin vegetación. Al ir descendiendo aumenta el matorral, destacando las amarillas retamas, y abajo, cerca del agua, hay zonas de praderas y vegetación de ribera que le da un ligero matiz verdoso al azul del agua. En la orilla hay un merendero muy rústico, con grandes piezas de pizarra que confieren a las mesas aspecto de dólmenes. Un hilo de agua clara corre sobre musgo escoltado por juncos y árboles. Es verano. Unas rapaces sobrevuelan el cielo azul, con alguna nube.

La siguiente parada es Albendiego, a 1.195 m. Aquí venimos a ver la ermita de Santa Coloma, a 400
m del pueblo, junto al río Bornova. Debe ser de principios del siglo XIII, aunque en el XV se concluyó con una sola nave. Lo más sobresaliente es el exterior de la cabecera románica, con tres ábsides, el central con planta semicircular y los laterales rectos. En el central, cuatro haces de columnas triples, lo dividen en tres paños, y en cada uno hay un ventanal rodeado de tres arquivoltas. En los vanos hay bellísimas celosías de gusto oriental con variedad de trazos a base de estrellas, círculos, etc., que dan algunas figuras parecidas a cruces de malta –lo que apoyaría la hipótesis de la intervención de la Orden de San Juan de Jerusalén-. En los ábsides laterales hay unas originales ventanas con arco ajimezado pero sin parteluz, con el sello de Salomón y originales óculos. En el interior hay un tramo recto presbiterial con bóveda de cañón reforzado con fajón y arco triunfal, cuyas columnas hacen intuir que la bóveda se proyectó de crucería.

Queremos comer en Atienza pero todavía paramos en Cañamares, a 885 m de altitud, para ver el
hermoso puente en piedra rojiza –el más bonito de la cuenca del Henares-  sobre el río Cañamares (que ha nacido a 1.320 m en la Sierra del Bulejo) al que llaman “romano”, que tiene aspecto medieval (lomo de asno, tres arcos de medio punto rebajados, tajamares, pretil) y realmente es de la época de Carlos III, de finales del siglo XVIII.

Mientras hemos quedado absortos en la contemplación extática de estas maravillas nos ha rodeado una paz ilimitada, inacabable. Con tantos detalles que parecen conspirar en favor de la nostalgia de los tiempos perdidos, nos vamos con una mirada melancólica a fuerza de mirar al pasado. 

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