Sierra de Aracena
El Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos
de Aroche está situado al norte de la provincia de Huelva y en el extremo
occidental de Sierra Morena. La especial disposición orográfica de las sierras
crea una barrera a las masas de aire que penetran desde el Atlántico
determinando una alta pluviosidad, lo que propicia una exuberante vegetación.
El clima es idóneo para el desarrollo de especies frondosas como el castaño. El
bosque original era de encinas, alcornoques y quejigos y, en el fondo de
barrancos y riachuelos, hay especies adaptadas a suelos húmedos como sauces,
alisos y fresnos que, a veces, constituyen verdaderos bosques de galería. La
transformación del bosque autóctono en dehesas y cultivos permitió los
aprovechamientos tradicionales como la saca del corcho de los alcornoques, cada
8-10 años, la recolección de setas o la explotación ganadera con el cerdo
ibérico como protagonista destacado. La fauna es extraordinariamente rica, con
rapaces como águila real, milanos negro y real y buitre negro; cigüeña negra;
gato montés, gineta, zorro, garduña, nutria; jabalí, ciervo.
Por el centro corre la Rivera de Huelva, que da lugar a los embalses de Aracena
y Zufre, y el hundimiento que provoca divide la zona en dos partes elevadas. Al
N pueblos como Santa Olalla del Cala, Cala, Arroyomolinos de León, etc. Al sur,
Zufre, Higuera de la Sierra, Aracena, Jabugo, etc.
Teníamos previsto un paseo por una de las rutas señalizadas de la zona que
salía de Arroyomolinos de León, la del Alto del Búho, pero una intensa lluvia
lo impidió. En su lugar recorrimos los alrededores del pueblo, como el monasterio
de Tentudía, conjunto mudéjar del s. XIII. La montaña lo ha aceptado en su
cima. Dice la leyenda que estando el Maestre Pelay combatiendo contra los moros
en las estribaciones de Sierra Morena, la batalla no terminaba y la noche se
venía encima. Desesperado, el Maestre invocó a la Virgen diciendo “Santa María,
detén tu día”. El crepúsculo se detuvo y Pelay Pérez Correa pudo ganar la
batalla. Después ordenó la construcción de una ermita en este lugar.
El paisaje es montañoso, pero no abrupto, y el
colorido cambiante según las estaciones. Junto al castañar frondoso y
multicolor, la dehesa rica en Quercus, encinas y alcornoques, salpicada de
olivos y monte bajo. La suave transición entre la naturaleza y estos pequeños
núcleos urbanos, diseminados por el territorio, ofrece sus materiales
característicos: madera, piedra, barro, cal, elementos indispensables en la
arquitectura popular. Las tapias de adobe, las paredes de piedra, numerosas
albercas, las “lievas” que llevan a los huertos el agua de los arroyos, las
majadas, los chozos, etc., permiten apreciar la riqueza etnográfica. Es curioso
ver en estos recorridos piaras de cerdos, en régimen de montanera,
alimentándose de bellotas y los alcornoques, que con motivo de la saca del
corcho se presentan pelados.
El siguiente día se presentó igualmente lluvioso,
por lo que abandonamos la idea de andar y fuimos a la capital de la comarca,
Aracena, un magnífico pueblo, donde vimos la Gruta de las Maravillas, emblema
de la localidad, situada en pleno casco urbano. Aunque las primeras noticias
son de 1850, fue abierta a visitas guiadas en 1914, por lo que es pionera. La
acción disolutiva del agua que se filtra desde el cerro del Castillo sobre las
rocas calizas de la Era Precámbrica (500 millones de años) ha dado vida a
multitud de estalactitas, estalagmitas, coladas, excéntricas, cortinas,
aragonitos, etc. Es un recorrido de 1200 m, divididos en dos niveles, por las
entrañas de la tierra, allí donde la alianza eterna del agua y la roca ha
conformado un paisaje de fantasía, destacando la majestuosidad del Gran Salón o
las formas redondeadas de la Sala de los Garbanzos. La llegada de los turistas
perturba el sueño eterno de la cueva y si se aguza el oído parece oírse latir
el corazón de la montaña.
Sigue lloviendo pero damos una vuelta por el
pueblo con la consecuencia de terminar muy mojados a pesar del paraguas. Tras
la comida, sigue lloviendo, por lo que vamos al Museo del Jamón, sencillo pero
ilustrativo de lo que supone el cerdo ibérico en estas tierras. A la salida ha
dejado de llover momentáneamente. El sol es visible como un disco frío detrás
de una capa gris de nubes invernales.
Tenemos que abandonar la zona sin haber hecho lo que vinimos a hacer.
Otra vez será.

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