Doñana
Se
encuentra en la desembocadura del Guadalquivir. Comenzó a configurarse a
comienzos del Cuaternario, cuando debido a los vientos de componente SW que
movían las arenas se originaron dunas con unas penetraciones en el interior de
hasta 25 km y favorecieron el proceso de relleno del lago interior que continúa
hoy día. Las marismas y el paisaje se encuentran en constante transformación.
Tras una breve visita a El Rocío y la degustación de pescaíto frito en Matalascañas, vamos a El Acebuche –olivo silvestre-, Centro de Recepción y de Interpretación. Las visitas guiadas, en vehículos todo-terreno con guía-conductor, se prolongan más de 70 km., viéndose todos los ecosistemas.
Tras
circunvalar Matalascañas, se sigue por la playa, una de las costas vírgenes más
amplias de Europa. Tiene un gran dinamismo, constantes modificaciones por
las progresiones y regresiones marinas. El vehículo avanza dando grandes
bandazos a pesar de que vamos por las rodadas que han dejado los que nos
preceden. A nuestra derecha la playa desaparecida bajo la pleamar. Después de
un tiempo, giramos a nuestra izquierda, alejándonos del mar y metiéndonos en el
terreno de las dunas.
Los
vientos del SW originan el transporte incesante de arenas, trasladadas al
interior formando los trenes de dunas móviles, sistema único en España. El
vehículo para en lo alto de una duna y vemos debajo un “corral”, los árboles
que desaparecerán tragados por la duna donde estamos. Pero como la siguiente
duna también avanzará, se formará en medio otro corral con nueva vegetación.
Hacemos una parada y caminamos por la arena observando cómo el intenso verde de
los pinos emerge agonizante de entre el amarillo de la arena.
Los Cotos, arenas estabilizadas colonizadas por vegetación de tipo mediterráneo en su
mayor parte, conforman el ecosistema del bosque y matorral; brezos, tojos y
helechos en la zona húmeda y aulaga y romero en las partes altas. Pinos
piñoneros, alcornoques, lentiscos y ostra especies constituyen el bosque, área
de cría de gran población de rapaces y otras aves. Este el hábitat preferido
por linces, meloncillos, ginetas y otras especies protegidas.
La Vera,
punto de encuentro haciendo frontera entre la marisma y los cotos, es una
franja que se va ensanchando de sur a norte, siempre verde, debido a las
filtraciones de agua de las dunas y arenas más permeables, permitiendo el
crecimiento de grandes pastizales donde confluyen una gran cantidad de especies
de ambos ecosistemas. Es la zona preferida para los ciervos, gamos, jabalíes,
vacas y yeguas marismeñas.
Interrumpimos
el camino y tomamos un desvío porque en esa zona hay una pareja de águilas
anidando. Pasamos lentamente y podemos ver ciervos, gamos y jabalíes. Paramos
en una zona cercana a la marisma y observamos a lo lejos a los flamencos que se
distinguen perfectamente por su color. Volvemos a ver ciervos y jabalíes.
Pasamos por el Palacio del Rey, donde se alojan los Presidentes del Gobierno en
alguna ocasión y seguimos viendo la fauna del lugar. En una zona encharcada
aparecen muchos jabalíes, garzas y cigüeñas que no se asustan. La naturaleza se
muestra indiferente a nuestro paso.
La Marisma
es el ecosistema de carácter más estacional y cambiante. Durante el verano
aparece como una extensa planicie arcillosa, seca y resquebrajada, mientras que
en invierno el agua de lluvia convierte el paisaje en un interminable lago,
refugio invernal de innumerables anátidas y otras especies. Su mayor
esplendor se produce en primavera, cubriéndose de un tapiz verde, zona de
nidificación de infinidad de aves acuáticas. El ecosistema marismeño destaca
por su ausencia de relieve, formado por la acumulación de arenas y limos
depositados por los ríos y caños.
Así
llegamos a La Plancha, y vemos los ranchos de familia, alguno todavía habitado
como atestigua una antena de televisión. Paramos para ver su construcción con
madera y carrizo, rodeados por una cerca de palos y ramas. El pasado parece
tener más color local que el presente. La hierba brilla salpicada por flores
silvestres de un color lila. Estamos en el Guadalquivir. Al fondo se ve
Sanlúcar de Barrameda.
La vuelta es de nuevo por la playa, pero como hay bajamar podemos ir
por la zona mojada que parece una autopista. El vehículo avanza rápidamente
aunque para muchas ocasiones para ver distintas variedades de gaviotas, etc.,
antes de volver a El Acebuche.

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