martes, 21 de octubre de 2014

Doñana


Se encuentra en la desembocadura del Guadalquivir. Comenzó a configurarse a comienzos del Cuaternario, cuando debido a los vientos de componente SW que movían las arenas se originaron dunas con unas penetraciones en el interior de hasta 25 km y favorecieron el proceso de relleno del lago interior que continúa hoy día. Las marismas y el paisaje se encuentran en constante transformación.

Tras una breve visita a El Rocío y la degustación de pescaíto frito en Matalascañas, vamos a El Acebuche –olivo silvestre-, Centro de Recepción y de Interpretación. Las visitas guiadas, en vehículos todo-terreno con guía-conductor, se prolongan más de 70 km., viéndose todos los ecosistemas.

Tras circunvalar Matalascañas, se sigue por la playa, una de las costas vírgenes más amplias de Europa. Tiene un gran dinamismo, constantes modificaciones por las  progresiones y regresiones marinas. El vehículo avanza dando grandes bandazos a pesar de que vamos por las rodadas que han dejado los que nos preceden. A nuestra derecha la playa desaparecida bajo la pleamar. Después de un tiempo, giramos a nuestra izquierda, alejándonos del mar y metiéndonos en el terreno de las dunas.

Los vientos del SW originan el transporte incesante de arenas, trasladadas al interior formando los trenes de dunas móviles, sistema único en España. El vehículo para en lo alto de una duna y vemos debajo un “corral”, los árboles que desaparecerán tragados por la duna donde estamos. Pero como la siguiente duna también avanzará, se formará en medio otro corral con nueva vegetación. Hacemos una parada y caminamos por la arena observando cómo el intenso verde de los pinos emerge agonizante de entre el amarillo de la arena.

Los Cotos, arenas estabilizadas colonizadas por vegetación de tipo mediterráneo en su mayor parte, conforman el ecosistema del bosque y matorral; brezos, tojos y helechos en la zona húmeda y aulaga y romero en las partes altas.  Pinos piñoneros, alcornoques, lentiscos y ostra especies constituyen el bosque, área de cría de gran población de rapaces y otras aves. Este el hábitat preferido por linces, meloncillos, ginetas y otras especies protegidas.


La Vera, punto de encuentro haciendo frontera entre la marisma y los cotos, es una franja que se va ensanchando de sur a norte, siempre verde, debido a las filtraciones de agua de las dunas y arenas más permeables, permitiendo el crecimiento de grandes pastizales donde confluyen una gran cantidad de especies de ambos ecosistemas. Es la zona preferida para los ciervos, gamos, jabalíes, vacas y yeguas marismeñas.

Interrumpimos el camino y tomamos un desvío porque en esa zona hay una pareja de águilas anidando. Pasamos lentamente y podemos ver ciervos, gamos y jabalíes. Paramos en una zona cercana a la marisma y observamos a lo lejos a los flamencos que se distinguen perfectamente por su color. Volvemos a ver ciervos y jabalíes. Pasamos por el Palacio del Rey, donde se alojan los Presidentes del Gobierno en alguna ocasión y seguimos viendo la fauna del lugar. En una zona encharcada aparecen muchos jabalíes, garzas y cigüeñas que no se asustan. La naturaleza se muestra  indiferente a nuestro paso.

La Marisma es el ecosistema de carácter más estacional y cambiante. Durante el verano aparece como una extensa planicie arcillosa, seca y resquebrajada, mientras que en invierno el agua de lluvia convierte el paisaje en un interminable lago, refugio  invernal de innumerables anátidas y otras especies. Su mayor esplendor se produce en primavera, cubriéndose de un tapiz verde, zona de nidificación de infinidad de aves acuáticas. El ecosistema marismeño destaca por su ausencia de relieve, formado por la acumulación de arenas y limos depositados por los ríos y caños.

Así llegamos a La Plancha, y vemos los ranchos de familia, alguno todavía habitado como atestigua una antena de televisión. Paramos para ver su construcción con madera y carrizo, rodeados por una cerca de palos y ramas. El pasado parece tener más color local que el presente. La hierba brilla salpicada por flores silvestres de un color lila. Estamos en el Guadalquivir. Al fondo se ve Sanlúcar de Barrameda.

La vuelta es de nuevo por la playa, pero como hay bajamar podemos ir por la zona mojada que parece una autopista. El vehículo avanza rápidamente aunque para muchas ocasiones para ver distintas variedades de gaviotas, etc., antes de volver a El Acebuche.



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