martes, 21 de octubre de 2014

El Acebo-Ponferrada


No madrugamos. No es plenamente de día pero el sol ha desteñido ya la noche y la raya del alba en el horizonte oriental se está haciendo más visible. Salimos por la calle Real con buen tiempo, despejado y fresco. Pasamos el desvío a Compludo, donde San Fructuoso, en el s. VII, fundó un cenobio que contó con reliquias de los niños mártires de Alcalá de Henares –Complutum-Compludo- .
Un tramo de carretera y otro de senda nos llevan hasta Riego de Ambrós. Después contemplamos unos magníficos castaños y el frescor del arroyo del Prado, zona en la que se respira la vida vegetal. Seguimos por la carretera y nos pasamos la senda, por lo que tenemos que volver sobre nuestros pasos. El descenso es tortuoso, muy pedregoso; el tiempo bueno, con sol, y el paisaje del verde claro del matorral.  



Volvemos a la carretera con Molinaseca a lo lejos. El aire contiene aromas del río. Recordamos cuando hicimos esta ruta en bici, que muchos ciclistas paraban aquí. Pasamos el Santuario de la Virgen de las Angustias, cruzamos el puente románico en su origen, sobre el río Meruelo, y entramos en Molinaseca que cruzamos por la calle Real, y que tiene, al final, un Crucero-calvario. Paramos a tomar un café.
Continuamos para terminar. Dejamos a la izquierda a Campo, con su fuente romana,  y por la acera de la carretera, con un tráfico muy molesto, se cruza el río Boeza y se entra en Ponferrada, pons ferrata, en referencia al puente reforzado con estructura de hierro por el obispo de Astorga en el s. XI. En el s. XII Fernando II donó la ciudad a los templarios para que defendiesen a los peregrinos.
El calor ha ido en aumento en esta última parte de la etapa, a pesar de lo cual todavía hay muchos peregrinos derramados a lo largo del camino. Pasamos el albergue y seguimos hasta el castillo de los templarios, quizá sobre ciudadela romano, del s. XIII, con forma de pentágono irregular, en mampostería de pizarra y sillares de granito, y con el Sil como protección natural al Oeste. Contiene una de las mejores y mayores bibliotecas sobre los templarios.
Molinaseca

Después de dejar el equipaje y asearnos, bordeamos el castillo al otro lado del Sil, por un paseo moderno, con una venus alada, cruzamos el puente y rodeamos el castillo por el otro lado viendo el foso. Vamos hacia el centro histórico y vemos la  Torre del Reloj, s. XVI, la plaza y el Ayuntamiento, ss. XVI-XVII. Aunque el tiempo meteorológico no lo aconseja, en la comida probamos el botillo, comida fuerte, invernal, antes de llenar las primeras horas huecas de la tarde con una siesta.



Ya atardece cuando nos acercarnos a la estación de autobuses para comprar el billete de vuelta para mañana. La tarde va cayendo y se acerca el ocaso mientras damos un tranquilo paseo de nuevo por la zona vieja. Caminamos hasta que nos envuelve la noche y entramos en un restaurante a cenar. Salimos y nos adentramos en la noche. El final se acerca en forma de visita nocturna a Ponferrada. Todos los pueblos o ciudades tienen una vista diferente por la noche, especialmente los cascos viejos con su tenue iluminación. Paramos en un mirador sobre el río y el silencio flota durante un tiempo. Es un momento de languidez y huida al mundo del silencio. A la orilla del Sil, la arboleda nocturna apenas clareada por la luna.
Antes de volver al alojamiento llenamos los pulmones con el aire de la noche. Un enjambre de ideas nos puebla el cerebro. La segmentación de estas jornadas de trashumancia nos embriaga. Mañana llegaremos a casa y veremos las fotos de estos días de las que brotan fragancias de campo abierto, de flores silvestres, de bosquecillos, de pueblos, etc. Pero volveremos al Camino. Nos sentimos jóvenes. Estamos generando mucho material autobiográfico y nuestra tradición todavía serán nuestras acciones futuras. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario