El Acebo-Ponferrada
No madrugamos. No es plenamente de día pero el
sol ha desteñido ya la noche y la raya del alba en el horizonte oriental se
está haciendo más visible. Salimos por la calle Real con buen tiempo, despejado
y fresco. Pasamos el desvío a Compludo, donde San Fructuoso, en el s. VII,
fundó un cenobio que contó con reliquias de los niños mártires de Alcalá de
Henares –Complutum-Compludo- .
Un tramo de carretera y otro de senda nos llevan hasta Riego de Ambrós. Después
contemplamos unos magníficos castaños y el frescor del arroyo del Prado, zona
en la que se respira la vida vegetal. Seguimos por la carretera y nos pasamos
la senda, por lo que tenemos que volver sobre nuestros pasos. El descenso es
tortuoso, muy pedregoso; el tiempo bueno, con sol, y el paisaje del verde claro
del matorral.
Volvemos a la carretera con Molinaseca a lo
lejos. El aire contiene aromas del río. Recordamos cuando hicimos esta ruta en
bici, que muchos ciclistas paraban aquí. Pasamos el Santuario de la Virgen de
las Angustias, cruzamos el puente románico en su origen, sobre el río Meruelo,
y entramos en Molinaseca que cruzamos por la calle Real, y que tiene, al final,
un Crucero-calvario. Paramos a tomar un café.
Continuamos para terminar. Dejamos a la izquierda
a Campo, con su fuente romana, y por la acera de la carretera, con un
tráfico muy molesto, se cruza el río Boeza y se entra en Ponferrada, pons
ferrata, en referencia al puente reforzado con estructura de hierro por el obispo
de Astorga en el s. XI. En el s. XII Fernando II donó la ciudad a los
templarios para que defendiesen a los peregrinos.
El calor ha ido en aumento en esta última parte
de la etapa, a pesar de lo cual todavía hay muchos peregrinos derramados a lo
largo del camino. Pasamos el albergue y seguimos hasta el castillo de los
templarios, quizá sobre ciudadela romano, del s. XIII, con forma de pentágono
irregular, en mampostería de pizarra y sillares de granito, y con el Sil como
protección natural al Oeste. Contiene una de las mejores y mayores bibliotecas
sobre los templarios.
Molinaseca
Después de dejar el equipaje y asearnos,
bordeamos el castillo al otro lado del Sil, por un paseo moderno, con una venus
alada, cruzamos el puente y rodeamos el castillo por el otro lado viendo el
foso. Vamos hacia el centro histórico y vemos la Torre del Reloj, s. XVI,
la plaza y el Ayuntamiento, ss. XVI-XVII. Aunque el tiempo meteorológico no lo
aconseja, en la comida probamos el botillo, comida fuerte, invernal, antes de
llenar las primeras horas huecas de la tarde con una siesta.
Ya atardece cuando nos acercarnos a la estación
de autobuses para comprar el billete de vuelta para mañana. La tarde va cayendo
y se acerca el ocaso mientras damos un tranquilo paseo de nuevo por la zona vieja.
Caminamos hasta que nos envuelve la noche y entramos en un restaurante a cenar.
Salimos y nos adentramos en la noche. El final se acerca en forma de visita
nocturna a Ponferrada. Todos los pueblos o ciudades tienen una vista diferente
por la noche, especialmente los cascos viejos con su tenue iluminación. Paramos
en un mirador sobre el río y el silencio flota durante un tiempo. Es un momento
de languidez y huida al mundo del silencio. A la orilla del Sil, la arboleda
nocturna apenas clareada por la luna.
Antes de volver al alojamiento llenamos los pulmones con el aire de la
noche. Un enjambre de ideas nos puebla el cerebro. La segmentación de estas
jornadas de trashumancia nos embriaga. Mañana llegaremos a casa y veremos las
fotos de estos días de las que brotan fragancias de campo abierto, de flores
silvestres, de bosquecillos, de pueblos, etc. Pero volveremos al Camino. Nos
sentimos jóvenes. Estamos generando mucho material autobiográfico y nuestra
tradición todavía serán nuestras acciones futuras.



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