martes, 21 de octubre de 2014


Hospital de Órbigo-Astorga


Fuera empieza a despuntar el alba. Nos levantamos a las seis, preparamos la mochila fuera de la habitación para no hacer ruido y desayunamos. Salimos con un fresco agradable por un camino llano y bueno y vemos el amanecer en Villares de Órbigo. El disco rojo del sol que surge lentamente entre los vapores del alba. El paisaje es diferente por la abundancia de regadío. Los aspersores esparcen agua pulverizada que se queda flotando en el aire como una fina niebla.

La luz ha ido aumentando y ya se ve bien. Atacamos con energía mañanera la subida al Santo, y tras pasar una zona arbustiva el camino baja a Santibáñez de Valdeiglesias, donde vemos alguna chimenea de barro. Vamos con unas francesas, una canadiense, etc. Algunos paran en el último bar y otros pasan de largo. Nuestra sombra nos acompaña en unos tramos de camino pedregoso y en ligero ascenso.



La subida se acentúa en medio de campos de secano, zonas de monte bajo y pequeños bosques de robles que se espesan progresivamente. Es el Monte de la Colomba, a cuya entrada hay un monumento muy raro formado por una cruz, unos montones de piedras y una estatua de un hombre con una lanza en la mano, junto a un banco bajo una encina. Desaparecemos en el verde en despreocupada soledad. Unos gritos rompen bruscamente la paz de la mañana: nos adelantan unos ciclistas brasileños que vimos ayer en el albergue y, poco después, un gran pelotón ciclista sin equipaje. Continuos repechos y bajadas, zonas de sombra, encinas y robles. El camino está abarrancado y en algunos tramos parece una senda.

Calor, buen día. Todavía se anda bien. Un lagarto se cruza en nuestro camino y no parece asustarse. El morado de las flores contrasta con el verde oscuro del arbolado. Pasamos zonas despejadas donde el cereal ha sido cosechado; en los campos quedan las pacas redondas listas para ser recogidas.

Tras el último repecho llegamos al llano, al páramo, donde pasamos la Majada de Ventura, con algo de comida y bebida a la venta. El llano sigue hasta el Crucero de San Toribio, una cruz de piedra sobre cuatro escalones, desde donde se ve bien Astorga y el monte Teleno, 2188 m, la cumbre más alta de los montes de León y montaña sagrada de los astures. En este lugar, s. V, el obispo de Astorga, tras ser expulsado de su sede profirió “De Astorga, ni el polvo” mientras se sacudía las sandalias. Paramos para contemplar la panorámica y hacer alguna foto.


Bajada fácil hasta San Justo de la Vega donde hacemos la última parada porque ya estamos muy cerca del final de la etapa. Cruzamos el río Tuerto, andamos un tramo por buen camino al lado de campos de cereal sin cosechar llenos de amapolas, cruzamos el río Jerga por su puente romano –de tres ojos desiguales y en pizarra-, y cruzamos la vía del tren por una pasarela curiosa. Estamos ya en Astorga, la Asturica Augusta romana, que bordeamos hasta el hostal pasando por la catedral de Santa María, la muralla romana y medieval, y el palacio episcopal de Gaudí (Museo de los Caminos). En un momento, los tres monumentos están alineados a nuestra vista.



Tras el aseo y la colada vamos a comer. No nos atrevemos con un cocido maragato porque hace mucho calor. Tras la siesta, paseo por la plaza del Ayuntamiento, las termas, etc. Vemos a algunos que hemos conocido en el albergue de ayer. En las calles parece haberse estancado el calor del día, que paraliza a todo ser vivo. El cielo está más nuboso, amenaza lluvia. A las 8 vemos los maragatos en el reloj del Ayuntamiento, compramos el desayuno para mañana y cenamos. Entonces empieza la lluvia; gotas pesadas y aisladas que dan paso a un aguacero. Volvemos siguiendo las flechas para ver la salida de mañana.

Después de la larga etapa de ayer, la de hoy ha resultado corta y vamos a dormir con más comodidad. De la calle llegan ruidos que atraviesan la oscuridad, aunque cada vez son más vagos, pierden su sentido.


No hay comentarios:

Publicar un comentario