domingo, 15 de marzo de 2026

 Maruja Mallo. Máscara y compás.

Maruja Mallo (Viveiro 1902-Madrid 1995) es una figura principal de la Generación del 27 junto a Salvador Dalí, Federico García Lorca o María Zambrano, es la que presentó en primer lugar una cosmovisión femenina inédita, la de la mujer moderna. Su personal y heterogénea producción artística difuminó los límites entre lo popular y lo vanguardista, entre estética y política. Ofrecía una nueva visión de España opuesta a los negros del tremendismo y a las estridencias de la españolada. Lo popular no era para ella nostalgia del pasado rural, sino anclaje en un presente marcado por la crisis social. Era un territorio de fértil imaginación en el que el compás y sus rotaciones circulares predominan sobre la regla y la trama ortogonal privilegiadas por la vanguardia. Exiliada en Argentina a consecuencia de la Guerra Civil, trasladó a sus obras la belleza y riqueza cultural del nuevo continente, con la figura y la máscara como protagonistas.

Esta exposición en el Museo Reina Sofía presenta cronológicamente las series en las que estructuró su evolución. Desde las composiciones de carácter surrealista de los primeros años hasta las configuraciones geométricas y fantásticas de sus últimas obras. Aborda la relación del ser humano con la naturaleza en una dimensión superior, con la ciencia, el arte y la mitología dándose la mano para terminar en el cosmos. Se destacan los valores teatrales y fotográficos de su trabajo y su defensa del artista como intelectual.

Kermesse, 1928, óleo sobre lienzo, Centre Pompidou

Verbenas (1927-28)

Las primeras series se sitúan en la figuración de los años veinte, que propone corregir la deshumanización de la vanguardia mediante su aproximación al arte popular, término utilizado para rehuir los de folklore o etnología, ligados a identidades locales o raciales y utilizados por los estados totalitarios. Es una propuesta estética y política. Muestran la gracia y el sarcasmo de una sociedad que asciende y se enfrenta a la sociedad dominante. Son escenas de carnaval en las que el pueblo es el protagonista, mientras son ridiculizados los tópicos ligados a lo castizo (toros, guardias civiles, manolas, superstición). La verbena también es ocasión de tregua en la que conviven razas y paisajes de todo el mundo.

                                     La verbena, 1927, óleo sobre lienzo. Museo Reina Sofía

 

Dos mujeres en la playa, 1928, óleo sobre lienzo.

Estampas (1927-28)

La pintora las llamó simbologramas, por la combinación de imágenes y acrósticos que contienen. Incluyen varias series: populares, deportivas y cinemáticas. Contrapone la figura de la mujer deportista y vital en la naturaleza con las imágenes cosificadas de los maniquíes o estatuas. Si en las Verbenas los elementos se yuxtaponen al modo de escenas teatrales, las estampas se componen mediante superposiciones, un concepto tomado del montaje fílmico. Se presentaron en el local de la Revista de Occidente y su éxito fue inmediato. 

                                                    Estampa, 1927, tinta y lápiz sobre papel

Antro de fósiles, 1930, óleo sobre lienzo, Museo Reina sofía

Cloacas y campanarios (1929-32)

Es la serie más cercana al surrealismo, aunque ya había atmósfera onírica en las Estampas. La figura humana sólo aparece como huella, residuo o esqueleto abandonados en la tierra baldía. Le interesaba el surrealismo por su voluntad transgresora y destructora del mundo burgués. A ese viejo mundo caduco de violencia y superstición corresponden simbólicamente “los campos derrotados, los templos derrumbados, …”. 

                                                  Espantapájaros, 1930, óleo sobre lienzo. 

Arquitectura vegetal IV, 1933, óleo sobre tabla.

Arquitecturas minerales y vegetales (1932-33)

Construcciones rurales (1933-36)

Cerámicas (1935-36)

Las Arquitectura son estructuras anatómicas que ordenan geométricamente el cuadro buscando el equilibrio entre forma y fondo, color y materia. Su densidad contrasta con la levedad esquemática de las Construcciones rurales, que se inspira en silos y construcciones agrícolas. Estas surgen del “anhelo de llegar a construir de nuevo ese conjunto de cosas que responde a la materialidad y conciencia universal …”. En esa época viaja por Castilla con Miguel Hernández.

Sorpresa del trigo, 1936, óleo sobre lienzo.

La religión del trabajo (1936-39).

Con esta serie inició su trabajo en el exilio de Buenos Aires. Es un homenaje a los trabajadores del mar y de la tierra, como esperanza de un mundo futuro en armonía con la naturaleza. Las figuras monumentales se inspiran en las diosas o damas oferentes del arte clásico, y se iluminan con una luz auroral, dorada para las campesinas y plateada para las pescadoras.

                                                 Mensaje del mar, 1937, óleo sobre lienzo.



Naturaleza viva X, 1943, óleo sobre tabla.

Naturalezas vivas (1941-1944).

Simbiosis de organismos vegetales y marinos. Sensuales y coloristas, recuerdan a órganos sexuales femeninos y aluden al mar o al útero materno como origen de la vida. Las composiciones parecen inspirarse en las del científico evolucionista Ernst Haeckel. Una versión sintética de las conchas y algas reaparecerá en sus obras posteriores, en las que el mar está muy presente. En paralelo, realizó numerosos dibujos del natural del reino vegetal.


                                                 Naturaleza viva XII, 1943, óleo sobre tabla. 




Cabeza de mujer negra (frente), 1946, óleo sobre lienzo.

Cabezas bidimensionales (1941-52)

Reflejo de su fascinación por la riqueza natural, cultural y racial que encontró en América. Rostros de frente y de perfil representan prototipos carismáticos, aunque no excluyen la individualidad psicológica y física de sus modelos reales, con los que ensaya una hibridación de razas, sexos e incluso reinos naturales. Muestra interés por la diversidad racial.



                                       Perfil de joven (Joven negra), 1948, óleo sobre cartón. 

Estrellas de mar, 1956, óleo sobre lienzo.

Máscaras (1948-1957).

Culmina la exploración de la esencia del ser humano. Las figuras participan de un proceso de metamorfosis, muestran el momento en que aún no han dejado de ser rostros vivos, pero que ya anuncian la irreversibilidad de la máscara o de la muerte. Transformación subrayada por la presencia de mariposas y por la luz auroral o crepuscular. Ensaya una combinatoria de rasgos faciales y psicológicos, que puede ser siniestra y cómica a la vez. Disociación entre la inmovilidad de las máscaras en primer plano y el dinamismo del espacio del fondo se relaciona con su condición de exiliada. 

                               Acróbatas / Homenaje a los Juegos del 36. 1956, óleo sobre lienzo. 

Almotrón. Geonauta, 1968-1970, óleo sobre lienzo

Moradores del vacío (1968-1980).

Viajeros del Éter (1982).

Protoesquemas (1968-1972).

A partir de los años cincuenta Mallo redujo su producción pictórica, pero realizó un intenso trabajo teórico y estudió el espacio como espacio/tiempo, desde la perspectiva de la física contemporánea. En Moradores del vacío y Viajeros del Éter, parecen fundirse ciencia y mitología. Siguió con interés la carrera espacial a través de sus representaciones populares.

En Protoesquemas recupera su interés por la geometrización de las formas, a partir de la multiplicación de triángulos o círculos. Muchas de estas obras aparecieron como viñetas de portada en la Revista de Occidente, su primer cliente a la vuelta del exilio. 

Escenografía para Clavileño

Teatro.

Especialmente los títeres, fueron desde finales de los años veinte un espacio privilegiado para el arte más avanzado. Maillo realizó sus primeras colaboraciones con los escritores Concha Méndez y Rafael Alberti. Los espectáculos convertían el texto dramático en elemento secundario, dando protagonismo a los elementos visuales, musicales y espaciales. En su último diseño escenográfico, Clavileño, explora las posibilidades de los materiales naturales, de los elementos circulares y giratorios -giróvagos-, así como de la máscara de cuerpo entero.

                                           Ermita de San Antonio, 1935-36, óleo sobre cartón. 




Autorretratos.

Presenta la figura de la mujer moderna, activa, independiente y profesional, siendo ella misma la modelo y eligiendo la fotografía para autorretratarse. Usó, en momentos de crisis personal, desoladoras imágenes que identifica con la crítica a España tópica de fiesta y la superstición. En otros momentos se retrata como diosa marina cubierta de algas. También se retrata junto a sus obras con fines publicitarios.



                               Autorretrato con manto de algas, 1945. Museo Reina Sofía



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