Antonio Muñoz Degrain
(Valencia, 1840 –
Málaga, 1924)
Retrato de Antonio Muñoz Degrain pintado por Enrique Simonet
Inició estudios de Arquitectura, que abandonó por la pintura, siendo alumno de la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Fue discípulo del pintor Rafael Montesinos, pero su formación fue autodidacta. Participó en Exposiciones Nacionales desde 1862 hasta 1915 con éxitos que marcaron su trayectoria. Fue a Málaga para decorar el Teatro Cervantes y se quedó, nombrado profesor de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, teniendo como alumno al jovencísimo Picasso. La medalla obtenida por el cuadro Otelo y Desdémona le propició una pensión del Gobierno para viajar a Italia, donde pintó Los amantes de Teruel. El prestigio le reportó honores y recompensas y fue profesor y director de la Academia de San Fernando de Madrid y presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Participó con éxito en exposiciones internacionales de Filadelfia, Munich y Chicago.
Vista tomada en los Pirineos navarros, Antonio
Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre lienzo, 1862
La sierra de las Agujas, tomada desde la loma del Cavall-Bernat, 1864. Óleo sobre lienzo, 144 x 217 cm.
Primer gran cuadro de paisaje realizado en su juventud, que testimonia su
preferencia por este género. Concebido como una vista panorámica fue un
revulsivo en el panorama del paisaje español, atreviéndose con una paleta de
azules y malvas, además de las tonalidades pardas y ocres características. Los
picos de la sierra se recortan en un cielo claro que contrasta con la oscuridad
de las montañas modeladas con el claroscuro. No introduce figuras de personajes
o animales para no distraer del paisaje, en un espíritu de ecos románticos.
Paisaje del Pardo al disiparse la niebla, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre lienzo, 1866.
Es la obra cumbre de su producción paisajística juvenil,
de proporción monumental y mayor ambición plástica. Muestra el remanso de un
río al que se acerca un guarda a caballo para dar de beber al animal. Tras
ellos se despliega una arboleda con un árbol de alta copa recortado sobre el
fondo de nubes, con la sierra de Guadarrama al fondo. Aquí muestra su personal
interpretación de la naturaleza, de planteamiento realista en origen, pero
transformada por la visión exaltada del color, como el azul de las montañas o
las gamas de verdes. La frondosidad exuberante empequeñece la figura del
jinete. Las copas de los árboles se reflejan en la espejada superficie del
agua, en la estética del paisaje japonés. Demuestra un gran sentido visual en
la intensidad dramática de la luz en las densas masas de nubes que cubren el
cielo.
Una umbría en Sierra Nevada. 1892. Óleo sobre
lienzo, 197 x 135 cm
Vista de Granada y Sierra Nevada, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre lienzo, c. 1915. 50 x 67 cm
Aparece el antiguo barrio del Mourón.
Recuerdos de Granada, 1881. Óleo sobre lienzo, 97 x 144,5 cm
Su interés por el paisaje incluía las vistas urbanas, de Granada en especial. No se trata de una reproducción fiel, sino de una recreación con impronta romántica, de una visión subjetiva de gran lirismo. Presta mucha atención a la descripción de los diferentes elementos como las arquitecturas, las nubes y otros detalles.
Puesta de sol. Hacia 1900. Óleo sobre lienzo, 52 x 65,5 cm
La laguna de Venecia. 1886. Óleo sobre lienzo,
195 x 250 cm
Venecia le sedujo y la visitó en varias ocasiones durante su etapa de
pensionado en Roma. Éste es uno de sus más ambiciosos nocturnos venecianos, en
el que introduce un enigmático elemento narrativo en la góndola que surca las
aguas en la oscuridad de la noche.
Episodio de la inundación de Murcia.
1892. Óleo sobre lienzo, 102 x 165 cm
Inundaciones producidas por el desbordamiento del río Segura en 1879.
Lampecia y Febe (fábula). 1920. Óleo sobre lienzo, 70 x 115 cm
En los últimos años de su vida apostó decididamente por los postulados simbolistas con la evocación de elementos literarios o mitológicos, con el paisaje boscoso como protagonista. Aquí se toma como excusa la fábula de Lampecia y su hermana, pastoras de los rebaños de su padre el Sol, quienes, tras la muerte de su hermano Faetón por los rayos de Júpiter, quedan convertidas en álamos blancos en las aguas de un pantano. Cicnos, amigo de Faetón, se transforma en cisne. Todo representado en un boscaje umbrío, de apariencia fantasmal y agobiante.
Jesús en el Tiberíades, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre lienzo, 1909. 73 x 198 cm
La fantasía del artista descuida la ortodoxia
iconográfica para mostrar una pintura sorprendente tanto por su composición
como por el tratamiento estético. El formato apaisado proporciona una visión
panorámica con preeminencia de los valores puramente pictóricos (luz,
hogueras), iniciando planteamientos simbolistas.
La oración. 1871. Óleo sobre lienzo, 95 x 145 cm
Representa una escena de oración con varias religiosas en el interior de una iglesia.
El examen, 1876. Óleo sobre lienzo, 97 x 147 cm
Escena en la sacristía de la catedral de Granada.
Un fanfarrón. 1880. Óleo sobre lienzo, 93 x 122 cm
En el catálogo del Salón de París se describía con un fragmento del poema Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla, de Miguel de Cervantes: “Caló el chapeo, requirió la espada / miró al soslayo, fuése y no huvo nada”.
Los escuchas marroquíes, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre lienzo, c. 1879. 80 x 90 cm
Fue pintado en un viaje a Tánger y representa el exotismo
de las gentes y costumbres del norte de África. Muestra dos hombres agazapados
tras unas chumberas, uno de ellos intentando escuchar el retumbe de los cascos
de las cabalgaduras a las que, quizá, tiendan una emboscada.
Antes de la boda. 1882. Óleo sobre lienzo, 120 x 95 cm
Se trata de Doña Isabel de Segura, protagonista de Los amantes de Teruel,
vestida con el lujoso traje nupcial, que espera su indeseado desposorio con el
caballero don Rodrigo de Azara impuesto por su padre, habiendo de renunciar a
su amor por don Diego de Marsilla. Muestra el estado emocional de la
protagonista, la mirada baja, las manos sobre el regazo, sentada en soledad. Es
una muestra de la admiración por los grandes maestros de la pintura veneciana
con el exuberante colorido, libertad en el trazo, empastes en alto grado de
abstracción, factura fluida.
Los amantes de Teruel. 1884. Óleo sobre lienzo, 330 x 516 cm
Esta famosa obra, envuelta en procedencia literaria
-drama en verso de Hartzenbusch-, interpreta el tema con un romanticismo
apasionado. Fue premiado con una primera medalla en la Exposición Nacional de
1884. Relata el amor imposible de doña Isabel de Segura con el empobrecido
noble don Diego Juan Martínez de Marsilla por el año de 1212, la inútil espera,
el desventurado matrimonio, impuesto por su padre, con don Rodrigo de Azara y
el trágico final. En el oscuro interior de la iglesia turolense de San Pedro
yace el cuerpo sin vida de Diego de Marsilla, amortajado con el traje de
guerrero en un sencillo féretro sobre un vistoso catafalco. Isabel coloca su
cabeza sobre el pecho del difunto. El resto de personajes, en penumbra. Fue una
novedad en la pintura de historia, por la exaltación del colorido y la
exuberancia expresionista de la materia pictórica. La escena, con un punto de
vista oblicuo al espectador, acentúa la profundidad espacial, junto con la
iluminación del primer término.
Desdémona, 1887. Óleo sobre lienzo, 207 x 275 cm
La admiración por Venecia hizo que sirviera de marco escénico para su
interpretación de Otelo, la tragedia de Shakespeare, pintando un gran lienzo, Otelo
y Desdémona, e inmortalizando después a los personajes de forma separada.
Aparece Desdémona retirada en la penumbra, en un ambiente lujoso, con un
lenguaje plástico personal que muestra sus especialidades como los reflejos del
vestido y joyas, los objetos en penumbra. Se muestra tanto la modernidad de su
arte como su deuda con la gran pintura veneciana del Cinquecento.
Un fuego (Batalla). Hacia 1900. Óleo sobre lienzo,
38 x 56,5 cm
Rincón de un patio toledano, Antonio Muñoz Degrain (1840-1924). Óleo sobre tabla, 1904. 48,5 x 30,5 cm
Estudio de figuras para Los amantes de Teruel. Hacia
1884. Pluma, Lápiz compuesto, Tinta negra sobre papel avitelado, 218 x 178 mm
Interior del estudio de Muñoz Degrain en Valencia,
Francisco Domingo Marqués (1842-1920). Óleo sobre tabla, 1867.
Antonio Muñoz Degrain por Miguel Blay, M. Moreno.
Gelatina / Colodión. Papel fotográfico; segundo soporte: cartón. c. 1912.

























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