jueves, 18 de enero de 2018

Trillo o el agua.

Desde Trillo pueden realizarse muchas rutas senderistas como los meandros del Tajo o, más corta, al monasterio cisterciense de Óvila, donde se celebraba la romería y fiesta de San Bernardo: fundado en el siglo XII, fue vendido en 1930 al magnate de la prensa norteamericana W.R. Hearst, quien lo hizo desmantelar y llevarlo a su país, quedando pocos restos. La ruta que elegimos es a las Tetas de Viana. Al volver, vemos el pueblo.

El pueblo, con cerca de 1.400 habitantes, es famoso especialmente por la central nuclear, pero siempre ha sido un lugar especial por el paso del río Tajo. Fue ciudad romana en la región fronteriza entre la Carpetania y la Celtiberia y, tras la reconquista cristiana a los musulmanes a finales del s. XI, en tiempos de Alfonso VI, perteneció al Común de Villa y Tierra de Atienza, por cuyo fuero se regía. En el s. XIV el infante Don Juan Manuel construyó el castillo, a mediados del s. XV pasó a la jurisdicción de los Condes de Cifuentes, en 1580 –Felipe II- tenía 320 vecinos  y en 1630 fue declarado Villa. El s. XVIII supuso su decadencia: en la Guerra de Sucesión se talaron sus montes, se destruyeron ganados y colmenas, se quemaron muchas casas y la población decayó en 1752 a 82 vecinos.

Camilo José Cela, en su “Viaje a la Alcarria” cuenta: “Al llegar a Trillo el paisaje es aún más feraz. La vegetación crece al apoyo del agua y los árboles suben airosos como en Brihuega. Esta tierra, con agua, parece una tierra muy buena... A la entrada del pueblo hay una casa muy arreglada, toda cubierta de flores; en ella vive, ya viejo y retirado, cultivando sus rosales y sus claveles y trabajando su huerta, un veterano alpinista que se llama Schmidt. Schmidt, que piensa construirse una casa enfrente de la cascada del Cifuentes, poco antes de caer en el Tajo, fue un montañero famoso; en la sierra de Guadalajara (error, Guadarrama) hay un camino que lleva su nombre. … La cascada del Cifuentes es una hermosa cola de caballo, de unos quince o veinte metros de altura, de agua espumeante y rugidora. … Las tabernas de Trillo tienen un aire jaranero, alegre, siempre un poco al borde del tumulto. El viajero encuentra a la gente amable, obsequiosa y con deseos de agradar. Así se lo dice a sus amigos, y uno de ellos le responde, sonriendo: -Pues por ahí nos llaman la gente mala, ya ve usted. … -Al principio andábamos un poco escamados con esto de la lepra; ahora ya nos vamos haciendo. … -La pena fue que se perdieran los baños de Carlos III, que eran famosos en toda España. Ya sabrá usted lo que decía el refrán: que Trillo todo lo cura, menos gálico (sífilis) y locura”.

Los tiempos pasados perduran en arquitectura popular de piedra, adobe y madera, algunas casas solariegas y otros monumentos. De su declaración como Villa tuvo un rollo, desaparecido en la Guerra Civil, de más de 2 m de altura. En el edificio de San Blas, antigua ermita, hay un Museo Etnológico ordenado temáticamente con reconstrucción de ambientes. Dos conjunto escultóricos modernos recuerdan la zona, el agua y los oficios: Nube de peces y Gancheros, homenaje al tradicional oficio contado por José Luis Sampedro en “El río que nos lleva”: “El terreno era más llano y avanzaban entre tierras de labor, con alguna dulce casita blanca de cuando en cuando. Estaban llegando a Trillo, donde el río torcería su rumbo todavía más al Sur … Es el primer pueblo con carretera… El Rubio y el Seco, siguiendo a dos mozas llegan a la leprosería, donde la llaman “la enfermedad” o “el costipao”… la capital de las chorreras, como decía Quintín, aludiendo a las cascadas con que el río Cifuentes se precipita en el Tajo por en medio del pueblo”.

Pero Trillo no fue famoso sólo por la leprosería o ahora por la central nuclear; también lo fue por el Real Balneario. Sus aguas ya fueron utilizadas por los romanos por sus propiedades antirreumáticas y, en 1697, el Doctor y Catedrático en Medicina por la Universidad de Alcalá de Henares, Alfonso Limón Montero, escribió “Espejo cristalino de las aguas de España” donde se cita. La fundación oficial de los Baños fue el 13-7-1777, en tiempos de Carlos III, con cuatro manantiales, arreglándose el camino desde Madrid, uno de cuyos mojones se conserva entre el Gurugú y Villalbilla, cerca de Alcalá de Henares. En 1798 llegó para descansar D. Melchor Gaspar de Jovellanos.

En el Tajo se reflejan dos monumentos: la iglesia y el puente. La iglesia parroquial -s. XVI, renacentista, sillería de piedra arenisca, una nave, artesonado de madera con decoración inspirada en el mudéjar- fue destruida parcialmente en 1936. Tuvo un retablo atribuido a la escuela de Juan de Juni, pero el actual procede de Santamera, mediados s. XVI. El puente, lugar de paso del río, fue objetivo militar en todas las guerras. Era de mediados del s. XVI, pero fue volado en la Guerra de la Independencia (inscripción).



El otro río de Trillo es el Cifuentes, que pasa por debajo de la Casa de los Molinos, quizá el edificio más antiguo del pueblo, s. XII. Pudo ser aserradero y tiene la minicentral hidroeléctrica de San Blas. Actualmente alberga el Museo Prometeion, sobre el Hombre y la Energía, cuyo nombre deriva de Prometeo, considerado el protector de la civilización humana. Fue el creador del hombre.


Cuando él y su hermano Epimeteo empezaron a hacer criaturas para poblar la tierra por orden de Zeus, Epimeteo prefirió la cantidad e hizo muchas criaturas, dotándolas con muchos dones (piel, garras, alas, aletas, etc.), mientras Prometeo trabajaba en una criatura a semejanza de los dioses: un humano, pero tardó tanto que Epimeteo había usado ya todos los dones. Prometeo sintió pena de su creación, viéndola tiritar de frío y decidió robar el fuego de los dioses. Trepó al monte Olimpo y robó fuego del carro de Helios (Apolo) o de la forja de Hefesto, llevándoselo en el tallo de un hinojo, que arde lentamente. Para aplacar a Zeus, dijo a los humanos que quemasen ofrendas a los dioses. Zeus se llevó el fuego de la tierra y ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla, Pandora, y le otorgó un don.

Fue enviada a la Tierra junto a una caja que contenía todos los males del mundo. Prometeo sospechó y no quiso saber nada con ella, pero Epimeteo, a pesar de las advertencias, se casó con ella que, curiosa, abrió la caja esparciéndose los males por el mundo. Cerró el ánfora justo antes de que la Esperanza saliera y avisó a los hombres. En castigo Zeus encadenó a Prometeo en una montaña del Cáucaso donde diariamente un águila le devoraba el hígado, que volvía a crecerle. Así estuvo hasta que Hércules le liberó con el consentimiento de Zeus, quien, para que Prometeo no olvidara su castigo, convirtió la argolla con la que estaba fijado en un anillo que siempre debería llevar.



En el último recorrido del río Cifuentes antes de desembocar en el Tajo, cerca del puente, hay una cascada conocida como El Chorrerón, el último regalo para la vista, donde terminamos la visita cuando ya cae la tarde escuchando la banda sonora del agua, su ruido ininterrumpido, uniforme, rápido e impetuoso. Es la voz del río en el momento final en el que llega a sumarse al manso curso del Tajo con un murmullo plácido. 


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