Valeriano Bécquer.
El artista sevillano pintó ocho cuadros, entre 1866 y 1867, por encargo del antiguo Museo de la Trinidad, para retratar la idiosincrasia española, las costumbres de las provincias. Se le concedió una pensión de diez mil reales anuales con la obligación de remitir al Museo dos cuadros cada año. Se trata de uno de los mejores ejemplos de la pintura costumbrista del siglo XIX en España, por su calidad y por la objetividad, que lo convierten en un capítulo fundamental del realismo pictórico en nuestro país. El conjunto de cuadros comenzó a dispersarse en 1877, al ser depositados en diferentes instituciones. Estas obras se reúnen por primera vez en la exposición “Valeriano D. Bécquer (1834-1870): Los cuadros de costumbres”, en el Museo del Prado.El conjunto se entregó en tres fases, correspondiendo a las distintas provincias, y presenta formatos y medidas divergentes. Las obras pertenecientes a Zaragoza y Soria fueron entregadas en 1866 —con dos y tres cuadros respectivamente— y las de Ávila en 1867, con otros tres. Durante estas campañas, Valeriano efectuó además numerosos dibujos, muchos perdidos.
Desde Vera del Moncayo envió dos obras, “Interior de una casa en un pueblo de Aragón” y “El presente. Fiesta Mayor en Moncayo (Aragón)”.
“Interior de una casa en un pueblo de Aragón” está protagonizada por mujeres, algo frecuente en la obra de Bécquer, centrándose en la descripción de las indumentarias, de rico colorido. Es una escena que se daba los días de fiesta, cuando las mujeres se jugaban el chocolate a las cartas a la hora de la merienda. En una escena de interior, el ama del cura, la alcaldesa, la cirujana y alguna labradora acomodada juegan el chocolate y los esponjados al amor de la lumbre. El pintor fue muy preciso con los detalles: el peinado de la mujer recostada, el jubón de la niña, la falda y las abarcas de la anciana, las piedras o tantos en el suelo, la taza manchada de chocolate, el plato con la vianda, la ristra de ajos que cuelga de una viga, el fuego y los recipientes cerámicos, los elementos arquitectónicos, etc. Es una de las obras que presenta una composición más compleja.
“El presente. Fiesta Mayor en Moncayo (Aragón)” presenta gran diversidad de tipos de trajes y de prácticas festivas, como el baile del paloteo o el convite. La comitiva ha parado en casa del alcalde, que viste la capa correspondiente al cargo y lleva el bastón de mando. Junto a la puerta ha dispuesto una mesa con jarros y ofrece uno al mayordomo de la cofradía, que es el que porta el pendón. Mientras, su hija, en el centro de la composición, ofrece los dulces; viste saya roja con cenefa inferior de color negro en forma de picos, delantal negro y pañuelo blanco, y pendientes de chispas. Se ven dos danzantes, con indumentaria diferente, uno con falda. Son particulares de la zona los adornos en rojo que rematan en pequeñas borlas o cascabeles, cosidos a una pieza de tela cuadrada sobre las medias y atada debajo de la rodilla. También aparecen otras mujeres, el gaitero o dulzainero y el tamborilero.
El conjunto de Soria, el de mayor calidad, se vincula además con la vida personal del pintor y de su hermano, el poeta Gustavo Adolfo. De sus viajes por Villaciervos y Burgo de Osma saldrían El baile, Un leñador y Una hilandera. La dureza del trabajo en los bosques es atenuada por el esmero en el tratamiento de los dos tipos individualizados, concebidos con total dignidad, y el carácter lúdico del baile, que le permite incorporar una gran diversidad de tipos humanos y de detalles.
“El baile” es el más bello del conjunto. La escena se ambienta en el pueblo soriano de Villaciervos. Ante el tapial de una casa de leñadores está situada una carreta, tirada por bueyes, cargada con vigas de madera. En el descanso, dos parejas de campesinos y otra de niños bailan al compás del tamboril, que toca un lugareño envuelto en la capa blanca típica, junto a una mujer y una niña. Otros paisanos contemplan el baile. El cuadro es prueba de la sensibilidad de la obra del pintor, que trasciende el pintoresquismo decorativo de una escena de costumbres.
“Un leñador” se pintó como pareja de “Una hilandera” en las cercanías de Burgo de Osma. Representa a un recio leñador, de rostro joven y barbado, gesto adusto, mirada sombría y larga cabellera, que posa en pie y de cuerpo entero acodado en unas peñas mientras se apoya en su hacha, junto a un tronco recién cortado. Viste una gruesa dalmática parda con capuchón y varios remiendos, atada a la cintura por una cuerda, y calza sencillas abarcas. El personaje está captado con realismo y con respetuosa proximidad, a lo que se suma la precisión descriptiva a que obligaba el encargo. La sobriedad del personaje, su rudeza humilde, está revestida de la elegancia armónica de la estatuaria clásica mediante una iluminación intensa ante el fondo umbrío del boscaje, en una pose solemne y serena que se expresa en una monumentalidad severa.
En el envío de Ávila, Bécquer optó por representar
diferentes aspectos asociados a la peregrinación a la ermita de Sonsoles, en el
valle de Amblés, como los romeros descansando (La fuente de la ermita), la
joven que porta una cesta con presentes para ofrendar a la Virgen o el hombre
ante el despacho de vinos.
“La fuente de la ermita” (Costumbres del valle de Amblés en la provincia de Ávila) se refiere a la ermita de la Virgen de Sonsoles, cerca de la capital abulense. Representa un grupo de lugareños deteniéndose a beber en el milagroso manantial próximo al santuario, término de su romería. Las indumentarias se han convertido en una imagen icónica de la provincia. En las mujeres se establecen diferencias en función de sus edades, como el jubón de indiana estampada que lleva la joven con el puchero en su mano. Las niñas llevan el pañuelo chichonero, puesto como si fuera una diadema; la que permanece de pie y de espaldas lleva moño con un pequeño picaporte abierto, parecido a los que se ven en el Tiétar. La mujer de primer término que se inclina a beber lleva manteo pajizo de tirana picada en rojo, con grandes castañuelas como motivo decorativo, característico de la mujer serrana. Entre los tocados femeninos destaca el sombrero de ala, con flores o plumas, típico en la provincia.
“Aldeana del valle de Amblés" es la última obra del encargo. Parece que la joven viste ropa de luto, pues su color contrasta con el de las mujeres que aparecen en La Fuente. Todas comparten el sombrero característico de Ávila, de paño de ala ancha, rematado aquí con plumas blancas; y, como alguna de las jóvenes del otro cuadro, presenta el cabello peinado por grandes rodetes. La mujer porta una gran cesta repleta de huevos. Esto quizá se deba a que los lleva para subastarlos tras alguna de las romerías que se hacen a la ermita de la Virgen de Sonsoles. Como ocurre en Soria, los tres cuadros aluden a los mismos asuntos y forman conjunto.
“Tipo del valle de Amblés”. La alabarda
y la banda cruzada al pecho constituyen la indumentaria habitual de los
miembros de las hermandades que organizan las celebraciones religiosas en
diferentes localidades de España. Es el caso de este “escuadro”, que participa
en la romería de la Virgen de Sonsoles. El tonel, el botillo de vino y los
recipientes donde se sirve aluden al carácter lúdico de la festividad.
Los dibujos son otra parte del trabajo de Bécquer de
estos años, muchos de los cuales fueron reproducidos en revistas a través del
grabado, lo que permitió difundir la obra del artista más que sus propios
cuadros.
“Baile en una taberna”. Hacia 1872. Albúmina sobre papel fotográfico, 184 x 258 mm. Juan Laurent y Minier -Fotógrafo- (Autor de la obra original: Valeriano Domínguez Bastida Bécquer. Esta fotografía pertenece al álbum fotográfico de obras de arte españolas y portuguesas realizado por J. Laurent y Cía., con motivo de la Exposición Nacional de 1871.
“La bendición de los alimentos”. Hacia 1872. Albúmina sobre papel fotográfico, 186 x 260 mm. Juan Laurent y Minier -Fotógrafo- (Autor de la obra original: Valeriano Domínguez Bastida Bécquer.
“Aldeanos de Fuente Toba. Tipos de Soria” y Leñador de los Pinares y pastor de Villaciervos”. Valeriano D. Bécquer (dibujante) y Bernardo Rico Ortega (grabador). La Ilustración (Madrid), nº 9. 27 de febrero de 1870. Biblioteca del Museo del Prado.













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