sábado, 19 de septiembre de 2026

 

El valle de Benasque: Parque Natural Posets Maladeta.

La riqueza geológica, la biodiversidad y el gran valor paisajístico del Valle de Benasque (Huesca) hacen merecer a este territorio una protección específica que permite la conservación de los ecosistemas y la supervivencia de las especies. Todo el norte de la Ribagorza, más de 33.000 hectáreas pertenecientes a los municipios de Benasque, Sahún y Montanuy, son una reserva que fue declarada Parque Natural en el año 1994. 

Hace más de 300 millones de años, durante la era Paleozoica o Primaria, esta zona formaba parte de una gran cuenca marina. Debido al plegamiento Hercínico, los materiales sedimentarios de su fondo dieron lugar a una primitiva cordillera de la que quedan esquistos, pizarras, cuarcitas y calizas. A la vez que estos sedimentos se elevaron, por debajo de ellos se inyectó magma desde el interior de la Tierra, que poco a poco fue enfriándose y solidificándose en forma de granito, los macizos más altos. Un nuevo plegamiento, orogenia Alpina, tuvo lugar hace unos 60 millones de años, ya durante el Cenozoico o era Terciaria. Fue la responsable de la formación, entre otras, de la cordillera pirenaica. Las recientes glaciaciones del periodo Cuaternario terminaron por esculpir los grandes rasgos de este territorio.

En este tramo de auténtico Pirineo, que va desde el Macizo Perdiguero, al oeste, hasta la localidad de Aneto, al este, se concentran más de cuarenta y cinco picos que superan los tres mil metros, entre los que se encuentra el techo de los Pirineos, el Aneto (3.404 m) o el Posets (3.375 m). Un ecosistema de alta montaña cuyo paisaje aún alberga trece glaciares milenarios - declarados Monumentos Naturales en 1990 –, testigos de las eras glaciares que tuvieron lugar hace más de 45.000 años y conservados en los Macizos de Posets, de Perdiguero y de la Maladeta. Los glaciares cuaternarios fueron los principales agentes erosivos que dieron forma al paisaje del Parque Natural. Esculpieron sobre granitos, calizas y pizarras, largos valles en forma de U, afiladas crestas, impresionantes circos y bellos lagos de alta montaña: los ibones.

Lago de Escarpinosa. Valle de Estós


Los ibones constituyen uno de los ecosistemas de agua dulce más frágiles y singulares. Debido a su aislamiento, cada ibón es único y sus sedimentos atesoran una gran información sobre la evolución del clima. Casi un centenar de lagos de origen glaciar salpican el territorio del Parque. Cuando estos ibones se colmatan debido al relleno por sedimentos y por la acumulación de restos vegetales, surgen las turberas (“mollars” en la zona), que son terrenos musgosos y anegados con un mosaico de islotes, canalillos fangosos y orillas arenosas.

 

Hace unos 50.000 años los glaciares alcanzaron su máxima extensión. El del valle del río Ésera llegó a tener 36 km de longitud y un espesor en torno a 500 m. Hoy queda poco. Los últimos glaciares se encuentran en regresión. Componentes de la geomorfología glaciar que encontramos en el paisaje. En estos picos detrás de Eriste nacía un glaciar que bajaba por el valle de Eriste y se unía al gran glaciar del Ésera o del valle de Benasque. La cabecera de los valles glaciares está formada por circos glaciares. Al retirarse los hielos, su carga quedó esparcida por el terreno, dando lugar a las morrenas. 




Son también importantes los fenómenos kársticos, destacando la sima del Forau de Aigualluts, por donde desaparecen las aguas del glaciar del Aneto y, tras discurrir unos 4 km subterráneamente, reaparecen para alimentar al río Garona en el vecino valle de Arán.

 

Los cauces fluviales principales que se encuentran en el Parque son el río Cinqueta que drena el Valle de Chistau (sector occidental), la cabecera del río Ésera que drena el Valle de Benasque (sector central) y por el Este, ya fuera del Parque, el Noguera Ribagorzana drena el Valle de Barrabés. Además, cabe destacar por su importancia hidrológica y geomorfológica numerosos cauces y barrancos transversales como el de Salenques y Llauset en el Noguera Ribagorzana; Ballibierna, Estós y Eriste, afluentes del Ésera; y los barrancos de Cinqueta de la Pez y Cinqueta de Añes Cruces que se unen para dar origen al río Cinqueta.

Del centenar aproximado de ibones, algunos pueden permanecer helados más de seis meses al año. Son importantes Bachimala, Millares, El Sen, Barbarisa, Perramó, Batisielles, Coronas, Llosás, Ballibierna, Cregüeña, etc. Otros ibones, como Billamuerta, Paderna o La Escarpinosa son de aguas someras, verdosas, casi pantanosos debido al relleno de sedimentos y están rodeados de vegetación. 

El régimen fluvial de la zona se caracteriza por caudales altos durante los meses de primavera hasta principios de verano como resultado del deshielo y de las lluvias primaverales y por caudales bajos durante el invierno y comienzo de la primavera.

Plan d´Estan

En la zona se encuentra una gran diversidad favorecida por los fuertes desniveles y por la heterogeneidad topográfica y litológica. Desde los ambientes glaciares y de tundra de las zonas culminales, se produce la siguiente secuencia de vegetación: pastos alpinos y subalpinos (perdiz nival, marmota, armiño), abetales, bosques mixtos, pinares de pino silvestre y robledales con boj.

 





En las cotas altas encontramos pinos negros y enebros y, a medida que vamos descendiendo, hayas, abetos, abedules, avellanos y bojes, que cobijan a perdices nivales, tritones pirenaicos, marmotas, víboras, sarrios, buitres leonados, quebrantahuesos y águilas reales. En los valles merodean ardillas, topos, corzos y gran variedad de aves. Especies protegidas son el mochuelo boreal, urogallo, etc.


 



El Parque es un mundo de roca, nieve, hielo glaciar, con más del 70% de su superficie por encima de los 1.800 m, y los glaciares más meridionales de Europa. La fauna y flora, la vida, se escalona según la altura y las condiciones ambientales y tres grandes valles (Gistaín, Benasque y Barrabés) acogen la población. Durante años, las montañas han sido el medio de vida de los habitantes de estos valles. A pesar de la orografía tan complicada, han sobrevivido gracias a la agricultura (bancales, campos de cereal convertidos en prados de siega), la ganadería (trashumancia, cubils en alta montaña, invernales, hospitales), la explotación forestal (boalares, pastos entre el bosque aclarado) y, en ocasiones, la minería.

 




Uno de los ecosistemas más valiosos y mejor conservados son los prados de siega, en las partes bajas de las laderas de los valles. Están rodeados de setos con fresnos, abedules, avellanos o majuelos y su importancia radica, además de su interés paisajístico, ganadero y etnológico, en que albergan numerosas especies de animales y vegetales que dependen de la presencia de zonas despejadas de árboles.



 

Los bosques mixtos colonizan los fondos de valle o ladera baja y media. El abeto alcanza hasta los 1.700-2.000 m de altitud, en Vallibierna y valle de Estós. Suele ir acompañado del tejo y del serbal de los cazadores, y a su sombra aparece una orquídea de flor láctea. La única masa de hayas se encuentra en el valle de Estós. A partir de los 1.700 m de altitud es el territorio del pino negro que se adapta a las zonas más inhóspitas. A sus pies aparece otra orquídea y especies como la sabina rastrera, la gayuba, etc. 



En los bosques abundan los pájaros carpinteros, que oyen a los insectos que viven debajo de la corteza, la levantan con el pico y atrapan su alimento. Su función es muy importante, ya que ayudan a mantener el bosque en buen estado evitando las plagas. Son aves especializadas, con un pico largo y fuerte, una lengua larga y retráctil, patas que le permiten agarrarse a los troncos y cola dura y fuerte. Su cráneo está reforzado para absorber los impactos de sus golpes, como un casco de motorista. En el Parque hay tres especies: En los pinares, el pico picapinos; en los hayedos, el pito negro (el más grande, casi 45 cm, cuerpo negro y cabeza roja); en las riberas de los ríos o barrancos, el pito real.

 

Centro de Interpretación. Benasque.

Los animales más icónicos son el urogallo (aurón en aragonés) y el rebeco (sarrio).


El urogallo es una reliquia de la era glaciar, que quedó aislado en diferentes poblaciones, dominando aquí la subespecie aquitánica. Dominaba los bosques subalpinos pirenaicos, de pino negro, abeto y pino royo. Es un gran gallo salvaje de entre 3 y 5 kg de peso los machos y la mitad las hembras. Los machos son oscuros, y las hembras pardas, virando al dorado. Cuando están en celo, los machos abren la cola en abanico. Está en una situación muy frágil. En invierno, como tantos habitantes de la alta montaña, vive de no gastar. Por ello, cuando es molestado, el esfuerzo de volar y huir, repetido, acaba con sus reservas y con su posibilidad de sobrevivir. Está amenazado por la actividad humana, por la depredación animal y por el cambio climático.

El rebeco es un bóvido de pequeño tamaño con una altura a la cruz de 70-80 cm, peso 22-28 kg, cuernos en forma de gancho (15 cm, sin ramificar, les duran toda la vida), cabeza y garganta claras, mancha oscura que cubre el ojo, color del cuerpo casi uniforme. Los machos son algo más pesados que las hembras, aunque disminuyen con el empobrecimiento del hábitat y el aumento de la densidad.

Sus pezuñas son finas y altamente versátiles (rocas, hielo). Tiene dos pelajes, verano e invierno, más oscuro y denso. Forman manadas compuestas por hembras y crías, y quizá algún macho joven. En la época de celo, cada macho busca controlar un grupo de hembras y un territorio y luchan entre ellos.

En los bosques principalmente hay otros seres que desempeñan un papel fundamental en el equilibrio de la naturaleza: Producen unas sustancias para defenderse de las bacterias: los antibióticos.  Son los hongos, que contribuyen al desarrollo de los bosques por su función recicladora de la materia orgánica.

 

Según las estaciones, pueden recolectarse distintas especies.

En primavera, Hygrophorus marzuolus (bosques mixtos y abetales, comestible), Boletus pinophilus (pinares de pino royo y negro, comestible), Morchellas vulgaris (junto a los fresnos, pinos y prados, comestible si se deshidrata primero), Lyophylumk gambosum (prados, comestible), Marasminus oreades (prados, comestible).

Durante el verano, Cantharellus cibarius (todo tipo de bosques, comestible y perfecta para secar y conservar), Agaricus campestis (prados, láminas rosadas, si están negras ya no es comestible, no confundir con Agaricus santoderma, sus láminas son rojizas y es muy tóxica), Amanita cesarea (bosques de hayas, comestible), Boletus edulis (entre pinos y abetos, comestible).

En otoño, Lactarius deliciosus (pino royo y negro, comestible), Lactarius salmonicolor (abetos, comestible), Lactarius torminosos (abedul, tóxica), Sparasis crispa (seta de coliflor. Muy comestible cuando joven, tóxica cuando madura).

En invierno, Craterellus lutescens (bosques mixtos, hayedos, en zonas húmedas, comestible), Craterellus tubaeformis (muy parecida a la anterior, aunque ésta es más oscura).

 

Siguiendo las preceptivas normas de conservación se pueden realizar gran cantidad de actividades al aire libre.



 

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