TRANSITAR EL SIGLO XX. DIBUJO Y ESCULTURA EN LAS COLECCIONES ICO
La escultura, a lo largo de los siglos, ha abordado fines religiosos, monumentales o fúnebres, ligados al poder institucional y a las políticas de encargos. Desde la concepción hasta la materialización se advierte un deseo de adueñarse del espacio mediante una masa de volumen cerrado. Aunque nació con vocación de eternidad, como demostraron los egipcios o los griegos, su finalidad ha evolucionado hasta que el escultor puede trabajar con una amplia variedad de materiales.En el siglo XX ha experimentado más metamorfosis que en
toda su historia anterior. Las vanguardias y los movimientos fueron
responsables de profundas transformaciones. Distintas experimentaciones se
produjeron desde el modernismo, el cubismo, el surrealismo, que, además de
modificar el sentido de la pintura, encontraron en la escultura un soporte para
sus búsquedas.
La exposición propone un recorrido por el arte del siglo XX, revelando cómo los lenguajes del trazo y el volumen han dialogado con los cambios sociales, políticos y estéticos del tiempo. Junto a las esculturas, la muestra incorpora una selección de dibujos que permite adentrarse en los procesos creativos de los artistas y establecer un diálogo entre ambos lenguajes, haciendo posible la comprensión de la evolución de la forma, el espacio y los materiales, desde la fragilidad del papel hasta la contundencia de la materia escultórica.
Pablo Gargallo, Bailarina con tutú (Teresina Boronat), 1927, tinta china sobre papel. Esta obra es uno de los dibujos preparatorios para una de sus esculturas más célebres, Gran Bailarina, de la cual realizó tres versiones en hierro.
LAS
VANGUARDIAS.
Ya en el siglo XIX,
la escultura comenzó a adquirir nuevo sentido. El estudio anatómico exhaustivo,
el interés por la perfección y la búsqueda de la belleza dieron paso a una
nueva realidad en la que materiales y formas cambiaron radicalmente. La evolución
fue más tardía porque estaba ligada a los encargos y porque los materiales
(mármol, bronce, …) eran muy costosos. La capital francesa fue crucial para el
arte moderno, al residir allí muchos artistas. Pablo Gargallo y Julio González
utilizaron el hierro y la forja, con chapas recortadas y soldadas de
vinculación cubista, para ir abandonando las referencias figurativas y
adentrarse en la descomposición geométrica como un nuevo estilo. Desarrollaron
un lenguaje nuevo que dio lugar a la nueva estética basada en la “ausencia
de masa”. Joan Miró interpretó las formas desde postulados surrealistas.
Pablo Picasso, Nu,
1934 (26 de abril), tinta china sobre papel
Joan Miró, Femme,
1970, bronce.
Figura orgánica, en
la que con pocos elementos traza el cuerpo femenino. Esta concepción etérea es
propia de los años 1920 cuando se instaló en París, donde entró en contacto con
Picasso y pintores, escritores y poetas surrealistas que le influyeron para
depurar su estilo.
Salvador Dalí. Un
féminin, hystérique et aérodynamique. 1934/1973, bronce pintado.
VOCES
EN EL EXILIO.
La experiencia del
exilio marcó profundamente la obra de Esteban Vicente (Nueva York,
expresionismo abstracto, vínculo emocional con la luz y el color mediterráneo),
Alberto Sánchez (Rusia, poética simbólica y telúrica, nostalgia de Castilla) y
Eugenio Granell (América Latina, Francia y Estados Unidos, universo
surrealista).
Alberto Sánchez,
Campesinas bailando, 1956/1958, tinta china y acuarela sobre papel.
Alberto Sánchez,
Tres mujeres paseando, 1956/1958, temple y tinta china sobre papel.
Alberto Sánchez,
Homenaje a las mujeres, 1960-1961, chapa de hierro y remaches de aluminio.
En sus propias
formas resultan evidentes las influencias del cubismo (investigación sobre el
vacío activo, el hueco y la estructura por planos simples) y del surrealismo
(volúmenes bulbosos y neumáticos, cierto organicismo fantástico).
ABSTRACCIÓN
E INFORMALISMO.
Tras la Segunda
Guerra Mundial, algunos artistas abandonan la figuración y cobra protagonismo
la abstracción. Profundos cambios estilísticos dan lugar a la muerte de las
vanguardias, que pierden su esencia revolucionaria, y surgen nuevas corrientes
dominadas por lo visual o lo conceptual.
En las décadas de
los 50 y 60, esta transformación se refleja en la escultura y en el mundo del
arte se impone una nueva tendencia, especialmente en Francia, donde surgirá el
informalismo, en paralelo al expresionismo abstracto desarrollado en Estados Unidos.
Dentro del informalismo surgen corrientes como la abstracción lírica, el
espacialismo o el Art Brut. El informalismo propone prescindir de la voluntad
formal y crear guiándose por el instinto. En España lo desarrolló Martín
Chirino, miembro del grupo El Paso.
La segunda mitad
del siglo XX trae nuevas esculturas, donde el vacío adquiere un papel
principal. El estudio anatómico representa el movimiento unido a la energía y
puede hablarse de esculturas científicas. Las obras de Jorge Oteiza y Eduardo
Chillida muestran estas innovaciones.
Martín Chirino,
Composición. Homenaje a El Lissitzky, 1957/1958, hierro forjado.
Jorge Oteiza,
Oposición de dos diedros, 1959, hierro.
Eduardo Chillida,
Sin título, 1964, tinta sobre papel.
LA FIGURACIÓN.
Lo conceptual nos presenta una nueva relación entre el
cuerpo y el espacio, dando lugar a una tipología que anula la huella física y
psicológica del escultor, pero en el ámbito visual se encuentran corrientes que
trabajan usando como materia artística la realidad cotidiana. El realismo es
cultivado por Julio López o Carmen Laffón, que priorizan el testimonio de la
experiencia personal a la mera captación de la realidad, buscando lo cercano y
lo familiar.
Carmen Laffón,
Armario, 1994-95, bronce.
Aunque su pasión
fueron los paisajes, en esta obra se ve la mirada tan personal a la hora de
captar la belleza y la calma a través de un bodegón. Su faceta como escultora
se muestra en la delicadeza y minuciosidad en la que los detalles adquieren un
papel esencial.
Antonio López,
Calabazas, 1994/1995, lápiz sobre papel.
Antoni Tápies,
Rentamans i libres, 1987, bronce y pintura.
Esta escultura
incorpora uno de los símbolos más reconocibles en la obra de Tápies: la cruz. A
veces se convierte en equis, como coordenadas del espacio, como imagen de lo
desconocido, símbolo del misterio, señal de un territorio, marca para
sacralizar lugares, como signo matemático, etc. Aquí se sitúa sobre un libro,
objeto que le fascinaba.
LOS
AÑOS 80.
Con la llegada de
la democracia, el panorama artístico español entró en una etapa identificada
como posmodernismo, lo que llevó a experiencias multidisciplinares. Se produce
un movimiento contracultural encabezado por la movida.
Ahora destaca el
individualismo por encima de la agrupación en movimientos, y la pluralidad de
corrientes paralelas. Los protagonistas son autores jóvenes que quieren
revitalizar el panorama artístico con propuestas audaces.
La diversidad
estilística es clave: se distinguen la abstracción analítica, la nueva
figuración, la abstracción mística y la nueva figuración expresionista. Esta
pluralidad encuentra ejemplos en artistas como Miquel Barceló o Susana Solano.
Miquel Barceló,
Oignon, 1988, gouache sobre papel
Juan Muñoz,
Raincoat drawing, 1992-1993, tiza y óleo sobre tela.
Nos presenta el
interior de un espacio, una obra en armonía con el concepto arquitectónico. En
este lugar cerrado, juega con las ilusiones ópticas y nos hace plantearnos en
qué plano nos encontramos. La intriga queda más patente mediante el uso de un
fondo negro.
Eduardo Arroyo, Mesa Tío Pepe, 1973, bronce.
Uno de los temas
que lo acompañan de forma constante es el folclore español, realizado a través
de identidades muy reconocibles. Tras sus obras de denuncia contra la dictadura
franquista, el lenguaje se vuelve más irónico y sutil, más íntimo.



















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